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la fiebre por las bodas evento en España
Las bodas no han desaparecido: se han transformado. Frente a la idea bastante extendida de que “ya nadie se casa”, los datos cuentan otra historia. El número de matrimonios en España se ha mantenido estable en la última década, aunque quienes trabajan en el sector coinciden en que lo que sí ha cambiado de forma profunda es la manera de casarse.
Los salones de boda han dejado de ser el escenario casi exclusivo de estos enlaces; muchas parejas ya conviven antes de dar el “sí, quiero”, y los regalos han pasado del menaje y los electrodomésticos a las transferencias bancarias. Las bodas son hoy más espectaculares y también mucho más caras. Quienes deciden casarse lo hacen asumiendo que se trata de una celebración, en la práctica, a fondo perdido: el dinero que se recupera —cuando se consigue— suele destinarse a cubrir parte de los gastos y, en la mayoría de los casos, ni siquiera alcanza para equilibrar las cuentas.
¿Cuánto cuesta una boda en España?
“Es una locura”, “Para no casarse”, “Mejor no quieras saberlo”… Estas son solo algunas de las frases que dicen muchas parejas cuando hablan del coste o del presupuesto de sus bodas. Especialistas en la industria están de acuerdo en que el costo de estas celebraciones ha aumentado en los últimos años, y se aleja por completo de lo que podían invertir generaciones anteriores.
“El presupuesto lo marca el número de invitados”, explica Anais Martínez, wedding planner en Dile que sí, pero la media actual para una boda en España se encuentra entre 30.000 y 50.000 euros para 100 o 150 invitados. La experta puntualiza que una boda en Madrid, Cataluña o Baleares siempre será más cara que una en Extremadura o Canarias. En esta horquilla se encuentra la boda de Lara Moreno –que tuvo 100 invitados y costó casi 30.000 euros– y la de Cecilia Parellada –que invitó a 126 personas y gastó 42.550 euros—.
El encarecimiento de la alimentación, del transporte y, en general, de todos los proveedores implicados en una boda ha empujado al alza el precio final de estas celebraciones, explica Martínez. A este aumento de costes se suma, además, una transformación del propio formato del enlace, con cada vez más elementos que disparan el presupuesto. Las bodas se han vuelto más complejas, como señala Alba Jiménez, de Margo Wedding Planner: “Las parejas ya no quieren que su día sea solo la ceremonia y la posterior comida o cena, sino que quieren que el invitado se lleve el espectáculo completo”.

El cubierto solía salir a unos 150€ el invitado. (Unsplash)
Música en directo, cortador de jamón, barra de cócteles, puestos temáticos de comida… “El límite es el presupuesto de la pareja, las opciones son ilimitadas”, explican desde Dile que sí. Las expertas coinciden en que las bodas se han vuelto mucho más complejas en cuanto a logística, detalles, animación… Ya no es suficiente con la comida y la bebida, sino que las parejas buscan hacer su día lo más especial para ellos y sus invitados, llenando el día de estímulos.
Para Jiménez, que lleva 16 años planificando y organizando bodas, algunas celebraciones “son demasiado”. En los últimos años, explica, la acumulación de “extras” ha convertido muchas bodas en eventos que “se parecen más a un circo”, donde “más es menos”. “En ocasiones parece una gymkana para los invitados: tienen que hacerse la foto en el photocall, después pasar a que les maquillen, estar atentos al espectáculo en directo…”.
“Hoy en día, todo lo que puedas imaginar puede estar en una boda”, explica el equipo de Margo Wedding Planner. Las expertas aseguran haber visto “de todo” en este tipo de celebraciones: desde masajes en los pies para los invitados durante el cóctel hasta empresas que elaboran puros cubanos en directo, pasando por espectáculos con drones, live painting —retratos en acuarela de los invitados—, toros mecánicos, cámaras de vídeo 360, pulpeiros o estaciones gastronómicas personalizadas.
Todo ello responde a “una auténtica fiebre por la boda-evento”, explica Ana Torres, periodista especializada en moda, belleza y lifestyle en Mediaset. Identifica un afán por “convertir el enlace en algo casi cinematográfico. Ya no se trata solo de casarse, sino de crear el momento, la imagen perfecta y el recuerdo inolvidable. Cada vez se busca más que la boda sea una experiencia única, casi irrepetible, donde todo esté pensado para impactar: el lugar, la decoración, el vestido, la música o incluso la narrativa que se construye alrededor del enlace”.
