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los arquitectos empeñados en que las ciudades españolas vuelvan a ser bonitas
No importa la localidad, ni la región, casi casi ni el tipo de ciudad. Así estés en Madrid, Barcelona, Vigo o Jerez de la Frontera lo más probable es que si te das un paseo por las calles del centro te encuentres con la misma estampa: fachadas asimétricas, irregulares, llenas de huecos y parches. No las han diseño así ni son obra de ningún arquitecto excéntrico. Esa aparente incoherencia estética es fruto de décadas de cerramientos arbitrarios por parte de los dueños de pisos.
La lógica es sencilla: tienes una terraza que no acaba de convencerte, así que optas por vallarla. El problema es que lo haces por tu cuenta, sin consensuar con el resto de los vecinos, y al final las fachadas acaban convertidas en un pastiche arquitectónico. Y con ellas (por añadidura) el conjunto de las ciudades.
El fenómeno es lo suficientemente frecuente como para que haya gente comentándolo en redes y foros especializados en urbanismo: en las ciudades españolas campa a sus anchas el cerramiento ‘estilo tetris’. Las imágenes pueden cambiar de una localidad a otra, pero habitualmente llega un paseo por cualquier casco urbano para encontrarse con fachadas alteradas sin ton ni son.
Aquí una terraza sin tocar. Allí otra cerrada con carpintería de aluminio y vidrios traslúcidos. Dos pisos más abajo, otra que ha optado por la madera y un toldo.
Mucho más que fachadas


¿Suponen un problema? Desde luego son motivo debate.
Primero, por su marco normativo. ¿Es legal que cada propietario haga lo que quiera con su terraza, sin contar con el resto de la comunidad? ¿Qué pasos debe seguir si quiere hacerlo correctamente? Segundo, porque más allá del bloque en cuestión las amalgamas de cerramientos influyen en algo mucho más importante: el paisaje urbano, la coherencia arquitectónica y la higiene visual, valores que suelen estar muy cuidados en zonas sensibles, como cascos históricos y edificios protegidos, pero que a menudo se descuidan en el resto de la ciudad.
Una de las voces que más ha comentado el fenómeno de los cerramientos indiscriminados es la cuenta de X @MadridProyecta, que ha advertido sobre “‘zonas cero’ del descontrol” o casos flagrantes en los que han desvirtuado por completo el aspecto original de los inmuebles. Ese fenómeno les lleva a advertir del “chabolismo vertical”, un problema que no se da de forma homogénea en toda la geografía española (resulta menos frecuente en la cornisa cantábrica, por ejemplo), pero sí condiciona la realidad urbanística de las ciudades del país.
“Tiene un grave impacto en el paisaje urbano de España”, reconocen desde Madrid Proyecta antes de recordar que en otras latitudes de España resulta menos frecuente encontrarse con cerramientos indiscriminados.
¿El motivo? Además del marco normativo de cada país y las diferencias culturales, hay otro factor fundamental que entra en juego, recuerda María José Peñalver, tesorera del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE): la antigüedad del parque de edificios y su mantenimiento.
En 2023 la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias analizó las construcciones del país y estimó que la edad media del parque de vivienda usada en España ronda los 43,5 años, lo que entre otras cuestiones explica que dos de los problemas que con mayor frecuencia se señalaban sean la escasez de espacio exterior y el deficiente de aislamiento térmico. Ambas cuestiones están muy relacionadas con los cerramientos, que suelen realizarse precisamente para ganar metros cuadrados o mejorar el confort y la insonorización de las viviendas.
Que buena parte de las viviendas de España pasen de los 40 años es un dato relevante porque se construyeron antes de que se aplicase la normativas sobre condiciones térmicas. Según el INE cerca del 40% de los edificios que en 2011 se destinaban a vivienda se habían levantado entre los 60 y 80. No es un problema exclusivo de España (el 85% de los bloques de la UE se construyeron antes de 2000 y buena parte presentan un bajo rendimiento energético), pero es un dato relevante al analizar el fenómeno de los cerramientos en las urbes.
