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Muchas mujeres heterosexuales dicen estar hartas de los hombres. Hay una teoría que lo explica: “heterofatalismo”

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En una ciudad como Nueva York —o Madrid, o Buenos Aires, o cualquier ciudad donde una mujer con historial de citas y buena conexión a internet reevalúe sus elecciones—, a veces basta una copa de vino, una conversación entre amigas o una mala respuesta a un mensaje para que parezca que la vida se desarrolla en un spin-off menos glamuroso de Sex and the City. Uno donde las historias no acaban en zapatos Manolo y besos bajo la lluvia, sino en ghostings, excusas por ansiedad y terapia de grupo en formato cena.

Y no es que Carrie Bradshaw no advirtiera algo similar. En más de un episodio, sus columnas giraban en torno a un interrogante hoy muy cercano a lo que muchas mujeres formulan desde un lugar más crítico y colectivo: heterofatalismo. Un término que describe el desencanto, la ironía y la resignación con la que se miran sus experiencias amorosas con hombres. Pero si es un ismo, ¿es una teoría o solo otra mala cita con nombre académico?

El heteropesimismo fue acuñado en el año 2019 por el columnista Asa Seresin, describe una actitud de desesperanza y resignación ante las relaciones heterosexuales, especialmente desde la perspectiva de mujeres que, aunque decepcionadas, no abandonan esas relaciones. Como ha explicado un artículo en The Conversation, esta postura “no necesariamente implica violencia o jerarquías”, sino más bien “una decepción mundana pero persistente”.

No obstante, Seresin propone una versión más extrema: el heterofatalismo, una suerte de aceptación resignada del fracaso heterosexual. Según explicó Jean Garnett en un extenso artículo para The New York Times, es “el sentimiento de que los hombres que quiero no me quieren con suficiente claridad, urgencia o compromiso”.

Un término amplificado

Hay un contexto político y social que exacerba el desencanto. Como apunta Marie Solis en The New York Times, muchos de estos discursos se intensificaron tras la elección de Donald Trump y la confirmación de Brett Kavanaugh, figuras percibidas como símbolos de la impunidad machista. El movimiento #MeToo, aunque transformador, no cambió las dinámicas más cotidianas de las citas.

Además, las redes sociales han amplificado esta narrativa. Etiquetas como #boysober, #selfpartnered o el creciente interés en movimientos como el 4B (rechazo a relaciones, sexo, matrimonio y maternidad con hombres) retratan una generación de mujeres que, aunque no siempre renuncian a los hombres, han perdido la fe en las promesas del amor heterosexual. Según Sexual Health Alliance, esta brecha está ligada a cómo los hombres han sido socializados: con dificultad para verbalizar emociones, miedo a la vulnerabilidad, y en algunos casos, una masculinidad rígida que asocia el deseo con dominación o desapego.

La profesora Ellie Anderson habla de “trabajo hermenéutico”, una forma de explotación emocional en la que las mujeres se encargan de interpretar las señales confusas de hombres poco comunicativos. También menciona la “alexitimia masculina normativa”, una dificultad emocional estructural en muchos varones heterosexuales. Por su parte, la psicoanalista Jessica Benjamin habla de la “complementariedad paralizante”: cuando ambas partes en una relación sienten que no pueden ganar reconocimiento sin perder poder. Todo esto compone un escenario emocional donde, como ironiza Garnett, “una mujer pide claridad y es castigada por ‘ser demasiado intensa’”.

En un artículo de Newtral, la periodista Noemí López Trujillo lo ha explicado con bastante claridad: conecta el auge del heteropesimismo con una estetización de la tristeza femenina. Habla del femcelcore como una corriente cultural donde las mujeres se retratan como criaturas rotas, vestidas de negro y alejadas de los hombres como única estrategia de autoprotección. Esta romantización del duelo amoroso, sin embargo, puede caer en un nihilismo estéril, que evita toda acción política o transformadora.

¿Una experiencia exclusivamente femenina?

Aunque el heterofatalismo se ha teorizado principalmente desde la experiencia de mujeres heterosexuales, algunos autores advierten que no es del todo unilateral. The Times señala que mientras las mujeres expresan este pesimismo con ironía y memes, los hombres heterosexuales también están experimentando una crisis, aunque con consecuencias muy diferentes. Mientras ellas se retraen, ellos se refugian en comunidades como los incels o la manosfera, derivando su frustración en misoginia.