Como corrobora Jiménez, los “añadidos” que convierten la boda en un evento cada vez más espectacular pueden incorporarse en prácticamente cualquier momento de la celebración. “En el vestido, por ejemplo, una novia puede gastar 1.500 euros o decidirse por uno de 10.000; y si la boda es en iglesia, la pareja puede optar por el coro de la parroquia o contratar una agrupación musical profesional. Todo suma”, explica.
Estas son tendencias que se han extendido en los últimos años, según las expertas, y que apenas se veían hace años. Para Lara Moreno, estas elecciones dependen mucho de la edad, pero también de la personalidad de cada uno. “En nuestra generación sí que veo bodas mucho más elaboradas y caras. El año pasado una tía de mi pareja se casó y simplemente fueron al juzgado y después hicieron comida, pero otros amigos nuestros se casan en dos años y pretenden gastar todo lo que ahorren en ese tiempo”.
El balance económico del “sí, quiero”
El aumento de los costes y la deriva hacia bodas cada vez más cargadas han encarecido notablemente las ceremonias. Como señalan las expertas, hace años no era extraño que las parejas llegaran a cubrir buena parte —o incluso la totalidad— de lo invertido gracias a los regalos de los invitados. Hoy, sin embargo, ese escenario resulta prácticamente impensable si se atiende solo al dinero que aportan los asistentes.
La manera de dar los regalos a la pareja también ha cambiado. Antes, lo más común era hacer una “lista de bodas”, en la que los novios –que no solían vivir juntos– enumeraban qué necesitaban para empezar su vida en común. Hoy en día, como explica Martínez, “la mayoría viven juntos y no necesitan amueblar una casa, que era el concepto de antes. Lo que necesitan es dinero para pagar la boda o la luna de miel (…) El 90% de ellos da el número de cuenta”.
Con el dinero de los invitados, los novios tratan de cubrir la mayor parte del coste que ha tenido la celebración, pero la mayoría de las veces no es suficiente. “La media que dan los invitados es entre 150 y 200 euros”, explica Jiménez, “lo que ni de lejos cubre lo que se suelen gastar los novios por persona”. Solo el cubierto puede rondar ya esos 150 euros, a lo que hay que sumar los detalles, la barra libre, los puestos de cócteles o los espectáculos contratados.
“Hace años el regalo de los invitados permitía cubrir el cubierto e incluso llevarse algo de dinero; hoy, ni de lejos”, explica Jiménez. “Las aportaciones se han quedado prácticamente estancadas mientras los costes no han dejado de subir, y muchas parejas ni siquiera llegan a cubrir el catering”. En la misma línea, Martínez coincide en que “los novios no se casan para hacer negocio: no es rentable casarse pensando en recuperar la inversión”.
Solo las parejas que optan por ceremonias más austeras pueden acercarse a ese equilibrio, “no para ganar dinero, sino, como mucho, para que quede lo comido por lo servido”. Vanessa Moreno, de Elite Bodas, resume: “Las parejas no celebran pensando en que van a recuperar. Actualmente en torno al 50% de la inversión es lo que se obtiene de regalos”.
En muchos casos hay un tercer actor clave en este equilibrio económico: las familias.
Lara y su pareja Adrián, que se casaron este verano, sabían que el día de su boda iba a ser una inversión que no iban a recuperar. Se gastaron casi 30.000 euros en total, y de sus invitados y familiares recibieron 20 .000: “Esto hizo que al final la boda nos saliera por 10.000 euros”. Ellos tampoco tuvieron lista de bodas, pero no todos sus regalos fueron transferencias: “Mi mejor amiga me regaló la cola del vestido, los pendientes mi tía, mis padres los anillos y mi primo la charanga”, cuenta Lara en conversación con Xataka.
Cecilia, que se casó en 2024, vivió una situación parecida a la de Lara y Adrián: el coste total de su boda fue de 42.000 euros, de los que 32.000 llegaron a través de regalos y aportaciones familiares, de modo que el gasto final para la pareja fue de unos 10.000 euros. Estos casos reflejan una dinámica habitual en muchas bodas actuales: el equilibrio económico no depende solo de los invitados, sino de una combinación de regalos y apoyo económico de la familia.
