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El lujo era la última industria donde Europa, por ser Europa, tenía una ventaja competitiva en China. Hasta ahora

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Durante décadas, China fue conocida como el país donde se fabricaban los productos de lujo del mundo, no donde se diseñaban. El “Made in China” vivió años asociado a la producción masiva, a los talleres que abastecían a Europa y a las cadenas de suministro que mantenían vivo el ritmo del sector. Las grandes casas occidentales dependían —y dependen aún— de su capacidad manufacturera. Pero lo que casi nadie vio venir es que ese mismo país, que construyó el músculo industrial del lujo global, empezaría a desarrollar marcas propias capaces no solo de imitar, sino de competir directamente. 

Un mercado que ya no responde a las reglas anteriores. Según datos publicados por Bloomberg, el gasto en marcas occidentales dentro de China se ha frenado en un mercado enorme —alrededor de 49.000 millones de dólares—, mientras que varias firmas locales crecen con una fuerza que sorprende a la propia industria: 

  • Laopu Gold, joyería de estética artesanal, ha multiplicado por diez sus ventas online en solo dos años, frente a los 57 millones de Van Cleef & Arpels, uno de los nombres más reconocidos de la alta joyería occidental. 
  • Songmont, especializada en bolsos de líneas depuradas y diseño minimalista, se acerca al 90% de crecimiento en e-commerce. En contraste, la caída de Gucci en el mismo canal supera el 50%. 
  • Mao Geping —una marca local con fuerte estética teatral china— duplica los ingresos de Bobbi Brown en la plataforma. Y todo esto sucede mientras gigantes como LVMH o Kering arrastran fuertes descensos en bolsa respecto a sus máximos de 2023 y 2021 respectivamente. 

Tal como apunta Chosun Biz, muchos consumidores que antes reservaban sus grandes compras para marcas extranjeras están eligiendo ahora firmas locales. Una frase sencilla, pero que revela un cambio cultural profundo. 

El lujo ya no se define solo desde Europa. La transformación no se explica únicamente por el contexto económico, porque sino el fenómeno sería limitado. No obstante, las marcas locales están triunfando porque ofrecen algo que el consumidor joven chino reconoce como propio: una estética y un relato cultural que no buscan parecer occidentales. Existen diferentes ejemplos, como Songmont construye su marca alrededor de la “belleza oriental” y diseña espacios inspirados en la caligrafía. To Summer elabora fragancias con ingredientes que forman parte de la memoria sensorial china —té, osmanthus, cítricos preservados— y las presenta en porcelana de Jingdezhen, referencia indiscutible de la cerámica del país. ICICLE fundamenta todo su diseño en principios de armonía y simplicidad arraigados en la filosofía local. 

Este enfoque conecta con una generación que ya no considera los logos europeos como símbolo automático de gusto. Buscan belleza, sí, pero una belleza que pertenezca a su cultura. Luxury Society añade que las marcas locales se han vuelto expertas en construir universos de marca coherentes, profundos y llenos de referencias culturales que resultan naturales, no forzadas. Mientras tanto, las firmas extranjeras llevan años intentando adaptarse, a menudo con interpretaciones superficiales del simbolismo chino. 

El auge del orgullo nacional. O guochao, nacido como movimiento de arraigo que reivindica la estética y la identidad del gigante asiático. Un término que se ha convertido en un criterio de compra para muchos jóvenes. No se trata de rechazar lo occidental, sino de valorar lo que surge en las propias empresas del país. 

Las casas occidentales intentan adaptarse. Las grandes marcas extranjeras han comenzado a reaccionar. Digitaling documenta un cambio en la manera en que Louis Vuitton, Prada o Loewe se relacionan con la cultura china: ya no solo lanzan colecciones temáticas en Año Nuevo Lunar, sino que abren tiendas que interpretan lenguajes arquitectónicos locales, colaboran con artesanos del patrimonio cultural inmaterial, producen contenidos sobre ciudades chinas y organizan desfiles en enclaves que dialogan con la historia del país. 

