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qué es esta alternativa europea a X y Threads, qué no es, y toda la información

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Vamos a decirte qué es exactamente W Social, el proyecto de red social europea que aspira a competir con X y Threads. No es una red social que vaya a empezar desde cero, sino que se unirá a un protocolo abierto de otra red ya existente, pero desde servidores europeos.

De momento, W es solo un proyecto anunciado en el foro de Davos, pero todavía no está abierta al público. Eso sí, ya tenemos unoss cuantos datos importantes sobre ella que nos permiten saber cómo va a ser. Aun así, iremos actualizando este artículo según sepamos más y llegue la fecha de su apertura.

Qué es W Social

W Social es un proyecto para crear una red social europea de micromensajes. Para que lo entiendas, es como buscar crear una alternativa al antiguo Twitter, y a redes actuales como Threads o X, ambas estadounidenses.

W Social no es una red social cerrada y completamente independiente, sino que es como una instancia europea de Bluesky. Por lo tanto, estará basada en Bluesky y en el AT Protocol. Si estás dentro, recuerda que nos puedes seguir en esta red social en la cuenta xataka.bsky.social.

Piensa en esto como dos redes que hablan un mismo lenguaje y están interconectadas entre sí, algo parecido a las instancias de Mastodon, pero con otra tecnología. Podrás acceder a las cuentas de Bluesky y leer las publicaciones y todo el contenido, y los usuarios de esta red también podrán seguirte a ti.

Bluesky tiene más de 42 millones de usuarios, aunque no hay una cifra de cuántos de ellos están activos. En cualquier caso, esto significará que W Social sumará fuerzas con esta red alternativa, por lo que no empezará desde cero y sus usuarios no tendrán que lidiar con una línea temporal vacía.

Una de las cosas que nos han confirmado desde W Social es que podremos migrar completamente nuestra cuenta de Bluesky existente. Su objetivo es que podamos migrar todo nuestro contenido, los comentarios, las interacciones, los seguidores y los seguidos, y todo el resto de información.  Pero todavía no han aclarado los pasos, aunque aseguran que explicarán el paso a paso cuando esta función esté disponible.

Por último decir que W Social quiere como objetivos fundamentales ser una red basada en humanos  verificados, transparencia, privacidad y libertad de expresión. Todo esto, según dicen, creyendo que necesitamos una red social global y fiable, y que sea gestionada, alojada y propiedad de Europa, con todos los beneficios que esto supone para la privacidad debido a las normas europeas más estrictas en este sentido.

Qué NO es W Social

W Social no es una red social creada por la Unión Europea, sino por una empresa europea. Sí, una empresa como Meta o X, pero basada en la UE y con nuestras normas.

Esto también significa que no es una red descentralizada ni abierta como las que forman parte del ecosistema de Mastodon. Será una red perteneciente a una empresa, que será la que tome las decisiones. Vamos, igual que Instagram, Facebook, Threads o X.

Principales características

Una de las principales características de Bluesky es que es una red social donde los algoritmos los puedes decidir o crear tú. Por defecto solo ves el contenido de la gente a la que sigues, pero puedes añadir tus propios algoritmos personalizados, ya sean temáticos, por idiomas, lo que quieras. Aunque aun es pronto para saber si W Social heredará esta función tan única y beneficiosa.

Pero la característica propia que hará W Social diferente es que sus usuarios deberán tener una identidad verificada. Tendrás que enviar tu DNI y tu cuenta quedará vinculada a tu identidad. 

Esta medida tiene algo positivo como una clara manera de acabar con los trolls y los abusos y amenazas online, ya que se podrá identificar al usuario para expulsarlo o que sus actos tengan consecuencias penales igual que en la vida fuera de Internet. Esto promoverá un entorno menos tóxico y sin bots ni perfiles falsos

Todas las cuentas serán reales, aunque esto no quiere decir que mostrarás tu nombre y apellidos, porque podrás elegir un nombre de usuario que quieras. Pero esto también tiene un lado peligroso, ya que hay peligro de que esta verificación se convierta en vigilancia a los usuarios, algo que pondría en peligro a  activistas y otro tipo de resistencias legítimas. Habrá que esperara para ver cómo consiguen este equilibrio.

