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qué demonios es el C-RAM, el sistema más “ciencia ficción” que tiene EEUU
De un tiempo a esta parte, al llegar la noche en medio de guerras o conflictos bélicos hay sonidos que se quedan grabados para siempre. No son explosiones ni sirenas: es un ruido mecánico que parecen venir de otro mundo. De hecho, recuerdan mucho al bramido metálico que Spielberg imaginó para anunciar la llegada de los alienígenas en War of the Worlds.
Solo que, esta vez, no es cine. Y está ocurriendo de verdad.
El rugido que no se olvida. Ocurrió hace dos días. En la noche de Bagdad, cuando suenan las sirenas y el cielo parece tranquilo durante unos segundos, hay un sonido que corta el aire como si fuera una sierra mecánica gigante. No es un avión ni una explosión convencional: es el C-RAM entrando en acción. Ese estruendo, descrito muchas veces por quienes lo han escuchado como un rugido metálico casi irreal, es el sonido de miles de proyectiles disparados en cuestión de segundos para destruir cohetes, drones o morteros antes de que caigan sobre una base o una embajada.
Hace apenas unos días volvió a escucharse en la embajada estadounidense en Bagdad, cuando un ataque con cohetes Katyusha activó el sistema defensivo. Según Reuters, fue un ataque de las milicias iraquíes alineadas con Irán. Las sirenas sonaron, el arma se puso en marcha y uno de los proyectiles fue destruido en pleno vuelo antes de alcanzar el complejo diplomático. El resultado fue el mismo que en muchas otras ocasiones: ningún impacto dentro del recinto. Pero el episodio volvió a recordar por qué el sonido se ha convertido en uno de los más inquietantes de la guerra moderna.
El origen naval. El C-RAM (siglas de Counter Rocket, Artillery and Mortar) no nació originalmente para proteger ciudades ni embajadas, sino barcos de guerra. Su corazón tecnológico proviene del sistema Phalanx de la Marina estadounidense, desarrollado en los años setenta para derribar misiles antibuque que se aproximaban a gran velocidad.
Aquella defensa automática se basaba en un concepto simple y brutalmente eficaz: un radar detecta la amenaza, calcula su trayectoria y una ametralladora rotatoria abre fuego de manera automática para crear un muro de proyectiles que destruye el objetivo antes de que impacte. Con el tiempo, el Pentágono comprendió que ese mismo principio podía aplicarse en tierra firme para proteger bases militares expuestas a ataques con morteros o cohetes improvisados, una amenaza constante en conflictos como Irak o Afganistán.
Disparar como una tormenta. El elemento más visible del sistema es su cañón M61 Vulcan, una ametralladora Gatling de seis tubos capaz de disparar alrededor de 4.500 proyectiles de 20 milímetros por minuto. Esa cadencia bestial es precisamente la razón de su sonido tan característico. Cuando el sistema entra en acción, el giro de los cañones y el disparo continuo generan un rugido mecánico que recuerda a una mezcla entre una motosierra y una turbina.
No es un simple efecto acústico: el arma necesita lanzar una auténtica nube de proyectiles para aumentar las probabilidades de destruir un cohete o un mortero en pleno vuelo. Cada disparo utiliza munición explosiva con autodestrucción programada para evitar que los proyectiles caigan intactos sobre zonas pobladas si no alcanzan su objetivo.


Un paraguas tecnológico. Detrás de ese cañón hay en realidad una red completa de sensores, radares y sistemas de mando. El C-RAM no es solo un arma, sino una arquitectura defensiva que combina radares de detección de morteros, sistemas de control de fuego y estaciones de mando capaces de analizar trayectorias en segundos.
Cuando un radar detecta un cohete o un proyectil de artillería, calcula su ruta y determina si impactará en una zona protegida. Solo entonces el sistema activa el cañón y dispara automáticamente. En cuestión de segundos, el arma rastrea el objetivo, corrige su puntería y abre fuego. Todo ese proceso ocurre tan rápido que para quienes están en el suelo solo existe una secuencia: la sirena, el rugido metálico del cañón y una explosión en el cielo.
