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el increíble secretismo con el que se fabricó el primer iPhone

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¿Cómo fue trabajar en el iPhone original? La pregunta seguramente haya rondado la cabeza de todo apasionado a la tecnología: hablamos al fin y al cabo de uno de los mayores avances en el consumo tecnológico del siglo XXI. Y es una que tiene respuesta. La dio Terry Lambert, ingeniero de Apple, hace algunos años en Quora. 

Lambert formó parte de ‘Project Purple’, un proyecto ultrasecreto en el que solo era posible trabajar si uno aceptaba no solo jornadas interminables, sino también un ambiente en el que el secretismo era absoluto. Tanto era así queLambert, tuvo que firmar un acuerdo de confidencialidad (NDA) no ya para garantizar que no iba a contar nada de ese proyecto: lo firmó para poder conocer el nombre del proyecto clave. 

Ese era solo la primera de medidas de seguridad obsesivas que lograron proteger aquel secreto hasta el final.

Lambert fue responsable cerca del 6% (en número de líneas) del código del núcleo (o kernel) de OS X según sus cálculos, lo que suponían unas 100.000 líneas de código al año, y como él mismo indicaba, ese mismo núcleo también se utiliza en iOS. Lo primero que narraba es que cuando le ofrecieron trabajar en aquel proyecto le llevaron a una zona de la sede en la que todo el mundo vestía de negro: eso ya de por sí era señal inequívoca de que se estaba trabajando en algo ultrasecreto.

Trabajar a ciegas, casi literalmente

De hecho, Lambert bromeaba indicando que si uno quería crear un disfraz de Halloween simpático en Apple, bastaba con ponerse una sábana negra, recortar un par de agujeros para los ojos e ir de “proyecto secreto“. Durante aquel proyecto jamás vio el iPhone para el que estaba programando y depurando código:

“Solo pude ver la máquina que hacía la depuración de fallos remota, no el dispositivo real, pero obviamente era un sistema basado en arquitectura ARM”.

iphone
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Tras firmar el NDA que le permitía conocer el nombre en clave del proyecto —y del que por supuesto no podía comentar nada con nadie, incluida su familia— acabaría trabajando en algo que ni siquiera estaba seguro de qué era, sobre todo porque Apple mantenía grupos totalmente independientes en los que se trabajaba en pequeños objetivos que no permitían saber en qué se trabajaba en conjunto.

Otra de las cosas que hace Apple es dar nombres en clave distintos para distintos grupos. O lo que es lo mismo: podías estar trabajando en el mismo proyecto que otra persona o grupo sin saberlo. Ni debatirlo o comentarlo.

Otro ingeniero llamado Jerry Wang que también contestaba a esa pregunta en Quora indicaba cómo efectivamente él, que también trabajó en la documentación de aquel dispositivo y el trabajo con las operadoras que lanzaron el iPhone en Estados Unidos, no conoció el proyecto como ‘Project Purple’, sino como ‘M68’.

Desde ese momento tenía acceso a un “laboratorio secreto” que estaba dentro del laboratorio principal. Solo unos pocos elegidos tenían acceso a ese laboratorio secreto, pero “nunca llegabas a ver el diseño del producto, porque cuando estás haciendo ese trabajo inicial, todo son prototipos de plexiglas”. Un detalle curioso: Lambert confesaba cómo los cables utilizados para “hablar” con esas unidades de preproducción eran, efectivamente, púrpuras.

En Xataka | En 2007, Steve Jobs salió al escenario con un iPhone que apenas funcionaba: lo salvó un guion que no admitía ni un desvío

Imagen | Xataka

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En 2019 descubrimos unos hongos que metabolizan el oro. Ya hay quien quiere convertirlos en la clave de la minería espacial

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La historia empieza hace más de cinco años en Boddington, al sur de la ciudad australiana de Perth. Allí, entre animales asesinos y minas de oro, un equipo de investigadores del CSIRO australiano descubrió algo verdaderamente raro: que ciertas cepas del hongo Fusarium oxysporum no solo podían extraer oro de sus alrededores e integrarlo en su estructura, sino que al hacerlo conseguían propagarse más rápido que el resto.

Parecía un curiosidad sin más, pero en los últimos años la situación ha empezado a cambiar.

Pero, un momento, ¿por qué es algo tan “raro”? Buena pregunta. Al fin y al cabo, sabemos de buena tinta que los hongos “desempeñan un papel esencial en la degradación y el reciclaje de todo tipo de material orgánico (como hojas o cortezas), pero también en el ciclo de ciertos metales como el aluminio, el hierro, el manganeso y el calcio”. ¿Por qué iba a ser distinto con el oro?

