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quiere conectar todo el tráfico como ya hacen en China
La baliza V16 conectada se convierte en obligatoria el próximo 1 de enero, pero la DGT ya deja entrever que este dispositivo sería solo la primera pieza de un proyecto mucho más ambicioso. El director del organismo, Pere Navarro, adelantó en una entrevista en Espejo Público que pronto llegarán “los conos conectados” y otros elementos de señalización inteligente.
Y eso tiene todo el sentido, pues al final el objetivo no es más que minimizar el riesgo de accidentes a través de una red de tráfico interconectada. Algo similar a lo que ya ocurre en otros países como China, Singapur, Japón o Corea del Sur, entre otros.
Una red de tráfico totalmente conectada. Si insistimos en el ejemplo de China, aplicaciones como Amap, su equivalente a Google Maps, permiten que los conductores conozcan cuántos segundos faltan para que un semáforo cambie a verde. Allí tienen toda su infraestructura viaria conectada. Los semáforos, las cámaras de tráfico y los propios vehículos forman parte de un ecosistema digital que tiene la intención de mejorar el tráfico y reducir los accidentes.
Europa, y en concreto España con la DGT al frente, parece mirar hacia ese modelo como referencia a largo plazo.
La plataforma DGT 3.0 como cerebro del sistema. Detrás de la baliza V16 conectada está DGT 3.0, la plataforma digital que actúa como centro neurálgico de toda esta red inteligente. Cuando un conductor activa su baliza tras una avería o accidente, el dispositivo envía su posición a través de redes IoT en aproximadamente 100 segundos. Esa información llega a DGT 3.0 y, desde allí, se distribuye automáticamente a paneles informativos en carretera, aplicaciones de navegación y otros vehículos conectados.
Pere Navarro insiste en que el sistema no recopila datos personales: “Cuando tú compras la baliza, no se te pide ningún dato. Ni siquiera sabemos la matrícula del vehículo”. “la DGT no quiere saber dónde estás en cada momento, no se han creado las balizas para eso”, según declaró en Antena 3.
Los conos inteligentes, siguiente paso. Navarro confirmó que tras la V16 llegarán los conos conectados, pensados para informar sobre trabajadores en la vía, pruebas deportivas, manifestaciones o transportes especiales. Estos conos funcionarán con la misma lógica: al activarse, enviarán su ubicación a DGT 3.0 para que el resto de conductores reciban avisos antes de llegar al punto conflictivo.
El objetivo es ganar tiempo de reacción y evitar situaciones de riesgo. La idea es que estos conos también puedan ayudar a gestionar mejor el tráfico durante eventos que requieran cortes de carretera, permitiendo desviar a los vehículos por rutas alternativas de forma más eficiente.
La señal V-27, aviso dentro del coche. Otro elemento que forma parte de esta red conectada es la señal V-27, un triángulo con una exclamación y tres rayas que simbolizan conectividad. Esta señal aparece directamente en el cuadro de instrumentos de los vehículos compatibles cuando DGT 3.0 detecta una incidencia cercana, ya sea por la activación de una baliza V16 o por cualquier otro motivo que el organismo considere peligroso.
Eso sí, solo funciona en coches conectados cuyos fabricantes o proveedores de servicios estén dados de alta en el Punto de Acceso Nacional de Información de Tráfico y Movilidad. En carreteras secundarias, donde no hay paneles luminosos, este sistema puede marcar la diferencia al alertar con antelación sobre peligros que de otro modo pasarían desapercibidos.
Hacia el coche autónomo. Si la DGT conoce en todo momento dónde están los vehículos averiados, los conos de obra, los semáforos inteligentes y las cámaras de vigilancia, será mucho más sencillo contar con un sistema eficaz de prevención de accidentes. Para la DGT, la conectividad es una solución para eliminar riesgos innecesarios, como salir del coche para señalizar una emergencia. De ahí a que los sistemas sean realmente eficaces está aún por ver.
Pero además de ello, toda esta información puede sentar las bases para la llegada del coche autónomo. Y es que estos coches necesitan precisamente eso: información detallada y en tiempo real de todo lo que ocurre en la carretera.
Flexibilidad. Pere Navarro dejó claro que no habrá campañas masivas de sanciones durante 2026 con todo el tema de la baliza V-16. “El objetivo no es multar, el objetivo es una mejora en la seguridad vial”, afirmaba en la entrevista. El director del organismo aseguró que los agentes aplicarán un criterio flexible mientras los conductores se adaptan al nuevo sistema, priorizando la información sobre la sanción inmediata.
