Actualidad
depende de Occidente más de lo que admite
China ha logrado convertirse en el gigante que hoy conocemos: controla el procesamiento de los minerales críticos, lidera la fabricación de baterías y construye el 74% de la energía renovable del planeta. Sin embargo, tras esta imponente fachada de autosuficiencia, el gigante asiático esconde un talón de Aquiles que su propaganda intenta silenciar: una dependencia crítica de la tecnología, la maquinaria y la propiedad intelectual de ese Occidente al que intenta desplazar.
La paradoja del dominio chino. Durante décadas, Occidente operó bajo un espejismo. Como explica la analista Gillian Tett en el Financial Times, las élites occidentales asumieron que fabricar cosas era un “trabajo sucio” de bajo margen que podía externalizarse. Mientras el mundo se obsesionaba con el software y el código, China construía silenciosamente la infraestructura física del siglo XXI. Hoy, Pekín posee lo que el inversor Craig Tindale denomina “soberanía de procesamiento”: controla el 98% del galio, el 90% de las tierras raras y el 95% del polisilicio.
Pero este dominio es incompleto y vulnerable. El reciente fracaso de la empresa china Defu Technology en su intento de adquirir la luxemburguesa Circuit Foil por 204 millones de dólares —bloqueado por el gobierno de Luxemburgo— ha puesto de manifiesto que China no es autosuficiente en componentes de alta precisión. A pesar de que su balanza comercial alcanza un superávit récord, Pekín se vio obligado a importar 1.300 millones de dólares en láminas de cobre avanzadas solo el año pasado, un insumo discreto pero vital para que sus vehículos eléctricos de nueva generación puedan siquiera encenderse.
El “cerebro” sigue siendo extranjero. La dependencia es más profunda de lo que parece. Un informe de la Universidad de Tsinghua revela datos demoledores: la industria eólica china aún importa el 60% de los rodamientos de sus rotores, el 70% de los módulos de transistores para la red eléctrica y, lo más sorprendente, el 100% de los módulos lógicos que controlan las turbinas en tiempo real. Consciente de este “cuello de botella”, el presidente Xi Jinping ha presionado personalmente a sus fabricantes para “dominar las tecnologías clave”. El esfuerzo está dando frutos —los medios estatales informan que la producción nacional de cojinetes subió al 60% en tiempo récord—, pero la brecha en la electrónica de alta gama sigue siendo el gran freno de mano.
Incluso en sectores de vanguardia como el hidrógeno verde, donde Pekín tiene planes masivos, un estudio publicado en International Journal of Hydrogen Energy subraya que la industria china lucha por abandonar su dependencia de las membranas de intercambio de protones fabricadas en el extranjero. Pekín tiene las fábricas, pero Occidente sigue teniendo el “cerebro” y la química fina que hace que las máquinas funcionen.
Del “Dilema de Malaca” al nacionalismo de recursos. Para entender el movimiento de piezas de Xi Jinping, hay que retroceder a 2003. Entonces, el líder Hu Jintao acuñó el “Dilema de Malaca”: el miedo a que una potencia hostil bloquease el estrecho por donde pasa casi todo el petróleo que consume China. La apuesta por la energía limpia no fue solo una cuestión climática, sino una estrategia de seguridad nacional para romper esa cadena.
Sin embargo, al intentar escapar de la dependencia del petróleo, China ha caído en la trampa de la geología. Aunque es el mayor refinador del mundo, es pobre en yacimientos propios de litio, cobalto o níquel. Como ha advertido un extenso reportaje del Financial Times, Indonesia o la República Democrática del Congo están endureciendo sus normas de acceso, obligando a Pekín a aumentar sus reservas estratégicas ante el temor de que el nacionalismo de recursos de terceros países interrumpa su cadena de suministro.
El despertar de un Occidente “desarmado”. En Washington y Bruselas han pasado de la complacencia a la contraofensiva. El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, y sus homólogos del G7 se han reunido recientemente para crear un “precio suelo” para las tierras raras, buscando asfixiar la ventaja competitiva de los subsidios chinos. En Europa, el comisario de Industria, Stéphane Séjourné, ha lanzado un mensaje que ha hecho temblar a las juntas directivas: a través del programa ReSourceEU, la UE podría obligar legalmente a las empresas a diversificar sus compras para evitar que Pekín utilice los imanes permanentes como un arma geopolítica.
