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Taiwán colonizando Estados Unidos con TSMC como punta de lanza

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TSMC es el gran nombre en la industria global de semiconductores. Todos tenemos en la cabeza compañías como NVIDIA, Qualcomm, Intel o AMD, pero es TSMC la que produce la mayoría de los chips de estas compañías. La empresa taiwanesa produce alrededor del 60% de los chips del mundo, pero cuando hablamos de los chips más avanzados, ese dominio es prácticamente total. Es un caramelo tecnológico que ha decidido expandirse y, tras la planta de Estados Unidos, sigue comprando terreno para ampliar su huella.

Y es un movimiento que desequilibra aún más el equilibrio en materia de chips.

Expansión necesaria. La base de operaciones de TSMC está en Taiwán, pero desde hace unos años, la compañía vio claro que tenían que ampliar su marco de operaciones. Es algo que responde a una necesidad doble. Por un lado, cuanta más huella tengan en otros países, más seguirá dependiendo la industria tecnológica de su técnica. Por otro, el principal factor: la amenaza de China.

China y Taiwán atraviesan un periodo de tensión creciente. Hemos visto maniobras de China que seguro que han puesto nerviosos a los taiwaneses. También operaciones de Taiwán para demostrar que podrían defenderse y países como Japón y, sobre todo, Estados Unidos están muy pendientes de la situación. El 87% de los más de 80.000 empleados de TSMC operan en Taiwán y cualquier conflicto abierto entre los países supondría un parón en las operaciones de la empresa. Poca broma con esto: si sus chips mueven el mundo, que TSMC deje de producir provocaría un colapso económico.

Arizona. Hay un tercer factor que está animando a esa expansión internacional. Si bien Europa, Estados Unidos y China buscan la soberanía nacional en materia de semiconductores, la realidad es que las empresas necesitan los chips de vanguardia que sólo TSMC puede producir en masa de forma fiable. Y, mientras financian plantas de semiconductores, los países han decidido invertir millonarias para atraer a TSMC a sus territorios.

La planta que abrirán Alemania o la de Japón son dos ejemplos, pero la que ya está operando es la estadounidense. Aunque a Trump, con sus políticas proteccionistas y el ‘America First’ no le guste que sea una empresa extranjera la que corte el bacalao, TSMC ya tiene una enorme planta afincada en Arizona desde la que produce componentes claves del iPhone 16.

Esta instalación es el proyecto más ambicioso de la compañía lejos de Taiwán, y lo que comenzó como una inversión de 12.000 millones de dólares en 2020 se ha convertido en una colosal operación de más de 160.000 millones. Empezaron a producir chips de 4 nanómetros a comienzos de 2025 y la idea es refinar la maquinaria para llegar a los 2 nm en 2029.

Nuevos terrenos. Dentro de la estrategia ‘Made in the USA’ de las grandes tecnológicas estadounidenses, TSMC Arizona es vital. Y teniendo en cuenta la oportunidad económica que ha abierto la era de la IA, con la astronómica necesidad de chips para crear productos como las soluciones de NVIDIA para los centros de datos, TSMC quiere hacerse con todo el pastel posible. Como leemos en The Wall Street Journal, una serie de factores como inversión taiwanesa y una relajación en los aranceles de EEUU a Taiwán permitirían que TSMC se expanda aún más.

Según el medio, la semana pasada la tecnológica compró 900 acres – unas 360 hectáreas- de tierra adyacentes a su actual propiedad en Arizona. El total ha sido de casi 200 millones de dólares y la intención es ampliar las instalaciones para llegar a una docena.

Tsmc Flag 1280x680 3
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TSMC + NVIDIA

Made in the USA (más caro). Con este movimiento, TSMC disuadiría a la competencia de intentar invertir para plantarles cara debido a que, como decimos, son ellos los que dominan la producción de chips avanzados y los que tienen la capacidad como para abastecer a su enorme cartera de clientes. Apple es uno de los que ya compra chips de Arizona, pero NVIDIA ha confirmado que sus GPU B30 serán las primeras hechas en Estados Unidos.

