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Media España se ha enganchado estas Navidades a un juego de mesa que no es un juego de mesa: ‘El Impostor’
El juego del Impostor ha dominado las reuniones familiares españolas durante las fiestas de 2025, viralizándose masivamente en redes sociales y haciendo que se multipliquen las descargas de aplicaciones móviles que adaptan las reglas de un entretenimiento que, en realidad, se puede jugar sin ningún tipo de complemento. Hemos indagado en sus orígenes e impacto para descubrir por qué ha causado sensación esta Navidad.
El fenómeno. Mientras las familias se reunían entre turrones, una dinámica de deducción social tan simple como adictiva se colaba en las cenas, convirtiendo cada palabra en sospecha y cada mirada en una prueba infalible. No se trata de un juego nuevo, pero su viralización masiva a través de TikTok durante diciembre ha multiplicado exponencialmente las descargas de aplicaciones especializadas como “Impostor – Juego de Fiesta” en App Store o “Impostor: Juego de palabras” en Google Play.
No ha sido un fenómeno exclusivamente español, como demuestran artículos como este de un digital mexicano. Pero el motivo práctico de su éxito está muy claro: reglas sencillísimas y rápidas de explicar, tensión psicológica ligera garantizada y ausencia de preparativos, solo hacen falta un puñado de personas.
Cómo se juega. El juego funciona mediante una asimetría de información que arranca con todos los participantes conociendo una palabra secreta (“albóndigas”, “Cuenca” o “automóvil)” excepto uno los jugadores. Su supervivencia depende de fingir que conoce la palabra. Cada persona debe ofrecer una pista relacionada con la palabra sin pronunciarla directamente, haciendo equilibrios entre ser lo suficientemente específicos como para no parecer sospechosos y lo bastante vagos para no regalarle la respuesta al impostor.
Tras la ronda de pistas, los jugadores debaten y votan quién es el impostor. Si éste logra pasar desapercibido, la victoria es suya. Se puede jugar con papel y moderador humano, pero las apps facilitan la aleatoriedad y la elección de las palabras, a veces online, a veces con un solo dispositivo que pasa de mano en mano y que asigna roles secretamente, lo que agiliza el ritmo del juego.
Orígenes del juego. Estos se remontan a 1986, al aula de un estudiante de psicología en Moscow State University llamado Dimitry Davidoff. Empezó como un ejercicio pedagógico para enseñar “psicodiagnósticos visuales” (la interpretación de lenguaje corporal y señales no verbales) y fue bautizado como “Mafia”. Popular Mechanics contaba que el objetivo de Davidoff era crear “un conflicto entre una minoría informada y una mayoría desinformada”, es decir, entre mafiosos y ciudadanos inocentes.
Llegan los hombres lobo. El salto temático que definiría el juego llegó una década después, en 1997, cuando el diseñador Andrew Plotkin inventó una reconversión: los mafiosos se transformaron en hombres lobo, los ciudadanos en aldeanos medievales, y el ciclo de juego adoptó la estructura día/noche que encajaba con las transformaciones licántropas bajo la luna llena. Esta versión introducía el rol del Vidente (un aldeano con capacidad de investigar identidades ajenas cada noche), añadiendo una capa estratégica adicional.
Con el tiempo, estos juegos (que entran en la categoría de “títulos de deducción social”) han sido examinados bajo múltiples lupas académicas, de lo lúdico a lo psicologista. Por ejemplo, en 2024 un paper exploraba estrategias óptimas desde la perspectiva de teoría de juegos y construía modelos matemáticos para calcular qué estrategias debe seguir cada facción para ganar. Instituciones como el MIT desarrollaron sus propias variantes reglamentarias y expertos como los de la web No Rolls Barred teorizaban acerca de que estos juegos funcionan porque operan en “una asimetría de información donde conocer algo que otros ignoran se convierte en moneda de cambio social”.
La revolución ‘Among Us’. Fue este videojuego aparentemente modesto el que catapultaría el género hacia el mainstream global. Desarrollado por el pequeño estudio InnerSloth, se lanzó en junio de 2018 para móviles y PC y durante casi dos años languideció en la oscuridad, promediando entre 30 y 50 jugadores conectados simultáneamente, una cifra tan discreta que el estudio consideró abandonar el proyecto. Pero cuando en julio de 2020 el streamer de Twitch Sodapoppin descubrió el juego y organizó una sesión de más de cuatro horas con otros creadores de contenido, se desencadenó una reacción en cadena que llevaría a ‘Among Us’ a alcanzar 3.8 millones de jugadores concurrentes en septiembre, un crecimiento del 1600% en apenas ocho meses.
