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Hyundai imagina fábricas llenas de robots humanoides. Un sindicato coreano ha dicho ‘no tan rápido’
Hyundai lleva meses construyendo un relato muy concreto sobre el futuro de sus fábricas, uno en el que los robots humanoides pasan de ser una promesa lejana a una herramienta industrial real. La imagen es potente y conecta con una carrera global por automatizar procesos cada vez más complejos, pero en Corea del Sur ese discurso ya ha encontrado un primer límite. Antes incluso de que los robots entren en las líneas de producción, el sindicato ha salido al paso para dejar clara su posición y advertir de que cualquier cambio con impacto en el empleo deberá negociarse.
Una advertencia clara. Hyundai Motor Union ha dejado claro que “sin acuerdo entre empresa y trabajadores, ni un solo robot puede entrar en las plantas surcoreanas”, subrayando que cualquier decisión con impacto en el empleo debe pasar por la mesa de negociación. El mensaje conecta directamente con el actual convenio colectivo, que obliga a someter a debate y aprobación conjunta todas las medidas que afectan al trabajo. Con este posicionamiento, la introducción de humanoides se perfila como uno de los posibles motivos de fricción entre los representantes de los trabajadores y la corporación asiática.
Temor de que Corea del Sur pierda protagonismo. El sindicato vincula la automatización con un movimiento más amplio de reordenación industrial, marcado por el crecimiento de la producción en Estados Unidos. Según explican, el aumento de capacidad previsto en la planta estadounidense podría acabar restando volumen a fábricas en Corea del Sur, y sostiene que dos centros ya estarían sufriendo falta de carga de trabajo. En ese contexto, los humanoides se interpretan no solo como una herramienta tecnológica, sino como un elemento que puede acelerar ajustes laborales si no se acompaña de garantías claras sobre el mantenimiento del empleo.
El punto de partida de la discusión. Esto se produce después de que Hyundai presentara a Atlas, el robot humanoide desarrollado por Boston Dynamics, como una pieza clave de su estrategia industrial a medio plazo. La firma aseguró que planea integrarlo progresivamente en su red global de fábricas a partir de 2028. Además explicó que estos robots están pensados para asumir tareas industriales generales y trabajar junto a personas, con el objetivo de reducir el esfuerzo físico y hacerse cargo de trabajos potencialmente peligrosos. Eso sí, evitó concretar cuántas unidades desplegará en una primera fase o cuánto costará el proyecto.
Primero en Estados Unidos. El fabricante ya ha empezado a dibujar cómo quiere industrializar esta apuesta. El grupo ha explicado que levantará en Estados Unidos una planta específica para la producción de robots, una fábrica dedicada a producir Atlas a gran escala en los próximos años. El primer destino operativo estaría en la planta de Georgia, conocida como HMGMA, donde los humanoides se emplearían inicialmente en tareas muy concretas, como la clasificación y secuenciación de piezas para la línea de montaje.
La letra pequeña laboral. La apuesta de Hyundai se inscribe en una carrera mucho más amplia por llevar los robots humanoides a la industria. Compañías como Tesla, Amazon o el fabricante chino BYD han anunciado planes similares, aunque con distintos grados de madurez. Algunos proyectos ya han pasado de la demostración al trabajo real, como el robot Figure 01 en una planta de BMW, donde realiza tareas de apoyo de forma autónoma. Son experiencias todavía acotadas y muy supervisadas, pero suficientes para mostrar que el salto del laboratorio a la fábrica ya ha comenzado.
Imágenes | Hyundai
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tras visitar una fábrica china, el CEO de Honda admitió en alto el runrún de la industria
Estamos siendo testigos de un gran cambio en la industria automovilística, protagonizado sobre todo por la gran presencia de China en cada vez más mercados globales y una transición al eléctrico que parece que le cuesta aún. La industria tradicional del automóvil pasa por un punto delicado, y el presidente de Honda lo ha visto claro al visitar una fábrica de proveedores en Shanghái.
La sorpresa. A finales de febrero, Toshihiro Mibe, presidente de Honda, visitó las instalaciones de un gran fabricante chino de componentes en Shanghái. Lo que encontró fue una planta completamente automatizada, sin operarios en la línea de producción, y capaz de suministrar piezas tanto a Tesla como a constructores locales, minimizando costes laborales y funcionando de manera constante.
“No tenemos ninguna posibilidad contra esto”, contaba Mibe al salir, según declaraciones recogidas por el medio Nikkei Asia. Desde luego no es el tipo de declaración que uno esperaría de quien dirige una de las marcas más históricas del motor mundial.
