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Quién es Robert Prevost, el nuevo Papa León XIV.

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Los cardenales eligieron a un nuevo Papa en la Capilla Sixtina del Vaticano el jueves 8 de mayo de 2025. El cardenal Robert Prevost se convertirá en el Pontífice número 267 en la historia de la Iglesia Católica. Eligió el nombre de León XIV. Su designación ocurrió tras una cuarta ronda de votación entre los 133 cardenales que participaron en el cónclave, convocado tras el fallecimiento del Papa Francisco el 21 de abril, a los 88 años, luego de 12 años de pontificado.

Poco después de las 6:00 p.m. (hora local), el tradicional humo blanco emergió de la chimenea de la Capilla Sixtina, anunciando al mundo que había un nuevo Papa, luego de dos días de deliberaciones.

Perfil de Robert Prevost:

Fecha de nacimiento: 14 de septiembre de 1955

Nacionalidades: estadounidense y peruana

Cargos previos: Prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Experiencia: Arzobispo de Chiclayo, Perú, y prior general de la Orden de San Agustín

Nombrado cardenal por: el Papa Francisco

Prevost fue llamado al Vaticano por Francisco en 2023 para encabezar uno de los cargos más importantes de la Iglesia: dirigir el organismo que evalúa y propone obispos en todo el mundo. Aunque su origen estadounidense podía verse como un obstáculo —por el peso político global de EE.UU.— su nacionalidad peruana y su trayectoria misionera en Latinoamérica suavizaron esa percepción.

Con un perfil reservado pero influyente, ha sido protagonista de reformas clave impulsadas por Francisco, como la inclusión de mujeres en el grupo que vota las propuestas de obispos. En 2025, Francisco lo ascendió al rango más alto del colegio cardenalicio, señal de su confianza en él.

Su edad, 69 años, podría ser vista como una ventaja por su madurez y experiencia, aunque también genera inquietud entre quienes prefieren un pontificado más corto.

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Mañana regresa a Prime Video uno de los principales héroes de acción de la plataforma, aunque lo hace en un formato inesperado

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Cuando Amazon cerró ‘Jack Ryan de Tom Clancy’ en julio de 2023, la cuarta y última temporada dejó un personaje con las cuentas saldadas. John Krasinski había pasado cinco años encarnando a un analista de la CIA perpetuamente desubicado en un mundo que le sobrepasaba. Pocos esperaban que volviera tan pronto al personaje y, sobre todo, que lo hiciera de esta forma: ‘Jack Ryan: Guerra encubierta’, la primera película derivada de la serie, llega este miércoles 20 de mayo a Prime Video.

Cuando Amazon estrenó la serie en 2018, el streaming aún era un fenómeno incipiente. Amazon necesitaba un producto de acción de alto presupuesto, y optó por este conocido analista de la CIA que ya había tenido cuatro intérpretes previos: Alec Baldwin, Harrison Ford, Ben Affleck y Chris Pine. Krasinski se quedó con el personaje durante toda la singladura televisiva, lo que permitió desarrollar al personaje con mayor detalle que sus anteriores encarnaciones. La serie fue un éxito: el 37% de los usuarios de Prime Video visionaron la serie durante el primer mes. 

En 2024, Amazon MGM Studios anunció la producción de una película que continuaría la serie. La última vez que vimos a Ryan protagonizar un largometraje fue en ‘Jack Ryan: Operación Sombra’ en 2014, con Chris Pine. Aquí, a Krasinski le acompaña Sienna Miller como agente del MI6. La trama sigue a Ryan, retirado de la acción pero arrastrado de vuelta cuando descubre una unidad de operaciones clandestinas corrupta conocida como Proyecto Starling.

La película llega en un momento peculiar para Prime Video. La plataforma ha construido en los últimos años un ecosistema de acción muy sólido, con series como ‘Fallout’, ‘The Boys’ y, sobre todo, ‘Reacher’, epítome de ese subgénero de thrillers y acción “para padres” al que también pertenece Jack Ryan. La tercera temporada de ‘Reacher’ acumuló 54,6 millones de espectadores globales en sus primeras dos semanas. No es de extrañar que Amazon ya haya sugerido que ‘Guerra encubierta’ no es un final, sino un nuevo capítulo.