Se habló entonces de lo oportuno del timing pandémico, con el mundo en confinamiento: ‘Among Us’ ofrecía una forma de socialización remota que replicaba la experiencia de juegos de mesa pero sin necesidad de proximidad física. Además, el juego era muy accesible económica y técnicamente: gratuito en dispositivos móviles y por solo cinco dólares en PC, con mecánicas muy simples gracias a las que cualquier persona con teléfono podía participar. Tercero, finalmente, era idóneo para el streaming: observar partidas de ‘Among Us’ resultaba casi tan entretenido como jugarlas. Además, el juego sofisticaba la mecánica original: había tareas que los jugadores debían completar mientras investigaban, lo que eliminaba el rol de los jugadores eliminados pasivos.
La viralización. TikTok se ha consolidado como el verdadero catalizador de la explosión navideña del Impostor. A diferencia de ‘Among Us’, el Impostor encontró su ecosistema perfecto en los vídeos cortos verticales de TikTok, con abuelas acusando a nietos, grupos de amigos gritándose mutuamente y familias enteras partiéndose con sospechosas risas. La plataforma funcionó como manual de instrucciones visual y se eliminó la barrera de entrada que históricamente habían tenido ‘Mafia’ y ‘Werewolf’, así como juegos de mesa inspirados en la mecánica, como ‘Little Secret’ o ‘El embustero’.
El secreto del éxito del juego está en que ha trascendido generaciones: una persona de 70 años puede mentir tan convincentemente como una de 15. Los abuelos han aprendido de los nietos cómo funcionaba el juego, padres han descubierto que sus hijos mentían aterradoramente bien, propiciando una curiosa inversión de los roles habituales en la familia. Todo un juego.
Cabecera | Álvaro García
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Se cumple plazo para que Ticketmaster presente pruebas a Profeco tras señalamiento por irregularidades en concierto de BTS
El plazo para que la boletera Ticketmaster ofreciera pruebas y se manifestara ante la sanción impuesta por Profeco por irregularidades presentadas durante la venta de entradas para los conciertos del grupo de K-Pop, BTS, que ofrecerá en la Ciudad de México en mayo.
Durante la conferencia de prensa del lunes 2 de febrero, el titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), Iván Escalante, informó que la plataforma había sido multada con cinco millones de pesos por presuntamente haber violado los derechos del consumidor.
Ante esto, el pasado 6 de febrero Ticketmaster emitió un comunicado con el que explicó cómo funciona la tecnología empleada para las ventas en línea de sus conciertos y el número total de usuarios que participaron para la compra de entradas para BTS.
La boletera ejemplificó con una gráfica que más de 2.1 millones de personas ingresaron a su sitio para buscar información al respecto, sostuvo que los precios no sufrieron ninguna modificación durante la venta y que los cargos por servicio se mantuvieron bajos.
Ticketmaster garantizó que para cumplir con las expectativas de la alta demanda de los usuarios, un total de 46 conciertos tendrían que haberse realizado en el Estadio GNP Seguros. Asimismo, aseveró que todas las personas tuvieron acceso a la fila virtual, aunque de forma lenta y sin garantizar la compra de un boleto.
“Si esta venta se hubiera realizado en una taquilla física, una fila de ese tamaño se habría extendido hasta la frontera con Estados Unidos”, declaró.
Sin embargo, hasta el momento, Profeco no ha informado si Ticketmaster tendrá que efectuar el pago de más de cinco millones de pesos.
¿Qué pasó realmente con Ticketmaster durante la venta de BTS?
Tras la venta de boletos para BTS, los fans identificados como Army denunciaron en redes sociales una ola de irregularidades por parte de la boletera, entre sus exigencias estaba la transparencia con los precios y el mapa con zonas divididas. En respuesta, la promotora de conciertos accedió a revelar la tarifa antes de la venta.
Los fanáticos de BTS tuvieron la oportunidad de acceder a una preventa exclusiva en la cual también se presentó una gran afluencia de personas en línea.
Contrario a lo que el comunicado de Ticketmaster dijo que ocurrió, cientos de Army afirmaron que al intentar formarse en la fila virtual, el sitio no les brindó un lugar o esta presentaba fallas para acceder.
En ese sentido, reportaron la activación de un sitio de reventas que se encontraba a la par que la página oficial en donde los precios alcanzaban hasta los 60 mil. Al intentar adquirir un lugar, este ya no se encontraba disponible oficialmente, pero podría adquirirse en el sitio de reventa.
¿Cómo han sido las ventas para los conciertos tras la queja de Army?
Según las declaraciones de Profeco, la tarifa dinámica es una violación a los derechos del consumidor y, no debería implementarse pese a la alta demanda que pudiera presentarse en los próximos eventos.
