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El cohete Starship dio un paso a la Luna y Marte, pero le falta un largo recorrido
El éxito este martes del décimo lanzamiento de prueba de la nave espacial Starship tras tres misiones consecutivas fallidas, despejó muchas dudas para SpaceX acerca de su cohete insignia con el que busca apoyar los deseos de la NASA de volver a la Luna y llegar a Marte.
Sin embargo, también abrió la puerta a nuevas incógnitas sobre cuáles serán los objetivos de los futuros ensayos de la nave -entre ellos lograr el aterrizaje en tierra- para hacerse con la certificación del Gobierno estadounidense.
El amerizaje de la Starship este martes en el océano Índico tras poco más de una hora de vuelo supuso la primera ocasión en la que la nueva etapa superior del cohete tocó las deseadas aguas, y con ello cierra un capítulo que vio a la compañía perder las tres naves anteriores a causa de explosiones no programadas.
La versión anterior del cohete había logrado alcanzar el océano Índico, pero desde su actualización a partir del séptimo lanzamiento, realizado el pasado enero, no había conseguido replicarlo.
La compañía fundada por el magnate Elon Musk ha descrito a Starship como el cohete que llevará al ser humano a Marte, y lo está desarrollando con base en distintas versiones -actualmente va por la segunda-, que modifica ligeramente dependiendo de los resultados de cada lanzamiento.
El objetivo de SpaceX es poder reutilizar la Starship para futuros lanzamientos, algo que Musk ha definido como “el santo grial” de los viajes espaciales, puesto que permitiría abaratar los enormes gastos de cada misión.

Más de dos años de pruebas de lanzamiento de Starship
La compañía efectuó el primer lanzamiento de Starship en abril de 2023, y su temprana explosión, a los cuatro minutos del despegue, fue un indicador de las dificultades que estaban por venir.
Fue necesario el paso de un año y la explosión de otros tres cohetes para que una Starship consiguiera por primera vez aterrizar de forma vertical sobre el océano, en el Golfo de México.
Leer también: Nave Starship de SpaceX cumple con éxito su décima prueba después de tres fallidas
Lo hizo la Starship 4, y a ella le siguieron dos éxitos similares en los lanzamientos 5 y 6 de la nave.
Sin embargo, el salto a una nueva versión del cohete con el despegue número 7 vino acompañado de tres explosiones consecutivas, y solo la 9 alcanzó la órbita terrestre antes de saltar en pedazos.
El décimo despegue fue supuestamente uno de los últimos antes de la actualización del modelo de Starship, que Musk dijo ayer en X que “debería estar en producción y pruebas para finales de año”.

Salto a una nueva generación
La nueva generación de Starship “es una actualización masiva”, indicó Musk, agregando que tendrá “una intensa actividad de vuelo” en 2026.
No aclaró, sin embargo, cuál de las dos versiones empleará en los siguientes lanzamientos de prueba que realice la compañía de aquí a finales de año.
El tiempo entre un despegue y otro en los últimos meses ha sido de entre 6 y 12 semanas, debido a la necesidad de investigar qué había fallado en los lanzamientos. Sin embargo, el éxito del último permitiría acortar esta ventana de cara al próximo, que todavía no ha sido programado por SpaceX.
Para la V4, que será de mayor tamaño y tendrá 42 motores, habrá que esperar a 2027.

Starship podría ser un transporte a Marte…
El objetivo final de Starship es lograr el salto de la humanidad hacia Marte y cumplir así el sueño de la NASA y Musk. Inicialmente, estaba previsto que la primera Starship no tripulada viajara al planeta rojo en 2026, pero el magnate dijo el pasado mayo que esa posibilidad se había reducido al 50 %.
El gigantesco cohete de dos etapas (el propulsor Super Heavy y la nave en sí llamada Starship), de 123 metros de largo y una capacidad de entre 100 y 150 toneladas, tiene todavía varios exámenes pendientes, puesto que su nave nunca ha realizado un aterrizaje en tierra firme, que es imprescindible para alcanzar Marte.
El Super Heavy sí lo ha hecho, al regresar a la misma base de lanzamiento, en Texas. Además, el viaje de seis meses hasta Marte requeriría reabastecer de combustible a la nave una vez en órbita, pero la compañía todavía no ha iniciado esas pruebas y aún tiene que poner en órbita los vehículos cisterna que apoyarán a la Starship en su objetivo.

…y a la Luna
Aparte de contribuir a la colonización de Marte, donde Musk plantea la construcción de una ciudad autosuficiente, la Starship también fue la nave designada para la misión Artemis III de la NASA, que está prevista para 2027 y busca devolver una tripulación a la superficie lunar tras más de medio siglo.
Pero antes de poder transportar humanos, el cohete deberá recibir las certificaciones de la agencia espacial estadounidense, que exige que los sistemas “pueden tolerar fallos, proporcionar entornos que permitan la vida y ofrecer a la tripulación suficiente control y conocimiento de la situación”.
