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reciclar las estatuas de los emperadores
En el Museo Británico se conserva un busto del siglo I del emperador Vespasiano con un secreto fascinante. En realidad no nos muestra a Vespasiano, sino a Nerón. O al menos así era hasta que un escultor sacó su cincel para alterar las facciones de Nerón, uno de los gobernantes con peor reputación de Roma, y asemejarlas a las de Vespasiano.
No es un caso único. Conservamos otros muchos bustos imperiales que inicialmente retrataban a un líder y con el tiempo se ‘re-esculpieron’ para darle el aspecto de otro.
Una palabra: re-tallar. Hace un tiempo las arqueólogas Francesca Bologna y Raffaella Bucolo se propusieron una tarea tan fascinante como complicada: comprender mejor el cuándo, cómo y sobre todo el porqué del recarving, la práctica romana que consistía en ‘re-tallar’ esculturas de emperadores para alterar su apariencia. Que lo que en principio era un busto de Calígula o Nerón pasasen a convertirse en otro de de Claudio o Vespasiano, por citar dos ejemplos reales.
Una cifra: 2.028. Para comprender mejor ese hábito analizaron 2.028 obras, esculturas de emperadores romanos elaboradas durante tres siglos, entre el 27 a.C. y 285 d.C. La muestra es interesante no solo por el amplio período que abarca.
Las investigadoras quisieron incluir además una amplia lista de próceres, que va desde Cayo Julio César Agusto, fundador del Imperio romano, hasta más allá de Marco Aurelio Claudio Gothicus, anotando en cada caso las piezas nuevas y las ‘recicladas’. Sus conclusiones las han recogido en un paper publicado hace poco en Journal of Roman Archaeology.


¿Por qué lo hacían? La pregunta del millón. A la hora de responderla los expertos han planteado sobre todo una cuestión de tiempo y recursos. Es decir, los escultores romanos utilizarían antiguos bustos por una cuestión estrictamente práctica y con el fin de reaprovechar sus materiales y recortar plazos de entrega. En su artículo Bologna y Bucolo señalan sin embargo que el fenómeno fue probablemente mucho más “complejo” y en él influyeron tanto aspectos estrictamente técnicos como otros “ideológicos”.
Una de las primeras conclusiones que obtuvieron ambas expertas es que el recarving no siempre se practicó con la misma frecuencia ni fue igual de socorrido en todos los rincones del amplio Imperio romano. Por ejemplo, durante la época de los Antoninos el ‘reciclaje’ de bustos se abandonó por una razón muy simple: durante esa época (siglo II d.C.) la moda llevó a los gobernantes a llevar barbas tupidas y cabellos voluminosos, una estética muy distinta a sus predecesores de las dinastías Julio-Claudiana y Flavia.
¿Es eso importante? Sí. Porque una cosa es sacar mármol sobrante y otra (muy distinta y más inviable) crearlo donde no hay. Como las esculturas de los emperadores anteriores no dejaban material suficiente para recrear esas barbas y melenas tupidas, la ‘re-escultura’ se abandonó temporalmente “por razones principalmente técnicas” durante la época de los Antoninos.
Tampoco fue muy común en los períodos de crisis en los que los emperadores se sucedían rápidamente en el trono, sin dejar margen a los escultores para ‘reciclar’ los bustos que se salvaban de la piqueta o mutilación.
Importa el quién… y el dónde. Una de las conclusiones más sorprendentes a las que han llegado las arqueólogas es que el ‘reciclaje’ de bustos no fue igual de frecuente en todo el Imperio. Bologna y Bucolo calculan que de todas las esculturas que analizaron, tan solo el 8% presenta signos de haber sido ‘re-esculpida’ para alterar su identidad.
Ese es el porcentaje general, pero no significa que sea extensible a todo el territorio del Imperio. En la ciudad de Roma fue algo superior (11%) y en otras regiones, como Asia Menor o el Norte de África, no llegó siquiera al 5%. Si hay un territorio que destaque sin embargo por la frecuencia del recarving es Iberia, donde ese dato se dispara al 19%.