Otro aspecto clave es el marco normativo. Llega una búsqueda rápida por Internet para encontrarse un buen número de guías y artículos que intentan aclarar si es o no legal cerrar una terraza y qué requisitos deben cumplirse para hacerlo, lo que da una idea del elevado interés que suscita el tema. La respuesta más sencilla es: depende. Depende de las peculiaridades de cada caso, de qué se quiera hacer y sobre todo de lo que haya decidido antes la comunidad.
La explicación hay que buscarlo en la ley de leyes en lo que a convivencia en edificios se refiere: la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), que en su artículo séptimo desliza un aviso a navegantes: “El propietario de cada piso o local podrá modificar los elementos arquitectónicos […] cuando no menoscabe o altere la seguridad del edificio, su estructura, configuración o estado exterior“.
El cierre de una terraza puede afectar directamente al exterior del inmueble y alterar la fachada. Además, como recuerda Idealista, aunque las terrazas tengan un disfrute privativo muchas de sus partes, como la cubierta o los revestimientos, forman parte de los elementos comunes. En los artículo 10.3 y 17.4 de la LPH se recuerda de hecho que una de las actuaciones que deben contar con autorización son los cierres, sujetos al plácet de las tres quintas partes de la comunidad.


“La LPH considera que cerrar un balcón supone una alteración de la fachada, siendo un elemento común que condiciona la imagen global del edificio. Para realizar un cambio de tal magnitud es necesario obtener el consentimiento de la comunidad , por lo que no es una decisión estrictamente personal”, comenta el arquitecto y urbanista Albert Nogueras en elDiario, donde recuerda la necesidad de tener presentes también las ordenanzas municipales (que pueden variar de un ayuntamiento a otro), y los estatutos aprobados por la propia comunidad.
Las guías sobre cierres recuerdan la importancia de analizar todos los factores que entran en juego, incluido si hay precedentes dentro del edificio o si la obra supondría un incremento de la superficie construida, algo que puede afectar a la licencia. Lo cierto es que el tema ha generado disparidad de opiniones dentro de los propios juzgados. Hace poco fue popular un caso de Andalucía en el que un vecino cerró su terraza con un sistema de cristaleras “tipo Lumon” sin el permiso de la comunidad. Los propietarios denunciaron y el tema derivó en un pleito.
Un juzgado de Marbella dio la razón al vecino al considerar que el cierre no afectaba a la imagen ni estaba prohibido en los estatutos, pero cuando el asunto llegó a la Audiencia Provincial los magistrados adoptaron un criterio contrario y fallaron que la obra había alterado un elemento común, con lo que ordenó que se desmantelara. Y esa no es la única jurisprudencia sobre cerramientos.
Comunidades… y ciudades


En los cerramientos intervienen dos planos. Uno (regulado por la LPH) es el que tiene que ver con la convivencia y coordinación dentro de la comunidad de vecinos. Otro, no menos importante, afecta al edificio como parte de un conjunto mayor: el entramado urbano. Si en el primero caso la falta de consenso deriva en tiranteces o problemas legales, en el segundo, advierte Peñalver, está en juego el paisaje urbano. La falta de consenso equivale en ese caso a bloques “pastiche”, fachadas tratadas con “desprecio” que renuncian a una estética armoniosa.
“Las viviendas deben adaptarse a las necesidades y estas cambian, pero se pueden cometer muchas acciones equivocadas”, añade la tesorera del CSCAE, quien aboga por recurrir a expertos y recuerda que el buen mantenimiento de una fachada pasa tanto por cuidar su “eficiencia” como “estética”. “Cuando tienes un edificio al que no se le ha prestado un mantenimiento adecuado, intervenir sin tener en cuenta consideraciones técnicas parece lo más fácil”, advierte. En cualquier caso Peñalver reconoce que estamos en “el buen camino”.
¿Cuál es la solución? Desde el sector recuerdan la utilidad de los planes directores y proyectos de intervención de fachadas, herramientas que ayudan a fijar consensos sobre detalles en apariencia tan simples como el lado en el que se deben instalar los compresores de los aires acondicionados. El objetivo es simple: que España deje estar repleta de ciudades en las que parece aplicarse un doble criterio, con cascos históricos y edificios rigurosamente protegidos por un lado y entornos periurbanos, alejados del centro, en los que reina el caos.
