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a 12 años luz, en un gigante que humilla a Júpiter

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Aunque todos nos hemos quejado alguna vez de las nubes cuando nos han arruinado un día soleado, sin ellas la Tierra sería mucho más inhóspita. Por eso, el hallazgo que acaba de hacer el Telescopio Espacial James Webb en un exoplaneta ubicado a 12 años luz de nosotros es realmente interesante.

No es amoniaco, es agua. Epsilon Indi Ab es un gigante gaseoso aún más grande que Júpiter, que se encuentra en un sistema estelar formado por dos enanas marrones y una estrella tipo K. Se sabe que este planeta tiene nubes en su atmósfera, igual que Júpiter. Dado su parecido, se podría esperar que las nubes de unos y otros tuviesen la misma composición. 

Las nubes de Júpiter se componen básicamente de amoniaco. Sin embargo, cuando unos científicos han analizado la composición de las nubes de Epsilon Indi Ab con ayuda del James Webb, han descubierto que apenas hay amoniaco en ellas. En realidad están compuestas mayormente por agua helada, como las que tenemos aquí en la Tierra.

Más caliente de lo esperado. El exoplaneta Epsilon Indi Ab se encuentra a una distancia de su estrella similar a la que separa a Urano de nuestro Sol. Urano es un planeta muy muy frío por razones obvias. Sin embargo, Epsilon Indi Ab es mucho más grande y joven, por lo que aún conserva buena parte del calor que se originó con su formación. Aunque no hay una cifra clara, se cree que puede tener una temperatura media de 0ºC. Eso puede parecernos frío si nos pilla en la Tierra sin abrigo, pero para una planeta tan alejado de su planeta es bastante calor. Ese calor se emite en forma de radiación infrarroja y es aquí donde empieza lo bueno.

El James Webb entra en juego. El Telescopio Espacial James Webb tiene una gran capacidad para detectar y medir luz infrarroja. Por eso, ha sido con él con el que se han podido analizar estas nubes. Para ello, el primer paso ha sido bloquear la luz de la estrella. Si esto no se hiciese, interferiría con la radiación infrarroja emitida por el planeta y no podría analizarse adecuadamente. Hecho esto, se usaron filtros que capturan 10,6 y 11,3 μm de luz. Así, la observación se centraría en la radiación del planeta, justo en los rangos de interés.

Se sabe que los cristales de amoniaco bloquean la luz de 10,6 μm cuando esta pasa por ellos. Si las nubes de nuestro exoplaneta fueran como las de Júpiter se habría observado un gran bloqueo en este rango. Pero no fue así. Debía haber otra sustancia en ellas. Al estudiar los filtros de 11,3 μm y observar también una leve emisión de luz a 3 y 5 μm, se concluyó que esa otra sustancia debía ser agua. Los cristales de las nubes de Epsilon Indi Ab son de agua congelada, como en la Tierra.

Un compañero en la retaguardia. Dado que las nubes de agua son muy importantes para la habitabilidad de un planeta, este hallazgo demuestra la capacidad del James Webb para analizar un factor más a la hora de buscar análogos terrestres más allá de nuestro sistema solar. Lo mejor es que, según ha adelantado la NASA esta semana, el Telescopio Espacial Roman, que se lanzará en septiembre si todo va bien, puede unir sus fuerzas a las del James Webb, aportando resultados aún más precisos. Quizás estemos ante el equipo perfecto para encontrar ese planeta que tanto tiempo llevamos buscando.

Imagen |  E. C. Matthews, MPIA / T. Müller, HdA

En Xataka | El James Webb lleva años detectando puntos rojos en el universo: el único problema es que no sabemos qué son

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el nuevo frente de la guerra fría tecnológica

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El gran talón de Aquiles de la transición energética en Europa no está a la vista. No son los paneles fotovoltaicos ni los molinos de viento, sino los chips y procesadores ocultos que los hacen funcionar. Consciente de este riesgo, la Unión Europea ha decidido blindar su red eléctrica con una medida drástica. Las empresas que quieran montar proyectos renovables con dinero comunitario tendrán que buscar alternativas: la tecnología china se queda, de momento, fuera de juego.

