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sobre el papel se parecen mucho, pero la experiencia cuenta otra historia
En pleno auge de las plataformas de streaming, sigue habiendo muchas razones para comprar un Fire TV Stick de Amazon o un TV Box de Xiaomi. Puede que quieras convertir en “Smart” una tele antigua o que simplemente te apetezca probar otra forma de consumir contenidos en esa pantalla. Pero decidir que quieres comprar uno de estos dispositivos es solo el primer paso. El siguiente, y quizá el más importante, es elegir cuál encaja mejor con lo que buscas.
Como ocurre con cualquier otra categoría de productos tecnológicos, la decisión no siempre es sencilla. Entran en juego varios factores que conviene valorar antes de invertir nuestro dinero. Y aquí es donde entra en acción el equipo de Xataka: nos gusta probar las cosas para que tú no tengas que hacerlo. Ana Boria, que ya ha analizado a fondo dispositivos como el Plaud Note Pro o varios relojes inteligentes, ha decidido esta vez poner a prueba su televisor para salir de dudas.
Dos caminos para llevar el streaming a tu televisor
En este Versus, nuestra compañera compara el Fire Stick de Amazon y el TV Box de Xiaomi en aspectos clave como la calidad de imagen. “Si hablamos de calidad de imagen, ambos dispositivos soportan contenido 4K a 60fps, además de ser compatibles con contenido HDR 10+ y Dolby Vision”, comenta. Y ahí empieza lo interesante. Si los dos comparten estas especificaciones, la pregunta surge casi sola: ¿realmente hay motivos para elegir uno frente al otro?


Las pruebas de Ana van más allá y también abordan un aspecto que para muchos usuarios puede marcar la diferencia: la instalación de aplicaciones. “El año pasado Amazon anunció que empezaría a bloquear algunas aplicaciones no oficiales e incluso la descarga de APKs”, explica, señalando una diferencia relevante entre ambas propuestas. Ahora bien, la situación puede no ser tan tajante como parece a primera vista, y en el vídeo encontrarás las claves para entender qué está pasando.


El análisis también se detiene en otros apartados importantes como el sistema operativo, la conectividad o el gaming, un terreno que cada vez gana más peso en este tipo de dispositivos. “Con ambos dispositivos he podido instalar las aplicaciones, conectar los mandos y jugar, pero no con los dos he tenido una experiencia perfecta”, adelanta nuestra compañera.
Si quieres descubrir qué round se llevó cada dispositivo, cuál terminó imponiéndose en este Versus y qué conclusiones sacó Ana tras probarlos a fondo, te invitamos a ver el vídeo que acabamos de publicar en nuestro canal de YouTube. Y, como siempre, nos encantará leerte en los comentarios: vuestras opiniones nos ayudan a seguir afinando nuestras pruebas y también inspiran futuros análisis.
Imágenes | Xataka
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1.050 CV, diseño de Jony Ive y una idea muy distinta de coche eléctrico
Ferrari podía hacer muchas cosas con su primer eléctrico, pero difícilmente podía permitirse que pasara desapercibido. El Luce llega después de años de espera y con una carga simbólica evidente: no estamos hablando solo de cambiar gasolina por batería, sino de comprobar hasta dónde está dispuesta Maranello a mover los límites de su propia tradición. La marca lo ha revelado en Roma hoy 25 de mayo de 2026, una fecha elegida por su vínculo con la primera victoria de Ferrari en 1947, cuando el 125 S ganó el Gran Premio di Roma.
Antes de entrar en harina conviene recordar de dónde surge este modelo. Ferrari presentó en el Capital Markets Day de 2022 una estrategia multienergía basada en la neutralidad tecnológica, una forma de decir que la electrificación convivirá con otras arquitecturas dentro de la marca. El Luce es el primer resultado plenamente eléctrico de esa hoja de ruta, pero no se plantea como un reemplazo de los Ferrari de combustión o híbridos.