La incógnita. Eso convierte a Hispania en la región en la que más probable era que una escultura de un emperador caído en desgracia pasase por el taller para alterarse. Sobre todo durante los años de las dinastías Julio-Claudia y Flavia.
¿El motivo? Una posibilidad son las diferentes sintonías de las élites locales. Por ejemplo, hubo retratos de Calígula que se reconvirtieron en otros de Augusto, un emperador anterior de más feliz recuerdo. Los datos de Roma, África y Asia Menor también tienen diferentes explicaciones: la influencia de la propaganda política, la abundancia de mármol y talleres especializados o la existencia de artesanos.
El castigo de los castigos. Una de las ideas más interesantes que deslizan las investigadoras es que el ‘reciclaje’ de bustos conecta con una práctica bien conocida en Roma, la damnatio memoriae. El término quizás no te suene, pero significa “condena de la memoria” y los expertos lo equiparan con una suerte de “cultura de la cancelación póstuma”.
¿Qué significa eso? Que cuando se quería castigar a un cargo público había una forma especialmente efectiva de hacerlo, más cruenta incluso que la simple ejecución: se borraba su huella de la historia de una forma tan evidente, tan manifiestamente intencionada, que dejaba claro a las generaciones futuras que ese personaje debía ser reprobado. Es decir, no se suprimía su nombre de una forma discreta, sino de tal forma que quedase claro el vacío que dejaba.
El caso de Crispo. En un artículo publicado en 2024 en The Conversation, Michael Hanaghan, de la Universidad Católica Australiana, comparte un ejemplo ilustrativo: en el 326 d.C. el emperador Constantino mandó ejecutar a su hijo Crispo, supuestamente al enterarse de que había seducido a la propia mujer de Constantino… y a la sazón madrastra de Crispo.
Aunque era su primogénito, Constantino quiso darle un castigo ejemplar. Y eso no pasaba solo por su ejecución. El nombre de Crispo se eliminó de monumentos como un hito conservado en Brescia que Hanaghan se encontró durante una visita a un museo. “No se trata de una eliminación secreta del nombre de alguien, sino de una exhibición pública de borrado”.


“Borrar la memoria”. Bologna y Bucolo señalan que esa práctica está detrás de al menos ciertos casos de ‘reciclaje’ de bustos romanos. Su propósito era “borrar la memoria de un gobernante que había incurrido en damnatio memoriae“. Lo más curioso es que en otras ocasiones el objetivo era diametralmente opuesto: lo que buscaban las ‘re-esculturas’ era un ejercicio de translatio memoriae, algo así como una “transferencia de memoria”. Se reciclaba la imagen de un gobernante bien valorado para reforzar la legitimidad de otro nuevo. Todo con fines claramente propagandísticos.
“Si bien el primer escenario fue la norma durante los tres primeros siglos de nuestra era, ocasionalmente en forma de reconfiguraciones retrospectivas, el segundo se hizo más común en el siglo IV d.C.”, explican las autoras, que recuerdan que el translatio memoriae no era una innovación.
“La reutilización de imágenes de los gobernantes ejemplares no era nueva, como lo demuestran los retratos de Alejandro Magno alterados, entre otros, a semejanza de Divus Agustus. La práctica ganó reconocimiento durante la Tetrarquía y el reinado de Constantino, cuando existía un énfasis político en la continuidad de los buenos emperadores del pasado”.
Una meta, cuatro caminos. El estudio de Bologna y Bucolo es tan pormenorizado que les ha permitido identificar diferentes tipos de ‘reciclaje’ de esculturas, en función de cómo de elaborado fuese el empeño por ocultar la identidad original del retratado. El nivel más básico se limita a cambiar la inscripción, sin tocar el retrato en sí. Las expertas localizaron un ejemplo durante su estudio: un busto original de Caracalla que se renombró como Constantino.