“Gobernamos para los que nos visitan”, ironiza Madrid Proyecta, que apuntan al celo que se aplica en las zonas urbanas que quieren volverse más “presentables” para los visitantes. En juego no solo está la “limpieza visual”. El colectivo advierte de la importancia de actuar con criterio de cara a las propias viviendas.
Al fin y al cabo un cerramiento quizás gane un puñado de metros cuadrados para el salón (algo nada desdeñable con los precios en escalada), pero puede salir caro si se hace con soluciones que acaban convirtiéndolo en un “invernadero”.
Imágenes | Madrid Proyecta (Toninowilde, Estudio Lamela) y Google Earth
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Cloudflare se planta en Italia por los bloqueos. En España, el conflicto con LaLiga apunta al mismo problema de fondo
Estamos presenciando en directo cómo lo que empezó como una ofensiva contra las emisiones no autorizadas de partidos se ha transformado en algo mucho más amplio, una disputa sobre quién puede decidir qué partes de internet se apagan y cómo se hace. En Italia y en España se están ordenando bloqueos a nivel de red que, tal y como se están aplicando ahora, pueden no distinguir entre un servicio infractor y otros legítimos que comparten infraestructura. Este escenario ha puesto en primer plano a Cloudflare, una compañía cuyo nombre lleva tiempo colándose en la conversación tecnológica.
Aquí debemos ser claros. Lo que une a los casos de Italia y España no es el tipo de contenido, sino la lógica que los sostiene: para frenar la difusión no autorizada de partidos se ha optado por actuar allí donde la red se vuelve vulnerable, en los intermediarios que conectan al público con los servidores. Se trata de una estrategia permite bloquear rápido y con alcance masivo, pero también tiene daños colaterales.
Detrás de cada bloqueo hay una secuencia clara. En España, la Justicia ha dado cobertura legal al mecanismo. En la actualidad, es LaLiga quien identifica las direcciones y los proveedores de acceso quienes ejecutan los bloqueos. Si hablamos de Italia, los titulares de derechos introducen dominios e IP en Piracy Shield y es AGCOM, el regulador italiano de telecomunicaciones y medios, quien revisa esas señalizaciones y las convierte en órdenes administrativas que deben aplicar los proveedores.
Cuando se ordena un bloqueo, no se está diciendo simplemente “cerrad esta página”, está eligiendo en qué punto del recorrido se interrumpe la conexión entre el usuario y el servidor, de acuerdo a los límites que establece la legislación vigente. Puede hacerse impidiendo que el nombre de la web se traduzca a una dirección técnica, bloqueando directamente esa dirección o pidiendo a un intermediario que deje de servir los datos.
En ese recorrido invisible hay una pieza especialmente sensible, el sistema que traduce los nombres de las webs en direcciones técnicas que los ordenadores pueden entender. Cada vez que escribimos una URL o tocamos un enlace, un resolvedor DNS responde con la IP correcta para que la conexión pueda establecerse. Si esa traducción se interrumpe, la página deja de ser accesible aunque el servidor siga funcionando. Por eso el DNS se ha convertido en una palanca muy atractiva para los bloqueos, porque permite cortar el acceso de forma rápida y sin tocar directamente el contenido.
Qué es 1.1.1.1 y por qué está en el centro. Entre los muchos servicios DNS que existen hay algunos abiertos al público que no pertenecen a ningún operador nacional, y el más conocido es 1.1.1.1, gestionado por Cloudflare. Funciona como un resolvedor DNS público de uso masivo al que usuarios y aplicaciones recurren para traducir nombres de dominio en direcciones IP. Esa escala es lo que lo hace especialmente sensible en este debate, porque cualquier intervención sobre él no se limita a un país ni a una red concreta, sino que puede tener efectos mucho más amplios.