La defensa de la Zona Verde. El sistema fue desplegado por primera vez hace años en Irak para proteger la llamada Zona Verde de Bagdad, el enclave donde se encuentra la embajada estadounidense y gran parte de la infraestructura diplomática y militar occidental. Desde entonces ha interceptado cientos de cohetes y proyectiles lanzados por milicias insurgentes.
En pruebas y operaciones reales ha demostrado poder destruir entre el 70 y el 80% de los proyectiles dentro de su área de cobertura, lo que lo convierte en una de las defensas de punto más eficaces del mundo. Cada unidad cuesta entre diez y quince millones de dólares, pero su verdadero coste está en la munición: cada interceptación puede consumir decenas de miles de dólares en proyectiles.
Ciencia ficción de la guerra moderna. Lo que hace al C-RAM tan peculiar no es solo su eficacia, sino la experiencia que genera cuando entra en acción. En cuestión de segundos, el cielo se llena de trazadoras que dibujan líneas de fuego hacia un punto invisible mientras el arma ruge con una intensidad casi surrealista.
Para quienes están cerca, el efecto es tan impresionante que muchos lo describen como una escena sacada de una película de ciencia ficción. Sin embargo, esa demostración tecnológica tiene una función muy concreta: impedir que armas baratas como cohetes improvisados o morteros puedan causar víctimas en bases y complejos diplomáticos.
Anunciando la guerra. Sea como fuere, el ataque con cohetes contra la embajada estadounidense en Bagdad esta semana ha vuelto a recordar el papel de este sistema en los conflictos actuales.
Enmarcado directamente en la guerra de Irán, aunque uno de los cohetes fue interceptado antes de caer dentro del recinto y no hubo víctimas, el episodio confirmó algo que los soldados y diplomáticos estadounidenses llevan años sabiendo: cuando suena ese rugido metálico en la noche, significa que el escudo defensivo está funcionando.
Y también que la guerra está mucho más cerca de lo que parecía segundos antes.
Imagen | United States Air Force
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la RAM apunta a encarecerse todavía más
Durante años hemos aceptado que los móviles fueran subiendo de precio a cambio de mejores cámaras, mejores pantallas, procesadores más rápidos y diseños, por decirlo de alguna manera, cada vez más refinados. También hemos empezado a asumir que la IA integrada en el dispositivo no llega gratis: suele exigir más potencia, más almacenamiento y más memoria. La sorpresa es que uno de los próximos golpes puede venir precisamente de ahí, de la RAM móvil, un componente que suele pasar desapercibido, pero pero muy presente en el coste real de cada smartphone que llega al mercado.
La señal más clara llega desde la LPDDR5X, una de las memorias móviles más relevantes del mercado actual y que ya venía de un movimiento poco habitual. Según los datos de TrendForce, este tipo de memoria registró en el primer trimestre de 2026 una subida intertrimestral de entre el 58% y el 63%. Se trata del mayor incremento trimestral de su historia. Lo llamativo es que ese salto no parece haber cerrado el ciclo: la previsión para el segundo trimestre apunta a una escalada todavía más intensa.
Si nos enfocamos en la previsión para el segundo trimestre, cambia la escala del problema. Una proyección atribuida a TrendForce, compartida Jukan Choi, apunta a que los precios de contrato de la DRAM móvil crecerán entre un 93% y un 98% en términos intertrimestrales durante ese periodo. Dicho de otra forma: no hablamos de una subida más dentro de un mercado tensionado, sino de un salto cercano a duplicar el precio en apenas tres meses. Para la industria del smartphone, una cifra así no es ruido de fondo.
Cabe señalar que TrendForce trabaja con informes de pago dirigidos principalmente a inversores institucionales, analistas y compañías del sector, así que el documento completo no está disponible abiertamente. La parte relevante para este artículo ha trascendido a través de Choi, analista de semiconductores en Citrini Research. El experto acumula más de 100.000 seguidores en X y sus comentarios han sido citados por medios como The Economist, que los incluyó en un artículo sobre el impacto de la IA en la electrónica de consumo.
