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lo que ocurre cuando un Cabernet envejece 20 años
Una botella que ha pasado dos décadas en una bodega sale de la penumbra y se posa sobre la mesa con el cuidado que se reserva a aquello que ha sido esperado durante años. No es solo vidrio y etiqueta: es tiempo contenido, decisiones tomadas mucho antes de que el mundo fuera el que es hoy. Antes incluso de descorcharla, la pregunta se impone: ¿qué ha ocurrido ahí dentro durante 20 años?
El vino tiene fama de mejorar con la edad, pero el mito se sostiene sobre una excepción. Como recuerda la enóloga y crítica Jancis Robinson en su columna para el Financial Times, menos del 10% del vino que se produce en el mundo está realmente diseñado para envejecer. Precisamente por eso, guardar una botella durante dos décadas no es un gesto romántico, sino una apuesta técnica, química y, en parte, arriesgada. Entender cómo sucede es comprender la verdadera ciencia de la paciencia.
El mito de que mejora con los años. Desde fuera, lo primero que delata el paso del tiempo es el color. Un Cabernet Sauvignon joven suele ser opaco, violáceo, casi negro. Tras veinte años, explica Robinson, ese color se ha ido aclarando y aparecen tonos granate, rubí e incluso matices teja en el borde de la copa. No es una señal de decadencia, sino de transformación. El vino ha perdido parte de sus pigmentos originales porque estos han reaccionado entre sí y con el oxígeno a lo largo de los años.
En la boca ocurre algo similar. El Cabernet Sauvignon nace con taninos potentes, ásperos, que secan la boca. Durante el envejecimiento, esos taninos se suavizan, el vino pierde agresividad y gana complejidad. Aparecen sedimentos en la botella, resultado físico de reacciones químicas acumuladas durante décadas. Según Robinson, el gran interrogante de todo vino pensado para envejecer es si tendrá suficiente fruta, acidez y estructura para sobrevivir a ese proceso. Cuando lo logra, el resultado no es un vino más intenso, sino más sutil, más profundo y, paradójicamente, más frágil. Por ese motivo, si el Cabernet Sauvignon se ha convertido en un candidato privilegiado para este viaje no es casualidad. Su combinación natural de taninos abundantes, acidez suficiente y capacidad antioxidante lo convierte en una de las pocas variedades capaces de dialogar con el tiempo durante décadas sin colapsar prematuramente.
Mirando con el microscopio. El envejecimiento del vino es cualquier cosa menos pasivo. Diversas publicaciones científicas, como la revisión Bottle Aging and Storage of Wines en la revista Molecules, explican que el protagonista principal es el oxígeno. En cantidades mínimas, el oxígeno entra lentamente en la botella a través del corcho y desencadena una serie de reacciones químicas controladas. Entre ellas, la polimerización de los taninos: moléculas pequeñas y agresivas se unen entre sí formando estructuras más grandes, percibidas por nuestro paladar como más suaves y sedosas.
Al mismo tiempo, los compuestos responsables del color —especialmente los antocianos— se combinan con taninos y otros fenoles. Estudios como el publicado en Foods, centrado en la evolución química de vinos tintos durante el envejecimiento, muestran cómo estos compuestos disminuyen con el tiempo y dan lugar a nuevos pigmentos más estables. En paralelo, los aromas primarios de fruta fresca se transforman en lo que la divulgadora Rana Masri describe en The Grape Grind como aromas terciarios: tabaco, cuero, bosque húmedo, caja de puros. No aparecen de la nada; son el resultado de décadas de reordenación molecular, lenta e irreversible.
El destino final del vino. El envejecimiento no depende solo del vino, sino también de su entorno. Las condiciones de guarda —temperatura estable, oscuridad, humedad y ausencia de vibraciones— son fundamentales. Un vino guardado a 14 ºC durante veinte años no envejece igual que uno sometido a cambios bruscos de temperatura. El tiempo, en el vino, necesita calma para trabajar bien.