Un módem con cables de red
La empresa explica desde hace años que puede cumplir órdenes judiciales que le obligan a actuar sobre clientes concretos o sobre su red de distribución, porque ahí sí está controlando un servicio propio dentro de una jurisdicción. Lo que rechaza es modificar herramientas abiertas como su DNS público por decisiones administrativas de un solo país. En su planteamiento, eso supondría que una autoridad nacional pudiera cambiar cómo funciona una pieza básica de internet para usuarios de todo el mundo.
Italia, el sistema Piracy Shield y polémicas. El modelo italiano no corta solo páginas individuales, sino piezas enteras de la ruta por la que circula el tráfico. A través de Piracy Shield se ordena bloquear dominios e IP y, según el propio regulador, el marco también incluye expresamente a servicios de DNS públicos, como 1.1.1.1, y proveedores de VPN como sujetos obligados cuando están implicados en la accesibilidad de esos contenidos.

Mapa de la red global de Cloudflare
El problema no es solo que el sistema bloquee mucho, sino cómo lo hace y con qué margen de rectificación. Su lógica de reacción rápida prioriza cortar el acceso mientras el evento está ocurriendo, y eso aumenta el riesgo de afectar a terceros cuando se actúa sobre piezas compartidas de la red. AGCOM cita como balance que desde febrero de 2024 se han deshabilitado más de 65.000 FQDN, es decir, nombres de dominio completos y unas 14.000 IP.
Ese choque tomó forma concreta a finales de 2025. En una decisión adoptada el 29 de diciembre y notificada recientemente, AGCOM impuso a Cloudflare una sanción de más de 14 millones de euros por no haber cumplido una orden previa emitida el 18 de febrero de 2025. Según el regulador, la empresa debía desactivar la resolución DNS de determinados dominios y el enrutamiento del tráfico hacia direcciones IP señaladas a través de Piracy Shield, o aplicar medidas equivalentes para impedir que los usuarios accedieran a esos contenidos.
España, el camino judicial. Como mencionamos arriba, en España el sistema no se apoya en un regulador administrativo, sino en una resolución de un juzgado mercantil obtenida por LaLiga. El 18 de diciembre de 2024, el Juzgado de lo Mercantil nº 6 de Barcelona autorizó medidas de bloqueo contra direcciones utilizadas para retransmitir partidos sin derechos. El 26 de marzo de 2025, ese mismo tribunal rechazó las impugnaciones y dejó la orden en vigor. Eso es lo que permite que los operadores de acceso ejecuten estos bloqueos durante los partidos.
La forma en que esa orden se ejecuta en la práctica explica muchas de las quejas que han surgido en España. Los proveedores de acceso bloquean direcciones IP completas, no solo dominios concretos. Este mecanismo explica por qué tantos servicios legítimos acaban arrastrados por estos bloqueos. En lugar de desactivar un dominio concreto, los operadores cortan una dirección IP completa, que suele ser compartida por cientos o miles de webs. Es un poco como tapiar la entrada de un edificio porque en uno de sus apartamentos se produce una infracción, aunque la mayoría de los inquilinos no tenga relación alguna con ella.
En Italia, Cloudflare recibe órdenes de bloqueo, en España no. En Italia, Cloudflare recibe órdenes y multas de frente. En España, como hemos visto, el impacto llega de forma indirecta. Los bloqueos se ejecutan a través de los operadores de internet, pero las listas de direcciones que se bloquean suelen incluir IP que forman parte de la red de Cloudflare, afectando también a sus clientes.
Una amenaza sobre la mesa. La sanción de AGCOM ha escalado hasta convertirse en un choque público entre regulador y proveedor de infraestructura, con Cloudflare amenazando con retirar sus servidores del país, suspender servicios gratuitos, incluidos los que presta sin coste vinculados a los Juegos Olímpicos 2026, y replantear inversiones. Matthew Prince, CEO de Cloudflare, ha dicho que la compañía viajará a Washington para plantear el caso ante funcionarios de la administración de Estados Unidos.
