Actualidad
Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos
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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos
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Omar Chaparro protagoniza “Venganza”, Matisse estrena “El ayer” y Regina Blandón en entrevista
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">Omar Chaparro protagoniza “Venganza”, Matisse estrena “El ayer” y Regina Blandón en entrevista
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<img src="https://latinus.us/u/fotografias/m/2026/2/28/f300x190-140394_148554_5050.jpg" /></div>
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a 450 kilómetros sobre la Tierra
Puede que la idea de captar energía solar del espacio suene a ciencia ficción y además, tendría todo el sentido del mundo que así lo hiciera: Isaac Asimov ya escribió sobre ello en su relato “Razón” de 1941. Sin embargo, la comunidad científica lleva rumiándolo desde 1968, cuando el ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser publicó el primer artículo técnico sobre este concepto en la revista Science.
Desde entonces, entidades como la NASA, el Instituto Tecnológico de California o la nipona Japan Space Systems han explorado la posibilidad. Sin embargo, Japón es quien está más cerca de lograr lo que nadie ha conseguido todavía: generar electricidad en el espacio y enviarla directamente a la Tierra.
Contexto. Para empezar, el coste de lanzar cohetes se ha abaratado enormemente desde que se empezó a vislumbrar la idea. Por otro lado, estamos en plena transición energética global desde los combustibles móviles hacia las fuentes renovables donde hay una que destaca: la energía solar.
Pero la energía solar requiere de espacio para desplegar parques con paneles fotovoltaicos, motivo por el cual China está optando por montarlos en mar abierto, Alemania explora con los lagos y Japón… Japón es una isla con poco espacio. Por otro lado, la energía solar tiene otra importante limitación: solo funciona cuando hay sol. Sin embargo, en el espacio no hay nubes ni noche y el sol brilla sin parar.
Por qué es importante. Porque los modelos comerciales que está desarrollando J-spacesystems están diseñados para generar alrededor de un gigavatio de potencia constante. Para entender mejor las dimensiones de esa cifra, es la energía necesaria para cubrir el 10% del consumo de una megaciudad como Tokio y también equivale a la potencia de un reactor nuclear estándar.
Estamos ante un cambio de paradigma en la densidad energética: una planta solar en el espacio capaz de ‘redireccionar’ su haz de energía hacia distintas antenas receptoras según la demanda, ya sea dentro el propio país o del mundo. Esto abre las puertas a enviar energía a zonas en situación de emergencia o satisfacer picos de consumo, algo que con la infraestructura actual no es posible.
Qué es Ohisama. Ohisama es sol en japonés y también es el nombre de un satélite japonés de 180 kg que tiene un panel solar integrado de aproximadamente el tamaño de una puerta (70 cm x 2 m) es que orbite a 450 km de altitud, donde será capaz de generar 720 vatios de electricidad que convertirá después en microondas. A continuación, lanzará esas microondas hasta una antena de 64 metros en Nagano. Si la energía llega, se convertirá en electricidad. El objetivo final: encender un LED. Sí, todo esto para encender una bombilla.
En realidad, lo importante no es tanto la potencia transmitida en la prueba (que es muy pequeña) sino poder validar que la transmisión funciona a través de la ionosfera. Es la prueba de la verdad: en 2024 Japón ya lo probó con éxito desde un avión a siete kilómetros de altura, pero esto ya es un salto a una órbita real que permitirá escalarlo todo (si sale bien).
Cuándo y dónde. Desde ya, literalmente: la ventana para el tercer intento empezó el pasado 25 de febrero, con fecha de respaldo hasta el 25 de marzo. El lugar de lanzamiento será el Puerto Espacial Kii en la ciudad de Kushimoto, en la prefectura de Wakayama, el primer sitio de lanzamiento de cohetes privado en Japón.
Lo que viene después. Si el experimento sale bien, Japón pasaría a implementar esos modelos comerciales, que consisten en matrices de paneles solares de 2,5 kilómetros cuadrados en órbita geoestacionaria a 36.000 km con antenas receptoras de 4 km de diámetro en tierra. La fecha estimada para su comercialización es a partir de 2040 y además del abastecimiento en tierra, Japón tiene en mente usar el sistema para suministro de energía en misiones de exploración lunar.
Por qué es tan difícil. El primer riesgo inmediato inherente al proyecto es el Kairos 5 de Space One, la empresa privada japonesa encargada de poner el Ohisama en órbita: los dos lanzamientos anteriores fracasaron. ¿A la tercera va la vencida? La posibilidad de que otra empresa de fuera lo haga no es una opción (de momento). Como explica Yanagawa de J-spacesystems: “Aunque los cohetes en el extranjero eran una opción, seleccionamos Kairos siguiendo la política nacional de apoyar las capacidades de lanzamiento del sector privado de Japón”.
Pero incluso aunque el lanzamiento fuera exitoso, el gran problema será la difracción de las microondas: la transmisión de miles de kilómetros corre el riesgo de dispersarse, por lo que requiere antenas transmisoras enormes y un control de fase muy preciso. Japón lleva décadas trabajando en solucionar este cuello de botella.