En ese contexto, en los últimos años se ha hecho más evidente la proliferación de comunidades masculinas que alimentan una ansiedad creciente hacia las relaciones y un repliegue hacia la idea de “amor tradicional”: parejas estables bajo roles de género rígidos, y una nostalgia por una supuesta “época dorada” —los años 50 y 60— en la que, con un solo sueldo, “la mujer se quedaba en casa, tenían tres hijos y todos eran felices”. Este imaginario, reforzado por foros en línea y discursos conservadores, no solo idealiza un pasado desigual, sino que lo presenta como remedio frente a la confusión y el desencanto actuales.

Por su parte, la periodista Poppy Sowerby, en The Times, advierte que cuando las mujeres responsabilizan a todos los hombres de su decepción, sin matices, el heterofatalismo se convierte en el reverso del discurso incel. En ambos casos, la relación heterosexual se presenta como un destino trágico y sin salida.

Hay una disyuntiva presente en toda esta situación: ¿es el deseo el problema o los roles que lo encuadran? Una de las críticas más relevantes al heterofatalismo viene desde dentro del feminismo. Como ha detallado Sexual Health Alliance, este discurso puede terminar naturalizando la misoginia al equipararla directamente con la heterosexualidad. El problema, argumentan, no son los hombres per se, sino los roles de género que ambos —hombres y mujeres— reproducen sin cuestionar.

Rachel Connolly, en The Guardian, ve el heteropessimismo como “una visión conservadora disfrazada de crítica radical”. ¿De verdad lo único que podemos esperar es que nuestras parejas no tiren sus calcetines sucios? ¿Qué clase de imaginación nos queda si asumimos que las relaciones heterosexuales están condenadas por naturaleza?. Shon Faye, en su libro Love in Exile, propone algo diferente: dejar de esperar que una pareja lo sea todo. Plantea una reorganización de las relaciones basada en el reconocimiento de nuestras necesidades diversas —sexo, conversación, cuidados, finanzas— como potencialmente distribuibles, y no necesariamente contenidas en un solo vínculo romántico.

En definitiva, el panorama que se presenta es ambiguo. Por un lado, existe una creciente toma de conciencia sobre las dinámicas fallidas del amor heterosexual. Por otro, hay una escasa exploración de alternativas reales. El reto, según Jessica Benjamin, no es la renuncia, sino el encuentro. Para ello, propone el concepto de “tercero intersubjetivo”: una zona de reconocimiento mutuo donde ambas partes se ven como sujetos con deseo, agencia y vulnerabilidad. No se trata de dominar ni de ceder, sino de rendirse mutuamente al vínculo. Quizá la pregunta no sea si la heterosexualidad está condenada, sino si estamos dispuestos a reconstruirla.

A pesar de los discursos fatalistas. La creciente desafección hacia el amor heterosexual no es un capricho ni una moda: es una respuesta a patrones que ya no se sostienen. El discurso del heterofatalismo pone nombre a ese desgaste, pero no basta con identificarlo. Pensar en nuevas formas de vínculo exige ir más allá del meme o del cinismo resignado. No se trata de dejar de querer a los hombres, sino de dejar de normalizar relaciones donde el deseo y el cuidado circulan en direcciones opuestas.

Imagen | Pexels

Xataka | La Gen Z se ha desentendido tanto del vicio que está celebrando raves diurnas con café y “sound healing”

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El mundo depende del gas para producir alimentos. Paraguay cree tener la solución definitiva gracias a la represa de Itaipú

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En medio de un escenario de alta tensión en Medio Oriente y rutas comerciales amenazadas, un proyecto en el corazón de Sudamérica promete cambiar las reglas del juego para la agricultura global. La empresa británica Atome ha dado la luz verde definitiva para la construcción de Villeta, una planta de fertilizantes en Paraguay valorada en 665 millones de dólares, que eliminará por completo el uso de combustibles fósiles en su producción.

Una cuestión de seguridad alimentaria. Como detalla Financial Times, la dependencia de la industria de los fertilizantes respecto al gas natural es un talón de Aquiles para la economía global. Tradicionalmente, la mayor parte del fertilizante nitrogenado se produce combinando nitrógeno del aire con hidrógeno extraído del gas natural. Sin embargo, Villeta utilizará electricidad renovable para separar el hidrógeno del agua (electrólisis).

Para Olivier Mussat, director ejecutivo de Atome, el enfoque del proyecto va mucho más allá de la sostenibilidad. “No es una historia ecológica, es en realidad una historia de seguridad alimentaria”, declaró en FT. La advertencia de Mussat no es menor, ya que entre una cuarta parte y un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados pasan por el Estrecho de Ormuz. Con los recientes conflictos, los envíos de gas han caído, elevando los precios y levantando alarmas sobre una posible crisis alimentaria. Para América Latina, una potencia agroexportadora pero altamente dependiente de fertilizantes importados, el proyecto funciona como una “cobertura estructural” contra la volatilidad geopolítica.

