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Islandia lo ha solucionado en pleno desierto
Atrapar las emisiones de dióxido de carbono y convertirlas literalmente en piedra parece un invento sacado de Futurama, donde en el futuro todo se recicla. El problema es que este truco de alquimia subterránea escondía una letra pequeña aterradora: su desorbitada sed. Para conseguir que el carbono se mineralice bajo tierra, el sistema necesita tragar cantidades absurdas de líquido, concretamente entre 20 y 50 veces más agua que la masa de CO₂ que intentamos almacenar.
Sin embargo, un nuevo estudio a escala industrial publicado en la revista Nature acaba de reescribir las reglas del juego. Un equipo internacional, con investigadores de Islandia, Arabia Saudí e Italia, ha demostrado en el desierto occidental saudí que es posible petrificar el CO₂ sin malgastar una sola gota de agua dulce externa.
La salvación bajo las arenas de Arabia Saudí. Como detallan los autores de la investigación, esta zona es un verdadero reto: está llena de grandes instalaciones que emiten muchísimo CO₂, como refinerías y desaladoras, pero carece de los acuíferos salinos subterráneos o las trampas sedimentarias que se usan tradicionalmente para inyectar carbono.
La salvación estaba bajo sus pies. A unos 24 kilómetros del Complejo Económico y Refinería de Jizán, los geólogos aprovecharon un inmenso lecho de rocas volcánicas (basaltos) muy fracturadas que llevan allí entre 21 y 30 millones de años. Allí probaron un ingenioso sistema de recirculación de fluidos del subsuelo.
El truco de la “soda” gigantesca. Para llevar a cabo el experimento, los ingenieros utilizaron dos pozos principales, separados por apenas 130 metros: uno funciona como pozo de “producción” (extrae agua) y el otro como pozo de “inyección”. El proceso es un circuito cerrado y aislado de la atmósfera para que no entre oxígeno ni se escape el gas. Extraen el agua que ya habita en las profundidades, la hacen circular por tuberías y, a 150 metros bajo tierra, le inyectan CO₂ puro en forma de burbujas hasta que se disuelve por completo.
Según los científicos del proyecto, disolver el gas en agua tiene dos ventajas químicas y mecánicas brutales:
- Se vuelve pesada: El agua cargada de CO₂ es más densa que el agua normal sin gas, por lo que crea un fluido no flotante, lo que limita enormemente el riesgo de que el gas migre hacia la superficie y regrese a la atmósfera.
- Se vuelve ácida: Este líquido es ácido y acelera enormemente la disolución de los minerales de silicato presentes en la roca basáltica. Al disolverse, la roca libera metales que proporcionan los cationes necesarios para formar minerales estables, como la calcita.


Una cuestión de supervivencia geopolítica. Los datos de este piloto son un éxito rotundo. El equipo inyectó 131 toneladas de CO₂ en el subsuelo. Tras monitorizar la zona con rastreadores, descubrieron que aproximadamente el 70% de todo ese carbono inyectado se había mineralizado en un plazo de diez meses. Las mediciones mostraron que la concentración de carbono inorgánico disuelto en el agua que volvía a subir se había reducido en un 90% respecto a lo que se inyectó inicialmente.
Reutilizar el agua del propio yacimiento ofrece ventajas sustanciales. No solo te olvidas de llevar agua externa, sino que además reduces el riesgo de que la presión de los fluidos bajo tierra aumente peligrosamente. Además, al inyectar un agua que tiene la misma composición que la reserva subterránea original, se reduce el riesgo de problemas de compatibilidad, como pérdidas de permeabilidad en el yacimiento.
La dimensión actual. Como analizábamos recientemente en Xataka a raíz de la escalada militar en la región, el verdadero talón de Aquiles de la Península Arábiga no es el petróleo, sino la sed. Países como Arabia Saudí dependen en un 70% de sus plantas desalinizadoras para sobrevivir. En un escenario donde el suministro de agua dulce es una vulnerabilidad estratégica y una cuestión de supervivencia biológica, destinar volúmenes mastodónticos de agua para enterrar emisiones era, sencillamente, inviable. Por eso, este avance abre la puerta a que Oriente Medio —donde además se concentra gran parte de la producción petrolera global— pueda usar sus rocas basálticas para almacenar carbono sin sacrificar un recurso vital.