El veto, al detalle. Bruselas ha hecho público su plan para vetar la financiación europea a proyectos de energías renovables que utilicen equipos clave fabricados en países considerados de “alto riesgo”: China, Rusia, Irán y Corea del Norte. La diana de esta prohibición tiene un nombre muy específico: los inversores (o conversores). De forma sencilla, se trata de dispositivos electrónicos críticos que actúan como procesadores de las plantas fotovoltaicas. Su función es transformar la corriente continua que generan las placas solares en la corriente alterna que finalmente llega a nuestros hogares y empresas.

La medida, de facto, ya está en marcha. Las instituciones financieras tienen hasta este 15 de mayo de 2026 para notificar a la Comisión los proyectos que tienen en cartera. A partir del 1 de noviembre, el veto será total para cualquier nueva instalación que aspire a recibir fondos comunitarios, especialmente aquellos provenientes del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

¿Y por qué ahora? Como señala Expansión, el Ejecutivo comunitario ha enmarcado esta decisión bajo el paraguas de la “seguridad económica” y la protección frente a la dependencia estratégica, desmarcándose de quienes lo ven como una mera política industrial proteccionista.

El alcance de esta directriz es mayúsculo. Según detalla pv magazine, no solo se limita a los parques solares tradicionales, sino que se extiende a los vitales Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS). Esto supone un duro golpe para los gigantes asiáticos, que suelen vender soluciones integradas que combinan baterías y electrónica de potencia. A este cerco hay que sumarle una estricta “ley antitrampas”: la regulación no contempla excepciones significativas y afectará incluso a aquellos inversores que se fabriquen físicamente en Europa, siempre y cuando la empresa matriz esté controlada por entidades de estos países de riesgo.

El fantasma del apagón nacional. La contundencia de la UE responde a un miedo tangible. La Comisión basa su veto en informes de inteligencia e información clasificada aportada por varios Estados miembros que alertan sobre una amenaza gravísima: el ciberataque y el “apagado remoto”. Al estar los inversores conectados a internet y gestionar datos operativos críticos de la red eléctrica, un actor extranjero podría utilizarlos como caballo de Troya. Siobhan McGarry, portavoz de la Comisión, ha sido tajante: “En la práctica, esto podría implicar un apagado remoto de las redes de los Estados miembros, provocando apagones a nivel nacional”.

Esto no es ciencia ficción. El gran apagón que sufrió España y Portugal el 28 de abril de 2025 demostró de forma empírica la vulnerabilidad de la red. Aunque en su momento se descartaron actos de sabotaje deliberado, el informe oficial de la red europea (ENTSO-E) concluyó que el colapso estuvo directamente vinculado a una gran oscilación de tensión provocada por la desconexión inesperada de inversores fotovoltaicos. Este precedente ha hecho revivir en Bruselas los fantasmas del 5G y la decisión de arrinconar a firmas como Huawei y ZTE en el sector de las telecomunicaciones.

¿Un tiro en el pie para España? La teoría de Bruselas es firme, pero choca con una realidad incómoda: la abrumadora dependencia del gigante asiático. Según datos aportados por SCMP, China controla en la actualidad el 80% del mercado global de inversores, con marcas como Huawei y Sungrow liderando el ranking mundial.

En España, el escenario es aún más monopolístico. Según revela el Consejo Europeo de Fabricación Solar (ESMC), que cerca del 70% de los inversores instalados en nuestro país son de origen chino. Solo Huawei aglutinó en 2023 el 36,5% de las instalaciones, seguido de Sungrow (29,7%) y GoodWe (14,5%). Pese a las advertencias de Bruselas, el Gobierno español mantiene una posición divergente y continúa certificando decenas de dispositivos de Huawei para su uso en redes sensibles, asegurando a sus aliados que no suponen un riesgo.

