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España se ha convertido en la gran huerta europea de frutas tropicales. Y ese le ha llevado a un récord peculiar: el del mango

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A Europa le gustan las frutas exóticas. Mucho. Y eso está alentando un negocio cada vez más jugoso. Solo entre 2018 y 2022 el valor de las importaciones creció casi un 20%, lo que conecta con una tendencia que se remonta al menos a la última década. España ha sabido posicionarse en ese mercado al alza gracias a sus campos de aguacates, chirimoyas, nísperos o mangos, un fruto este último que se prepara para una cosecha récord que promete duplicar a la del año pasado gracias a una afortunada mezcla de sequías, lluvia primaveral y apuesta empresarial.

La noticia, eso sí, llega acompañada de algunos desafíos.

El campo se reinventa. No es nada nuevo. Ni exclusivo de España. A medida que cambia el clima, los gustos, la demanda en los mercados y la rentabilidad de los cultivos, cambian también los campos. En los últimos años hemos visto cómo frutas que hasta hace poco tenían un peso relativamente discreto (o casi nulo) en la península han ido ganando poco a poco hectáreas: ocurrió con el pistacho, el aguacate, el kiwi, la papaya… y está ocurriendo también con el mango.

Aunque sus orígenes están en el Sudeste Asiático, no llegó a las Islas Canarias hasta bien entrado el siglo XVIII y su cultivo comercial se inició en España hace relativamente poco tiempo, los mangueros han ido abriéndose poco a poco paso en los campos de España. Su explotación es muy reciente, empezó hacia la década de 1970 en Canarias y 1980 en el Sudeste peninsular, pero hoy en día se calcula que abarca cerca de 6.044 hectáreas en el país, con un cultivo muy localizado.

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Mirando a la Axarquía y Granada. Para prosperar el mango exige ciertas condiciones meteorológicas, como un clima cálido, suelos bien drenados y sobre todo la ausencia de heladas. De ahí que su cultivo haya prosperado sobre todo en la comarca malagueña de la Axarquía y la Costa Tropical. Según los datos que maneja el Ministerio de Agricultura, de las 1.180 ha cultivadas en España en 2007, 950 se concentraban en Andalucía y 230 en Canarias. Hoy esa cifra es considerablemente mayor, aunque ambas regiones se mantienen como grandes focos productores.

Hace unos días El País señalaba que los mangueros se extienden ya por 4.600 ha de la Axarquía, lo que convierte a esta comarca malagueña en el epicentro europeo del cultivo, y 500 ha de la Costa Tropical, que incluye también el litoral granadino. Las Canarias disponen de una superficie similar a la de Granada, la Comunidad Valenciana ronda las 25 hectáreas y la Región de Murcia se acerca a las 17. 

El mango no solo ha ganado terreno. Sus agricultores están organizados y han impulsado asociaciones y marcas para ganar visibilidad. Los mejores ejemplos son la Asociación de Tropicales o Trops, que acaba de impulsar una nueva campaña publicitaria para promocionar el consumo de mango nacional en España.

La cosecha de las cosechas. El resultado más palpable de esa expansión lo veremos esta misma campaña, cuando los agricultores esperan alcanzar un récord de producción en Andalucía. Hace unos días el sector hablaba de cerca de 35.000 toneladas, una cifra interesante por varias razones. Primero porque, si bien queda lejos (muy lejos) de los millones de toneladas cosechadas cada año en India, China o Tailandia, los pesos pesados del mango a nivel internacional, supone una marca histórica para España. Segundo, porque duplicaría los registros del año pasado.

El dato récord no se explica solo por el aumento de las hectáreas dedicadas al mango. En juego entra otro factor tan o incluso más relevante: el clima. La cosecha actual se ha visto favorecida por las lluvias primaverales de Málaga y Granada y el hecho de que las sequía de los últimos años dio un respiro a los mangueros. “Los árboles están descansados por los años bajos de mucha sequía. Se han recuperado y eso ha facilitado esta explosión”, señala José María López, de la Asociación de Tropicales. “Además, hemos aprendido a manejar mejor el riego y la poda”.

¿Por qué es importante? Por varias razones. La más obvia es que, de confirmarse, las entre 30.000 y 35.000 toneladas supondrán un récord para los productores españoles. El dato confirma además el rol referencial de España en la producción europea de frutas exóticas, lo que supone una oportunidad para los agricultores del país. “Las importaciones europeas de tropicales o exóticas se han triplicado en valor y duplicado en volumen en los últimos 10 años”, recuerdan desde la Asociación de Productores de Aguacates en El Periódico.

