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así se calculan los días de descanso
El ámbito laboral esta reglado por una serie de leyes y normativas que ponen negro sobre blanco las bases de la relación laboral entre empresas y trabajadores. El Estatuto de los Trabajadores es el lugar que da respuesta a muchas de las preguntas que, en un momento u otro surgen a los trabajadores. Saber cuántos días de vacaciones te corresponden por ley es una de las más recurrentes.
El cálculo de los días de vacaciones varía de una empresa a otra dependiendo del sector, si existe un convenio colectivo que la regule, el tipo de jornada laboral e incluso la antigüedad en la empresa. Para salir de dudas, te contamos cuántos días de descanso laboral te corresponden por ley y cómo calcularlos.
Cuántas vacaciones corresponden por mes trabajado: qué dice la ley
El artículo 38 del Estatuto de los Trabajadores es el encargado de dibujar las líneas maestras para el derecho al descanso. En este artículo se establece el derecho a un periodo mínimo de 30 días naturales de vacaciones anuales retribuidas, no sustituible por compensación económica, salvo lo previsto en convenio o fin de la relación laboral.
Es decir, todos los trabajadores tienen derecho a descansar un mínimo de 30 días naturales incluidos en su salario. Esos días, bajo ningún supuesto, pueden ser compensados por una retribución adicional y solo pueden ser compensados por otros días de descanso en una fecha diferente.
Este es el mínimo legal por año natural de trabajo y cada año genera su propio derecho a vacaciones pagadas. El Estatuto de los Trabajadores establece que deben disfrutarse de forma pactada dentro del correspondiente periodo anual, salvo excepciones pactadas o justificadas.
Además de pactarse de forma conjunta entre empresa y empleados, los trabajadores tienen derecho a conocer las fechas de vacaciones que le correspondan, al menos, dos meses antes de la fecha de inicio del descanso. Así el empleado podrá planificar sus vacaciones.
Cómo se calculan los días de vacaciones
El Estatuto de los Trabajadores establece de forma clara que los trabajadores disponen de 30 días laborales al año. Pero, ¿cómo se calculan los días de vacaciones de te corresponden si solo llevas unos meses trabajando en esa empresa?
La regla práctica más utilizada para obtener la parte proporcional cuando no se ha trabajado el año completo es partir de los 30 días naturales y prorratearlos por meses trabajados. Que no cunda el pánico porque existen calculadoras para los días de vacaciones. En cualquier caso, su cálculo no es complicado.
Lo habitual en las empresas es utilizar el valor de los días naturales, por lo que basta con dividir el número de días naturales entre los doce meses del año y multiplicarlo por los meses trabajados. El resultado nos devuelve el número de días naturales de descanso laboral.
Por otro lado, si se especifican que son días laborales, el cálculo debe hacerse sustituyendo los 30 días que se indican en el Estatuto de los Trabajadores por 22 días laborales.
Diferencia entre días laborables y días naturales
La diferencia entre día laborable o día natural es importante para el cálculo y la elección de los días de vacaciones.
- Días naturales: se tienen en cuenta todos los días del calendario, incluyendo sábados, domingos y festivos. Es decir, al calcular los días de vacaciones se tienen en cuenta todos los días del periodo elegido. Eso hace que sea más favorable para el trabajador comenzar las vacaciones un lunes y finalizarlas un viernes, ya que de ese modo no se contabilizan como vacaciones ni el fin de semana previo ni el posterior.
- Días laborables: tal y como indica su nombre, son aquellos días en los que habitualmente trabajarías, siendo estos habitualmente de lunes a viernes, sin contar los fines de semana (sábado y domingo) ni festivos nacionales. Eso hace que sea irrelevante si el primer día de vacaciones es un lunes o un miércoles, ya que no se contarán los fines de semana o festivos que haya de por medio.
Además, a nivel jurídico, existe una sutil diferencia entre días laborables y días hábiles. En ambos casos se excluyen los domingos y festivos, pero en algunos casos, los sábados pueden considerarse laborables, pero no son considerados días hábiles.