Un Ferrari eléctrico pensado para cambiar algo más que el motor
Lo primero que llama la atención al ver el Luce es su formato. Ferrari ya había cruzado la línea de las cuatro puertas con el Purosangue, pero aquí da otro paso: por primera vez ofrece cinco plazas en un coche de producción en serie. La explicación está en su arquitectura eléctrica específica, que permite integrar la batería bajo el suelo y los asientos traseros, liberar el habitáculo y prescindir del túnel central. Ferrari sostiene que esa configuración no habría sido posible con sus esquemas transaxle tradicionales.
El otro gran cambio está en quién ha dado forma al coche. Ferrari confió el diseño del Luce a LoveFrom, el colectivo creativo fundado por Jony Ive con Marc Newson en 2019, y el primer nombre no necesita demasiada presentación para quien siga la historia reciente de diseño de Apple. Es una decisión poco habitual para una marca con un centro de diseño propio dirigido por Flavio Manzoni. Según Ferrari, esa mirada externa permitió introducir un lenguaje nuevo que no se limita a la carrocería, sino que alcanza también el interior y la interfaz.


Ese enfoque se nota sobre todo en la silueta. Ferrari define uno de los rasgos principales del Luce como una “glass house” de forma limpia, casi de caparazón, que se extiende por debajo de la línea de cintura hasta los extremos del coche. A su alrededor aparecen alas aerodinámicas delanteras y traseras, además de paneles de luz transparentes integrados en las superficies. Y luego están los pilotos traseros tipo halo, que Ferrari vincula con el 360 Modena y el 458 Italia: al verlos por primera vez es difícil no sentir cierta nostalgia en medio de un diseño tan distinto.


En el habitáculo aparece una de las decisiones más reconocibles del proyecto. Ferrari y LoveFrom no han seguido la vía más evidente en muchos coches eléctricos actuales, donde casi todo acaba dentro de una pantalla. El Luce combina mandos físicos de aluminio, botones, diales, conmutadores y pantallas OLED desarrolladas por Samsung Display para este modelo, con la información principal concentrada frente al conductor. La idea es unir lo mecánico y lo digital sin que una cosa borre a la otra.




Las cifras, aun así, son inevitables. Ferrari declara una potencia máxima de 1.050 CV en modo Launch Control, cuatro motores eléctricos, uno por rueda, y una batería de 122 kWh con arquitectura de 800 V. Sobre el papel, el Luce acelera de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos, llega de 0 a 200 km/h en 6,8 segundos y alcanza una velocidad máxima de 310 km/h. La autonomía estimada ronda los 530 kilómetros, aunque aquí conviene mantener el matiz: Ferrari indica que esa cifra todavía está bajo homologación.




En un Ferrari eléctrico, el sonido no es un detalle menor. La marca dice haber trabajado cinco años y 40.000 kilómetros de pruebas específicas para desarrollar un sistema que no genera un sonido sintético, sino que amplifica las vibraciones mecánicas reales de los ejes eléctricos. Esa señal se procesa en tiempo real y cambia según el modo del e-Manettino y el uso de las levas. En paralelo, los cuatro motores, la suspensión activa y el eje trasero direccional buscan que el Luce no sea solo rápido en línea recta, sino capaz de gestionar con mucha precisión lo que ocurre en cada rueda.
Y ahora toca hablar de más números. Reuters sitúa su precio por encima de los 500.000 euros, mientras que la página de Ferrari en España ya permite configurarlo, aunque todavía no muestra el precio ni permite comprarlo directamente: el siguiente paso es enviar la información a un concesionario.
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el futuro industrial se parece más a Terminator que a Ford
“Hunter-Killers. Máquinas de patrulla. Construidas en fábricas automatizadas.” La frase la pronuncia Kyle Reese en ‘Terminator’, cuando intenta explicar un futuro dominado por Skynet y sus máquinas de guerra. Cuarenta años después, no estamos en esa pesadilla de ciencia ficción, pero la conexión resulta demasiado potente como para ignorarla: China está fabricando componentes estructurales para cazas furtivos en una planta altamente automatizada, casi sin humanos en la línea y con maquinaria capaz de trabajar durante buena parte del día.