Un accidente providencial. A veces, los contratiempos son la mejor de las pruebas. En septiembre de 2023, la bomba sumergible del pozo de extracción se averió. Cuando los técnicos la sacaron a la superficie, se encontraron su interior lleno de granos de roca cementados por hasta un 14% de calcita, así como otros minerales como la siderita y ankerita. Los análisis de isótopos lo dejaron claro: esos cementos sólidos se formaron a partir del CO₂ inyectado durante el proyecto piloto. El gas se había petrificado literalmente en las propias entrañas de la máquina.
Un “chollo energético”. Por si fuera poco, hay que sumar el ahorro energético. Como detalla la investigación, inyectar el CO₂ con este método requiere una presión en superficie de apenas 12 a 14 bares. Eso es entre 8 y 16 veces menos presión de la que exigen las plantas de captura de carbono convencionales. Básicamente, el agua cargada de CO₂ se introduce en el sistema impulsada por la gravedad. En cuanto a su potencial futuro, los ingenieros calculan que los poros subterráneos de esta zona en particular (estimados entre 24.000 y 43.000 m³) tendrían espacio suficiente para albergar entre 22.000 y 40.000 toneladas de CO₂ mineralizado.
La geología dicta sentencia: el límite de la piedra. Toda tecnología geológica tiene sus propios límites físicos. Como explican los expertos en Nature, a medida que el agua, el CO₂ y el basalto interactúan, el volumen total de minerales sólidos aumenta. Esto significa que el espacio de los poros se reduce y puede acabar bloqueando las vías de flujo del agua a largo plazo. Para esquivar este problema, los investigadores proponen que quizá haya que recurrir a la fracturación de la roca (fracking), una opción todavía poco explorada en sistemas basálticos.
Lo que está claro es que esta innovación tecnológica se plantea como un gran complemento a los sistemas de captura convencionales, no como una alternativa excluyente, ya que al final son las condiciones geológicas las que mandan. Pero gracias a este experimento pionero, hay algo que podemos dar por sentado: la falta de ríos o acuíferos dulces ha dejado de ser una excusa para no devolver nuestras emisiones al subsuelo y convertirlas en piedra.
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La especulación con cartas de Pokémon es un problema tan grave que algunas tiendas ya hacen exámenes de conocimientos a sus clientes
En 2024, las ventas globales del juego de cartas coleccionables de ‘Pokémon’ alcanzaron los 2.200 millones de dólares, con un crecimiento del 25% respecto al año anterior. The Pokémon Company incrementó la producción hasta los 10.200 millones de cartas para 2025. Durante la pandemia, Logan Paul y otros creadores de contenido empezaron a abrir sobres en vídeos que alcanzaban millones de visualizaciones. Desde entonces, la fiebre no ha dejado de crecer, y las tiendas comienzan a plantear pruebas insólitas para distinguir a los compradores genuinos de los revendedores.
This is a test. En la sucursal oeste de Ikebukuro, en Tokio, la tienda especializada Bic Camera tomó una decisión que separaría a los compradores de cartas coleccionables de ‘Pokémon’ de los especuladores: para comprar sobres de la última expansión, Ninja Spinner, hay que superar antes un cuestionario escrito de 15 preguntas sobre el universo ‘Pokémon’ sin móvil, sin ayuda y en japonés.
Es solo el principio. El cuestionario no es el único requisito. Los compradores deben tener una cuenta de fidelidad activa en la cadena, ya sea mediante aplicación o tarjeta física, lo que permite al personal detectar compras sospechosamente frecuentes. Además, la tienda aplica un límite de una caja por cliente y retira el precinto y el embalaje exterior en el momento de la entrega: un producto abierto pierde gran parte de su valor en el mercado secundario, donde los revendedores necesitan el sellado intacto para inflar los precios.
Según el usuario de X Ryo Saeba, el sistema está funcionando: varios revendedores suspendieron el test y se marcharon sin producto, ya que debido a la naturaleza aleatoria del cuestionario no se puede preparar de antemano. Es un problema que, no obstante, no tiene solución fácil ni siquiera desde The Pokémon Company: si se imprimen más copias de las cartas más demandadas se reduciría la especulación, pero el juego competitivo quedaría afectado, así como la sensación de exclusividad de encontrar una carta rara en un sobre.
