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la crisis de vivienda en el Pirineo abre el debate sobre los límites de acampar

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“Soy temporera y vengo a trabajar el Valle de Tena. Los alquileres están a 800 euros y no voy a compartir piso. Prefiero vivir en la furgoneta con mi gato (…) No entiendo por qué ponen el foco en mí cuando no incumplo la normativa”. 

Las palabras son las de una mujer indignada. Una a la que a Guardia Civil le reclama movimiento al entender que está acampando ilegalmente. Una que, si es cierto lo que cuenta en el vídeo, tiene toda la razón y la normativa de su lado. 

¿Que pasó? El vídeo lo lleva a X un usuario de la red social y en él se ve a una mujer que entre ironía e indignación explica que trabaja como temporera en el Valle de Tena (Huesca), que vive en su furgoneta y que la Guardia Civil le está pidiendo que se vaya porque, supuestamente, está acampando. 

En el vídeo se observa la charla entre la mujer y uno de los agentes. Él defiende que “lleva ya mes y medio” y que “eso se puede considerar acampada”. Ella, por su parte, alega que no saca ningún elemento al exterior y que además se mueve, lo que también reconoce el agente. 

“Los alquileres están a 800 euros”. En su vídeo, la protagonista apunta a que el coste de la vivienda está altísimo en el Valle de Tena y que no quiere compartir piso. “Prefiero vivir en la furgoneta con mi gato”, recalca. 

Lo cierto es que este enclave justo al lado de los Pirineos está muy tensionado. De hecho, hace tan solo unos meses que nació Vivienda Digna Viello Aragón en defensa del acceso a la vivienda en esta zona aragonesa. Apuntan a que la zona está de turistas. El problema no es solo cuestión de segundas residencias poco utilizadas. El colectivo señala que los propios fondos europeos dedicados al turismo sostenible está provocando la atracción de más y más visitantes con la reconversión en apartamentos y casas como complejos rurales, lo que agudiza el conflicto. 

Defienden que se debe detener la entrega de nuevas licencias de uso turístico, proponen la creación de una bolsa de viviendas públicas, declarar la región como zona tensionada para poder controlar los precios y castigar a los propietarios de más de cuatro inmuebles de uso residencial que tengan las viviendas vacías. El objetivo final es facilitar el acceso a la vivienda y que la economía pueda diversificarse para no vivir únicamente del turismo. 

Sí, la ley está de su lado (más o menos). Lo cierto es que si la autora del vídeo cumple con lo que dice, la ley está de su lado. Tal y como explican los compañeros de Motorpasión, no hay ninguna normativa en la que se especifique un tiempo máximo en el que una persona puede pernoctar dentro de su coche. Porque acampar en un lugar no habilitado para ello es ilegal pero pernoctar sí está permitido. 

La Instrucción PROT 2023/14 es la que recoge estas diferencias. En ella se señala que “estacionar no es acampar” siempre y cuando: 

  1. Que el vehículo, con el motor parado, sólo esté en contacto con el suelo a través de las ruedas (no se utilizan las patas estabilizadoras ni cualquier otro artilugio, salvo los calzos, previstos por el Reglamento General de Circulación).
  2. Que el vehículo no ocupe más superficie que la que ocupa cerrado, es decir, sin el despliegue de elementos proyectables, sillas, mesas, etc., elementos que pueden invadir una superficie mayor que la delimitada por el perímetro del vehículo, entendido este como la proyección en planta del mismo.
  3. Que el vehículo no emita ningún tipo de fluidos o ruidos al exterior.

Un pero. Y es que, a continuación, la instrucción también señala lo siguiente: 

Todo lo anterior se entenderá sin perjuicio de las facultades de los ayuntamientos, a través de su reglamentación municipal, para limitar o regular, sin carácter discriminatorio por el tipo de vehículo, los puntos de parada y estacionamiento bajo criterios de ordenación física del tráfico, del comercio o por criterios medioambientales, o con la finalidad de favorecer la llegada de este tipo de turismo de autocaravana, estableciendo a tal fin, zonas o áreas de estacionamiento o, en su caso, acampada.