Sin embargo, la onda expansiva del veto europeo ya está rompiendo proyectos a nivel nacional. Tal y como explicamos en Xataka, la Generalitat de Cataluña ha tenido que dar marcha atrás recientemente en la adjudicación de su macroproyecto de red pública (XCAT) a la alianza formada por Sirt y Huawei. El temor a tener que desmantelar la infraestructura en menos de un año para cumplir con la nueva normativa europea ha dejado en el aire un contrato de 127 millones de euros.

¿Miedo infundado a los costes? Hay muchas preguntas abiertas. ¿Paralizará este veto el despliegue renovable en Europa por falta de suministro o sobrecostes? La industria europea asegura que no hay motivos para el pánico. Según el ESMC, la capacidad de producción actual en la UE supera los 100 GW anuales (frente a una demanda de unos 65 GW). Además, la Comisión señala a Japón, Corea del Sur, Suiza y Estados Unidos como proveedores alternativos fiables.

Respecto al impacto económico, los datos desmontan el mito de un encarecimiento drástico. Tal y como recoge Euronews, el coste de los inversores apenas representa un 5% del presupuesto total de un parque solar. Un análisis de Wood Mackenzie calcula que sustituir los componentes chinos por tecnología occidental apenas encarecerá un 2% el coste total en los proyectos a gran escala. Un “sobrecoste mínimo”, según Bruselas, a cambio de blindar la red.

El “efecto boomerang”. Esta estrategia de aislamiento occidental tiene una consecuencia paralela silenciosa pero gigantesca. Al expulsar a China de las redes de energía y telecomunicaciones europeas, se está forzando a Pekín a crear un ecosistema tecnológico cien por cien autónomo.

Entidades chinas, como la Universidad Tsinghua o la propia Huawei, están registrando un volumen inusualmente elevado de patentes en fotolitografía para poder fabricar sus propios chips de vanguardia sin depender de la europea ASML. Paralelamente, están construyendo alternativas sólidas a los estándares occidentales de Inteligencia Artificial (como el monopolio de CUDA de NVIDIA). Al cerrarles la puerta, Europa y Estados Unidos podrían estar incubando a un competidor tecnológico global totalmente incontrolable e independiente.

Indignación en Pekín. Como era de esperar, la reacción de China ha sido inmediata. La Cámara de Comercio de China en la UE (CCCEU) ha rechazado de plano las acusaciones a través de declaraciones recogidas por Euronews. Los portavoces chinos acusan a Europa de politizar productos comerciales, exigen “neutralidad tecnológica” y advierten de que esta “sobre-segurización” de los componentes verdes podría dañar la confianza de los inversores internacionales. Por su parte, Pekín insiste en que sus productos tecnológicos no tienen fines políticos.

Además, el veto nace con una limitación fundamental: Bruselas solo puede bloquear el acceso a los fondos comunitarios. No tiene potestad legal, por ahora, para prohibir que una empresa privada compre tecnología china con su propio dinero. Por ello, según Expansión, la Comisión está instando intensamente a los Estados miembros a que repliquen esta directiva en sus licitaciones públicas nacionales.

No obstante, la pinza legal se estrecha. Este es solo el primer paso antes de la inminente revisión del Reglamento de Ciberseguridad (CSA 2) y la aplicación de la Directiva NIS2 sobre infraestructuras críticas, normativas que terminarán imponiendo restricciones vinculantes en toda Europa, independientemente del origen de los fondos, aunque países como España acumulan retrasos en su transposición. Como nota técnica pendiente, la UE aún debe abordar qué pasará con los componentes pasivos críticos (como los transistores IGBT), que están dentro de inversores occidentales pero suelen venir de fábricas chinas.

La soberanía energética como fin último. La decisión de la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, certifica un cambio de paradigma total en el viejo continente. Europa ha interiorizado, a base de crisis geopolíticas, que la transición ecológica no consiste únicamente en instalar más paneles y reducir las emisiones de CO2; consiste, fundamentalmente, en no cambiar la dependencia del gas ruso por la dependencia de la tecnología asiática.