¿Son 22 o 23 días laborables?
Tal y como hemos señalado, el Estatuto de los trabajadores solo marca un mínimo legal de 30 días naturales de descanso laboral, pero no especifica su equivalente en días laborables.
Si la empresa utiliza la métrica de días laborables en lugar de días naturales, el cálculo del número de días de vacaciones por mes también cambiará. La conversión más habitual es a 22 días laborables, es decir, días en los que habitualmente tendrías que trabajar. Pero no es una cifra universal para todas las empresas, sino un promedio que puede cambiar de una empresa a otra.
La negociación colectiva de algunos sectores industriales o de los convenios colectivos de cada empresa pueden recoger mejoras a esas condiciones incrementando el número de días de vacaciones e incrementar esos 22 días laborables a 23 días e incluso más.
Por lo tanto, será necesario consultar con la empresa o revisar el convenio colectivo que aplica para saber si se utiliza el baremo de los días naturales o laborables para el cálculo de los días de vacaciones.
Un ejemplo práctico
Nada mejor para entender cómo funciona el cálculo de los días de vacaciones que verlo con un ejemplo práctico. Imagina que has comenzado a trabajar en una empresa el 1 de marzo y quieres tomarte unos días de vacaciones la primera semana de septiembre. ¿Cuántos días de vacaciones te corresponderían?
En ese caso, y teniendo en cuenta la fórmula que te hemos indicado antes, los días naturales de vacaciones se calcularían de la siguiente forma:
- 30 (días naturales por ley) / 12 (meses)= 2,5 días de vacaciones por mes trabajado
- 2,5 días naturales de vacaciones generados por mes x 6 meses de trabajo= 15 días naturales de vacaciones
Si aplicamos la métrica de días laborables, y suponiendo que el convenio (o la empresa) establece que son 22 días laborables, tendríamos:
- 22 (días laborables) / 12 (meses) = 1,83 días laborables por mes trabajado
- 1,83 días laborables de vacaciones generados por mes x 6 meses de trabajo = 11 días laborables de vacaciones

Vacaciones en días naturales con fines de semana incluidos
Siguiendo con el ejemplo, a la hora de pedir las vacaciones y aprovechar al máximo los días de descanso, en el primer ejemplo en el que se utilizan días naturales, se elige desde el 5 de septiembre al 19 de septiembre. Eso incluye dos fines de semana, sumando un total de 15 de días naturales.
Se obtendría el mismo resultado eligiendo el día 8 de septiembre como primer día y el día 22 como último día de vacaciones. En ambos casos se consumen dos fines de semana. Sin embargo, si tu jornada laboral es de lunes a viernes, no tendrás que trabajar el fin de semana del 20 y el 21 de septiembre, por lo que se ganan dos días de descanso adicionales que no computan como vacaciones.

Vacaciones en días naturales. Los fines de semana quedan excluidos
En cambio, para el ejemplo en días laborables, los fines de semana y festivos salen de la ecuación, por lo que lo único que cuenta son los 11 días elegidos de lunes a viernes. Como puedes ver en el ejemplo gráfico, en ambos casos se obtiene el mismo número de días de descanso laboral, lo único que cambia es la forma de contarlos teniendo en cuenta o no los días festivos y fines de semana
¿Cuántas vacaciones me corresponden a media jornada?
El Estatuto de los Trabajadores no establece diferencias entre jornada completa o jornada parcial. Es decir, ambas generan el mismo número de días de descanso. Es decir, te corresponde ese mínimo de 30 días naturales de vacaciones que establece la normativa, independientemente del tipo de jornada que tengas.
Sin embargo, en lo que sí se establece diferencia es en la retribución de esos días de vacaciones, que será proporcional a las horas o al salario habitual del contrato, no como una jornada completa.
Los convenios colectivos
Los convenios colectivos son el marco en el que empresas (o sectores empresariales enteros) fijan acuerdos en los que se mejoran las condiciones mínimas que recoge el Estatuto de los Trabajadores.
