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Esta moto voladora que parece sacada de ‘Star Wars’ alcanza los 200 km/h y ya se puede comprar. El “puede” va entre comillas
Año 4 DBY (Después de la Batalla de Yavin). El imperio galáctico invade la Luna de Endor, hogar de los simpáticos Ewok, y pone sobre el terreno los AT-ST y las motos deslizadoras 74-Z. Estas motos voladoras, pilotadas por soldados exploradores y chulísimas, todo sea dicho, no fueron suficientes para evitar que la Alianza Rebelde destruyese la segunda Estrella de la Muerte. No obstante, su legado parecer perdurar hasta nuestros días. ¿La prueba? La Volonaut Airbike, una moto voladora de lo más curiosa que ya se puede comprar y que podría pasar perfectamente por un medio de transporte de ‘Star Wars’.
¿Volonaut? Quizá el nombre no te diga nada. Quizá el de su fundador, Tomasz Patan, tampoco. Pero si hablamos del Jetson One a lo mejor suena la campana. El Jetson One es un eVTOL unipersonal a.k.a. un coche volador eléctrico que hizo mucho ruido hace unos años. Pues Volonaut es como Jetson, pero en formato moto. Patan está detrás de ambas empresas y su propuesta con la Volonaut Airbike es, cuanto menos, llamativa.

El equipo de Volonaut se tomó las referencias a ‘Star Wars’ bastante enserio | Imagen: Volonaut en X
Una moto voladora… Según explica Volonaut en su web, esta “supermoto para los cielos” está diseñada para transportar a una persona (de hasta 95 kilos, por cierto). Usa un motor a reacción capaz de alcanzar los 200 km/h, no tiene hélices giratorias y, de acuerdo a la firma, es siete veces más ligera que una moto convencional “gracias al uso de materiales avanzados de fibra de carbono, impresión 3D y un enfoque minimalista”.
… que vuela poco… Verla en movimiento es impresionante y realmente recuerda a las películas de ciencia ficción. El problema es que su autonomía es bastante escasa. La Volonaut Airbike usa diésel, biodiésel, Jet-A1 o queroseno y es capaz de volar durante solo diez minutos. Tienen que ser diez minutos espectaculares, pero solo diez minutos. ¿Parte positiva? Repostar es rápido: menos de un minuto.
… y que “puedes” comprar. El dispositivo lleva varios años en desarrollo y no ha sido hasta ahora que se ha puesto a la venta. Todavía tiene que terminar de pulirse, pero se puede reservar. ¿Por cuánto? He aquí el motivo de las comillas.

Imagen | Volonaut
Si hubiera alguien interesado en ella, hoy tendría que depositar 2.000 dólares no reembolsables para reservar un hueco. Luego habría que depositar 80.000 dólares, que garantizan la unidad y confirman el interés del comprador. Finalmente, una vez la moto esté lista, el comprador tendrá que poner los 798.000 dólares restantes. Coste total: más de 700.000 euros al cambio, un precio bastante alejado del bolsillo medio, pero quizá no tan elevado para quien vea en la Volonaut Airbike un capricho como cualquier otro.
¿Y esto donde lo vuelo? En Estados Unidos no es necesaria una licencia específica, ya que entra dentro de la categoría Ultralight de la FAA. Otra historia diferente sería volar este vehículo en España, donde supondría, como mínimo, un desafío a nivel regulatorio.
Imagen de portada | Volonaut
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El móvil en la mesilla de noche no te está “friendo” el cerebro, pero la ciencia empieza a entender por qué te impide descansar
Es prácticamente un ritual a día de hoy: conectar el móvil al cargador, configurar la alarma y dejarlo en la mesilla de noche a escasos 30 centímetros de la almohada para dormir. Según los datos, para el 95% de los adultos, dormir con el teléfono al alcance de la mano es una necesidad logística; para una creciente corriente de expertos en longevidad, es un error de cálculo biológico porque descansamos menos. Para ello, hemos analizado la bibliografía para saber exactamente el efecto que tiene tener el móvil al lado.
El culpable confirmado. Antes de entrar en el terreno pantanoso de los posibles problemas que puede generar la radiación al estar cerca nuestra, debemos señalar al “elefante en la habitación”. La evidencia más sólida que tenemos a día de hoy no culpa a las antenas de tener un mal sueño, sino a las pantallas y a lo que hacemos con ella.
Para que nos hagamos una idea, un metaanálisis sobre más de 36.000 participantes concluyó que el uso excesivo del smartphone aumenta un 228% el riesgo de tener una mala calidad de sueño.
El doble responsable. El primero es la supresión de la melatonina, puesto que la luz azul emitida por los paneles LED de los móviles engaña a nuestro cerebro haciéndole creer que aún es de día. Esto retrasa la liberación de la melatonina y fragmenta la arquitectura del sueño.