Según la NASA, la autorización se encuentra sujeta al cumplimiento de la probabilidad máxima permisible de pérdida de un tripulante entre quinientos durante el ascenso o el descenso, con el objetivo de minimizar riesgos para los astronautas.
Liftoff of Super Heavy, the most powerful launch vehicle in history, on Starship’s tenth flight test pic.twitter.com/dnQQAqKWUf
— SpaceX (@SpaceX) August 27, 2025
Con información de EFE.
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La NASA lanza la misión no tripulada número 34 con suministros y experimentos hacia la EEI
La NASA y SpaceX lanzaron este viernes la 34.ª misión no tripulada de reabastecimiento a la Estación Espacial Internacional (EEI) con suministros y material científico, después de que fuera aplazada en dos ocasiones por el mal clima en Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos).
El lanzamiento tuvo lugar a las 18:05 horas desde el Complejo de Lanzamiento Espacial 40 (SLC-40), ubicado en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral.
El anclaje al laboratorio orbital está programado para aproximadamente 38 horas después del despegue, según el cronograma original.
Leer también: NASA prueba una cabina a escala real para los astronautas que visitarán la Luna en 2028
La misión, que transporta poco menos de tres toneladas de suministros a bordo de una cápsula Dragon, estaba inicialmente programada para el martes, pero el clima desfavorable forzó su aplazamiento al día siguiente, cuando se pospuso de nuevo por ese motivo a menos de dos minutos del despegue.
SpaceX también colabora con el cohete Falcon 9, que impulsó la sonda al espacio.
Entre las investigaciones que transporta la nave destaca un experimento que ayudará a entender por qué los astronautas pierden glóbulos rojos, un factor de vital importancia antes de dar el salto permanente a la Luna o a Marte.
Además, el experimento ‘Odyssey’ examinará el comportamiento de determinadas bacterias en el espacio para comparar los resultados con experimentos realizados en simuladores de microgravedad en la Tierra, mientras que otros buscarán aumentar nuestros conocimientos sobre el clima espacial, el movimiento de las partículas en el espacio o el desarrollo de células óseas en esas condiciones.
Esta misión marca una nueva prueba de la estrecha colaboración de la NASA con SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk que inicialmente suministrará el aterrizador de Artemis IV, la histórica misión que prevé alunizar en 2028.
Sin embargo, los retrasos de esa compañía provocaron que el administrador interino de la NASA, Jared Isaacman, abriera la puerta a otras opciones como Blue Origin, fundada por Jeff Bezos y que se ha erigido como principal alternativa a SpaceX en la carrera espacial entre empresas privadas.
Today, a resupply mission launched to the space station aboard a SpaceX Falcon 9 rocket bearing the @Freedom250 logo.
This mission carries several special items to celebrate this historic milestone, including semiquincentennial commemorative coins from the @USTreasury and… pic.twitter.com/ZlOmqy0Wv5
— NASA (@NASA) May 15, 2026
Con información de EFE.
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NASA prueba una cabina a escala real para los astronautas que visitarán la Luna en 2028
La NASA avanza en los preparativos para el regreso del ser humano a la Luna, previsto para 2028, con la puesta en funcionamiento de una maqueta de Blue Origin a escala real de la cabina donde dormirán y trabajarán los astronautas que descenderán a la superficie lunar.
“Una maqueta a escala real de la cabina de la tripulación de un futuro módulo lunar industrial para el programa Artemis de la NASA ya está operativa para entrenamiento y pruebas”, informó en un comunicado la agencia espacial.
Diseñado por Blue Origin, la empresa espacial del fundador de Amazon, Jeff Bezos, el prototipo se encuentra en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston (Texas), y es idéntico al que emplearán los astronautas durante su estancia en la Luna.
La cabina permitirá simular las misiones en el satélite terrestre, y según la NASA, evolucionará a medida que las misiones sean más complejas y requieran un entrenamiento más avanzado.
“Con el tiempo, se convertirá en un simulador integrado con sistemas interactivos que ayudarán a los astronautas a practicar su vuelo con los equipos de control de vuelo en tierra”, señaló la agencia estadounidense.
La cabina de la tripulación es uno de los elementos del módulo de aterrizaje con el que la NASA prevé devolver al ser humano a la Luna en 2028, en el marco del programa Artemis.
Este espacio será “el área habitable y de trabajo donde dos astronautas comerán, dormirán, realizarán investigaciones científicas y observarán el entorno lunar durante su estancia” sobre la superficie lunar.
Blue Origin es una de las dos empresas estadounidenses junto a SpaceX, fundada por Elon Musk, que colabora con la NASA para el desarrollo del módulo de aterrizaje de Artemis IV, la primera misión a la superficie lunar en más de medio siglo.