El otro pilar fundamental de W Social será la moderación. Así como X es un espacio libre, pero bastante salvaje y donde los abusos y la desinformación corren sin ningún tipo de moderación efectiva, W Social será una red más controlada y con normas claras, como el no poder insultar, evitar campañas coordinadas o la creación de ruido permanente.

La moderación siempre es un tema delicado, aunque la plataforma promete neutralidad. Habrá que esperar a ver cómo llevan a cabo estas labores, cuánto corre a cargo de algoritmo y cuánto a cargo de personas. La moderación es importante para crear un entorno digital saludable, pero también puede ser peligrosa.

Cómo registrarse en W Social

Registro
Registro

W Social todavía no ha abierto sus puertas, aunque ya puedes apuntarte a una lista de espera. En ella, tendrás que añadir tu correo electrónico, y de forma opcional puedes añadir el nombre de usuario que quieres usar, tu país de residencia y tus perfiles de Bluesky o LinkedIn.

Se espera que la fase beta de W Social empiece en marzo del 2026, que será cuando los primeros usuarios empiecen a recibir invitaciones.

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la gran pregunta es qué pasa si esta es la nueva normalidad

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Hay un solo dato que resume qué ha pasado en esta país desde el 1 de enero: que las lluvias acumuladas desde el 1 de enero superan el triple del valor normal (para el promedio de los años 1991-2020). Es más, la mayor parte de esas precipitaciones no se han concentrado en el norte (hay zonas de la cornisa Cantábrica que no han recibido apenas agua), sino en el centro, el sur y algunas zonas del nordeste.

A nadie le puede pillar por sorpresa todo esto. Ha llovido lo indecible en España y eso se está notando en cosas como que hay 96 embalses por encima del 90%. Pero lo más interesante no es eso, lo más interesante es por qué está pasando todo esto.

Hablemos de la circulación atmosférica. “Es una barbaridad cómo […] se está comportando en las últimas semanas”, decía el meteorólogo González Alemán hace unos días. Y lleva razón hasta tal punto que “aunque parece haber una tendencia al cambio, aún las piezas encajan como para seguir trayendo ríos atmosféricos con abundante precipitación a la península ibérica”.

Pero lo interesante no es tanto esta anomalía como que “las causas globales que provocan este estado de la circulación (con la sucesión de muchas borrascas y ríos atmosféricos) son desconocidas”. Y, cuando el científico de AEMET, dice ‘desconocidas’, no se refiere a posibles mecanismos o teleconexiones; ni siquiera habla de engranajes concretos. Habla de los culpables de provocar tales mecanismos y engranajes. 

Y todo esto viene a propósito de un runrun: que la gente se empieza a plantear si esto es un síntoma de los cambios del océano Atlántico sobre los que llevamos años hablando

Ya sabemos que el cambio climáticos aumenta los fenómenos extremos. Los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) son claros y muestran que, efectivamente, han aumentado desde los años 70. En concreto, se han multiplicado por cinco a lo largo de las últimas cinco décadas.  

Según sus cálculos, en los años 80 se registraron 1.400 incidentes —sus tablas incluyen fenómenos meteorológicos, climáticos e hídricos extremos— y en los 90, algo más de 2.200. En la primera década del siglo XXI se alcanzaron los 3.500 y la tendencia seguía en marcha.

Preguntas, preguntas y más preguntas. En este sentido, tiene lógica preguntarnos si el cambio climático está actualizando las probabilidades para que eventos extremos, como estas lluvias, se hagan más frecuentes. ¿Y si llevamos años obsesionados con la desertificación y lo que nos encontramos, de repente, es con una cantidad desproporcionada de lluvia en las zonas más (climáticamente) frágiles de la península? 

