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A Chrome siempre le ha gustado devorar RAM. Ahora descarga un modelo de IA de varios gigas sin avisar

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Chrome forma parte de la rutina digital de millones de personas hasta el punto de que muchas veces dejamos de preguntarnos qué hace exactamente mientras navegamos. Lo usamos para casi todo, le confiamos sesiones, extensiones, contraseñas, búsquedas y buena parte de nuestra vida en internet. Por eso sorprende tanto encontrarse con una carpeta de más de 4 GB asociada a un modelo de IA descargado por el propio navegador. No hablamos de una actualización menor ni de un archivo residual, sino de un componente grande que muchos usuarios probablemente no esperaban ver ahí.

La conversación empezó a tomar forma a partir de una publicación de Alexander Hanff en That Privacy Guy. Su hallazgo, en esencia, era sencillo de entender: según sus registros, Chrome había dejado en su ordenador un modelo de IA de varios gigas sin mostrarle un aviso claro durante el proceso. A partir de esa pista hice la comprobación en mi propio equipo, utilizado desde España, y encontré la misma carpeta a la que se refiere Hanff: OptGuideOnDeviceModel, dentro de los archivos internos de Chrome. En mi caso, macOS muestra esa carpeta con un tamaño de 4,27 GB, incluso cuando funciones como la barra lateral de Gemini todavía no está disponible en este mercado.

Modelo De Ia Google Chrome
Modelo De Ia Google Chrome

Gemini Nano descargado en mi ordenador

Gemini Nano no funciona como una descarga tradicional que buscamos, aceptamos e instalamos manualmente. En la documentación para desarrolladores de Chrome, la compañía explica que las capacidades integradas de IA están pensadas para ser fluidas y que la gestión del modelo se realiza automáticamente en segundo plano. También señala que la descarga inicial puede activarse cuando una función de IA integrada en el navegador necesita usar Gemini Nano por primera vez. Dicho de otra forma: el modelo puede llegar al ordenador como parte del funcionamiento interno de Chrome, no necesariamente mediante una acción clara y reconocible para el usuario.

Un modelo de IA que va más allá de un chatbot integrado

El modelo no se limita a impulsar un navegador con un chatbot integrado dentro Chrome. Google ya ha descrito usos de Gemini Nano en el propio dispositivo para detectar estafas de soporte técnico, un tipo de amenaza que muchas veces dura muy poco tiempo online y puede escapar a los sistemas tradicionales de rastreo. En ese escenario, Chrome puede proporcionar al modelo contenido de la página que el usuario está visitando para extraer indicios de riesgo. La IA, por tanto, también puede formar parte de la capa de seguridad del navegador.

Proteccion Google Chrome
Proteccion Google Chrome

Gemini Nano también impulsa funciones de seguridad en Chrome

Ahí está buena parte del malestar. La IA en el navegador puede tener usos razonables, desde ayudar a detectar fraudes hasta alimentar funciones de escritura, traducción o resumen, pero el problema aparece cuando el usuario no entiende bien qué se ha descargado, por qué está ahí y cómo puede gestionarlo. Hanff lo resume con una crítica muy directa: “Chrome no preguntó. Chrome no lo muestra al usuario. Si el usuario lo elimina, Chrome vuelve a descargarlo”.

También hay voces que rebajan la gravedad del caso. En Reddit, un usuario defendía que el modelo solo se descarga cuando alguien intenta usar una función de IA que lo necesita y que, además, puede desactivarse desde las opciones de Chrome. Hanff respondía que sus registros mostraban otra cosa: el navegador se abrió de forma programada, permaneció unos minutos en una página sin interacción y aun así dejó rastro de la descarga. Más allá de esa discusión concreta, la propia documentación de Google apunta a un punto intermedio: la descarga puede activarse por funciones integradas y continuar en segundo plano incluso si la pestaña que la inició se cierra.