Apaga la luz. La noticia llega a través de Science and Technology Daily. Según esa fuente, la fábrica ha más que duplicado la eficiencia en la producción de componentes estructurales para cazas furtivos chinos, entre ellos el J-20. El proceso, que antes exigía empleados vigilando operaciones durante todo el día, se apoya ahora en vehículos autónomos, maquinaria automatizada guiada por IA y sistemas capaces de sostener la actividad durante casi 24 horas. Eso sí: no hablamos de aviones completos saliendo solos de una nave, sino de la fabricación del “esqueleto” de la aeronave en condiciones de intervención humana muy reducida.
Qué es una fábrica oscura. Estamos hablando de instalaciones diseñadas para operar con muy poca presencia humana, hasta el punto de que la iluminación deja de ser una condición necesaria para producir. Siemens describe estas plantas como instalaciones con mínima actividad humana, capaces de funcionar en la oscuridad. Podemos ver esta idea aplicada a una variedad de sectores: acero, móviles, motores domésticos y piezas de dispositivos de ignición para cohetes.
Un producto complejo. La planta combina transporte autónomo de materiales, mecanizado de alta precisión, escaneo inteligente e inspección robotizada. Antes, sin embargo, hacían falta dos o tres empleados por turnos para mantener la maquinaria funcionando todo el día, pero ahora las horas de trabajo humano necesarias para operar la planta se han reducido en más de un 80%.
Una fábrica que aprende a hablar. El salto no dependía únicamente de instalar más robots. Según explicó Song Ge, responsable de fabricación digital, a Science and Technology Daily, las decenas de máquinas de la planta utilizaban protocolos y lenguajes de software distintos, una fragmentación que dificultaba unificar la línea y controlarla como un sistema. La solución pasó por conseguir que el equipamiento pudiera comunicarse, ser controlado a distancia y coordinarse dentro del mismo flujo de producción.
El avión detrás de la fábrica. El J-20 ocupa un lugar central en la modernización aérea china. El Ministerio de Defensa de China confirmó en 2018 su entrada en servicio de combate y lo presentó como un caza con capacidad para disputar la superioridad aérea, realizar ataques de precisión contra objetivos terrestres y marítimos, interferencia electrónica y mando táctico.
Un sueño viejo con maquinaria nueva. La idea de fabricar casi sin humanos no nació con China ni con el J-20. CNN recordaba en 2003 que ese sueño ya venía de los años ochenta, cuando General Motors imaginó robots tan fiables que podrían montar transmisiones en la oscuridad. Aquello chocó con una realidad mucho más torpe: las máquinas no funcionaban bien ni con las luces encendidas. Hoy el mapa es más amplio: FANUC opera en Japón una fábrica a oscuras desde 2001, Makuta Micro Molding aplica ese modelo en Estados Unidos al moldeo por microinyección y Philips ha producido maquinillas eléctricas en Países Bajos con una unidad altamente automatizada apoyada en cientos de robots.
Mirando hacia el futuro. El futuro industrial no tiene por qué parecerse a Skynet, pero sí apunta a fábricas donde la presencia humana pesa menos en determinadas fases de producción. Y cuando eso ocurre, mantener las luces encendidas durante toda la operación deja de ser una necesidad productiva y pasa a depender de cuándo entran las personas en la planta.
Imágenes | Ministerio de Defensa de China
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Hay un puesto de trabajo en auge en la era de la inteligencia artificial: experto en ciberseguridad
Si Mythos, de Anthropic, y GPT-5.4-Cyber, de OpenAI, han sido presentados como modelos capaces de detectar y explotar vulnerabilidades, la conclusión rápida parece bastante evidente: los perfiles de ciberseguridad podrían empezar a sobrar. Al fin y al cabo, hablamos de modelos orientados a moverse en uno de los terrenos más delicados de la tecnología: encontrar fallos antes de que otros los aprovechen. La respuesta, al menos de momento, va en dirección contraria a esa primera intuición. La IA no está haciendo irrelevante al experto. Al contrario: hoy es más necesario que nunca.