Sin embargo, esto no ha ocurrido según reportes durante la venta de boletos para el concierto que ofrecerá en junio el exintegrante de One Direction, Zayn Malik.
Los seguidoras del británico señalaron un incremento aleatorio en los precios de acuerdo a la zona preferida durante las preventas.
Así como un elevado costo en los cargos por servicio, los cuales en algunos casos incrementó hasta los dos mil pesos. En este evento, se presentó una variedad de paquetes VIP, cuyo rango de precios abarcó desde los ocho mil hasta los 12 mil sin cargos, pese a estar en la misma sección.
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Los robotaxis no necesitaban conductor, pero Waymo ha terminado pagando a repartidores para cerrar puertas entreabiertas
Lo que hasta hace no mucho parecía terreno exclusivo de la ciencia ficción empieza a hacerse visible en las calles: coches capaces de desplazarse de un punto a otro sin conductor. Y no hace falta comprar uno para vivir la experiencia. En algunas ciudades del mundo basta con pedir un robotaxi desde una aplicación y ver cómo el vehículo llega a recogerte, identificándote en ciertos modelos con tus iniciales en una pantalla LED situada en el techo, tal y como comprobó nuestro compañero Javier Lacort en San Francisco hace casi dos años.
Escena futurista, problemas del presente. En medio de esta transformación del transporte, que aspira a ofrecer más seguridad y comodidad, también empiezan a aflorar sus puntos débiles. No hablamos de los atascos provocados por fallos de conectividad ni de esos coches que, por algún motivo, se ponen a tocar el claxon a las cuatro de la madrugada. La cuestión es aún más básica: si un usuario cierra mal la puerta, el vehículo no puede continuar operando.
El problema no es conducir, es poder irse. En el caso que describen CNBC y TechCrunch, se quedan bloqueados si, al terminar el viaje, un pasajero deja una puerta entreabierta. Waymo confirmó a ambos medios que ese detalle impide que el coche reanude la marcha y complete nuevos trayectos hasta que alguien la cierre correctamente. Se trata de una fricción básica, casi doméstica, que convierte un simple despiste en un problema operativo y explica por qué la compañía tiene que recurrir a apoyo humano para devolver sus vehículos al servicio cuanto antes.


Pagar a repartidores. La compañía está probando en Atlanta un sistema que avisa a repartidores cercanos de aplicaciones como DoorDash cuando uno de sus vehículos queda con la puerta abierta. La propuesta es sencilla: acercarse, cerrarla y permitir que el robotaxi vuelva a operar. Los medios citan incluso el caso de un conductor al que se le ofrecieron 11,25 dólares por esa tarea puntual. También detallan un encargo similar dividido entre 6,25 dólares por el desplazamiento y otros 5 tras verificar el cierre.
No es un caso aislado. El piloto de Atlanta no es la única muestra de esta dependencia puntual de ayuda humana.Waymo también ha recurrido a usuarios de Honk, una plataforma de asistencia en carretera, para resolver situaciones similares en otras ciudades estadounidenses. En este caso, algunos colaboradores llegaron a recibir ofertas de hasta 24 dólares por cerrar la puerta de un robotaxi detenido. Más que una anécdota local, estos ejemplos dibujan un patrón operativo claro: cuando el vehículo queda inmovilizado por un detalle menor, la solución más rápida sigue pasando por enviar a una persona.
Puertas automáticas, en camino. Hoy Waymo funciona con una flota formada íntegramente por vehículos eléctricos Jaguar I-PACE adaptados para conducción autónoma, que todavía dependen de intervención humana en situaciones como esta. Pero la compañía propiedad de Google asegura que ese desfase tiene fecha de caducidad, aunque sin concretarla: adelantó que sus futuros robotaxis dispondrán de cierre automático. Mientras tanto, el presente del coche autónomo continúa mostrando esa doble cara: sofisticación en la conducción y dependencia humana en los detalles más simples.
Imágenes | Xataka
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Los países están desesperados por subir sus tasas de natalidad. Tienen un arma sencillísima de aplicar: el teletrabajo
El envejecimiento de la población es uno de los problemas más acuciantes para las grandes economías de todo el mundo. La tasa de natalidad es un pilar en la economía de un país, ya que de ella depende la economía, el mercado laboral, la educación y la sanidad, entre otras muchas políticas.
