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Encuentran muerta a la hija del cómico Martin Short en su residencia en Hollywood Hills
EFE.- Este lunes, Katherine Hartley Short, hija del famoso actor cómico y escritor Martin Short y su difunta esposa Nancy Dolman, fue encontrada muerta en su casa de Hollywood Hills. Tenía 42 años de edad.
Katherine Hartley Short ejerció como trabajadora social en la ciudad de Los Ángeles después de recibir su licenciatura de la Universidad de Nueva York, también tenía una maestría en esta materia por parte de la Universidad del sur de California.
“Con profundo pesar confirmamos el fallecimiento de Katherine Hartley Short. La familia Short está devastada por esta pérdida y solicita privacidad en este momento. Katherine era muy querida y será recordada por la luz y la alegría que trajo al mundo”, informó este martes el representante del actor en un comunicado al que tuvo acceso el portal TMZ.
Short y su esposa Nancy Dolman, quien falleció en agosto de 2010 a causa de un cáncer de ovario, adoptaron a Katherine así como a sus hijos Oliver, de 39 años, y Henry, de 36.
El Departamento de Policía de Los Ángeles acudió al domicilio de la hija de Short, ubicado en el acaudalado barrio de Hollywood Hills, en la tarde del lunes, donde fue encontrada muerta, señala TMZ.
Katherine Short pudo haber fallecido de una herida de bala autoinfligida, añade portal especializado en noticias y filtraciones del mundo del espectáculo citando fuentes policiales, quienes indicaron también que la muerte se investiga como suicidio.

Martin Short es ampliamente reconocido por su trabajo en películas como “Sólo asesinatos en el edificio” (2021), “El padre de la novia” (1991) y “Los tres amigos” (1986), y últimamente por sus giras de comedia en vivo con su amigo y colega Steve Martin.
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parte del Mac mini se fabricará en EEUU
No todos los días Apple puede anunciar que uno de sus productos empezará a fabricarse en Estados Unidos. La compañía, cuya cadena de suministro se apoya desde hace años en Asia, ha confirmado que parte del Mac mini se producirá en Houston más adelante este año. No hablamos del iPhone ni de su portátil más vendido, sino de su ordenador de sobremesa más asequible, un modelo que, según estimaciones de Consumer Intelligence Research Partners, representa menos del 1% de las ventas totales. Aun así, el movimiento tiene carga simbólica y llega en un momento en el que la fabricación doméstica vuelve a ocupar el centro del debate industrial en Washington.
El anuncio es concreto. Apple comenzará a producir el Mac mini en una instalación situada en el norte de Houston más adelante este año. La fabricación se realizará en una planta operada por Foxconn, el mismo socio industrial que ya ensambla allí los servidores avanzados de inteligencia artificial de la compañía. “Apple está profundamente comprometido con el futuro de la fabricación estadounidense y estamos orgullosos de expandir significativamente nuestra presencia en Houston con la producción de Mac mini que comenzará a finales de este año”, afirmó Tim Cook en el comunicado oficial. La empresa presenta el movimiento como una ampliación de su presencia industrial en Texas y como parte de su apuesta por reforzar operaciones en suelo estadounidense.
Qué hay en Houston. El complejo del norte de la ciudad no parte de cero. Allí Foxconn ya ensambla los servidores avanzados que Apple destina a sus servicios de inteligencia artificial, incluidos equipos que incorporan placas lógicas producidas in situ y que se envían a centros de datos dentro de Estados Unidos. El campus tendrá dos edificios: uno operativo para servidores y otro, descrito como un gran almacén, que será reconvertido en unos 220.000 pies cuadrados de espacio para el Mac mini.
La presión y los aranceles. El paso se enmarca en el compromiso de Apple de invertir 600.000 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos cuatro años, una promesa que la compañía hizo tras las amenazas del presidente Donald Trump de imponer un arancel del 25% a los productos fabricados en el extranjero. Como podemos ver, este tipo de compromisos de gasto se produjeron en un contexto de presión para aumentar la inversión doméstica, a cambio de exenciones arancelarias.
