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el plan para enviar energía infinita a la Tierra

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En la transición energética global hay países y países. Hay algunos que van más avanzados y otros que no tanto. Y aunque la facilidad de acceso a los clásicos combustibles fósiles funciona como un ancla para resistirse al cambio, que no te hayan tocado las mejores cartas en términos de recursos naturales tampoco ayuda. Japón es uno de esos países donde el cambio es casi una cuestión de supervivencia: poco terreno disponible, importa cerca del 90% de su energía primaria y si hablamos de recursos, está probando con las olas, pero la  undimotriz es una fuente dura de roer.

Así que Japón ha decidido mirar la transición energética con perspectiva espacial, esto es, captar la radiación fuera de la Tierra, donde es más constante y potente. Ya lo vimos con su satélite Ohisama y ahora con su Luna Ring para, como dice Beyoncé, ponerle un anillo a la luna en forma de planta solar.

La idea. La propuesta consiste en instalar un cinturón continuo de células fotovoltaicas a lo largo del ecuador de la Luna cubriendo una circunferencia de 11.000 kilómetros, asegurándose así que una parte de la estructura esté siempre expuesta a la luz solar directa, esto es, generación de energía 24/7. Desde allí, la electricidad se convierte en microondas y rayos láser de alta densidad para ser enviada directamente a estaciones receptoras en la Tierra.

Lo que propone Shimizu Corporation no es tanto un proyecto cerrado con fecha concreta, sino una visión de ingeniería a largo plazo para orientar su línea de investigación en energía espacial y esta empresa privada no está sola: cuenta con el respaldo institucional en la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, que lleva décadas investigándolo.


Captura De Pantalla 2026 04 16 A Las 11 57 09
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Diagrama de funcionamiento de Shimizu Corporation

Por qué es importante. Porque la demanda global de energía sigue creciendo y la energía solar terrestre tiene importantes limitaciones en forma del ciclo día y noche, las nubes o la propia atmósfera, que reducen su rendimiento. Una planta en el ecuador de la luna solucionaría las tres de un plumazo: energía solar continua, sin el filtro atmosférico ni el riesgo de un cielo nublado. Esto es sencillamente imposible en la Tierra. La Agencia Espacial Europea ya ha reconocido el potencial estratégico de la energía solar espacial en su programa Solaris.

La eventual materialización de este proyecto supone un paso más en la “Sociedad del hidrógeno“, la visión de un ecosistema económico donde el hidrógeno reemplaza a los combustibles fósiles como principal vector energético, surgida a raíz de la necesidad de Japón de superar su extrema dependencia de las importaciones de energía.

En contexto. La idea no es nueva ni mucho menos: allá por 1968 ya se le ocurrió al ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser, que publicó un artículo sobre el tema en la revista Science. Mucho ha llovido desde entonces y también numerosos gobiernos y agencias espaciales han estudiado su viabililidad: la NASA lo hizo en el 79, el gobierno británico lleva desde 2021 explorando la idea y China planea una demostración en órbita baja en 2028 seguido de una prueba en órbita geoestacionaria para 2030. Shimizu lo lleva un paso más allá: lo ha trasladado de la órbita terrestre a la luna, lo que conlleva ciertas ventajas geométricas, pero también aumenta la complejidad logística.

En detalle. Llevar materiales de la Tierra al espacio no es fácil ni barato precisamente, así que su idea es construir las placas solares principalmente con recursos extraídos del propio suelo lunar, valiéndose de robots autónomos operados en remoto.  El anillo solar cubriría el ecuador lunar con una anchura de hasta cuatrocientos kilómetros. 

La energía se transmitiría a la Tierra mediante una antena de microondas de veinte kilómetros de diámetro, guiada por una baliza terrestre para apuntar con precisión. El concepto de transmisión inalámbrica de potencia no es ciencia ficción: el Instituto de Tecnología de California realizó en 2023 una demostración en órbita.

Sí, pero. Estamos ante un proyecto de ingeniería a una escala sin precedentes en la historia de la humanidad y el coste de lanzar carga al espacio es el menor de los problemas (va reduciéndose gracias a operadores como SpaceX): también lo sería construir in situ una infraestructura de esas características. 

Y aunque pudiera hacerse, la radiación cósmica y el bombardeo de micrometeoritos en la superficie lunar constituirían un serio riesgo a la integridad de los paneles, lo que implica un desafío en términos de vida útil y mantenimiento. La propia NASA señala estas barreras en la evaluación del concepto de energía solar espacial. 

