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Si los asientos de avión te parecen incómodos, espera a ver los primeros: eran sillas de mimbre
Como usuaria eterna de la clase turista cuando viajo en avión, mis pequeños placeres se limitan a intentar librarme el maldito asiento de en medio en favor de poder estirar el pie en el pasillo o ver el cielo en ventana, además de tener al menos una unidad de reposabrazos propio. En cuanto a los asientos, qué te voy a contar: soportables para un vuelo de un par de horas, pero se hace cuesta arriba si el vuelo es más largo. Y oye, ni tan mal, podría ser peor: podría tener que viajar de pie o ir sentada en una silla de mimbre.
Lo de ir de pie es algo futurible, pero por increíble que parezca las sillas de mimbre en la cabina de un avión es una realidad. Hace algunos años alguien subió a Twitter una foto que decía corresponder a un avión de Imperial Airways en 1936 que, más que una aeronave, parecía el salón de la casa de tu tía abuela Paqui: moqueta roja en el suelo, butacas de mimbre y por supuesto, ni rastro de cinturón de seguridad. Scopes verificó la foto, pero no la fecha (la misma cabina aparece en los archivos de British Airways que datan los años 20), la imagen una fiel representación de cómo era tomar un vuelo en la aviación comercial de la época.
Surcando los cielos en silla de mimbre. En 1919 nacieron las primeras compañías aéreas y entre la lista hay algunas míticas que siguen volando hoy en día como la holandesa KLM o Avianca en América. Ese año el Lawson Airliner surcó los cielos como el primer avión de pasajeros y el asiento elegido para que pasajeros y pasajeras viajaran sentados fueron sillas de mimbre, según Air Charter Service USA, más concretamente 26 unidades. PJ Wilcynski, investigador histórico de Boeing que revisó los archivos de la compañía, confirmaba a la revista Travel+Leisure que las sillas de mimbre atornilladas al suelo fueron los inicios de los asientos de pasajeros.
Pero las sillas de mimbre fueron algo efímero. Conforme la aviación comercial fue despegando, la industria aeronáutica buscó materiales más eficientes y seguros. Primero, a finales de los años 20, con sillas de mimbre acolchadas y forradas con cuero. Como explica PJ Wilcynski, “El cuero era muy popular porque permitía limpiar los asientos fácilmente, debido a todo el hollín de los aeropuertos y las pistas polvorientas donde aterrizaban los aviones en aquellos primeros tiempos”.
Por qué mimbre. Por aquel entonces, el principal criterio de diseño para una butaca de avión era que estas tuvieran el menor peso posible para maximizar la carga útil, algo decisivo habida cuenta del limitado empuje de aquellos motores. Funcionalidad y ligereza por encima de todo, de resistencia ante potenciales impactos hablamos otro día. La elección fue tan innovadora como ese Lawson primigenio: eran asientos ligeros y sorprendentemente cómodos dentro de los estándares de la época.
El asiento de mimbre duró poco. En los años 30, la Aluminium Company of America creó un asiento de pasajeros hecho de un metal ligero: el aluminio. Y hasta ahora: la mayoría de los asientos de avión cuentan con una estructura de aluminio. Para finales de esa década, las estructuras de tubo de aluminio estaban generalizadas en las aeronaves de las aerolíneas de por aquel entonces. Con el cambio, ganaron peso elementos de confort como cojines y fundas y llegaron las fundas de terciopelo y los cinturones de seguridad gruesos. En 1936, los asientos de espuma recubiertos de goma se convirtieron en el estándar, con el mítico avión de pasajeros Douglas DC-3.
En 1952 llegaron los primeros asientos reclinables comerciales. Sin embargo, según PJ Wilcynski el auténtico cambio de paradigma de los asientos para convertirlos en la experiencia que vivimos hoy en día llegó con el Boeing 747, allá por 1970 :”se introdujo el sistema multiplex, con la función de llamada al operador y activación de la luz de lectura. También era el sistema que proporcionaba el audio para las películas que se veían, mediante tubos neumáticos conectados al reposabrazos”.