Chrome sí ofrece controles para reducir la presencia de algunas funciones de IA, pero no lo concentra todo en un panel único y fácil de entender. Desde los ajustes se pueden desactivar u ocultar determinadas piezas visibles, como Gemini en los mercados en los que está disponible, la asistencia de escritura, el historial de búsqueda o la búsqueda impulsada por IA. Para ir más al fondo, sin embargo, hay que entrar en un terreno más técnico, como las opciones experimentales de chrome://flags. Ese salto cambia bastante la experiencia: ya no hablamos de apagar una función clara, sino de tocar partes internas que también pueden estar vinculadas a prestaciones que el usuario quizá sí quiera conservar.

Aboton Firefox Ia
Aboton Firefox Ia

Firefox ofrece una vía sencilla para desactivar las funciones de IA

Firefox ofrece un contrapunto interesante porque Mozilla ha agrupado sus controles de IA en un apartado propio dentro de los ajustes. Desde Firefox 148, esa sección ya aparece disponible como “Controles de IA” y permite bloquear mejoras actuales y futuras desde un lugar visible, sin tener que perseguir opciones repartidas por el navegador. También separa apartados concretos, como la IA en el dispositivo, las traducciones y los proveedores de chatbots en la barra lateral. Es una aproximación más directa: el usuario no solo ve que existen esas funciones, también entiende mejor qué puede activar, bloquear o dejar disponible.

La llegada de Gemini Nano a Chrome forma parte de un movimiento más amplio: los navegadores quieren convertirse en algo más que una ventana a internet y empezar a ejecutar tareas de IA dentro del propio equipo. Esa dirección puede tener ventajas reales, especialmente si sirve para reforzar la seguridad o hacer más ágiles algunas funciones. Pero el caso también deja un panorama visible. A algunos usuarios no les importará en absoluto que Chrome descargue modelos locales de forma automática; otros, en cambio, querrán saberlo, entender para qué sirve y tener margen para decidir.

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el espacio como nueva fábrica

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Dos empresas farmacéuticas se han asociado para poner en marcha un ambicioso plan de síntesis de fármacos en el espacio. No es una manía cara. Está más que comprobado que algunos medicamentos cuentan con ventajas añadidas si se cristalizan en condiciones de microgravedad. Hasta ahora, las pocas empresas que lo habían hecho habían trabajado solas o con el único apoyo de agencias como la NASA, pero que dos de ellas se asocien sin necesidad de que la agencia espacial intermedie marca el que podría ser el inicio de una era.

Mejor unir fuerzas. Las dos empresas en cuestión son Varda Space Industries y United Therapeutics Corporation. La primera, fundada por exempleados de SpaceX, lleva sintetizando medicamentos en el espacio desde 2023. La segunda no ha viajado nunca más allá de la Tierra, pero es una compañía biotecnológica con potencial suficiente para que la unión haga mucha más fuerza. El objetivo inicial será la cristalización en microgravedad de medicamentos para enfermedades pulmonares raras. No obstante, en el futuro se podrían producir fármacos para otras muchas patologías.

Todo empezó en 2019. En 2019, las compañías Merck Sharp & Dome Corp. (MSD), en colaboración con el Laboratorio Nacional de la Estación Espacial Internacional (EEI), realizaron experimentos de cristalización con el fármaco pembrolizumab (Keytruda). Se trata de un medicamento contra el cáncer que, como suele ser habitual en la quimioterapia, se administra mediante infusión intravenosa, en un proceso que puede durar horas. Al cristalizarlo en el espacio, se obtuvo una forma más estable que permitía su administración en una sola inyección, haciendo el tratamiento mucho más cómodo para los pacientes.

Una cuestión de tiempo. Se ha visto que, al cristalizarlas en condiciones de microgravedad, muchas moléculas se ensamblan de una forma más lenta y constante. Los resultados son moléculas mucho más estables que, una vez usadas como fármaco, tienen una gran variedad de ventajas. Por ejemplo, se disuelven mejor, no requieren tanto frío para su almacenamiento, provocan menos efectos secundarios y su vida útil es más larga. 