Parece una buena noticia, pero está llena de problemas. Y es que, como suelo repetir, solemos tener una visión estereotipada del calentamiento global y nos olvidamos dónde supone una diferencia real: en la capacidad de poner en jaque nuestras infraestructuras más críticas. Más lluvia no solo más lluvia, es (como hemos visto estos días) una amenaza terrible que puede obligar a desplazar miles de personas.

¿Vamos hacia allí? Esa es la gran duda, claro. Y González Alemán lleva razón en que no debemos extender cheques causales que la ciencia no está en disposición de pagar. Hay que estudiar todo con detalle para ver qué está pasando realmente.

Pero eso no puede ser una justificación para no hacer nada. Nuestro sistema hídrico acaba de sufrir el mayor tests de estrés de la historia reciente y si no analizamos lo que ha ocurrido, la próxima vez puede pasar cualquier cosa.

Imagen | AliciaMBentley

En Xataka | La desertificación está devorando el sur de España: Extremadura y Murcia afrontan un futuro completamente seco

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la gran pregunta es qué pasa si esta es la nueva normalidad

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Hay un solo dato que resume qué ha pasado en esta país desde el 1 de enero: que las lluvias acumuladas desde el 1 de enero superan el triple del valor normal (para el promedio de los años 1991-2020). Es más, la mayor parte de esas precipitaciones no se han concentrado en el norte (hay zonas de la cornisa Cantábrica que no han recibido apenas agua), sino en el centro, el sur y algunas zonas del nordeste.

A nadie le puede pillar por sorpresa todo esto. Ha llovido lo indecible en España y eso se está notando en cosas como que hay 96 embalses por encima del 90%. Pero lo más interesante no es eso, lo más interesante es por qué está pasando todo esto.

Hablemos de la circulación atmosférica. “Es una barbaridad cómo […] se está comportando en las últimas semanas”, decía el meteorólogo González Alemán hace unos días. Y lleva razón hasta tal punto que “aunque parece haber una tendencia al cambio, aún las piezas encajan como para seguir trayendo ríos atmosféricos con abundante precipitación a la península ibérica”.

Pero lo interesante no es tanto esta anomalía como que “las causas globales que provocan este estado de la circulación (con la sucesión de muchas borrascas y ríos atmosféricos) son desconocidas”. Y, cuando el científico de AEMET, dice ‘desconocidas’, no se refiere a posibles mecanismos o teleconexiones; ni siquiera habla de engranajes concretos. Habla de los culpables de provocar tales mecanismos y engranajes. 

Y todo esto viene a propósito de un runrun: que la gente se empieza a plantear si esto es un síntoma de los cambios del océano Atlántico sobre los que llevamos años hablando

Ya sabemos que el cambio climáticos aumenta los fenómenos extremos. Los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) son claros y muestran que, efectivamente, han aumentado desde los años 70. En concreto, se han multiplicado por cinco a lo largo de las últimas cinco décadas.  

Según sus cálculos, en los años 80 se registraron 1.400 incidentes —sus tablas incluyen fenómenos meteorológicos, climáticos e hídricos extremos— y en los 90, algo más de 2.200. En la primera década del siglo XXI se alcanzaron los 3.500 y la tendencia seguía en marcha.

Preguntas, preguntas y más preguntas. En este sentido, tiene lógica preguntarnos si el cambio climático está actualizando las probabilidades para que eventos extremos, como estas lluvias, se hagan más frecuentes. ¿Y si llevamos años obsesionados con la desertificación y lo que nos encontramos, de repente, es con una cantidad desproporcionada de lluvia en las zonas más (climáticamente) frágiles de la península? 

Parece una buena noticia, pero está llena de problemas. Y es que, como suelo repetir, solemos tener una visión estereotipada del calentamiento global y nos olvidamos dónde supone una diferencia real: en la capacidad de poner en jaque nuestras infraestructuras más críticas. Más lluvia no solo más lluvia, es (como hemos visto estos días) una amenaza terrible que puede obligar a desplazar miles de personas.