Así mismo se tendrán en cuenta las normativas autonómicas que se hayan aprobado o pudieran aprobarse con finalidad de promoción turística en el territorio nacional, para fomentar un nuevo tipo de alojamiento que en todo caso coexistirán con la plena aplicación de la legislación nacional sobre tráfico y seguridad vial y en especial la normativa relativa a las maniobras de parada y estacionamiento.

El asunto aquí es un poco más delicado porque en el vídeo no se explica la situación respecto a cualquiera de estos conceptos. Lo que deja claro la instrucción es que el Ayuntamiento puede delimitar dónde puede estacionar una autocaravana. En las imágenes se intuye que la furgoneta se encuentra en las afueras de un pueblo pero no está claro si ahí, concretamente, el vehículo puede o no estar estacionado. Sin conocer el municipio, tampoco sabemos si la ordenanza de movilidad del pueblo impone un máximo de tiempo al estacionamiento.

En el caso de no querer estacionar en el pueblo, la situación es más delicada. En este caso, la normativa regional obliga a pernoctar en un área habilitada expresamente para ello ya que el Valle de Tena es un espacio medioambiental protegido. 

¿Qué sacamos en claro? En un municipio, una persona puede pernoctar sin ningún problema dentro de su coche o caravana siempre y cuando el vehículo se encuentre estacionado correctamente y no saque pertenencias y objetos al exterior (desde sillas a toldos). En ese caso se considera que el conductor está acampando y eso solo se puede hacer en una zona habilitada para ello. 

Por lo tanto, vivir dentro de una furgoneta y hacer vida en la misma no es ilegal siempre y cuando no se generen ruidos o fluidos que se emitan al exterior. Eso sí, el vehículo debe estar aparcado sin contravenir ninguna normativa municipal y eso implica, por ejemplo, que tendrá que moverse si ésta marca un tiempo máximo de estacionamiento. 

Por ejemplo, en la normativa de la ciudad de Madrid se especifica que esta prohibido estacionar “en un mismo lugar de la vía pública durante más de cinco días consecutivos, a cuyo efecto sólo se computarán los días hábiles, excluyéndose los sábados, los domingos y los declarados festivos (…) En los lugares autorizados dentro de los parques públicos o zonas verdes, el plazo máximo de estacionamiento en un mismo lugar será de cuarenta y ocho horas”. En casos como este, el vehículo tiene que irse moviendo jugando con el máximo de tiempo permitido.

Foto | Silvan Schuppisser y Alberto-g-rovi

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pasa por hacer una película para un público inexistente

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La película de los Masters del Universo tiene buenas críticas, una base de fans aparentemente infalible y un 87% de nota del público en Rotten Tomatoes. Y después de su primer fin de semana ya es uno de los mayores fracasos de taquilla de 2026: parece que los habitantes de Eternia no logran escapar de la maldición de sus adaptaciones audiovisuales, que les persigue desde aquella lejana versión de la Cannon de 1987. Aunque aquí entran en juego cuestiones más prosaicas que un viejo y entrañable mal de ojo. 

Las cifras. El fin de semana del 5 al 7 de junio, ‘He-Man y los Masters del Universo’ recaudó 29,3 millones de dólares en Estados Unidos y 25 millones en los 86 países donde se estrenó simultáneamente, sumando un total global de 54,3 millones. Se calcula que Amazon MGM invirtió entre 170 y 200 millones de dólares en producción, lo que haría necesario que la película, sumando gastos de marketing, ingresara unos 425 millones solo para recuperar lo invertido. 

De momento, Amazon niega la mayor: Kevin Wilson, responsable de distribución doméstica de Amazon MGM, declaró en un comunicado que el fin de semana representaba “un comienzo muy sólido” y que la respuesta de la audiencia había sido “fantástica”. La vista está puesta, muy claramente, en Prime Video.

Los ochenta. Los Masters del Universo llevan unos cuarenta años protagonizando la misma historia. En agosto de 1987, Cannon Films, la productora israelí-americana conocida por sus películas con Chuck Norris, Charles Bronson y otros astros de la acción de serie B, estrenó la primera adaptación en imagen real de la franquicia, con Dolph Lundgren en el papel principal. El presupuesto era de 22 millones de dólares. La recaudación final, de 17,3 millones. El pinchazo, sumado a la de la tremebunda ‘Superman IV’, contribuyó directamente a la quiebra de Cannon Films.