Por qué Ninja Spinner. La expansión Ninja Spinner es la versión japonesa de la occidental Chaos Rising, cuyo lanzamiento está previsto para el 22 de mayo, y que cuenta con Mega Greninja ex como carta protagonista. La carta dorada de Mega Greninja ex valía 593 dólares en marzo y ahora se cotiza en miles. Un sobre que en tienda cuesta alrededor de 5 euros puede revenderse por 40 en cuestión de horas.
El yen mal. Además, hay un factor económico adicional que convierte el problema de los revendedores en algo más serio: la debilidad estructural del yen, combinada con el precio relativamente asequible de las cajas, ha convertido las cartas de Pokémon en objetivo habitual de compradores extranjeros y revendedores internacionales. Los lanzamientos exclusivos de Japón, que incluyen ilustraciones y acabados no disponibles en otros mercados, multiplican el atractivo. A veces las novedades duran minutos en las estanterías antes de acabar en plataformas de reventa.
Cómo lo hacen. Los revendedores profesionales tienen tácticas para erquivar los sistemas de control que las tiendas establecen para dar preferencia a los compradores reales: contratan a varias personas para hacer cola simultáneamente, usan múltiples tarjetas de pago y crean cuentas falsas para acceder a reservas online. En octubre de 2025, la policía japonesa detuvo a dos ciudadanos vietnamitas que habían creado treinta cuentas ficticias usando tarjetas SIM obtenidas fraudulentamente para participar en sorteos de compra y hacerse con decenas de cajas ese verano.
Otras iniciativas. Otras sucursales de Bic Camera han adoptado medidas como pedir un carné de conducir o el documento de identificación fiscal japonés, lo que limita las compras a residentes. Las tiendas oficiales Pokémon Center también mantienen límites estrictos de unidades por cliente para preservar precios cercanos al oficial. Fuera de Japón también ha habido una tibia respuesta a la actividad de los scalpers, nombre como se conoce a los revendedores en el sector: Walmart, por ejemplo, introdujo un límite de cinco packs por compra a finales de 2024 después de que un vídeo con 12 millones de visualizaciones en TikTok mostrara a un scalper vaciando el expositor completo de una tienda en un solo viaje.
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Para lograr el hito de levantar la mayor industria de drones sin China, Ucrania ha encontrado un aliado explosivo: Taiwán
En plena Guerra Fría, varios ingenieros occidentales quedaron sorprendidos al descubrir que algunos de los pequeños componentes electrónicos más fiables del mercado mundial procedían de una isla que apenas aparecía en los grandes titulares geopolíticos. Décadas después, aquella especialización silenciosa en fabricar piezas diminutas y aparentemente invisibles terminaría convirtiéndose en una de las capacidades industriales más codiciadas del planeta.
La guerra que cambió una industria. Durante décadas, Taiwán fue conocido sobre todo por fabricar chips, componentes electrónicos y piezas invisibles que terminaban dentro de teléfonos, ordenadores o servidores repartidos por todo el planeta, pero las guerras modernas están empezando a empujar esa capacidad industrial hacia otro terreno mucho más explosivo.
Contaba el Guardian que lo que está ocurriendo entre Ucrania y Taiwán refleja un cambio silencioso que apenas existía hace unos años: la creación de una nueva alianza tecnológica nacida directamente de la guerra de drones, de la presión china y de la necesidad desesperada de producir millones de sistemas baratos, autónomos y listos para el combate.
Ucrania quiere romper su dependencia de China. La guerra obligó a Ucrania a construir a toda velocidad una gigantesca industria de drones capaz de alimentar un frente que consume cantidades absurdas de aparatos cada mes. El problema es que gran parte de la cadena de suministro mundial sigue dominada por China: motores, baterías, sistemas de navegación, componentes electrónicos y tierras raras continúan dependiendo en enorme medida de fabricantes chinos. Como contamos, Kiev empezó a considerar esa dependencia como un riesgo estratégico cuando aumentaron las sospechas sobre el apoyo indirecto de Pekín a Rusia y crecieron los temores a posibles restricciones de exportación.