Pero no solo la luz azul es información, puesto que responder un WhatsApp o hacer doomscrolling en TikTok antes de dormir mantiene el cerebro alerta. Un estudio en estudiantes de medicina apuntaba a que el uso nocturno del móvil se correspondía con un peor descanso.
El debate de la radiación. Siempre ha sido un mantra para muchos: tener el móvil cerca es tener una gran fuente de radiación que causa muchos problemas de salud. En este caso, organismos como la OMS o ARPANSA han mantenido tradicionalmente que la evidencia de daño por campos electromagnéticos de bajo nivel es “insuficiente”. Sin embargo, no significa que sea inexistente.
Los estudios más recientes están empezando a ver los efectos no térmicos que tiene el móvil. Uno de los más interesantes se hizo con monitores de bebés que tienen una frecuencia de 2.45 GHz, similar al bluetooth o el Wifi, para simular la exposición ambiental. El resultado fue que el grupo expuesto, frente al placebo, mostró una peor calidad subjetiva de sueño y alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, sugiriendo que las personas sensibles sí notan la “presencia” invisible del dispositivo electrónico cerca.
Modulación de ondas cerebrales. Otra investigación sobre señales 5G encontró que la exposición a las ondas de 3.6 GHz afectaba a los husos del sueño durante la fase N2, es decir, el sueño ligero que supone el 50% del tiempo total de descanso. Lo curioso de este estudio es que el efecto dependía de la genética: solo los portadores de ciertas variantes del gen CACNA1C mostraron alteraciones en el electroencefalograma.
Esto matiza las advertencias de algunos expertos, puesto que tal vez la radiación no nos afecte a todos por igual, pero para un subgrupo genéticamente predispuesto, dormir junto a una fuente de emisión continua podría estar fragmentando su fase N2, crucial para la consolidación de la memoria.
El factor del hábito. A menudo se cita el estudio de Sinha para demonizar la radiación, pero lo que realmente midió este estudio fueron los hábitos en una muestra de 566 participantes. En este caso se vio que aquellas personas con un alto uso del móvil tardaban más en dormirse, su sueño era menos eficiente y un 22,6% reportó una peor calidad de sueño.
De esta manera, la conclusión no fue que las ondas les impidieran dormir, sino que el hábito de tener el móvil cerca lleva inevitablemente a usarlo. Si está en la mesilla, lo miras. Si lo miras, te activas. Es un círculo vicioso conductual más que radiológico.
Protocolo de higiene. La pregunta en este caso es inevitable: ¿debemos envolver la habitación en papel de aluminio? No hace falta. En este caso, la física juega a nuestro favor gracias a la ley de la inversa del cuadrado: la intensidad de la radiación cae drásticamente con la distancia.
Es por ello que lo más importante es alejar el dispositivo al menos un metro de la cama, puesto que a esta distancia la exposición cae a niveles basales insignificantes, haciendo que dormir con el móvil bajo la almohada sea la peor decisión posible. Si queremos ir un poco más allá, podemos ponerlo en modo avión, aunque el mejor consejo, como apunta la Sociedad Española de Neurología, es tener una hora sagrada, donde la recomendación es dejar las pantallas una hora antes de dormir.
Imágenes | Nubelson Fernandes
En Xataka | Creíamos que el insomnio era solo no poder dormir. Ahora sabemos que son cinco trastornos distintos
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Es prácticamente un ritual a día de hoy: conectar el móvil al cargador, configurar la alarma y dejarlo en la mesilla de noche a escasos 30 centímetros de la almohada para dormir. Según los datos, para el 95% de los adultos, dormir con el teléfono al alcance de la mano es una necesidad logística; para una creciente corriente de expertos en longevidad, es un error de cálculo biológico porque descansamos menos. Para ello, hemos analizado la bibliografía para saber exactamente el efecto que tiene tener el móvil al lado.
El culpable confirmado. Antes de entrar en el terreno pantanoso de los posibles problemas que puede generar la radiación al estar cerca nuestra, debemos señalar al “elefante en la habitación”. La evidencia más sólida que tenemos a día de hoy no culpa a las antenas de tener un mal sueño, sino a las pantallas y a lo que hacemos con ella.
Para que nos hagamos una idea, un metaanálisis sobre más de 36.000 participantes concluyó que el uso excesivo del smartphone aumenta un 228% el riesgo de tener una mala calidad de sueño.
El doble responsable. El primero es la supresión de la melatonina, puesto que la luz azul emitida por los paneles LED de los móviles engaña a nuestro cerebro haciéndole creer que aún es de día. Esto retrasa la liberación de la melatonina y fragmenta la arquitectura del sueño.
Pero no solo la luz azul es información, puesto que responder un WhatsApp o hacer doomscrolling en TikTok antes de dormir mantiene el cerebro alerta. Un estudio en estudiantes de medicina apuntaba a que el uso nocturno del móvil se correspondía con un peor descanso.