El hito financiero que observa Wall Street. Atome logró cerrar un paquete de financiamiento que incluye 420 millones de dólares en deuda y 245 millones en capital. Este respaldo proviene de prestamistas de desarrollo del calibre de la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI), junto con el fondo de inversión especializado en hidrógeno Hy24.

“Hemos demostrado que realmente se puede cerrar y financiar a escala industrial una instalación de fertilizantes verdes. Nunca se había hecho antes”, aseguró Mussat. Por su parte, Pierre-Etienne Franc, director ejecutivo de Hy24, explicó a la prensa que tener fuentes de energía baratas y no fósiles ofrece “una ruta hacia el fertilizante verde que va a ser localizada”, independizando a la industria de los precios de las materias primas dictados por el gas natural.

La viabilidad técnica. Históricamente, el hidrógeno verde ha sido demasiado costoso para competir con su contraparte fósil. Sin embargo, la ventaja competitiva de Paraguay cambia la ecuación. La planta Villeta operará con electrolizadores a gran escala alimentados por la represa hidroeléctrica de Itaipú (compartida entre Paraguay y Brasil). Según las proyecciones de la empresa, los costos de electricidad rondarán apenas los 30 dólares por megavatio-hora bajo un acuerdo a largo plazo.

Esta viabilidad técnica y económica fue suficiente para convencer al gigante noruego de los fertilizantes, Yara International, de firmar un contrato vinculante de 10 años para comprar la totalidad de la producción de la planta, estimada en unas 260.000 toneladas anuales, un detalle exhaustivamente cubierto por la prensa industrial.

La mirada desde Asunción. Durante décadas, Paraguay ha exportado a precios muy bajos su excedente de energía generada en Itaipú hacia sus vecinos, Brasil y Argentina. Para la prensa local, la instalación de Atome representa un cambio de paradigma histórico. Significa tomar esa energía limpia y utilizarla dentro del territorio nacional para generar empleos locales y producir un bien con alto valor agregado.

Aunque Villeta representará menos del 1% del mercado global de fertilizantes nitrogenados cuando comience a producir en 2029, sus patrocinadores y los observadores del mercado coinciden en algo fundamental: si el modelo paraguayo funciona, podría convertirse en la plantilla definitiva para liberar a la agricultura mundial de su dependencia de los combustibles fósiles.

Imagen | Atome

Xataka | Estamos desperdiciando un recurso valiosísimo: la orina está ayudando resolver la crisis de los fertilizantes

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es la entrada secreta al lugar más seguro de EEUU

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En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir bajo la Casa Blanca un refugio secreto con muros de hormigón y puertas de acero, un espacio pensado para desaparecer de la superficie en cuestión de segundos si Washington era atacada. Durante décadas, aquel lugar apenas apareció en documentos oficiales y su existencia se movió entre rumores y relatos fragmentarios. Pero la idea que dejó aquel proyecto sigue siendo inquietante: en ciertos edificios, lo más importante nunca está a la vista.

Un edificio que esconde mucho más. La Casa Blanca siempre ha sido un ejemplo de arquitectura donde la apariencia engaña, con un diseño que oculta bajo su superficie una compleja red de espacios técnicos y de seguridad desarrollados durante décadas

Esa lógica se mantiene en la mayor reforma planteada hasta ahora, que no solo transforma su silueta visible, sino que aprovecha la oportunidad constructiva para intervenir en lo que nunca se ve. Como ha ocurrido en otras grandes remodelaciones del complejo, el verdadero alcance del proyecto se mide más bajo tierra que en lo que sobresale sobre el césped.

De salón de baile a infraestructura estratégica. El nuevo salón proyectado, de unos 90.000 metros cuadrados y capacidad para mil personas, se presenta oficialmente como una solución a la falta de espacio para grandes eventos dentro del recinto presidencial. 

Sin embargo, desde el inicio ha estado ligado a un argumento de seguridad, especialmente tras los incidentes recientes que han puesto en evidencia las limitaciones de sedes externas como por ejemplo hoteles. La idea no es solo concentrar actos en un entorno controlado, sino integrarlos dentro de un espacio diseñado desde cero con criterios de protección avanzada.

