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EEUU ya tiene tiene el primer salmón cultivado en laboratorio. Es un alivio para unos caladeros que piden la hora

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El mundo tiene hambre de pescado, pero va por zonas. En España, el consumo va cuesta abajo, tanto que las pescaderías quieren reinventarse para atender a nuestras mascotas antes que a nosotros. En otros países, como China, esa hambre es voraz, hasta el punto de que sus caladeros se han quedado pequeños y están yendo a por los de América Latina. Para evitar agotar los caladeros, hay quien investiga “proteínas alternativas”, y en Estados Unidos ya han desarrollado el primer salmón cultivado en laboratorio que se sirve en un restaurante.

Y con una serie de ventajas que no tiene el salmón de verdad.

Hambre de pescado. Las previsiones señalan que el consumo global de alimento acuático se duplicará para 2050 respecto a los niveles de 2015. Eso implicará que pasará de unos 80 millones de toneladas anuales a casi 155 millones de toneladas. El problema es que la producción debe seguir el ritmo. Es algo impulsado por el crecimiento de la población, la mejora de los niveles de calidad de vida en ciertos países y el desarrollo de la acuicultura.

Como decimos, China tiene un papel en esta historia porque no sólo es el mayor consumidor mundial de pescado, sino que también está creando barcos enormes para criar nuevos peces. Y en África también se está viendo un aumento de la demanda. Según la FAO, para mantener el consumo hasta 2050, la producción total debería aumentar un 22%, y es un reto mayúsculo. Ahí es donde la alternativa de laboratorio se vuelve interesante.

Cultivando salmón. Wildtype es una compañía que ha atraído a inversores como Jeff Bezos, mandamás de Amazon, pero también actores como Leonardo DiCaprio o Robert Downey Jr. Actualmente, operan una fábrica en San Francisco y acaban de lanzar el ‘saku’. Se trata de salmón cultivado que está diseñado para comerse al estilo sashimi, con una textura, sabor y ‘frescura’ comparable al salmón de verdad.

Aquí la clave es saber cómo se ha cultivado este salmón (se hace raro hablar en esos términos de un pez). Los investigadores extrajeron células de salmones reales, concretamente del salmón coho en su etapa alevín. En biorreactores y utilizando una “mezcla de nutrientes” patentada, cultivan esas células, combinando la masa celular resultante con ingredientes de origen vegetal para replicar tanto la textura como el sabor del salmón tradicional.

Como exponen en The Washington Post, un salmón puede tardar unos dos años en madurar, pero en dos semanas se puede crear un bloque de “pescado” de 220 gramos con el método de Wildtype. Y afirman que tiene un perfil nutricional y de omega-3 similar al del salmón salvaje.

Saku
Saku

Una de saku

“No objeción”. ¿Y qué piensan los organismos que deciden qué entra, y qué no, en circulación en Estados Unidos? Pues que “no tienen objeciones”. Cada país o región tiene un ente sanitario que es el que establece una normativa que permite que ciertas sustancias y productos estén presentes en lo que comemos. No siempre están de acuerdo, pero si un producto quiere entrar en un mercado, debe pasar bajo la lupa de ese organismo.

En el caso de Estados Unidos, es la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) la que, a finales del mes de mayo, dio permiso a Wilkdtype para que su salmón cultivado se comercialice. Con ese éxito, el salmón cultivado ya ha debutado en Kann, un célebre restaurante haitiano ubicado en Portland, pero se espera que poco a poco llegue a más restaurantes y a comercios en forma de salmón ‘falso’ envasado.

Mirando a las ventajas. Al igual que ocurre con el café sin café, el salmón sin salmón permitirá mantener la producción de un alimento muy consumido, pero sin seguir medrando en unos caladeros que agonizan. Pero tan importante como la sostenibilidad, la reducción de la sobrepesca y la destrucción de hábitats que implica, está el asunto de la seguridad alimentaria.

Este ‘saku’ se produce en un entorno de producción controlando, lo que minimiza la exposición a contaminantes, parásitos y algo que, lamentablemente, está presente en prácticamente todo lo que comemos, pero sobre todo el alimento procedente del mar: los microplásticos.

saku
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Y otra de saku

¿Y los pescadores? Cuando llega algo que sustituye a otra cosa ya establecida, la primera pregunta que viene a la mente es qué pasará con eso que se desplaza para dar paso a lo nuevo. Lo hemos visto desde la revolución industrial, con la IA y hasta el Wimbledon con los jueces de línea siendo sustituidos por un ordenador. Y, en este caso, la pregunta es si algo así busca sustituir a los pescadores.

Justin Kolceck es el cofundador de Wildtype y, en este artículo del Washington Post, comenta que no buscan poner a los pescadores fuera del negocio ni “eliminar la necesidad de la acuicultura. La cantidad de pescado que se consume está en auge y las proyecciones son tan altas que realmente necesitaremos toda la producción que estamos haciendo, además de las tradicionales y alguna ayuda más del mundo de las plantas para satisfacer la demanda.