Ahí empezó a aparecer Taiwán como una alternativa inesperadamente importante. Su enorme experiencia en semiconductores, microelectrónica, integración electrónica y producción tecnológica avanzada la convirtió en uno de los pocos lugares capaces de suministrar piezas críticas sin depender completamente de Occidente ni quedar atrapado bajo control directo chino. Para Ucrania, encontrar socios industriales fuera de China dejó de ser una cuestión comercial y pasó a convertirse literalmente en un asunto de supervivencia.
Y Taiwán encontró a Ucrania. Mientras Ucrania busca producir millones de drones alejándose poco a poco de China, Taiwán observa el conflicto con otra preocupación: la posibilidad de enfrentarse algún día a Pekín en su propio territorio. Esa coincidencia de amenazas está creando una relación cada vez más profunda entre ambos mundos. De hecho, contaba el New York Times que ingenieros taiwaneses envían drones a Ucrania para ser probados directamente en combate, empresas estadounidenses trasladan diseños nacidos en el frente ucraniano hacia producción taiwanesa y antiguos soldados taiwaneses que hoy luchan en Ucrania regresan a casa contando cómo funciona realmente la guerra moderna.
Muchos militares taiwaneses empiezan a descubrir que las doctrinas tradicionales quedan completamente superadas frente a enjambres de drones FPV, sistemas marítimos no tripulados o robots terrestres baratos capaces de destruir vehículos multimillonarios. Ucrania se está convirtiendo así en una especie de universidad militar improvisada para Taiwán, una donde las lecciones no salen de simulaciones sino de un frente real donde cada error cuesta vidas.


La nueva industria militar ya no se parece a la antigua. Uno de los cambios más profundos de esta guerra es que la producción militar ya no depende únicamente de gigantescas fábricas estatales o grandes contratistas tradicionales. Ucrania ha desarrollado más de un centenar de fabricantes locales de componentes mientras adapta constantemente sus sistemas a necesidades concretas del frente. Las empresas ucranianas modifican drones, software y sistemas de guiado a una velocidad muy superior a la industria clásica occidental.
Taiwán encaja perfectamente en esa transformación porque posee justo aquello que Ucrania necesita para acelerar esa producción: electrónica avanzada, chips especializados y capacidad industrial flexible. Varias compañías taiwanesas ya operan desde Polonia o Lituania para abastecer indirectamente a Kiev, mientras las exportaciones taiwanesas de drones hacia Europa se han disparado de forma masiva. En paralelo, empresas estadounidenses están utilizando Ucrania y Taiwán como dos extremos de una misma cadena industrial: Ucrania aporta experiencia de combate y desarrollo acelerado, y Taiwán aporta capacidad tecnológica y fabricación escalable.
La obsesión por construir drones fuera de China. Tanto Ucrania como Taiwán comparten otra prioridad que se está convirtiendo en casi una doctrina industrial: construir cadenas de suministro a expensas de Pekín. El problema es mucho más complicado de lo que parece porque incluso muchos componentes fabricados fuera de China siguen utilizando materiales, baterías o imanes que dependen de proveedores chinos.
Aun así, ambos territorios intentan reducir gradualmente esa exposición. Taiwán quiere levantar una industria de drones completamente desligada de China antes de 2027 y aumentar su producción propia de imanes de tierras raras, mientras Ucrania continúa desplazando producción hacia dentro de sus fronteras. Qué duda cabe, el desafío es gigantesco porque los productos chinos siguen siendo mucho más baratos y abundantes, pero la lógica estratégica empieza a pesar más que el coste económico. En mitad de una guerra, la prioridad deja de ser comprar lo más barato y pasa a ser garantizar que la cadena de suministro siga funcionando cuando llegue la próxima crisis.
Construyendo algo más grande que drones. Si se quiere también, lo más importante de esta relación quizá no sea únicamente la producción de drones, sino la aparición de un nuevo eje tecnológico y militar informal entre dos territorios que viven bajo la amenaza permanente de vecinos mucho más grandes. Ucrania aporta experiencia real de guerra, tácticas probadas y una velocidad brutal de innovación bajo presión extrema. Taiwán aporta capacidad industrial, semiconductores y acceso a tecnologías críticas que Occidente no produce con suficiente rapidez.