Financial Food señala que en cuestión de una década (entre 2014 y 2024) las exportaciones españolas se dispararon alrededor de un 75% en volumen y cerca de un 174% en términos de valor, lo que situaría a nuestro país como el principal productor y tercer suministrador de fruta tropical de la Unión Europea.

Ese potencial explica que parcelas que hasta hace no mucho se dedicaban a naranjas o nísperos ahora se estén orientando hacia nuevos cultivos, como el aguacate. El colectivo calcula que solo en 2023 la superficie dedicada a ese fruto carnoso en España creció un 7% hasta sumar 23.953 hectáreas. A día de hoy los aguacateros han superado la barrera de las 24.000 ha. Y al igual que ocurre con el mango, su producción está muy localizada, sobre todo en Andalucía, aunque en los últimos años el cultivo ha crecido también en la Comunidad Valenciana.

Oportunidades… y retos. El mango gana terreno, España se posiciona como referente europeo de las frutas exóticas y los agricultores han logrado que parte importante de su cultivo se destine al mercado nacional, pero eso no significa que el sector no afronte desafíos. Los hay, como recordaban los propios agricultores a principios de septiembre, cuando lamentaban que las buenas previsiones de producción llegan acompañadas de algo menos atractivo: precios a la baja.

Según la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) en el inicio de la campaña en la Axarquía malagueña y la Costa Tropical el kilo se estaba pagando a entre 70 y 80 céntimos, lejos de la media de 1,5 euros del año pasado. ¿Resultado? Pese a la mejor cosecha vaticinaban una caída de 12.600 €/ha con respecto a la campaña del año pasado. El colectivo explica que un mango de entre 400 y 800 g puede pagarse a un euro, pero por debajo de ese rango mínimo se considera para destrío y su cotización baja a 35 o 40 céntimos, un problema si se tiene en cuenta que alrededor del 20% de la cosecha se encontraría en esa situación.

¿Hay más factores? Sí. En una entrevista reciente en El Debate, Santiago Sánchez, secretario general de Asaja Málaga, apuntaba otro hándicap: si bien los agricultores confían en disfrutar de “un cosechón”, con un volumen de mercancía que duplicaría el de 2024 y frutas con “calibres más que aceptables”, el colectivo teme no disponer de plantilla suficiente para recoger el mango a tiempo. 

“Tiene una campaña corta e intensa, que requiere mucha mano de obra en un espacio limitado de tiempo. Esta fruta, a diferencia del aguacate, hay que recogerla en su momento de maduración porque si no en 15 días está en el suelo”, reflexiona Sánchez, quien advierte, tajante: “Faltan manos para recoger la fruta”.

Imágenes | Tom Driggers (Flickr) y Jonathan Göhner (Unsplash)

En Xataka | Aragón quería que sus niños comiesen más fruta en el colegio. Así que fue a buscarla a 10.000 kilómetros de distancia

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La guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan desquiciada que los soldados están disparando a sus propios drones

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En 1943, durante una misión nocturna sobre Europa, varios pilotos británicos regresaron convencidos de que habían sido perseguidos por extraños objetos luminosos que aparecían y desaparecían alrededor de sus aviones. Algunos pensaron que era un arma secreta alemana, otros que eran fallos nerviosos provocados por el estrés del combate. Décadas después, aquella confusión aérea sigue recordando una idea inquietante: hay momentos en las guerras donde el problema deja de ser únicamente el enemigo.

Un cielo esquizofrénico. Contaban en Insider que la guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan saturada de drones que, en muchos sectores del frente, los soldados ya no saben qué aparato vuela sobre sus cabezas ni quién lo controla. La consecuencia es una situación casi absurda incluso para estándares bélicos: tropas ucranianas disparando contra sus propios drones por pura supervivencia, operadores cortando con tijeras cables de fibra óptica sin saber si pertenecen al enemigo o a una unidad amiga y sistemas de guerra electrónica bloqueando cualquier señal que aparezca en el aire aunque eso implique inutilizar equipos propios. 

El campo de batalla se ha convertido en un espacio tan abarrotado de pequeños aparatos voladores, interferencias y enlaces de datos que distinguir entre aliado y enemigo dura apenas segundos. Si algo se acerca demasiado rápido, la reacción automática es destruirlo primero y preguntar después.

Drones desechables por exceso. Parte del problema nace de cómo ambos bandos han transformado el dron en un arma de consumo masivo. Ya no se trata de plataformas caras y escasas como las que utilizaban las potencias occidentales hace una década, sino de sistemas relativamente baratos fabricados a enorme velocidad y pensados para perderse constantemente. 