Además, el estudio Wine aging: a bottleneck story ha demostrado que la entrada de oxígeno no ocurre solo a través del corcho, sino también en la interfaz entre el corcho y el cuello de la botella. Esto explica por qué dos botellas del mismo vino, del mismo lote, pueden evolucionar de forma distinta. El envejecimiento, incluso en condiciones ideales, no es completamente controlable. Como recuerdan en la página especializada Wine Folly, la acidez, el equilibrio alcohólico y la concentración de taninos determinan si un Cabernet está preparado para una larga vida o si colapsará antes de tiempo. Envejecer vino no es una garantía de mejora, sino una negociación constante con el fracaso.
No será lo mismo abrir una botella. Después de veinte años, un Cabernet Sauvignon no es simplemente un vino más viejo. Es el resultado de miles de microdecisiones: del viticultor, del enólogo, del tipo de cierre, de la bodega y, finalmente, del coleccionista que decidió no abrirlo antes. La ciencia explica gran parte del proceso, desde la polimerización de los taninos hasta la lenta oxidación controlada, pero siempre queda un margen de misterio. El vino envejece, pero también arriesga.
Quizá por eso, como apunta Jancis Robinson con cierta ironía, muchas bodegas y coleccionistas se enfrentan al mismo dilema, saber cuándo dejar de esperar. Porque el vino, por muy fascinante que sea su viaje molecular, no está hecho para ser eterno. Está hecho para ser bebido. Y, a veces, el mayor acto de sabiduría no es guardar la botella otros diez años, sino descorcharla y aceptar que la paciencia, al fin y al cabo, tenía un destino líquido.
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LEGO era uno de los últimos refugios del juego analógico. Acaba de abrir la puerta a sensores, luces y sonido en sus ladrillos
LEGO ha coqueteado con la electrónica antes, pero su promesa más estable siempre fue otra: que el ladrillo clásico no necesitaba nada para convertirse en cualquier cosa. Durante décadas, ese principio sostuvo un refugio casi intacto frente a la digitalización del juego infantil, sin pantallas ni sensores, con la imaginación como único motor. Por eso el paso que acaba de dar la compañía no es menor. Introducir detección de movimiento, luces y sonido en el propio ladrillo toca el corazón del sistema.
El anuncio se produjo en el CES 2026, en Las Vegas, donde LEGO presentó oficialmente su nuevo SMART Play System. La compañía explicó que se trata de una plataforma que introduce nuevos componentes electrónicos en su sistema de construcción para que las creaciones reaccionen con luces y sonidos en respuesta al movimiento y a la interacción. No se presentó como un prototipo, sino como un producto con fecha de lanzamiento y con vocación de plataforma.
El sistema, por piezas. El SMART Play System se apoya en tres elementos que funcionan de manera conjunta. El núcleo es el llamado SMART Brick, un ladrillo 2×4 que actúa como centro de respuesta. A su alrededor entran en juego los SMART Tags, unas piezas que indican al ladrillo qué tipo de objeto o escenario representa, y los SMART Minifigures, figuras capaces de activar comportamientos distintos. LEGO insiste en que no son accesorios independientes, sino partes de un mismo sistema pensado para encajar con el resto de piezas tradicionales.


Sensores, luces y sonido. A diferencia de aproximaciones anteriores basadas en módulos reconocibles, aquí la electrónica vive dentro del propio ladrillo. El SMART Brick integra detección de movimiento mediante acelerómetro, luces capaces de reaccionar al entorno y un sistema de sonido que se activa según la interacción física. No hay pantallas ni controles externos: todo depende de cómo se gira, se desplaza o se golpea la construcción. En su descripción oficial, LEGO también habla de un escáner de reconocimiento de color y de un motor de juego que genera reacciones con luces y sonidos.
Las demos del CES muestran un pastel de cumpleaños capaz de reconocer cuándo se apagan sus velas y reaccionar con una celebración sonora, también un helicóptero que responde al movimiento con efectos de vuelo y cambia de comportamiento al girarse o caer. En esos casos, la interacción no parte de un botón ni de una pantalla, sino del gesto físico.