En otros casos el escultor modifica la obra, pero sin llegar a borrar totalmente los rasgos del emperador original, que sigue siendo identificable para quienes ven la escultura. Queda la duda, claro, de hasta qué punto esa asociación seguía siendo evidente con el paso de los siglos, sobre todo entre los ciudadanos del Imperio más alejados de Roma.
Donde dije Nerón, digo Vespasiano. Tras esos dos primeros niveles, habría otros dos, que van ganando en complejidad. El primero consiste en ‘re-tallar’ solo la parte delantera del busto. El escultor se afanaba en la vista frontal y dejaba sin cambios la parte superior, posterior y lateral de la obra. Las investigadoras compraron que era la táctica más común (se dio en el 52% de los casos) y tiene sentido si tenemos en cuenta que los bustos se mostraban elevados.
El último nivel iba más allá y modificaba toda la pieza, incluso la parte posterior, con un enfoque 360º. Sería el caso del busto de Nerón-Vespasiano que se conserva en el Museo Británico, tan alterado que el artista se esforzó en suprimir los rizos de la nuca del retrato de Nerón.
Imágenes | Wikipedia, Pierre Phaneuf (Flickr) y Steve Drolet (Flickr)
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Si tomas estos fármacos, el calor puede ser más peligroso de lo que crees
Todos sabemos que, cuando hace mucho calor, debemos beber mucha agua, evitar salir a la calle en las horas de más sol y refrescar las estancias adecuadamente. También sabemos que las comidas copiosas no son buena idea y que quizás no sean las mejores ocasiones para tomar picante. Pero lo que no siempre se nos advierte es que hay fármacos que aumentan el riesgo de enfermar por efecto del calor, por lo que debemos extremar las precauciones si los tomamos. No se trata de dejarlos, pero sí de ser conscientes de los riesgos que aumentan para tomar las medidas necesarias.
Una lista larguísima. La lista de fármacos que aumentan el riesgo de enfermedades asociadas al calor es muy larga. Algunos ejemplos son ciertos hipertensivos, betabloqueantes, antiarrítmicos o antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). También puede ocurrir con opioides, benzodiazepinas, antidepresivos, antiepilépticos, antidiabéticos, laxantes, anticoagulantes o antihistamínicos. ¿Significa esto que todos esos grupos de fármacos elevan rápidamente el riesgo de un golpe de calor? No necesariamente. Para empezar, no son todos los medicamentos de cada grupo y, además, no siempre afectan a la salud por los mismos motivos.
Los mecanismos. El mecanismo principal por el que aumentan estos riesgos es la deshidratación. Por ejemplo, algunos fármacos antihipertensivos son diuréticos. Esto significa que aumentan la micción, por lo que es más fácil que se produzca deshidratación; que, de por sí, es más habitual en situación de ola de calor. También pueden darse síntomas relacionados con la alteración de la función renal. Cuando nos deshidratamos, la cantidad de agua en la sangre disminuye, de modo que la función renal puede verse afectada. Por eso, se debe tener cuidado con los fármacos que ya de por sí afectan a la hidratación, ya que pueden aumentar el riesgo de fallo renal.
Por otro lado, hay fármacos que afectan a la termorregulación. Si el organismo no es capaz de regular la temperatura, es más fácil sufrir un golpe de calor. Otros afectan al estado de alerta, de modo que quienes los consumen pueden no darse cuenta de los síntomas del golpe de calor. Pasa con algunas benzodiazepinas. Y pasa algo parecido con los fármacos que alteran la percepción de la sed. Finalmente, hay medicamentos que producen hipertermia, de modo que la temperatura corporal se eleva demasiado.
A veces es bidireccional. Algunos de estos mecanismos pueden hacer que los propios medicamentos causen más efectos secundarios. Por ejemplo, algunos fármacos AINEs se eliminan a través de la orina, con intervención previa del riñón, pero si este no funciona adecuadamente por deshidratación se acumulan, pudiendo causar toxicidad. Además, su forma de reducir el dolor es inhibiendo la síntesis de las prostaglandinas, que son necesarias para la perfusión renal, por lo que, con un riñón que de por sí no funciona demasiado bien, pueden ser perjudiciales. Es precisamente por eso por lo que, en situaciones de olas de calor extremas, se recomienda a los médicos que no receten ciertos AINEs.