La realidad es que tienen que responder a un mercado cada vez más exigente y un consumidor que ha reducido su entusiasmo por el lujo en medio de un clima económico incierto, marcado por el desempleo juvenil y la caída de la confianza. La cuestión es que, aunque la localización occidental es cada vez más sofisticada, las marcas chinas llevan ventaja porque parten de una comprensión nativa de su propia estética. No imitan el lenguaje global del lujo: están proponiendo uno nuevo. 

De seguidores a creadores. El ecosistema recuerda al proceso que vivió Japón hace décadas. Como recogen algunos análisis, primero llegó la fascinación por el lujo europeo, luego una crisis económica y, finalmente, el surgimiento de marcas locales que redefinieron la estética japonesa moderna. China está atravesando un ciclo similar, pero con un nivel de ambición global que Japón no tuvo desde el principio. 

Además, el panorama se complica con otro movimiento clave: según Luxury Society, el gasto chino en lujo no ha desaparecido, sino que se ha desplazado al extranjero tras la reapertura post-pandemia. Japón es ahora uno de los destinos favoritos, donde hasta el 80% de los clientes en algunas tiendas de lujo son chinos, también sucede en Singapur y Tailandia. Esto hace que la caída de ventas dentro de China parezca más grave de lo que es. Aun así, en casa, la preferencia por las marcas locales es un fenómeno cultural, no coyuntural.

¿Puede consolidarse el lujo chino como competidor global? El potencial está ahí, pero los retos son grandes. Según cifras citadas por Bloomberg, ninguna marca china del sector ha superado todavía el 0,5% de cuota global ni los 10.000 millones de yuanes en ingresos anuales. El crecimiento de estos últimos años parte de bases pequeñas y todavía no existe una marca china verdaderamente global. La economía tampoco ayuda. La confianza de los consumidores es frágil y una parte importante del auge local depende de un orgullo cultural que podría fluctuar si la situación doméstica empeora. 

Las propias marcas reconocen, en las entrevistas recogidas por el mismo medio, que necesitan talento internacional y expansión fuera de China para consolidarse. Sin embargo, su ventaja es poderosa: dominan la cadena de suministro, la manufactura y, ahora, cada vez más, la estética. El caso de Shajuan, estudiado por investigadores de la Universidad de Fudan, muestra cómo las marcas integradas verticalmente pueden controlar diseño, producción y narrativa de manera más eficaz que muchas firmas internacionales.

Una nueva estética global emerge desde China. El gigante asiático ya no es solo un mercado clave para el lujo occidental; es un creador de tendencias, un productor de nuevas sensibilidades estéticas y un competidor capaz de medirse con las casas europeas. Su transición de fábrica a protagonista está redefiniendo lo que significa lujo en un país cuya relación con la identidad, la cultura y la creatividad ha cambiado radicalmente. 

Mientras los gigantes europeos se esfuerzan por entender qué quiere el consumidor chino, las marcas locales ya lo saben. Y mientras construyen esa relación íntima con su público, también empiezan a mirar al exterior. El lujo global siempre ha tenido centros culturales claros —París, Milán, Londres—, pero hoy una parte importante del futuro del sector se está diseñando en Shanghái, en Hangzhou, en Chengdu… Y en la imaginación de una generación que ya no mira únicamente a Europa para definir qué es bello. China no ha dejado de fabricar. Pero ahora, además, compite.

Imagen | FreePik

Xataka | El otro mercado laboral que ya despunta: niñeras multimillonarias para familias que compiten por el mejor talento

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así es como esta empresa opera en un pequeño pueblo de Ciudad Real

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Entre los viñedos y olivares de Herencia, un municipio de poco más de siete mil habitantes en Ciudad Real, se fabrican algunos de los vehículos blindados que hoy circulan por cuarteles de la OTAN, comisarías españolas y carreteras de varios países en África. La empresa encargada de este tipo de proyectos se llama TSD, y lo más interesante de todo es que no siempre fue un fabricante de vehículos. De hecho empezó vendiendo cajas fuertes.

