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NFL: Rams peleará con Seahawks por el título de la NFC | Video
Los Ángeles Rams sobrevivieron a otro final de infarto de Chicago Bears y triunfaron 20-17 en la prórroga este domingo en Soldier Field , con -9 grados de temperatura, para avanzar a la Final de la NFC, en la que visitarán a los Seattle Seahawks con el pase al Super Bowl en juego.
Caleb Williams y los Chicago Bears estuvieron a punto de obrar otro milagro, pero finalmente dijeron adiós al sueño del Super Bowl. El equipo que más remontadas había logrado este año en los cuartos períodos (7), forzó la prórroga con un pase surrealista del ‘quarterback’ a Cole Kmet para el ‘touchdown’ del 17-17.
Chicago también tuvo la posesión para sentenciar el partido en la prórroga, pero una interceptación de Kam Curl a Williams devolvió el balón a los Rams. Una recepción espectacular de Davante Adams, arrastrando los dos pies dentro del campo bajo la nieve, abrió el camino hacia la victoria a Los Ángeles, que celebró con un gol de campo de Harrison Mevis desde las 42 yardas.
Matthew Stafford, ‘quarterback’ de los Rams, sufrió ante las temperaturas árticas de Chicago y lanzó para 258 yardas, sin pases de anotación ni interceptaciones. Caleb Williams se atrevió más. Sumó 257 yardas áereas (y 40 por tierra), con dos pases de anotación, pero pagó con con tres interceptaciones que acabaron sentenciando a los Bears.
Se jugó en un Soldier Field con -9 grados Celsius y una intensa nevada que complicó notablemente el trabajo de Matthew Stafford y Caleb Williams y que obligó al personal de mantenimiento del estadio a limpiar las líneas en cada pausa.
Las entradas más baratas para el encuentro se vendían por 420 dólares, pero en el Soldier Field no había asientos vacíos. El público de Chicago, hambriento de éxito tras años lejos de los focos, acompañó a los Bears de pie durante las más de tres horas de partido.
Los Bears, que llegaban a esta ronda tras eliminar con una épica remontada a los Green Bay Packers, saltaron al campo decididos a atreverse. Lo demostraron en la primera posesión, cuando Ben Johnson ordenó a su equipo jugarse un cuarto down y tres yardas por recorrer. Le salió cruz.
Cobie Durant interceptó la línea de Caleb Williams y los Rams, en su primer ‘drive’, castigaron a los Bears con una carrera de cuatro yardas de Kyren Williams para el ‘TD’ del 7-0.
A pesar de eso, los Bears se quedaron fieles a la filosofía de Ben Johnson, que en su etapa como coordinador ofensivo de los Detroit Lions ya había dado muestra de coraje en esos momentos de los encuentros.
La respuesta de los Bears llegó de forma inmediata, en al posesión siguiente, cuando Williams se reivindicó con un pase de tres yardas para la anotación de DJ Moore.
La primera ventaja de los Bears llegó con el pie de Cairo Santos. Su gol de campo de 48 yardas subió el 10-7 al luminoso, pero los Rams igualaron al descanso con otro ‘field goal’, anotado desde las 32 yardas por Harrison Mevis.
El descanso sirvió para limpiar, aunque parcialmente, la abundante nieve caída en el terreno de juego, pero las condiciones complicadas limitaron notablemente a los dos ‘QB’, y las defensas levantaron la voz. Stafford sufrió para encontrar a sus receptores, y Caleb Williams, dispuesto a tomar más riesgos, pagó con su segunda intercepción de la noche.
Así, sin cambios en el marcador, el partido llegó en equilibrio al último cuarto.
Era el terreno favorito de los Bears, que este año ganaron siete partidos en el último segmento, un récord en la NFL. Una vez más, fueron los visitantes en golpear primero.
Con seis minutos por jugar, Kyren Williams firmó el segundo ‘TD’ de su noche con una carrera de cuatro yardas y subió el 17-10 al marcador, que dejaba a los Bears contra la pared.
Lo tuvo ganado Los Ángeles. Se salvó de un primer down en la línea de dos yardas y recuperó posesión con tres minutos por jugar. Incluso después de devolver el balón por ‘down’, los angelinos forzaron a los Bears a jugarse un cuarto down y cuatro desde las catorce yardas.
