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alquiler de balcones a 9.000 euros
El fervor religioso no se compra con dinero. Los mejores lugares para contemplarlo, sí. Desde hace un tiempo ocurre algo curioso en Andalucía: la Semana Santa llega precedida de un chorreo de noticias sobre cotizaciones y subidas y bajadas (habitualmente solo subidas) de los precios del alquiler. Las crónicas en cuestión no tienen nada que ver con la vivienda, ni siquiera con las tarifas que cobran los hoteles o Airbnb. Su foco se centra en los balcones de ciudades como Sevilla o Málaga con las mejores vistas a los pasos religiosos, pequeños miradores por los que se llega a pagar ya 9.000 euros.
Hay quien habla de la “mercantilización” de la Pascua.
¿Qué ha pasado? Hay noticias que, por más que se repitan año tras año, no dejan de ser eso: noticias. Los balcones del centro de Sevilla o Málaga son buen ejemplo. Desde hace tiempo los medios venimos contando los precios cada vez más desorbitados que se piden en Semana Santa por estos espacios, lugares con vistas privilegiadas a las procesiones religiosas. Lo que sí resulta curioso (como acaba de comprobarse en Andalucía) es que, al igual que ocurre con el alquiler residencial o vacacional, el negocio de las terrazas no toca techo.
En el fondo no es nada sorprendente. Algo similar ocurre con las terrazas de Valencia durante las Fallas, las de Vigo en Navidad o en otras ciudades españolas cuando se organizan festejos en la calle, lo que incluye por ejemplo la celebración de títulos futbolísticos. Si hay balcones con buenas vistas hay negocio asegurado. Uno que puede reportar cientos o incluso miles de euros en pocos días.


¿Tan caras son? El dato lo ha facilitado el Colegio de Administradores de Fincas (CAF) de Sevilla. Según sus estimaciones, disfrutar de un buen balcón en el centro histórico para admirar las imágenes de El Silencio, El Gran Poder o La Macarena cuesta varios miles de euros. Para ser más precisos, 6.000 a cambio de toda una semana. El dato llama la atención por dos razones. Primero porque es el doble de lo que se pedía hace unos años (en 2023 la media rondaba los 6.000 €). Segundo, porque en casos en los que se combina una ubicación privilegiada con servicios de catering ese coste puede dispararse hasta alcanzar los 9.000 €.
¿Ocurre solo en Sevilla? No. Hace unas semanas la prensa andaluza informaba de que en Málaga el alquiler de los alojamientos con mejores vistas a las procesiones también se había disparado. A mediados de marzo, 15 días antes del inicio de Semana Santa, Málaga Hoy aseguraba que en Airbnb se pedía 900 euros por dos noches de estancia en un estudio de la calle Larios. En Cisneros (también en el centro) un apartamento con ventanales a la calle se arrendaba a 500 € los dos días, una cifra que se elevaba a 750 € en Booking.
¿Qué se paga exactamente? Básicamente dos cosas. Fechas. Y ubicación. Los alquileres no se disparan porque sí. Lo hacen principalmente en alojamientos con balcones situados en zonas estratégicas desde las que admirar las imágenes de El Silencio, El Gran Poder o La Macarena (caso de Sevilla) o El Cautivo, el Cristo de la Buena Muerte o Los Estudiantes (Málaga). La altura, la calidad de las vistas o la jornada concreta completan las tarifas y explican que haya casos en los que se pidan 9.000 € por una semana. También que los alquileres hayan dejado de ser un negocio particular para ‘profesionalizarse’ de la mano de compañías.
¿Solo pasa con los balcones? No. Los abonos para sillas y palcos de la Carrera Oficial que ofrece el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla tampoco están al alcance de todos los bolsillos. Sobre todo tras experimentar una subida interanual del 3%. La tabla de precios publicada por el organismo muestra que las tarifas oscilan entre los 90,5 € de una silla en Plaza Virgen de Los Reyes a los 1.016 de los mejores los palcos de Plaza San Francisco. Entre ambas cifras hay arias opciones por encima de 100 €. Por ejemplo, en Avenida Constitución (Tribuna Faro) hay plazas disponibles por 161,3 €.