Ahora bien, hay un peaje. Se estima que Los precios de TSMC Arizona en nodos avanzados son de entre un 5% y un 30%. Hay varios factores. En Taiwán tienen la política de “todo a una hora”, por lo que cualquier material que necesite la fábrica está muy cerca, creando una cadena extremadamente eficiente. Eso no ocurre en la fábrica estadounidense, donde los proveedores están lejos y hay que recurrir al transporte en avión, lo que aumenta el precio. También está el hecho de que los salarios son más altos en EEUU que en Taiwán.

Quebradero de cabeza. Pese a esas condiciones, y a ser una empresa extranjera controlando el cotarro en suelo patrio, TSMC tiene tan dominado el proceso que a las compañías les vale la pena porque saben que los chips que obtengan serán los mejores para sus productos. Además, desde la perspectiva política, esos costos adicionales pueden ser incluso razonables si así se aseguran de que un conflicto en Taiwán no paralizaría del todo su economía.

Para TSMC, la expansión es una jugada redonda. A nivel político, los países que abracen sus factorías también tienen un motivo para atraer inversión y a las Big Tech y el mismísimo CEO de NVIDIA tiene claro que son los que llevarán la voz cantante en la industria durante décadas. Sin embargo, no deja de ser una industria dependiente de un único ente. Sin movernos de Estados Unidos, el país metió mano en Intel a mediados del año pasado en un movimiento casi inédito para convertir la empresa en la gran fundición estadounidense.

Con TSMC ampliando su red en casa, lo van a tener complicado pese a contar con la mejor tecnología disponible.

Imágenes | NVIDIA, TSMC, Intel

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Dos científicas se subirán a un vuelo suborbital en 2027 para hacer el primer estudio real de la menstruación en microgravedad

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Si todo va bien, en 2027 Virgin Galactic lanzará Operation Period-01, una misión suborbital dirigida a estudiar algo que no se ha hecho jamás: los efectos de la microgravedad sobre la menstruación. La primera mujer que viajó al espacio fue Valentina Tereshkova. Lo hizo en 1963. Desde entonces, alrededor de 100 mujeres han viajado más allá de la Tierra. Sin embargo, en todo este tiempo no se ha estudiado cómo influye la microgravedad sobre algo que le pasa a la inmensa mayoría de mujeres adultas unos días al mes durante varias décadas de su vida. Por lo que sea. 

Ahora, dos ingenieras y astronautas en formación quieren ponerle solución al problema y tanto el laboratorio Redshift como Virgin Galactic han puesto a su disposición los medios para estudiar la menstruación en el espacio, concretamente en un vuelo suborbital. 

Un estudio para cerrar una brecha que nunca debió abrirse. Desde que comenzaron los viajes espaciales, se ha estudiado cómo afecta la microgravedad a la densidad ósea, la atrofia muscular, el sueño, la función cardiovascular o la salud mental, entre otras cuestiones. Ni rastro de algo que afecta al 50% de la población. Por eso, las dos científicas que dirigen este proyecto, Manju Bangalore y Priya Abiram, consideran que hay una brecha en lo referente al estudio de la salud de los astronautas, que se debe cerrar.

Lo que se sabe. En realidad, ya ha habido mujeres que han menstruado en el espacio sin que les suponga dificultades operativas. Es decir, más allá de la generación de residuos, no han tenido el más mínimo problema para desarrollar sus funciones dentro de la misión. Por lo tanto, sabemos que, en principio, los síntomas de la menstruación no empeoran en el espacio. No obstante, como bien recuerdan estas científicas, todo lo que se sabe se debe a registros históricos, no a la realización de investigaciones bien diseñadas. Dado que ha habido pocos casos de mujeres que han menstruado en el espacio, no hay información suficiente para obtener conclusiones sólidas.