Por qué importa. Honda no es un caso aislado. Es el síntoma más reciente de una industria que lleva años mirando a China con preocupación. Los fabricantes chinos han logrado comprimir el tiempo de desarrollo de un nuevo modelo a entre 18 y 24 meses, aproximadamente la mitad de lo que necesitan los japoneses o europeos. Y no es solo velocidad: es coste, automatización y software. Es un cambio que le está costando a la industria del automóvil tradicional, y que tampoco es fácil de replicar.
Números. En 2020, Honda vendía 1,62 millones de vehículos en China. En 2025, esa cifra cayó a 640.000 unidades, un descenso del 24% solo en el último año y el quinto ejercicio consecutivo a la baja, según datos publicados por el medio. Sus fábricas en el país operan al 50-60% de capacidad, muy por debajo del 70-80% necesario para ser rentables. Para 2026, la producción prevista es de menos de 600.000 unidades. “Es un plan extremadamente decepcionante”, reconocía un ejecutivo de una empresa proveedora china a Nikkei Asia. “Pero tampoco me sorprende,” continuaba.
Honda no está sola en esto. Jim Farley, CEO de Ford, avisaba en una entrevista con CBS Sunday Morning el pasado mes de octubre de que China tiene capacidad de producción suficiente para “abastecer todo el mercado norteamericano y dejarnos a todos fuera del negocio”. “A menos que las cosas cambien, no sobreviviremos”, contaba por su parte también el entonces presidente de Toyota, Koji Sato. Y viniendo de Toyota, que es básicamente el mayor fabricante de automóviles del mundo, dice mucho.
Volver al pasado para ir hacia el futuro. La reacción de Honda pasa por resucitar su división de I+D como entidad autónoma, algo que ya existió desde 1960 y que en 2020 fue desmantelado en favor de una gestión centralizada. Esa estructura independiente fue la que, en 1972, desarrolló el motor CVCC de bajas emisiones (el primero en cumplir la normativa estadounidense) y convirtió al Civic original en un éxito global. Ahora, miles de ingenieros vuelven a una subsidiaria con mayor libertad operativa. “Hace cinco o seis años estaba bien que la sede tomara las riendas”, reconocía un ejecutivo de Honda a Nikkei Asia. “Pero ahora el mundo ha cambiado drásticamente”, continuaba.
Dudas. El movimiento no convence a todos. Takaki Nakanishi, analista jefe del Nakanishi Research Institute, decía al medio que “es dudoso qué va a cambiar solo con restaurar la organización”. El propio equipo directivo de Honda admite que recuperar la estructura no garantiza ganar a China. “Pero eso no significa que vayamos a izar la bandera blanca”, añadía un ejecutivo de la compañía, según Nikkei Asia.
En paralelo, Honda cancela dos de sus eléctricos previstos para EEUU, el 0 SUV y el 0 Sedan, y asume pérdidas de hasta 15.800 millones de dólares. También han quedado en el aire los dos vehículos bajo la marca Afeela, el proyecto conjunto con Sony.
La apuesta alternativa: India. Mientras Toyota y Nissan optan por aliarse con socios chinos para aprender de su velocidad y lanzar coches eléctricos asequibles, Honda prefiere otro camino. La marca está apostando por India como base de fabricación de su próxima generación de coches eléctricos. El modelo 0 Alpha, su EV estratégico global previsto para 2027, se producirá allí. A mediados de marzo, la filial india compartía imágenes del Alpha en pruebas de rodadura, describiendo el momento como “un nuevo hito en el viaje de electrificación de Honda”.
Desequilibrio. El sector del automóvil atraviesa una de sus transformaciones más profundas. China ha dejado de ser solo un mercado para convertirse en el principal competidor global, con marcas como BYD alcanzando ya el 1,8% de cuota en Europa en los dos primeros meses de 2026, según datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA). Honda, con apenas el 0,5% en el mismo periodo, ilustra bien ese desequilibrio.
Imagen de portada | Honda
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un edificio que guarda tesoros inspirados en Goya
Lo llaman el ‘Palace’ y tiene sentido si tenemos en cuenta que es uno de los edificios más señoriales del aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, y quizás de todo el Ejército del Aire. El Pabellón de Oficiales (ese es su nombre oficial) es una joya arquitectónica levantada hacia 1916 para acoger a los pilotos y alumnos de la primera escuela de la Aviación Militar de España. Más de un siglo después sus salones y despachos siguen llenos de tesoros artísticos e históricos, pero no han sido inmunes al paso del tiempo, algo que Defensa quiere solucionar ahora.
Para ello ha tirado de chequera.
¿Qué ha pasado? Que el Ministerio de Defensa quiere rehabilitar el Pabellón Histórico de Oficiales (el ‘Palace’), una joya arquitectónica e histórica situada en la base aérea de Cuatro Vientos. De hecho suele presentarse, junto con la Torre, como su inmueble más emblemático. A principios de 2026 el departamento de Margarita Robles publicó en el BOE un anuncio de licitación para realizar obras de “reforma y restauración” en el antiguo pabellón. El importe total de los trabajos, incluido el IVA, ascendía a unos 3,49 millones de euros.
