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ya tiene armas cuánticas que está probando en misiones reales
Los departamentos de investigación, armamento y defensa de las principales potencias son un agujero negro. No podemos saber qué hay al otro lado, a menos que sean ellos los que nos permitan echar un vistazo. Tiene sentido, ya que anunciar una tecnología de forma precipitada alertaría al rival. En ese contexto, China acaba de dar un paso en la guerra del futuro: la guerra cuántica.
Estamos muy acostumbrados a hablar de la computación tradicional, y el de la ciberguerra es un concepto fácil de entender. Ataques de hackers a sistemas críticos del enemigo, formas de hacer que tus tropas sean invisibles a los radares rivales o ciberespionaje son conceptos que se han convertido en el día a día en los conflictos actuales. Y el futuro pasa por las armas cuánticas.
La computación cuántica no es una mejora incremental en la velocidad de procesamiento de un ordenador: es una ruptura. Es un cambio de paradigma y por eso los investigadores están desarrollando estos ordenadores cuánticos que, en esencia, permiten resolver operaciones complejas en mucho menos tiempo que un ordenador clásico. No es fácil, ya que aunque se han dado pasos importantes estos últimos años, tiene aún retos por resolver para que sus resultados sean óptimos.
En un contexto bélico y de seguridad, y en pocas palabras, esto se traduce en una cosa: si a un ordenador convencional le lleva horas o días reventar la seguridad de un enemigo, a un ordenador cuántico le llevaría minutos o segundos. Y China no sólo dice que están desarrollando una decena de herramientas de guerra cuántica, sino que ya las están probando en combate.
“Para diseñar una buena arma, hay que pensar en cómo será la guerra del futuro”
Como apuntan en South China Morning Post, el Ejército Popular de Liberación confirmó a través del periódico oficial Science and Technology Daily que tienen más de diez herramientas experimentales de guerra cibernética cuántica en desarrollo. Como decimos, algunas de ellas están siendo “probadas en misiones de primera línea”, ‘capturando’ inteligencia que poder usar en el futuro.
Se trata de u proyecto conducido por la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa y, según el informe, se enfoca en tres áreas:
- Computación en la nube.
- Inteligencia artificial.
- Tecnología cuántica.
Que ya estén probando alguno de estos sistemas implica que han salido del marco teórico, y desde el Ejército se apunta que la “velocidad” es la principal ventaja que ofrecen estas herramientas.
No se trata -sólo- de hacer armas más inteligentes, sino de dar más herramientas a quienes analizan la situación. Por ejemplo, la computación cuántica permite procesar grandes cantidades de datos del campo de batalla en cuestión de segundos. Esto implica que los analistas pueden ayudar a tomar decisiones prácticamente en tiempo real.
También pueden ayudar en materia tanto de ciberseguridad como de ciberespionaje, protegiéndose mejor con sistemas de inteligencia artificial que reescriban su código en tiempo real -algo que ya vemos con malware como PromtLock– o reventando la criptoseguridad enemiga de forma más rápida.
Relacionado con esto, pueden ayudar a que los sistemas de navegación GPS sean más resistentes a ataques de interferencia o suplantación de identidad. O incluso realizar navegación y posicionamiento basado en sensores cuánticos sin depender de infraestructura vulnerable como GPS o Starlink.

Parece algo steampunk, pero esto es parte de un ordenador cuántico
Realmente, las aplicaciones parecen ilimitadas si tenemos en cuenta lo que ya se ha logrado con la computación clásica. Estas tecnologías también tienen potencial para mejorar las defensas aéreas y de detección de aviones furtivos, algo en lo que Estados Unidos con su F-35 y China con su J-36 están invirtiendo un dineral.
Como han comentado en la revista, el desarrollo de esta tecnología responde a la necesidad de pensar “cómo será la guerra del futuro”, y como la guerra de Ucrania y los ciberataques rusos nos están demostrando, la ciberguerra será protagonista.
Son, en definitiva, herramientas que permiten que un conflicto termine antes de que el rival sepa que ha empezado. Es la misma filosofía que la que llevó al desarrollo del caza estadounidense F-35 y una forma de guerra asimétrica.
Vale, muy bien, pero ¿de qué ventaja en tiempo estamos hablando? Un ejemplo es el Google Sycamore, un ordenador cuántico que realizó un cálculo que a un supercomputador clásico le habría llevado 10.000 años en apenas… 200 segundos. En 2020, China ya completó en otros 200 segundos una operación que a un supercomputador le habría llevado más de 2.500 millones de años.
