Connect with us

Actualidad

La máquina de escribir más revolucionaria y rara de la historia se perdió en 1940. Hasta que alguien recibió un mensaje

Published

on


Puede que muchos no lo sepan, pero las máquinas de escribir no solo fueron importantes en el pasado, el presente no sería ni rematadamente parecido sin estas herramientas. De hecho, en 1980 Apple tomó una decisión que pocos entendieron: declararle la guerra a la máquina de escribir. Varios siglos antes, en China, alguien ideó la más revolucionaria de todas estas máquinas.

El problema es que solo había una y se perdió. Hasta ahora.

Las teclas perdidas. La historia la contaba el New York Times. Todo comenzó en 2007, cuando Tom Mullaney, profesor de historia china en Stanford, preparaba una ponencia sobre la desaparición de caracteres chinos y se preguntó cómo podía algo impreso ser olvidado. Aquella duda lo llevó a una revelación: ¿cómo se había mecanizado un sistema de escritura tan vasto como el chino?

No recordaba haber visto jamás una máquina de escribir china, y cuando se tumbó en su despacho a mirar patentes antiguas, empezó un viaje que duraría años. Descubrió que, aunque escasas, habían existido docenas de modelos distintos de máquinas de escribir chinas, cada uno con soluciones ingeniosas para intentar representar miles de ideogramas en un armazón portátil.

Falta una. A partir de ahí, Mullaney se lanzó a una suerte de cacería global: llamó a coleccionistas, rastreó herederos en Ancestry.com, visitó iglesias, museos, incluso almacenes. Con el tiempo reunió una colección de aparatos únicos, algunos rescatados por muy poco del olvido, consciente de que cada uno era un pedazo irrepetible de la historia de la escritura mecanizada.

Sin embargo, había una máquina que no podía encontrar, ni siquiera soñar con recuperar: la legendaria MingKwai.

Ming Kwai 1952 Us 2613795 A
Ming Kwai 1952 Us 2613795 A

La máquina de escribir MingKwai de Lin Yutang, como se ilustra en su solicitud de patente

La máquina imposible. La MingKwai fue creada en los años 40 por Lin Yutang, un intelectual chino afincado en Nueva York que temía que China, si no modernizaba su forma de escribir, quedaría rezagada frente a potencias extranjeras. Para resolver el dilema de cómo representar miles de caracteres con unas pocas teclas, Lin ideó un sistema mecánico revolucionario: cualquier combinación de dos teclas activaba engranajes que mostraban hasta ocho caracteres posibles en una ventana central que bautizó como el “Ojo Mágico”, permitiendo al usuario elegir el adecuado.

Con solo 72 teclas, Lin había construido una interfaz que permitía generar decenas de miles de caracteres, una especie de teclado quimérico capaz de teclear un universo entero. Bautizó su creación como MingKwai, que puede traducirse (libremente) como “claro y veloz”.

Mingkwai
Mingkwai

Lost. El problema es que su demostración ante los ejecutivos de Remington fue un desastre: la máquina falló y Lin terminó arruinado. Por el camino, el único prototipo se vendió a Mergenthaler Linotype, una imprenta de Brooklyn.

A partir de ahí, el rastro se perdió. En su libro The Chinese Typewriter (2017), Mullaney escribió que lo más probable era que hubiese acabado en un vertedero.

Hasta que, por azar, pasó algo extraordinario.

Linyutang
Linyutang

Lin Yutang

El reencuentro. Llegamos a enero de 2025, cuando Jennifer y Nelson Felix, de Massapequa (Nueva York), revisaban cajas almacenadas tras la muerte del padre de ella. De repente, encontraron una caja de madera que contenía algo extraño: una máquina de escribir con teclas en chino. Nelson, aficionado a la compraventa por Facebook, publicó unas fotos en un grupo especializado sin imaginar que iba a detonar una tormenta de mensajes.

En menos de una hora, cientos de comentarios, muchos en chino, pedían a gritos una sola cosa: “¡Contacten a Tom!”. Mientras daba una charla en Chicago, Mullaney empezó a recibir una cascada de notificaciones. En cuanto vio las fotos, el hombre supo que tenía que ver con la MingKwai.

Miedo a perderla. Contaba el Times que el historiador no sintió júbilo con la noticia, sino más bien miedo. Si alguien la compraba en eBay y la convertía en lámpara o en una mesa de café, desaparecería para siempre.