Cuál es la diferencia. Sin embargo, las diferencias de presupuesto entre la versión de 1987 y la de 2026 son muy notorias. En la apuesta de la Cannon, por ejemplo, las limitaciones de presupuesto impidieron que Orko o Battle Cat aparecieran en pantalla, y la mayor parte de la historia transcurría en California, en lugar de en Eternia, que se vio reducida a un par de descampados. La película de 2026 tiene mejor factura (aunque si nos preguntan, el reparto de aquella es imbatible: a Lundgren se le sumaban Frank Langella y Meg Foster) y, de hecho, ésta recupera secuencias que quedaron fuera en los ochenta, como el ataque de Beast Man en la Tierra. Pero no ha servido de nada.

No entender. Lo que sí comparten ambas versiones es una lógica comercial que ha fallado: un juguete exitoso debería dar como fruto una película exitosa. Cuando ‘Barbie’ recaudó 1,4 mil millones de dólares globalmente en 2023, Mattel extrajo una lección clara: sus franquicias jugueteras tienen un potencial económico en pantalla grande. La empresa puso en marcha el desarrollo de más de 14 películas basadas en su catálogo: ‘Hot Wheels’ producida por J.J. Abrams, ‘Rock ‘Em Sock ‘Em Robots’ con Vin Diesel, ‘Polly Pocket’, ‘Barney’, ‘Magic 8 Ball’… ‘Masters del Universo’ es la primera gran apuesta de esa nueva era.

Pero esa lectura de ‘Barbie’ ignora por qué ‘Barbie’ funcionó. La taquilla de la película de Greta Gerwig no tenía nada que ver con la nostalgia de los juguetes originales, sino con convertir ese punto de partida en un comentario sobre roles de género que funcionaba incluso para un público que no había tenido una Barbie en las manos en décadas, o incluso que despreciaba el juguete por considerar que transmitía un mensaje tóxico, precisamente opuesto al de la película. ‘He-Man’, sin embargo, apela a la nostalgia de un segmento muy específico del público, hombres adultos que crecieron con la serie animada en los ochenta, sin ofrecer nada a quienes están fuera de ese perímetro.

Liminales y parodias. Un vistazo a la taquilla del último fin de semana muestra un panorama que Amazon no ha sabido interpretar. Por un lado está el éxito de ‘Backrooms’. La película de A24, dirigida por Kane Parsons costó 10 millones de dólares y lleva ya 212 millones recaudados en menos de dos semanas. Su película parte de una mitología de internet sobre espacios liminales, sin franquicia que respetar al dedillo, sin décadas de historia comercial que vender. Por otro lado, tenemos ‘Scary Movie’. La sexta entrega de la franquicia paródica de los hermanos Wayans, ausente de los cines desde 2013, recaudó 55 millones domésticos y 105,5 millones globales con un presupuesto de solo 30 millones.

La primera funciona porque Parsons tiene un vínculo orgánico con el material (veinte años, youtuber) y una audiencia que lo ha seguido desde internet hasta la sala. ‘Scary Movie’ plantea una propuesta directa, y aunque hace referencia a éxitos del pasado, no apela a la nostalgia y su público sabe exactamente lo que va a ver. Ambas películas, de modo distinto, responden a una demanda real. Y ‘Masters del Universo’, pese a sus indiscutibles virtudes, parece diseñada para responder a una demanda inexistente.

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los dos creen que el tiempo les da la razón

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EEUU y China han firmado una tregua tecnológica. Sin embargo, como explica muy bien Chris Miller, el autor de ‘La Guerra de los Chips’, en su newsletter, no han firmado la paz en absoluto. Lo que han acordado es una pausa estratégica en la que ambas potencias creen que el tiempo les favorece. Cada una tiene su propia teoría de cómo ganará la partida. Y esas teorías son radicalmente distintas, como cabe esperar en el escenario de confrontación actual.

La Administración liderada por Donald Trump ha hecho una concesión importante: ha permitido a Nvidia entregar a algunos de sus clientes chinos su segundo chip para inteligencia artificial (IA) más potente, la GPU H200. Su hardware más avanzado sigue estando sometido a restricciones estrictas. No obstante, esta maniobra no recoge ningún tipo de generosidad: vender los H200 genera ingresos para Nvidia y sus aliados, mientras que los chips realmente estratégicos (Blackwell y Vera Rubin) permanecen, en teoría, fuera del alcance de Pekín.

