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la fiebre de la IA

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Algo está cambiando en el negocio del bitcoin, y no tiene que ver solo con el precio de la criptomoneda. Mientras la minería se vuelve más exigente y menos rentable, la inteligencia artificial está disparando una carrera por la electricidad y la capacidad de computación. El resultado es una paradoja llamativa: compañías que ven cómo su actividad histórica pierde tracción poseen justo lo que ahora escasea. Infraestructuras, suelo y contratos eléctricos que, de repente, han pasado a valer mucho más de lo esperado. Esta combinación de factores está empezando a reordenar el mapa de la minería cripto.

El sector está transformándose. Más allá de las monedas, el verdadero valor de muchas mineras está en el acceso a electricidad y en la infraestructura ya desplegada. Durante años, estas compañías aseguraron suministro estable, levantaron naves industriales con refrigeración y firmaron contratos de energía que hoy son difíciles de obtener. Wall Street Journal señala que ese conjunto de activos encaja con precisión en las necesidades actuales del sector tecnológico, que busca capacidad inmediata para desplegar computación a gran escala.

Ahora bien, pasar de la minería tradicional a soportar cargas avanzadas no es un simple cambio de máquinas. Los centros orientados a bitcoin están diseñados para un tipo de trabajo muy concreto, mientras que la computación intensiva demanda infraestructuras más sofisticadas y tolerancias mucho menores a fallos o latencias. Esto obliga a actualizar sistemas eléctricos internos, refrigeración y redes, además de reemplazar por completo el equipamiento. El proceso puede ser rentable, pero no es nada trivial, y marca una frontera clara entre las empresas capaces de asumir ese esfuerzo y las que no.

El modelo de hospedaje de infraestructura. En lugar de competir por la compra de chips y asumir su rápida obsolescencia, algunas mineras han optado por alquilar lo que ya controlan. En este modelo, ceden edificios, potencia eléctrica y capacidad de refrigeración a hyperscalers y grandes tecnológicas que instalan su propio hardware. A cambio, firman contratos a largo plazo con ingresos más previsibles y contrapartes con gran capacidad financiera. La lógica es clara: menos exposición a la volatilidad del mercado cripto y un uso más estable de activos que ya estaban en balance, incluso aunque parte de la minería tradicional continúe operativa.

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Uno de los casos más ilustrativos es el de Core Scientific, cuyos centros de datos comenzaron a adaptarse para cargas de inteligencia artificial mucho antes de que en julio de 2025 se anunciara su adquisición por parte de CoreWeave. La compañía ha estado modificando instalaciones diseñadas para la minería de bitcoin con el objetivo de alojar GPUs orientadas a IA, sustituyendo entornos basados en ASIC por infraestructuras más avanzadas. Ese trabajo previo sobre explica por qué estos activos han ganado valor estratégico, al margen del desenlace final de la operación corporativa.

La flexibilidad como ventaja frente a la red. CleanSpark plantea una vía distinta, basada en combinar minería de bitcoin e infraestructura orientada a otros usos. Su argumento central no es solo económico, sino operativo: las mineras pueden aportar flexibilidad a la red eléctrica. Al poder desconectar parte de su consumo en momentos de sobrecarga o inestabilidad, ofrecen una capacidad de ajuste que los centros de datos dedicados a IA no tienen. Según su dirección, esta capacidad se ha vuelto cada vez más demandada por las eléctricas, que buscan grandes consumidores capaces de adaptarse en tiempo real sin comprometer la estabilidad del sistema.

El mercado ha reaccionado con rapidez a este cambio de narrativa. Las acciones de varias compañías vinculadas a la minería han registrado fuertes subidas incluso en un contexto en el que el bitcoin ha mostrado un retroceso. El caso más visible es el del CoinShares Bitcoin Mining ETF, que acumula una revalorización cercana al 90% en el año, impulsada por empresas que han anunciado acuerdos a largo plazo ligados a infraestructura y centros de datos. Para los inversores, el atractivo no está tanto en la criptomoneda como en la posibilidad de transformar un negocio volátil en uno con ingresos más previsibles.