Por su parte, la administración de Donald Trump apuesta por recuperar el control de la materia física mediante el crudo venezolano y guyanés. Sin embargo, como advierte Gillian Tett, esto podría ser una victoria pírrica: mientras EEUU pelea por los combustibles fósiles del siglo XX, China sigue desplegando redes de ultra-alta tensión para alimentar su carrera del futuro a la Inteligencia Artificial.
El choque de los relojes. Reconstruir esta soberanía no es solo cuestión de capital; es cuestión de manos. El experto Craig Tindale postula que Occidente sufre un “cuello de botella humano”: tras décadas de desindustrialización, los ingenieros que sabían operar plantas químicas y fundiciones se han jubilado. China, bajo el prisma de la planificación a largo plazo heredada del pensamiento confuciano, ha sincronizado su “reloj industrial” con el político, planificando a décadas lo que Occidente mide en trimestres financieros.
La transición energética ha dejado de ser una misión humanitaria para convertirse en un campo de batalla total. China domina la escala y la ejecución, pero Occidente aún guarda las llaves de la innovación tecnológica y el control de los mercados de capitales. El mayor riesgo es que este choque de estrategias termine por frenar la descarbonización del planeta. Al final del día, la interdependencia entre China y Occidente es su mayor debilidad común, pero también la única garantía de que ambos bandos están obligados, tarde o temprano, a entenderse.
Imagen | Freepik
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
El sedentarismo es un factor independiente de riesgo y no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual
Hay mucha gente que pasa gran parte de su día pegada a una silla, en muchos casos por estar trabajando, en trayectos en coche o descansando en el sofá, siendo el sedentarismo una auténtica rutina en la vida de muchas personas. Hasta ahora sabíamos que era perjudicial, pero ahora la ciencia ha puesto números exactos a cómo el sedentarismo ininterrumpido influye en nuestra salud, y lo más importante es que se ha visto que no sirve con ir compensándolo.
Con un reloj. Un nuevo estudio publicado en PLOS analizó los datos de 91.292 personas del UK Bank, y a diferencia de otros estudios epidemiológicos que confían en cuestionarios rellenados por los propios participantes, aquí usaron la acelerometría. Es decir, durante años han monitorizado el movimiento físico de todas estas personas gracias a sensores de actividad en la muñeca.
Tras un seguimiento medio de 12,38 años, los investigadores no solo midieron el tiempo total de inactividad, sino cómo se distribuía a lo largo del día. Y ahí es donde entra el verdadero enemigo para nuestra salud, que son los bloques de tiempo ininterrumpido.
Hay que levantarse. El hallazgo central del estudio no penaliza tanto el simple hecho de sentarse, sino el hacerlo de forma continuada. Los investigadores concluyeron que cada hora adicional de comportamiento sedentario prolongado, entendido como periodos de 30 minutos o más sin levantarse en ningún momento, se asocia a un aumento del 10% en el riesgo de mortalidad por cáncer.
Es decir, pasar largas jornadas laborales sin movernos absolutamente nada no sale gratis a largo plazo.
La solución. Afortunadamente, los resultados también muestran que el cuerpo humano es increíblemente agradecido cuando rompemos ese estatismo. Mediante modelos estadísticos de sustitución de tiempo, el estudio calculó qué ocurre cuando cambiamos los periodos prolongados en la silla por distintas “dosis” de actividad física diaria.
Por poner un ejemplo, sustituir una hora al día de sedentarismo prolongado por actividades de baja intensidad como caminar a paso normal o realizar tareas domésticas reduce el riesgo un 12%. Pero si vamos más allá, cambiar apenas 30 minutos de sedentarismo ininterrumpido por una actividad física moderada reduce el riesgo un 8%.
Lo más importante. Se ha visto que la sustitución más eficiente requiere muy poco tiempo, ya que cambiar el tiempo sedentario por tan solo cinco minutos al día de actividad física vigorosa reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un asombroso 22%.
La regla de oro. Como es habitual al analizar la literatura médica, y como los propios autores y expertos independientes subrayan, debemos leer la letra pequeña. Al tratarse de un estudio observacional, los datos muestran una fuerte asociación estadística, pero el diseño en sí mismo no puede demostrar una causalidad estricta y absoluta, quedando expuesto a ciertos sesgos, como que los voluntarios del UK Biobank suelen tener un perfil basal más sano que la media poblacional.