Fecha de lanzamiento. El despliegue comercial del sistema tiene ya una primera fecha marcada. El estreno llegará en marzo a Estados Unidos, con un set basado en Star Wars como punta de lanza. La elección no parece casual: arrancar con una licencia tan reconocible permite mostrar de forma inmediata las posibilidades del sistema y ver cómo encaja en el uso real antes de dar nuevos pasos.
No es la primera vez. Aunque el SMART Play System introduce la electrónica en un lugar hasta ahora intocable, LEGO lleva años explorando fórmulas híbridas. Desde kits de robótica con sensores, como los LEGO Mindstorms, hasta experiencias de realidad aumentada, la compañía ha ido probando cómo combinar construcción física y respuestas digitales. La diferencia ahora es de enfoque: la tecnología deja de ser un añadido reconocible y pasa a integrarse en el propio lenguaje del sistema de piezas.


Qué dicen algunos expertos. El anuncio no ha sido recibido con entusiasmo unánime. Josh Golin, director ejecutivo del grupo Fairplay, advirtió a la BBC que los Smart Bricks “socavan lo que alguna vez fue genial acerca de los Legos”, al desplazar la iniciativa del niño hacia los sensores. En la misma línea, el profesor Andrew Manches, de la Universidad de Edimburgo, recordó que el valor histórico de la marca ha estado en “la libertad de crear, recrear y adaptar bloques simples para crear historias infinitas.”, y alertó de que la tecnología puede condicionar cómo se juega si no se diseña con cuidado.


Frente a estas críticas, LEGO defiende que la tecnología no sustituye al juego físico, sino que lo amplía. Julia Goldin, responsable de producto y marketing, explicó al medio británico que no ven el mundo digital como una amenaza, sino como una oportunidad para “ampliar el juego físico y la construcción física”.
Un matiz importante. El SMART Play System no implica que todos los sets de LEGO vayan a incorporar electrónica a partir de ahora. De momento, la compañía ha presentado una propuesta concreta, con un primer lanzamiento sin anunciar una expansión inmediata al resto de su catálogo. Qué recorrido tendrá esta tecnología y en qué líneas acabará apareciendo es algo que todavía no está definido. Por ahora, se trata de un despliegue acotado que servirá para comprobar hasta dónde encaja este enfoque dentro del sistema de juego tradicional.
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YouTube ha empezado a llenarse de contenido generado por IA. España aparece en una posición inesperada
Algo ha cambiado de forma perceptible en la experiencia de YouTube. Un análisis reciente apunta a un cambio notable en el tipo de vídeos que se abren paso en el feed, con una presencia elevada de contenidos generados con inteligencia artificial y con España destacando dentro de ese contexto. No hablamos de una moda pasajera ni de creatividad experimental, sino de un patrón que responde a cómo se premia hoy la atención.
Para entender de qué estamos hablando conviene aclarar los términos que se repiten en los estudios. “AI slop” se utiliza para describir vídeos generados de forma automática, con estándares muy bajos y pensados para producirse en masa, priorizando cantidad sobre contenido. “Brainrot” amplía esa idea y engloba piezas que, con o sin inteligencia artificial, buscan retener al espectador a base de estímulos repetitivos y sin narrativa clara. Son etiquetas discutidas, pero útiles para describir un tipo de contenido diseñado ante todo para captar atención.
Cómo se ha medido el fenómeno. Para poner cifras a esta tendencia, Kapwing revisó los 100 canales de YouTube considerados “tendencia” en cada país a través de Playboard y aisló los que identificó como AI slop. A partir de ahí, recopiló datos públicos de visualizaciones, suscriptores e ingresos estimados con Social Blade y los agregó por países. Además, el equipo creó una cuenta nueva de YouTube y revisó los primeros 500 Shorts del feed para observar qué encuentra un usuario sin historial previo.


Qué dicen exactamente los datos sobre España. Al desglosar los resultados por países, España sobresale por un motivo muy concreto. Los canales de este tipo que entran en la categoría de “tendencia” acumulan más de 20 millones de suscriptores, por encima de cualquier otro país analizado. Sin embargo, el número de canales es reducido. El propio estudio señala que esta combinación revela una fuerte concentración de audiencia en pocos perfiles, un factor clave para entender por qué España aparece tan arriba en el ranking.
