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Arrestan a Jeremy O. Harris, creador de “Slave Play” y actor de “Emily en París”, por contrabando de éxtasis en Japón
AP.- El destacado dramaturgo y actor estadounidense Jeremy O. Harris, conocido por su obra “Slave Play“, nominada al Tony, fue arrestado en Japón por supuesto contrabando de éxtasis, informaron las autoridades el sábado.
También ha participado en la popular serie estadounidense-francesa “Emily en París“, la cual está por estrenar su quinta temporada el próximo 18 de diciembre.
Agentes en el Aeropuerto de Naha, en Okinawa, una isla del sur del país, arrestaron a Harris el 16 de noviembre por una presunta infracción de la ley de aduanas al tener 0.78 gramos de la droga cristalizada, también conocida como MDMA, en un recipiente dentro de una bolsa que llevaba, dijo el portavoz de la Aduana Regional de Okinawa, Tatsunori Fukuda.
Harris, de 36 años de edad, había salido del Aeropuerto de Heathrow, en Londres, dos días antes, y pasó por el Aeropuerto Internacional de Taoyuan, en Taiwán, antes de llegar a Naha para hacer turismo, agregó Fukuda.
Okinawa es un popular destino turístico que tiene un clima suave durante todo el año.
Según Fukuda, el actor de “Emily en París” fue arrestado en el lugar y quedó bajo la custodia de la policía de Tomishiro, que presentó una denuncia penal ante la Fiscalía del distrito de Naha el jueves para que se realice una investigación que podría derivar en una acusación.
Las autoridades japonesas no encontraron otras drogas en su equipaje y creen que el MDMA era para uso personal.
La investigación sigue abierta, indicó Fukuda, quien agregó que no se podía revelar si Harris había hecho algún comentario sobre el caso.
Los representantes de Harris no realizaron comentarios.
Los procedimientos penales japoneses permiten a los investigadores retener a un sospechoso hasta 23 días antes de presentar cargos, y la detención preventiva puede prolongarse si el acusado ejerce su derecho a guardar silencio o niega los cargos, una práctica ampliamente tachada de “justicia de rehenes”.
En Japón, las condenas por contrabando de drogas pueden acarrear penas de prisión de varios años.
Harris irrumpió en la escena artística con “Slave Play”, obra que escribió mientras estudiaba un posgrado en la Escuela de Arte Dramático de Yale.
Se estrenó fuera del circuito de Broadway en 2018 y provocó una polémica e incluso una petición para cerrar la producción por su provocadora mezcla de tabúes raciales, de clase y sexuales. Pasó a los escenarios de Broadway al año siguiente y fue nominada al Tony como la mejor obra, aunque no ganó el premio.
Además de pequeños papeles como actor, apareció interpretándose a sí mismo en la nueva versión de “Gossip Girl” y fue coproductor en varios episodios de la exitosa serie de HBO “Euphoria.”
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Fallece Nicholas Brendon, actor de “Buffy the Vampire Slayer” y “Criminal Minds”
EFE.- El actor estadounidense Nicholas Brendon, conocido por interpretar a Xander Harris en la popular serie “Buffy cazavampiros” (“Buffy the Vampire Slayer”), ha fallecido a los 54 años, según informó el medio Variety.
Brendon murió mientras dormía por causas naturales el pasado viernes, según un comunicado difundido por su familia.
“Era apasionado, sensible y tenía un impulso inagotable por crear. Quienes realmente lo conocían entendían que su arte era una de las expresiones más puras de quién era”, señalaron sus familiares.
La mayoría del público lo conocía por los personajes que interpretó a lo largo de su carrera, pero en los últimos años “encontró su pasión en la pintura y el arte” y le encantaba “compartir su talento con su familia, amigos y seguidores”, añade el comunicado.
El actor tuvo problemas relacionados con el abuso de sustancias y la salud mental, y fue arrestado en varias ocasiones por delitos como vandalismo, resistencia a la autoridad y agresión, según Hollywood Reporter.
“Aunque no es ningún secreto que Nicholas tuvo dificultades en el pasado, estaba siguiendo medicación y tratamiento para gestionar su diagnóstico y se mostraba optimista sobre el futuro en el momento de su fallecimiento”, añaden.
El intérprete alcanzó la fama internacional por su participación en las siete temporadas de “Buffy the Vampire Slayer”, donde dio vida a Xander Harris, el mejor amigo de la protagonista.
También participó en otras producciones televisivas como “Criminal Minds”, en la que interpretó a Kevin Lynch.
En los últimos años había centrado parte de su actividad en el arte, especialmente en la pintura, una faceta que, según su familia, reflejaba su personalidad “apasionada, sensible y creativa”.
