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despertó con una factura de más de 18.000
La nube tiene algo de invisible hasta que llega la factura. Levantamos una aplicación, probamos una API, dejamos un presupuesto configurado y seguimos con nuestra vida pensando que el sistema avisará si algo se sale de lo previsto. El problema es que avisar no es lo mismo que detener. Y esa diferencia, que puede parecer un matiz técnico, es justo la que separa una prueba controlada de una deuda enorme cuando una clave queda expuesta, alguien la utiliza y los cargos empiezan a acumularse sin que lo veamos.
Eso es lo que asegura que le ocurrió a venturaxi, un usuario de Reddit que ha contado su caso. Según cuenta GRYOnline.pl, se fue a dormir con una alerta de presupuesto configurada en 10 dólares australianos (unos 7,15 dólares estadounidenses) y se despertó con una factura de 25.672,86 dólares australianos en Google Cloud, algo más de 18.000 dólares estadounidenses al cambio. El usuario sostiene que, durante la noche, se realizaron unas 60.000 peticiones no autorizadas a través de una clave API que al principio no lograba identificar. La historia, conviene subrayarlo desde el principio, procede de su testimonio público, no de una investigación independiente.
Una alerta puede sonar mientras la factura sigue creciendo
La clave está en un matiz que Google explica en su propia documentación sobre presupuestos: una alerta de presupuesto no detiene el consumo, solo envía notificaciones cuando se alcanzan determinados umbrales. Es decir, sirve para enterarnos de que el gasto se acerca o supera una cifra, pero no funciona como un interruptor que corta automáticamente el servicio. En un uso normal puede ser suficiente para reaccionar a tiempo. En un escenario con peticiones automatizadas y una clave comprometida, en cambio, el contador puede seguir corriendo aunque el aviso ya se haya enviado.
La parte más delicada de esta historia se entiende mejor si dejamos por un momento la jerga. Una clave API es, a efectos prácticos, una llave que permite a una aplicación identificarse ante un servicio y decirle: soy esta cuenta, déjame pasar. Mientras está bien guardada, cumple su función. Si queda expuesta, otra persona puede usarla para generar peticiones que se cargarán a esa cuenta. Google recomienda proteger estas claves, rotarlas y restringirlas por dominio o IP. Venturaxi asegura que la clave usada procedía de una vieja app de jardinería creada para su madre en Cloud Run.
Ahí aparece una de las partes más confusas del caso. El usuario explica que, al principio, no encontraba esa clave en la lista habitual de claves de AI Studio, aunque Google la señalaba como origen del consumo. Más tarde, según su actualización en Reddit, logró localizarla en otra sección del panel de Google Cloud gracias a la pista de otro usuario. La clave coincidía por el nombre visible, no por la clave completa, lo que complicaba seguir el rastro.


La parte más frustrante llegó cuando intentó pedir ayuda. En su publicación cuenta que primero trató con agentes automáticos, después con distintos miembros de soporte y más tarde con responsables de escalado, sin tener durante días una persona única que siguiera el caso de principio a fin. También sostiene que, mientras las peticiones seguían produciéndose, tuvo que insistir varias veces en que su cuenta había sido comprometida antes de conseguir una escalada.
El otro punto delicado está en el nivel de la cuenta. Venturaxi sostiene que su cuenta de facturación fue elevada automáticamente a un nivel superior por su antigüedad e historial de pagos, aunque el proyecto afectado era mucho más reciente. Según la explicación que dice haber recibido de Google, ese cambio respondía a una relación de confianza asociada a la cuenta, no necesariamente al proyecto concreto. El resultado, siempre según su relato, fue que pudo consumir más de lo que esperaba, sin una notificación clara ni un consentimiento específico.
El caso ha tenido recorrido precisamente porque no aparece aislado en la conversación. En Reddit, otros usuarios aseguran haber pasado por sustos parecidos con cargos inesperados, claves comprometidas o disputas de facturación difíciles de resolver. Eso no convierte cada relato en una prueba verificada pero nos da una idea de lo que estaría sucediendo. Al mismo tiempo, ayuda a entender por qué la publicación de venturaxi ha resonado: apunta a una preocupación compartida por varios desarrolladores.