La experiencia de Varda. La compañía Varda comenzó su proyecto de farmacología espacial en 2023. Ese año lanzó al espacio la primera de una serie de cápsulas sin tripular con reactores químicos en su interior. En esos reactores se cristalizan moléculas que, tras unas cuantas semanas o meses de trabajo, se devuelven a la Tierra. Esa primera cápsula fue la W-1. Actualmente se encuentra llevando a cabo su misión la W-6 y se espera lanzar al menos tres más este año. Además, tras la unión con otra compañía farmacéutica, Varda confía en poder escalar a 7 lanzamientos en 2027.

También para investigación. Las moléculas que se cristalizan en el espacio dan lugar a cristales más grandes. Eso facilita también su investigación. Por eso, con este tipo de proyectos no se busca solo obtener fármacos. También se espera conseguir moléculas candidatas a convertirse en medicamentos, para analizarlas más minuciosamente por parte de los científicos que están en la Tierra. 

Esto es solo el principio. En el futuro, los viajes al espacio estarán mucho más extendidos. La reutilización de cohetes permitirá hacer muchos más lanzamientos en menos tiempo, el turismo espacial se convertirá en algo cada vez más frecuente y muchas investigaciones públicas y privadas se podrán realizar en órbita. Si se consigue la inversión suficiente, la infraestructura para obtener fármacos en el espacio será cada vez más sencilla. Y, desde luego, los beneficios para los pacientes también irán en aumento. 

Imagen | Varda/Magnific

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Dua Lipa lanzará película y álbum en vivo grabados durante sus conciertos en CDMX

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- La cantante británica Dua Lipa anunció este jueves que lanzará “Dua Lipa (Live from Mexico)”, un nuevo álbum en vivo y película del concierto grabado durante las tres exitosas presentaciones que ofreció en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México, como parte de la gira “Radical Optimism“.

La artista indicó, en un comunicado, que el largometraje se estrenará el próximo 21 de mayo en su canal oficial de YouTube.

También señaló que el álbum en vivo estará disponible en plataformas de streaming el 22 de mayo a través de Warner Records, mientras que las copias físicas del disco están listas para reservarse y enviarse a partir del 5 de junio.

Dua Lipa ha publicado en su cuenta de YouTube un adelanto de la cinta, en donde se capturan los momentos más icónicos que vivió en México.

“Esta gira ha sido la experiencia más hermosa y gratificante de mi carrera hasta ahora”, dice la intérprete de ‘Don’t Start Now’ en el tráiler del filme.

“Han construido algo más grande que un espectáculo. Han construido una familia y eso lo siento cada noche”, continuó.

La gira de Dua Lipa en México ocurrió en diciembre de 2025 y quedó marcada en la memoria de los fanáticos por lograr colaboraciones inéditas como la que hizo con Fher Olvera, vocalista de Maná, al cantar “Oye Mi Amor” (1992).

En este recorrido por el país, la artista anglófona también interpretó temas clásicos en español, como ocurrió con su versión de “Bésame mucho”.

“Radical Optimism” Tour acumuló 92 espectáculos en los cinco continentes, incluyendo fechas consecutivas con entradas agotadas en el estadio de Wembley (Londrés), con más de 1.75 millones de boletos vendidos en toda la trayectoria mundial.

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la NASA prepara chips 100 veces más potentes

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El ser humano explora porque necesita entender lo que hay más allá. Lo hemos hecho cruzando océanos, subiendo montañas y, desde hace décadas, enviando máquinas a lugares donde nosotros todavía no podemos estar. Pero una misión espacial tiene más que hacer además de llegar. Por ejemplo, recoger datos, interpretaros y enviarlos a la Tierra para hacer ciencia. Ahí aparece el gran desafío, porque el espacio exige ordenadores capaces de funcionar durante años en un entorno que castiga la electrónica como pocos.