Y en esa jugada, la presión de los Rams obligó a Williams a retroceder hasta las cuarenta yardas. El ex ‘QB’ de USC volvió a encontrar soluciones donde parecían no existir. Selló un pase perfecto que Kmet recibió para forzar la prórroga. Oficialmente, fue una línea de catorce yardas, pero el balón de Williams recorrió más de cuarenta.
La defensa de los Bears entregó el balón a Williams en la prórroga, tras la primera posesión de los Rams. Les valía con un gol de campo a Chicago, pero en el centro del campo, Curl logró la jugada clave. Interceptó un pase del ‘QB’ local y devolvió el balón a Stafford.
En la mejor jugada de su partido, el ex de los Lions conectó con Davante Adams de forma espectacular. Los Rams se acercaron en zona de gol de campo y Mevis no perdonó. Rams-Seahawks se medirán el próximo domingo en Seattle con un billete para el Súper Bowl de Santa Clara en juego.
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Barcelona vence 2-0 a Real Madrid y se regala un clásico que vale una Liga
El Barcelona logró este domingo su segunda Liga consecutiva, también la segunda de la era Flick y la primera conquistada en un clásico contra el Real Madrid, que puso fin en el Spotify Camp Nou (2-0) a una semana convulsa y prácticamente a la temporada, la segunda seguida que completará sin levantar un título.
Fue la vigésimo novena del conjunto azulgrana, lograda ante un Madrid en depresión que se presentó a la cita con ocho bajas, la última la de Huijsen, quien se sintió indispuesto en el calentamiento.
Los blancos se jugaban la honra, pero el Barça el título, y eso se notó desde el primer minuto. Con un estadio entregado desde el principio, el equipo de Hansi Flick, quien se sentó en el banquillo pocas horas después de conocer el fallecimiento de su padre, pronto despejó la incertidumbre de si hoy sería campeón.
A los 9 minutos, Rashford, que hoy cubría la ausencia del lesionado Lamine Yamal en el extremo derecho, hizo el 1-0 con un golazo de falta desde la frontal. Un disparo que se colaba como un obús por la escuadra derecha de la portería de Courtois, quien reaparecía tras mes y medio sin jugar por una lesión muscular.
Diez minutos después, el cuadro catalán firmaba el segundo en otra obra de arte. La jugada la empezaba Fermín, quien habilitaba a Dani Olmo en el área para que este dejara el balón de espuela a Ferran Torres, que fusilaba al meta visitante.
El clásico prácticamente acababa de arrancar y el Barça ya acariciaba LaLiga. Hasta entonces, el Madrid había exhibido desajustes importantes en la presión y una falta de recursos alarmante para salir con el balón jugado desde atrás.
Pero al conjunto blanco le bastaban un par de zarpazos a la contra para poner en jaque la zaga azulgrana. En el primero, Asencio enviaba un balón largo a Gonzalo, que controlaba tras ganarle la espalda a Cubarsí y Gerard Martín antes de enviarlo fuera en su mano a mano con Joan García.
El siguiente, que sucedió inmediatamente después, fue un pase de Bellingham que cortó Eric García evitando que Vinicius rematara a placer en el segundo palo.
Aunque fue Rashford quien tuvo el tercero antes de llegar al descanso, en un centro-chut, primero, y en una disparo cruzado tras recibir un balón al espacio de Ferran, después. Pero en ambos casos se encontró con la manopla de Courtois para enviar el balón a corner.
No cambió mucho el guion tras la reanudación, aunque el partido se enmarañó algo al inicio de una segunda mitad. Aún así, el fútbol del Barça siguió asomando entre bronca y parón para amenazar la portería rival.
Antes de la hora, Ferran pudo sentenciar -si el partido no lo estaba ya- pero Courtois, esta vez con la pierna, de nuevo lo evitó. Y el árbitro anulaba, poco después, un gol de Bellingham por fuera de juego.
Sin Mbappé ni Valverde en el terreno de juego y con Vinicius desconectado del partido en la banda izquierda, la lucidez ofensiva visitante casi siempre la ponía Brahim, pero a la propuesta del hispano-marroquí para superar líneas no le daban continuidad sus compañeros.