Según el desarrollador, la factura de 25.672,86 dólares australianos terminó siendo anulada y Google también habría devuelto los 9.800 dólares que, siempre según su relato, se habían repartido en cinco intentos de cobro crecientes. El desenlace económico, por tanto, habría quedado resuelto a su favor. Aun así, el usuario sostiene que seguía sin respuestas claras sobre varios puntos del incidente: cómo quedó expuesta la clave, qué activó el salto de nivel de la cuenta o de dónde procedía exactamente el tráfico.
La factura de 25.672,86 dólares australianos terminó siendo anulada
Lo más llamativo de esta historia no es solo la cifra, sino lo fácil que resulta entender cómo algo así puede salirse de control. No hablamos de un gran despliegue ni de una infraestructura enorme, sino de una clave, una app antigua y una alerta que no hacía lo que muchos usuarios podrían imaginar. Ahí está el aviso para cualquiera que trabaje con estos servicios, incluso en pruebas pequeñas: conviene revisar qué queda abierto, qué límites son reales y qué herramientas solo nos informan de que el problema ya está en marcha.
Imágenes | Xataka con Grok | charlesdeluvio
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China plantó 66.000 millones de árboles donde antes solo había arena. Medio siglo después crecen más rápido que los bosques naturales
Durante décadas, los grandes proyectos para detener el avance de los desiertos han compartido el mismo problema: muchos árboles mueren antes de cumplir su objetivo. La excepción la tenemos en el norte de China, donde una iniciativa iniciada hace casi medio siglo no solo ha logrado mantenerse viva, sino que se ha convertido en uno de los mayores experimentos ecológicos del planeta.
No era un proyecto para salvar el clima. Cuando China puso en marcha la Gran Muralla Verde en 1978, el cambio climático apenas formaba parte del debate internacional. El objetivo, de hecho, era mucho más inmediato: detener el avance del desierto del Gobi y reducir las tormentas de arena que cada año castigaban el norte del país.
Hoy, casi medio siglo después, aquella decisión está ofreciendo un resultado que nadie contemplaba entonces y que ahora está obligando a revisar algunas ideas sobre la reforestación.
El mayor experimento forestal del planeta. Durante las últimas cinco décadas, China ha plantado alrededor de 66.000 millones de árboles para crear una inmensa barrera vegetal entre los desiertos del Gobi y Taklamakán y las zonas habitadas. El proyecto sigue creciendo y todavía prevé incorporar decenas de miles de millones de árboles más hasta 2050.
Lo que comenzó como una medida para frenar la desertificación ha terminado convirtiéndose, casi sin pretenderlo, en un laboratorio a escala continental sobre cómo evolucionan los bosques creados por el ser humano.

Mapa topográfico de la Gran Muralla Verde de China, 2023 (secciones noroeste y norte)
Lo inesperado apareció al comparar. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Pekín recurrió a imágenes de satélite para analizar la evolución del índice de área foliar, un indicador estrechamente relacionado con el crecimiento de los árboles y su capacidad para captar carbono.
Los resultados fueron mucho más que sorprendentes. Los bosques plantados estaban aumentando su masa foliar un 66% más rápido que los naturales y, cuando los investigadores eliminaron el efecto de la edad comparando masas forestales similares, la ventaja seguía existiendo con un crecimiento un 4,6% superior.

Movimiento global del polvo procedente de una tormenta de polvo asiática
La explicación va mucho más allá de plantar. Parte de esa diferencia se explica porque los árboles jóvenes crecen más deprisa que los maduros. Sin embargo, el estudio apunta a otros factores igual de importantes.
Por ejemplo, la selección de especies de rápido crecimiento, el mantenimiento continuo, la eliminación de vegetación competidora y una gestión forestal mucho más intensiva que parece potenciar la respuesta de estos bosques al aumento del dióxido de carbono presente en la atmósfera.
No todo son buenas noticias. No solo eso. Los investigadores también comprobaron que esa ventaja tiene un límite. Al parecer, el crecimiento acelerado alcanza su punto máximo cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años y después comienza a reducirse de forma apreciable.
Mientras tanto, los bosques naturales mantienen un desarrollo mucho más constante y siguen acumulando carbono durante periodos mucho más largos, lo que los convierte en ecosistemas mucho más resilientes a largo plazo.
