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Alemania quiso comprobar si trabajar cuatro días a la semana era eficiente. El 70% de las empresas piensa que sí

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La semana laboral de cuatro días arrancó en Alemania como un experimento para buscar la máxima productividad de las empresas sin que ello repercuta en una plantilla agotada y sin capacidad de conciliación familiar. Dos años después del inicio de esa prueba, los datos confirman que para las empresas que participaron no fue una simple prueba, sino que se ha materializado en un cambio en la forma de trabajar que muchas compañías han decidido consolidar.

Ahora se ha concluído el informe de seguimiento elaborado por investigadores de la Universidad de Münster junto a la consultora 4 Day Week Global. En él se analiza qué ha ocurrido tras la prueba piloto que comenzó en 2024 y qué efectos posteriores ha tenido. La conclusión principal es que alrededor del 70% de las empresas que participaron en aquella prueba sigue aplicando algún modelo de reducción de jornada un año más tarde.

Una formula conocida y una muestra variada. El proyecto original de semana de cuatro días en Alemania articuló en torno al modelo 100-80-100: 100% del salario, 80% del tiempo y 100% de la productividad. Este modelo de reducción de jornada es que el mismo que se llevó a cabo en Valencia en 2023, Portugal o Reino Unido.

En la fase inicial participaron 45 empresas de distintos sectores, dedicadas a la manufactura, seguros, tecnología, medios de comunicación, comercio o educación. Además, para que fueran lo más representativas posible del tejido industrial alemán, se eligieron empresas de distintos tamaños: desde microempresas de 1 a 9 empleados, a grandes compañías con más de 250 empleados.

Los primeros datos ya daban pistas. Los investigadores han ido recopilando datos de las empresas participantes y de sus empleados desde el primer día. A los pocos meses de iniciarse la prueba las empresas estaban encantadas con los resultados, hasta el punto de que en los resultados preliminares, el 73% aseguraba que no volvería a la semana tradicional de cinco días. El nuevo informe aporta la perspectiva que da el tiempo y si aquel ímpetu inicial se ha consolidado.

Dos años después del inicio de la prueba, siete de cada diez empresas que participaron en la prueba no solo mantienen el modelo de jornada laboral de cuatro días, sino que la han integrado en su funcionamiento habitual.

Más que cuatro días: reducción flexible del tiempo de trabajo. Uno de los hallazgos más interesantes del seguimiento es que el modelo de semana laboral de cuatro días ha evolucionado y cada organización la ha implementado adaptándola a sus necesidades. No todas las empresas han optado por una semana laboral de lunes a jueves.

En torno al 22% de las empresas participantes ha adaptado el esquema inicial hacia fórmulas más flexibles: reducción de horas anuales, semanas alternas o ajustes internos según carga de trabajo. El propio informe habla ya menos de “semana de cuatro días” y más de “reducción del tiempo de trabajo“. La etiqueta importa menos que el rediseño de la jornada de trabajo y la eliminación de tareas superfluas, menos reuniones innecesarias y mayor autonomía de los equipos.

Sin impacto en los beneficios o la productividad. En términos empresariales, la prueba alemana ha sido un éxito ya que, pese a haberse mantenido un 80% de la jornada inicial, no se han registrado caídas ni en el nivel de beneficios ni en la productividad o se mejoró ligeramente con respecto al punto de partida. Es decir, que han conseguido hacer lo mismo en menos tiempo.

En lo que sí tuvo un fuerte impacto fue en el bienestar de los empleados, donde el 90% reportaba mejoras en el equilibrio entre vida personal y profesional. Como resultado de esa mejora, los empleados afirmaban sentir menos estrés y un mayor compromiso con la empresa. El 38% de las empresas indicaron que las bajas laborales y el absentismo laboral de sus empleados se habían reducido, mientras que el 56% aseguró no haber detectado cambios.

Luces y sombras en la reducción de jornada. También se observaron avances en satisfacción laboral y en la percepción de la empresa como lugar atractivo para trabajar. El estudio señala que el 87% de las empresas detectaron mejoras en la retención de talento. Por su parte, el 75% aseguraba que sus empresas ahora tenían mayor capacidad de atracción de talento en procesos de selección. Esto, en un escenario de escasez de mano de obra, supone una ventaja competitiva.

No obstante, al igual que sucedió en otras pruebas de la semana laboral de cuatro días, no todas las empresas han seguido la misma evolución. Cerca de un 30% dejó de aplicar el esquema inicial o volvió a la semana tradicional de cinco días. Las razones principales fueron operativas, dificultades para coordinarse con sus clientes, picos de trabajo difíciles de absorber o estructuras internas poco flexibles.