Imagen de portada | DGT
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El mayor tabú militar japonés tras la Segunda Guerra Mundial acaba de saltar por los aires. China y Corea del Norte tienen la culpa
En 1945, Japón salió de la Segunda Guerra Mundial con una nueva Constitución que, en la práctica, le impedía volver a tener portaaviones ofensivos. Ocho décadas después, uno de sus mayores buques vuelve a prepararse para operar cazas de combate desde cubierta junto a los Marines estadounidenses.
Japón deja atrás sus límites históricos. Japón está entrando en una fase militar que durante décadas evitó describir abiertamente. El “Kaga”, oficialmente clasificado como destructor portahelicópteros, operará en junio cazas furtivos F-35B del Cuerpo de Marines estadounidense en ejercicios conjuntos que acercan definitivamente al país a una capacidad de portaaviones ligera.
El gesto es mucho más importante de lo que parece porque rompe una barrera política e histórica profundamente arraigada desde la Segunda Guerra Mundial: la idea de que Japón debía limitar estrictamente sus capacidades ofensivas. Tokio sigue evitando el término “portaaviones”, pero la realidad operativa empieza a parecerse cada vez más a una aviación embarcada clásica.
El Kaga y un regreso. La transformación del “Kaga” y de su gemelo “Izumo” lleva años en marcha, pero ahora entra en la fase verdaderamente decisiva: operar aviones de combate de quinta generación desde cubierta en condiciones reales. Los ejercicios previstos con los F-35B estadounidenses incluirán maniobras “cross-deck”, donde aeronaves de los Marines despegan y aterrizan desde un buque japonés.
Todo esto exige modificaciones profundas en la cubierta, resistencia térmica para soportar los aterrizajes verticales y nuevos procedimientos coordinados entre pilotos, marinos y personal técnico. Aunque Japón ha colocado los F-35B bajo control de su Fuerza Aérea y no de la Armada, la práctica acerca enormemente al país a disponer de pequeños portaaviones plenamente funcionales.

Un F-35B del Cuerpo de Marines de EEUU aterriza a bordo del Kaga durante ejercicios de entrenamiento en 2024
China y Corea del Norte detrás. El gran motor de esta transformación es el deterioro del entorno estratégico en el Indo-Pacífico. China multiplica su presión naval alrededor de Taiwán y el mar de China Oriental mientras Corea del Norte mantiene una capacidad constante de desestabilización militar. En ese contexto, Tokio necesita dispersar su capacidad aérea y reducir la dependencia de bases terrestres vulnerables.
Ahí entra el F-35B: un caza capaz de despegar en distancias muy cortas o aterrizar verticalmente desde cubiertas relativamente pequeñas. Para Japón, esto ofrece una flexibilidad enorme en un archipiélago repleto de islas y largas distancias marítimas. Cada buque convertido amplía el número de plataformas desde las que el país puede proyectar poder aéreo.
EEUU como acelerador. La implicación directa del Cuerpo de Marines estadounidense deja claro hasta qué punto Washington está actuando como acelerador de la transformación militar japonesa. Los Marines ya realizaron los primeros aterrizajes históricos sobre el “Izumo” en 2021 y desde entonces han acompañado prácticamente todas las fases del programa.
El “Kaga” incluso viajó a Estados Unidos para pruebas específicas con F-35B y ya ha operado junto a aeronaves británicas y estadounidenses vinculadas al portaaviones HMS “Prince of Wales”. Más que simples maniobras, estos ejercicios sirven para integrar doctrinas, logística y procedimientos aliados en un posible escenario de crisis regional.
El Indo-Pacífico se llena. El cambio también refleja una tendencia más amplia: la proliferación de portaaviones ligeros y buques capaces de operar F-35B en toda la red de aliados de Estados Unidos. Reino Unido, Italia, Corea del Sur y potencialmente España siguen caminos similares para mantener aviación embarcada sin necesidad de gigantescos superportaaviones nucleares.
El F-35B se ha convertido así en la pieza central de una nueva generación de marinas medianas capaces de proyectar poder aéreo desde plataformas relativamente compactas. Japón encaja perfectamente en ese modelo, especialmente en un escenario donde la guerra en el Pacífico podría obligar a dispersar aviones, municiones y combustible por múltiples puntos móviles.
La verdadera prueba empieza ahora. Hasta ahora, gran parte del programa japonés había sido todavía experimental o simbólico. La verdadera prueba empieza con operaciones regulares, despliegues largos y capacidad de sostener cazas furtivos en cubierta durante semanas. Ahí es donde se medirá si el “Kaga” deja definitivamente de ser un “destructor portahelicópteros” para convertirse, en la práctica, en un portaaviones ligero plenamente operativo.
Y también ahí se percibe el cambio más profundo: Japón está dejando atrás poco a poco la cultura militar defensiva de posguerra para adaptarse a un Indo-Pacífico cada vez más militarizado, competitivo e imprevisible.