Esa señal ya empieza a notarse con claridad en Estados Unidos, donde el NYT ha puesto cifras y testimonios a una tendencia que venía ganando fuerza: la contratación de perfiles de ciberseguridad. El periódico estadounidense apunta que las ofertas del sector crecieron un 11% interanual en el primer trimestre, según Glassdoor, y recoge cómo algunas firmas de búsqueda de ejecutivos están recibiendo más encargos para encontrar responsables con experiencia en brechas de seguridad, protección de datos y revisión de código. El motivo no es solo proteger datos. También hace falta responder a incidentes y entender cómo la IA cambia la superficie de riesgo de las empresas.
La clave es que esta nueva capa de IA no solo cambia las herramientas de quienes protegen los sistemas. También modifica las posibilidades de quienes intentan comprometerlos. Reuters señalaba hace unos días que los atacantes están usando cada vez más IA para detectar vulnerabilidades, y Check Point ha alertado en su Informe de Ciberseguridad 2026 de que los ataques con IA han pasado de la fase experimental a un despliegue criminal rutinario.
Más herramientas no significan menos expertos en ciberseguridad
El mercado, además, no está pidiendo exactamente lo mismo que hace unos años. La ciberseguridad sigue siendo el paraguas, pero dentro empiezan a pesar con mucha fuerza capacidades más concretas: IA, seguridad en la nube, ingeniería, análisis y evaluación de riesgos. El 2025 ISC2 Cybersecurity Workforce Study señala que los responsables de contratación sitúan la IA entre las habilidades más demandadas, con un 27%, y los profesionales elevaban esa percepción hasta el 44%. La conclusión es importante: no basta con saber de seguridad. Cada vez pesa más entender cómo se integra esa seguridad en sistemas complejos y atravesados, evidentemente, por IA.
Fortinet hizo una encuesta y encontró que el 49% de los encuestados teme que la IA aumente los ciberataques, mientras que el 97% de las organizaciones ya utiliza o planea utilizar una solución de ciberseguridad que aproveche esta tecnología. Así que todo parece indicar que las compañías no solo están preocupadas por el uso ofensivo de la IA, también están intentando incorporarla a sus propias defensas. Y eso abre otra necesidad menos visible, pero igual de importante: contar con equipos capaces de evaluar esas herramientas e integrarlas con criterio.
En España, la fotografía también apunta a un sector en plena expansión. INCIBE lo resume con una frase muy útil para aterrizar el fenómeno: “La ciberseguridad es ya uno de los sectores con más empuje de la economía digital española”. Según el estudio sobre la industria de la ciberseguridad en España 2025, el organismo sitúa el empleo en 164.761 personas y señala que la ciberseguridad ya representa el 25,55% del empleo del sector TIC. La previsión, además, no habla de una subida puntual: entre 2026 y 2029, el sector crecerá a un ritmo anual del 14,25%, hasta alcanzar los 282.157 empleos al final de ese periodo.
“La ciberseguridad es ya uno de los sectores con más empuje de la economía digital española”.
El problema es que ese crecimiento llega con una tensión evidente: no siempre hay suficientes perfiles preparados para cubrir lo que las empresas necesitan. Deloitte lo formula desde el lado de los responsables de seguridad: “Cerca del 38% de los CISO identifica la dependencia de perfiles escasos como un reto significativo, reflejando una brecha persistente entre la creciente demanda de capacidades y la limitada oferta del mercado”. La consecuencia es que muchas organizaciones acaban apoyándose en talento externo para sostener sus defensas. De hecho, Deloitte señala que en 2026 el 60% del personal de ciberseguridad es externo.
Visto desde España, el fenómeno comparte el mismo fondo, aunque con matices propios. Estados Unidos sigue siendo uno de los epicentros de la industria de la IA y no podemos entender esta tendencia sin mirar lo que ocurre allí, pero tampoco conviene extrapolar sus dinámicas de mercado como si fueran idénticas a las de Europa. Aquí entran en juego otros indicadores: crecimiento del empleo, peso relevante dentro del sector TIC y dependencia de perfiles externos en muchas organizaciones. La conclusión, aun así, apunta en la misma dirección a ambos lados del Atlántico: la IA está obligando a reforzar capacidades de ciberseguridad, no a reducirlas.
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En Xataka | Cada cuánto debemos cambiar TODAS nuestras contraseñas según tres expertos en ciberseguridad
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