High Performance Spaceflight Computing. Este es el nombre de la respuesta que prepara la NASA. Según la agencia, el proyecto busca desarrollar junto a Microchip Technology un nuevo procesador espacial capaz de ofrecer hasta 100 veces más capacidad computacional que los ordenadores espaciales actuales. No hablamos de un chip pensado para un portátil o un móvil, sino de un sistema en chip, o SoC, llamado a integrarse, una vez certificado para vuelo espacial, en futuras naves, orbitadores, rovers, hábitats tripulados y misiones de espacio profundo.

SoC, un termino familiar. Se trata del tipo de arquitectura es común en nuestros smartphones y tablets: dispositivos pequeños que concentran en una sola pieza elementos esenciales de un ordenador. La diferencia frente a un procesador aislado está precisamente ahí. Un SoC no se limita a ejecutar instrucciones, sino que puede integrar CPU, unidades de apoyo al cálculo, redes avanzadas, memoria e interfaces de entrada y salida. En la Tierra lo usamos para ganar eficiencia y reducir tamaño. En el espacio, además, tiene que sobrevivir.

El desafío. Como decimos, el espacio castiga la electrónica de una forma que aquí abajo rara vez vemos. Según la NASA, un procesador destinado a misiones reales debe aguantar radiación electromagnética, oscilaciones extremas de temperatura y partículas de alta energía capaces de alterar el funcionamiento de los sistemas. No hablamos solo de perder rendimiento, sino de errores que pueden obligar a una nave a entrar en “modo seguro”, con las operaciones no esenciales apagadas hasta que los equipos de misión resuelvan la incidencia.

Una fase clave. Ahora llega el momento de comprobar si todo lo que promete sobre el papel resiste cuando se lleva al terreno físico. El JPL empezó las pruebas en febrero y mantendrá la campaña durante varios meses, con ensayos de radiación, ciclos térmicos, choques y evaluaciones funcionales. La agencia asegura que el procesador está funcionando según lo diseñado y añade un dato llamativo, aunque todavía situado dentro del marco de las pruebas: las primeras indicaciones muestran que opera con un rendimiento 500 veces superior al de los chips endurecidos frente a radiación actualmente en uso.

Más autonomía lejos de casa. La exploración espacial tiene un límite que no se resuelve con una antena más grande: la distancia. Entre la Tierra y Marte, una señal puede tardar entre 3 y 22 minutos en viajar en una sola dirección, dependiendo de la posición de ambos planetas en sus órbitas. Eso significa que no podemos conducir un rover como quien maneja un coche teledirigido. Lo hemos visto en los aterrizajes marcianos, los famosos “siete minutos de terror”, cuando una nave entra, desciende y aterriza ejecutando por sí misma una coreografía que desde la Tierra solo podemos conocer cuando ya ha ocurrido.

Computación a bordo. La NASA plantea que este tipo de procesador permitirá a futuras naves usar inteligencia artificial para responder en tiempo real a situaciones complejas, analizar grandes volúmenes de datos, almacenarlos y transmitirlos con más agilidad. Recordemos el caso de Perseverance que ya combinó datos orbitales de Marte, su cámara panorámica y un Snapdragon 801 para comparar lo que veía con información obtenida desde el espacio y afinar su posición sobre la superficie marciana. Si queremos seguir explorando Marte y mirar más lejos, cada vez necesitaremos más sistemas capaces de decidir sin esperar siempre una orden desde la Tierra.

Tecnología que vuelve. La historia de la exploración espacial también es la historia de ideas que nacen para resolver problemas muy concretos y después encuentran sitio en la Tierra. En este caso, la NASA apunta a posibles adaptaciones para sectores como la aviación y la automoción, en usos potenciales como drones, redes eléctricas, equipos médicos, servicios de comunicación, inteligencia artificial y transmisión de datos. No significa que vayamos a ver mañana este procesador en un producto de consumo, pero sí que el esfuerzo por hacerlo más potente, eficiente, escalable y resistente puede tener recorrido más allá de una nave camino al espacio profundo. 

Imágenes | NASA

En Xataka | El mayor problema de vivir en la Luna son sus noches. La NASA cree haber encontrado la solución para no quedarse sin electricidad

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