Este marco de negociación prevalece sobre la normativa de mínimos, tal y como se reconoce en el artículo 38.2 del Estatuto, las vacaciones se “fijarán de común acuerdo entre el empresario y el trabajador, de conformidad con lo establecido en su caso en los convenios colectivos sobre planificación anual de las vacaciones”.
Es decir, aunque la normativa general diga que a cada trabajador le corresponden 30 días naturales, si el convenio colectivo dice una cifra superior o se indica una determinada cantidad en días laborables, lo que prevalece es lo que se pactó en ese acuerdo por encima de los mínimos establecidos en la ley. Por ese motivo, es tan importante conocer el contenido del convenio colectivo por el que se rige tu empresa.
También hay convenios que detallan si parte de las vacaciones se remunera por adelantado en “bolsas de días” o días complementarios a modo de bonificación y la normativa en materia de desconexión digital entre la empresa y los trabajadores que se encuentran de vacaciones o fuera de su horario laboral.
Compensación de vacaciones
Tal y como ya hemos comentado, la ley es muy clara con respecto a la bonificación de las vacaciones. La regla general es que las vacaciones no son sustituibles por una compensación económica mientras la relación laboral continúa, por lo que deben disfrutarse en algún momento del año.
Esta norma se aplica incluso a aquellos días de vacaciones no disfrutadas por causas de baja médica o porque debían haberse disfrutado durante un permiso maternidad o paternidad.
En ese caso, la normativa y la jurisprudencia permiten aplazar esas vacaciones siempre que no se excedan los 18 meses posteriores al año natural en el que se generan esas vacaciones. Mientras los trabajadores se encuentran en situación de baja médica o permisos administrativo no se encuentran en situación activa, lo cual impide que los empleados disfruten de forma efectiva de sus descansos.
El único supuesto en el que una empresa debe compensar económicamente las vacaciones no disfrutadas es cuando la relación laboral termina y se calcula el finiquito, incluyendo en él el abono de las vacaciones generadas y no disfrutadas.
Del mismo modo, y tal como se indica en la Guía Laboral del Ministerio de Trabajo y Economía social, cuando las vacaciones legales mínimas no pudieran disfrutarse, porque el período de actividad en la empresa no coincidiera con el disfrute de las vacaciones, los trabajadores percibirán junto a su salario la parte proporcional correspondiente a las vacaciones.
Imagen | Nano Banana, Unsplash (Towfiqu barbhuiya)
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EEUU dice que la guerra ha terminado… mientras vuelan misiles y drones kamikaze
Durante la llamada “Guerra de los Petroleros” entre Irán e Irak, varias compañías marítimas llegaron a pintar banderas de otros países sobre sus buques y a cambiar nombres y registros casi de un día para otro para intentar cruzar el Golfo Pérsico sin ser atacadas. Aun así, muchas tripulaciones seguían navegando convencidas de que cualquier error, radar o movimiento extraño podía convertir un viaje comercial rutinario en una zona de combate improvisada.
La guerra más incierta. La situación alrededor de Irán y el estrecho de Ormuz se ha convertido en una paradoja difícil de sostener. Hace escasas horas, la Casa Blanca ha insistido en afirmar que la guerra terminó hace semanas. De hecho, Marco Rubio asegura que la operación “Epic Fury” ya concluyó mientras Trump habla ahora del conflicto como una suerte de “miniwar” o un episodio temporal donde se están terminando las pequeñas y últimas rencillas..
Ocurre que al mismo tiempo siguen volando drones y misiles, los buques estadounidenses continúan interceptando ataques iraníes y las fuerzas de ambos países siguen cruzando fuego por todo el Golfo. Dicho de otra forma, Washington intenta vender la idea de que el conflicto ya está en fase diplomática mientras sobre el terreno continúan ocurriendo acciones militares casi diarias, especialmente en Emiratos Árabes Unidos, donde los incidentes de bombardeos son casi diarios.