Los gastos asociados a una boda despiertan interés en redes sociales. Son muchas las parejas y wedding planners que desglosan en vídeos o publicaciones el precio medio de un vestido, el banquete, el fotógrafo o el DJ. Al mismo tiempo, varios usuarios comentan que hoy resulta prácticamente imposible recuperar con los regalos todo lo invertido en ese día. Es el caso de Noemí, que compartió en su perfil de TikTok que es “imposible” que una boda se “autopague”.
Esta experiencia se repite en otros comentarios de la plataforma: “Nosotros cubrimos parte pero no todo, para nada fue un negocio, una familia de 6 nos regaló una lámpara”; “Me casé el sábado y ya te digo que no jajaja no se autopaga”…
Influencia de las redes sociales
A pesar de que los costes aumentan y la posibilidad de cubrir los gastos gracias a los invitados disminuye, el número de matrimonios en España se ha mantenido estable desde hace más de una década. En 2024 se celebraron más de 175.000 enlaces, una cifra prácticamente idéntica a la de 2010. Esta estabilidad, sin embargo, nos coloca muy por detrás de otros países europeos.
Según Eurostat, en 2023 España registró 3,5 matrimonios por cada mil habitantes, lo que la sitúa en el puesto 24 de los 28 países con datos disponibles. Se trata de una tasa sensiblemente inferior a la de décadas pasadas —tuvimos 7,4 matrimonios por mil habitantes en 1964 y 5,4 en el año 2000— y que confirma que España nunca ha sido uno de los países más proclives al matrimonio, muy por detrás de otros como Alemania, Suecia, Polonia, Turquía o Moldavia.
Torres, periodista especializada en contenido lifestyle, identifica un interés claro y marcado de la población en todo lo que rodea a las bodas. Explica que se trata de un contenido “muy aspiracional y muy visual, y eso engancha”. “A los lectores les atrae tanto el componente emocional como el visual”, “cada vez interesa más el cómo se casa alguien que el hecho de que se case”.
A pesar de que la prensa del corazón ha dado siempre mucha importancia a los enlaces entre personajes famosos, las redes sociales también han revolucionado la industria: “Las redes han cambiado para muchos la forma de entender una boda. Muchas celebraciones ya se piensan casi desde el punto de vista de cómo van a verse en Instagram o TikTok”.
Desde Elite Bodas viven a menudo que sus clientas les pidan “una boda como las de Instagram. Quieren tener bodas estilo Vogue, con todo lujo de detalles, personalizadas, divertidas…”. La inspiración que pueden facilitar las redes sociales o los enlaces de parejas famosas puede ayudar a futuros novios, pero para Martínez también existe una cara negativa: “En ocasiones puede generar frustración, porque pueden crear unas expectativas que no pueden permitirse. No todo el mundo puede tener un espectáculo de drones como Tamara Falcó”.
Muchos de los “extras” de las bodas de influencers son posibles gracias a su trabajo o colaboraciones, lo que hace que sean “bodas extremadamente caras si las trasladamos a una persona anónima”.
Son precisamente estos casos —en los que a veces incluso se venden reportajes de la ceremonia— donde la pareja puede no solo recuperar la inversión, sino incluso tener beneficios. Al igual que antes las bodas de famosos se convertían en exclusivas para revistas del corazón, hoy muchos influencers aprovechan su enlace como una oportunidad para ganar visibilidad y sacar rédito económico mediante colaboraciones con marcas. Todo ello, advierte Martínez, con el riesgo de que la boda se parezca más a un evento corporativo que a una celebración personal.
En Xataka | Asturias acaba de celebrar tres bodas de sologamia: cuando el “sí quiero” es en realidad un “sí (me) quiero”
Imagen | Carlo Buttinoni
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Vevo estaba en todos los videoclips de internet en los 2000s. Hoy es solo otro episodio olvidado de la vieja industria musical
En diciembre de 2009, dos de los mayores sellos discográficos del planeta organizaron una fiesta en Nueva York con Bono como invitado de honor para celebrar el lanzamiento de algo que, según ellos, iba a devolverles el control del negocio musical en internet, que como ahora veremos, no pasaba por su mejor momento. Se llamaba Vevo, acrónimo de “Video Evolution”. La (r)evolución duró menos de una década: los cambios de raíz en el negocio y la llegada de una forma distinta de entender los vídeos musicales lo relegó al plano secundario de nostalgia para millennials que es hoy.