¿Son los únicos? Ni por asomo.
Para Putin, la carrera por la computación cuántica es como la carrera nuclear tras el final de la Segunda Guerra Mundial
Si hay hackers con buena reputación, esos son los rusos, y el país ya está probando prototipos como los superordenadores cuánticos de Lomonosov Moscow State University con 72 qubits y otro de 70 qubits del Instituto Lebedev. Europa también está inmersa en la era de la ‘Transición a Criptografía Post-Cuántica’ en materias de defensa de infraestructura crítica (energía, finanzas, salud o telecomunicaciones) con el objetivo de tener sistemas operativos para 2030.
Japón también está en ello, y Estados Unidos ha elevado el presupuesto de investigación y desarrollo de sistemas cuánticos de los 141.000 millones de 2024 a más de 179.000 millones de dólares (parte un total de casi un millardo comprometido para defensa general). Cuentan con una ventaja: IBM y Google son líderes en lo que a madurez de sistemas cuánticos se refiere, pero se estima que China está cerrando la brecha.
Y deben estar confiados en las posibilidades de sus sistemas si ya hablan de ellos abiertamente.
Imágenes CCTV (via X),
ues de anuncios individuales.
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Hace 3.000 años no había notarios, así que en Suecia los acuerdos y matrimonios se cerraban con huellas de pies talladas en roca
En Atapuerca hay animales, en Irulegi hay una mano y en el lago Mälaren, en el centro-este de Suecia, hay pies. Miles de huellas de pies tallados en roca que tienen entre 2.500 y 3.700 años de antigüedad. Hasta la fecha, la arqueología pensaba que eran una muestra de arte simbólico o religioso, pero un estudio reciente propone algo mucho más práctico y nada ornamental: eran contratos grabados en piedra.
Quítese los zapatos y firme aquí. Fredrik Fahlander, arqueólogo de la Universidad de Estocolmo, ha examinado cientos de huellas talladas en superficies rocosas a lo largo de las costas del sur de la península escandinava y ha encontrado que estos petroglifos no están puestos al azar ni pertenecen a la misma persona, como cuando haces una gamberrada con el cemento fresco.
Para que dure, exactamente igual que los contratos. De hecho, esa es su hipótesis: cuando dos personas querían sellar un acuerdo, una amistad o un matrimonio, grababan sus huellas juntas en la roca. Frente a la promesa oral, la piedra la convertía en permanente.
Por qué es importante. Porque ofrecen una visión diferente a lo que sabemos sobre cómo funcionaban las sociedades prehistóricas. Históricamente hemos asumido que los pactos formales eran propios de culturas con escritura, pero este estudio muestra que pueblos sin escritura podían igualmente formalizar compromisos usando el paisaje físico como soporte.
Por otro lado, tan importante como saber qué significan esas huellas es saber qué no eran: en la Edad del Bronce escandinava, lo sagrado y lo simbólico se grababa en bronce y se depositaba en tumbas y las huellas de pie no están en ninguno de esos dos sitios. Aparecen única y exclusivamente en roca expuesta al agua. No es casualidad: desvela que estas huellas no pertenecían al mundo de los muertos ni al de la simbología, sino al de los vivos y sus acuerdos.
Contexto. La Edad del Bronce nórdica duró aproximadamente entre el 1700 y el 500 a.C. En ese periodo, los pueblos escandinavos dejaron decenas de miles de grabados en roca con varios motivos comunes, como barcos, animales, figuras humanas o círculos. La categoría de huellas de pies es rara dentro de este conjunto: están muy cuidadas, talladas a tamaño real y con tanto detalle que hasta muestran las correas de las sandalias.
El yacimiento principal estudiado es la región del Mälaren, que durante la Edad del Bronce era una bahía del Mar Báltico. El levantamiento del terreno tras la última glaciación ha permitido fechar cronológicamente los grabados: los situados a más altura son más antiguos.
En detalle. En la región del Mälaren se han documentado 627 huellas talladas en 140 yacimientos, si bien no es un fenómeno aislado: están presentes por toda la provincia de Småland y en la península de Bjäre. Están deliberadamente dispuestas alrededor de fuentes de agua y depresiones poco profundas donde el agua de lluvia se acumulaba y fluía, así como cerca de grietas naturales y zonas con minerales.