El impacto en el precio de la RAM en los teléfonos móviles
Aquí no estamos hablando del precio que ve un usuario cuando busca memoria en una tienda. La DRAM móvil se negocia en otro terreno: el de los contratos entre fabricantes de memoria, como Samsung, SK Hynix o Micron, y grandes clientes que compran enormes volúmenes para integrar esos chips en sus productos. Este mundo lo integran marcas de móviles, fabricantes de servidores y otros OEM. Por eso el dato importa: no describe una compra puntual, sino el coste base con el que la industria empieza a fabricar sus próximos dispositivos.
La subida tampoco aparece de la nada. SemiAnalysis apuntó a comienzos de abril de 2026 que los precios de la DRAM podrían más que duplicarse durante este año y volver a registrar otro incremento de doble dígito en 2027. La misma firma señalaba que el precio de contrato de la LPDDR5 había subido más de 3 veces desde el primer trimestre de 2025, y que probablemente superaba los 10 dólares/GB en el mercado abierto durante el primer trimestre de 2026. Es decir, el segundo trimestre no inaugura la tensión: la acelera.
Los precios de la DRAM podrían más que duplicarse durante este año y volver a registrar otro incremento de doble dígito en 2027.
El telón de fondo es la IA. La memoria HBM, clave para alimentar las GPU que sostienen muchos centros de datos de inteligencia artificial, sigue en una situación de escasez estructural y absorbe buena parte de la inversión del sector. La consecuencia es sencilla de entender: si buena parte del dinero, la capacidad productiva y la atención de los fabricantes se dirige a esa memoria de alto ancho de banda, queda menos margen para aliviar la tensión en otras familias de DRAM. Entre ellas está la memoria móvil, que ahora compite en una cadena de suministro mucho más exigida.
A eso se suma otro detalle importante: la memoria de clase smartphone ya no vive solo dentro del smartphone. NVIDIA utiliza LPDDR5X en sus procesadores Grace y Vera, diseñados para sistemas de servidor vinculados a IA. La lectura para el mercado móvil es clara: una tecnología utilizada en teléfonos y dispositivos compactos también forma parte de arquitecturas que compiten por recursos en el centro de la carrera por la inteligencia artificial.


La diferencia con el mundo del PC ayuda a entenderlo mejor. Si montamos un ordenador, podemos elegir cuánta RAM comprar, buscar una oferta e instalar el módulo nosotros mismos. Con los móviles no funciona así: compramos un dispositivo completo, con la memoria ya integrada y sin margen real para intervenir después. Eso hace que la subida de la LPDDR no se vea de forma directa, pero no significa que desaparezca. Queda incorporada al coste de fabricar el teléfono y, desde ahí, puede terminar influyendo en el precio que pagamos.
Counterpoint ayuda a convertir ese encarecimiento en una cifra mucho más fácil de visualizar. Para una configuración de gama alta, con 16 GB de LPDDR5X HKMG y 512 GB de almacenamiento UFS 4.1, la firma proyectaba un aumento del BOM de entre 100 y 150 dólares para el segundo trimestre de 2026. Hablamos del coste de materiales, no del precio de venta, así que no conviene trasladar esa cifra de forma mecánica al consumidor. Aun así, es una señal que no pasa desapercibida.
La mala noticia, por tanto, no es que todos los móviles vayan a subir de precio de forma automática ni en la misma proporción. Eso dependerá de cada fabricante, de sus contratos, de sus márgenes y de cómo configure cada gama. Pero el factor está ahí: si la memoria móvil se encarece con esta fuerza, el coste de fabricar un smartphone cambia inevitablemente. Y en un mercado que ya venía acostumbrándonos a precios cada vez más exigentes, la RAM se perfila como otro obstáculo para quienes esperaban una bajada de precios a corto plazo.