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Portada | Shimizu Corporation

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El mexicano Bruno Santamaría compite con largometraje en la Semana de la Crítica en Cannes

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Con “Seis meses en el edificio rosa con azul”, el director mexicano Bruno Santamaría Razo es candidato a un premio en la Semana de la Crítica, la sección paralela del 79 Festival de de Cine de Cannes, en el que sólo participan primeras o segundas películas de directores de todo el mundo para permitir el descubrimiento de nuevas voces.

La Semana de la Crítica, que está en su edición número 65, comenzó este miércoles con la proyección de la película francesa “In waves”, de la directora Phuong Mai Nguyen, y contará con siete largometrajes en competición, de los cuales cinco serán óperas primas.

“Seis meses en el edificio rosa con azul” se presentará el 19 de mayo y se trata de la primera producción de ficción que dirige Bruno Santamaría, aunque en ella juega con elementos de lo documental.

La película discurre a principios de la década de los 90 en torno a Bruno, un niño que cumple 11 años y que tiene sentimientos cada vez más intensos hacia su mejor amigo; sin embargo, la noticia de que su padre tiene VIH impacta de manera repentina en su vida mientras su familia intenta ahuyentar el dolor.

Después de 30 años, el propio Bruno filma y reimagina el recuerdo de aquella experiencia e incluye lo que no llegó a percibir del todo cuando era niño. El reparto cuenta con los nombres de Jade Reyes, Sofía Espinosa, Lázaro Gabino, Eduardo Ayala, Valeria Vanegas y Anuar Vera, entre otros.

“Viva”, película española

En la selección también está la película “Viva”, de la directora española Aina Clotet, quien también es actriz y debuta ahora tras la cámara.

“Viva”, que se estrenará este jueves,  es una comedia agridulce rodada en catalán, con un guión firmado por la propia Clotet y por Valentina Viso.

Aborda la historia de Nora, una mujer que retoma los mandos de su vida tras superar un cáncer de pecho. Asume así retos profesionales que la superan y dinamita su proyecto de familia con Tom, su pareja de toda la vida, al entregarse al deseo que siente por Max, un hombre mucho más joven y libre que ella. 

Cuando Max se va al extranjero, Nora inicia una carrera loca para evitar su mayor angustia: quedarse sola y enfrentar el miedo a la muerte, verdadero temor que esconde esta insaciable hambre de vida.

Jurado y otras cintas

El jurado de este año está presidido por la realizadora india Payal Kapadia, ganadora del Gran Premio de la edición de 2024 del Festival de Cannes con “All we imagine as light”, sucediendo al español Rodrigo Sorogoyen, quien ejerció la presidencia el año pasado.

Completan el equipo que determinará junto a Kapadia los premios de la Semana de la Crítica la productora británica Ama Ampadu, el periodista y director del Festival Internacional de Cine de Bangkok Donsaron Kovitvanitcha, el actor canadiense Théodore Pellerin, la cantante y compositora francesa Oklou y la directora artística de la Semana Ava Cahen.

Jurado de la Semana de la Crítica, de izquierda a derecha: Théodore Pellerin, Ava Cahen, Oklou, Payal Kapadia , Ama Ampdau y Donsaron Kovitvanitcha el 12 de mayo de 2026. Crédito: EFE

El resto de películas seleccionadas son “A Girl Unknown”, de la realizadora china Zou Jing; “The Station”, de la escocesa-yemení Sara Ishaq; “Dua”, de la kosovar Blerta Basholli; “La Gradiva”, de la francesa Marine Atlan; y “Tin Castle”, del franco-irlandés Alexander Murphy.

El 20 de mayo se anunciarán los premios y se proyectará la película de clausura, la francesa “Adieu monde cruel” de Félix de Givry, si bien el 21 continuarán las últimas proyecciones.



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la de tener bebés en el espacio

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China acaba de enviar un cargamento muy especial a la Tiangong uno que tiene como objetivo conocer la respuesta a si los humanos podrán reproducirse en el espacio. Porque las grandes potencias se han embarcado en la aventura de colonizar la Luna o Marte, pero hay una pregunta fundamental que es si se puede desarrollar un embrión humano en gravedad cero. La Academia China de Ciencias espera que la respuesta “sea sí”.

Y por eso han mandado un curioso ‘Arca de Noé’ a su estación espacial.

En corto. Este 11 de mayo, el Laboratorio Estatal de Células Madre y Biología Reproductiva cargó la nave Tianzhou-10 con una célula con embriones de peces cebra, ratones y humanos artificiales. Estos embriones humanos son derivados de células madre que, ahora, están camino de la estación china Tiangong.

Se trata de una instalación que el gigante asiático tiene planes de ampliar para que sea el gran laboratorio espacial una vez se desmantele la Estación Espacial Internacional, y este supone un primer paso para ver si los humanos podemos reproducirnos y desarrollarnos en gravedad cero.