El resultado empieza a parecerse a algo mucho más ambicioso: toda una red internacional de producción militar distribuida donde empresas privadas, ingenieros, voluntarios y fabricantes trabajan por encima de las limitaciones diplomáticas oficiales. Incluso el gobierno ucraniano reconoce ya que están apareciendo fábricas de drones basadas en diseños ucranianos fuera de sus fronteras, incluida una en Taiwán.
One more thing. En el fondo, lo que la guerra está acelerando es una idea que hace pocos años habría parecido improbable: que para levantar la mayor industria de drones del planeta fuera de China, Ucrania ha terminado encontrando en Taiwán a uno de sus aliados más valiosos y estratégicos.
Imagen | X, Trydence
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DeepSeek V4 ha dado a China el impulso que necesita frente a EEUU. Cuatro fabricantes de chips son los grandes ganadores
DeepSeek V4 es el catalizador que necesitaba China. Este modelo de inteligencia artificial (IA) desarrollado por el fondo de cobertura cuantitativo especializado en trading algorítmico High-Flyer ha sido diseñado de forma nativa para convivir con chips chinos. Esta es exactamente la estrategia que el Gobierno chino respalda como respuesta a la presión que EEUU está ejerciendo sobre China. La Administración liderada por Donald Trump impide que las GPU más potentes de Nvidia, AMD o Cerebras lleguen a este país asiático. Y Pekín ha decidido prescindir de ellas.
El desafío al que se enfrenta el Gobierno chino es que es mucho más fácil fijarse este propósito que llevarlo a la práctica. Este es el escenario en el que DeepSeek V4 se ha erigido como la baza que necesita China. Y es que su llegada ha propiciado que por primera vez varios diseñadores de chips para IA chinos logren algo que hasta ahora solo había estado al alcance de Nvidia: garantizar la compatibilidad total con el último modelo de IA de High-Flyer desde el día 0.
Una gran oportunidad para Huawei, Cambricon, Moore Threads y Hygon
DeepSeek V4 ha marcado un punto de inflexión. Es probable que su adopción en China sea muy notable, lo que ha provocado que los diseñadores de chips para IA compitan entre ellos para garantizar la compatibilidad total con este modelo desde el mismo instante de su llegada. Ninguno de ellos quiere dejar escapar la oportunidad de crecer en el mayor mercado del planeta si nos ceñimos a los indicadores más relevantes, como la paridad de poder adquisitivo o el volumen de población con la capacidad de consumir.
Huawei es una de las compañías más beneficiadas por la llegada de DeepSeek V4
Con toda seguridad Huawei va a ser una de las compañías más beneficiadas por la llegada de DeepSeek V4. Y es que todo su porfolio de GPU para IA es compatible con este modelo. No obstante, su chip Ascend 950PR se ha erigido como la solución de inferencia principal. Un apunte antes de seguir adelante: la inferencia es a grandes rasgos el proceso computacional que llevan a cabo los modelos de lenguaje con el propósito de generar las respuestas que corresponden a las peticiones que reciben.
Los tres mayores grupos de internet de China (Alibaba, ByteDance y Tencent) han realizado pedidos de varios cientos de miles de procesadores Ascend 950PR tras el lanzamiento de DeepSeek V4, según Reuters. No obstante, Huawei no es la única compañía china a la que le ha tocado la lotería con la llegada de este modelo de IA. Cambricon Technologies, la empresa de los hermanos Chen, ya ha completado la adaptación al framework de inferencia de código abierto vLLM y ha publicado el código en GitHub.
Además, Moore Threads ha trabajado codo con codo con la Academia de Inteligencia Artificial de Pekín para ejecutar DeepSeek V4 en su tarjeta MTT S5000 usando la pila de software FlagOS. Y Hygon ha llevado a cabo una profunda optimización de este modelo en su plataforma DCU con el propósito de consolidar su hardware como una opción atractiva para uso industrial. La competitividad de DeepSeek V4 fuera de China no está clara debido a que es menos capaz que sus competidores estadounidenses más avanzados, pero su futuro dentro de las fronteras de su país de origen parece estar garantizado.
Imagen | Huawei
Más información | SCMP
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