Más casos de aumento de toxicidad. En general, el calor puede aumentar la toxicidad de algunos fármacos de varias formas. Por ejemplo, la deshidratación puede alterar las concentraciones de ciertos fármacos en la sangre. La diferencia suele ser mínima. Sin embargo, hay medicamentos, como el litio, en los que la diferencia de concentración entre el efecto terapéutico y la toxicidad es mínima. Por eso se debe tener cuidado. También se debe estar alerta con los medicamentos cutáneos, como los parches, o subcutáneos, como la insulina, ya que si hace mucho calor puede ser que se absorban más deprisa.
Personas con más riesgo. Todo esto no afecta a todas las personas por igual. Generalmente, el riesgo es mayor para personas mayores, pacientes que viven aislados o con vivienda mal climatizadas y, especialmente, personas que toman varios medicamentos a la vez.

La hidratación es esencial si se están tomando ciertos fármacos
Qué debemos hacer. Como pacientes, principalmente debemos ocuparnos de que los fármacos se almacenen a la temperatura indicada en el prospecto. Más allá de eso, suele ser el médico el que tiene que prestar atención al historial de cada paciente y determinar si, en una situación climática determinada, pueden darse riesgos con los fármacos que toma. De todos modos, si nos surge la duda, siempre podemos leer el prospecto y/o consultar a nuestro médico de cabecera sobre los medicamentos que tomamos.
Es importante incidir en que este tipo de situaciones suelen ser extremas. Debe hacer mucho calor y que la persona sea vulnerable por algún motivo. Además, muchas veces son situaciones que se pueden prevenir. Si el problema es por riesgo de deshidratación, se indica al paciente que beba mucha más agua. Lo mismo si el problema es que disminuye la percepción de sed. Cada caso es distinto, por lo que es importante estudiarlos de forma individual, teniendo en cuenta que son situaciones extremas, pero que hay que contemplarlas si es necesario.
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En Xataka | El aire acondicionado en verano tiene un doble rasero de medir: nos refresca pero nos da tortícolis
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Pagarán 50 mil dólares a sujeto en EU tras detenerlo por protestar con tema de “Star Wars”; alegaba violación a su libertad de expresión
AP.- El Distrito de Columbia acordó pagar 50 mil dólares para resolver una demanda presentada por un residente que acusó a agentes de policía de detenerlo ilegalmente por seguir a una patrulla de la Guardia Nacional de Ohio mientras reproducía en su teléfono celular el tema de Darth Vader de “Star Wars”, según un documento difundido el lunes.
El demandante, Sam O’Hara, demandó al distrito, a cuatro agentes del Departamento de Policía Metropolitana y a un miembro de la guardia de Ohio por lo que, según él, fue su acto de protesta contra el despliegue federal de fuerzas del orden del presidente Donald Trump en Washington, D.C.
Un escrito judicial presentado el jueves reveló el acuerdo, pero no especificó ninguna condición monetaria. La cifra está incluida en una copia del acuerdo de conciliación que la oficina del fiscal general de D.C., Brian L. Schwalb, proporcionó a The Associated Press.
El acuerdo por 50 mil dólares incluye honorarios y costos de abogados. O’Hara es representado por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) del Distrito de Columbia.
En un correo electrónico enviado el viernes, un portavoz de la ACLU calificó las condiciones financieras del acuerdo como “una cantidad significativa” con la que O’Hara “está satisfecho”, pero indicó que no divulgarían la cifra en dólares para proteger su privacidad.
O’Hara, un artista que trabaja en el sector de la hospitalidad, aceptó retirar sus reclamaciones contra el distrito y los agentes del MPD dentro de los tres días hábiles posteriores a recibir el pago del acuerdo. El acuerdo no constituye una admisión de irregularidades por parte del distrito, señala el documento.