Sin embargo, esta investigación no llega al vacío ya que es tremendamente consistente con la evidencia científica previa y le da robustez a lo que ya sospechábamos. En 2022, un metaanálisis y revisión paraguas ya advertía sobre la solidez de la relación entre sedentarismo y el riesgo oncológico. Y a un nivel más cercano, un estudio del Instituto de Salud Carlos III en 2024 confirmó en población española que sustituir apenas una hora a la semana de tiempo sentado por actividad física lograba reducir la mortalidad general.
Los expertos. Nabil Djouder, jefe del grupo Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en declaración a SMC apuntaba que este estudio “refuerza la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual”.
Imágenes | Vitaly Gariev
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
Hay un montón de gente sustituyendo el aceite de las tostadas de jamón por café con naranja. Y, por raro que parezca, tiene sentido
“Os empeñáis en echarle aceite de oliva a nuestra tostada de jamón ibérico y esto es como si a una tarta de chocolate le echas azúcar por encima”. Víctor Sanchego no lo sabía, pero con esas palabras estaba a punto de poner a miles de personas a prepararse el desayuno más raro que hemos visto en mucho tiempo.
¿Cómo que no hay que echarle aceite al jamón? El argumento de Sanchego es que “la grasa del jamón ibérico contiene más de un 60% de ácido oleico, el mismo componente del aceite de oliva virgen extra”. Por ello, como ocurre en una perfumería cuando llevamos ya varias colonias, al mezclar aceite y jamón a la vez nuestras papilas gustativas se saturan.
“En vez de ayudarle a potenciar el sabor, lo está restando”, dice el jamonero.
La realidad, por supuesto, es más compleja. La idea general es cierta para el jamón ibérico: añadirle aceite (sobre todo, si es uno intenso y complejo) emborrona el perfil de sabor y, efectivamente, puede sobresaturar el bocado. Esto, no obstante, no ocurre con el resto de jamones ni con el resto de aceites.
Es, por decirlo de alguna forma, un caso límite.
Y uno bien conocido, además. Lo normal cuando hablamos de jamón ibérico, de hecho, es que se recomiende disfrutarlo solo o con un acompañamiento que limpie el paladar, como un trozo de pan neutro. Nadie suele proponer comerse un plato de jamón con un vasito de AOVE al lado.
Lo llamativo de todo esto no es eso. Lo llamativo es lo del café con ralladura de naranja. Porque Víctor Sanchego no propone comer el jamón con pan blanco, nada de eso. Él propone embadurnar el pan en una mezcla de café solo con piel de naranja, tostarlo y, ahora ya sí, ponerle el jamón ibérico encima.
Es algo raro, sí; pero tampoco podemos definirlo como una locura. Decíamos antes que lo idóneo es comer el ibérico con algo que ‘limpie el paladar’ y la idea de Sanchego va directamente ahí: el café por sus cualidades secas e intensas permite realzar las propiedades organolépticas de nuestro jamón.
¿Es la decisión más interesante? Pues la verdad es que no sabría decirlo. A nivel teórico, podría haber decenas de combinaciones similares que encajaran mejor con nuestro repertorio organoléptico habitual; pero sin lugar a dudas es audaz y muchos de los que lo prueban (en redes sociales) están encantados con el resultado.
Y eso, sin lugar a dudas, es una buena noticia. No por el jamón, ni por el café, ni por la ralladura de naranja. Es una buena noticia porque el talibanismo culinario es una práctica que empobrece enormemente nuestra comprensión de la alimentación. Y nos limita sin motivo.
Estar abiertos a ‘jugar’ con productos tan icónicos como el jamón ibérico es síntoma de una madurez gastronómica que, bien usada, nos puede ayudar a resolver de forma mucho más sencilla los grandes problemas de la seguridad alimentaria del siglo.
Imagen | Stephan Coudassot | Nathan Dumlao
Una versión de este tema se publicó en 2025
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
Hemos encontrado un excremento fosilizado y ahora sabemos que en el desierto más árido de Asia hace 4.000 años había un bosque
China tiene unos cuantos desiertos, pero hay uno que destaca por su aridez: en la cuenca del Tarim, en el noroeste de China, la lluvia ronda los 20 milímetros al año. Viendo un paisaje de dunas y rocas tan yermo que parece lunar, cuesta pensar que allí hace 4.000 años había ríos, humedales y bosques de álamos. Y sin embargo, como acaba de demostrar un estudio, lo había. La clave de todo estaba en la gente que vivía allí en la Edad de Bronce. Más concretamente, en los excrementos fosilizados de sus animales y los restos de carbón de sus hogueras.
