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la ciencia dice que comer tres naranjas es salud y beberlas es un error
Una de las imágenes más características del desayuno ideal sin duda es el zumo de naranja recién exprimido que nos intentan colocar en cualquier cafetería gracias a ser un icono de salud y de vitamina C. Sin embargo, en los últimos años se está viendo que la forma de conseguir sacar el máximo provecho a esta fruta es dejarla entera y sin exprimirla.
El zumo es diferente. Un zumo, ya sea natural o de bote, no es igual a la fruta, por mucho que nos lo intenten vender de esa manera. Y la diferencia está justamente en lo que acaba en la basura, más conocido como matriz alimentaria, que cuenta con una gran cantidad de beneficios que estamos constantemente desechando.
La matriz rota. Para entender por qué el zumo no es igual a la fruta, hay que entender cómo funciona nuestro sistema digestivo ante la presencai de alimentos. En el caso de comer frutas enteras, lo que comemos es una “matriz” compleja que tiene ‘atrapada’ el agua y la fructosa en su interior. Esta es una red de fibra insoluble y soluble que obliga a nuestro cuerpo a trabajar un poco para poder absorber los nutrientes que hay entre medias.
El hecho de tener que estar ‘buscando’ los nutrientes entre la fibra, hace que se favorezca una digestión mucho más lenta que haga que los azúcares pasen de manera más ‘controlada’ al organismo y no de manera abrupta. Pero al exprimir la fruta, esta matriz acaba destruida y se liberan los azúcares de su cárcel, haciendo que sea mucho más fácil para el organismo atraparlos.
Las consecuencias. Para la OMS, la fructosa intrínseca, el azúcar de la propia fruta, pase a ser denominada como ‘azúcares libres’ puesto que no tienen nada que los retenga. De esta manera, al beber el zumo el vaciado gástrico es rapidísimo porque no hay sólidos que procesar y el resultado es una gran cantidad de glucosa y fructosa que llegan al torrente sanguíneo. Algo que supone un estrés para el organismo que no está preparado para eso.
La curva de glucosa. Mientras que tomar fruta entera genera una curva mucho más moderada y sostenida, el zumo provoca un pico glucémico agudo, seguido de una hipoglucemia reactiva que despierta hambre poco después. Aunque cualquiera en estos casos puede llegar a pensar que lógicamente la cantidad de azúcar tanto en el zumo como en la fruta es la misma, por lo que el comportamiento del organismo debería ser idéntico.
Pero la realidad es bastante diferente, ya que la ciencia ha podido demostrar que aunque la cantidad de azúcar es idéntica, la respuesta de la insulina es significativamente mayor en la versión líquida. A efectos metabólicos, el páncreas no distingue demasiado entre un zumo de naranja industrial, uno casero o un refresco azucarado: detecta una inundación de energía que debe gestionar de inmediato.
Lo que dicen los datos. En este contexto, la ciencia ya apuntó en 2014 una cifra que debería hacernos repensar el desayuno: una mayor ingesta de zumo de fruta se asoció con un 14% más de riesgo de desarrollar una diabetes de tipo 2. Por el contrario, el consumo de frutas enteras (especialmente arándanos, uvas o manzanas) se asocia sistemáticamente con una reducción del riesgo.
La trampa de la fructosa. Más allá de la glucosa que es como el principal enemigo contra la salud que tenemos en la mente muchos, hay que destacar a otro enemigo: la fructosa líquida. En este caso al llegar de golpe al hígado, este convierte su exceso en grasa generando en su paso ácido úrico como subproducto elevando la presión arterial y el riesgo de gota.
De manera paralela, se activan vías inflamatorias que a largo plazo contribuyen a la resistencia a la insulina. Pero el dato clave lo encontramos en un análisis chileno de 2025 que concluyó que, si bien los zumos 100% naturales son “neutros” en pequeñas dosis, son consistentemente inferior a la fruta entera en prevención de enfermedades importantes.