En Xataka | Hoy en Prime Video, la conclusión de la mejor serie del creador de ‘The Sandman’ llega con una sorpresa radical en su duración

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La misión conjunta entre Europa y China ya está en el espacio. Lo verdaderamente importante llega ahora

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Por fin, a pesar del aplazamiento del pasado mes de abril, SMILE se ha lanzado con éxito. La misión que une a China y Europa para estudiar cómo interaccionan los vientos solares con la magnetosfera terrestre partió del Puerto Espacial de Kurú, en la Guayana Francesa, a las 03:52 GMT (05:52, hora peninsular española). Por delante le quedan al menos 3 años de trabajo, pero antes de empezar con su labor deberá dar algunos pasos previos.

Viaje a la órbita final. Durante los primeros  25 días de la misión, SMILE deberá encender sus motores 11 veces. Esto le va a permitir alargar gradualmente su órbita alrededor de los polos terrestres, hasta alcanzar los 121.000 km sobre el Polo Norte y los 5.000 km sobre el Polo Sur. Una vez en su órbita final, alrededor del 13 de junio, llegará el momento de poner a punto todos sus instrumentos.

El despliegue final. Remotamente, desde Tierra, los ingenieros de la misión comprobarán que todos los instrumentos de SMILE funcionan adecuadamente. Para eso, algunos deben cambiar su conformación. Concretamente, será necesario desplegar el brazo del magnetómetro y abrir el obturador de la cámara de rayos X y la tapa de la cámara ultravioleta. Cada uno de estos puntos es esencial para el buen desarrollo de la misión.

Las primeras imágenes. Una vez comprobados los experimentos, SMILE comenzará con su trabajo. Las primeras imágenes se enviarán a la Tierra para su análisis tres meses después. 

La misión. SMILE estudiará la interacción de la actividad solar con el escudo que utiliza la Tierra para protegerse de ella. Aunque otras misiones han realizado tareas similares, será la primera vez que se tomen imágenes globales de dicha interacción, tanto en rayos X como en ultravioleta. 

Esto nos aportará un conocimiento mejor que el actual sobre las tormentas solares y cómo afectan a nuestro planeta. Y es que no solo nos dibujan auroras preciosas en el cielo. También pueden afectar a las telecomunicaciones, a veces de forma preocupante. Es importante entenderlas y saber predecir en la medida de lo posible los efectos perjudiciales que podrían provocar. 

Al menos tres años. La duración nominal de la misión será de 3 años. Esto significa que está diseñada para alcanzar sus objetivos principales en este tiempo. La inversión económica de las agencias espaciales europea y china se ha centrado en garantizar esta duración. Sin embargo, eso no quiere decir que dentro de tres años se vaya a desorbitar la nave o que se vayan a apagar todos sus instrumentos. Si sigue funcionando adecuadamente, se podría alargar mucho su vida útil.

El caso de Cluster. Cluster fue una misión de la ESA cuyo objetivo era también medir el entorno magnético de la Tierra. En cierto modo, se podría considerar una predecesora de SMILE. Su lanzamiento se produjo en el año 2000 y permaneció activa hasta 2024. Sin embargo, su duración nominal inicialmente era de 2 años. Una vez llegada la fecha de jubilación, se comprobó que Cluster estaba totalmente en forma, por lo que se decidió invertir en ella durante mucho más tiempo. 

Quizás pase algo parecido con SMILE. De momento, habrá que ir paso a paso. Para empezar, debe llegar a su órbita operativa. Una vez allí, empieza la magia. O mejor dicho: la ciencia. 

Imagen | ESA

En Xataka | Los telescopios Webb y Hubble observaron a la vez las auroras de Júpiter. El problema es que no vieron lo mismo

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China acaba de darles una misión mucho más ambiciosa

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Cada vez que le pedimos algo a una IA, la escena parece casi invisible: escribimos una frase, recibimos una respuesta y seguimos adelante. Pero detrás de esa aparente ligereza hay edificios llenos de servidores, sistemas de refrigeración funcionando sin descanso y una demanda eléctrica que no deja de crecer. La nube, por mucho que la llamemos nube, tiene suelo, cables, calor y consumo. Y precisamente por eso empieza a cobrar sentido una idea que hace no tanto sonaba a experimento extraño: sacar parte de esa infraestructura de tierra firme y llevarla al mar.