Cómo bloquear Ormuz sin cerrarlo del todo. La gran baza iraní no ha sido destruir flotas estadounidenses, sino convertir el estrecho en un lugar demasiado peligroso para el comercio normal. Aunque prácticamente cada día algunos barcos atraviesan la zona escoltados por EEUU, el tráfico sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra porque navieras y aseguradoras continúan viendo el paso como una apuesta arriesgada.
Irán mantiene así una presión enorme sobre la economía global sin necesidad de imponer un bloqueo absoluto, utilizando ataques limitados, amenazas constantes y la sensación permanente de que cualquier tránsito puede acabar en un incidente militar.
El fracaso del plan de EEUU. Trump presentó “Project Freedom” como la operación que demostraría que Washington podía reabrir Ormuz por la fuerza y restaurar la libertad de navegación. Sin embargo, el plan apenas consiguió mover unos pocos barcos antes de quedar pausado menos de dos días después de arrancar.
La decisión del presidente norteamericano refleja el gran problema de Washington: proteger el estrecho exige asumir riesgos militares constantes, pero abandonar la operación deja a Irán con capacidad para seguir condicionando el comercio energético mundial. Estados Unidos ha quedado atrapado entre evitar otra gran guerra en Oriente Medio y no parecer incapaz de imponer su propia estrategia.


La tregua funciona como una guerra limitada y controlada. Lo cierto es que sobre el papel existe un alto el fuego, pero en la práctica ambos países siguen actuando como si el conflicto continuara abierto. El Pentágono describe los ataques iraníes como “hostigamiento” por debajo del umbral de una nueva guerra total, lo que permite a Trump evitar una gran escalada.
Mientras tanto, Irán continúa lanzando ataques limitados y poniendo a prueba hasta dónde puede tensar la situación sin provocar una respuesta masiva estadounidense. El resultado es una especie de guerra híbrida donde oficialmente no hay guerra… pero tampoco paz.
Los aliados árabes empiezan a desconfiar de EEUU. Los ataques iraníes sobre Emiratos Árabes Unidos han provocado una creciente inquietud entre las monarquías del Golfo. Muchos gobiernos de la región perciben que Trump está más centrado en salir del conflicto que en responder con dureza a Teherán, incluso después de nuevos lanzamientos de misiles y drones.
La sensación es que albergar bases estadounidenses puede convertir a esos países en objetivos prioritarios sin garantizar necesariamente una protección total. Esa duda empieza a extenderse también entre aliados europeos y asiáticos que observan cómo Washington redefine continuamente qué considera una guerra real.
China se ha convertido en la pieza diplomática clave. En medio del bloqueo parcial de Ormuz, Pekín intenta mantener el equilibrio entre su relación con Irán y la necesidad de estabilizar los mercados energéticos. Estados Unidos está presionando a China para que convenza a Teherán de reabrir completamente el estrecho, especialmente antes de la próxima reunión entre Trump y Xi Jinping.
El problema es que China sigue comprando petróleo iraní y rechaza parte de las sanciones estadounidenses, aunque al mismo tiempo la subida de los precios energéticos está perjudicando seriamente a su economía. Eso convierte a Pekín en un actor indispensable para cualquier salida negociada.
Irán cree que el tiempo juega a su favor. La dirigencia iraní parece convencida de que Estados Unidos quiere evitar a toda costa otra guerra larga en Oriente Medio y posiblemente por ello está utilizando esa percepción para aumentar poco a poco la presión. Teherán mantiene los ataques limitados, conserva parcialmente cerrado Ormuz y continúa demostrando que todavía puede alterar los mercados mundiales sin cruzar una línea roja definitiva.
El resultado es una situación de lo más inédita, una donde Washington intenta declarar victoria y pasar página, mientras Irán sigue utilizando la amenaza militar como herramienta de negociación diaria.