Un movimiento limitado. Sabih Khan, director de operaciones de Apple, explicó a The Wall Street Journal que la producción en Estados Unidos está pensada para cubrir la demanda local a medida que la línea gane capacidad, pero que miles de unidades seguirán fabricándose en Asia. Además, el Mac mini representa menos del 5% de las ventas globales de ordenadores Mac y menos del 1% de las ventas totales, según estimaciones de Consumer Intelligence Research Partners. Y algo muy importante: tampoco existe, por ahora, un plan para trasladar la fabricación del iPhone al país, el producto que realmente sostiene el grueso del negocio.
Texas ya formaba parte del mapa. Antes del Mac mini, el Mac Pro había sido el estandarte de la fabricación de ordenadores Apple en Estados Unidos. Desde 2013 se ensambla en Austin y en 2019 la compañía reiteró su compromiso con esa instalación, apoyándose en proveedores estadounidenses y en una exclusión arancelaria para ciertos componentes. Más que un giro radical, la decisión dibuja un ajuste calculado. Apple amplía su presencia manufacturera en Texas con un producto de alcance moderado, en un contexto en el que las cadenas de suministro siguen siendo internacionales.
Imágenes | Apple
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Del Zócalo a la Pirámide de Giza: Shakira regresará a Egipto tras casi 20 años
EFE.- La cantante colombiana Shakira anunció este martes que se presentará el próximo 7 de abril de 2026 frente a la Gran Pirámide de Guiza, en Egipto, como parte de su gira internacional “Las Mujeres Ya No Lloran”, en lo que marcará su regreso a ese emblemático escenario casi dos décadas después de su actuación allí en 2007.
La artista incluyó este espectáculo dentro del recorrido global de su más reciente gira, con la que promociona su último trabajo discográfico y con la que ha reafirmado su vigencia como una de las figuras más influyentes del pop latino a nivel mundial.
El concierto en Guiza tendrá un carácter simbólico al representar el reencuentro de Shakira con una de las siete maravillas del mundo antiguo que aún se conserva en pie y donde ya había actuado en 2007 durante su gira “Fijación Oral”.
“La presentación destaca el reencuentro de la artista con el monumento, la fusión cultural vinculada a sus raíces y el impacto global de su gira actual”, informó su equipo de prensa en un comunicado.
“Las Mujeres Ya No Lloran World Tour” es una de las giras más ambiciosas de la colombiana y contempla presentaciones en América, Europa, Asia y Medio Oriente, consolidando su alcance global y el respaldo de millones de seguidores.
Durante el mes de abril, Shakira también se presentará en Aqaba (Jordania), Doha (Qatar), Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) y las ciudades indias de Bombay y Nueva Delhi.

El espectáculo, que comenzó hace un año en Río de Janeiro, se convirtió en la gira latina más exitosa de 2025, con más de 3.8 millones de espectadores hasta diciembre, y consolidó a la colombiana como un fenómeno cultural y económico capaz de llenar estadios en países como Colombia, México, Chile o Ecuador.
En su país natal, por ejemplo, agotó entradas en Bogotá, Barranquilla, Medellín y Cali, con conciertos que generaron millones de dólares en impacto económico y movilizaron a miles de seguidores dentro y fuera de las ciudades.
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Marte era el gran campo de batalla espacial entre China y EEUU. Ahora es la Luna (y hay demasiado en juego)
Durante años, Marte ha sido el gran horizonte de la exploración espacial: el destino inevitable al que, más pronto que tarde, debía dirigirse la humanidad. A comienzos de este año, Elon Musk, uno de los principales impulsores de esa narrativa, aseguraba que Estados Unidos podría aterrizar en el planeta rojo en un plazo de entre cinco y diez años. En paralelo, en China, distintas voces de su sector aeroespacial situaban la primera misión tripulada marciana en torno a 2033. El mensaje era claro: la carrera por Marte ya estaba en marcha.