El acuerdo de O’Hara con el distrito no resuelve sus reclamaciones relacionadas con un miembro de la Guardia Nacional de Ohio, el sargento Devon Beck, quien ha pedido a un juez que desestime las reclamaciones de O’Hara en su contra.
O’Hara demandó al distrito en octubre, al afirmar que los agentes de policía violaron sus derechos de la Primera Enmienda a la libertad de expresión y sus derechos de la Cuarta Enmienda contra incautaciones irrazonables y el uso excesivo de la fuerza.
O’Hara reprodujo en su teléfono el tema “The Imperial March” de “Star Wars” mientras seguía a varios efectivos de la Guardia Nacional por una calle pública el 11 de septiembre de 2025.
Uno de los efectivos llamó a agentes de policía, quienes detuvieron a O’Hara y lo mantuvieron esposado durante 15 a 20 minutos antes de dejarlo ir sin presentar cargos, según la demanda.
El despliegue continuo de miembros de la guardia por parte de Trump en Washington comenzó el agosto pasado después de que el presidente republicano emitiera una orden ejecutiva en la que declaró una emergencia por delincuencia en la capital del país.
El aumento de presencia avivó las tensiones con los residentes del distrito, de marcada tendencia demócrata. Cientos de miembros de la guardia siguen desplegados en el distrito casi un año después, sin un final claro a la vista.
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te explico cómo hacerlo, cómo activar tu clave de privacidad y el obstáculo que encontré
Puede que llevemos meses hablando de los nombres de usuario en WhatsApp, pero una cosa es leer sobre una función que está por llegar y otra muy distinta es verla aparecer en nuestra propia cuenta. Este lunes, WhatsApp, de Meta, abrió la reserva de identificadores antes de que puedan usarse de forma general, y lo primero que hice fue intentar apartar el mío. Al principio no pude hacerlo, pero unas horas después la opción ya estaba ahí. Y entonces empezó lo interesante: reservarlo era fácil, elegirlo no tanto.
En el artículo publicado más temprano ya explicamos el alcance de la función: los nombres de usuario no sustituyen al número de teléfono para crear la cuenta, pero sí añaden una forma más privada de iniciar ciertos contactos. Esta vez el enfoque es más práctico: qué me encontré dentro de la aplicación, qué pasos seguí para reservar mi identificador y qué detalle me obligó a cambiar de plan cuando probé con la opción más evidente.
Cómo reservé mi nombre de usuario en WhatsApp
En mi caso, el recorrido empezó desde la pantalla principal de WhatsApp, en la barra inferior de la aplicación. A la derecha de Chats aparece la pestaña Tú, que es donde WhatsApp agrupa el acceso al perfil y a varios ajustes de la cuenta. Desde ahí entré en Cuenta y después en Nombre de usuario, una opción que ya aparecía dentro del menú. Como se ve en las capturas, el camino no está escondido, pero sí exige saber dónde mirar si todavía no hemos recibido un aviso claro dentro de la app.


La siguiente pantalla deja poco margen para la duda sobre el estado de la función. WhatsApp no dice que los nombres de usuario ya puedan usarse sin más, sino que “estarán disponibles pronto” y que, mientras tanto, podemos reservar el nuestro. También resume la promesa de privacidad con una explicación sencilla: el nombre de usuario servirá para mantener oculto el número ante personas que todavía no lo conocen. Ese matiz es relevante para no confundir reserva con disponibilidad completa. Lo que tenemos delante, por ahora, es una forma de apartar un identificador antes del despliegue general.
Al pulsar en Crear nombre de usuario, lo primero que hice fue probar con mi nombre propio. Es una reacción bastante natural cuando una plataforma abre la reserva de identificadores: antes de complicarnos con números, guiones o combinaciones, intentamos quedarnos con la forma más limpia posible. En mi caso, escribí Javier y esperé la validación de WhatsApp. La respuesta no fue exactamente la que esperaba.