El factor de la saciedad. Entre los zumos y la obesidad hay una relación muy interesante en el hecho de masticar, como apuntan diferentes estudios japoneses que han demostrado que el acto de masticar no solo tritura el alimento, sino que envía señales de saciedad al cerebro. Pero al estar bebiendo nos saltamos estas señales de control para detener la ingesta de alimento cuando el organismo dice que ya está bien.
Si nos ponemos a hablar de cifras, un vaso de zumo necesita más o menos 2-3 naranjas (depende del tamaño), y es muy fácil beberlo en cuarenta segundos. Pero es mucho más difícil comerse tres naranjas seguidas masticando gajo a gajo, puesto que vamos dejando tiempo al organismo a asimilar ese azúcar.
No es el mal absoluto. Obviamente, el zumo no es veneno para el cuerpo, pero sí hay que tener en cuenta diferentes matices. Las revisiones publicadas en 2024 y 2025 sugieren que los zumos 100% naturales pueden tener cabida en una dieta saludable bajo condiciones muy específicas.
La dosis en este caso es muy importante, puesto que se ha visto que pequeñas cantidades (menos de 150 ml al día) no aumentan el riesgo cardiovascular y pueden aportar vitaminas. El problema es que el tamaño de consumo habitual suele ser el doble o el triple de esa cantidad. Además, el contexto importa puesto que no es lo mismo un deportista de alto rendimiento que se toma ese chute de energía rápida que una persona sedentaria y ya propensa a la diabetes.
Sin embargo, la recomendación de salud pública general se alinea cada vez más con la postura radical: si puedes elegir, elige siempre la fruta entera.
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En Xataka | Resulta que un experto en longevidad ha dicho algo con sentido. Y el motivo son los zumos
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la memoria ya no quiere vivir en cada máquina
Para muchos de nosotros, la escasez de memoria puede sonar primero a un problema cercano al consumo doméstico: módulos de RAM, componentes y dispositivos condicionados por una demanda cada vez más tensionada. Pero el fenómeno que describe The Next Platform apunta también al otro extremo de la cadena. Alcanza a las grandes tecnológicas que entrenan, despliegan y ofrecen modelos de inteligencia artificial en centros de datos. La nube no es una abstracción, y su apetito de memoria está obligando a pensar algo que hasta hace poco parecía poco intuitivo: quizá cada máquina no deba depender solo de la RAM que lleva dentro.
La memoria cambia de sitio. La idea de fondo es trasladar a la memoria una lógica que ya nos resulta familiar con el almacenamiento. Hoy un dato puede vivir en el propio equipo, en otra máquina de la red o en un sistema compartido al que acceden varios servidores. La próxima generación de servidores podría tratar la RAM de una forma parecida: conservar una parte local en cada máquina, pero llevar una porción mucho mayor a grandes sistemas externos capaces de repartir capacidad según la necesidad de cada momento. De ahí sale lo que algunos llaman “memory godbox”: una gran caja o clúster de memoria que deja de estar atado a una sola máquina.
El momento de CXL. Durante años, Compute Express Link ha avanzado de forma lenta, casi como una promesa para arquitecturas más flexibles. La tecnología se presentó hace varios años, pero la presión actual de la memoria le está dando un contexto mucho más favorable. CXL proporciona una interfaz coherente para comunicar procesadores, memoria, aceleradores y otros periféricos, apoyándose en PCIe. La idea final es sencilla de contar, aunque compleja de ejecutar: separar recursos sin romper la sensación de que trabajan juntos.
CXL no llegó de golpe. Primero sirvió para ampliar la memoria de un servidor mediante módulos conectados a ranuras PCIe compatibles. Después, con CXL 2.0, apareció el pooling, es decir, la posibilidad de reunir memoria en un fondo común y asignarla a distintas máquinas según hiciera falta. El límite era que esa memoria podía reasignarse, pero no compartirse de verdad entre dos sistemas trabajando sobre los mismos datos. CXL 3.0 es el punto en el que esa frontera empieza a moverse, porque introduce topologías más amplias y memoria compartida entre máquinas, aunque con ciertas limitaciones técnicas.