President Donald Trump Speaks With Australian Prime Minister Anthony Albanese In The Oval Office 54875438445
President Donald Trump Speaks With Australian Prime Minister Anthony Albanese In The Oval Office 54875438445

El presidente Trump le mostró una maqueta del nuevo ala este proyectada al primer ministro australiano Anthony Albanese el 20 de octubre de 2025

La arquitectura como excusa. El elemento clave del proyecto apunta a que no está en la sala en sí, sino en lo que permite construir debajo de ella. Diversas declaraciones oficiales han descrito el salón como una estructura que “cubre” un complejo mucho mayor, diseñado con materiales resistentes a explosiones, sistemas antidrón y comunicaciones seguras. 

Este enfoque responde a una lógica conocida en la propia Casa Blanca a lo largo de la historia: aprovechar cualquier obra en superficie para ampliar o modernizar infraestructuras subterráneas sin alterar en exceso el conjunto histórico visible.

White House State Ballroom Model
White House State Ballroom Model

Maqueta del ala este/salón de baile propuesta de la Casa Blanca (fotografía publicada por la Casa Blanca el 22 de octubre de 2025)

El heredero del búnker más seguro de EEUU. Recordaba hace unos días Time que bajo el ala este demolida se encontraba el Presidential Emergency Operations Center, el histórico búnker construido durante la Segunda Guerra Mundial y ampliado en sucesivas reformas. 

Este espacio, concebido como refugio y centro de mando en caso de crisis, ha evolucionado con cada generación para adaptarse a nuevas amenazas, desde la guerra nuclear hasta el terrorismo. La reforma actual apunta a sustituirlo por una versión más avanzada, manteniendo su función como el punto más seguro del país en situaciones extremas.

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El vicepresidente Dick Cheney con altos funcionarios en el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia el 11 de septiembre de 2001

Un complejo más allá de un simple refugio. Los planes conocidos describen una instalación que combina múltiples funciones en un mismo núcleo subterráneo. Se incluyen refugios reforzados, instalaciones médicas, sistemas de bioseguridad y centros de comunicaciones de alta seguridad capaces de sostener el funcionamiento del gobierno en condiciones críticas

Desde esa perspectiva, más que un búnker tradicional, se trata de un entorno preparado para operar durante crisis prolongadas, integrando capacidades militares y civiles en un mismo espacio protegido.

After Addressing The Nation President George W Bush Meets With His National Security Council
After Addressing The Nation President George W Bush Meets With His National Security Council

Entre legalidad, patrimonio y seguridad. Es uno de los grandes debates de la nación en estos momentos, porque el proyecto ha generado un conflicto jurídico y político significativo al plantear hasta qué punto un presidente puede transformar la Casa Blanca sin aprobación del Congreso. 

Mientras grupos de preservación denuncian la demolición del ala este y el impacto sobre el patrimonio histórico, la administración defiende que la obra es imprescindible para la seguridad nacional. Los tribunales han optado por una solución intermedia, bloqueando parcialmente la construcción visible mientras permiten avanzar en los elementos considerados críticos para la protección.

El momento perfecto. Qué duda cabe, el reciente incidente de seguridad en un evento oficial ha servido como argumento para reforzar la urgencia del proyecto por parte de la administración, al evidenciar las vulnerabilidades de los espacios externos. 

Desde esta perspectiva, el nuevo salón no solo responde a una necesidad logística, sino a un cambio en la forma de gestionar la seguridad presidencial. La combinación de evento y protección en un mismo lugar se presenta como una solución que evita depender de entornos menos controlados.

La entrada discreta al lugar más seguro. En conjunto, la polémica reforma apunta a redefinir la Casa Blanca como una estructura dual donde lo visible cumple una función representativa y lo oculto concentra el verdadero núcleo de poder y seguridad

El nuevo salón de baile actúa así como la pieza arquitectónica que, llegado el caso, permite dar acceso, cobertura y sentido a una infraestructura subterránea mucho más ambiciosa. Quizás por ello, más que una ampliación estética o funcional, el proyecto se entiende como una puerta discreta hacia el espacio mejor protegido de Estados Unidos, un búnker anti todo donde se garantiza la continuidad del gobierno en cualquier escenario imaginable.

Imagen | White House, National Archives

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no necesitaron ni reyes ni nobles para construirlas

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Hace cuatro mil años, en las llanuras centrales de China, una comunidad de unas quinientas personas construyó algo que nos ha costado milenios descubrir: una red de tuberías de cerámica período Longshan enterrada bajo sus calles. No son las tuberías más antiguas de la historia de la humanidad (ese honor corresponde al Templo de Bel en Nippur y en Eshnunna en Mesopotamia), pero sí las de China. 