El Barcelona, en cambio, cada vez más cómodo en los duelos y más solidario en defensa, con Cubarsí, Eric o Gavi apareciendo por todas partes, veía el título cada vez más cerca. Más aún cuando el Camp Nou empezó a botar al grito de ¡Campeones, campeones!
El último cuarto de hora fue una fiesta azulgrana, con el Madrid impotente, sin signo alguno de rebeldía, y el Barça dispuesto a hacer aun más sangre ante el eterno rival. Pudo hacerlo en una doble ocasión de los recién ingresados Raphinha y Lewandowski, pero el marcador ya no se movió ni falta que hizo.
Hernández Hernández pitó el final, el público enloqueció y sus jugadores se abrazaron sobre el césped como el prólogo de la celebración que vendría a continuación.
Antes, los futbolistas del Real Madrid aún tuvieron tiempo de felicitar respetuosamente al rival, antes de enfilar, con cara de resignación, el túnel de vestuarios. LaLiga se acabó con tres jornadas de antelación.
Ficha técnica:
2 – Barcelona: Joan García; Eric García, Cubarsí, Gerard Martín, Cancelo; Pedri, Gavi (Marc Bernal, min.76); Rashford (Raphinha, min.63), Olmo (Frenkie de Jong, min.63), Fermín (Balde, min.88); y Ferran Torres (Lewandowski, min.76).
0 – Real Madrid: Courtois; Trent, Rüdiger, Asencio, Fran García; Tchouaméni, Camavinga (Pitarch, min.71); Bellingham, Brahim (Mastantuono, min.79), Vinícius; y Gonzalo (Palacios, min.79).
Goles: 1-0, min.9: Rashford. 2-0, min.19: Ferran Torres.
Árbitro: Alejandro José Hernández (Comité Canario). Amonestó a Camavinga (min.40), Asencio (min.52), Bellingham (mi.55), Trent (min.81), por parte del Real Madrid; a Olmo (min.52) y Raphinha (min.81) por parte del Real Madrid.
Incidencias: partido de la jornada 35 de LaLiga EA Sports disputado ante 62.213 espectadores en el Spotify Camp Nou. Antes del partido, se guardó un minuto de silencio por la muerte del padre del entrenador del Barcelona, Hansi Flick. Los jugadores de ambos equipos lucieron un brazalete negro por este motivo.
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Los once de la tribu (fragmento) | Texto de Juan Villoro
Por Juan Villoro / Miembro de El Colegio Nacional*
El balón de cuero ha botado en infinitas páginas, a veces para causar la angustia del guardameta ante el penalti, otras para que el centro delantero muera al atardecer. Aunque no todos lo confiesen, numerosos escritores leen el periódico a la manera de Samuel Beckett: un veloz repaso a los desastres de la Tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo. Entre los poetas abundan los fanáticos de ocasión: Umberto Saba solía despotricar contra el entusiasmo y la desesperación provocados por una pelota hasta que un amigo lo invitó a un partido de “la potentísima Ambrosiana contra la vacilante Triestina”. Acaso para contrarrestar el resultado de 0-0, Saba escribió cinco notables poemas sobre el futbol.
Hay autores que trasladan su experiencia futbolística a otros asuntos; no es de extrañar que uno de los más convincentes alegatos contra la pena de muerte sea obra de un exportero, Albert Camus, quien seguramente recordó el rigor de ser acribillado a once metros de distancia.
Como es obvio, no todos los adjetivos caen en favor del futbol. George Orwell, campeón de la paranoia literaria, también se asustó con el balompié. Alguien le habló de un rudísimo encuentro entre el Arsenal y el Dínamo de Moscú, y pensó que el Oso Rojo vengaría las afrentas con una guerra. Su artículo “El espíritu deportivo” termina con la súplica de que los futbolistas ingleses no hagan giras por la Unión Soviética para no enemistar más a las dos naciones. Aunque escribía en el año atómico de 1945, sus temores parecen excesivos.
Un poco antes del Mundial de Italia 90 ocurrió otro caso de pánico futbolístico. La editorial Passigli publicó una Guía de supervivencia del Mundial. Este prontuario, sinceramente animado por el horror, veía a los porristas como a las huestes de Atila. Los bárbaros estaban a punto de llegar; la amenaza nunca cumplida en El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, se escenificaría durante un mes de espanto.