China ya lo está llevando al terreno comercial. MERICS señala que el país ha presentado el primer centro de datos submarino comercial en Hainan y un módulo alimentado por energía eólica marina en Shanghái, dos movimientos que apuntan en una misma dirección: comprobar si esta arquitectura puede dejar de ser una rareza técnica y convertirse en una pieza aprovechable dentro de su despliegue digital. La novedad no está solo en sumergir servidores, sino en plantearlos como una posible respuesta a tres tensiones que ya pesan sobre la infraestructura de la IA: energía, refrigeración y suelo.

Hainan es la primera pieza de ese salto. Las pruebas piloto del centro de datos submarino de Hainan empezaron en 2023, primero con servicios de almacenamiento para el puerto de libre comercio de la isla y operadores de telecomunicaciones, antes de extenderse a empresas cloud y de IA. El proyecto no juega en la liga de los grandes centros de datos terrestres, pero sí tiene una escala suficiente para dejar de ser una simple maqueta: cada cabina está situada a 35 metros bajo el agua, cuenta con 24 racks y puede albergar hasta 500 servidores. Su valor está precisamente ahí: demostrar que China está intentando convertir una idea experimental en una infraestructura comercial real.

Shanghái como escaparate energético. Si Hainan representa el salto comercial, Shanghái añade la pieza que hace que la historia sea más ambiciosa: la integración directa con energía eólica marina. Este proyecto está frente a Lingang, donde CGTN sitúa una plataforma submarina ya operativa y conectada directamente a un parque eólico marino cercano. La inversión total prevista es de 1.600 millones de yuanes, unos 235 millones de dólares según esa fuente, y la instalación parte de una fase piloto de 2,3 MW, mientras que el proyecto completo está previsto que alcance los 24 MW.

Refrigerar sin pelear contra el entorno. Esa es la promesa técnica que explica buena parte del interés por estos centros de datos submarinos. El medio estatal chino recuerda que las instalaciones terrestres pueden dedicar hasta el 40% de su electricidad a refrigeración, un problema especialmente visible cuando hablamos de racks cada vez más densos. Bajo el mar, la idea cambia: aprovechar el agua como disipador natural de calor. En Shanghái, por ejemplo, la temperatura media del mar ronda los 15 grados Celsius.

La otra mitad de la ecuación está en la energía. El centro de Shanghái está conectado mediante un cable compuesto fotoeléctrico a un parque eólico marino de 200 MW, con más de 50 turbinas, y más del 95% de su electricidad procede de energía renovable. Si el proyecto alcanza su escala completa, se calcula que podría ahorrar 61 millones de kWh al año y reducir de forma notable sus emisiones de carbono.

También hay desafíos. MERICS advierte de que estos centros de datos plantean retos importantes: sellar los módulos, lidiar con la corrosión del agua marina, operar en un entorno de alta presión y asumir que el mantenimiento puede exigir sacar módulos enteros a la superficie. Esto no es ningún secreto. Acceder al hardware sumergido en caso de un fallo es uno de los puntos más sensibles.

Microsoft ya había probado el camino. El antecedente más conocido es Project Natick, una iniciativa con la que Microsoft sumergió un centro de datos frente a las islas Orcadas, en Escocia, y lo recuperó en 2020 tras dos años de funcionamiento bajo el agua. La prueba sirvió para demostrar que la idea podía funcionar técnicamente, pero no terminó convirtiéndose en una línea comercial.

La lectura no es una solución mágica. Como podemos ver, China está probando otra forma de repartir las piezas del problema. Hainan muestra el intento de llevar los centros de datos submarinos al terreno comercial; Shanghái añade una ambición más amplia, conectarlos con energía eólica marina y orientarlos hacia cargas cada vez más exigentes. Los centros de datos bajo el mar parecían una rareza tecnológica. Ahora, al menos en China, empiezan a parecer una apuesta industrial con una misión mucho más ambiciosa.

Imágenes | Shanghai Hailanyun Technology

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