Cómo empezó todo. Antonio Ramírez fundó la compañía en el año 2000 como un negocio familiar que nada tenía que ver con la industria militar. “Comenzamos centrando nuestros trabajos en el transporte de fondos, en la elaboración de cámaras acorazadas o cajas fuertes para cajeros automáticos de banca”, explicaba Ramírez en el reportaje de El Español.

Con el tiempo, la firma fue ampliando su actividad hacia el sector de la seguridad y la defensa hasta convertirse en fabricante de vehículos tácticos y blindados. Hoy TSD factura en torno a 130 millones de euros al año y da empleo a más de 600 personas en su entorno rural.

En detalle. El producto estrella de la firma es el Íbero, un vehículo táctico 4×4 multipropósito de diseño modular que puede convertirse en vehículo de asalto, de vigilancia fronteriza, antidisturbios, puesto de mando o incluso lanza-morteros, según ha detallado la compañía.

Existen tres versiones según peso y capacidad: la más ligera (LTV) ronda las 5 toneladas y transporta hasta 6 ocupantes, mientras que la más pesada (HTV) llega a las 15 toneladas y puede llevar hasta 12 personas. El vehículo se presentó oficialmente en 2020 tras una década de desarrollo, y ya hay unos 70 ejemplares fabricados.

Entre líneas. TSD no construye los chasis desde cero. La compañía trabaja como fabricante de “segunda fase”. Y es que parte de plataformas de marcas como Mercedes-Benz, Renault o Iveco y sobre ellas monta el blindaje, los sistemas de comunicación y las configuraciones específicas de cada misión. Es un modelo que le permite adaptar prácticamente cualquier chasis comercial a un uso militar o policial.

El sello de la OTAN. Como proveedor oficial de la Alianza Atlántica, los vehículos de TSD cuentan con certificaciones y homologaciones propias de la organización. Según cuentan, todo el proceso se rige por la normativa STANAG, el estándar internacional que fija los niveles de blindaje exigidos por la OTAN. Los vehículos destinados a la Alianza se pintan de verde oscuro, el color oficial de la OTAN, mientras que los que se envían a zonas desérticas, como Oriente Medio, llevan un tono crema.

Más allá de Europa. El Íbero ha cruzado fronteras, pues cerca de un centenar de unidades se han vendido ya, la mayoría fuera de España, con presencia en países africanos como Senegal o Costa de Marfil, donde los vehículos operan en escenarios reales y han sido probados en combate. La compañía estudia ahora dar el salto a Sudamérica, con Chile y Argentina como mercados en el punto de mira.

No solo vehículos militares. Junto a la gama táctica, TSD mantiene una línea de negocio menos visible pero igual de importante, con furgones blindados para el transporte de fondos, destinados a bancos centrales y empresas de seguridad. Incorporan sistemas de bloqueo remoto y tecnologías patentadas, como una espuma que se solidifica en segundos para proteger la carga ante un intento de asalto.

A esto se suma la fabricación de vehículos policiales, con un volumen de producción que supera las 5.000 unidades al año, de las que unas 1.500 son personalizadas por encargo. En España, cuerpos como la Guardia Civil ya utilizan sus vehículos.

Y ahora qué. El contexto en el que vivimos está ayudando a la compañía, pues Europa está incrementando su gasto en defensa y busca reforzar su autonomía estratégica frente a la dependencia de proveedores externos. En ese escenario, empresas familiares como TSD ganan peso como alternativa ágil y flexible.

Imagen de portada | TSD

En Xataka | Uno de los yates más avanzados del mundo guarda su mayor secreto bajo cubierta: depósitos criogénicos a -253 ºC

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solo necesita aire, agua y electricidad

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En un mundo ideal, los futuros colonos lunares se alimentarían de lo que da la tierra. No es viable llevar cargas muy pesadas hasta allí, por lo que, una vez agotados los suministros, sería perfecto poder cultivar más. El problema es que “la tierra” en la Luna es el regolito lunar y sus ingredientes son mucho menos propicios para la agricultura que la tierra de nuestro planeta. Por eso, un equipo de científicos japoneses ha estado indagando en busca de un buen fertilizante lunar que haga que ese regolito pueda albergar vida vegetal. Parece que por fin han encontrado uno y lo mejor es que, para fabricarlo, solo necesitan aire atmosférico.