Porque, como explicaba Tsing Bohu, investigador a cargo del proyecto, “el oro es tan inactivo (químicamente hablando) que este tipo de interacciones es inusual y sorprendente, tenía que verlo para creerlo”. Y lo vio.

De hecho, lo publicó en Nature Communications. Era la primera evidencia sólida de que los hongos podían tener un papel relevante en el ciclo del oro en la corteza terrestre.

El “champiñón” de los huevos de oro. Rápidamente la industria minera puso los ojos sobre la investigación. Sobre todo allí mismo, en Australia. La isla continente es el tercer mayor productor de oro del mundo, pero el consenso entre los analistas era que sin nuevos yacimientos la producción iba a caer (y mucho) en poco tiempo. La consecuencia directa es que esto ha hecho rentables yacimientos marginales.

En un principio, la industria pensó que la investigación del CSIRO podía servir para localizar esos nuevos depósitos. Como explicábamos hace años, en Australia es relativamente común hacer prospecciones en bosques de la familia de los aucaliptos o cerca de zonas termiteras porque tienen una estrecha relación con el metal precioso. ¿Por qué no analizar la tierra en busca de esas cepas de Fusarium oxysporum?

Pero hay una posibilidad más. Como le explicaba Eduardo Bazo a Eugenio Fernández en una entrevista muy interesante, en los últimos años han aparecido empresas que trabajan en lo que podríamos llamar “minería metabólica“. Es decir, en usar organismos para extraer el oro.

“¿Y para qué quieren eso?”, os podríais preguntar. “¿No es más fácil identificar dónde está el oro y extraerlo con métodos industriales?”. Sí, aquí en la Tierra, sí. Pero estas empresas tienen la mirada puesta un poquito más allá: en la minería espacial.

Durante años hemos hablado de la existencia de enormes depósitos de minerales en el Sistema Solar y, durante casi los mismos, hemos fantaseado con poder explotarlas. El problema es que, más allá de las limitaciones tecnológicas actuales, a la peligrosidad de la minería normal, se le suma el hecho de que hablamos de procesar metal en el espacio.

¿Pero y si usamos ‘minería metabólica’? La idea de enviar cepas modificadas de estos hongos (o de otro tipo de microorganismos) que procesaran el mineral por nosotros, todo se volvería más sencillo. No sé si más viable, pero sí más sencillo.

Es mucho menos raro de lo que parece (este tipo de enfoques lo usamos para innumerables productos que usamos habitualmente), sin embargo llevarlo al mundo de la minería parece un poco más complejo por pura eficiencia. No  obstante, eso es ‘ahora’. Porque ya hay experimentos en este sentido generando platinio en condiciones de microgravedad y el cobre ‘metabólico’ está moviendo muchísimo dinero.

Es más, mientras escribo (y mientras la era de los materiales baratos se acaba) varios grupos de investigación están cultivando todo tipo de microorganismos con la idea de poder cultivar oro más pronto que tarde. Lo están consiguiendo.

Imagen | Dominik Vanyi | Jaap Straydo

En Xataka | La próxima persona más rica del mundo vendrá del espacio: el millonario futuro de la minería espacial

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un estudio demuestra por qué es una trampa

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Una escena habitual de cualquier verano es ver cómo la gente llega a la playa, clava la sombrilla en la arena, extiende su toalla o pone su silla debajo de la sombra y respira aliviado porque piensa que así no se quemará. El problema llega cuando se llega a casa y, tras la ducha, se ve claramente cómo la piel está quemada. 

El culpable. Esta situación, que es más común de la que pensamos, no es culpa del material del que esté hecha la sombrilla o incluso del factor de protección que le asignan a estos productos, sino que el problema está en la propia arena y al efecto rebote que tienen los rayos del Sol. 

El experimento. Para entender qué ocurre aquí, nos tenemos que ir a un gran estudio publicado en 2017, donde los investigadores llevaron a 81 participantes con piel sensible al sol a una soleada playa de Texas. En este ambiente los dejaron 3 horas y media en pleno mediodía, pero con la diferencia de que un grupo de ellos solo utilizó una sombrilla de playa estándar como protección y otro grupo solo utilizó protector solar con un factor FPS 100 sin buscar la sombra. 