Tras superar varios trámites, el anuncio final de adjudicación se colgó en la Plataforma de Contratación del Estado hace unos días y detalla que el acuerdo se ha cerrado por 3,46 millones (incluido IVA). El plazo de ejecución es de 14 meses, por lo que en teoría los trabajos no estarán listos hasta bien entrado 2027.


¿En qué consistirán? La idea es poner a punto el ‘Palace’, lo que, como recuerda el portal especializado Infodefensa, pasa por una tarea complicada: modernizar el edificio para volverlo más cómodo y funcional a la vez que preserva su identidad histórica y artística. En la práctica eso se traducirá en obras para rehabilitar la fachada, una redistribución y la renovación de instalaciones.
Los técnicos contratados por Defensa eliminarán los líquenes y la suciedad acumulada en el exterior, recuperarán las tonalidades originales de la fachada, restaurarán las cornisas, escalinatas y balaustradas, solucionarán filtraciones de agua y sustituirán piezas deterioradas por el tiempo. Para evitar que las rejas y demás elementos metálicos se arruinen, los especialistas las sanearán.
La idea no es solo rehabilitar el pabellón. Defensa quiere que resulte más funcional. De ahí que el proyecto contemple algunoscambios de distribución y la instalación de servicios como un ascensor y un montaplatos. La reorganización de los espacios también aumentará la capacidad del edificio para acoger inquilinos y reforzará su confort, centrándose por ejemplo en el aislamiento térmico, la impermeabilización y las instalaciones eléctricas, tuberías y cableado.
¿Tan importante es el pabellón? Sí. Y por varias razones. Una de ellas es su dimensión histórica. El Pabellón de Oficiales se construyó entre 1914 y 1918, en un momento histórico clave en el que, recuerdan desde Defensa, el antiguo aeródromo de Cuatro Vientos se convirtió “en cuna de la aviación hispánica”.
A medida que crecía se hizo necesario construir un edificio específico para albergar a los pilotos y alumnos de la escuela de vuelo. El inmueble empezó a levantarse hacia 1915 y desde muy pronto tuvo un papel fundamental. De hecho su apodo, ‘Palace’, se explica probablemente porque acogió al infante don Alfonso de Orleáns, aviador de la primera promoción de pilotos de la escuela.
¿Qué papel desempeñó? En un artículo publicado por el centenario del pabellón, la Revista Española de Defensa recordaba en 2016 que el ‘Palace’ fue en cierto modo el “centro de enseñanza, debate, análisis y planificación de los ‘Grandes Vuelos'”, como se conocen a las primeras grandes gestas de la aviación española, como el ‘Plus Ultra’, de 1926, durante el que se cruzó el Atlántico Sur.
En su entorno también se gestaron prototipos como el del autogiro y se instalaron talleres aeronáuticos y un laboratorio de aerodinámica.
¿Es la única razón para reformarlo? La verdad es que no. Otro de los motivos por el que probablemente Defensa quiere cuidar el ‘Palace’ es su valor patrimonial y arquitectónico. Más allá de su antigüedad (se levantó entre 1915 y 1918), el pabellón se proyectó desde el primer momento como un edificio noble, dotado de artesonados, azulejos y vidrieras con un considerable valor artístico. Una residencia digna de un infante de la casa Orleáns-Borbón.
Infodefensa destaca en concreto el friso de madera y techo del Salón Noble, las escayolas del Salón de Oficiales y Sala de Armas o la marquetería del comedor, en el que los arquitectos quisieron hacer un guiño a la historia de España: las piezas están inspiradas en el grabado ‘Modo de Volar’ de Goya. Sobresale también la vidriera emplomada que conserva el escudo original y se restauró en los 90.
“A la derecha de la entrada principal, se encuentra el ‘comedor de jefes’, hoy llamado ‘Los Pajaritos’. La estancia está rodeada por un friso de madera, en cuya parte superior aparecen, tomando como reflejo el grabado de Goya ‘Modo de Volar’, distintas aves en actitud de vuelo”, detalla el Ejército del Aire.
Imágenes | Ministerio de Defensa de España y Ejército del Aire (Facebook)
En Xataka | La España de los años 50, vista desde el aire: las pioneras fotografías del ejército estadounidense
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cómo demonios censar a 1.400 millones de personas
No importa a qué te dediques, en qué sector trabajes o la cantidad de personas que tengas a tu cargo. Tus tareas difícilmente serán tan complicadas como la que acaba de afrontar el Gobierno de la India: censar a 1.400 millones de personas, más del triple de la población de la Unión Europea. La misión es tan titánica que requerirá de más de tres millones de técnicos, toda una legión de censores que se recorrerán alrededor de 640.000 aldeas y casi 10.000 pueblos y ciudades.