Es bien sabido que la microgravedad afecta a la dinámica de fluidos. Esta tiene mucho que ver con la menstruación. Por eso, es lógico que deba estudiarse más a fondo. De momento, Bangalore y Abiram lo han hecho en su laboratorio, como parte de los estudios realizados por la organización Operation Period. Hasta el año que viene no podrán hacerlo en un entorno de microgravedad real.

La historia nos enseña que es necesario. En 1982, Sally Ride se convirtió en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio. La segunda del mundo en hacerlo, después de Tereshkova. Según ella misma ha contado, cuando se estaban preparando los suministros para la nave, se le preguntó si le bastaría con 100 tampones. 100 tampones para una misión que duraría una semana. Con esto queda claro que las personas encargadas de preparar dichos suministros no tienen mucha idea sobre menstruación. Aunque también le ofrecieron un kit de maquillaje que ella rechazó. Parece que no tenían ni idea de muchas cosas.

Por otro lado, se sabe que en los años 70 había médicos que temían que las mujeres viajaran al espacio, por miedo a los efectos de la microgravedad sobre la menstruación. Pensaban que los restos del endometrio podrían desplazarse hacia el abdomen y causar algo similar a la endometriosis. Hoy en día sabemos que, en principio, esto no ocurre, porque no le ha pasado a ninguna de las mujeres que han menstruado durante sus misiones. No obstante, a pesar de su “preocupación”, a ningún médico ni científico se le ocurrió realizar estudios sobre el desarrollo de la menstruación en el espacio.

Sally Ride
Sally Ride

A Sally Ride le ofrecieron llevar 100 tampones para una semana

La mayoría prefieren no tener la menstruación en el espacio. Hay mujeres astronautas que han hablado abiertamente sobre su gestión de la menstruación en el espacio. Es el caso de la italiana Samantha Cristoforetti, quien en 2022 hizo declaraciones sobre su caso personal y el de algunas compañeras. Explicó que cuentan con un gran arsenal de compresas y tampones y que el manejo de la menstruación en el espacio es similar al que se hace en la Tierra. Sin embargo, los sistemas que procesan y reciclan la orina no son tan buenos con la sangre menstrual. Se necesitan filtros extra y puede ser tedioso. Por todo esto, muchas astronautas optan por suprimir su periodo mediante el consumo de anticonceptivos.

La libertad de decidir. Con su estudio, las responsables de Operation Period-01 esperan que las astronautas del futuro puedan tomar decisiones más informadas sobre la gestión de la menstruación en el espacio. Si finalmente quieren tomar anticonceptivos, no hay problema. Lo malo es que, hoy en día, al no haberse estudiado a fondo cómo afecta la microgravedad a la menstruación, prefieren evitarlo directamente. Si ya se han encontrado filtros adecuados para los sistemas de reciclaje de orina, ese no debería ser un problema. 

Aplicaciones aquí en la Tierra. Estas científicas consideran que, al estudiar la menstruación en condiciones extremas, se podría entender mucho mejor su desarrollo y aplicar esos conocimientos aquí en la Tierra. Por ejemplo, sería útil en el estudio de la medicina reproductiva, así como de las enfermedades infra diagnosticadas que afectan a la salud menstrual, incluida la endometriosis y el SOP al que, por cierto, recientemente se le ha propuesto un nuevo nombre.

Batiendo récords. Manju Bangalore y Priya Abiram llevarán a cabo unos experimentos que nunca se han realizado en el espacio. No es el espacio exterior, pero sí un vuelo suborbital con microgravedad real. Dicho esto, cabe destacar que eso no es lo único en lo que esperan superar barreras; pues, si todo va según lo previsto, se convertirían en dos de las mujeres del sur asiático más jóvenes en viajar al espacio. Está claro que son dos mujeres que quieren romper moldes. Es una gran noticia que haya científicas como ellas. 