Cuando los gobiernos hablan de “crisis de natalidad“, casi siempre recurren al mismo repertorio de soluciones: cheques bebé, deducciones fiscales o ayudas a la guardería. El problema es que, después de años aplicándolas, la fecundidad en la mayoría de países ricos sigue por los suelos. Sin embargo, un nuevo estudio plantea una nueva perspectiva: ¿y si la solución para el problema de natalidad estuviera en la forma en la que se trabaja? En ese escenario, el teletrabajo aparece como una palanca sorprendentemente potente.
Teletrabajar para tener más hijos. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford ha descubierto que ofrecer flexibilidad laboral y teletrabajo mejora la tasa de fecundidad en parejas en las que uno de los miembros teletrabaja.
Los investigadores no midieron el número de nacimientos (natalidad), sino el indicador de fecundidad. Es decir, el número de hijos que los participantes dicen que planean tener. El resultado es difícil de ignorar porque alguien que no dispone de tiempo libre o que considera que no podría asumir la crianza de un hijo, ni se plantea tenerlo. Es decir, no existe esa predisposición, lo cual no ayuda a que la tasa de natalidad crezca.
Según el estudio, pasar de no tener opción de teletrabajo a teletrabajar cinco días por semana, se asocia con un aumento aproximado de 0,13 hijos por mujer en términos de fecundidad prevista. Eso equivale a un incremento de entre el 7% y el 8% sobre la media del grupo analizado.
Natalidad y fecundidad no son lo mismo. Cabe destacar que hablar de natalidad y fecundidad representa escenarios diferentes, y esa confusión puede distorsionar el debate.
La natalidad es el número de nacimientos que ocurren en un país durante un periodo concreto. Es el dato más habitual al hablar de natalidad ya que determina en, términos reales, el número de nacimientos anuales, y permite confrontarlo con el número de defunciones para fijar el equilibrio demográfico.
La fecundidad, en cambio, es un indicador de fondo. Representa el número de hijos que tiene (o se espera que tenga) una mujer a lo largo de su vida. Se suele expresar como Tasa Global de Fecundidad (TGF).
La diferencia entre ambos conceptos es importante. Mientras la tasa de natalidad puede variar año a año (por ejemplo, adelantando decisiones o como respuesta a determinadas políticas) sin cambiar la tendencia estructural, la tasa de fecundidad es una métrica a largo plazo: indica si una mujer se plantea tener un solo hijo (no importa el año) o más.
Motivados para tener hijos. Ejemplos como Corea de Sur o Japón dejan constancia de lo complicado, y lo caro, que resulta cambiar una tendencia de natalidad a la baja. Es por eso que el incremento de esa intención de tener hijos, sin hacer ninguna inversión ni aplicar políticas fiscales adicionales, es muy llamativa.
Los resultados del estudio plantean que, tal vez, el camino no sea subsidiar el nacimiento de más niños, sino que la organización del trabajo de los padres sea compatible con su crianza.
No es por dinero: es por tiempo. Durante años, la respuesta política ha sido bastante predecible. Tener hijos es caro, así que hay que poner dinero encima de la mesa para aligerar esa carga. El problema es que, aunque en la mayoría de hogares necesitan dos sueldos para subsistir, el recurso realmente escaso es el tiempo para cuidar de los hijos.
El teletrabajo, y la flexibilidad horaria han reducido esa fricción diaria ya que implica menos tiempo en desplazamientos, mayor control sobre horarios y, sobre todo, mayor capacidad de reacción ante imprevistos para el cuidado de los hijos. El informe ‘Women in the Workplace’ elaborado por McKinsey mostraba que la falta de flexibilidad horaria obliga a muchas mujeres a reducir su jornada o estancar su carrera profesional.
Este punto, las conclusiones de los investigadores de Stanford encajan con los datos que Pew Research obtuvo en una encuesta anterior: incluso con las dificultades para conciliar familia y trabajo, la mayoría de los encuestados consideraban que era necesario seguir trabajando y no querían sacrificar su carrera profesional. Lo que necesitaban era un empleo que no incompatibilice la vida laboral y el cuidado de los hijos.
Necesita inversión, pero sale barato. El estudio concluye que para igualar la tasa de fecundidad que consigue el teletrabajo, sería necesario aplicar políticas fiscales e incentivos con un coste muy superior. Una guardería subvencionada puede mejorar la situación, pero ninguna de esas medidas facilita el cuidado de los hijos en el día a día, ni incentiva a las familias a tener más hijos que les compliquen todavía más la logística. La disponibilidad horaria y la flexibilidad del teletrabajo sí lo hace.
Esto no significa que la implantación del teletrabajo sea gratis. Tiene costes organizativos para las empresas, no se puede teletrabajar en todos los sectores y puede generar desigualdades entre empleados cuyos puestos sí permiten el teletrabajo y quienes no.
Imagen | Pexels (Anastasia Shuraeva)
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