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Las huertas permitían a los hogares gallegos ahorrarse cientos de euros en la compra. Ahora están desapareciendo
Dice el refranero que ‘quien tiene un amigo, tiene un tesoro’. En la España de 2026, la del precio de la vivienda disparado, la inflación acumulada de dos dígitos y la pérdida de poder adquisitivo, la realidad es bastante más mundana: quienes realmente tienen un ‘tesoro’ son las familias con acceso a una huerta, un corral, frutales o un pequeño establo con ovejas y vacas, herramientas de autoconsumo que ayudan a ahorrar y aligerar el gasto en la cesta de la compra.
Curiosamente, al menos en Galicia cada vez menos gente cuida de sus propias hortalizas o ganado. Y eso que permiten ahorrar más de 100 euros al mes.
¿Qué ha pasado? Que la huerta pierde peso en Galicia. Y de una forma acelerada e indiscutible. Así lo revelaba el lunes Faro de Vigo, que tras peinador los datos publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE) ha llegado a la conclusión de que en la región cada vez menos familias recurren al autocultivo, frutales o pequeñas granjas para aliviar su economía. No es solo que su número haya bajado en las últimas década, es que está ya en mínimos históricos.
Si en 2007 el 45,1% de los hogares de la comunidad ahorraban gracias a las patatas, tomates, lechugas, zanahorias… cosechadas en sus huertas, en 2024 ese porcentaje marcaba ya un exiguo 25,1%, el nivel más bajo de la serie histórica.
¿Qué dicen las cifras? Que si paseas por Galicia cada vez te resultará más difícil ver a gente trabajando en pequeñas huertas o cuidando de animales. Las estadísticas del IGE no hablan de grandes explotaciones agrícolas o granjas con enfoque empresarial, sino de ahorro familiar, por lo que se centran en una parte muy concreta del mapa agrario gallego. Con todo, su lectura es rotunda.
Si en 2007 había 452.200 familias que veían aligerada su economía gracias al cultivo de sus propias hortalizas, a cierre de 2024 eran ya 278.500. Entremedias, años de retroceso casi ininterrumpido. Hay pequeños vaivenes, pero se explican en gran medida por el contexto. Por ejemplo, entre 2019 y 2020, coincidiendo con la pandemia, el número de hogares con huertos creció ligeramente.
El IGE también refleja que la tendencia no es igual de clara en toda la región. Aunque la huerta pierde peso en la comunidad, aguanta mejor en las provincias del interior. Su retroceso es mucho más acentuado en A Coruña y Pontevedra.
¿Ocurre solo con las huertas? No. El IGE también investigó cómo ha evolucionado el ahorro gracias a otras forma de autoconsumo, como el uso de frutales, la elaboración de vino o queso casero, el cuidado de ganado para obtener carne, leche o huevos, la pesca… Y la ‘foto’ es prácticamente la misma siempre.
Por ejemplo, en 2007 había 372.000 hogares ahorrando gracias a sus propias gallinas, pollos y huevos. En 2020 eran ya 298.300 y a comienzos de 2025 apenas pasaban de 202.600. El desplome no se debe solo a una pérdida de población. Su índice de incidencia también cayó: del 37,1% de 2007 a solo el 18,3% en 2024.
|
Ejercicio |
Hogares que ahorran en alimentación gracias a la huerta (nº) |
Hogares que ahorran en alimentación gracias a la huerta (%) |
|---|---|---|
|
2007 |
452.188 |
45,09% |
|
2011 |
444.843 |
42,00% |
|
2016 |
406.384 |
38,34% |
|
2021 |
384.283 |
35,81% |
|
2024 |
278.519 |
25,12% |
¿Y otras formas de autoconsumo? Lo mismo. Otro tanto pasa con los alimentos (y el ahorro) obtenidos gracias al cultivo de frutales, el ordeño de vacas, la elaboración de vino o licores caseros, la cría de ganado o la ‘matanza do porco’, que pese a su arraigo en el rural gallego también se ha desinflado.
Si en 2007 se practicaba en el 20,7% de los hogares, en 2020 se veía reducido ya a un 7,6% y en 2024 a menos del 5%. En la práctica, eso supone que la matanza ha pasado de suponer un ahorro para 207.300 hogares a serlo para 55.100.
¿Y por qué es importante? Más allá del mayor o menor interés que puede tener la pérdida de peso de las huertas, el fenómeno es curioso porque coincide con otro, señalado también por Faro: cuidar huertas o granjas sale a cuenta. Y mucho. Tras años de inflación y alzas que se han cebado con productos como los huevos, el autoconsumo se ha convertido en una forma de recortar el gasto en más de 100 euros al mes. En ciertos casos el ahorro puede llegar a 120.
De media, la huerta permite recortar la cesta de la compra en 30 euros, las granjas de pollos en otros 22, las explotaciones de carne de vacuno (o conejos) aligeran la cesta en casi 40 euros y los frutales domésticos en 18. La mayor fuente de ahorro la sigue representando la matanza del cerdo. Quienes la practican se ahorran 51 euros cada mes, ya que se libran de comprar carne de porcino.