Humanos artificiales. Antes de entrar en los objetivos, es conveniente aclarar qué es eso de “humanos artificiales”. Como apuntan las autoridades chinas, estos embriones humanos no son organismos completos que puedan convertirse en bebés. Simplemente, se trata de estructuras a partir de células madre que imitan las fases muy tempranas del desarrollo humano.

Lo que se ha mandado a la Tiangong corresponde aproximadamente a los días 14 a 21 después de la fertilización, una ventana crucial porque es durante la que se empiezan a formar todos los órganos y en la que cualquier anomalía puede tener un impacto significativo en el desarrollo humano. Durante cinco días, los astronautas de la estación vigilarán el estado de los embriones. Luego las congelarán y las enviarán a la Tierra para su análisis.

Objetivo. No es la primera vez que se mandan embriones al espacio. Hace unos meses ya contamos que China había mandado una ratona para que tuviera crías en la estación que posteriormente analizar para ver si venían con alguna alteración. Nacieron nueve y sobrevivieron seis, resultando en un tremendo éxito porque había muchas cosas que podían salir mal. El objetivo es ver si podemos sobrevivir lejos de la protección de la atmósfera terrestre, y ahí hay más cosas al margen de la gravedad cero que podrían ser una barrera evolutiva.

Por ejemplo, la radiación cósmica, una lluvia de partículas de alta energía que nos atraviesa, puede causar roturas en el ADN, con consecuencias inesperadas y fatales. En la Tierra, la atmósfera nos protege, pero sin ese escudo, la exposición es muchísimo mayor. Lo que se dedujo de la investigación de la ratona es que los mecanismos de reparación celular de los mamíferos son capaces de compensar ese daño, al menos en vuelos de corta duración.

Por eso esta misión es tan especial porque van a pasar un mayor tiempo en órbita y, además, es la primera vez que se manda un sistema de muestras tan amplias con vertebrados inferiores hasta modelos de embriones humanos. Los responsables del proyecto apuntan que es el primer intento en la historia de responder a la pregunta de si los humanos podremos reproducirnos en el espacio y, gracias a los datos, se podrá trabajar para desarrollar tecnologías que mitiguen los posibles efectos adversos.

Empeñada. China está muy enfocada en estudiar estos efectos de la microgravedad y la radiación cósmica en el desarrollo embrionario y, aparte de este experimento o el de la ratona, ya mandó 6.000 embriones de ratón en el satélite SJ-10 en 2016 demostrando que los mamíferos pueden completar las primeras fases del desarrollo embrionario.

Y en 2023, científicos japoneses enviaron embriones congelados de ratones a la EEI, donde fueron descongelados y donde se llegó a la conclusión de que esas condiciones no afectaron significativamente a la formación de blastocistos.

Con el pie a tabla. La Tianzhou-10 lleva otra carga para realizar experimentos como células solares ultradelgadas o sensores de gases de efecto invernadero, pero evidentemente llama mucho más la atención el tema de los embriones. Y lo que demuestra es que China va con el acelerador a fondo en esta nueva carrera espacial.

Una carrera en la que el espacio se está militarizando, pero también en la que se está definiendo un nuevo terreno de juego para conseguir energía ilimitada que poder mandar a la Tierra mediante ‘cañones’ láser y hasta la posibilidad de convertir la Luna en una mina espacial.

En Xataka | Europa se ha cansado de ser el “actor secundario” de la NASA. Y por eso está empezando a trabajar con China

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se gastará 20.000 millones más en una fábrica con escasa agua y mano de obra

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El periplo de TSMC en Arizona (EEUU) sigue su curso. Ayer el consejo de administración de este fabricante de chips, el mayor del planeta, aprobó una inyección de 20.000 millones de dólares en la que ya es su planta de producción de semiconductores más avanzada de cuantas tiene en EEUU. La puesta en marcha de esta fábrica estuvo repleta de contratiempos. De hecho, inició la producción de circuitos integrados con casi un año de retraso debido a lo mucho que costó a TSMC encontrar el personal cualificado que necesitaba.

A principios de 2025 llegaron las primeras buenas noticias. La planta llevaba varios meses produciendo semiconductores en el nodo litográfico N4, que pertenece a la familia FinFET de 5 nm, y estaba lista para entregar a Apple la primera remesa de SoC A16 y SiP S9. Esta fábrica, conocida como Fab 21, obtuvo 514 millones de dólares de beneficio el año pasado según Yeh Chun-Hsien, el ministro del Consejo Nacional de Desarrollo de Taiwán. No está nada mal si tenemos presente que durante el primer año de operación las plantas de semiconductores no suelen entregar beneficios.