El mensaje que lanza Bruselas con este bloqueo a la financiación es rotundo: de nada sirve garantizar una energía limpia, barata e inagotable gracias al sol y al viento europeos, si el interruptor general que da luz a nuestros hospitales, fábricas y hogares puede ser apagado en remoto, con un solo clic, desde un servidor situado a diez mil kilómetros de distancia.

Imagen | Unsplash y Unsplash

Xataka | Europa quiere blindarse contra Huawei, pero el sector energético sabe algo incómodo: no puede avanzar sin ella

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Paul McCartney, Robert Smith y cierta “urgencia” se unen en el nuevo álbum de los Rolling Stones

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Después de casi 65 años juntos como The Rolling Stones, Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood presentaron este martes en Nueva York su nuevo álbum, “Foreign Tongues”, que verá la luz el 10 de julio y que, según afirmaron, está lleno de “urgencia” y en el que colaboraron con Paul McCartney y Robert Smith, entre otros músicos.

Jagger, vestido con una llamativa chaqueta de rayas, Richards con gorra y bufanda de seda, y Wood con una chaqueta estampada de mariposas, derrocharon buen humor y complicidad en una breve charla en el hotel The Weylin de Brooklyn con el presentador Conan O’Brien restringida a invitados de honor y medios internacionales. 

El vocalista señaló que, para este álbum, fue clave grabar casi en vivo y, en muchas ocasiones, en una sola toma, para aprovechar la química entre los miembros de la banda, por lo que estuvieron en el estudio un mes en su Londres natal.

“Tienes que mover los ojos y ver a todo el mundo: a Keith, a Ronnie… ves exactamente lo que están haciendo y pensando. El estudio funcionó muy bien para nosotros y el sonido era muy bueno”, comentó. 

De acuerdo con los músicos, la atmósfera distendida y el hecho de que muchas de las canciones se grabaran en muy poco tiempo contribuyeron a dotar al disco de “una energía de urgencia”, logrando un sonido que, pese a su veteranía (Jagger y Richards tienen 82 años y Wood, 78), logra evitar sensaciones de cansancio o rutina, aseguran.

Raíces con nuevos matices

Los Stones subrayaron que han seguido “explorando nuevos matices” sin renunciar a su esencia, “sus raíces” rockeras, fieles a una identidad que han ido puliendo a lo largo de más de seis décadas.

“Foreign Tongues” es su primer trabajo de estudio desde “Hackney Diamonds” (2023), con el que regresaron tras varios años de silencio y que logró un premio Grammy.

“No tenemos nada que demostrar, pero seguimos siendo una banda de rock capaz de hacer distintos estilos“, algo que, dijo Jagger, se refleja en este disco.

Richards, en su habitual aire disperso y desenfadado, acompañando sus palabras con teatrales gestos de manos, aseguró que la inspiración sigue siendo algo casi místico, espontáneo, y fanfarroneó con que sus riffs de guitarra “simplemente llegan”, provocando las risas del público.

De izquierda a derecha Ron Wood, Keith Richards, Conan O’Brien y Mick Jagger posan al término de su charla. Crédito: EFE

Epílogo de McCartney, Smith 

La banda adelantó que el disco cuenta con varias colaboraciones, entre ellas la del exbeatle Paul McCartney, que participó en una grabación (bromearon imitando el entusiasmo de McCartney al hablar de las sesiones), y la de Robert Smith, líder de The Cure, quien, con su icónico rostro maquillado, terminó sumándose a un tema tras coincidir con ellos en el estudio.

Formados en Londres en 1962, The Rolling Stones siguen siendo una de las bandas más influyentes y exitosas de la historia del rock; sin embargo, su actividad en vivo sigue rodeada de incertidumbre, especialmente después de que la gira europea prevista para 2026 fuera cancelada debido a las dificultades que, según Richards, le supone mantener el exigente ritmo de los conciertos.