Imágenes | Xataka con Gemini 3 Pro | Cloudflare | Stephen Phillips
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Investigan a Julio Iglesias en España tras la denuncia de dos exempleadas por agresión sexual
Reuters.- Una fiscalía de la Audiencia Nacional española afirmó este martes que estaba investigando las acusaciones de medios de comunicación españoles y estadounidenses de que el cantante Julio Iglesias agredió sexualmente a dos exempleadas.
No hubo respuesta inmediata a los correos electrónicos enviados por Reuters a los representantes de Iglesias, de 82 años, en busca de comentarios. El sello discográfico de la estrella, Sony, declinó emitir declaraciones.
Las mujeres, que habrían trabajado en las residencias caribeñas de Iglesias en República Dominicana y Bahamas durante un periodo de 10 meses en 2021, fueron citadas en una investigación de tres años de la una cadena estadounidense y un medio español.
Ambas mujeres denunciaron haber sufrido agresiones sexuales y acoso laboral mientras trabajaban para el cantante, informaron los medios.
Según los informes, Iglesias las presionó para que mantuvieran encuentros sexuales y las sometió a otros abusos físicos y verbales.
La fiscalía dijo que había abierto diligencias preliminares tras la presentación de una denuncia el 5 de enero. Los detalles del caso estaban amparados por normas de confidencialidad que le impedían facilitar más información.
Iglesias es uno de los artistas latinos con más ventas del mundo, con más de 300 millones de discos vendidos en 14 idiomas. Antiguo aspirante a futbolista, se dedicó a la música después de que un accidente de coche en 1963 pusiera fin a su carrera deportiva.
Ana Redondo, ministra de Igualdad del gobierno socialista, dijo en un comunicado que respetaba la presunción de inocencia de Iglesias, pero que creía en el testimonio de las mujeres.
“Se puede ser un excelente cantante y un excelente artista, pero tener un lado muy oscuro”, dijo, elogiando a las mujeres por presentar sus denuncias.
El partido de izquierdas Mas Madrid sugirió al gobierno derechista de la Comunidad de Madrid que despojara a Iglesias de las llaves de la ciudad que le fueron concedidas por ser el hijo más famoso de la capital. Iglesias ha apoyado en el pasado a candidatos políticos conservadores.
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Groenlandia tiene 1,5 millones de toneladas de tierras raras. El problema es que no hay carreteras para llegar a ellas
La geopolítica del siglo XXI ha encontrado un nuevo y gélido epicentro. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de este mes, la administración de Donald Trump ha volcado su agresividad diplomática hacia el norte. El objetivo es un viejo anhelo, tomar el control de Groenlandia, a la que la Casa Blanca define como un “lingote” de recursos estratégicos. Sin embargo, la realidad física es ineludible ya que bajo una geología compleja se esconde una carencia absoluta de infraestructura básica que convierte cualquier plan de extracción en una quimera logística.
El muro de 93 millas de asfalto. Desde que el Partido Republicano introdujo la Make Greenland Great Again Act en 2025, la presión sobre Dinamarca ha escalado hasta sugerir, incluso, el uso de la fuerza. Según explica el Center for Strategic and International Studies (CSIS), Washington ha elevado a Groenlandia a la categoría de necesidad de “seguridad nacional”. Esta postura, que algunos analistas ya bautizan como la “Doctrina Donroe”, busca asegurar el hemisferio como esfera de influencia exclusiva frente a los rompehielos rusos y la expansión china.
Pero la obsesión choca con la ingeniería. Según datos de CSIS, Groenlandia —un territorio tres veces más grande que Texas— solo cuenta con 93 millas (150 kilómetros) de carreteras en total. No existen vías férreas y los asentamientos están aislados entre sí por tierra. Diogo Rosa, investigador del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, advierte en Fortune que cualquier proyecto minero debe crear estas accesibilidades desde cero. Esto incluye puertos capaces de manejar volúmenes industriales (el puerto de Narsaq apenas mueve 50,000 toneladas al año) y plantas de energía locales, ya que la red eléctrica actual es incapaz de sostener una mina a gran escala.