¿Hay forma de calmar a los enemigos del futbol? Ciertas cosas no pueden hacerse de modo indiferente. La fruición con que Paco come sesos en mantequilla negra hace que Malú desvíe la vista a la mesa de junto. Como esos guisos suculentos y escabrosos, el futbol se promueve o se desacredita solo. Las apologías del futbol sólo convencen a los convencidos. Comparto el categórico entusiasmo de Vinicius de Moraes, que sólo aceptaba dos excusas para rechazar la samba o el futbol (estar enfermo de un pie o mal de la cabeza), pero no tengo nada que argumentar contra la repulsa de Oscar Wilde: “El futbol es un deporte muy apropiado para niñas rudas, pero no para jóvenes delicados”. Lo dicho: Paco y Malú, el gusto y el asco, los aficionados y los “sobrevivientes”, Beckett y Orwell.
Las crónicas de futbol son para la fanaticada, la masa circular de los estadios, la barra brava de Boca, los forofos que hinchan las cabeceras del Santiago Bernabéu, la torcida brasileña. Ninguna palabra define mejor al fanático que la italiana tifoso. En efecto, se trata de gente infectada, incurable.
¿Qué ocasiona el contagio? En La veneración de las astucias, el filósofo venezolano Juan Nuño distingue al futbol de otros juegos por su peculiar manejo del tiempo. Durante noventa minutos no hay forma de detener el reloj: “Al ser real el tiempo que se juega, se engendra una doble tensión: la del juego en sí y sus incidencias y la de la lucha que se establece contra el paso del tiempo”. Para superar los minutos que desgastan el partido, el futbolista dispone del recurso de “hacer tiempo”. Cuando el marcador le conviene, puede recurrir a una táctica de especulación: en vez de buscar goles, se concentra en impedir que el contrario toque la pelota. Es el momento de los artistas ineficaces, los burladores de barriada que rara vez anotan pero son expertos en jugadas de fantasía. Nadie como ellos para matar minutos; tener la pelota es tener el tiempo. Este deseo de apropiación tuvo su clímax en el Necaxa: el Fumanchú Reynoso conquistó su apodo al desaparecer un balón en plena cancha.
La agonía de la temporada significa, entre otras cosas, el fin de las segundas oportunidades. De nada sirve regar el césped y convocar al público; el equipo es ya la suma de sus goles y debe encarar la máxima de Beckett: “No hay juego de vuelta entre el hombre y su destino”.
Imposible contar todos los tiempos que cristalizan en la cancha. Para el fanático, el futbol ocurre antes y después del partido. Una jugada adversa lo trastorna de por vida. Aún recuerdo la noche aciaga en que Manuel Manzo falló dos penales contra el León; aquellos tiros miserables hundieron a un volante de prodigio en la borrasca alcohólica que segaría su carrera, y deprimieron para siempre a sus seguidores. El fanático no se repone ni tiene ganas de ver el juego en plan sensato. En su novela Diario de la guerra del cerdo, Bioy Casares sugiere que la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Los estoicos que le van al Atlante tienen que sobrellevar los dos goles de chilena que Hugo Sánchez les clavó en la misma temporada y los arabescos con que Fernando Bustos burló a toda su alineación. Y, sin embargo, el atlantista cree en los Potros de Hierro como si las lluvias de goles no existieran; su lealtad es tan granítica como los nombres de sus antiguos jugadores: Roca, Colmenero, Escalante.
Cada equipo es, a su manera, el mejor del mundo (sobre todo si se trata del Necaxa). Enemigos del sentido común, los fanáticos son los únicos espectadores tolerables en un juego sin medios tonos: “Cuando sales a la cancha, ya no existe el color rosita”, ha dicho Ángel Fernández, inmejorable Góngora de la fanaticada.