Plasma verde para obtener un fertilizante lunar. Estos científicos, procedentes de la Universidad de Tohoku y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), han obtenido su fertilizante lunar con solo tres ingredientes: aire atmosférico, plasma y agua. Al entrar en contacto con el plasma (un gas ionizado con electricidad), el nitrógeno y el oxígeno presentes en el aire atmosférico reaccionan para dar lugar a pentaóxido de dinitrógeno. Después, este se disuelve en agua para transformarse en nitrato, un ion nitrogenado muy necesario para el crecimiento vegetal. Los suelos terrestres fértiles suelen ser ricos en este ion, por lo que las plantas lo absorben y fijan directamente. Si no está presente o escasea, como ocurre en el regolito lunar, debe añadirse por medio de fertilizantes como el que se ha obtenido con este proceso.

Ojo con la atmósfera. En ese mismo mundo ideal, debería valer con el aire ilimitado de la atmósfera lunar. Desgraciadamente, la luna no tiene una atmósfera propiamente dicha, por lo que se usaría el aire atmosférico que se introducirá en las estancias habitables de las bases lunares. No es un mundo ideal, pero sigue siendo una buena opción.

Un proceso muy eficiente. Es cierto que ya existe un proceso industrial para fijar nitrógeno a partir del aire atmosférico: la reacción de Haber-Bosch. El problema es que, con ella, se gasta muchísima energía. Es totalmente inviable en la Luna. En cambio, el proceso de obtención de fertilizante lunar mediante plasma es muy eficiente energéticamente. Se gastan menos de 100 vatios y no es necesario recurrir a combustibles fósiles ni nada parecido.

Plantas de arroz bien nutridas. Para comprobar si el fertilizante lunar funciona, estos científicos lo probaron sobre un simulador de regolito, sobre el que sembraron plántulas de arroz. Los resultados fueron muy buenos. Para empezar, el inhóspito pH alcalino del regolito se mejoró bastante, disminuyendo de 9,09 a 6,76. También se extrajeron más eficientemente ciertos nutrientes que normalmente no pueden absorberse directamente del regolito, como el calcio, el magnesio y el potasio. En cambio, los iones tóxicos, como el Al3+, quedaron recluidos en el polvo lunar en vez de pasar a las plantas. Con todo esto, el arroz creció mucho mejor que cuando el simulante de regolito se regó con agua pura, sin fertilizante lunar.

Fertilizante Lunar
Fertilizante Lunar

Otros beneficios. En este y otros estudios de estos científicos se ha visto que el fertilizante lunar no solo aporta los nutrientes necesarios para las plantas. También mejora el crecimiento vegetal, potencia su sistema inmunitario y las protege frente a algunos de los riesgos asociados a la microgravedad.

Utilidad más allá de la Luna. En realidad, nuestro propio planeta está repleto de terrenos infértiles. Por eso, estos científicos creen que este fertilizante tan eficiente puede ser también útil en la Tierra. Al fin y al cabo, las plantas son las mismas aquí que en la Luna y la necesidad de ahorrar energía también impera aquí abajo. Aunque este tipo de estudios se lleven a cabo con la vista puesta en las futuras bases lunares, no debemos dejar de lado lo que ya está bajo nuestros pies. Nuestros suelos también lo necesitan. 

Imagen | Magnific | Toshiro Kaneko

En Xataka |  La guerra de Irán ha roto el comercio mundial de fertilizantes. Y eso son pésimas noticias para la cesta de la compra

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es una reacción muy “humana”

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

Imágenes | Alexey Demidov 

En Xataka | La ciencia siguió a 184 adolescentes 25 años para averiguar el origen de la empatía. Esperemos no pase lo mismo con la maldad

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