En este escenario la inversión de 20.000 millones de dólares adicionales en la ampliación de la Fab 21, que es la finalidad de este dinero, tiene sentido. De hecho, este proyecto forma parte del plan de expansión de 165.000 millones de dólares que TSMC presentó el año pasado. Sin embargo, no le está saliendo todo bien a esta compañía en Arizona. Según el diario Taipei Times, la escasez de mano de obra, y, sobre todo, de agua, está dando muchos quebraderos de cabeza a la cúpula directiva de esta fábrica. Y resolver este último problema no es fácil.

La escasez de agua en Arizona es un desafío enorme para TSMC

Arizona es el segundo estado más seco de EEUU solo por detrás de Nevada. Las fábricas de semiconductores necesitan una gran cantidad de este recurso, pero no se trata de agua común como la que sale de nuestros grifos; necesitan un tipo de agua casi imposible de encontrar en la naturaleza. Y su escasez va a más. De hecho, poco a poco se está transformando en una amenaza sistémica para la industria que sostiene la inteligencia artificial, los teléfonos móviles, los coches eléctricos y prácticamente cualquier dispositivo que tenga un chip avanzado dentro.

El agua con la que estamos familiarizados, como la que sale del grifo, la de los manantiales, e, incluso, el agua mineral embotellada, está llena de impurezas. Contiene bacterias, gases disueltos, sales minerales y partículas microscópicas en suspensión. Esto no representa ningún problema para la mayor parte de las aplicaciones cotidianas para las que solemos utilizarla, pero esta agua no sirve para fabricar chips. Incluso la más mínima impureza invisible al ojo humano es veneno puro cuando interviene en la producción de semiconductores de vanguardia, como los circuitos integrados de 2 nm que está fabricando actualmente TSMC.

El estándar de la industria exige agua con una resistividad eléctrica de 18,2 megaohmios por centímetro

El proceso de fabricación de circuitos integrados exige limpiar las obleas de silicio decenas de veces. Cada vez que se transfiere un patrón geométrico a las obleas mediante litografía es necesario limpiarlas. También después de verter sobre ellas los reactivos químicos y los fluidos fotorresistentes. No obstante, el agua que se utiliza para eliminar cualquier residuo que haya podido depositarse sobre la oblea no puede tener la más mínima impureza. Debe ser absolutamente pura. De hecho, el estándar de la industria exige agua con una resistividad eléctrica de 18,2 megaohmios por centímetro, que es el límite teórico de la pureza del agua a temperatura ambiental.

El problema es que producir agua ultrapura no es sencillo. Y no lo es debido a que es necesario someterla a ósmosis inversa en múltiples etapas y a tratamientos de intercambio iónico. También es preciso desgasificarla al vacío, eliminar con luz ultravioleta cualquier microorganismo que pueda contener y filtrarla utilizando unas membranas diseñadas expresamente para capturar la más mínima impureza. En este artículo no necesitamos indagar minuciosamente en estos procesos, pero hay algo que no podemos pasar por alto: este tratamiento consume energía y requiere emplear una gran cantidad de productos químicos. Además, una parte importante del agua que se procesa no se transforma en agua ultrapura, por lo que no se puede aprovechar.

Una vez que el agua ha sido sometida a este tratamiento tan exigente adquiere una pureza tan alta que se vuelve corrosiva si entra en contacto con un abanico muy amplio de materiales. Como carece de iones propios, el agua ultrapura absorbe los iones de prácticamente cualquier material con el que entre en contacto. Este es el motivo por el que las tuberías que se emplean para transportarla deben estar fabricadas en materiales inmunes a la corrosión, como el PVDF (polifluoruro de vinilideno), un polímero termoplástico fluorado parecido al teflón, no contaminante y extremadamente estable debido a que no cede iones al agua ultrapura.

Una sola planta de semiconductores de vanguardia consume entre 10 y 30 millones de litros de agua ultrapura cada día. Este rango equivale al consumo diario de agua potable de una ciudad de entre 50.000 y 150.000 habitantes. Además, hay otro desafío en el que todavía no hemos indagado: el agua ultrapura se degrada con mucha rapidez, por lo que las fábricas de chips deben contar con un sistema de producción y distribución muy sofisticado capaz de trabajar en tiempo real para entregar el agua ultrapura que requiere el proceso de fabricación de circuitos integrados avanzados.

Imagen | TSMC

Más información | Taipei Times

En Xataka | El plan de Intel frente a una TSMC inalcanzable: batir a Samsung y consolidarse como el segundo mayor fabricante de chips

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