¿Qué hizo? Escribió a la pareja con urgencia, les contó la historia de la máquina y les pidió que consideraran venderla a un museo. Jennifer, incrédula, comprendió en poco tiempo que aquel objeto de más de 50 kilos no era solo chatarra. “Estuvo perdida medio siglo”, explicaba al Times. “No queríamos que se perdiera otra vez”.

Del sótano al campus. La historia cobró un giro inesperado cuando Mullaney descubrió que el abuelo de Jennifer, Douglas Arthur Jung, había trabajado en Mergenthaler Linotype y probablemente salvó la máquina del desguace al llevársela consigo. Durante décadas, la familia la había conservado sin saber lo que era.

En abril, la pareja aceptó venderla a Stanford, que la adquirió gracias a un donante privado. Cuando por fin llegó a California, Mullaney presenció su desembalaje con expectación. Allí, en el almacén de la universidad, descubrió que su mecanismo era incluso más delicado y sofisticado de lo que imaginaba. La máquina no solo sobrevivía: hablaba, o algo parecido. Empezó a preguntarse qué podrían descubrir los ingenieros si la desmontaran con cuidado. ¿Podrían, quizá, replicarla? ¿Desentrañar los pensamientos de Lin en 1947, cuando creyó que una tipografía podía salvar a su nación?

Una historia recuperada. La historia de la MingKwai es más que la del rescate de una máquina exótica y rara. Si se quiere, es incluso una metáfora de las ideas que, sin interlocutores, corren el riesgo de desaparecer para siempre. Mullaney entendió que posiblemente era el último que podía comprender lo que estas máquinas representaban: los dilemas lingüísticos de una civilización, las aspiraciones tecnológicas de una nación entonces marginada, o incluso la elegancia desesperada de un inventor visionario.

La MingKwai fue un dispositivo que nadie quiso en su tiempo, demasiado avanzado y a la vez demasiado torpe, fruto de una idea demasiado grande para una época que aún no sabía cómo traducirla. Pero al hallarla, completa y aún capaz de asombrar, el profesor no solo recuperó una pieza de museo: rescató del olvido un capítulo entero de la historia de la escritura humana.

Imagen | Stanford, Campbell, Brumbaugh & Free, American Memory Digital Item Display

En Xataka | En 1980, Apple tomó una decisión por aquel entonces visionaria: declararle la guerra a la máquina de escribir

En Xataka | El teclado mecánico que quería ser máquina de escribir: probamos el estiloso (y caro) Qwerkywriter S

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

una gasolinera gallega ya sabe las consecuencias de confundir el diésel con la gasolina

Published

on


Todo parecía ir bien. Bueno. Ni bien, ni mal. Todo parecía ir normal. Hasta que alguien dio la voz de alarma. La manguera con gasolina 95 no estaba echando gasolina 95. Y lo que es peor, no estaba echando gasolina. La manguera verde estaba nutriendo a los coches de gasolina con diésel.

Esto es lo que sucedió hace unos días en la gasolinera de Repsol en Ribadeo (Lugo). Allí, los clientes han estado casi cinco horas repostando diésel en sus coches de gasolina por un error durante el llenado de los depósitos. La compañía ya asegura que se hará cargo de todas las reparaciones. 

270 minutos

Ese es el tiempo que hay entre las 12:49 y las 17:19 horas. Ese es, también, el tiempo que la gasolinera de Repsol junto a Ribadeo ha estado suministrando diésel en lugar de gasolina a los coches que se paraban en dicha estación, tal y como han aceptado en un comunicado publicado a través de las redes sociales de la  Asociación Comerciantes Industriales Servicios y Autónomos (ACISA)

En él se explica que la confusión viene por un error durante el llenado de los depósitos con el camión cisterna. Eso ha provocado que durante cuatro horas y media, se haya servido una mezcla de gasolina y gasoil a quienes hayan querido repostar gasolina 95. 


Gasolinera gallega
Gasolinera gallega

Pincha en la imagen para ir a la publicación original

“Pedimos disculpas sinceras a todos los afectados. Nos hacemos responsables de las averías derivadas de este incidente”, señalan en el comunicado al tiempo que animaban a todos los afectados a detener el coche lo antes posible, dar parte al seguro y ponerse en contacto mediante esta página web

En todas las gasolineras, las bocas de la manguera del diésel son más anchas que las de la gasolina, para evitar este error. Así, salvo que te pongas en modo cabezón y te busques artimañas de lo más insospechadas para echar diésel a un coche de gasolina (como le sucedió al exfutbolista Dani Güiza), es muy complicado caer en este error. 