En Xataka | Apple había sido capaz de mantener precios pese a la loquísima subida de la memoria RAM. Eso se ha terminado
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una vulnerabilidad acaba de sacudir casi todas sus versiones
Linux tiene fama de sistema robusto. No invulnerable, claro, pero sí especialmente resistente, hasta el punto de haberse convertido en una de las bases silenciosas de Internet, de los servidores empresariales y de muchos entornos donde la seguridad es parte del contrato. Por eso una vulnerabilidad como CopyFail resulta especialmente seria: no hablamos de un fallo menor en una aplicación aislada, sino de un problema en el kernel que puede permitir que alguien que ya ejecuta código con pocos permisos acabe obteniendo acceso root.
CopyFail. La vulnerabilidad, identificada como CVE-2026-31431, salió a la luz cuando la firma Theori hizo públicos los detalles del fallo y el código de explotación tras haber avisado cinco semanas antes al equipo de seguridad del kernel de Linux. Ese matiz temporal es importante porque el kernel ya había recibido parches en varias ramas, desde 7.0 hasta 5.10.254. Lo que no había ocurrido todavía, al menos de forma generalizada, era su traslado efectivo a muchas distribuciones Linux.
De qué estamos hablando. CopyFail es una escalada local de privilegios. No significa que cualquiera pueda atacar desde fuera una máquina Linux sin más, sino que alguien que ya puede ejecutar código dentro del sistema con permisos limitados, por ejemplo desde una cuenta normal, un servicio web comprometido, un contenedor o un trabajo de CI/CD, puede intentar escalar hasta root. En Linux, root es la cuenta con control administrativo completo. Por eso el riesgo no está en la primera puerta de entrada, sino en lo que ocurre justo después: un acceso acotado puede convertirse en control del sistema.
Un exploit demasiado fiable. Hay otro elemento que explica la alarma. Muchas vulnerabilidades del kernel dependen de condiciones muy concretas para funcionar, como una corrupción de memoria que puede variar según la versión, la distribución o incluso la máquina. CopyFail parte de un fallo lógico en la API criptográfica del kernel, y eso cambia el terreno. Los investigadores de Bugcrowd explican que al tratarse de un fallo lógico, el exploit no depende de ajustes internos tan específicos, un rasgo que reduce la fricción para los atacantes y complica el trabajo de los defensores.
El parche. El caso también deja una lección sobre cómo se coordinan las vulnerabilidades en Linux. Como mencionamos arriba, Theori comunicó el fallo al equipo de seguridad del kernel cinco semanas antes de darlo a conocer públicamente. El problema es que, para la mayoría de los usuarios, las correcciones no llegan directamente, sino a través de distribuciones que empaquetan, prueban y publican sus propios parches o mitigaciones. Cuando el exploit se hizo público, ese proceso aún no había terminado en muchas distribuciones o versiones, dejando una ventana de exposición difícil de ignorar.
Situación actual. Con los días, parte del ecosistema ha empezado a cerrar la brecha, pero no de una forma uniforme. Al momento de publicar este artículo, distribuciones como Debian, Arch, Fedora, SUSE y Amazon Linux ya habían publicado parches o avisos para determinadas ramas, mientras que Ubuntu insistía en actualizar el sistema y aplicar mitigaciones si el kernel corregido aún no estaba disponible o no se había cargado tras un reinicio.
Imágenes | Xataka con Nano Banana
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Anthropic acaba de dejar atrás el mayor lastre de Claude. Lo ha conseguido tras sellar una alianza con SpaceX de Elon Musk
Hay pocas cosas más frustrantes que encontrar una herramienta que encaja casi exactamente con lo que necesitamos y descubrir, justo cuando empezamos a sacarle partido, que no podemos seguir usándola al mismo ritmo. Claude se ha ganado un lugar destacado entre quienes usan la inteligencia artificial para programar, analizar documentos o trabajar con tareas exigentes, pero también ha arrastrado una queja muy concreta: sus límites de uso. No hablamos de una molestia menor, sino de una fricción capaz de romper el flujo de trabajo.