El mensaje era bastante concreto: “Este nombre de usuario solo está disponible en WhatsApp Business.” Es decir, no parecía un caso normal de identificador ocupado, sino una disponibilidad condicionada al tipo de cuenta. En la práctica, eso introduce un matiz interesante para quienes intenten reservar nombres muy simples, especialmente nombres propios, porque algunos, aparentemente, pueden quedar fuera de una cuenta personal aunque aparezcan asociados a otra vía. En mi caso no tenía sentido dar el salto a WhatsApp Business.
Después probé con otra opción lógica: mi apellido. Era una alternativa razonable, porque seguía siendo fácil de recordar y encajaba bien con la idea de compartir un identificador personal sin recurrir a una combinación demasiado larga. Esta vez WhatsApp sí mostró un aviso mucho más convencional: “El nombre de usuario no está disponible”. Ahí el problema ya no era el tipo de cuenta, sino la disponibilidad pura y dura, algo esperable en una función que llega a un servicio con una base de usuarios enorme.
En ese punto tocaba decidir si seguía probando combinaciones o si elegía una opción razonable y continuaba con el proceso. Opté por lo segundo. El nombre que terminé reservando no era el más limpio ni el que habría elegido en un mundo ideal, pero cumplía con lo que necesitaba: identificarme con claridad y servir como dato de contacto sin exponer mi número de teléfono. Después de aceptar el identificador, WhatsApp mostró el mensaje que esperaba ver: “Nombre de usuario reservado”.
La reserva no termina del todo en esa pantalla, porque WhatsApp también permite ajustar quién podrá contactarnos mediante el nombre de usuario. En el apartado Contactarme por nombre de usuario encontré dos opciones, y la que venía marcada por defecto era Todos. Es decir, si dejaba la configuración tal cual, cualquier persona que conociera mi identificador podría usarlo para iniciar ese primer contacto. Para una función que se presenta precisamente como una capa de privacidad, creo ese ajuste merece revisarse antes de dar el proceso por cerrado.
La otra opción disponible era Personas que conocen mi clave. Al seleccionarla, WhatsApp genera una clave que funciona como segundo filtro para ese primer contacto por nombre de usuario. La idea es sencilla: no basta con que alguien conozca nuestro identificador, también tendría que conocer esa clave para poder iniciar la conversación por esa vía.


Aquí hay un detalle importante que conviene no pasar por alto. En mi experiencia, no basta con entrar en Personas que conocen mi clave y ver la clave que genera WhatsApp. Si después volvemos atrás o cerramos la aplicación sin más, el ajuste no queda aplicado y la configuración sigue en Todos. Para que realmente funcione ese filtro adicional hay que pulsar en Guardar clave. Solo entonces la clave queda registrada y puede consultarse más adelante desde el mismo apartado.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que hablamos de un despliegue gradual. Si entras en WhatsApp, sigues la misma ruta y todavía no aparece Nombre de usuario, no significa que estés haciendo algo mal ni que tu cuenta tenga ningún problema. En mi caso, la opción no estaba disponible al conocer la noticia y apareció unas horas después. Lo más recomendable es mantener la aplicación actualizada en iOS o Android y volver a comprobarlo más adelante, porque WhatsApp irá activando la reserva de forma progresiva.
También conviene recordar que no todos los nombres entran en esta reserva en las mismas condiciones. Meta ha explicado que pequeñas empresas y organizaciones podrán reclamar nombres existentes en Instagram o Facebook, algo que tiene sentido dentro de su propio ecosistema, porque ambas redes forman parte de la misma compañía que WhatsApp. La empresa también ha reservado nombres de figuras públicas para evitar apropiaciones oportunistas.
Mi experiencia, en resumen, fue bastante sencilla, pero no tan automática como esperaba. Reservar el nombre de usuario apenas lleva unos minutos cuando la opción aparece en la cuenta, aunque conviene asumir que la primera elección quizá no estará disponible o no podrá reservarse desde una cuenta personal. El segundo punto está en la privacidad: si queremos limitar quién puede contactarnos por esta vía, hay que activar la clave y guardarla correctamente.
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