Si sucede como en este caso gallego, llenar un depósito con diésel puede provocar una buena avería en el coche si empezamos a andar con él y no nos damos cuenta hasta que se pare por completo. Y es que el diésel provocará que caiga la potencia del coche y que empiece a echar grandes cantidades de humo. Después de funcionar a trompicones, se parará.

Esto es un verdadero problema porque hay que vaciar y limpiar el depósito pero en el taller también tienen que hacer una tarea ardua para limpiar las bujías, los inyectores y todos los componentes por los que ha pasado el gasóleo. 

Cuando la cantidad de combustible repostado es baja podríamos llegar a continuar la marcha, pero tiene que ser muy baja. En este caso, el diésel estará mezclado en parte con la gasolina por lo que si no se ha llenado mucho el depósito puede que la situación no haya sido muy grave. En cambio, quienes hayan llenado el depósito, sí tendrán que hacer una limpieza profunda de todos los componentes.

Foto | Wassim Chouak y Google Maps

En Xataka | Pensábamos que los coches de gasolina eran mucho más limpios que los diésel. No contábamos con el efecto del sol

 



ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

El sedentarismo es un factor independiente de riesgo y no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual

Published

on


Hay mucha gente que pasa gran parte de su día pegada a una silla, en muchos casos por estar trabajando, en trayectos en coche o descansando en el sofá, siendo el sedentarismo una auténtica rutina en la vida de muchas personas. Hasta ahora sabíamos que era perjudicial, pero ahora la ciencia ha puesto números exactos a cómo el sedentarismo ininterrumpido influye en nuestra salud, y lo más importante es que se ha visto que no sirve con ir compensándolo. 

Con un reloj. Un nuevo estudio publicado en PLOS analizó los datos de 91.292 personas del UK Bank, y a diferencia de otros estudios epidemiológicos que confían en cuestionarios rellenados por los propios participantes, aquí usaron la acelerometría. Es decir, durante años han monitorizado el movimiento físico de todas estas personas gracias a sensores de actividad en la muñeca. 

Tras un seguimiento medio de 12,38 años, los investigadores no solo midieron el tiempo total de inactividad, sino cómo se distribuía a lo largo del día. Y ahí es donde entra el verdadero enemigo para nuestra salud, que son los bloques de tiempo ininterrumpido.

Hay que levantarse. El hallazgo central del estudio no penaliza tanto el simple hecho de sentarse, sino el hacerlo de forma continuada. Los investigadores concluyeron que cada hora adicional de comportamiento sedentario prolongado, entendido como periodos de 30 minutos o más sin levantarse en ningún momento, se asocia a un aumento del 10% en el riesgo de mortalidad por cáncer.

Es decir, pasar largas jornadas laborales sin movernos absolutamente nada no sale gratis a largo plazo. 

La solución. Afortunadamente, los resultados también muestran que el cuerpo humano es increíblemente agradecido cuando rompemos ese estatismo. Mediante modelos estadísticos de sustitución de tiempo, el estudio calculó qué ocurre cuando cambiamos los periodos prolongados en la silla por distintas “dosis” de actividad física diaria.

Por poner un ejemplo, sustituir una hora al día de sedentarismo prolongado por actividades de baja intensidad como caminar a paso normal o realizar tareas domésticas reduce el riesgo un 12%. Pero si vamos más allá, cambiar apenas 30 minutos de sedentarismo ininterrumpido por una actividad física moderada reduce el riesgo un 8%. 

Lo más importante. Se ha visto que la sustitución más eficiente requiere muy poco tiempo, ya que cambiar el tiempo sedentario por tan solo cinco minutos al día de actividad física vigorosa reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un asombroso 22%. 

La regla de oro. Como es habitual al analizar la literatura médica, y como los propios autores y expertos independientes subrayan, debemos leer la letra pequeña. Al tratarse de un estudio observacional, los datos muestran una fuerte asociación estadística, pero el diseño en sí mismo no puede demostrar una causalidad estricta y absoluta, quedando expuesto a ciertos sesgos, como que los voluntarios del UK Biobank suelen tener un perfil basal más sano que la media poblacional.