El problema de fondo. Según The Next Platform, la IA no se queda corta solo por falta de cálculo, también por falta de memoria. La HBM que acompaña a las GPU es muy rápida y está pensada para alimentar esos chips a gran velocidad, pero su capacidad es limitada y su coste es alto. En entrenamiento, el gran reto suele estar en procesar cantidades enormes de datos para construir el modelo. En inferencia, en cambio, hablamos de otra cosa: usar ese modelo ya entrenado para responder a una petición.
La memoria de la conversación. Cada respuesta de un modelo de lenguaje se construye poco a poco, token a token. Para no recalcular todo lo anterior en cada paso, los sistemas guardan una especie de memoria de trabajo llamada KV cache. The Next Platform explica que ahí se conservan los vectores de atención previos, que ayudan al modelo a seguir teniendo en cuenta el contexto mientras genera la respuesta. El problema es que en servicios con muchos usuarios esa caché puede crecer hasta ocupar cantidades enormes de memoria, incluso más que el propio modelo.
Ya no es solo teoría. Esta idea ya no vive solo en documentos técnicos o promesas de arquitectura. The Register menciona a Panmnesia, Liqid y UnifabriX como compañías que trabajan en sistemas para llevar memoria fuera del servidor y ponerla al alcance de varias máquinas. Algunos lo hacen con switches CXL, otros con grandes reservas de DDR5 que pueden repartirse entre distintos hosts. The Next Platform añade el caso de Enfabrica y su sistema Emfasys, pensado para inferencia y capaz, según el medio, de alcanzar 18 TB de DDR5 por servidor de memoria y 144 TB en un rack completo. La conclusión es sencilla: la industria no solo busca más memoria, busca colocarla de otra manera para que la IA pueda aprovecharla mejor.
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Mozilla acaba de revelar cuántas veces fue elegido Firefox
Durante años, elegir navegador ha sido una de esas decisiones que parecían estar en nuestras manos, pero que en la práctica venían bastante condicionadas por el dispositivo que sacábamos de la caja. En el iPhone estaba Safari. En muchos móviles Android, Chrome. Y aunque siempre hemos podido instalar alternativas, lo cierto es que cambiar un ajuste escondido no es lo mismo que recibir una pregunta clara en el momento adecuado. Esa es precisamente la grieta que la Ley de Mercados Digitales (DMA) ha intentado abrir en Europa: convertir una elección teórica en una decisión visible.
El dato que pone cifras. Mozilla asegura que, desde que las obligaciones de la DMA empezaron a aplicarse en marzo de 2024, Firefox acumula más de seis millones de selecciones a través de las pantallas de selección de navegador. Según la organización que desarrolla el navegador, eso equivale a una elección cada 10 segundos. El movimiento no se queda solo en la descarga o en la instalación: también afirma que la retención es cinco veces mayor cuando los usuarios llegan a Firefox por esa vía.
La diferencia. El salto, eso sí, no ha sido igual en todos los dispositivos. Mozilla cita un análisis académico que compara usuarios activos diarios de Firefox en la UE con 43 países no comunitarios y sitúa el impacto en iOS muy por encima del de Android: un 113% más de lo que cabría esperar sin la DMA frente a un 12%. Un dato a tener en cuenta: en iPhone y iPad la pantalla aparece al abrir Safari por primera vez, mientras que en Android se muestra al iniciar un dispositivo nuevo o tras restablecerlo de fábrica. Mozilla añade que, en Android, Firefox partía de una base de uso más alta y que el despliegue ha sido más desigual.
¿Una victoria real? En su publicación, Mozilla insiste en que la DMA está dando frutos en algunos ámbitos, pero “no en todas partes, no de forma perfecta y no sin aplicación efectiva”. Ese matiz importa porque las pantallas de elección no eliminan por sí solas años de integración vertical, ajustes por defecto y hábitos de uso. TechCrunch señalaba en 2024 como Aloha, Brave, Opera y Vivaldi, también registraron de subidas importantes en los primeros días y semanas posteriores a la aplicación de la norma europea.