Encontrar una red de drenaje tan antigua y completa es un hito desde el punto de vista arquitectónico, pero el hallazgo va un paso más allá: demuestra que la preparación frente a desastres naturales es algo verdaderamente de toda la vida. Porque las tuberías del yacimiento de Pingliangtai se construyeron a prueba de monzones.

El hallazgo. El paper publicado en Nature Water describe los resultados de la excavación y un estudio geoarqueológico de las infraestructuras de gestión hídrica, que revelan la operación y el mantenimiento de un sistema de drenaje de agua de lluvia a dos niveles bien planificado y regulado. En el primer nivel había zanjas domésticas individuales que recogían el agua de cada vivienda y en el segundo una red de tuberías de cerámica enterrada bajo los caminos y junto a las murallas, encargada de canalizar el agua al exterior del núcleo urbano. 

El funcionamiento es sorprendentemente actual: cada segmento de tubería medía entre 20 y 30 centímetros de diámetro y entre 30 y 40 centímetros de longitud y se ensamblaban entre sí gracias a un rebaje en un extremo, de modo que una vez unidas permitían transportar el agua a largas distancias. 

Por qué es importante. La relevancia del hallazgo tiene dos dimensiones, la técnica y la social:

  • La red de tuberías de Pingliangtai es el drenaje urbano más antiguo y completo descubierto hasta la fecha en China, convirtiéndolo en un referente para entender la ingeniería hídrica del Neolítico en Asia Oriental. 
  • Pone en entredicho el “despotismo hidráulico” teorizado por Karl Wittfogel: históricamente se asociado este tipo de infraestructuras a estados centralizados con élites gobernantes capaces de acometerlo, pero en Pingliangtai no hay evidencia de palacios de nobles o grandes desigualdades sociales, lo que sugiere que esta red de alcantarillado se creó mediante cooperación de la comunidad. 

Contexto. El período Longshan abarcó aproximadamente del 2600 al 2000 a.C. Hace unos 4.000 años, la región de las llanuras centrales de China sufría un clima monzónico extremadamente variable: los monzones de verano podían descargar 45 centímetros de lluvia al mes en la región, como queda constancia en las evidencias geológicas de episodios de lluvias catastróficas. Esas inundaciones estacionales constituían toda una amenaza para los asentamientos permanentes, así que en ese periodo de transición entre el Neolítico tardío y la temprana Edad del Bronce los poblados empezaron a construir muros defensivos, no solo contra enemigos, sino contra el agua.

Pingliangtai era una ciudad amurallada perfectamente cuadrada que albergaba a unas 500 personas y que contaba con murallas protectoras y un foso a su alrededor. Se ubica en la llanura del Alto Río Huai, en la vasta llanura de Huanghuaihai, precisamente en esa región de China. El sistema de drenaje fue la solución técnica a un problema existencial: cómo habitar una zona inundable sin que las viviendas de adobe se disolvieran con cada tormenta.

Con el mantenimiento “al día”. La datación de las tuberías apunta a que tienen entre 3.900 y 4.100 años y las zanjas mostraban señales de reparaciones varias e incluso reconstrucciones, lo que demuestra que hubo mantenimiento. La calidad de la cerámica indica un conocimiento avanzado en la cocción de arcilla, esencial para garantizar la durabilidad e impermeabilidad del sistema. 

Y ojo, porque el equipo de investigación encontró los segmentos de tubería in situ, ensamblados y estructuralmente íntegros después de 4.000 años, todo un logro. Habida cuenta de que la pendiente existe, el diseño es coherente y los tubos siguen encajando, la lógica hidráulica sigue intacta. En pocas palabras: si se introdujera agua en esos fragmentos, funcionaría.

Lo que el hallazgo revela de la ciudad y la sociedad. Lo que más llama la atención al equipo de investigación de la Universidad de Pekín y del Instituto de Arqueología del University College de Londres es que el asentamiento de Pingliangtai apunta a una sociedad horizontal y altamente organizada. Todas las casas eran uniformemente pequeñas y ni siquiera el cementerio deja pistas de jerarquía social, algo diferente respecto a las excavaciones en otras ciudades cercanas.

A diferencia de Mesopotamia o Egipto, donde estas construcciones eran encargadas por reyes, el diseño de las casas y la distribución de las tuberías sugieren que las decisiones se tomaban de forma comunitaria. Así, la gestión del agua en Pingliangtai gravitó hacia el interés colectivo compartido como respuesta a las frecuentes contingencias ambientales. Además, muestra una mentalidad de prevención y mantenimiento a largo plazo, ya que el sistema requería limpieza constante para evitar obstrucciones por sedimentos.

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Portada | Yanpeng Cao 

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