Malos tiempos. A finales de los 2000, la industria musical se estaba resquebrajando. Los ingresos por venta de discos llevaban años cayendo por el efecto combinado de la piratería y una digitalización caótica, a espaldas de los sellos, y que estaba muy lejos del momento ordenado y oficial que vive hoy gracias a las plataformas de streaming. Por ejemplo: YouTube (que ya había sido comprado por Google en 2006) acumulaba cientos de millones de reproducciones de videoclips sin que los sellos vieran ni un euro de compensación. Se intentaron renegociar los términos de esa relación, sin éxito: Warner Music fue la primera en retirar su catálogo completo de YouTube en 2008.
Ideaca. Doug Morris, entonces CEO de Universal Music Group y figura central en la creación de Vevo, visualizó una forma de entrar en el negocio de internet y los videoclips cuando vio a su nieto consumiendo videoclips online con publicidad, lo que le llevó a preguntar cuánto dinero estaba generando Universal con esas reproducciones… La respuesta era obvia: cero. A partir de ese momento, Morris presionó a empresas como Yahoo y MTV para que le compensaran por reproducir su vídeos. Él sí acabó llegando a un acuerdo con Google.
Q: Are We Not Men? A: We Are Vevo! Vevo se lanzó oficialmente el 8 de diciembre de 2009 tras un acuerdo entre Universal Music Group, Sony Music Entertainment y EMI, con Warner Music Group sumándose años después, en agosto de 2016. Vevo aportaría el catálogo oficial en alta definición, YouTube serviría como plataforma de distribución masiva, y ambas partes venderían publicidad sobre ese inventario. En octubre de 2009, la Abu Dhabi Media Company ya había invertido unos 300 millones de dólares para operar en Estados Unidos y Canadá.
¿Resultado inmediato? Espectacular. En su primer mes ya era el sitio de música más visitado de Estados Unidos, superando a Myspace Music. El impacto económico también fue rápido: según el CEO de Vevo de entonces, el CPM medio de un vídeo musical online pasó de 3 dólares antes del lanzamiento a más de 30 dólares en 2013. En 2012, Vevo acumulaba 41.000 millones de reproducciones anuales en toda su red, con un catálogo que rondaba los 75.000 vídeos. En agosto de 2013, Vevo había superado a MTV en términos de audiencia digital: 609 millones de reproducciones de vídeo frente a las 261 millones de MTV ese mes. El Vevo Certified para artistas que superaban los 100 millones de reproducciones se convirtió en un indicador de relevancia cultural comparable a un número uno en listas de ventas.
Problemas. Sin embargo, el problema estructural de Vevo no era la audiencia, sino su modelo de reparto. Aunque la compañía facturó 250 millones de dólares en 2013, más del 90% de esos ingresos se repartían entre los sellos, Google y los editores musicales. Universal y Sony capturaban el 55% del total y Vevo operaba en pérdidas. Era, en la práctica, un gestor de inventario publicitario sin capital propio: generaba valor para sus accionistas, los sellos y Google, pero no para sí misma como entidad operativa independiente. En 2014 la compañía contrató a Goldman Sachs y The Raine Group para buscar un comprador que estuviera dispuesto a pagar cerca de 1.000 millones de dólares por la empresa. No apareció ninguno. Vevo descartó la venta y anunció que buscaría la rentabilidad por sus propios medios.
Cambio de rumbo. En abril de 2015 llegó Erik Huggers (creador del famoso iPlayer de la BBC) como nuevo CEO. Vevo quiso entonces construir sus propias aplicaciones para móvil y televisión conectada, reducir su dependencia de YouTube y eventualmente lanzar un servicio de suscripción de pago. Comenzaron a desarrollar apps para iOS, Android y plataformas de TV conectada, pero duró poco: el proyecto de suscripción de pago se canceló en febrero de 2017, y Huggers abandonó el cargo. Se sucedieron dimensiones y despidos y acabó la apuesta por la autonomía tecnológica.