Imagen | Magnific/NASA

En Xataka | El dolor de regla en la adolescencia no es “normal”: un estudio masivo lo vincula con un mayor riesgo de dolor crónico en el adulto

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un nuevo estudio desvela su papel crucial en la consolidación de la memoria

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La siesta es una cita que muchas personas tienen durante el horario de tarde y que cuesta mucho dejar de lado. Durante décadas, esta práctica ha oscilado entre ser un rasgo cultural puramente mediterráneo y un “hack” de productividad repetido hasta la saciedad. Sin embargo, tomarse un pequeño descanso durante el día no es un lujo para algunos, sino que es un mecanismo de mantenimiento cerebral de primer nivel. 

Lo han estudiado. Para comprobar exactamente por qué es tan beneficiosa la siesta, un estudio optó por investigar los efectos que tiene en el cerebro. Su objetivo no era otro que comprobar si un periodo corto de sueño podía desencadenar los mismos procesos de ‘limpieza cerebral’ que ocurren durante el sueño. Y la respuesta es un rotundo sí. 

La “saturación” neuronal. Para entender el impacto del estudio, primero hay que comprender la hipótesis de la homeostasis sináptica. Esta nos dice que desde que despertamos, nuestro cerebro procesa información sin parar y cada estímulo y cada dato nuevo fortalecen las conexiones entre nuestras neuronas. Un ejemplo clásico puede estar en un estudiante que está intentando aprender un temario de oposición. 

El problema es que este aumento continuo de la fuerza sináptica consume muchísima energía y ocupa espacio físico y metabólico. Lo verdaderamente importante aquí es que llega un punto en el día en que el cerebro está “saturado” puesto que la excitabilidad cortical es tan alta que la capacidad de consolidar nueva información cae en picado. Es aquí cuando literalmente el sistema nos pide un “reseteo” para poder seguir procesando la información a la que lo estamos exponiendo. 

Cómo lo han visto. En el experimento participaron 20 adultos jóvenes y, en lugar de basarse en encuestas subjetivas sobre “cómo de descansados se sentían”, el equipo recurrió a mediciones físicas directas. Utilizaron Estimulación Magnética Transcraneal para medir la excitabilidad corticoespinal y electroencefalogramas para monitorizar la actividad cerebral. 

Una vez se tuvo el método, se optó por evaluar a los pacientes primero entre las 13:15 y las 14:15, tras pasar un buen rato despiertos, y después tras dormir una siesta de 45 minutos. 

Lo resultados. Vieron claramente con estos análisis que el cerebro hizo una limpieza de sus neuronas y las conexiones irrelevantes se debilitaron, bajando el “ruido de fondo” y devolviendo el sistema a un estado óptimo para volver a crear nuevas conexiones. 

Pero además, al liberar esta carga, las neuronas recuperaron una altísima capacidad para inducir Potenciación a Largo Plazo. Es decir, el cerebro volvió a estar en condiciones óptimas para crear una memoria duradera. 

La regla de los 20 minutos. Un mantra que se puede escuchar es que la siesta óptima debe tener una duración de veinte minutos para poder recuperar el estado de alerta rápidamente. Sin embargo, este estudio indica que, para lograr una verdadera recalibración arquitectónica de la plasticidad en la corteza cerebral, adentrarse en un ciclo de unos 45 minutos permite que los mecanismos de consolidación de memoria actúen a fondo.

De esta manera, tomarse un descanso durante el día no es para nada algo de ‘vagos’ sino que es un sistema de recalibración cerebral que nos permitirá aumentar nuestra productividad a la hora de trabajar o de estudiar. 