El análisis comparado muestra que no existe un único patrón global. Hay países que destacan por la cantidad de canales identificados, otros por el número total de visualizaciones y otros por la fidelidad de sus audiencias. Corea del Sur, por ejemplo, concentra una cifra de reproducciones muy superior al resto, mientras que Estados Unidos se sitúa entre los primeros por volumen agregado de seguidores. Esta diversidad refuerza una idea central del informe: el impacto de este tipo de contenido depende tanto del ecosistema local como de cómo responden los algoritmos en cada mercado.


Patrones que se repiten en los vídeos. Al revisar este contenido aparecen fórmulas muy reconocibles: animales con rasgos humanos y estética de dibujo animado, con acabado casi fotográfico, metidos en miniescenas de “cuento” que se entienden en segundos. Los ejemplos suelen tirar de monos bebé que protagonizan situaciones emotivas o exageradas, animales que “salvan” a personas en accidentes imposibles o escenas cotidianas convertidas en fábula, como un gato haciendo la compra en un mercado. The Guardian subraya que muchas piezas prescinden de una narrativa clara y funcionan por impacto inmediato, repetición y familiaridad, tres ingredientes que encajan bien con la lógica del feed.


Por qué este modelo resulta atractivo. Según recoge The Guardian, muchos creadores se acercan a este tipo de contenidos no por afinidad creativa, sino por pura rentabilidad. Las herramientas automáticas reducen costes y permiten probar ideas casi sin límite, mientras que los programas de monetización prometen ingresos difíciles de igualar en otros trabajos locales. El resultado es una lógica de ensayo constante, donde se replica lo que funciona y se descarta lo que no, en un entorno en el que el algoritmo decide más que el autor.


Más allá de quién produce estos vídeos, el impacto se percibe con claridad desde el otro lado de la pantalla. Kapwing creó una cuenta nueva y contabilizó los primeros 500 Shorts del feed: 104 fueron contenidos generados por IA, un 21%, y 165 encajaban en “brainrot”, un 33%. The Guardian resume ese hallazgo como “más de un 20%” de AI slop en la experiencia de un usuario nuevo. El dato no permite describir todo YouTube, pero sí sugiere que este material forma parte del menú inicial que ofrece el algoritmo.
La respuesta oficial y sus límites. YouTube sostivo en declaraciones al mencionado periódico que los vídeos generados con IA deben cumplir las mismas normas que cualquier otro contenido y que actúa cuando se vulneran sus políticas. Sin embargo, la plataforma no ofrece cifras públicas que permitan saber cuántas visualizaciones corresponden a este tipo de materiales ni cómo influyen en el total. Esa opacidad obliga a apoyarse en estudios externos y deja abierta la pregunta de si el algoritmo prioriza estos vídeos o simplemente refleja su proliferación.
Imágenes | Ganes AI official 5286 | Lily Video AI | Dipto Fun Tv | Chispas Aventuras (YouTube) | Kapwing
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si no lo has entrenado antes, tu cerebro va a ignorar cualquier intento de relax
Una situación muy típica (y frustrante) sin duda puede estar en medio de una discusión acalorada, con las pulsaciones a mil y la mandíbula muy apretada. Y justo en este momento alguien suelta el consejo más irritante del mundo: “venga, respira hondo y cálmate“. Lo intentas, pero no solo no funciona, sino que parece que te enfadas más.
Una realidad. No es que seas un caso perdido de la gestión emocional. Es que, según expertos y estudios científicos recientes, la respiración como técnica de auxilio inmediato en un “subidón” de ira es, a menudo, una batalla perdida si no se ha hecho un trabajo previo.
El problema del ‘subidón’. Sonia Díaz Rois, coach especializada en gestión de la ira, es tajante al respecto: intentar respirar para calmarse en pleno pico emocional no funciona porque el cuerpo, en estado de alerta máxima, no reconoce la respiración pausada como una señal de seguridad.
Y es algo que tiene bastante sentido, porque cuando la ira se dispara, entramos en un modo de ‘lucha o huida’. El sistema nervioso simpático toma el mando, el cortisol se dispara y el cerebro prioriza la supervivencia sobre la reflexión. Literalmente toda la maquinaria está activa para poder hacer frente a la ‘amenaza’ que se ha detectado.