Golpe de gracia. En enero de 2018, YouTube migró automáticamente los suscriptores de los canales con marca Vevo (tipo “RihannaVEVO” o “JustinBieberVEVO”) a los nuevos Official Artist Channels de la misma YouTube. Esa misma semana, YouTube relanzaba YouTube Music como servicio de suscripción de pago, compitiendo directamente donde Vevo había intentado entrar. Paradójicamente, Vevo había logrado el equilibrio contable ese año por primera vez. Pero el modelo propietario nunca había cuajado, y sin él, no había razón para mantener la infraestructura.
Lo que queda de Vevo. Vevo no se ha esfumado completamente, como otros proyectos de la época. La compañía pivotó hacia el negocio de televisión conectada y los canales FAST, los lineales gratuitos con publicidad. Su biblioteca supera los 900.000 videoclips y genera aproximadamente 25.000 millones de reproducciones mensuales. El modelo es, irónicamente, el que MTV nunca consiguió que cuajara: una cadena de música gratuita financiada por publicidad, aunque en el caso de Vevo, distribuida por internet en lugar del cable.
La huella de Vevo no es absolutamente negativa:estableció el estándar del vídeo musical oficial en alta definición en YouTube, creó la infraestructura de monetización que permitió que los videoclips volvieran a ser un negocio, y demostró que la industria discográfica podía negociar de igual a igual con las plataformas tecnológicas. Pero que los videoclips hayan acabado convertidos en coreografías amateur en TikTok es algo que, desde luego, el CEO de Universal no podía prever.
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Cada vez buscamos más respuestas humanas en Reddit. Esa es la razón de que ahora el buscador de Google sea un Reddit disfrazado
Google ha actualizado su plataforma de búsquedas por enésima vez, pero lo ha hecho con un cambio especialmente significativo. La experiencia de usuario en sus buscadores con IA (tanto AI Overviews como AI Mode) intenta volverse más “humana”. Y para ello en esas búsquedas Google añadirá más contexto a los enlaces, como extractos de foros y blogs de internet. Y si hay un beneficiado (o perjudicado) de ese movimiento, ese es Reddit.
Google ya era una pasarela a Reddit. Hay un comportamiento que Google lleva años viendo en sus datos y que durante mucho tiempo prefirió no reconocer públicamente: cuando alguien quiere una respuesta real a una pregunta real, añade “Reddit” al final de la búsqueda. No porque Reddit sea una fuente necesariamente fiable, sino porque en Reddit se reúnen personas reales que han vivido esa cuestión, la han intentado resolver y han escrito sobre ello sin que nadie les pagara por hacerlo. Google, con toda su infraestructura y todos sus algoritmos, no había conseguido replicar eso. Así que en lugar de intentarlo va a incorporar esas respuestas directamente.
Qué ha cambiado exactamente. La actualización del buscador hará que en los AI Overviews aparezcan fragmentos de foros, redes sociales y otras “fuentes de primera persona”. Cuando alguien busque algo para lo que no existe una respuesta objetiva única, la IA de Google incluirá perspectivas y opiniones qu encuentre en todo tipo de fuentes (supuestamente) humanas online. Al hacerlo añadirá el nombre del creador de ese contenido (o su avatar) y el origen del que procede dicha perspectiva. Google también promete añadir más contexto sobre el origen de sus respuestas generadas por IA, de forma similar a cómo ChatGPT o Claude incluyen enlaces que respaldan sus respuestas.
Cansados de tanto SEO. La razón es obvia: los resultados orgánicos de Google para preguntas prácticas y subjetivas —”qué aspiradora me compro”, “cómo le curo el oído a mi perro”, “cuál es el mejor barrio para vivir en Valencia”— están dominadas por el SEO y esas técnicas optimizadas para aparecer en Google. Importa posicionar, no responder bien la pregunta. Precisamente ahí es donde Reddit, como otros foros o blogs personales tienen algo que ese contenido no suele tener: la experiencia real de alguien que estuvo en la misma situación. Google lo resume en su propio comunicado sin rodeos: “Para muchas búsquedas, la gente busca cada vez más el consejo de otras personas”.