Imagen | USN, Mostafa Tehrani
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un campamento minero y un enigmático rastro de rocas verdes
La alta montaña siempre ha sido vista como un límite casi natural para la supervivencia debido a las condiciones extremas que se tienen que vivir, y es por eso que los arqueólogos asumieron que esta ubicación era un entorno demasiado hostil para nuestros antepasados. Sin embargo, un nuevo y sorprendente descubrimiento a más de 2.200 metros de altitud acaba de hacer saltar por los aires esa idea al apuntar que no solo subían allí, sino que se tiraron muchos años trabajando para buscar minerales.
Qué se ha visto. Un reciente estudio publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology apunta a la primera prueba que tenemos de que en los Pirineos hubo presencia humana prehistórica. Aquí el escenario no es otro que la Cova 338, un abrigo rocoso situado a 2.235 metros de altitud donde se ha visto que nuestros antepasados tuvieron su actividad laboral.
Unas piedras verdes. Lo que los arqueólogos han encontrado en la Cova 338 no es un simple refugio para resguardarse de una tormenta. Aquí se ha visto que el yacimiento alberga múltiples estructuras de combustión, como por ejemplo hogares o zonas donde se hacía fuego para cocinar o simplemente calentarse, que indican que el lugar fue habitado de manera continua y planificada. Y sabemos que eran de la prehistoria debido al carbono-14,14 que no deja lugar a dudas.
Pero el hallazgo que más ha llamado la atención a los expertos son unos fragmentos de roca verde, que se apunta que son de malaquita, que es un mineral rico en cobre.
¿Por qué? El hecho de tener aquí malaquita ha hecho pensar a los investigadores que estamos ante un campamento orientado a la prospección minera y al trabajo metalúrgico temprano. De esta manera, nuestros antepasados prehistóricos estaban peinando las cumbres pirenaicas en busca de los recursos necesarios para fabricar las primeras herramientas y joyas de metal.
Un niño en las alturas. La Cova 338 esconde, además, un componente humano y profundamente conmovedor, ya que entre los restos de fuegos extintos y fragmentos de malaquita, el equipo investigador ha hallado restos humanos pertenecientes a un niño.
Ahora mismo, los motivos exactos de por qué está ahí o de por qué terminó muriendo son un gran misterio, por lo que añade una capa de complejidad social al yacimiento. Esto nos demuestra que las expediciones a la alta montaña no estaban compuestas exclusivamente por grupos aislados de cazadores o mineros adultos, sino que involucraban dinámicas familiares o de grupos demográficos más amplios.
La arqueología europea. Hasta la fecha, la narrativa arqueológica tradicional consideraba las zonas por encima de los 2.000 metros como “espacios marginales” durante la prehistoria. Literalmente, se pensaba que la verdadera innovación tecnológica y social ocurría en los valles bajos y las llanuras donde las condiciones climatológicas eran mucho más favorables.
Pero este nuevo estudio obliga a reescribir los libros de historia alpina y pirenaica, ya que la Cova 338 demuestra que los humanos prehistóricos tenían un gran conocimiento de la geología de la alta montaña y la capacidad logística para establecer campamentos estables, encender fuegos a temperaturas extremas y procesar minerales en condiciones durísimas.
Imágenes | UAB
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el nuevo frente de la guerra fría tecnológica
El gran talón de Aquiles de la transición energética en Europa no está a la vista. No son los paneles fotovoltaicos ni los molinos de viento, sino los chips y procesadores ocultos que los hacen funcionar. Consciente de este riesgo, la Unión Europea ha decidido blindar su red eléctrica con una medida drástica. Las empresas que quieran montar proyectos renovables con dinero comunitario tendrán que buscar alternativas: la tecnología china se queda, de momento, fuera de juego.
El veto, al detalle. Bruselas ha hecho público su plan para vetar la financiación europea a proyectos de energías renovables que utilicen equipos clave fabricados en países considerados de “alto riesgo”: China, Rusia, Irán y Corea del Norte. La diana de esta prohibición tiene un nombre muy específico: los inversores (o conversores). De forma sencilla, se trata de dispositivos electrónicos críticos que actúan como procesadores de las plantas fotovoltaicas. Su función es transformar la corriente continua que generan las placas solares en la corriente alterna que finalmente llega a nuestros hogares y empresas.
