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es una reacción muy “humana”

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

Imágenes | Alexey Demidov 

En Xataka | La ciencia siguió a 184 adolescentes 25 años para averiguar el origen de la empatía. Esperemos no pase lo mismo con la maldad

ues de anuncios individuales.

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es una reacción muy “humana”

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

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México imparable, García Aspe ficha a Adal, Phill Fiocchi hace top 5 y hacemos pausa de hidratación

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<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">Estamos felices por el triunfo de México sobre Ecuador, entrevistamos a Alberto García Aspe que también hizo conferencia de prensa, Phill Fiocchi reveló ser fan de Adal y le dedicó su top 5 ¡y más!<br /></div>
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
<img src="https://latinus.us/u/fotografias/m/2026/7/1/f300x190-151955_160115_5050.jpeg" /></div>

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“Lo posicionamos por encima de OLED”

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La batalla por la mejor imagen en el salón ya no se puede contar solo como un pulso entre OLED y Mini LED. Lo que estamos viendo ahora es una nueva capa dentro de la gama alta: televisores LCD con retroiluminación RGB que quieren mejorar el color. Cada fabricante está poniendo su propio nombre comercial sobre la mesa, pero la dirección de fondo es parecida. En ese contexto llega Sony con True RGB y con una frase que marca muy bien hasta dónde quiere llevar su apuesta.

Ese es el punto de partida de la conversación que mantuvimos con Albert Gracia, Director Comercial Sony Iberia, durante una presentación centrada en la tecnología y gama RGB 2026 de la compañía. Sony no se limitó a enseñar nuevos televisores: quiso explicar por qué considera que True RGB representa un salto relevante dentro de su familia BRAVIA. De ahí nace la pregunta que recorre este artículo: con qué cartas juega Sony en una categoría que ya empieza a moverse y por qué coloca su nuevo BRAVIA 9 II en lo más alto de su propia gama.

Sony entra en la batalla del RGB con dos propuestas para el mercado español

Gracia no plantea True RGB como una tecnología aislada, sino como la respuesta de Sony a un mercado que ya se está llenando de nombres parecidos. “Ahora mismo dentro del mercado hay muchas tecnologías que llevan los nombres RGB”, explicó durante la conversación, antes de llevar el argumento hacia el terreno que más interesa a la compañía: la forma en la que se genera y controla la retroiluminación.

Si miramos más allá de Sony, la fotografía ayuda a entender por qué el término empieza a necesitar contexto. Samsung tiene el R95H dentro de su familia Micro RGB, TCL aparece en este mapa con el RM9L RGB-Mini LED y LG ha presentado su Micro RGB evo AI, con el MRGB95 como referencia anunciada para 2026. No son nombres que Gracia citara en la conversación, sino ejemplos que ponemos sobre la mesa para entender un poco mejor el mercado.

Sony Bravia 7 Ii
Sony Bravia 7 Ii

Sony BRAVIA 7 II

Lo que persiguen estas propuestas no es simplemente poner otra etiqueta en la caja del televisor, sino atacar uno de los puntos más sensibles de la imagen: cómo se genera la luz que después vemos convertida en color. La idea, explicada sin entrar en toda la ingeniería, es que una retroiluminación basada en componentes rojo, verde y azul permite afinar mejor la intensidad y la pureza cromática. De ahí salen promesas conocidas, pero importantes para la gama alta: más volumen de color, mejor gradación y un control más preciso de la escena.

Ahí es donde Sony intenta marcar su diferencia. Según Gracia, True RGB parte de una retroiluminación formada por diodos de color rojo, verde y azul, pero el argumento de la compañía no se queda en usar tres colores. La clave, defendió, está en que Sony es capaz de “controlar independientemente cada uno de estos diodos de color”, una idea que conecta directamente con su experiencia previa en el control de la retroiluminación LED.

Sony Bravia 9 Ii Jpeg
Sony Bravia 9 Ii Jpeg

Sony BRAVIA 9 II

En España, esa apuesta no se queda en una demostración de tecnología ni en una promesa para más adelante. Sony la aterriza en dos modelos concretos de su gama 2026: BRAVIA 7 II y BRAVIA 9 II. El primero amplía la presencia de True RGB dentro de la familia BRAVIA, mientras que el segundo concentra la ambición más alta de la compañía en calidad de imagen.

El lugar reservado al BRAVIA 9 II es importante porque Sony no lo presenta únicamente como su televisor RGB más avanzado, sino como el modelo con el que quiere marcar su techo actual en calidad de imagen. Gracia lo explica al compararlo con OLED dentro de la propia casa, un matiz relevante porque la compañía mantiene esa tecnología en su catálogo con modelos como BRAVIA 8 II. La frase sirve para entender mejor la jerarquía que Sony quiere construir alrededor de True RGB.

“En el caso de la BRAVIA 9 II para nosotros es el máximo exponente a nivel de calidad de imagen. Lo posicionamos por encima de OLED, porque creemos que es el televisor que ahora mismo puede dar la mejor calidad de imagen y y la primera reacción que estamos viendo de mercado es súper positiva con un nivel ya de pre-orders de consumidores finales en toda Europa espectacular y con muy buena reacción del público”.

La comparación con OLED no se queda solo en una frase llamativa. En el escaparate de 65 pulgadas, el BRAVIA 8 II OLED 4K aparece con un precio original de referencia de 3.499 euros frente a los 4.299 euros de salida del BRAVIA 9 II con True RGB. En el momento de preparar este artículo, los dos modelos aparecen rebajados de forma notable, pero eso no cambia la lectura de fondo. Sony conserva OLED en su gama alta y, al mismo tiempo, coloca su nueva propuesta RGB en un escalón superior dentro de BRAVIA.

Imágenes | Xataka

En Xataka | Haier lanza sus nuevos televisores de 2026 pasando del OLED y con un objetivo: vendernos más de 75 pulgadas

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