Un giro que no está exento de riesgos. El fuerte apetito por la infraestructura de IA ha reavivado el debate sobre una posible burbuja, alimentada por valoraciones exigentes y planes de inversión muy intensivos en capital. Para las mineras, el salto exige desembolsos relevantes y una ejecución impecable, con el riesgo de quedarse a medio camino si la demanda se enfría. Además, el desplazamiento del foco hacia centros de datos orientados a IA podría reducir la capacidad minera en Estados Unidos, empujando parte de la producción de bitcoin a otros países y alterando el equilibrio geográfico del sector.

Todo parece indicar que no estamos ante un simple cambio técnico, sino ante una reconfiguración más profunda. Algunas mineras están dejando de pensarse como actores ligados exclusivamente al bitcoin para convertirse en propietarios y operadores de infraestructura, mientras otras utilizan la IA como una cobertura frente a un negocio cada vez más exigente. La fiebre de la IA no ha salvado a la minería, pero sí ha abierto un nuevo filón.

En Xataka | Erling Løken Andersen | Amjith S | Igor Omilaev

En Xataka | Algo se está torciendo con la IA. EEUU está recurriendo a soluciones energéticas que creía enterradas para alimentar los data centers

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DeepSeek ya no quiere competir solo con modelos. Su nuevo frente apunta directamente al negocio de NVIDIA, según Reuters

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En poco más de un año, DeepSeek ha dejado de sonar como una rareza de la industria china para convertirse en uno de esos nombres que ya aparecen cada vez que hablamos de la carrera global de la inteligencia artificial. Primero la miramos por sus modelos, por su eficiencia y por la sacudida que provocó más allá de China. Ahora la pregunta empieza a moverse a otro terreno: qué ocurre cuando una empresa que compite en software entiende que la siguiente ventaja puede estar en los chips que hacen posible ejecutar esa IA a gran escala.

El salto al hardware. La información que abre este nuevo frente procede de Reuters. La agencia asegura, citando a tres personas familiarizadas con el asunto, que DeepSeek está desarrollando su propio chip de inteligencia artificial, orientado a tareas de inferencia y no al entrenamiento de nuevos modelos. El matiz técnico lo veremos enseguida, porque cambia bastante la lectura del movimiento. Por ahora, la cautela es obligatoria: DeepSeek no lo ha confirmado públicamente, el proyecto estaría en una fase temprana y la compañía no respondió a la solicitud de comentario de la agencia.

La clave está en la inferencia. La forma más sencilla de entenderlo es pensar en lo que ocurre después del entrenamiento. Una vez construido el modelo, cada pregunta que hacemos y cada respuesta que recibimos exige ponerlo a trabajar de nuevo. No es una operación aislada, sino una rutina que se repite millones de veces si el producto funciona. Por eso un chip pensado para esa fase no apunta tanto al prestigio técnico como a algo más terrenal: hacer que usar la IA salga más barato, sea más rápido y dependa menos de terceros.

El movimiento se entiende mejor si miramos de qué ha dependido DeepSeek hasta ahora. La compañía ha usado chips de NVIDIA y Huawei para entrenar y ejecutar sus modelos, incluida la base que sostuvo R1, entrenada sobre NVIDIA H800, un chip diseñado para el mercado chino cuya exportación a China fue prohibida por Washington a finales de 2023. Desde entonces, DeepSeek se ha apoyado cada vez más en Huawei: en abril lanzó su modelo V4 adaptado a Ascend y Huawei dijo que sus procesadores se usaron en parte del entrenamiento de V4-Flash.

DeepSeek ya no es una nota al pie: hasta hace no tanto, el debate global sobre IA parecía girar casi por completo alrededor de empresas estadounidenses como OpenAI, Google, Microsoft, Meta o Anthropic. DeepSeek cambió parte de esa conversación al demostrar que China también podía producir modelos capaces de circular fuera de su mercado doméstico y obligar a la industria a mirar hacia Hangzhou. Recordemos que la compañía fue ampliamente celebrada en China como campeona nacional de la IA.