La medida, de facto, ya está en marcha. Las instituciones financieras tienen hasta este 15 de mayo de 2026 para notificar a la Comisión los proyectos que tienen en cartera. A partir del 1 de noviembre, el veto será total para cualquier nueva instalación que aspire a recibir fondos comunitarios, especialmente aquellos provenientes del Banco Europeo de Inversiones (BEI).
¿Y por qué ahora? Como señala Expansión, el Ejecutivo comunitario ha enmarcado esta decisión bajo el paraguas de la “seguridad económica” y la protección frente a la dependencia estratégica, desmarcándose de quienes lo ven como una mera política industrial proteccionista.
El alcance de esta directriz es mayúsculo. Según detalla pv magazine, no solo se limita a los parques solares tradicionales, sino que se extiende a los vitales Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS). Esto supone un duro golpe para los gigantes asiáticos, que suelen vender soluciones integradas que combinan baterías y electrónica de potencia. A este cerco hay que sumarle una estricta “ley antitrampas”: la regulación no contempla excepciones significativas y afectará incluso a aquellos inversores que se fabriquen físicamente en Europa, siempre y cuando la empresa matriz esté controlada por entidades de estos países de riesgo.
El fantasma del apagón nacional. La contundencia de la UE responde a un miedo tangible. La Comisión basa su veto en informes de inteligencia e información clasificada aportada por varios Estados miembros que alertan sobre una amenaza gravísima: el ciberataque y el “apagado remoto”. Al estar los inversores conectados a internet y gestionar datos operativos críticos de la red eléctrica, un actor extranjero podría utilizarlos como caballo de Troya. Siobhan McGarry, portavoz de la Comisión, ha sido tajante: “En la práctica, esto podría implicar un apagado remoto de las redes de los Estados miembros, provocando apagones a nivel nacional”.
Esto no es ciencia ficción. El gran apagón que sufrió España y Portugal el 28 de abril de 2025 demostró de forma empírica la vulnerabilidad de la red. Aunque en su momento se descartaron actos de sabotaje deliberado, el informe oficial de la red europea (ENTSO-E) concluyó que el colapso estuvo directamente vinculado a una gran oscilación de tensión provocada por la desconexión inesperada de inversores fotovoltaicos. Este precedente ha hecho revivir en Bruselas los fantasmas del 5G y la decisión de arrinconar a firmas como Huawei y ZTE en el sector de las telecomunicaciones.
¿Un tiro en el pie para España? La teoría de Bruselas es firme, pero choca con una realidad incómoda: la abrumadora dependencia del gigante asiático. Según datos aportados por SCMP, China controla en la actualidad el 80% del mercado global de inversores, con marcas como Huawei y Sungrow liderando el ranking mundial.
En España, el escenario es aún más monopolístico. Según revela el Consejo Europeo de Fabricación Solar (ESMC), que cerca del 70% de los inversores instalados en nuestro país son de origen chino. Solo Huawei aglutinó en 2023 el 36,5% de las instalaciones, seguido de Sungrow (29,7%) y GoodWe (14,5%). Pese a las advertencias de Bruselas, el Gobierno español mantiene una posición divergente y continúa certificando decenas de dispositivos de Huawei para su uso en redes sensibles, asegurando a sus aliados que no suponen un riesgo.
Sin embargo, la onda expansiva del veto europeo ya está rompiendo proyectos a nivel nacional. Tal y como explicamos en Xataka, la Generalitat de Cataluña ha tenido que dar marcha atrás recientemente en la adjudicación de su macroproyecto de red pública (XCAT) a la alianza formada por Sirt y Huawei. El temor a tener que desmantelar la infraestructura en menos de un año para cumplir con la nueva normativa europea ha dejado en el aire un contrato de 127 millones de euros.