Un cambio brusco. Si en este momento de apogeo extremo del organismo queremos frenarlo de golpe con una respiración lenta sin haberlo entrenado antes, el cerebro puede interpretar ese cambio brusco incluso como una amenaza adicional o una obstrucción. De esta manera, lo único que se genera es una sensación de falta de aire que aumentará el agobio que se está teniendo.
Es por ello que la solución ante un enfado no está en apagarlo, sino escucharlo. Pero para que la respiración sea una herramienta útil, antes hay que entrenarlo en los momentos de más calma. Esto es lo que se conoce como crear un ‘ancla’.
Hay respiraciones diferentes. La ciencia tiene una opinión a favor de la necesidad de entrenar este método de relajación cuando no se está enfadado. Pero también ha empezado a distinguir qué técnicas son las más efectivas en estas situaciones de gran estrés. Para ello, un estudio controlado aleatorizado de 2023 comparó diversas técnicas de breathwork con la medicación mindfulness tradicional.
El resultado fue encontrar una técnica muy efectiva para poder mejorar el estado de ánimo por encima de la meditación. Se trata de la conocida como Cyclic Sighing (suspiro cíclico en español). La forma de hacerla es muy sencilla, ya que solo se debe hacer una inhalación profunda seguida de una inhalación corta y una exhalación muy prolongada. De esta manera, aquellos que la practicaban apenas 5 minutos al día mostraban una mayor resiliencia emocional a largo plazo.
Por qué. La neurociencia explica que al prolongar la exhalación (como en la técnica 4-7-8, donde se exhala el doble de tiempo que se inhala), activamos de forma directa el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático, el encargado de “frenar” al organismo.
Gritar o respirar. Durante años, la cultura popular defendió la teoría dela catarsis con frase muy típicas como por ejemplo “suéltalo todo”, “golpea un cojín” o “grita fuerte y di todo lo que piensas”. Sin embargo, no parece lo más adecuado como apunta un estudio publicado en 2024 sobre actividades para gestionar la ira que que lo ha desmentido totalmente.
Y es que su razonamiento tiene bastante lógica. Una actividad de alta activación como por ejemplo el boxeo o literalmente ponerse a gritar tiende a aumentar la excitación más de lo que se debe, y es algo que mantiene o incrementa la agresividad que se está tratando de controlar. Por el contrario, las actividades de baja activación como la respiración profunda o el yoga son las únicas que reducen significativamente la ira.
Incluso en contextos de estrés agudo, como se vio en estudios con pacientes de COVID-19 en 2024, los ejercicios guiados de respiración profunda redujeron drásticamente la ansiedad y el estrés, aunque curiosamente no tuvieron el mismo efecto sobre la depresión.
Entrenar cuando se está bien. La conclusión de los investigadores y de expertos como Díaz Rois es bastante clara: la respiración no es un botón del pánico que se puede pulsar por primera vez en un incendio, sino que es algo que se debe ir entrenando para tenerlo a plena forma en cuando haga falta.
Para ello se debe entrar cuando se está bien, practicando la técnica del suspiro que hemos comentado antes o el conteo de las respiraciones. De esta manera, se le está entrenando al sistema nervioso para que relacione la pauta respiratoria que estamos haciendo con el mensaje de que se está a salvo.
Otros puntos importantes. Además de todo esto, la ciencia tiene bastante claro que la respiración lenta practicada justo antes de un estímulo emocional negativo reduce el impacto de este. Esto es algo que podemos tener presente cuando por ejemplo vamos a entrar a un examen o a un lugar donde pensamos que vamos a estar muy incómodos, donde hacer unas respiraciones antes puede ahorrarnos un mal trago.
Lo que tienes que decir. Con todo esto que hemos comentado, la próxima vez que alguien te diga “respira” mientras estás furioso, recuerda que tiene razón científicamente, pero que para que este truco funcione tienes que pasar por una serie de entrenamientos.
Imágenes | engin akyurt
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