El enigma de la eudialita. Aunque se construyeran las carreteras para llegar al neodimio y al terbio, el mineral plantea en sí un desafío técnico sin precedentes. Las tierras raras de Groenlandia suelen estar encapsuladas en un tipo complejo de roca llamado eudialita. A diferencia de las carbonatitas que se explotan en otros lugares del mundo con métodos probados, nadie ha desarrollado un proceso rentable para extraerlas de la eudialita, según han explicado analistas.
Por ello, expertos como Javier Blas, califican el entusiasmo de la administración Trump como un “PowerPoint optimista”. Blas sostiene que la isla no es un Wonderland de materias primas: si tras décadas de exploración ninguna gran minera ha operado con éxito, es porque los costes de procesamiento —que superarían los 1.000 millones de dólares— devoran cualquier beneficio. A esto se suma que yacimientos como Kvanefjeld están co-localizados con uranio radiactivo, lo que ha generado un rechazo social masivo y leyes ambientales que bloquean los proyectos.
El espejismo de la riqueza minera. Actualmente, Groenlandia solo cuenta con dos minas activas: una de anortosita y la de oro de Nalunaq. Esta última, operada por la canadiense Amaroq Minerals, logró producir 6.600 onzas de oro en 2025, superando sus propias previsiones. Pero como señala Scott Dunn, CEO de Noveon Magnetics, en Fortune, el éxito del oro (un mineral de alto valor y bajo volumen) no es escalable a las tierras raras. Mientras Washington hace planes a largo plazo en el Ártico, empresas como la de Dunn ya producen imanes en Texas con materiales obtenidos fuera de China, demostrando que la solución al suministro tecnológico podría estar más cerca de casa que del Círculo Polar.
El factor China: el dueño silencioso. El gran obstáculo estratégico para la “Doctrina Donroe” no es solo el hielo, sino que Pekín ya está allí. China controla cerca del 90% del suministro global de tierras raras y ha sabido jugar sus cartas en el subsuelo groenlandés a través de litigios. La empresa Energy Transition Minerals (ETM), con importante capital chino, mantiene un arbitraje internacional contra Groenlandia, reclamando una indemnización histórica de 11.500 millones de dólares —cuatro veces el PIB de la isla— tras la prohibición de la minería de uranio en 2021.
Esta disputa legal sitúa a la isla en una pinza geopolítica: Washington quiere el control para expulsar a Pekín, pero este último ya bloquea los yacimientos más ricos mediante acciones empresariales y derechos de explotación previos.
El Ártico navegable: ¿un aliado inesperado? Paradójicamente, el hoax del cambio climático es lo que está acelerando los planes de la Casa Blanca. Groenlandia se calienta mucho más rápido que el resto del planeta, y el deshielo está transformando el Ártico en un corredor comercial estratégico. Como reporta el New York Times, la Ruta de la Seda Polar ya no es una proyección: en octubre de 2025, un buque chino alcanzó Gran Bretaña por el norte en solo 20 días, ahorrando un 40% del tiempo respecto al Canal de Suez.
Esta nueva conectividad convierte a Groenlandia en un “portaaviones insumergible” en medio de las nuevas rutas marítimas. Sin embargo, el deshielo marino no soluciona el problema en tierra firme. Al norte de la isla, el clima extremo sigue obligando a que cualquier maquinaria minera hiberne durante seis meses al año, manteniendo la rentabilidad como una “ilusión óptica”.
El tesoro tras el muro de hielo. El intento de tomar el control de Groenlandia parece chocar contra un muro de leyes ambientales, una geología hostil y, sobre todo, una ausencia total de infraestructura básica. La administración Trump ha invertido cientos de millones en empresas mineras, pero los resultados siguen enterrados bajo capas de permafrost.
Como bien resume Anthony Marchese en Fortune: “Si vas a Groenlandia por sus minerales, hablas de miles de millones de dólares y un tiempo extremadamente largo”. Mientras la Casa Blanca vende la isla como el trofeo definitivo de la nueva Guerra Fría tecnológica, la realidad técnica de 2026 dicta una sentencia más simple: el mayor tesoro de la isla sigue protegido no por armas ni tratados, sino por la falta de un camino que llegue hasta él.
Imagen | Unsplash
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