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su CEO acaba de aclarar quién debe tener los mejores

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La carrera por la inteligencia artificial suele contarse desde los modelos, las aplicaciones y las últimas promesas de automatización. Pero debajo de todo eso hay una capa menos vistosa y mucho más difícil de sustituir: el hardware. Sin chips avanzados, entrenar modelos masivos, desplegarlos a gran escala y competir en la primera línea se vuelve mucho más difícil. Por eso NVIDIA sigue ocupando un lugar tan importante para Estados Unidos y para China. La cuestión ya no es solo quién desarrolla mejor IA, sino quién puede acceder primero a los chips más potentes.

El mensaje de Huang. Ese debate aterrizó esta semana en Los Ángeles, durante la Milken Institute Global Conference, un foro que reunió a banqueros, inversores, responsables políticos y ejecutivos en Beverly Hills. Allí, según Nikkei Asia, Jensen Huang fue preguntado directamente por una cuestión especialmente sensible: si China debería tener acceso a los chips “más recientes y mejores” de NVIDIA. Su respuesta fue tan breve como contundente: “No”. El CEO añadió después que la compañía apoya que Estados Unidos tenga “los primeros, más y mejores” chips, una frase que resume bastante bien el equilibrio que intenta defender.

Vender sí, pero no lo último. La posición de Huang no pasa por sacar a China de la ecuación comercial, al menos no según lo que planteó en ese mismo foro. El CEO defendió que las compañías estadounidenses de semiconductores sigan compitiendo en los mercados globales, incluido el chino, porque eso también fortalece al país norteamericano. Huang sostuvo que aumentar las exportaciones ayuda a elevar la recaudación fiscal, mejorar la seguridad económica y contribuir a la seguridad nacional. El mensaje, por tanto, tiene dos capas: liderazgo tecnológico primero, y presencia comercial bajo control después.

La frontera está en la generación. No todos los chips de NVIDIA ocupan el mismo lugar en esta discusión. El H200, recordemos, es un procesador de IA de gama alta y lo coloca por encima del H20, el chip que la compañía diseñó para China tras las restricciones de exportación estadounidenses. Pero el acuerdo anunciado por Donald Trump en diciembre no incluía ni Blackwell ni los productos Rubin de próxima generación, dos familias que representan una capa más avanzada de la hoja de ruta de NVIDIA.

El encaje regulatorio todavía tiene varias piezas móviles. Donald Trump dijo en diciembre que permitiría vender los H200 de NVIDIA a clientes “aprobados” en China, siempre que el Gobierno estadounidense recibiera un 25% de esos ingresos. La compañía obtuvo este año la autorización oficial de exportación, y Huang aseguró en marzo que NVIDIA ya había recibido pedidos de “muchos clientes” chinos. Pero eso no significa que todo esté resuelto: el envío final también dependerá de si Pekín permite esas ventas y en qué cantidades.

El cuello de botella no es solo político.Tom’s Hardware sugiere que también puede haber una explicación industrial detrás de la ausencia de envíos recientes. Según el medio, Hopper y Blackwell se fabrican en las mismas fábricas y líneas de producción compatibles con N4/N5 de TSMC, una capacidad que no es infinita. Si esa lectura es correcta, NVIDIA tendría motivos para reservar más producción para Blackwell, una familia más avanzada y cara, especialmente para clientes estadounidenses, en lugar de usar parte de esa capacidad en H200 para China con una comisión del 25% al Gobierno de EEUU. Según esa lectura, la llegada de Rubin en N3 podría liberar margen más adelante.

Un viaje pendiente. Trump dijo que visitará Pekín este mes y que las cuestiones comerciales podrían estar sobre la mesa en su encuentro con Xi Jinping. En ese contexto, las palabras de Huang no suenan como una simple reflexión corporativa, sino como una forma de marcar posición en un debate que va mucho más allá de NVIDIA. La disputa no gira solo alrededor de qué chip es más potente, sino de quién accede primero, bajo qué condiciones y con qué margen para no quedarse atrás.

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