Imagen | Hunini
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El desayuno que arruina tu energía en la oficina es el mismo que salva a un ciclista: la paradoja de las "calorías vacías"
La vida tan atareada y estresada que llevamos buena parte de la sociedad puede hacer que por las mañanas la falta de tiempo haga que el desayuno se resuelva rápidamente con un café acompañado de unas cuantas galletas o un bollo. Algo que es sabido por muchos que no es sano, pero el reloj apretando por detrás hace difícil sacar tiempo para hacer unas tostadas con algo saludable encima. Sin embargo, con este desayuno rápido hay un problema: la energía acaba cayendo en pocas horas.
Las calorías vacías. Un término que cada vez se escucha más para hacer referencia a esos alimentos más procesados como la bollería, las galletas o cualquier dulce que comemos. Y aquí está puesto el gran debate, y plantea muchas preguntas sobre su utilidad y si de verdad comemos alimentos que no sirven para nada a corto plazo más allá de engordar.
Una montaña rusa. Para entender qué ocurre en nuestro cuerpo a las 8:00 de la mañana cuando ingerimos un café y cuatro galletas, hay que fijarse en la bioquímica de la digestión. Y es que la bollería industrial o las galletas están compuestas principalmente por harinas refinadas y azúcares libres. Esto es un problema porque, al carecer de fibra, proteínas o grasas saludables de calidad, el cuerpo no tiene que hacer un gran esfuerzo para digerirlas. Es decir, se descomponen a una alta velocidad en el tracto intestinal y pasan a la sangre en forma de glucosa casi de golpe.
En términos energéticos, es el equivalente a intentar calentar una casa encendiendo un fuego con hojas de papel de periódico: arde rapidísimo, genera una llamarada intensa, pero se apaga a los pocos minutos.
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No hay que demonizar a la glucosa porque es fundamental como combustible para nuestro organismo y sobre todo para el cerebro. Sin embargo, este pico de azúcar que se produce por el consumo de estos productos u otros que suponen un gran desembarco de glucosa en sangre obliga al páncreas a segregar una gran cantidad de insulina de golpe para retirar el exceso de azúcar en sangre hacia el músculo o hacia el tejido adiposo.
El resultado aquí es una bajada drástica de glucosa apenas un par de horas después de haber ingerido estos alimentos, lo que provoca un hambre voraz u cansancio que hace que necesitemos comer nuevamente para tener azúcar en nuestro cuerpo.
Un continuo de azúcar. En el caso de que se haga un desayuno más pausado con alimentos mucho más variados, saludables y ricos en fibra, esto no ocurre. Cuando hay una buena cantidad de fibra, el aparato digestivo tiene que invertir más tiempo en procesar los alimentos y, por tanto, el caso de la glucosa al torrente sanguíneo es más pausado y mantenido en el tiempo. Esto hace que se tenga una energía ‘más mantenida’ a lo largo de toda la mañana sin sentir el clásico ‘bajón’ a media mañana.
No siempre es malo. Aunque en muchas ocasiones se trata de demonizar a estas calorías vacías por no contar con nutrientes de calidad, a veces es necesario tener un plus de energía rápida sin pensar en la fibra o las vitaminas que puedan presentarse. Esto es algo que vemos en el mundo del deporte, donde una chocolatina hiperazucarada o una galleta puede obrar un milagro cuando se está en el kilómetro 80 de una etapa, subiendo un puerto o cuando acecha la temida ‘pájara’.
En ese contexto de alto rendimiento deportivo, la fibra o las grasas serían un estorbo, ya que ralentizarían el vaciado gástrico, robando sangre de las piernas para enviarla al estómago y provocando pesadez o problemas gastrointestinales. Ese pico de glucosa que en una oficina te provoca letargo a las dos horas, en la bicicleta se quema inmediatamente en el músculo como combustible de alto octanaje, permitiendo mantener la intensidad.
Imágenes | Bayu Syaits
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El desayuno que arruina tu energía en la oficina es el mismo que salva a un ciclista: la paradoja de las “calorías vacías”
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José A. Lizana
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Ni drones, ni francotiradores. Los cazadores de jabalíes en Barcelona tienen un remedio natural más sencillo: una receta casera
En 2022, un jabalí irrumpió en una terraza de Cadaqués y se llevó varias bolsas de comida delante de decenas de turistas que lo grabaron con el móvil mientras el animal caminaba entre mesas como si llevara años viviendo allí. Para muchos vecinos fue la confirmación definitiva de que los jabalíes ya no estaban entrando ocasionalmente en las ciudades: empezaban a comportarse como un habitante más.