Sin embargo, esta investigación no llega al vacío ya que es tremendamente consistente con la evidencia científica previa y le da robustez a lo que ya sospechábamos. En 2022, un metaanálisis y revisión paraguas ya advertía sobre la solidez de la relación entre sedentarismo y el riesgo oncológico. Y a un nivel más cercano, un estudio del Instituto de Salud Carlos III en 2024 confirmó en población española que sustituir apenas una hora a la semana de tiempo sentado por actividad física lograba reducir la mortalidad general. 

Los expertos. Nabil Djouder, jefe del grupo  Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en declaración a SMC apuntaba que este estudio “refuerza la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual”. 

Imágenes | Vitaly Gariev

En Xataka | Pasar horas sentado frente a la pantalla no solo está destrozando tu cuerpo, también está cambiando tu personalidad

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

Hay un montón de gente sustituyendo el aceite de las tostadas de jamón por café con naranja. Y, por raro que parezca, tiene sentido

Published

on


“Os empeñáis en echarle aceite de oliva a nuestra tostada de jamón ibérico y esto es como si a una tarta de chocolate le echas azúcar por encima”. Víctor Sanchego no lo sabía, pero con esas palabras estaba a punto de poner a miles de personas a prepararse el desayuno más raro que hemos visto en mucho tiempo.

¿Cómo que no hay que echarle aceite al jamón? El argumento de Sanchego es que “la grasa del jamón ibérico contiene más de un 60% de ácido oleico, el mismo componente del aceite de oliva virgen extra”. Por ello, como ocurre en una perfumería cuando llevamos ya varias colonias, al mezclar aceite y jamón a la vez nuestras papilas gustativas se saturan.

“En vez de ayudarle a potenciar el sabor, lo está restando”, dice el jamonero.

La realidad, por supuesto, es más compleja. La idea general es cierta para el jamón ibérico: añadirle aceite (sobre todo, si es uno intenso y complejo) emborrona el perfil de sabor y, efectivamente, puede sobresaturar el bocado. Esto, no obstante, no ocurre con el resto de jamones ni con el resto de aceites. 

Es, por decirlo de alguna forma, un caso límite.

Y uno bien conocido, además. Lo normal cuando hablamos de jamón ibérico, de hecho, es que se recomiende disfrutarlo solo o con un acompañamiento que limpie el paladar, como un trozo de pan neutro. Nadie suele proponer comerse un plato de jamón con un vasito de AOVE al lado.

Lo llamativo de todo esto no es eso. Lo llamativo es lo del café con ralladura de naranja. Porque Víctor Sanchego no propone comer el jamón con pan blanco, nada de eso. Él propone embadurnar el pan en una mezcla de café solo con piel de naranja, tostarlo y, ahora ya sí, ponerle el jamón ibérico encima.

Es algo raro, sí; pero tampoco podemos definirlo como una locura. Decíamos antes que lo idóneo es comer el ibérico con algo que ‘limpie el paladar’ y la idea de Sanchego va directamente ahí: el café por sus cualidades secas e intensas permite realzar las propiedades organolépticas de nuestro jamón. 

¿Es la decisión más interesante? Pues la verdad es que no sabría decirlo. A nivel teórico, podría haber decenas de combinaciones similares que encajaran mejor con nuestro repertorio organoléptico habitual; pero sin lugar a dudas es audaz y muchos de los que lo prueban (en redes sociales) están encantados con el resultado.

Y eso, sin lugar a dudas, es una buena noticia. No por el jamón, ni por el café, ni por la ralladura de naranja. Es una buena noticia porque el talibanismo culinario es una práctica que empobrece enormemente nuestra comprensión de la alimentación. Y nos limita sin motivo. 

Estar abiertos a ‘jugar’ con productos tan icónicos como el jamón ibérico es síntoma de una madurez gastronómica que, bien usada, nos puede ayudar a resolver de forma mucho más sencilla los grandes problemas de la seguridad alimentaria del siglo

Imagen | Stephan Coudassot | Nathan Dumlao

En Xataka | Llevamos 100 años contándonos que el desayuno es la comida “más importante del día”. El problema es que no es cierto

En Xataka | Hemos pasado de “el desayuno es la comida más importante del día” a “pillo algo rápido y voy tirando”. Y eso tiene problemas

Una versión de este tema se publicó en 2025



ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Trending