La lección es más compleja de lo que parece. Por supuesto, el estudio no concluye que los bosques artificiales sean mejores que los naturales, ni mucho menos. Sin embargo, lo que sí demuestra es que los modelos climáticos simplifican demasiado el papel de las reforestaciones, al tratar todos los bosques prácticamente por igual.
Si se quiere también, la experiencia de la Gran Muralla Verde sugiere que tan importante como plantar árboles es decidir cuándo hacerlo, qué especies utilizar y cómo gestionar esos bosques durante décadas si realmente se quiere maximizar su contribución frente al cambio climático.
Imagen | United Nations, Janwillemvanaalst
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¡El Otro Mundial llega a su fin! Adal fulmina a Maná y a Inglaterra, Chuponcito da las NIUS y en entrevista Kikín Fonseca
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">¡El Otro Mundial llega a su fin! Adal fulmina a Maná y a Inglaterra, Chuponcito da las NIUS y en entrevista Kikín Fonseca
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Si vas a ver el eclipse de este 12 de agosto, la ciencia te necesita
La Generalitat de Cataluña, el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y el Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) acaban de anunciar una iniciativa de ciencia ciudadana dirigida a analizar cómo afecta un eclipse solar total a la salud y la fisiología de los seres humanos. Hay bastantes datos de cómo afectan estos fenómenos astronómicos a otros animales, pero de los humanos no hay apenas información. Por eso, estas instituciones han lanzado la aplicación Solaris, con la que esperan reunir a unas 5.000 personas para participar en un estudio cuyos resultados se conocerán a finales de septiembre.
Los requisitos. Para participar en este proyecto de ciencia ciudadana hay que cumplir una serie de requisitos. En primer lugar, es necesario descargarse la aplicación Solaris y tener un smartwatch o cualquier dispositivo de actividad similar que mida, como mínimo, el ritmo cardíaco. Se deben tomar datos durante cinco días consecutivos: los dos días previos al eclipse solar del 12 de agosto de 2026, la jornada del eclipse y los dos días posteriores. Es importante que las grabaciones tengan referencias temporales y, también, que no se practique ejercicio intenso durante las medidas.
Lo que se quiere medir. Principalmente, a los responsables de esta investigación les interesa saber cómo afecta experimentar un eclipse solar al ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria. En este tipo de eventos coinciden dos factores importantes. Por un lado, la emoción de ver algo nuevo, que en muchas ocasiones no se ha presenciado jamás. Y, por otro, la incoherencia de un corto anochecer en pleno día. Que la luz desaparezca cuando no procede para luego aparecer de nuevo unos minutos después puede afectar a los mecanismos involucrados en los ritmos circadianos. Es cierto que es algo muy puntual, pero sería interesante comprobar si realmente se producen efectos detectables a nivel fisiológico.
Los resultados. El eclipse solar total tendrá lugar el 12 de agosto. Una vez sincronizada la aplicación con el reloj inteligente, los datos llegan directamente a los investigadores, gracias a la tecnología OneCareAI, que permite la recogida de datos de forma segura y anónima. Una vez con todos los datos recopilados, se procesarán para llevar a cabo un primer borrador del estudio, que se hará público a finales de septiembre. Los participantes no tardarán mucho en conocer los resultados.
¿Y los animales qué? Hay muchísima información documentada sobre cómo afecta un eclipse solar total a los animales. Por ejemplo, se ha visto que los pájaros cantan mucho, los perros ladran y el ganado se dirige a los establos, para luego volver al pasto de nuevo. También se ha detectado actividad en animales nocturnos, como los murciélagos o algunas aves. Cuando se hace de día, vuelven de nuevo a sus escondites, claramente confusos. Incluso se ha documentado cómo afectan los eclipses a algunas plantas, que normalmente tienden a abrir sus flores por la noche. Aunque aún no sea la hora, a menudo vemos cómo las flores se dejan ver antes de tiempo por efecto de la oscuridad.
Más allá de todo esto, no tenemos ni idea de cómo nos afectará el eclipse solar a nosotros mismos. Gracias a este estudio catalán, tendremos información por primera vez. Nunca se ha hecho nada parecido en todo el mundo. ¿Te animas a participar?
Imagen | Magnific
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