¿Vamos hacia allí? Esa es la gran duda, claro. Y González Alemán lleva razón en que no debemos extender cheques causales que la ciencia no está en disposición de pagar. Hay que estudiar todo con detalle para ver qué está pasando realmente.

Pero eso no puede ser una justificación para no hacer nada. Nuestro sistema hídrico acaba de sufrir el mayor tests de estrés de la historia reciente y si no analizamos lo que ha ocurrido, la próxima vez puede pasar cualquier cosa.

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la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia

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Hace unos días me sorprendí a mí mismo haciendo algo que hace cinco años me habría parecido un sacrilegio. Tenía delante un reportaje de esos que guardas para leer el domingo por la mañana. 5.000 palabras, una firma de prestigio y un diseñazo. Un texto de los que piden calma. Y cuando no llevaba ni dos frases, busqué por instinto el botón de ‘resumir’ que ahora corona mi navegador.

Nueve líneas. Eso era todo el resumen.

No fue por falta de interés, fue más bien por esa urgencia moderna que nos susurra que dedicar veinte minutos a una sola idea es una cosa ineficiente. Al cuarto de hora no recordaba casi nada de esas nueve líneas. Tenía la información, pero no tenía el conocimiento.

Estamos convirtiendo la lectura en un trámite administrativo. Lo que empezó como una herramienta de supervivencia para lidiar con la avalancha de correos del trabajo o algunos hilos de Reddit que se explayan demasiado ha colonizado nuestra capacidad de asombro.

En 2026 la IA no solo nos ayuda a escribir, también nos está enseñando a no leer. O aún peor: nos está convenciendo de que el camino es un estorbo para llegar al destino. Es la victoria definitiva del TLDR sobre la curiosidad.

El problema de externalizar la digestión es que partimos de una premisa falsa: que la sustancia de las cosas es lo único que importa. Pero en la cultura, la información o en una simple conversación, la sustancia a veces es lo de menos. Pídele a una IA que te resuma El Quijote y te dirá que va de un manchego zumbado por leer demasiado que confunde molinos con gigantes.

Tienes el dato, pero no has escuchado las conversaciones con Sancho por los caminos. No has sentido la amargura a pie de playa en Barcelona ni la lucidez de quien recupera la cordura para darse cuenta de que el mundo, sin su locura, es un sitio gris.

La tecnología, en ese empeño por eliminarnos fricciones (paradójico siendo quien nos ha encasquetado las notificaciones) nos está quitando el tejido de la experiencia. Los silencios y los matices son lo que fija la memoria.

Lo cachondo es para qué estamos usando ese tiempo que supuestamente ahorramos al no leer. No es para pensar profundamente ni para pasear sin móvil y darle al coco, sino para consumir todavía más resúmenes. Es un loop infinito (pun intended) de eficiencia vacía. Optimizamos el consumo de información para poder ingerir más información que a su vez resumimos en el próximo scroll.

Así nos convertimos en archivistas de una vida que no llegamos a presenciar. Guardamos, sintetizamos y archivamos, pero no habitamos nada.

Estamos llegando a una fase en la que el estatus de verdad, el lujo intelectual de nuestra era, no es ser muy listo ni estar al día de todo gracias a nuestro agente de IA, sino en ser capaz de sostener la atención. El prestigio es de quien se puede permitir el despilfarro de leer un texto de principio a fin, de escuchar un podcast sin saltarse los silencios ni ponerlo a 1,75x. O de acabar de ver una película sin haber echado mano del móvil durante las dos horas.

La eficiencia es una métrica estupenda para una cadena de montaje o para un servidor de AWS, pero si dejamos que guíe el ocio de una vida humana, nos estamos volviendo un poco miserables. Empezamos optimizando cada minuto para acabar dejándolo todo en una lista de tres puntos clave. O en un resumen de nueve líneas. Pero la vida no se puede resumir.

En Xataka | Hay una generación trabajando gratis como documentalista de su propia vida: no son influencers pero actúan como si lo fueran

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