La tarea se las trae, pero es clave si Nueva Delhi quiere una ‘foto’ actualizada del país que le permita tomar decisiones adaptadas a su economía y población.
Un censo para dominarlos a todos. La India no es un país cualquiera. En 2023 el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) estimó que se había convertido en la nación más populosa del planeta, aventajando a China. Según sus cálculos, ese mismo año el (nuevo) gigante asiático superó de largo los 1.400 millones de habitantes, casi tres millones más que el país liderado por Xi Jinping.
Ahora Nueva Delhi se ha propuesto ir más allá y conocer en detalle cómo se distribuye esa población que multiplica por 3,1 el registro de toda la UE. ¿Cómo? Creando al que, según algunos analistas, será el censo más ambicioso de su tipo.
Una cifra: tres millones. Lo de censar a 1.400 millones de personas impone, pero esa es solo una de las muchas cifras que dan una idea de lo descomunal que resultará la tarea. Hay otras igual de impresionantes. Por ejemplo, hace unos días The New York Times precisaba que dar forma al censo exigirá una inversión de alrededor de 1.200 millones de dólares y movilizar a más de tres millones de técnicos. En su inmensa mayoría serán funcionarios y maestros.
Tamaña legión de censores tendrá que recorrerse de arriba a abajo el país más populoso del mundo. Para ser más precisos se dedicará a cubrir 36 estados y territorios, 7.000 subdistritos, más de 9.700 ciudades y 640.000 aldeas
¿Y cómo lo harán? La pregunta del millón. O mejor dicho, de los 1.400 millones. Se sabe que de entrada el Gobierno quiere dividir el trabajo en dos fases. La primera ha arrancado este mes y se extenderás hasta septiembre, seis meses durante los que los técnicos se dedicarán a elaborar un listado completo de viviendas y habitantes. Su misión será registrar el tamaño y características de los hogares y si, por ejemplo, tienen acceso a servicios como internet o saneamiento.
La segunda fase arrancará ya en 2027 y se centrará en los individuos. Será entonces cuando los censores recopilen datos de cada persona, documentando nombres, sexos, edades, estado civil o nivel educativo y salarial, religión u otras características, como si ha migrado o tiene algún grado de discapacidad.
El trabajo es descomunal, pero los funcionaros dispondrá de una nueva herramienta: una app que facilitará su labor por partida doble. No solo les evitará manejar formularios impresos en papel. Los propios ciudadanos podrán usarla para aportar sus datos. Luego los censores solo tendrán que comprobarlos.
¿Es algo nuevo? No. Este no es (ni mucho menos) el primer censo elaborado por las autoridades indias. El país ha actualizado sus registros cada 10 años desde 1881, cuando aún estaba bajo dominio británico. Antes ya había realizado un intento con un cuestionario que le permitiría recabar indicadores básicos.
Desde entonces el censo ha ido variando, sumando y perdiendo ítems en función de las inquietudes de cada momento. Por ejemplo, en 1901 los técnicos añadieron un apartado que buscaba aclarar qué dominio del inglés había en el país.
Una tarea pendiente. Esa tradición sostenida desde 1881 se rompió en 2021, cuando el COVID impidió actualizar el registro de 2011. Desde entonces la tarea se ha ido posponiendo por diferentes razones hasta llegar a abril de 2026.
Que los técnicos ya hayan empezado a recabar datos no significa que vayamos a conocer sus conclusiones en breve. La CNN precisa que el recuento final no se hará público hasta el año que viene. Solo en la primera fase las personas que participen en el censo deberán responder algo más de 30 preguntas.
¿Por qué es importante? Que el Gobierno indio esté dispuesto a desplegar recursos, horas de trabajo y millones de dólares para perfeccionar su censo no es casualidad. El Estado necesita una ‘foto’ actualizada para cuestiones tan básicas como diseñar políticas y ofrecer servicios y programas específicos orientados al empleo o el rural. Ahora mismo la imagen más detallada de la que dispone es de hace 15 años, lo que ha obligado a las autoridades a usar muestreos.
“Este censo es crucial: es la instantánea definitiva de la India, que recoge todo, desde la casta y la religión hasta los empleos, la educación y servicios. Ofrece la imagen más completa de cómo vive la gente”, explica a la cadena BBC Ashwini Deshpande, de la Universidad Ashoka. Su comentario desliza un par de claves: el censo no solo actualizará el mapa rural, urbano y periurbano, también ayudará a decidir qué representación parlamentaria debe tener cada territorio y dará una idea del sistema de castas, uno de los puntos más polémicos del estudio.
Imagen | Neelakshi Singh (Unsplash)
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