Anthropic ha decidido atacar el problema. La compañía liderada por Dario Amodei anunció una subida de los límites de Claude Code y de la API de Claude, apoyándose en una nueva alianza con SpaceXAI. El pacto le dará acceso a Colossus 1, una infraestructura que Anthropic presenta como una vía para mejorar directamente la experiencia de sus usuarios más intensivos. La promesa, por ahora, es clara: más margen para usar Claude sin que la demanda le pase factura tan rápido.
La tensión con los límites. El ajuste que ayuda a entender esta noticia llegó unas semanas antes. Anthropic modificó recientemente sus límites temporales para gestionar mejor la demanda durante las horas punta. En la práctica, eso significaba que las sesiones de cinco horas podían consumirse antes de que pasaran esas cinco horas reales si el uso se producía en las franjas de mayor demanda. El cambio afectaba especialmente a quienes hacían un uso más intenso de Claude.
Más margen para usar Claude. Anthropic concreta la mejora en tres cambios que, según la compañía, entran en vigor inmediatamente. El primero es la duplicación de los límites de cinco horas de Claude Code para los planes Pro, Max, Team y Enterprise por asiento. El segundo es la eliminación de la reducción de límites en horas punta para Claude Code en las cuentas Pro y Max. El tercero afecta a la API: Anthropic asegura que ha elevado de forma considerable los límites de uso para los modelos Claude Opus, aunque el alcance exacto depende de la tabla de límites publicada por la propia compañía.
El músculo de Colossus 1. El acuerdo con SpaceXAI es la pieza más llamativa del anuncio porque Anthropic asegura que podrá usar toda la capacidad de cómputo del centro de datos Colossus 1. Según la compañía, eso supone más de 300 megavatios de nueva capacidad y más de 220.000 GPU NVIDIA que estarán disponibles en el plazo de un mes. SpaceXAI también detalla que el clúster incluye despliegues de H100, H200 y aceleradores GB200.
La transformación continúa. SpaceXAI no aparece en este acuerdo como una simple etiqueta nueva dentro del ecosistema de SpaceX. El contexto, Elon Musk señaló que “xAI se disolverá como compañía independiente” y que sus productos de inteligencia artificial pasarán a integrarse bajo SpaceXAI. La frase ayuda a entender por qué Anthropic habla de esta marca al explicar su nuevo acceso a capacidad de cómputo. Eso sí, para evitar confusiones, lo anunciado por Anthropic no es una compra ni una fusión, sino un acuerdo para usar infraestructura de IA.
No es un acuerdo aislado. Anthropic también quiso enmarcar la alianza con SpaceXAI dentro de una estrategia de capacidad mucho más amplia. La compañía recuerda un acuerdo de hasta 5 GW con Amazon, que incluye casi 1 GW de nueva capacidad para finales de 2026, y otro pacto de 5 GW con Google y Broadcom que empezará a entrar en funcionamiento en 2027. A eso suma una alianza estratégica con Microsoft y NVIDIA, con 30.000 millones de dólares de capacidad en Azure, y una inversión de 50.000 millones de dólares en infraestructura de IA en Estados Unidos con Fluidstack.
La parte más futurista. El acuerdo también incluye una derivada mucho más especulativa. Anthropic afirma que, como parte del pacto, ha expresado interés en colaborar con SpaceXAI para desarrollar varios gigavatios de capacidad de cómputo orbital. SpaceXAI lo presenta como una posible respuesta a la presión que la IA está ejerciendo sobre la energía, el suelo y la refrigeración en tierra, pero por ahora estamos lejos de algo tangible. Eso sí, esa vía solo tendría sentido si antes se superan importantes retos de ingeniería.
El reto real. Anthropic ha puesto sobre la mesa una respuesta directa a una de las grandes quejas alrededor de Claude, aunque todavía falta la parte más importante: comprobar cómo se nota en el uso real. Los nuevos límites y la capacidad adicional de SpaceXAI parecen apuntar en la dirección correcta para quienes trabajan de forma intensiva con estos servicios. La mejora, por tanto, abre una nueva fase: la de comprobar si Claude puede ofrecer más margen sin que sus usuarios vuelvan a encontrarse demasiado pronto con el mismo muro.
Imágenes | Xataka con Nano Banana
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