Portada | Hunini CC BY-SA 4.0 y Nuno Marques
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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos
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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos
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Omar Chaparro protagoniza “Venganza”, Matisse estrena “El ayer” y Regina Blandón en entrevista
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a 450 kilómetros sobre la Tierra
Puede que la idea de captar energía solar del espacio suene a ciencia ficción y además, tendría todo el sentido del mundo que así lo hiciera: Isaac Asimov ya escribió sobre ello en su relato “Razón” de 1941. Sin embargo, la comunidad científica lleva rumiándolo desde 1968, cuando el ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser publicó el primer artículo técnico sobre este concepto en la revista Science.
Desde entonces, entidades como la NASA, el Instituto Tecnológico de California o la nipona Japan Space Systems han explorado la posibilidad. Sin embargo, Japón es quien está más cerca de lograr lo que nadie ha conseguido todavía: generar electricidad en el espacio y enviarla directamente a la Tierra.
Contexto. Para empezar, el coste de lanzar cohetes se ha abaratado enormemente desde que se empezó a vislumbrar la idea. Por otro lado, estamos en plena transición energética global desde los combustibles móviles hacia las fuentes renovables donde hay una que destaca: la energía solar.
Pero la energía solar requiere de espacio para desplegar parques con paneles fotovoltaicos, motivo por el cual China está optando por montarlos en mar abierto, Alemania explora con los lagos y Japón… Japón es una isla con poco espacio. Por otro lado, la energía solar tiene otra importante limitación: solo funciona cuando hay sol. Sin embargo, en el espacio no hay nubes ni noche y el sol brilla sin parar.
Por qué es importante. Porque los modelos comerciales que está desarrollando J-spacesystems están diseñados para generar alrededor de un gigavatio de potencia constante. Para entender mejor las dimensiones de esa cifra, es la energía necesaria para cubrir el 10% del consumo de una megaciudad como Tokio y también equivale a la potencia de un reactor nuclear estándar.
Estamos ante un cambio de paradigma en la densidad energética: una planta solar en el espacio capaz de ‘redireccionar’ su haz de energía hacia distintas antenas receptoras según la demanda, ya sea dentro el propio país o del mundo. Esto abre las puertas a enviar energía a zonas en situación de emergencia o satisfacer picos de consumo, algo que con la infraestructura actual no es posible.
Qué es Ohisama. Ohisama es sol en japonés y también es el nombre de un satélite japonés de 180 kg que tiene un panel solar integrado de aproximadamente el tamaño de una puerta (70 cm x 2 m) es que orbite a 450 km de altitud, donde será capaz de generar 720 vatios de electricidad que convertirá después en microondas. A continuación, lanzará esas microondas hasta una antena de 64 metros en Nagano. Si la energía llega, se convertirá en electricidad. El objetivo final: encender un LED. Sí, todo esto para encender una bombilla.
En realidad, lo importante no es tanto la potencia transmitida en la prueba (que es muy pequeña) sino poder validar que la transmisión funciona a través de la ionosfera. Es la prueba de la verdad: en 2024 Japón ya lo probó con éxito desde un avión a siete kilómetros de altura, pero esto ya es un salto a una órbita real que permitirá escalarlo todo (si sale bien).
Cuándo y dónde. Desde ya, literalmente: la ventana para el tercer intento empezó el pasado 25 de febrero, con fecha de respaldo hasta el 25 de marzo. El lugar de lanzamiento será el Puerto Espacial Kii en la ciudad de Kushimoto, en la prefectura de Wakayama, el primer sitio de lanzamiento de cohetes privado en Japón.
Lo que viene después. Si el experimento sale bien, Japón pasaría a implementar esos modelos comerciales, que consisten en matrices de paneles solares de 2,5 kilómetros cuadrados en órbita geoestacionaria a 36.000 km con antenas receptoras de 4 km de diámetro en tierra. La fecha estimada para su comercialización es a partir de 2040 y además del abastecimiento en tierra, Japón tiene en mente usar el sistema para suministro de energía en misiones de exploración lunar.
Por qué es tan difícil. El primer riesgo inmediato inherente al proyecto es el Kairos 5 de Space One, la empresa privada japonesa encargada de poner el Ohisama en órbita: los dos lanzamientos anteriores fracasaron. ¿A la tercera va la vencida? La posibilidad de que otra empresa de fuera lo haga no es una opción (de momento). Como explica Yanagawa de J-spacesystems: “Aunque los cohetes en el extranjero eran una opción, seleccionamos Kairos siguiendo la política nacional de apoyar las capacidades de lanzamiento del sector privado de Japón”.
Pero incluso aunque el lanzamiento fuera exitoso, el gran problema será la difracción de las microondas: la transmisión de miles de kilómetros corre el riesgo de dispersarse, por lo que requiere antenas transmisoras enormes y un control de fase muy preciso. Japón lleva décadas trabajando en solucionar este cuello de botella.
Portada | Hunini CC BY-SA 4.0 y Nuno Marques
ues de anuncios individuales.
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