Sobre el papel, los plazos resultan tan estimulantes como desafiantes. Porque enviar humanos a Marte no es una simple evolución de lo ya conseguido, sino un salto de escala. La propia NASA ha detallado la enorme complejidad técnica que implica una misión de este tipo: desde sistemas de entrada, descenso y aterrizaje capaces de posar cargas pesadas en una atmósfera extremadamente tenue, hasta infraestructuras que garanticen energía, comunicaciones y soporte vital durante estancias prolongadas. No es lo mismo depositar un rover de una tonelada que hacer descender decenas de toneladas de módulos habitables y equipamiento crítico.
La carrera ya no mira a Marte mira al polo sur lunar
Sin embargo, mientras Marte acaparaba titulares, la estrategia real ha ido tomando otro rumbo. A medida que el Programa Artemis de la NASA y el Programa Chino de Exploración Lunar han consolidado calendarios, inversiones e hitos tecnológicos, el foco se ha desplazado hacia un objetivo más inmediato y pragmático: la Luna. Todo parece indicar que no se trata de renunciar a Marte, sino de asumir que el camino más sensato pasa por etapas intermedias. En ambos casos, el satélite se perfila como banco de pruebas tecnológico, plataforma logística y experiencia operativa antes de afrontar un viaje de meses y millones de kilómetros.
La nueva carrera espacial, por tanto, no se está librando, al menos de momento, a decenas de millones de kilómetros, sino a unos 400.000 kilómetros de distancia. Esa proximidad cambia la ecuación: reduce tiempos de tránsito, facilita el envío de suministros y permite reaccionar ante imprevistos con márgenes razonables. Pero, sobre todo, abre la puerta a algo que empieza a tomar forma: el nacimiento de una economía lunar. Bases permanentes, experimentos científicos, contratos de transporte y desarrollo de infraestructuras podrían convertir a la Luna no solo en un destino, sino en un nodo clave de la expansión humana en el espacio.
El epicentro de esta nueva fase no es un lugar cualquiera, sino el entorno del cráter Shackleton, en el polo sur lunar. Una oscuridad permanente, como podemos observar en la foto que acompaña este artículo, ha alimentado la hipótesis de que en sus zonas en sombra podría conservarse hielo de agua. Esa posibilidad explica que tanto Estados Unidos como China apunten a esta región en sus próximos aterrizajes, con el objetivo declarado de estudiar y, eventualmente, aprovechar esos recursos. En términos prácticos, hablamos de agua para consumo, generación de oxígeno y producción de hidrógeno y oxígeno como propelente, siempre que la tecnología y la viabilidad económica lo permitan.

Borde iluminado e interior sombreado del cráter Shackleton
La pregunta, entonces, no es solo qué hay en el polo sur, sino qué cambia si esos recursos se confirman como utilizables. En ese escenario, la Luna dejaría de ser únicamente un destino científico para convertirse en una pieza funcional dentro de la arquitectura espacial. No hablamos todavía de explotación industrial, sino de algo más básico: reducir la dependencia absoluta de la Tierra en cada misión. Ese matiz introduce una dimensión económica real en la carrera lunar, porque altera la lógica de costes, transporte y planificación de futuras operaciones.
Aquí es donde la noción de cadena de suministro Tierra-Luna deja de sonar futurista y empieza a encajar en calendarios concretos. Si bien la economía lunar, con su propia cadena de suministro, puede parecer un concepto lejano, sus bases comienzan a construirse. En el lado estadounidense, esa arquitectura empieza a tomar forma con misiones muy concretas. Firefly Aerospace lanzó el 15 de enero su módulo Blue Ghost 1, integrado en la iniciativa Servicios de carga útil lunar comercial de la NASA. Se trata de una misión que pretende demostrar cómo sería un sistema de entrega de carga a nuestro satélite cuando alunice el 2 de marzo.
En paralelo a estas misiones de carga, Blue Origin prepara su propio movimiento hacia el polo sur lunar. La compañía fundada por Jeff Bezos trabaja en el primer vuelo de demostración de su módulo de carga Blue Moon Mark 1, conocido como MK1, previsto para comienzos de 2026. El aterrizador, de ocho metros de altura, despegará a bordo del cohete New Glenn y deberá validar sistemas clave antes de cualquier operación más ambiciosa. Cabe señalar que la misión no implica extracción de recursos, pero sí es un paso necesario para operar en el entorno donde se concentran las expectativas sobre el hielo.