Barcelona y la guerra imposible. Lo contamos hace unos días. Barcelona lleva años intentando contener la expansión de los jabalíes con campañas sanitarias, controles de población, vigilancia forestal y protocolos cada vez más sofisticados. Sin embargo, los animales siguen avanzando calle a calle desde Collserola hasta el corazón urbano de la ciudad. El último episodio ha resultado especialmente simbólico: un ejemplar apareció hurgando tranquilamente entre contenedores de basura en la calle Casanova, cruzando por primera vez la frontera psicológica de la Gran Via y acercándose al Raval.
La imagen resume perfectamente el problema de fondo. Mientras administraciones y técnicos despliegan dispositivos complejos para controlar la peste porcina africana y vaciar zonas boscosas enteras, los jabalíes continúan entrando en Barcelona atraídos por algo muchísimo más básico: comida fácil, basura acumulada y desperdicios urbanos convertidos en un buffet nocturno permanente.
La ciudad como nuevo ecosistema salvaje. El caso del Eixample refleja hasta qué punto el jabalí ha dejado de comportarse como un animal estrictamente forestal. Vecinos de la zona llevaban semanas denunciando contenedores saturados, restos de comida esparcidos por la calle y una acumulación constante de suciedad que atraía ratas y otras plagas. El jabalí simplemente terminó ocupando el último escalón de esa cadena alimentaria urbana.
La paradoja es que, pese a los miles de ejemplares capturados y sacrificados alrededor de Collserola para contener la peste porcina, la ciudad sigue ofreciendo exactamente lo que estos animales necesitan para perder el miedo al entorno humano: acceso sencillo a comida y ausencia de depredadores. El resultado es una especie cada vez más habituada al tráfico, las luces y los barrios densamente poblados, capaz de atravesar media Barcelona durante la madrugada con absoluta normalidad.
El verdadero secreto sigue siendo el olor. Lo más llamativo es que, mientras Barcelona despliega protocolos sanitarios, controles forestales y campañas institucionales, muchos cazadores llevan años utilizando métodos muchísimo más rudimentarios para atraer jabalíes. El éxito viral de recetas caseras basadas en anís, maíz fermentado, refrescos azucarados o mezclas dulces demuestra hasta qué punto el comportamiento del animal sigue guiándose por impulsos extremadamente simples.
El fuerte olor del anís pulverizado sobre cereal o el aroma ácido de la fermentación actúan como un imán para los jabalíes, que localizan rápidamente cualquier fuente calórica fácil. Esa lógica explica también lo que ocurre en Barcelona: al final, la tecnología importa menos que la capacidad de controlar el acceso a residuos orgánicos. La ciudad puede desplegar vigilancia, sacrificios sanitarios y restricciones de movilidad, pero mientras existan puntos donde la basura rebose y los desperdicios se acumulen, seguirá ofreciendo exactamente el mismo estímulo que esos cebaderos improvisados usados en el monte.
La fauna alterando a una gran ciudad. Contaba el fin de semana El Mundo que la expansión del problema ya empieza a tener consecuencias que van mucho más allá de la convivencia vecinal. El brote de peste porcina africana detectado en jabalíes catalanes ha obligado a activar restricciones sanitarias que incluso han terminado afectando al rodaje de grandes producciones internacionales. La película The Last Druid, protagonizada por Russell Crowe, tuvo que paralizar parte de su producción en Sant Cugat debido a las limitaciones impuestas en áreas forestales cercanas al foco sanitario.
El episodio ilustra hasta qué punto la sobrepoblación de jabalíes ha dejado de ser un problema estrictamente ambiental o agrícola para convertirse en un fenómeno con impacto económico, urbano y logístico. Lo que comenzó como la presencia ocasional de animales en los límites de Collserola está empezando a interferir incluso en actividades industriales y culturales vinculadas al territorio.
Convivencia cada vez más difícil. El gran problema para Barcelona es que todo apunta a que esta situación no es temporal. Los jabalíes se adaptan con enorme rapidez a los entornos urbanos porque encuentran alimento constante, menos presión cinegética y refugios relativamente seguros en parques, descampados y zonas verdes periféricas. Al mismo tiempo, las ciudades generan enormes cantidades de residuos accesibles cada noche.
La combinación es explosiva: animales cada vez más confiados entrando en barrios densamente poblados mientras las administraciones intentan equilibrar control sanitario, bienestar animal y seguridad ciudadana. Y ahí aparece la gran ironía de toda la historia. Después de campañas masivas, dispositivos forestales y protocolos complejos, la batalla contra los jabalíes sigue girando alrededor de algo muy antiguo y elemental: el olor de la comida.
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En Xataka | El plomo tiene los días contados en la caza. El problema es que nadie sabe muy bien cómo sustituirlo
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