La contradicción que Google no ha resuelto. Hay un potencial problema en esta nueva forma de concebir esas búsquedas con IA. Los AI Overviews fueron diseñados para responder preguntas directamente y así ahorrarle al usuario el trabajo de ir haciendo clic, leyendo e investigando. Ahora van a incluir perspectivas diversas e incluso contradictorias de foros y redes sociales. Así pues, ¿responderá AI Overviews la pregunta, o hará que volvamos a acudir a las fuentes para que encontremos la respuesta?. Si es lo segundo, no será muy diferente de lo que ya hacía el buscador tradicional de Google. Hay aquí un interesante desequilibrio entre “te damos la respuesta” y “te damos contexto para que encuentres la respuesta”. En cierto sentido, la decisión de Google complica las búsquedas.
Los modelos de IA son cada vez menos propensos al fallo. Los célebres casos de añadirle pegamento a la pizza son mucho menos frecuentes ahora, y a menudo los nuevos modelos presumen de una reducción significativa en las tasas de “alucinaciones” que tienen. GPT-5.5 Instant, lanzado esta semana “produjo un 52.5% menos de alucinaciones que GPT‑5.3 Instant”, indicaba OpenAI en su anuncio oficial. El problema es que esas alucinaciones son cada vez más difíciles de detectar porque estos chatbots esconden muy bien esas meteduras de pata. Que ahora el sistema incluya contenido sin verificar o validar de redes como Reddit puede ser problemático: los votos de la comunidad no siempre miden lo veraz o útil que resulta cierto hilo.
Usar Reddit tiene su aquel. Esta plataforma tiene valor precisamente porque no está optimizado para los algoritmos de Google: es caótica y contradictoria. A veces hay respuestas brillantes de la gente, pero otras hay comentarios totalmente erróneos. Cuando un usuario añade “Reddit” a su búsqueda y lee los resultados, está sopesando automáticamente qué comentarios son útiles y cuáles no. Pero ese paso desaparece si Google extrae fragmentos de esas discusiones para incluirlos en un AI Overview. Elimina ese paso de filtrado humano y presenta esas respuestas con una autoridad que quizás no deberían tener. Google tendrá muchas más dificultades que un humano de distinguir el comentario de alguien que lleva veinte años trabajando en fontanería del de alguien que hace chapuzas por afición.
El contrato en la sombra. Esta no es solo una decisión editorial o tecnológica. En 2024 Google firmó un acuerdo de 60 millones de dólares al año con Reddit para acceder a sus datos y entrenar sus modelos. No está incorporando contenido de esta red social como un servicio público: lo que está haciendo es monetizar un contrato comercial. Su mensaje de que está destacando esas “voces originales”, lo que en realidad está diciendo es que ha pagado por ese acceso privilegiado al contenido de Reddit y ahora va a aprovechar dicho acceso y a rentabilizarlo. Esos ingresos son interesantes para Reddit, sin duda, pero hay un problema: los clics.
El precedente de Stack Overflow. No hace falta especular mucho sobre lo que puede pasar porque ya ha pasado. Stack Overflow es la mayor comunidad de preguntas y respuestas técnicas de internet, pero ha perdido la mayor parte de su tráfico en dos años porque las empresas de IA empezaron a recolectar todas esas respuestas para entrenar sus modelos y luego servirlas a sus usuarios directamente. Eso provocó que los usuarios dejaran de visitar Stack Overflow y que los expertos dejaran de contestar preguntas. La calidad de los nuevos contenidos en esta red se vio claramente afectada, y quedó claor que si la IA ya te daba la respuesta sin tener que entrar en Stack Overflow, ¿para qué entrar? El peligro para Reddit es exactamente el mismo.
Google no tenía muchas alternativas. ChatGPT, Claude y Perplexity llevan tiempo capturando cuota de mercado en esas búsquedas donde la gente antes añadía “Reddit”: preguntas prácticas, recomendaciones subjetivas, o resolución de problemas específicos. Estos modelos contestan de forma directa y natural y evitan tener que navegar por resultados llenos de SEO. Incluir ese contexto y enlaces de Reddit es un intento de usar esa ventaja para ofrecer algo que los modelos de lenguaje rivales no pueden (de momento): perspectivas humanas actualizadas y verificadas por comunidades reales. La ironía es que la IA que parece saberlo todo solo aprende y mejora gracias al conocimiento y a la experiencia humana acumulada y compartida.