Aunque originalmente la NASA cerró un contrato con la empresa de Musk para que le suministrara el aterrizador de esa misión, los retrasos de SpaceX provocaron que la agencia espacial abriera la puerta a Blue Origin.
Para el regreso a la Luna, la NASA informó que los cuatro astronautas viajarán a bordo de la cápsula Orión hasta la Luna, tras lo que dos miembros de la tripulación descenderán a la superficie lunar gracias al módulo de aterrizaje, de unos 16 metros de altura.
Ambas piezas se desacoplarán y volverán a anclarse en el espacio, un paso fundamental que la NASA prevé simular con Artemis III, la siguiente misión del programa, que está prevista para 2027 y tendrá lugar en la órbita terrestre.
Esta misión también probará un mejorado escudo térmico para la reentrada de la cápsula Orión y nuevos sistemas de soporte vital, según anunció ayer la agencia espacial.
Con información de EFE
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Lanzamiento masivo de satélites llena de hollín la atmósfera superior
La contaminación de hollín provocada por los satélites de ‘megaconstelación’, que se lanzan en masa al espacio desde 2019, se acumula rápidamente en la atmósfera superior y representa el 42 por ciento del impacto climático total del sector espacial.
Un equipo de investigadores del University College de Londres publica en la revista Earth’s Future, un análisis de la contaminación atmosférica producida por el creciente número de lanzamientos, así como por los cuerpos de cohetes desechados y los satélites inservibles que caen de vuelta a la Tierra.
El carbono negro (u hollín) generado por estos objetos permanece en la atmósfera superior mucho más tiempo que el procedente de fuentes terrestres, lo que se traduce en un impacto 500 veces mayor sobre el clima, subrayan los autores.
Utilizando datos de lanzamientos de cohetes y despliegues de satélites entre 2020 y 2022, el equipo ha modelado todos los principales contaminantes procedentes de los lanzamientos y reentradas de las megaconstelaciones de satélites. Además, han proyectado las emisiones de hollín del sector hasta el final de esta década.
Contaminación en aumento
El análisis muestra que, en 2020, estas ‘megaconstelaciones’ contribuyeron en torno al 35 por ciento al impacto climático total del sector espacial y que esta cifra aumentará hasta el 42 por ciento en 2029.
La investigación también revela que la potente contaminación atmosférica generada por el lanzamiento y la reentrada de grandes sistemas de satélites desechables se está acumulando rápidamente en la atmósfera superior, lo que reduce la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre.
Curiosamente la contaminación de hollín acumulada que se prevé en 2029 tendría un efecto similar al de las técnicas de geoingeniería propuestas para enfriar el planeta, bloqueando parte de la luz solar con partículas inyectadas en la atmósfera superior, pero el beneficio será “mínimo en comparación con el aumento de la temperatura del planeta previsto para ese periodo”, avisan los autores.
“Actualmente, el impacto de estos contaminantes en la atmósfera es relativamente pequeño, por lo que aún tenemos la oportunidad de actuar a tiempo antes de que se convierta en un problema más grave y difícil de revertir o reparar, señala una de las autoras, Eloise Marais, geógrafa del University College.
Los investigadores advierten que es probable que sus predicciones sean una subestimación, dado que el periodo en el que han basado las previsiones de cara al futuro (2020 a 2022) hubo menos lanzamientos de los que han tenido lugar en los años posteriores (2023 y 2025) y los que se espera que haya en el futuro.
Acumulación de satélites y… de hollín
El sistema Starlink de SpaceX (propiedad del multimillonario Elon Musk) es la megaconstelación más conocida, con casi 12 mil satélites en órbita hasta la fecha, aunque los sistemas rivales también han desplegado cientos de satélites adicionales.
Los autores señalan que las estimaciones anteriores, que preveían el lanzamiento de otros 65 mil satélites para finales de la década, ya están desfasadas.
El afán de la industria por desplegar nuevas constelaciones y ampliar las existentes ha llevado a que los lanzamientos anuales de cohetes casi se tripliquen, pasando de 114 en 2020 a 329 en 2025.
Los lanzamientos se hacen impulsados principalmente por los cohetes Falcon 9 de SpaceX, que utiliza un combustible a base de queroseno, liberando partículas de hollín en las capas superiores de la atmósfera durante el lanzamiento.
Este hollín permanece en esa capa atmosférica durante años, a diferencia del procedente de fuentes terrestres, como los coches y las centrales eléctricas, que es eliminado con la lluvia.
Los autores subrayan que el hollín liberado por estos lanzamientos es unas 540 veces más eficaz a la hora de alterar el clima que el hollín emitido cerca de la superficie de la Tierra.
Además, los lanzamientos de satélites también liberan a la atmósfera sustancias químicas como el cloro, que pueden degradar la capa de ozono, alertan.
Con información de EFE
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