En Xataka | En España hemos glorificado la larga siesta. En los estudios científicos tienen otra opinión al respecto

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En 2021, Cataluña consiguió librarse de los peajes de la AP-7. Cinco años después tiene una idea: recuperarlos

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El seis de octubre de 1998, 16 ayuntamientos, cuatro consejos comarcales, las dos asociaciones municipalistas de Catalunya, tres cámaras de comercio y otras entidades de diferentes ámbitos formaron un frente común para reducir y racionalizar los peajes, con el objetivo final de equiparar la situación de Catalunya –con muchas vías de pago– con la del resto de España (…). En un manifiesto de 10 puntos llamado Declaración de Gelida, los firmantes constituían un frente antipeajes y se oponían al último acuerdo aprobado entonces por el Ministerio de Fomento español, la Generalitat y la concesionaria Acesa, que veía alargadas las concesiones de explotación hasta el 2021. A cambio, la concesionaria bajaba el importe de los peaje. 

Así encabezaba El Periódico su artículo AP-7: historia de un negocio y una reivindicación en 2019. En él se repasaban los, por entonces, 20 años que diversos ayuntamientos y asociaciones venían reclamando que la AP-7 levantara sus barreras. Y es que los conductores venían pagando por el uso de esa autopista desde su apertura por tramos entre los años 70 y la primera mitad de la década de los 80. 

La situación se volvió todavía más tensa cuando, como leemos arriba, la concesión se amplió hasta 2021. Fue entonces cuando se multiplicaron las imágenes de conductores que se negaban a pagar en el paso por la AP-7

En 2021 la cosa cambió. La concesión terminó, no se prorrogó y las barreras se levantaron. Desde aquel momento, los coches ya no se detenían en las cabinas de peaje. Pero eso tuvo sus consecuencias. Unas consecuencias que, de nuevo, traen la sombra del peaje. 

Demasiado tráfico

Y es que la gratuidad de la carretera trajo consigo un aumento inmediato en el volumen de coches que transitaban por ella. Sólo en su primer año libre de peajes, el volumen de coches creció en un 40% y el de camiones en un 80%, señalaban en El País

Con Barcelona como uno de los pasos clave en la entrada y salida de vehículos y el paso por la frontera francesa, la carretera ha sido tomada por los camiones. El tráfico es ahora más lento y peligroso. De hecho, ese primer año la carretera concentró el 20% de los accidentes registrados en toda la comunidad autónoma. 

Desde entonces, los organismos buscan soluciones. El último en dejar su propuesta ha sido Manel Nadal, secretario de Movilidad e Infraestructuras, en Cadena Ser donde ha asegurado que si las entidades públicas se ponen de acuerdo, podrían tener de nuevo peajes en esta carretera “en dos o tres años”. 

En su declaración, incluso, Nadal señala que no sólo la AP-7 volvería a poner barreras al paso de los conductores. La propuesta es aplicarlo al resto de vías de alta capacidad para diversificar el tráfico y que no se produzca un efecto embudo como ha sucedido con la gratuidad de esta carretera, convertida ahora en la vía favorita de las empresas de transportes que tienen un paso gratuito hasta Francia. 

En el medio rescatan las palabras de Salvador Illa, presidente de Cataluña, quien ya ha señalado que “quizá nos equivocamos cuando todos pedíamos que desaparecieran”. Descartan, según Nadal, una posible Euroviñeta al estilo suizo (el conductor paga una tarifa plana al año por conducir por las carreteras de peaje) porque aseguran que Europa no lo aceptaría a partir de 2032. 

Y es que Europa lleva mucho tiempo presionando a España para que convierta sus carreteras gratuitas en vías de peaje. De momento, los Gobiernos han hecho oídos sordos porque el coste de implementar la medida es altísimo pero llevamos ya más de una década con esta posibilidad flotando sobre nuestras carreteras. 

Mientras tanto, las autoridades encargadas de controlar el tráfico parecen estar haciendo lo que buenamente pueden. En algunos tramos los límites de velocidad se han reducido drásticamente y en el Servei Català de Trànsit (SCT) llevan tiempo trabajando para implementar límites de velocidad dinámicos que reducen o aumentan la velocidad en función del volumen de coches y camiones que pasan en cada momento. 

Foto | Pere López Brosa y Wikimedia

En Xataka | El País Vasco sumará el segundo peaje sin ventanillas de España: te registras o pagarás la multa en la AP-68

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