Entonces, ¿por qué decae? La pregunta del millón. Tener una huerta, un corral o incluso una pequeña granja con vacas y ovejas quizás permita ahorrar dinero en la compra, pero requiere otros recursos preciados: tiempo y espacio. A eso se añade además el gasto que implica el cuidado de hortalizas y ganado.
En una Galicia que no es ajena a la crisis demográfica y cada vez está más envejecida, eso supone un desafío. La región tampoco se está librando del éxodo rural, lo que complica que las familias dispongan de espacios para huertas.
Imagen | MRC Témiscamingue (Unsplash)
Vía | Faro de Vigo
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Si la pregunta es cómo sobrevivir al tsunami de información en la era de la IA, la respuesta es simple: aprendiendo a no leer
Esta mañana he contado las pestañas abiertas en Dia, mi navegador. Veinticinco.
Había ahí un análisis de Counterpoint que abrí hace cinco días para leer “en cuanto pueda” pero que todavía no he tocado. Un hilo de X con muy buena pinta. Tres newsletters a medio scroll, esperándome como deberes a medio hacer. Y así unas cuantas cosas más.
Llevo quince años escribiendo sobre tecnología. Mi trabajo consiste literalmente en leer, filtrar y pensar sobre lo que leo. Y aun así, o precisamente por eso, cada vez me cuesta más distinguir cuándo estoy informándome de cuándo estoy simplemente moviendo los ojos.
Llevamos siglos tratando la lectura como una virtud en sí misma. “Lee más” siempre ha sido el consejo universal, la respuesta automática a casi cualquier carencia. Y tenía sentido cuando el problema era la escasez de fuentes. Pero el problema empezó a ser otro y nosotros seguimos igual, con el mismo reflejo.
El error es que le hemos transferido el respeto y la inercia moral que le teníamos a un buen libro a formatos que no lo merecen. Leemos un hilo interminable de X, un PDF de marketing o una newsletter inflada sintiendo que pasar los ojos por ese texto es un acto meritorio por defecto. Ya no lo es. O al menos, no siempre. Sé que esto va en mi contra.
La IA ha roto la ecuación de una forma que roza la comedia absurda. Hoy cualquiera genera un informe de diez páginas sobre cualquier tema en tres minutos. Cualquier creador infla una idea de un párrafo hasta llenar mil palabras sin añadir un solo dato nuevo, solo morralla. Y la gran paradoja es algo que ya vimos venir hace tiempo: nuestra mejor defensa es usar esa misma tecnología. Vivimos en un bucle donde una máquina alarga un texto para que parezca importante, y nosotros usamos otra máquina para que nos lo resuma en tres bullets y así ahorrarnos el trámite. Unos dan la chapa y otros la neutralizan.
La cantidad de texto disponible ha dejado de guardar relación con el conocimiento que contiene. Hay más palabras que nunca porque es más fácil que nunca generarlas, pero no está nada claro que haya más ideas. Lo que sí crece es la presión por consumirlas todas. Siento que, a menudo, ese miedo a quedarnos fuera nos parece curiosidad intelectual cuando lo que hay debajo es simple FOMO.
El analfabetismo funcional tradicional consistía en descifrar las letras pero no entender ni papa de lo que decían. El nuevo se parece más a lo contrario: entendemos perfectamente cada texto, pero hemos perdido la capacidad de decidir si merece ser leído.
No filtramos. No descartamos. No decimos “esto es una chorrada que no me aporta nada”. No lo suficiente. Y no lo hacemos porque descartar información es algo que seguimos sintiendo como una pérdida, como un acto de pereza que nos delata. Pero es justo lo contrario.
La capacidad de no-leer (identificar en tres segundos que algo no merece tus próximos diez minutos) es hoy un acto de inteligencia que aporta casi tanto como la propia lectura. Y para eso hace falta desarrollar tus propias red flags. En mi caso, si un texto promete una revelación pero el primer párrafo es pura paja introductoria, fuera. Si intuyo adjetivos grandilocuentes y estructuras robóticas de relleno, fuera. Si no hay un solo dato propio antes del primer scroll, al carrer. Ni menciono la estructura monolínea tan habitual en X y LinkedIn. Ahí, directamente catapulta.
Cuando llegó ChatGPT, muchos pensamos que el riesgo de la IA era que la gente dejase de leer. Puede que sea peor: que lea más que nunca sin pensar más que nunca. Que procese sin digerir. Que acumule información como quien acumula pestañas abiertas, con la vaga promesa de volver a ellas. Sabemos que no lo hará. Nunca volvemos.
Yo lo sé porque llevo toda la semana sin cerrar esas veinticinco pestañas y al final las cerraré todas a la vez, sin leerlas, con una mezcla de alivio y culpa. Pero he empezado a entender que cerrar pestañas de golpe tras haber seleccionado lo más interesante es una práctica de lo más saludable.
Al final, el nuevo analfabeto funcional se parece demasiado a mi navegador de esta mañana: saturado de pestañas, lleno de promesas de lectura y completamente incapaz de procesar una sola idea más.
Imagen destacada | Xataka
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