Quizás parezca mucho, pero un abonado reconocía hace poco a El País que realquila las dos sillas que tiene al principio de la Carrera Oficial por el doble de lo que le cuestan a él (170 cada una). Y eso porque se las cede a un amigo. “Si no fuera él podría pedir lo que quisiera, y más ahora mismo con el bum que hay de la Semana Santa de Sevilla”, presume. Los abonos representan la principal fuente de financiación de las hermandades que organizan la Semana Santa sevillana.
¿Por qué es tan importante? Más allá del interés que despiertan los desorbitados precios que se piden (y pagan) por los mejores balcones de Sevilla o Málaga para seguir los pasos, el tema deja botando otra cuestión interesante: el debate sobre la mercantilización de la Semana Santa, un evento que (más allá del turismo o la ley de la oferta y demanda) tiene una razón de ser religiosa.
“Nos hemos acostumbrado a que no haya ámbito de la actividad humana que no esté sujeta a mercantilización, porque la justificación es que todo está sujeto a costes y lo mismo que pagas para ir al teatro o al fútbol se paga por ver la Semana Santa en la primera fila”, reflexionaba hace poco en El País Alberto del Campo, profesor de Antropología Social de la Universidad Pablo de Olavide.
Imágenes | Jon Connell (Flickr) 1 y 2
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lo nuevo del director de ‘Longlegs’, en dos días en streaming
Oz Perkins se ha convertido en uno de los nombres clave del terror moderno gracias a películas como ‘Longlegs’ (127 millones recaudados con un presupuesto de menos de 10) o ‘The Monkey’, que adaptaba un relato de Stephern King, todo rodado y estrenado en tiempo record. Con ellas todavía frescas llegó ‘Keeper‘, su tercer largometraje en dieciséis meses, avalado por Guillermo del Toro, Bong Joon-ho o James Wan. En cines no llamó tanto la atención como sus precedentes, pero desde este jueves tienes ocasión de comprobar con tus propios ojos si Perkins es el último gran maestro del terror o un bluff en Movistar Plus.
‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.
La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.
Los números del fin de semana de apertura fueron los peores de la carrera de Perkins como director. ‘Keeper’ solo costó 6 millones de dólares, y aún así, se quedó corto a la hora de recuperar la inversión, con 6,2 millones de dólares de recaudación que palidecen en comparación con los mencionados 128 de ‘Longlegs’ o los 68 de ‘The Monkey0. Aún así, es una estupenda pesadilla claustrofóbica que deja más claro que nunca todo lo que Perkins le debe a Cronenberg, Aster o Argento. Ahora tienes la oportunidad perfecta para repescarla.
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Oz Perkins se ha convertido en uno de los nombres clave del terror moderno gracias a películas como ‘Longlegs’ (127 millones recaudados con un presupuesto de menos de 10) o ‘The Monkey’, que adaptaba un relato de Stephern King, todo rodado y estrenado en tiempo record. Con ellas todavía frescas llegó ‘Keeper‘, su tercer largometraje en dieciséis meses, avalado por Guillermo del Toro, Bong Joon-ho o James Wan. En cines no llamó tanto la atención como sus precedentes, pero desde este jueves tienes ocasión de comprobar con tus propios ojos si Perkins es el último gran maestro del terror o un bluff en Movistar Plus.
‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.
La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.
Los números del fin de semana de apertura fueron los peores de la carrera de Perkins como director. ‘Keeper’ solo costó 6 millones de dólares, y aún así, se quedó corto a la hora de recuperar la inversión, con 6,2 millones de dólares de recaudación que palidecen en comparación con los mencionados 128 de ‘Longlegs’ o los 68 de ‘The Monkey0. Aún así, es una estupenda pesadilla claustrofóbica que deja más claro que nunca todo lo que Perkins le debe a Cronenberg, Aster o Argento. Ahora tienes la oportunidad perfecta para repescarla.
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cuando la IA no te libera del trabajo, sino que crea una nueva tarea que termina agotándote más
Imagina que contratas a alguien para que te ayude a gestionar tu correo. Como es lógico, la primera semana tienes que explicarle cómo te gusta que filtre los mensajes y te comunique lo más urgente. La segunda semana, corriges los errores que va cometiendo y, para la tercera semana, le tienes que volver a explicar lo que ya le enseñaste la primera semana porque olvidó las instrucciones. A final de mes, tienes un ayudante, pero tardas más que antes porque no solo tienes que estar pendiente de lo que hace, sino que además tienes que gestionarte tú el correo.