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Imagen | Unsplash (Gonzalo Leon Jasin, Josue Isai Ramos Figueroa)

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Bruselas dice que dos tercios de la que se comercializa en Europa tiene problemas

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En 2022, la Comisión Europea hizo un estudio sobre las especias más populares del mercado. La radiografía fue desoladora: el fraude estaba a la orden del día. Más aún, era algo extremadamente común. Hablamos de la pimienta, el comino, la cúrcuma el azafrán o el pimentón. 

Aquello fue un escándalo descomunal y la misma Comisión pidió a los Estados Miembros que reforzaran los controles. Lo que pasó después no puede sorprender a nadie.

Hablemos de la canela. En 2023, la canela fue la quinta especia más importada en la Unión. En septiembre de 2025, el servicio de ciencia y conocimiento de la Comisión (el Joint Research Centre) analizó más de un centenar de muestras de canela comercializadas en una decena de países de la Unión Europea. 

¿El resultado? Más del 66% de las muestras analizadas tienen problemas. 

¿Qué les pasan? Pues o bien infringen la normativa internacional de calidad o la legislación de seguridad alimentaria de la Unión Europea. Algunas presentan indicios de fraude, otras una elevada cantidad de plomo y algunas más superan los límites legales de cumarina (una sustancia que, aunque natural, resulta potencialmente tóxica para el hígado).

Eso sin contar con el fraude, claro. Hasta el 9% de las muestras etiquetadas como canela de Ceilán fueron sustituidas total o parcialmente por canela de Cassia, “una alternativa más barata y de menor calidad, con sabor más fuerte y que contiene cumarina de forma natural”.

Lo que podemos hacer. Eso es lo peor. A juzgar por los resultados del JRC, podemos hacer poco con los medios que tenemos ahora mismo. “El tipo de irregularidades detectadas en la canela, incluidas las prácticas fraudulentas, es diverso y no puede abordarse con una única técnica analítica, por lo que se necesitan métodos estandarizados”, dice la Comisión

Tomarse en serio el problema, conllevaría tomar cartas en el asunto.

Sobre todo, porque la alta tasa de muestras irregulares de canela en el mercado europeo indica que “todos los actores del sector, desde los responsables políticos hasta los laboratorios de control y los fabricantes, deben prestar atención”. 

Una versión de este artículo fue publicado en 2025

Imagen | Michael Collett

En Xataka | Parece miel, huele a miel, sabe a miel, no es miel: el fraude en las importaciones que asola a Europa

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El Rin se está quedando sin agua por las olas de calor. Y eso es un desastre logístico y energético para Europa

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Una nueva ola de calor extremo está golpeando el corazón del continente europeo, y las consecuencias van mucho más allá de los récords en los termómetros o el hecho de ver vías de tranvía levantadas. El río Rin, la autopista fluvial más importante de Europa occidental, está viendo cómo sus niveles de agua caen en picado y el resultado es que se está generando un cuello de botella logístico que amenaza el suministro de combustible y de materias primas fundamentales para Europa. 

La preocupación. La voz de alarma se ha comenzado a dar cuando se ha detectado que las barcazas que navegan por el río apenas pueden cargar la mitad de su capacidad, poniendo en jaque el suministro de una parte importante de Europa. Y todo por culpa de estas olas de calor que estamos viviendo en Europa. 

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar cómo funciona la navegación interior, puesto que el Rin no se limita a la foto de agua cruzando Alemania, Francia, Suiza y Países Bajos, sino que es una arteria industrial. Literalmente, a través de este río se transporta carbón para las centrales térmicas, productos químicos para gigantes industriales, petróleo o componentes de automoción. 

La sequía. Cuando el caudal del río comienza a bajar, la profundidad de este también disminuye, y esto choca con las embarcaciones que tienen un umbral crítico. Esto quiere decir que, si el agua baja de cierto nivel en puntos clave como el famoso cuello de botella de Kaub en Alemania, los capitanes se ven obligados a reducir drásticamente su carga para evitar encallar con el fondo del río.

Esto hace que cargar el 50 o incluso el 30% de la capacidad del barco no sea una exageración, sino una necesidad física. Esto va desencadenando un efecto dominó que hace que, si un barco lleva la mitad de la carga, se necesite un segundo para hacer el mismo trabajo. Y como no hay barcos infinitos, los precios del transporte se disparan y las mercancías o no llegan a tiempo o se encarece mucho su precio. 

No es solo el Rin. Aunque las cifras exactas del impacto siempre deben tomarse con cautela porque varían mucho dependiendo del tramo del río y del tipo de embarcación, el diagnóstico general es incontestable. Aquí el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea ha estudiado a fondo cómo las limitaciones por los bajos niveles de agua impactan en los ríos europeos. 

Su marco científico explica perfectamente el colapso actual, puesto que los niveles bajos no solo reducen la capacidad de carga, sino que alteran por completo los flujos logísticos continentales, aumentando drásticamente los costes operativos.