Por mi parte, sólo tengo que añadir que en algunos supermercados españoles ya existe el salmón a base de plantas y aceite y, si bien recuerda al sabor del animal, la textura ni se parece. Quizá ese saku sea la respuesta…

Imagen | Lou Stejskal

En Xataka | Hasta los años 90 nadie en Japón comía sushi con salmón crudo. Hasta que una campaña de marketing lo cambió todo

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Bruselas dice que dos tercios de la que se comercializa en Europa tiene problemas

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En 2022, la Comisión Europea hizo un estudio sobre las especias más populares del mercado. La radiografía fue desoladora: el fraude estaba a la orden del día. Más aún, era algo extremadamente común. Hablamos de la pimienta, el comino, la cúrcuma el azafrán o el pimentón. 

Aquello fue un escándalo descomunal y la misma Comisión pidió a los Estados Miembros que reforzaran los controles. Lo que pasó después no puede sorprender a nadie.

Hablemos de la canela. En 2023, la canela fue la quinta especia más importada en la Unión. En septiembre de 2025, el servicio de ciencia y conocimiento de la Comisión (el Joint Research Centre) analizó más de un centenar de muestras de canela comercializadas en una decena de países de la Unión Europea. 

¿El resultado? Más del 66% de las muestras analizadas tienen problemas. 

¿Qué les pasan? Pues o bien infringen la normativa internacional de calidad o la legislación de seguridad alimentaria de la Unión Europea. Algunas presentan indicios de fraude, otras una elevada cantidad de plomo y algunas más superan los límites legales de cumarina (una sustancia que, aunque natural, resulta potencialmente tóxica para el hígado).

Eso sin contar con el fraude, claro. Hasta el 9% de las muestras etiquetadas como canela de Ceilán fueron sustituidas total o parcialmente por canela de Cassia, “una alternativa más barata y de menor calidad, con sabor más fuerte y que contiene cumarina de forma natural”.

Lo que podemos hacer. Eso es lo peor. A juzgar por los resultados del JRC, podemos hacer poco con los medios que tenemos ahora mismo. “El tipo de irregularidades detectadas en la canela, incluidas las prácticas fraudulentas, es diverso y no puede abordarse con una única técnica analítica, por lo que se necesitan métodos estandarizados”, dice la Comisión

Tomarse en serio el problema, conllevaría tomar cartas en el asunto.

Sobre todo, porque la alta tasa de muestras irregulares de canela en el mercado europeo indica que “todos los actores del sector, desde los responsables políticos hasta los laboratorios de control y los fabricantes, deben prestar atención”. 

Una versión de este artículo fue publicado en 2025

Imagen | Michael Collett

En Xataka | Parece miel, huele a miel, sabe a miel, no es miel: el fraude en las importaciones que asola a Europa

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El Rin se está quedando sin agua por las olas de calor. Y eso es un desastre logístico y energético para Europa

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Una nueva ola de calor extremo está golpeando el corazón del continente europeo, y las consecuencias van mucho más allá de los récords en los termómetros o el hecho de ver vías de tranvía levantadas. El río Rin, la autopista fluvial más importante de Europa occidental, está viendo cómo sus niveles de agua caen en picado y el resultado es que se está generando un cuello de botella logístico que amenaza el suministro de combustible y de materias primas fundamentales para Europa. 

La preocupación. La voz de alarma se ha comenzado a dar cuando se ha detectado que las barcazas que navegan por el río apenas pueden cargar la mitad de su capacidad, poniendo en jaque el suministro de una parte importante de Europa. Y todo por culpa de estas olas de calor que estamos viviendo en Europa. 

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar cómo funciona la navegación interior, puesto que el Rin no se limita a la foto de agua cruzando Alemania, Francia, Suiza y Países Bajos, sino que es una arteria industrial. Literalmente, a través de este río se transporta carbón para las centrales térmicas, productos químicos para gigantes industriales, petróleo o componentes de automoción. 

La sequía. Cuando el caudal del río comienza a bajar, la profundidad de este también disminuye, y esto choca con las embarcaciones que tienen un umbral crítico. Esto quiere decir que, si el agua baja de cierto nivel en puntos clave como el famoso cuello de botella de Kaub en Alemania, los capitanes se ven obligados a reducir drásticamente su carga para evitar encallar con el fondo del río.

Esto hace que cargar el 50 o incluso el 30% de la capacidad del barco no sea una exageración, sino una necesidad física. Esto va desencadenando un efecto dominó que hace que, si un barco lleva la mitad de la carga, se necesite un segundo para hacer el mismo trabajo. Y como no hay barcos infinitos, los precios del transporte se disparan y las mercancías o no llegan a tiempo o se encarece mucho su precio. 

No es solo el Rin. Aunque las cifras exactas del impacto siempre deben tomarse con cautela porque varían mucho dependiendo del tramo del río y del tipo de embarcación, el diagnóstico general es incontestable. Aquí el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea ha estudiado a fondo cómo las limitaciones por los bajos niveles de agua impactan en los ríos europeos. 