¿Miedo infundado a los costes? Hay muchas preguntas abiertas. ¿Paralizará este veto el despliegue renovable en Europa por falta de suministro o sobrecostes? La industria europea asegura que no hay motivos para el pánico. Según el ESMC, la capacidad de producción actual en la UE supera los 100 GW anuales (frente a una demanda de unos 65 GW). Además, la Comisión señala a Japón, Corea del Sur, Suiza y Estados Unidos como proveedores alternativos fiables.
Respecto al impacto económico, los datos desmontan el mito de un encarecimiento drástico. Tal y como recoge Euronews, el coste de los inversores apenas representa un 5% del presupuesto total de un parque solar. Un análisis de Wood Mackenzie calcula que sustituir los componentes chinos por tecnología occidental apenas encarecerá un 2% el coste total en los proyectos a gran escala. Un “sobrecoste mínimo”, según Bruselas, a cambio de blindar la red.
El “efecto boomerang”. Esta estrategia de aislamiento occidental tiene una consecuencia paralela silenciosa pero gigantesca. Al expulsar a China de las redes de energía y telecomunicaciones europeas, se está forzando a Pekín a crear un ecosistema tecnológico cien por cien autónomo.
Entidades chinas, como la Universidad Tsinghua o la propia Huawei, están registrando un volumen inusualmente elevado de patentes en fotolitografía para poder fabricar sus propios chips de vanguardia sin depender de la europea ASML. Paralelamente, están construyendo alternativas sólidas a los estándares occidentales de Inteligencia Artificial (como el monopolio de CUDA de NVIDIA). Al cerrarles la puerta, Europa y Estados Unidos podrían estar incubando a un competidor tecnológico global totalmente incontrolable e independiente.
Indignación en Pekín. Como era de esperar, la reacción de China ha sido inmediata. La Cámara de Comercio de China en la UE (CCCEU) ha rechazado de plano las acusaciones a través de declaraciones recogidas por Euronews. Los portavoces chinos acusan a Europa de politizar productos comerciales, exigen “neutralidad tecnológica” y advierten de que esta “sobre-segurización” de los componentes verdes podría dañar la confianza de los inversores internacionales. Por su parte, Pekín insiste en que sus productos tecnológicos no tienen fines políticos.
Además, el veto nace con una limitación fundamental: Bruselas solo puede bloquear el acceso a los fondos comunitarios. No tiene potestad legal, por ahora, para prohibir que una empresa privada compre tecnología china con su propio dinero. Por ello, según Expansión, la Comisión está instando intensamente a los Estados miembros a que repliquen esta directiva en sus licitaciones públicas nacionales.
No obstante, la pinza legal se estrecha. Este es solo el primer paso antes de la inminente revisión del Reglamento de Ciberseguridad (CSA 2) y la aplicación de la Directiva NIS2 sobre infraestructuras críticas, normativas que terminarán imponiendo restricciones vinculantes en toda Europa, independientemente del origen de los fondos, aunque países como España acumulan retrasos en su transposición. Como nota técnica pendiente, la UE aún debe abordar qué pasará con los componentes pasivos críticos (como los transistores IGBT), que están dentro de inversores occidentales pero suelen venir de fábricas chinas.
La soberanía energética como fin último. La decisión de la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, certifica un cambio de paradigma total en el viejo continente. Europa ha interiorizado, a base de crisis geopolíticas, que la transición ecológica no consiste únicamente en instalar más paneles y reducir las emisiones de CO2; consiste, fundamentalmente, en no cambiar la dependencia del gas ruso por la dependencia de la tecnología asiática.
El mensaje que lanza Bruselas con este bloqueo a la financiación es rotundo: de nada sirve garantizar una energía limpia, barata e inagotable gracias al sol y al viento europeos, si el interruptor general que da luz a nuestros hospitales, fábricas y hogares puede ser apagado en remoto, con un solo clic, desde un servidor situado a diez mil kilómetros de distancia.
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