Eso es, en esencia, lo que está pasando ahora mismo con la IA en el trabajo, según se recoge en el informe Work AI Index del instituto de Glean, realizado por investigadores de las universidades de Stanford, Berkeley y Notre Dame. Según sus conclusiones, los empleados dedican una media de 6,4 horas a la semana a hacer que la IA funcione. Casi una día de trabajo perdido cada semana.
El tiempo no se ahorra, se transforma. El 87% de los trabajadores que participaron en el estudio reconocen que utilizan IA en el trabajo. De estos, el 75% afirma que la IA les hace más productivos, ahorrándoles aproximadamente 11 horas semanales solo con la automatización. Sin embargo, solo el 13% de las empresas aseguran obtener un incremento real de la productividad. La brecha entre lo que percibe el individuo y lo que recogen los resultados de las empresas es enorme, y el informe tiene una explicación: esas horas no desaparecen, solo se redirigen hacia una nueva capa de trabajo que nadie estaba teniendo en cuenta.
Los autores han llamado a esta nueva tarea botsitting (un juego de palabras que viene a traducirse como “cuidado de bots”) que consiste en poco menos de hacer de “canguro de la IA” para darle contexto a la herramienta, revisar los errores en los resultados que genera, relanzar los prompts que no van bien y limpiar los resultados que parecen correctos, pero en realidad están llenos de datos inventados o alucinaciones. Tal y como describe Rebecca Hinds, directora del Work AI Institute, esta tutela es “a menudo un trabajo tedioso y agotador”, que nadie mide ni recompensa, por lo que el tiempo que la IA ahorra, termina siendo un préstamo que hay que devolver unas horas más tarde.
Demasiadas herramientas y cambios de contexto. Los investigadores destacan que parte de ese exceso de tiempo que se emplea en el uso de la IA no solo viene de la revisión de sus resultados sino de cómo se usa cada herramienta. El 77% de los encuestados usa varias herramientas de IA cada semana, y un tercio de los participantes combina cuatro o más. Cada salto de una app a otra tiene un coste de tiempo que rara vez se contabiliza, pero que implica, repetir las mismas instrucciones o reescribir el prompt en otro sistema porque el modelo anterior no entregó el resultado que se esperaba.
Casi la mitad de los trabajadores (46,5%) tiene que saltar entre dos o más herramientas de IA para completar una sola tarea. Los investigadores lo llaman “toggle tax”, el impuesto cognitivo de cambiar constantemente de contexto. Harvard Business Review ya calculó el coste cognitivo que supone el cambio de aplicaciones y la consultora McKinsey calculaba que los trabajadores pierden un promedio de casi dos horas al día buscando información entre herramientas, bandejas de entrada y chats. La IA, que se vende como la panacea de la productividad, no ha hecho más que sumar una nueva capa a ese caos en lugar de reducirlo.
Del botsitting al botshitting. El estudio descubrió que, cuando el trabajador lleva demasiado tiempo corrigiendo errores de la IA y mantiene sus plazos de entrega, comienza a saltarse la revisión de los resultados, generando algo que el informe ha dado en llamar botshitting o “porquería de bot” que sería entregar trabajo generado por IA sin haberlo verificado previamente. El 69% de los participantes admitió haber hecho esto al menos en alguna ocasión.
Las consecuencias van más allá de la calidad del trabajo en sí misma, cuando ese contenido llega al siguiente eslabón de la cadena de producción sin que nadie lo haya revisado, alguien que no lo produjo tiene que limpiarlo. Es decir, tanto el coste como el tiempo se traslada a otra persona, pero no se ahorra tanto como parece.
Para sorpresa de nadie, más IA no resuelve el problema. Bob Sutton, profesor emérito de Stanford y miembro fundador del Work AI Institute que ha elaborado este informe, ha señalado en otras ocasiones que una de las soluciones que acostumbran a tomarse desde los puestos directivos cuando algún proceso genera fricción es añadir más de ese elemento. En este caso, intentar solucionar un problema de mal uso de la IA…con más IA.
Los datos del informe apuntan a que las organizaciones que van por delante no son las que usan más IA. Son aquellas que han construido lo que los autores llaman “infraestructura humana”. El 53%de los trabajadores dice que la información que necesita no llega a través de sus sistemas de IA. En las empresas donde sí llega, los empleados se agotan un 64% menos y son un 52% menos propensos a entregar trabajos que no han sido revisados.
Imagen | Unsplash (Flipsnack)
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