Rusia y Ucrania consumen drones en cantidades tan gigantescas que las pérdidas por fuego amigo se han integrado casi como un coste operativo más. Las unidades esperan perder aparatos por interferencias, por errores de coordinación, por jamming enemigo o simplemente porque algún soldado nervioso abre fuego contra cualquier objeto que zumbe cerca de su posición. El resultado es un entorno de combate donde la saturación tecnológica ha comenzado a generar caos incluso dentro del propio bando.

La nueva lógica: destruirlos antes de que existan. Esa explosión descontrolada del uso de drones está empujando además la guerra hacia una nueva etapa estratégica: atacar las fábricas antes que los aparatos en vuelo. Rusia y Ucrania han entendido que interceptar drones uno a uno ya no basta cuando ambos producen miles de sistemas continuamente. Por eso los ataques de largo alcance contra plantas industriales, centros logísticos y fabricantes de componentes se han multiplicado durante los últimos meses. 

Ucrania está golpeando instalaciones rusas vinculadas a drones Shahed, sensores, módulos de navegación y sistemas electrónicos resistentes a interferencias, mientras Rusia busca destruir talleres ucranianos donde se ensamblan drones FPV o aparatos de ataque de largo alcance capaces de penetrar cientos de kilómetros dentro de territorio ruso. La lógica empieza a parecerse menos a una guerra convencional y más a una cacería industrial permanente.

La electrónica no sigue el ritmo. El problema para ambos bandos es que la adaptación tecnológica avanza demasiado rápido. Cada mejora defensiva genera una modificación inmediata en los drones enemigos. Los sistemas de interferencia dejan de funcionar frente a enlaces por fibra óptica. Los bloqueos GPS pierden eficacia contra nuevos módulos de navegación. Los drones incorporan más autonomía, mayor capacidad de procesamiento y resistencia creciente a las contramedidas electrónicas. 

En paralelo, Ucrania y Rusia utilizan inteligencia satelital, análisis de patrones y reconocimiento constante para localizar centros de producción, antenas, almacenes y cadenas logísticas. El frente ya no termina en las trincheras: continúa cientos o miles de kilómetros detrás, dentro de fábricas, parques industriales y redes de suministro que se han convertido en objetivos militares prioritarios.

Una máquina fuera de control. Lo más inquietante es que esta dinámica da la sensación de haberse independizado parcialmente de los propios soldados. Hay drones atacando drones, sistemas automáticos interfiriendo cualquier señal disponible, operadores intentando coordinar corredores seguros para que sus propios aparatos no sean derribados y fábricas enteras convertidas en objetivos diarios para sostener un ritmo de pérdidas que parece imposible de absorber. 

Si se quiere también, la guerra en Ucrania sigue siendo una guerra de artillería y desgaste, pero se está transformando también en algo mucho más extraño: un ecosistema aéreo saturado de máquinas baratas y desechables donde la supervivencia depende de reaccionar antes de identificar

Y cuando un ejército termina disparando a sus propios drones porque hay demasiados aparatos en el cielo como para distinguirlos, significa que el conflicto ha cruzado una frontera completamente nueva. Y desquiciada. 

Imagen | mod-gov-ua

En Xataka | Ucrania ha encontrado una nueva forma de asaltar edificios ocupados por Rusia: enviar un robot con una sorpresa de 300 kilos

En Xataka | La guerra en Ucrania se está llenando de barcos “Mad Max”: pantallas metálicas y redes contra drones FPV en el mar Negro

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“Le deseamos paz”: Sharon Stone confirma la muerte de su hermano mayor, el actor Michael Stone

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Michael Stone de 74 años de edad, actor y hermano mayor de Sharon Stone, falleció tras una larga enfermedad, según anunció la actriz en su perfil de Instagram.

“Mike Stone, mi hermano mayor, ha fallecido tras una larga enfermedad. Le deseamos paz”, dice la publicación. El mensaje está firmado por la propia Sharon y sus hijos Roan, Laird y Quinn.

Michael Stone partició junto a su hermana la película “The Quick and the Dead” (“Rápida y mortal”), en 1995. Su debut en la gran pantalla fue cinco años antes con el film “End of the Night” (“El fin de la noche”).

A lo largo de su carrera, participó principalmente en series de televisión y películas, como “CSI: Miami” y “The Bold and the Beautiful” (‘Belleza y poder’), además de las películas “Eraser” (‘Eliminador’), “Malevolence”.