Los resultados fueron demoledores, puesto que el 78% de los participantes que estaban bajo la sombrilla desarrollaron quemaduras solares, frente a un 25% en el grupo que usó la crema. Aunque si miramos el número total de lesiones, la diferencia es aún más abrumadora, ya que se registraron 142 incidencias de quemadura bajo la sombrilla, frente a solo 17 en el grupo del protector solar.

¿Cómo es posible? Para muchas personas no tiene ninguna lógica el hecho de quemarse la piel si están bajo una sombra de manera constante, pero la respuesta a esto está en el albedo, que es una métrica que define el porcentaje de radiación que refleja una superficie concreta. Y es que la luz ultravioleta no solo ‘cae’ del cielo en línea recta incidiendo sobre nosotros, sino que también rebota en el suelo e impacta desde cualquier dirección. 

Por ejemplo, sabemos que la arena de la playa refleja entre el 15% y el 20% de la radiación UV que recibe, una cifra que es mucho mayor a la que refleja el asfalto, que se queda rondando el 2%. Aunque todas estas quedan en la ‘nada’ si lo comparamos con la nieve, que sin duda es casi como un espejo, puesto que refleja un espectacular 85% de los rayos ultravioleta. 

Hay que combinarlo. Con todos estos datos no debemos caer en el pensamiento de que la sombrilla es completamente inútil, pero sí que debemos concienciarnos de la importancia de usar crema solar nada más salir de casa para evitar que esta radiación afecte a nuestra piel. Y lógicamente, también combinarlo con la sombrilla en la playa para lograr tener estos dos sistemas de protección. 

No es solo la playa. Cada vez es más común ver por la calle a personas que están con su sombrilla paseando, pero aquí tampoco se está exento de sufrir alguna quemadura porque, como hemos visto, hasta el asfalto puede reflejar la radiación ultravioleta. Es por ello que la crema solar no es únicamente un elemento que se deba usar cuando vamos a la playa o la piscina, sino que en cualquier situación donde el índice UV esté elevado. 

Imágenes | Engin Akyurt 

En Xataka | Italia lleva años privatizando sus playas. Ahora ha dado un paso más: prohibir llevarte el bocadillo de casa

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Anya Taylor-Joy es una estafadora con suerte en uno de los estrenos más intrigantes de esta semana, ya en streaming

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Apple TV+ estrena hoy los dos primeros episodios de ‘Lucky‘, serie con unas cuantas estrellas en el reparto y que parte de una fórmula que la plataforma ya conoce bien: convertir una novela superventas en un éxito en streaming. En este caso adapta el libro homónimo de Marissa Stapley, publicado en 2021 y que se viralizó unos meses después, cuando fue elegido como recomendación del club de lectura de Reese Witherspoon. Desde ahí, el libro coronó las listas de ventas durante meses.

La trama, sin embargo, se aleja parcialmente del punto de partida original. En la novela, Lucky Armstrong es una estafadora que gana la lotería con un billete comprado al azar y no puede cobrarlo sin delatarse. La serie cambia el mecanismo: un atraco millonario sale mal, hace que su marido desaparezca y se ve perseguida tanto por el FBI como por un jefe de la mafia.  Sin embargo, el resultado quiere conservar el espíritu del personaje original.

Al frente del reparto, Anya Taylor-Joy regresa a la televisión por primera vez desde la memorable ‘Gambito de dama’ de Netflix. La acompañan Annette Bening como su suegra y jefa criminal, y el siempre digno de celebración Timothy Olyphant. La mencionada Reese Witherspoon, después de descubrir la novela, sigue vinculada a la historia produciéndola (no es la primera vez que lo hace, suyos fueron éxitos como ‘Perdida’ y ‘Big Little lies’), y Taylor-Joy también hace funcioners de productora ejecutiva a través de su propia compañía, Ladykiller.

En esta ocasión, ‘Lucky’ parece seguir los pasos de ‘Presunto inocente’, que partía de un best seller de Scott Turow y también contaba con un reparto de campanillas encabezado por Jake Gyllenhaal. De nuevo nos encontramos aquí con estupendos actores, un gusto por el thriller intenso (aquí aderezado con explosivas secuencias de acción) y un acabado visual, como siempre en Apple TV+, que pone a la plataforma varios pasos por delante de sus competidoras. No se hablará demasiado de ‘Lucky’, pero sin duda se convertirá en una de las propuestas a seguir de este verano.

En Xataka | 11 años después de su final, llega a ‘streaming’ y completamente gratis esta obra maestra del suspense británico

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