La lógica del Gobierno de Trump es la siguiente: si la IA va a ser el motor de la economía y del poder geopolítico durante las próximas décadas, EEUU solo necesita mantener su ventaja en la frontera tecnológica el tiempo suficiente para que esa ventaja se vuelva estructural. En la base de su estrategia reside la convicción de que la inteligencia artificial general (AGI) transformará el mundo de forma irreversible. La tregua le da tiempo para consolidar esa ventaja y para que sus modelos de IA demuestren su valor económico antes de que China pueda alcanzarlos.

La fragilidad estructural de la tregua

La forma en la que el Gobierno chino está leyendo la coyuntura actual es muy distinta. Cuando los líderes chinos hablan de “grandes cambios nunca vistos en un siglo”, se refieren a un reequilibrio del orden mundial industrial, no a una revolución de los modelos de lenguaje. La prueba más elocuente es la que señala Chris Miller: si Xi Jinping estuviera genuinamente preocupado por quedarse sin capacidad de cómputo, habría aceptado las GPU H200 que Trump tiene tanto interés en venderle. Y no lo ha hecho.

Entre bambalinas cada parte afila sus cuchillos para una nueva oleada de conflictos en las cadenas de suministro

China está jugando con una lógica diferente. Xi Jinping ha advertido a los gobiernos provinciales que no deben tratar la IA como una carrera de gasto sin control: “Al desarrollar nuevas fuerzas productivas de calidad no debemos precipitarnos ni lanzarnos todos a la vez […] China no debe abandonar lo antiguo por lo nuevo. Las nuevas tecnologías deben integrarse en los sectores existentes”. No es escepticismo sobre la IA. De hecho, el líder chino la ha calificado de “tecnología de época” comparable a la Revolución Industrial o el nacimiento de internet. Lo que defiende es una priorización clara: primero las bases industriales, luego la superestructura digital.

El problema inherente a una tregua en la que ambas partes creen que van a ganar es que es intrínsecamente inestable. Ninguno de los dos lados ha confundido la tregua tecnológica con la paz. China ha seguido enviando algunas tierras raras a EEUU, mientras que Washington ha pospuesto varias restricciones previamente retrasadas que se ciernen sobre los fabricantes de chips chinos. Aun así, entre bambalinas cada parte afila sus cuchillos para una nueva oleada de conflictos en las cadenas de suministro.

El empuje industrial actual de China abarca los semiconductores, la IA, la biotecnología y las baterías, y se vuelca en sectores intensivos en capital y relativamente escasos en empleo. Esta estrategia sugiere que el Gobierno chino está dispuesto a aceptar ciertos costes sociales internos a cambio de acumular capacidad estratégica. EEUU, por su parte, apuesta a que esa capacidad resultará irrelevante si la IA reescribe las reglas del juego antes de que China pueda desplegarla. Ambas apuestas son coherentes. Ambas pueden estar equivocadas. Y eso, más que cualquier acuerdo arancelario, es lo que provoca que esta tregua sea tan provisional.

Imagen | Gage Skidmore | Wikipedia

Más información | Chris Miller

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Rusia pensó que Kiev caería en días. Cuatro años después, la guerra en Ucrania se acaba de “pasar” la Primera Guerra Mundial

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En 1914, millones de europeos estaban convencidos de que la guerra terminaría antes de Navidad. De hecho, la expresión “home by Christmas” se popularizó entre soldados y civiles que creían que el conflicto sería más bien breve. Acabó prolongándose más de cuatro años y transformando para siempre Europa.

Más de un siglo después, la guerra de Ucrania ya se ha hecho más larga. 

De días a hito histórico. Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, el Kremlin esperaba una campaña rápida que culminara con la caída de Kiev en cuestión de días. Más de cuatro años después, la realidad es exactamente la contraria: la guerra ha alcanzado los 1.569 días de duración y ya ha superado oficialmente a la Primera Guerra Mundial. 

Lo que comenzó como una operación diseñada para derribar rápidamente al gobierno ucraniano se ha transformado en uno de los conflictos más largos y trascendentales de la historia reciente de Europa, hasta el punto de que muchos ucranianos contemplan con inquietud otro umbral histórico aún más lejano: la duración de la Segunda Guerra Mundial.