Además, hay ciertos patrones: la mayoría de los yacimientos tienen una sola huella o un número impar. Cuando hay dos, casi siempre son distintas en tamaño y forma, lo que sugiere que pertenecen a personas diferentes. En algunos casos, la segunda huella se añadió tiempo después de la primera. Fahlander interpreta esto como una invitación aceptada: la primera huella propone el vínculo, la segunda lo confirma. Si ambas se grabaron a la vez, el compromiso se selló simultáneamente por las dos partes.
Sí, pero. La hipótesis del estudio es coherente y está bien fundamentada, pero sigue siendo una hipótesis. De hecho, como el propio Fahlander explica, probablemente estas huellas de pie tenían más de un significado o propósito. Sin embargo, no hay fuentes escritas de la época que la confirmen simple y llanamente porque no existen.
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Hace 3.000 años no había notarios, así que en Suecia los acuerdos y matrimonios se cerraban con huellas de pies talladas en roca
En Atapuerca hay animales, en Irulegi hay una mano y en el lago Mälaren, en el centro-este de Suecia, hay pies. Miles de huellas de pies tallados en roca que tienen entre 2.500 y 3.700 años de antigüedad. Hasta la fecha, la arqueología pensaba que eran una muestra de arte simbólico o religioso, pero un estudio reciente propone algo mucho más práctico y nada ornamental: eran contratos grabados en piedra.
Quítese los zapatos y firme aquí. Fredrik Fahlander, arqueólogo de la Universidad de Estocolmo, ha examinado cientos de huellas talladas en superficies rocosas a lo largo de las costas del sur de la península escandinava y ha encontrado que estos petroglifos no están puestos al azar ni pertenecen a la misma persona, como cuando haces una gamberrada con el cemento fresco.
Para que dure, exactamente igual que los contratos. De hecho, esa es su hipótesis: cuando dos personas querían sellar un acuerdo, una amistad o un matrimonio, grababan sus huellas juntas en la roca. Frente a la promesa oral, la piedra la convertía en permanente.
Por qué es importante. Porque ofrecen una visión diferente a lo que sabemos sobre cómo funcionaban las sociedades prehistóricas. Históricamente hemos asumido que los pactos formales eran propios de culturas con escritura, pero este estudio muestra que pueblos sin escritura podían igualmente formalizar compromisos usando el paisaje físico como soporte.
Por otro lado, tan importante como saber qué significan esas huellas es saber qué no eran: en la Edad del Bronce escandinava, lo sagrado y lo simbólico se grababa en bronce y se depositaba en tumbas y las huellas de pie no están en ninguno de esos dos sitios. Aparecen única y exclusivamente en roca expuesta al agua. No es casualidad: desvela que estas huellas no pertenecían al mundo de los muertos ni al de la simbología, sino al de los vivos y sus acuerdos.
Contexto. La Edad del Bronce nórdica duró aproximadamente entre el 1700 y el 500 a.C. En ese periodo, los pueblos escandinavos dejaron decenas de miles de grabados en roca con varios motivos comunes, como barcos, animales, figuras humanas o círculos. La categoría de huellas de pies es rara dentro de este conjunto: están muy cuidadas, talladas a tamaño real y con tanto detalle que hasta muestran las correas de las sandalias.
El yacimiento principal estudiado es la región del Mälaren, que durante la Edad del Bronce era una bahía del Mar Báltico. El levantamiento del terreno tras la última glaciación ha permitido fechar cronológicamente los grabados: los situados a más altura son más antiguos.
En detalle. En la región del Mälaren se han documentado 627 huellas talladas en 140 yacimientos, si bien no es un fenómeno aislado: están presentes por toda la provincia de Småland y en la península de Bjäre. Están deliberadamente dispuestas alrededor de fuentes de agua y depresiones poco profundas donde el agua de lluvia se acumulaba y fluía, así como cerca de grietas naturales y zonas con minerales.
Además, hay ciertos patrones: la mayoría de los yacimientos tienen una sola huella o un número impar. Cuando hay dos, casi siempre son distintas en tamaño y forma, lo que sugiere que pertenecen a personas diferentes. En algunos casos, la segunda huella se añadió tiempo después de la primera. Fahlander interpreta esto como una invitación aceptada: la primera huella propone el vínculo, la segunda lo confirma. Si ambas se grabaron a la vez, el compromiso se selló simultáneamente por las dos partes.