Un antes y un después en seguridad. Viajar en un avión sobre una estructura tan endeble como el mimbre y sin cinturón de seguridad no parece lo más seguro del mundo. No obstante, los criterios de seguridad han evolucionado (afortunadamente) una barbaridad: en los primeros años los asientos debían soportar una fuerza de 6g, pero en los años 50 esa exigencia subió a 9g. En la actualidad la lista de criterios es larga: los asientos de avión deben cumplir una prueba de resistencia al fuego de 12 segundos y soportar una fuerza de 16g, además de ser ligeros, incorporar espuma apta como flotador y ofrecer suficiente resistencia para todo tipo de pasajeros.
Portada | Twitter y Mohammad Arrahmanur
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China plantó 66.000 millones de árboles donde antes solo había arena. Medio siglo después crecen más rápido que los bosques naturales
Durante décadas, los grandes proyectos para detener el avance de los desiertos han compartido el mismo problema: muchos árboles mueren antes de cumplir su objetivo. La excepción la tenemos en el norte de China, donde una iniciativa iniciada hace casi medio siglo no solo ha logrado mantenerse viva, sino que se ha convertido en uno de los mayores experimentos ecológicos del planeta.
No era un proyecto para salvar el clima. Cuando China puso en marcha la Gran Muralla Verde en 1978, el cambio climático apenas formaba parte del debate internacional. El objetivo, de hecho, era mucho más inmediato: detener el avance del desierto del Gobi y reducir las tormentas de arena que cada año castigaban el norte del país.
Hoy, casi medio siglo después, aquella decisión está ofreciendo un resultado que nadie contemplaba entonces y que ahora está obligando a revisar algunas ideas sobre la reforestación.
El mayor experimento forestal del planeta. Durante las últimas cinco décadas, China ha plantado alrededor de 66.000 millones de árboles para crear una inmensa barrera vegetal entre los desiertos del Gobi y Taklamakán y las zonas habitadas. El proyecto sigue creciendo y todavía prevé incorporar decenas de miles de millones de árboles más hasta 2050.
Lo que comenzó como una medida para frenar la desertificación ha terminado convirtiéndose, casi sin pretenderlo, en un laboratorio a escala continental sobre cómo evolucionan los bosques creados por el ser humano.

Mapa topográfico de la Gran Muralla Verde de China, 2023 (secciones noroeste y norte)
Lo inesperado apareció al comparar. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Pekín recurrió a imágenes de satélite para analizar la evolución del índice de área foliar, un indicador estrechamente relacionado con el crecimiento de los árboles y su capacidad para captar carbono.
Los resultados fueron mucho más que sorprendentes. Los bosques plantados estaban aumentando su masa foliar un 66% más rápido que los naturales y, cuando los investigadores eliminaron el efecto de la edad comparando masas forestales similares, la ventaja seguía existiendo con un crecimiento un 4,6% superior.

Movimiento global del polvo procedente de una tormenta de polvo asiática
La explicación va mucho más allá de plantar. Parte de esa diferencia se explica porque los árboles jóvenes crecen más deprisa que los maduros. Sin embargo, el estudio apunta a otros factores igual de importantes.
Por ejemplo, la selección de especies de rápido crecimiento, el mantenimiento continuo, la eliminación de vegetación competidora y una gestión forestal mucho más intensiva que parece potenciar la respuesta de estos bosques al aumento del dióxido de carbono presente en la atmósfera.
No todo son buenas noticias. No solo eso. Los investigadores también comprobaron que esa ventaja tiene un límite. Al parecer, el crecimiento acelerado alcanza su punto máximo cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años y después comienza a reducirse de forma apreciable.
Mientras tanto, los bosques naturales mantienen un desarrollo mucho más constante y siguen acumulando carbono durante periodos mucho más largos, lo que los convierte en ecosistemas mucho más resilientes a largo plazo.
La lección es más compleja de lo que parece. Por supuesto, el estudio no concluye que los bosques artificiales sean mejores que los naturales, ni mucho menos. Sin embargo, lo que sí demuestra es que los modelos climáticos simplifican demasiado el papel de las reforestaciones, al tratar todos los bosques prácticamente por igual.