El hallazgo. El equipo de investigación analizó coprolitos de múltiples especies de animales procedentes de yacimientos de la cultura Xiaohe y también carbón vegetal remanente de sus hogueras. A partir de aquí obtuvieron dos datos de forma directa: qué árboles usaban como combustible y qué comían sus animales. O lo que es lo mismo: qué plantas y árboles había en la zona. Lo que está claro es que de todo desierto en la Edad del Bronce, nada.
Por qué es importante. El equipo de investigación propone que esa comunidad prehistórica practicaba ya un modo de vida sedentario desde las fases tempranas de ocupación de esa zona, lo que incluye ganadería. Los recursos que ofrecía ese humedal (pesca, plantas acuáticas, pastos), eran suficientes para mantener ese poblado en ese territorio, sin necesidad de agricultura.
Desde un punto de vista ambiental, estudio proporciona información de primera mano de cómo era el paisaje del Tarim hace cuatro mil años, antes de que la aridificación transformara la región. El Tarim se ha caracterizado por un clima extremadamente seco desde principios del Plioceno, si bien durante el Holoceno experimentó frecuentes fluctuaciones entre periodos secos y húmedos. Esta información es esencial para modelar el cambio climático del pasado y así poder predecir mejor posibles cambios en Asia Central.
Contexto. La cultura Xiaohe ocupó la cuenca del Tarim entre 2050 y 1350 a. C. y la conocemos sobre todo por sus momias, halladas en el desierto durante el siglo XX con peculiares atuendos de lana y cuero. Sin embargo, sabíamos más de cómo enterraban a sus muertos que de cómo era su organización, relación con el medio ambiente y su economía.
En detalle. El análisis desveló que el 54% de los carbones identificables correspondía a álamos y sauces y el 18% a tamariscos, todos ellos flora propia de bosques de riberas de ríos. Estas especies son de rápido crecimiento y se regeneran con facilidad, lo que sugiere que la comunidad explotó el bosque de forma más o menos sostenida durante siglos. Considerando los escasos álamos que quedan, el equipo propone que el paisaje estaba organizado en tres zonas: el bosque ribereño, matorral al borde del río y más allá, el desierto.
Los restos de heces conservaron granos de polen y fitolitos que permitieron reconstruir tanto la dieta del ganado como la naturaleza del paisaje: el 83% de todo ese polen procedía de la enea, una planta acuática que históricamente se ha usado como alimento, fibra y hasta como material de construcción. En el caso de las cacas de oveja, el porcentaje subía hasta el 99%, una cifra tan alta que el equipo explica que probablemente sea porque los animales ingerían el polen al beber agua cargada de este o al respirar el aire durante la floración.
Sí, pero. La primera limitación a considerar es que no siempre puede saberse con certeza de qué animal procede cada excremento y eso no es un asunto baladí: no saber diferenciar entre una oveja, una cabra o un camello puede ser un gran condicionante sobre su uso. Por otro lado, la gran presencia de polen de enea puede ser engañoso: esta planta produce grandes cantidades y resiste bien la degradación, por lo que el paisaje real podría haber tenido más diversidad de la que los datos sugieren. La pregunta que sigue aún sin resolver es si la gente de Xiaohe cultivaba alimentos desde el principio o no. La evidencia actual sugiere que no, pero no encontrarlas no significa que no existieran.
ues de anuncios individuales.
Source link
-
Actualidad1 día agocómo la tecnología china ha pasado de ser sinónimo de barata y mala a premium
-
Musica1 día agoConciertos en Guadalajara: El soundtrack de julio
-
Deportes22 horas agoSheinbaum desea suerte al Tri ante Inglaterra; autoridades alertan por aglomeraciones y piden evitar riesgos
-
Musica2 días agoConoce quién inspiró “Hasta que te conocí”, himno de México en el Mundial 2026
-
Actualidad1 día agoEl Rin se está quedando sin agua por las olas de calor. Y eso es un desastre logístico y energético para Europa
-
Actualidad21 horas agoHe pasado un mes jugando frente a un monitor curvo de 52 pulgadas. Y ahora lo quiero pero no solo para jugar
-
Musica19 horas agoLFT: ¿Te pueden prohibir escuchar música en el trabajo?
-
Actualidad2 días agoHe elegido a los automóviles como símbolo de extrema libertad para el hombre