Sí, pero. La hipótesis del estudio es coherente y está bien fundamentada, pero sigue siendo una hipótesis. De hecho, como el propio Fahlander explica, probablemente estas huellas de pie tenían más de un significado o propósito. Sin embargo, no hay fuentes escritas de la época que la confirmen simple y llanamente porque no existen.
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Hace 3.000 años no había notarios, así que en Suecia los acuerdos y matrimonios se cerraban con huellas de pies talladas en roca
En Atapuerca hay animales, en Irulegi hay una mano y en el lago Mälaren, en el centro-este de Suecia, hay pies. Miles de huellas de pies tallados en roca que tienen entre 2.500 y 3.700 años de antigüedad. Hasta la fecha, la arqueología pensaba que eran una muestra de arte simbólico o religioso, pero un estudio reciente propone algo mucho más práctico y nada ornamental: eran contratos grabados en piedra.
Quítese los zapatos y firme aquí. Fredrik Fahlander, arqueólogo de la Universidad de Estocolmo, ha examinado cientos de huellas talladas en superficies rocosas a lo largo de las costas del sur de la península escandinava y ha encontrado que estos petroglifos no están puestos al azar ni pertenecen a la misma persona, como cuando haces una gamberrada con el cemento fresco.
Para que dure, exactamente igual que los contratos. De hecho, esa es su hipótesis: cuando dos personas querían sellar un acuerdo, una amistad o un matrimonio, grababan sus huellas juntas en la roca. Frente a la promesa oral, la piedra la convertía en permanente.
Por qué es importante. Porque ofrecen una visión diferente a lo que sabemos sobre cómo funcionaban las sociedades prehistóricas. Históricamente hemos asumido que los pactos formales eran propios de culturas con escritura, pero este estudio muestra que pueblos sin escritura podían igualmente formalizar compromisos usando el paisaje físico como soporte.
Por otro lado, tan importante como saber qué significan esas huellas es saber qué no eran: en la Edad del Bronce escandinava, lo sagrado y lo simbólico se grababa en bronce y se depositaba en tumbas y las huellas de pie no están en ninguno de esos dos sitios. Aparecen única y exclusivamente en roca expuesta al agua. No es casualidad: desvela que estas huellas no pertenecían al mundo de los muertos ni al de la simbología, sino al de los vivos y sus acuerdos.
Contexto. La Edad del Bronce nórdica duró aproximadamente entre el 1700 y el 500 a.C. En ese periodo, los pueblos escandinavos dejaron decenas de miles de grabados en roca con varios motivos comunes, como barcos, animales, figuras humanas o círculos. La categoría de huellas de pies es rara dentro de este conjunto: están muy cuidadas, talladas a tamaño real y con tanto detalle que hasta muestran las correas de las sandalias.
El yacimiento principal estudiado es la región del Mälaren, que durante la Edad del Bronce era una bahía del Mar Báltico. El levantamiento del terreno tras la última glaciación ha permitido fechar cronológicamente los grabados: los situados a más altura son más antiguos.
En detalle. En la región del Mälaren se han documentado 627 huellas talladas en 140 yacimientos, si bien no es un fenómeno aislado: están presentes por toda la provincia de Småland y en la península de Bjäre. Están deliberadamente dispuestas alrededor de fuentes de agua y depresiones poco profundas donde el agua de lluvia se acumulaba y fluía, así como cerca de grietas naturales y zonas con minerales.
Además, hay ciertos patrones: la mayoría de los yacimientos tienen una sola huella o un número impar. Cuando hay dos, casi siempre son distintas en tamaño y forma, lo que sugiere que pertenecen a personas diferentes. En algunos casos, la segunda huella se añadió tiempo después de la primera. Fahlander interpreta esto como una invitación aceptada: la primera huella propone el vínculo, la segunda lo confirma. Si ambas se grabaron a la vez, el compromiso se selló simultáneamente por las dos partes.
Sí, pero. La hipótesis del estudio es coherente y está bien fundamentada, pero sigue siendo una hipótesis. De hecho, como el propio Fahlander explica, probablemente estas huellas de pie tenían más de un significado o propósito. Sin embargo, no hay fuentes escritas de la época que la confirmen simple y llanamente porque no existen.
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