El móvil se mueve, el escritorio no tanto. Para Mozilla, el avance en móviles deja una pregunta pendiente: qué ocurre con los ordenadores. La organización sostiene que el escritorio sigue “en gran medida intacto” y calcula que unos 310 millones de sobremesa y portátiles en la UE no tienen una pantalla de selección equivalente. Su crítica se dirige especialmente a Windows, donde, según Mozilla, los usuarios están expuestos a tácticas de diseño engañoso y no reciben una elección activa.
Más allá de los números. Lo anunciado por Mozilla nos deja información valiosísima: cuando la elección aparece delante del usuario, la inercia deja de ser tan automática. No significa que todos vayan a abandonar Chrome o Safari, ni que las pantallas de selección solucionen por sí solas los problemas de competencia digital. Pero sí apunta a algo medible: si la alternativa se muestra de forma clara, hay usuarios que la escogen.
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El próximo tratamiento contra la depresión podría estar en los ojos. Ya han probado con éxito unas lentillas inteligentes en ratones
La depresión que resiste a los fármacos es uno de los mayores desafíos de la medicina actual, puesto que cuando los antidepresivos no funcionan, la psiquiatría y la neurología tienen que recurrir a terapias como la electroconvulsión. Ahora, un equipo de investigadores ha dado un giro radical a este asunto al desarrollar unas lentes de contacto inteligentes capaces de tratar la depresión estimulando el cerebro a través de la retina.
Un estudio publicado en la revista Cell muestra unos muy buenos resultados en modelos de ratón con el uso de estas lentillas que han permitido revertir el fenotipo depresivo con una capacidad comparable a la del antidepresivo fluoxetina, o más conocido como Prozac.
No es invasivo. Para entender el hito que supone este estudio, hay que mirar primero las terapias actuales que pasan por usar la conocida como Estimulación Magnética Transcraneal para poder hacer una neuromodulación no invasiva para pacientes con depresión resistente a los fármacos. También se está estudiando la posibilidad de hacer estimulaciones eléctricas transcraneales por corriente continua.
Pero el problema de estas terapias que están en el último escalón de la psiquiatría es que llegar a las regiones profundas del cerebro sin recurrir a la cirugía es extremadamente difícil. Y es que uno de los riesgos de aplicar un campo eléctrico fuerte desde el exterior para llegar a la profundidad del cerebro puede acabar dañando parte del cerebro.
La solución. Ante este inconveniente físico es donde entra la tecnología de interferencia temporal. Tal y como detalla una revisión hecha en 2025, esta estimulación es una gran estrategia, puesto que consiste en aplicar dos corrientes eléctricas de alta frecuencia que no afectan al tejido cerebral superficial.
De esta manera, al cruzarse en las zonas profundas del cerebro, la diferencia de frecuencia crea una nueva onda de baja frecuencia que sí estimula las neuronas objetivo. Es un concepto funcional que fue demostrado por primera vez en ratones y que permite acceder a lo más profundo de nuestra anatomía sin bisturí.
Unas lentillas. Bajo este principio es donde ahora se está buscando la forma de aplicarlo de una manera cómoda para el paciente y es donde entra en juego el uso de lentillas equipadas con electrodos fabricados con óxido de galio y platino. Aquí se aprovecha la conexión anatómica directa que existe entre el ojo y el cerebro a través del nervio óptico para conseguir transmitir esta estimulación a través de la retina que permite enviar señales de interferencia temporal hasta las redes neuronales implicadas en la depresión.
La aplicación. En la investigación simplemente se aplicó esta estimulación durante 30 minutos al día a lo largo de tres semanas en los roedores. Lo que se consiguió aquí es una restauración de las oscilaciones cerebrales saludables y una mejoría conductual que, según los investigadores, es equiparable a la obtenida mediante la administración de fluoxetina en estos mismos modelos animales.
Cautela. Aquí hay que tener en cuenta que esta es la primera vez que se usan unas lentillas para tratar un trastorno cerebral, y aunque el diseño del dispositivo es un alarde de la ingeniería, hay que ser cautos. Como suele ocurrir con estos avances, el paso del laboratorio al paciente va muy lento por la necesidad de numerosos ensayos para valorar el efecto y la seguridad en humanos. Pero la idea ahora mismo ya está sobre la mesa y solo hay que esperar que la ciencia siga avanzando.
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