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La comparación inevitable con 1914. Los historiadores advierten de que las comparaciones con las guerras mundiales tienen límites evidentes por las diferencias de escala, número de países implicados y volumen de bajas. Sin embargo, consideran que la guerra de Ucrania comparte suficientes rasgos con la Primera Guerra Mundial como para convertirse en su paralelismo más cercano en más de un siglo. 

Ambas comenzaron con ofensivas relámpago destinadas a lograr una victoria decisiva en pocas semanas. Tanto el avance alemán hacia París en 1914 como el empuje ruso hacia Kiev en 2022 estuvieron cerca de alcanzar sus objetivos iniciales antes de ser detenidos y obligados a retroceder.

El regreso de la guerra de trincheras. Tras el fracaso de las ofensivas iniciales, ambos conflictos derivaron hacia largos frentes estáticos donde la artillería dominaba el campo de batalla. Las imágenes de las trincheras del este de Ucrania evocaron rápidamente escenas de Francia y Bélgica durante la Gran Guerra. 

Soldados separados por apenas unos cientos de metros, bombardeos continuos y pequeños asaltos de infantería se convirtieron en la rutina diaria. La potencia de fuego obligó a los combatientes a enterrarse bajo tierra para sobrevivir, reproduciendo un patrón que parecía pertenecer definitivamente al pasado.

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Los drones cambian las reglas. La principal diferencia entre ambas guerras llegó desde el aire. Los drones transformaron profundamente el campo de batalla y terminaron haciendo vulnerables incluso las trincheras tradicionales. La vigilancia permanente desde el cielo y la capacidad de atacar con precisión obligaron a sustituir las largas líneas defensivas por pequeños refugios dispersos, difíciles de detectar y más resistentes a los ataques. 

En muchas zonas, cualquier movimiento a cielo abierto puede ser localizado y atacado en cuestión de minutos, convirtiendo amplias áreas del frente en auténticas zonas de muerte controladas por sistemas no tripulados.

Tanques, búnkeres y dispersión. La evolución tecnológica también ha reducido el protagonismo de algunas armas que durante décadas simbolizaron la guerra moderna. Los tanques, temidos durante los primeros compases de la invasión, se han convertido en objetivos fáciles para los drones y cada vez aparecen menos cerca de la línea de contacto. 

Mientras tanto, los soldados invierten enormes esfuerzos en construir refugios cada vez más sofisticados y profundos. Algunos búnkeres incorporan diseños específicos para absorber explosiones y aumentar las posibilidades de supervivencia, reflejando hasta qué punto la protección física vuelve a ser una cuestión vital en un conflicto de desgaste.

Destrucción que recuerda al siglo pasado. Aunque las cifras de bajas son muy inferiores a las de la Primera Guerra Mundial, la devastación visual resulta inquietantemente familiar. Bosques destrozados, pueblos reducidos a ruinas y campos cubiertos de cráteres aparecen constantemente en las imágenes captadas por drones de reconocimiento. 

Diversos analistas militares sostienen que la letalidad del frente ucraniano se acerca a la de las grandes batallas de hace un siglo, no por el número absoluto de muertos sino por el peligro constante al que se enfrentan quienes combaten en primera línea.

El estancamiento y la búsqueda de una salida. La lentitud de los avances ilustra la naturaleza del conflicto. En algunas operaciones recientes, las fuerzas rusas han progresado a un ritmo incluso más lento que el registrado en algunas de las batallas más estancadas de la Primera Guerra Mundial. Con las negociaciones prácticamente paralizadas, ninguno de los bandos ha encontrado todavía una fórmula para romper el equilibrio. 

Ucrania intenta debilitar la capacidad económica rusa mediante ataques contra infraestructuras energéticas y petroleras mientras inunda el frente con miles de drones de ataque, buscando imponer costes insostenibles al adversario. La paradoja final es que una guerra que comenzó con la promesa de una victoria rápida se parece cada vez más a la Gran Guerra: una lucha de desgaste prolongada, marcada por la tecnología y sin un final claro a la vista.

Imagen | Ministry of Defense of Ukraine

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