¿Quién paga por todo esto? Al final estamos viendo cómo Google está usando un sistema híbrido, pero la pregunta importante no es si funcionará bien o mal. La pregunta es quién paga para que la web que alimenta ese híbrido siga existiendo. Google extrae contenido de Reddit, blogs, foros y redes sociales, lo procesa con IA y lo sirve en un resumen que elimina la necesidad de visitar las fuentes originales. Y ahí entra el inevitable y peligroso círculo vicioso. Si esos sitios pierden tráfico, pierden ingresos. Si pierden ingresos, pierden la capacidad de generar el contenido que Google necesita para que sus AI Overviews funcionen. Todo un dilema aun sin solucionar.
En Xataka | Los foros de internet están desapareciendo porque ahora todo es Reddit y Discord. Y eso es preocupante
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Si la pregunta es cuánto tiempo tenemos que usar la IA para volvernos perezosos, la respuesta es: un suspiro
Diez minutos. Es el tiempo que tarda la IA en tener un efecto negativo en nuestra habilidad para razonar y resolver problemas, o al menos eso es lo que han concluido en un nuevo estudio en el que han medido cómo el uso de asistentes de IA no solo mejora el rendimiento inmediato, sino que reduce la persistencia y empeora el desempeño cuando no tenemos acceso a la IA.
El estudio. Investigadores de Carnegie Mellon, MIT, UCLA y Oxford han publicado un experimento controlado y aleatorizado que mide el impacto del uso de IA en la capacidad de resolver problemas de forma independiente. En total participaron más de 1.200 personas en tres experimentos distintos. La conclusión de los investigadores va en la dirección de lo que hemos visto en otros estudios anteriores: usar IA potencia nuestra productividad, pero tiene un coste cognitivo.
El experimento. Se realizó un primer experimento con 354 participantes en el que debían resolver doce fracciones simples. Algunos de los participantes tenían un panel lateral con un asistente IA (GPT 5) que podían usar para resolver las operaciones. Lo curioso vino cuando se les retiró el acceso al chatbot y tuvieron que responder tres preguntas más sin la ayuda de la IA. El resultado fue que las personas que habían usado IA fallaron más en sus respuestas que el grupo de control.
Confirmando resultados. Los investigadores hicieron un segundo experimento en el que duplicaron los participantes (667) e hicieron un pretest para medir el nivel. Además, añadieron un panel lateral “placebo” (sin IA) a los participantes del grupo control, para que no hubiera diferencias de interfaz. Los resultados volvieron a mostrar que las personas que usaban IA fallaban más que el grupo control.
Hubo un tercer experimento en el que se hicieron problemas de comprensión lectora con 201 participantes y volvió a pasar lo mismo: al quitar la IA, ese grupo es el que peor rindió.
El matiz clave. Hay un detalle importante del estudio y es que midieron cómo los participantes usaban la IA. El 61% la usó para que les diera las respuestas directamente, mientras que otros la usaron para que les diera pistas o les hiciera aclaraciones. Los resultados de este segundo grupo fueron más similares a las del grupo de control. En cambio, quien pedía las soluciones tal cual a la IA fallaron mucho más cuanto esta fue retirada. Esto sugiere lo que hemos dicho anteriormente: el efecto negativo de la IA en nuestra cognición depende en gran parte de cómo la usemos. No es lo mismo copiar respuestas sin cuestionar, que usarla como apoyo en el proceso cognitivo.
La nueva caja tonta. El miedo a que la tecnología nos vuelva tontos no es algo que haya surgido con la IA, pasó con la calculadora, ha pasado con la televisión, con los videojuegos y está pasando con los móviles. Aunque hay estudios que apuntan en esa dirección, no hay una evidencia clara de que la tecnología dañe nuestra cognición. Sin embargo, también es cierto que hasta ahora no habíamos tenido acceso a una tecnología en la que pudiéramos delegar todo nuestro pensamiento.
Imagen de portada | Xataka
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