El debate de la radiación. Siempre ha sido un mantra para muchos: tener el móvil cerca es tener una gran fuente de radiación que causa muchos problemas de salud. En este caso, organismos como la OMS o ARPANSA han mantenido tradicionalmente que la evidencia de daño por campos electromagnéticos de bajo nivel es “insuficiente”. Sin embargo, no significa que sea inexistente.
Los estudios más recientes están empezando a ver los efectos no térmicos que tiene el móvil. Uno de los más interesantes se hizo con monitores de bebés que tienen una frecuencia de 2.45 GHz, similar al bluetooth o el Wifi, para simular la exposición ambiental. El resultado fue que el grupo expuesto, frente al placebo, mostró una peor calidad subjetiva de sueño y alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, sugiriendo que las personas sensibles sí notan la “presencia” invisible del dispositivo electrónico cerca.
Modulación de ondas cerebrales. Otra investigación sobre señales 5G encontró que la exposición a las ondas de 3.6 GHz afectaba a los husos del sueño durante la fase N2, es decir, el sueño ligero que supone el 50% del tiempo total de descanso. Lo curioso de este estudio es que el efecto dependía de la genética: solo los portadores de ciertas variantes del gen CACNA1C mostraron alteraciones en el electroencefalograma.
Esto matiza las advertencias de algunos expertos, puesto que tal vez la radiación no nos afecte a todos por igual, pero para un subgrupo genéticamente predispuesto, dormir junto a una fuente de emisión continua podría estar fragmentando su fase N2, crucial para la consolidación de la memoria.
El factor del hábito. A menudo se cita el estudio de Sinha para demonizar la radiación, pero lo que realmente midió este estudio fueron los hábitos en una muestra de 566 participantes. En este caso se vio que aquellas personas con un alto uso del móvil tardaban más en dormirse, su sueño era menos eficiente y un 22,6% reportó una peor calidad de sueño.
De esta manera, la conclusión no fue que las ondas les impidieran dormir, sino que el hábito de tener el móvil cerca lleva inevitablemente a usarlo. Si está en la mesilla, lo miras. Si lo miras, te activas. Es un círculo vicioso conductual más que radiológico.
Protocolo de higiene. La pregunta en este caso es inevitable: ¿debemos envolver la habitación en papel de aluminio? No hace falta. En este caso, la física juega a nuestro favor gracias a la ley de la inversa del cuadrado: la intensidad de la radiación cae drásticamente con la distancia.
Es por ello que lo más importante es alejar el dispositivo al menos un metro de la cama, puesto que a esta distancia la exposición cae a niveles basales insignificantes, haciendo que dormir con el móvil bajo la almohada sea la peor decisión posible. Si queremos ir un poco más allá, podemos ponerlo en modo avión, aunque el mejor consejo, como apunta la Sociedad Española de Neurología, es tener una hora sagrada, donde la recomendación es dejar las pantallas una hora antes de dormir.
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Con 10 estatuillas en los Premios Annie, “Kpop Demon Hunters” consolida su avance rumbo a los Óscar
EFE.- La película coreana “Kpop Demon Hunters”, dirigida por Maggie Kang y Chris Appelhans, se convirtió en la gran triunfadora de la edición 53 de los Premios Annie al alzarse con 10 estatuillas, consolidando así su impulso en la carrera hacia los Premios Óscar.
La producción de Netflix obtuvo los galardones más codiciados de la noche, entre ellos mejor película, mejor dirección y mejor animación de personaje, reafirmando su condición de favorita en unos premios considerados los más prestigiosos del cine de animación.
El resto de galardones que obtuvo fueron los de mejor música, mejor diseño de producción, mejor doblaje, mejor guion, mejor editorial, mejores efectos especiales y mejor diseño de personaje.
Por su parte, la película “Arco”, del director francés Ugo Bienvenu, también reforzó sus opciones de cara al Óscar tras imponerse en la categoría de mejor película independiente.
La cinta francesa se perfila así como otra de las aspirantes destacadas en el apartado de mejor película de animación en la próxima edición de los Óscar, donde competirá, entre otras, con la producción surcoreana.
En las categorías de televisión, el protagonismo fue para “Common Side Effects”, de Adult Swim, que sumó cuatro galardones: mejor serie para adultos, mejor guion, mejor dirección y mejor montaje, y para “Love, Death + Robots“, que se impuso en mejor diseño de personaje, mejor diseño de producción y mejor guion gráfico.
Asimismo, la miniserie animada de televisión “Win or Lose” de Pixar, se impuso en los apartados a mejor música, mejor miniserie y mejor animación de personaje en los apartados de TV/Media.
El galardón a mejor producción especial se lo llevó “Snoopy Presents: A Summer Musical”, de WildBrain Studios en asociación con Apple TV.
El evento se llevó a cabo en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y también se entregaron premios del jurado, incluyendo el Premio Winsor McCay a Michaël Dudok de Wit, Christopher Miller, Phil Lord y Chris Sanders, y el Premio June Foray a Sandy Rabins.
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