Su marco científico explica perfectamente el colapso actual, puesto que los niveles bajos no solo reducen la capacidad de carga, sino que alteran por completo los flujos logísticos continentales, aumentando drásticamente los costes operativos.

Las razones. Aquí las diferentes instituciones tienen claro que el problema radica en la escasez de lluvias en primavera y la menor cantidad de nieve acumulada en los Alpes durante el invierno, que hacen que el río pierda su “reserva” natural para el verano. 

Pero además, el Rin se está calentando de forma evidente. Esto no solo tiene efectos económicos claros, sino también graves impactos ecológicos en la fauna del río, lo que a su vez obliga a imponer restricciones adicionales. 

La nueva normalidad. Lo que estamos viendo este año no parece un evento que se quede en una simple anécdota que contar a nuestros nietos, sino que las diferentes evidencias apuntan a que ver el caudal bajo será cada vez más frecuente debido al cambio climático. 

La solución que se plantea pasa por el uso de la IA para predecir exactamente cuándo veremos estos caudales tan bajos para optimizar la cadena de suministros, o simplemente construir barcos de fondo plano y mejor calado para poder seguir transportando carga cuando el río esté a niveles aún más bajos de caudal. 

Imágenes | Wikipedia

En Xataka | El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

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Con olas de calor cada vez más frecuentes, podría darse más importancia al arbolado urbano

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El asfalto irradia calor, el aire se vuelve denso y los termómetros se disparan, y cualquiera que haya caminado por una gran ciudad en pleno verano conoce la diferencia abismal entre cruzar una plaza de hormigón a pleno sol y refugiarse bajo el dosel de un parque arbolado. El problema es que, durante décadas, el urbanismo moderno ha tratado a los árboles y zonas verdes como mero “mobiliario urbano” o un adorno prescindible para embellecer las calles.

Un gran cambio llega con la emergencia climática que tenemos encima de nuestras cabezas, y la comunidad científica apunta a la necesidad de hacer un cambio de paradigma radical. Proponen concretamente que los bosques urbanos ya no se vean como algo meramente decorativo, sino que deben ser protegidos y financiados con la misma prioridad que la red eléctrica, el alcantarillado o las telecomunicaciones. 

Bajo investigación. Un ensayo publicado a principios de mes en PLOS Climate ha puesto los puntos sobre las íes tras años de evidencia científica y lanza una petición a los gobiernos para que legislen sobre los bosques urbanos, considerándolos como una infraestructura esencial para la resiliencia climática. 

Este posicionamiento, que funciona como una hoja de ruta, no surge de la nada, sino que se alinea de forma directa con las advertencias más serias de los últimos años, incluyendo el 6.º Informe de Evaluación del IPCC. En este documento, las Naciones Unidas ya señalaban la planificación urbana sostenible y las infraestructuras verdes (como parques, bosques urbanos y cubiertas vegetales) como medidas clave e insustituibles de adaptación y mitigación frente al calentamiento global.

Nuestros escudos. Para entender por qué los científicos urgen a blindar legalmente los árboles, basta con mirar los datos físicos. Como recoge una reciente revisión académica sobre los bosques urbanos como “soluciones basadas en la naturaleza”, la presencia de masa forestal en las ciudades ataca directamente dos de los peores síntomas del cambio climático, que son las olas de calor y las lluvias torrenciales.

Esto se debe a que los árboles mitigan el temido efecto “isla de calor urbana” mediante la evapotranspiración y la sombra térmica, reduciendo drásticamente la temperatura superficial. Al mismo tiempo, actúan como esponjas gigantes al actuar como estructuras críticas en la regulación de las aguas pluviales, en la prevención de las inundaciones catastróficas y actúan como filtros naturales que mejoran la calidad del aire. 

Salud pública. El impacto del arbolado va mucho más allá de la termodinámica, puesto que diversos estudios recopilados en publicaciones como el publicado en ScienceDirect han demostrado que la falta de árboles es, literalmente, un problema de salud pública.

Por ejemplo, un artículo publicado en 2023 desgranó los mecanismos fisiológicos, psicológicos e inmunológicos por los cuales las ciudades verdes transforman nuestra salud, reduciendo el estrés crónico y mejorando nuestra respuesta inmune. Pero impactante aún es la evidencia sobre biodiversidad y salud cardiovascular, ya que la evidencia nos apunta a que estar expuestos a ecosistemas urbanos diversos reduce la incidencia de enfermedades cardiacas. 

Los expertos. Daniel Jato, profesor en Ingeniería y Gestión Ambiental de la UIV, apuntaba en declaraciones a SMC que “en el contexto actual, marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, intensas y tempranas, quizá podría haberse enfatizado aún más el papel del arbolado urbano”.

Imágenes | sq lim 

En Xataka | César Franco, ingeniero: “En España no somos inmunes a los efectos del cambio climático, necesitamos intensificar la conservación”

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