Su última película fue “Destinos Opuestos” en 2022, según detalla la revista People.

La familia Stone se encontraba en el marco del duelo por la pérdida de su otro hermano no famoso Patrick, quien falleció en 2023 por causas no reveladas, según el medio especializado estadounidense. 

La revista recoge que pese a haberse puesto en contacto con los representantes de Sharon Stone, aún no han tenido respuesta por lo que la enfermedad de Michael Stone que le causó la muerte aún permanece en privado. 

People recuerda que Michael era el hermano mayor de cuatro, Sharon, Kelly y Patrick, este último perdió a su hijo pequeño hace un año por una insuficiencia orgánica total.

Michael y Sharon asistieron juntos a eventos como a la fiesta después de los Oscar de Vanity Fair de 1994 y la edición número 66 de los Premios de la Academia. 

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el espacio como nueva fábrica

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Dos empresas farmacéuticas se han asociado para poner en marcha un ambicioso plan de síntesis de fármacos en el espacio. No es una manía cara. Está más que comprobado que algunos medicamentos cuentan con ventajas añadidas si se cristalizan en condiciones de microgravedad. Hasta ahora, las pocas empresas que lo habían hecho habían trabajado solas o con el único apoyo de agencias como la NASA, pero que dos de ellas se asocien sin necesidad de que la agencia espacial intermedie marca el que podría ser el inicio de una era.

Mejor unir fuerzas. Las dos empresas en cuestión son Varda Space Industries y United Therapeutics Corporation. La primera, fundada por exempleados de SpaceX, lleva sintetizando medicamentos en el espacio desde 2023. La segunda no ha viajado nunca más allá de la Tierra, pero es una compañía biotecnológica con potencial suficiente para que la unión haga mucha más fuerza. El objetivo inicial será la cristalización en microgravedad de medicamentos para enfermedades pulmonares raras. No obstante, en el futuro se podrían producir fármacos para otras muchas patologías.

Todo empezó en 2019. En 2019, las compañías Merck Sharp & Dome Corp. (MSD), en colaboración con el Laboratorio Nacional de la Estación Espacial Internacional (EEI), realizaron experimentos de cristalización con el fármaco pembrolizumab (Keytruda). Se trata de un medicamento contra el cáncer que, como suele ser habitual en la quimioterapia, se administra mediante infusión intravenosa, en un proceso que puede durar horas. Al cristalizarlo en el espacio, se obtuvo una forma más estable que permitía su administración en una sola inyección, haciendo el tratamiento mucho más cómodo para los pacientes.

Una cuestión de tiempo. Se ha visto que, al cristalizarlas en condiciones de microgravedad, muchas moléculas se ensamblan de una forma más lenta y constante. Los resultados son moléculas mucho más estables que, una vez usadas como fármaco, tienen una gran variedad de ventajas. Por ejemplo, se disuelven mejor, no requieren tanto frío para su almacenamiento, provocan menos efectos secundarios y su vida útil es más larga. 

La experiencia de Varda. La compañía Varda comenzó su proyecto de farmacología espacial en 2023. Ese año lanzó al espacio la primera de una serie de cápsulas sin tripular con reactores químicos en su interior. En esos reactores se cristalizan moléculas que, tras unas cuantas semanas o meses de trabajo, se devuelven a la Tierra. Esa primera cápsula fue la W-1. Actualmente se encuentra llevando a cabo su misión la W-6 y se espera lanzar al menos tres más este año. Además, tras la unión con otra compañía farmacéutica, Varda confía en poder escalar a 7 lanzamientos en 2027.

También para investigación. Las moléculas que se cristalizan en el espacio dan lugar a cristales más grandes. Eso facilita también su investigación. Por eso, con este tipo de proyectos no se busca solo obtener fármacos. También se espera conseguir moléculas candidatas a convertirse en medicamentos, para analizarlas más minuciosamente por parte de los científicos que están en la Tierra. 

Esto es solo el principio. En el futuro, los viajes al espacio estarán mucho más extendidos. La reutilización de cohetes permitirá hacer muchos más lanzamientos en menos tiempo, el turismo espacial se convertirá en algo cada vez más frecuente y muchas investigaciones públicas y privadas se podrán realizar en órbita. Si se consigue la inversión suficiente, la infraestructura para obtener fármacos en el espacio será cada vez más sencilla. Y, desde luego, los beneficios para los pacientes también irán en aumento. 

Imagen | Varda/Magnific

En Xataka | Sabíamos que Marte tiene gravedad. Ahora acabamos de descubrir el efecto inesperado que causa sobre el clima de la Tierra

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