La saludable irracionalidad del futbol ha sido puesta en cuestión desde que los hooligans empezaron a escupir cerveza en las tribunas. Los bebés concebidos al ritmo de un fanatismo feliz (la beatlemanía) crecieron para convertirse en cadeneros de nalgas tatuadas. El 29 de mayo de 1985, en Bruselas, la final de la Copa Europea de Clubes terminó con un magro resultado en la cancha (Juventus 1-Liverpool 0) y un marcador de espanto en las gradas: 41 muertos y 257 heridos. En el Mundial de México 86, después de perder con Portugal, los hooligans se bajaron los pantalones ante las azoradas adolescentes regiomontanas que hasta entonces no habían visto carnes más comprometedoras que unas arracheras a las brasas. El fanatismo del hooligan es opuesto al del hincha, pues no admite derrota; va al estadio como si fuera a las Malvinas, cree en la utilidad del navajazo, busca venganza. El verdadero aficionado acepta la fatalidad, sufre en carne viva el gol de media cancha pero sigue convencido de que el Atlante es el mejor del mundo.
Los hooligans pertenecen al capítulo criminal del futbol. El villano legítimo es el árbitro. Este hombre de negro, sin número en la espalda, porta enseres dignos de un ritual: dos relojes, dos lápices, una libreta, un silbato, una moneda, una tarjeta roja, otra amarilla. Desde el Congreso de Árbitros de Belgrado, en 1962, sus poderes son inmensos. Su obligación es estar cuando menos a quince metros del balón; sin embargo, aunque se encuentre más lejos su juicio es inapelable; puede dejar que el Cruz Azul le anote tres veces en fuera de lugar al Atlético Español en la final del futbol mexicano, puede decir que la pelota entró a la portería de Alemania en la final de Inglaterra 66, aunque no haya forma de probarlo. Es la desgracia, el azar, la peste negra, la justicia necesaria y monstruosa: “árbitro justo”, grita la porra cuando reconoce que el juez se equivocó en su favor.
Los abanderados no tienen nombres, apodos ni apellidos. Antes del partido saludan al capitán del equipo y revisan que las redes no estén rotas. Ignoramos sus pasiones, sus destinos.
* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.
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Irán confirma que acudirá al Mundial si se respetan sus condiciones
La selección iraní participará en el Mundial 2026 si la FIFA y los organizadores admiten una serie de condiciones que afectan a la entrega de visados a su delegación, la seguridad y el respeto al himno y la bandera del país.
“Sin duda participaremos en el Mundial de 2026, pero los anfitriones deben tener en cuenta nuestras preocupaciones”, señaló el sábado la federación iraní en su página web oficial. “Participaremos en el Mundial, pero sin renunciar a nuestras creencias, cultura y convicciones”, agrega.
El presidente de la federación iraní de fútbol (FFIRI), Mehdi Taj, explicó el viernes en la televisión estatal que ponen 10 condiciones para que su selección participe en el Mundial que comienza dentro de un mes, el 11 de junio en la Ciudad de México.
La FFIRI pide que se concedan visados a jugadores y al cuerpo técnico sin trabas, tras lo sucedido en Canadá, cuando la delegación iraní que iba a acudir al congreso de la FIFA regresó a su país, por sentirse ofendidos por el personal de inmigración, que negaba la entrada a un dirigente federativo por supuestas conexiones con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
Taj señaló que deben recibir visados “sin problemas” todos los jugadores y el personal técnico, aunque hayan prestado el servicio militar obligatorio en la IRGC, como es el caso de los internacionales Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi.
También piden medidas de seguridad reforzadas en aeropuertos, hoteles y en las rutas hacia los estadios, así como prioridad en la movilidad de la delegación iraní en cada ciudad sede.
Otra de las cuestiones que aborda es el respeto al personal de la selección durante su estancia y garantías para el uso y la presencia de la bandera de Irán y la interpretación de su himno nacional en el transcurso del Mundial.
La FFIRI, asimismo, solicita a la FIFA que no se permitan en las conferencias de prensa preguntas relacionadas con el conflicto bélico.
La selección iraní jugará sus tres partidos de la fase de grupos en Estados Unidos. Debutará contra Nueva Zelanda, el 15 de junio en Los Ángeles, jugará su segundo partido en la misma sede contra Bélgica, el 21 de junio, y disputará el 26 contra Egipto, en Seattle, el tercer encuentro de la ronda inicial.
En todo ese tiempo, tiene previsto establecer su cuartel general en Tucson (Arizona).
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