Las razones. Aquí las diferentes instituciones tienen claro que el problema radica en la escasez de lluvias en primavera y la menor cantidad de nieve acumulada en los Alpes durante el invierno, que hacen que el río pierda su “reserva” natural para el verano. 

Pero además, el Rin se está calentando de forma evidente. Esto no solo tiene efectos económicos claros, sino también graves impactos ecológicos en la fauna del río, lo que a su vez obliga a imponer restricciones adicionales. 

La nueva normalidad. Lo que estamos viendo este año no parece un evento que se quede en una simple anécdota que contar a nuestros nietos, sino que las diferentes evidencias apuntan a que ver el caudal bajo será cada vez más frecuente debido al cambio climático. 

La solución que se plantea pasa por el uso de la IA para predecir exactamente cuándo veremos estos caudales tan bajos para optimizar la cadena de suministros, o simplemente construir barcos de fondo plano y mejor calado para poder seguir transportando carga cuando el río esté a niveles aún más bajos de caudal. 

Imágenes | Wikipedia

En Xataka | El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

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Con olas de calor cada vez más frecuentes, podría darse más importancia al arbolado urbano

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El asfalto irradia calor, el aire se vuelve denso y los termómetros se disparan, y cualquiera que haya caminado por una gran ciudad en pleno verano conoce la diferencia abismal entre cruzar una plaza de hormigón a pleno sol y refugiarse bajo el dosel de un parque arbolado. El problema es que, durante décadas, el urbanismo moderno ha tratado a los árboles y zonas verdes como mero “mobiliario urbano” o un adorno prescindible para embellecer las calles.

Un gran cambio llega con la emergencia climática que tenemos encima de nuestras cabezas, y la comunidad científica apunta a la necesidad de hacer un cambio de paradigma radical. Proponen concretamente que los bosques urbanos ya no se vean como algo meramente decorativo, sino que deben ser protegidos y financiados con la misma prioridad que la red eléctrica, el alcantarillado o las telecomunicaciones. 

Bajo investigación. Un ensayo publicado a principios de mes en PLOS Climate ha puesto los puntos sobre las íes tras años de evidencia científica y lanza una petición a los gobiernos para que legislen sobre los bosques urbanos, considerándolos como una infraestructura esencial para la resiliencia climática. 

Este posicionamiento, que funciona como una hoja de ruta, no surge de la nada, sino que se alinea de forma directa con las advertencias más serias de los últimos años, incluyendo el 6.º Informe de Evaluación del IPCC. En este documento, las Naciones Unidas ya señalaban la planificación urbana sostenible y las infraestructuras verdes (como parques, bosques urbanos y cubiertas vegetales) como medidas clave e insustituibles de adaptación y mitigación frente al calentamiento global.

Nuestros escudos. Para entender por qué los científicos urgen a blindar legalmente los árboles, basta con mirar los datos físicos. Como recoge una reciente revisión académica sobre los bosques urbanos como “soluciones basadas en la naturaleza”, la presencia de masa forestal en las ciudades ataca directamente dos de los peores síntomas del cambio climático, que son las olas de calor y las lluvias torrenciales.

Esto se debe a que los árboles mitigan el temido efecto “isla de calor urbana” mediante la evapotranspiración y la sombra térmica, reduciendo drásticamente la temperatura superficial. Al mismo tiempo, actúan como esponjas gigantes al actuar como estructuras críticas en la regulación de las aguas pluviales, en la prevención de las inundaciones catastróficas y actúan como filtros naturales que mejoran la calidad del aire. 

Salud pública. El impacto del arbolado va mucho más allá de la termodinámica, puesto que diversos estudios recopilados en publicaciones como el publicado en ScienceDirect han demostrado que la falta de árboles es, literalmente, un problema de salud pública.

Por ejemplo, un artículo publicado en 2023 desgranó los mecanismos fisiológicos, psicológicos e inmunológicos por los cuales las ciudades verdes transforman nuestra salud, reduciendo el estrés crónico y mejorando nuestra respuesta inmune. Pero impactante aún es la evidencia sobre biodiversidad y salud cardiovascular, ya que la evidencia nos apunta a que estar expuestos a ecosistemas urbanos diversos reduce la incidencia de enfermedades cardiacas. 

Los expertos. Daniel Jato, profesor en Ingeniería y Gestión Ambiental de la UIV, apuntaba en declaraciones a SMC que “en el contexto actual, marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, intensas y tempranas, quizá podría haberse enfatizado aún más el papel del arbolado urbano”.

Imágenes | sq lim 

En Xataka | César Franco, ingeniero: “En España no somos inmunes a los efectos del cambio climático, necesitamos intensificar la conservación”

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