Si se quiere también, la experiencia de la Gran Muralla Verde sugiere que tan importante como plantar árboles es decidir cuándo hacerlo, qué especies utilizar y cómo gestionar esos bosques durante décadas si realmente se quiere maximizar su contribución frente al cambio climático.
Imagen | United Nations, Janwillemvanaalst
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¡El Otro Mundial llega a su fin! Adal fulmina a Maná y a Inglaterra, Chuponcito da las NIUS y en entrevista Kikín Fonseca
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">¡El Otro Mundial llega a su fin! Adal fulmina a Maná y a Inglaterra, Chuponcito da las NIUS y en entrevista Kikín Fonseca
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<img src="https://latinus.us/u/fotografias/m/2026/7/6/f300x190-152455_160615_5050.png" /></div>
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Si vas a ver el eclipse de este 12 de agosto, la ciencia te necesita
La Generalitat de Cataluña, el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y el Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) acaban de anunciar una iniciativa de ciencia ciudadana dirigida a analizar cómo afecta un eclipse solar total a la salud y la fisiología de los seres humanos. Hay bastantes datos de cómo afectan estos fenómenos astronómicos a otros animales, pero de los humanos no hay apenas información. Por eso, estas instituciones han lanzado la aplicación Solaris, con la que esperan reunir a unas 5.000 personas para participar en un estudio cuyos resultados se conocerán a finales de septiembre.
Los requisitos. Para participar en este proyecto de ciencia ciudadana hay que cumplir una serie de requisitos. En primer lugar, es necesario descargarse la aplicación Solaris y tener un smartwatch o cualquier dispositivo de actividad similar que mida, como mínimo, el ritmo cardíaco. Se deben tomar datos durante cinco días consecutivos: los dos días previos al eclipse solar del 12 de agosto de 2026, la jornada del eclipse y los dos días posteriores. Es importante que las grabaciones tengan referencias temporales y, también, que no se practique ejercicio intenso durante las medidas.
Lo que se quiere medir. Principalmente, a los responsables de esta investigación les interesa saber cómo afecta experimentar un eclipse solar al ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria. En este tipo de eventos coinciden dos factores importantes. Por un lado, la emoción de ver algo nuevo, que en muchas ocasiones no se ha presenciado jamás. Y, por otro, la incoherencia de un corto anochecer en pleno día. Que la luz desaparezca cuando no procede para luego aparecer de nuevo unos minutos después puede afectar a los mecanismos involucrados en los ritmos circadianos. Es cierto que es algo muy puntual, pero sería interesante comprobar si realmente se producen efectos detectables a nivel fisiológico.
Los resultados. El eclipse solar total tendrá lugar el 12 de agosto. Una vez sincronizada la aplicación con el reloj inteligente, los datos llegan directamente a los investigadores, gracias a la tecnología OneCareAI, que permite la recogida de datos de forma segura y anónima. Una vez con todos los datos recopilados, se procesarán para llevar a cabo un primer borrador del estudio, que se hará público a finales de septiembre. Los participantes no tardarán mucho en conocer los resultados.
¿Y los animales qué? Hay muchísima información documentada sobre cómo afecta un eclipse solar total a los animales. Por ejemplo, se ha visto que los pájaros cantan mucho, los perros ladran y el ganado se dirige a los establos, para luego volver al pasto de nuevo. También se ha detectado actividad en animales nocturnos, como los murciélagos o algunas aves. Cuando se hace de día, vuelven de nuevo a sus escondites, claramente confusos. Incluso se ha documentado cómo afectan los eclipses a algunas plantas, que normalmente tienden a abrir sus flores por la noche. Aunque aún no sea la hora, a menudo vemos cómo las flores se dejan ver antes de tiempo por efecto de la oscuridad.
Más allá de todo esto, no tenemos ni idea de cómo nos afectará el eclipse solar a nosotros mismos. Gracias a este estudio catalán, tendremos información por primera vez. Nunca se ha hecho nada parecido en todo el mundo. ¿Te animas a participar?
Imagen | Magnific
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