Render de una base multicúpula en construcción en la Luna
La buena noticia es que el MK1 ha sido sometido a pruebas en el Johnson Space Center de la NASA, incluidas simulaciones en cámara de vacío térmico para reproducir las condiciones extremas del espacio y de la superficie lunar. Si supera esta fase y la integración final con el lanzador, la nave podría convertirse en un activo relevante para futuras misiones al polo sur. Otro dato importante es que la agencia estadounidense ya ha seleccionado este módulo para transportar el rover VIPER en 2027, cuya tarea será buscar volátiles como el hielo de agua en regiones permanentemente en sombra.
En el lado chino, la pieza central es la misión Chang’e 7, concebida como un despliegue más complejo que un simple aterrizador. La misión apunta a agosto a bordo de un cohete Larga Marcha 5 e incluirá un orbitador, un módulo de aterrizaje, un rover y una pequeña sonda saltadora. El conjunto tiene como objetivo operar en las proximidades del polo sur lunar, donde se concentrarán los experimentos orientados a estudiar la superficie y buscar indicios de hielo en regiones permanentemente en sombra.

Render del módulo de aterrizaje Blue Moon Mark 1 de Blue Origin y el VIPER
Si el calendario se cumple, China podría realizar estas mediciones antes de que el rover VIPER estadounidense llegue al terreno en 2027. Eso otorgaría a Pekín ventaja en la obtención de datos directos sobre el recurso más codiciado de la región. Ahora bien, esto no implica control soberano sobre la zona, algo que el Tratado del Espacio Ultraterrestre prohíbe, pero sí una posición inicial para definir prácticas operativas y acumular experiencia en el terreno.
Ese primer movimiento, en términos económicos, no implica bandera ni frontera, pero sí experiencia acumulada, estándares técnicos propios y relaciones contractuales que pueden marcar el rumbo de la actividad posterior. En un entorno donde todavía no existe un mercado lunar consolidado, la definición de procedimientos, tecnologías y protocolos adquiere un peso estratégico. La carrera, por tanto, no se juega solo en la superficie, sino también en la capacidad de establecer las reglas de hecho de una actividad que apenas comienza.
Ese primer movimiento, en términos económicos, no implica bandera ni frontera, pero sí experiencia acumulada
Si el agua marca la agenda inmediata, el helio-3 ocupa un plano mucho más incierto. La Agencia Espacial Europea recuerda que la Luna ha sido bombardeada durante miles de millones de años por el viento solar y que, a diferencia de la Tierra, carece de magnetosfera que desvíe esas partículas. Esa acumulación potencial en el regolito ha alimentado la idea de utilizar este isótopo como combustible en reactores de fusión. Sin embargo, la propia agencia subraya que hasta ahora no ha sido posible generar una reacción de fusión de helio con producción neta de energía. El helio-3 aparece así como una expectativa a largo plazo más que como un objetivo operativo de esta década.
La dimensión económica de la carrera lunar no se limita a la explotación de recursos, sino que abarca toda la arquitectura de servicios que la hace posible. La NASA ha optado por un modelo en el que empresas privadas asumen parte del transporte y de la logística, generando un ecosistema de contratos que moviliza inversión y desarrollo tecnológico. China, por su parte, integra sus misiones dentro de una estrategia estatal más amplia, con el polo sur como escenario prioritario para consolidar capacidades propias.
Marte sigue siendo el destino que alimenta discursos y calendarios ambiciosos, pero la lógica operativa de esta década apunta a otro lugar. Antes de enviar tripulaciones a millones de kilómetros, Estados Unidos y China necesitan demostrar que pueden aterrizar con precisión, operar con continuidad y sostener infraestructuras en un entorno real. La Luna ofrece ese laboratorio a escala, con distancias que permiten corregir errores y con recursos cuya utilidad puede comprobarse sobre el terreno. En ese tránsito entre la ambición marciana y la realidad técnica es donde se está definiendo la verdadera prioridad.
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