La tendencia ya se ve en buena parte del sector. Google lleva años desarrollando sus TPU, Amazon tiene Inferentia para cargas de inferencia, Microsoft cuenta con Maia y Meta trabaja en MTIA. Reuters cita además dos movimientos recientes especialmente cercanos al caso: OpenAI anunció en junio su chip Jalapeño junto a Broadcom, también orientado a inferencia, y Anthropic estaba valorando diseñar sus propios chips. El patrón es bastante claro: las grandes compañías de IA quieren depender menos de proveedores externos y controlar mejor el coste, el rendimiento y la disponibilidad del cómputo que sostiene sus servicios.

El gran obstáculo está en fabricarlo. Diseñar un chip competitivo no es lo mismo que querer tenerlo. Desarrollar un acelerador de IA suele exigir años, mucho capital y una red de socios en diseño, fundición y memoria. Para una empresa china, además, el problema no acaba en el plano técnico: los controles de exportación de EEUU limitan el acceso a las fábricas extranjeras más avanzadas y también a la memoria de alto ancho de banda, un componente clave para este tipo de chips.

Los tiempos cambian. NVIDIA llegó al auge de la IA con una ventaja construida durante décadas: en 1999 lanzó la GeForce 256, presentada por la propia compañía como la primera GPU de la industria, y en 2006 puso en marcha CUDA, la arquitectura que ayudó a llevar el procesamiento paralelo de sus chips más allá de los gráficos. Cuando los modelos empezaron a necesitar cantidades enormes de cómputo, ya tenía el hardware y el ecosistema preparados. Durante años, para buena parte de la industria, competir en IA significó pasar por sus chips. Lo que sugiere el caso DeepSeek, con todas las cautelas, es que esa dependencia empieza a tener grietas.

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En Xataka | Samsung gana 19 veces más que hace un año. Los inversores han reaccionado hundiendo la acción un 7%

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DeepSeek ya no quiere competir solo con modelos. Su nuevo frente apunta directamente al negocio de NVIDIA, según Reuters

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En poco más de un año, DeepSeek ha dejado de sonar como una rareza de la industria china para convertirse en uno de esos nombres que ya aparecen cada vez que hablamos de la carrera global de la inteligencia artificial. Primero la miramos por sus modelos, por su eficiencia y por la sacudida que provocó más allá de China. Ahora la pregunta empieza a moverse a otro terreno: qué ocurre cuando una empresa que compite en software entiende que la siguiente ventaja puede estar en los chips que hacen posible ejecutar esa IA a gran escala.

El salto al hardware. La información que abre este nuevo frente procede de Reuters. La agencia asegura, citando a tres personas familiarizadas con el asunto, que DeepSeek está desarrollando su propio chip de inteligencia artificial, orientado a tareas de inferencia y no al entrenamiento de nuevos modelos. El matiz técnico lo veremos enseguida, porque cambia bastante la lectura del movimiento. Por ahora, la cautela es obligatoria: DeepSeek no lo ha confirmado públicamente, el proyecto estaría en una fase temprana y la compañía no respondió a la solicitud de comentario de la agencia.

La clave está en la inferencia. La forma más sencilla de entenderlo es pensar en lo que ocurre después del entrenamiento. Una vez construido el modelo, cada pregunta que hacemos y cada respuesta que recibimos exige ponerlo a trabajar de nuevo. No es una operación aislada, sino una rutina que se repite millones de veces si el producto funciona. Por eso un chip pensado para esa fase no apunta tanto al prestigio técnico como a algo más terrenal: hacer que usar la IA salga más barato, sea más rápido y dependa menos de terceros.

El movimiento se entiende mejor si miramos de qué ha dependido DeepSeek hasta ahora. La compañía ha usado chips de NVIDIA y Huawei para entrenar y ejecutar sus modelos, incluida la base que sostuvo R1, entrenada sobre NVIDIA H800, un chip diseñado para el mercado chino cuya exportación a China fue prohibida por Washington a finales de 2023. Desde entonces, DeepSeek se ha apoyado cada vez más en Huawei: en abril lanzó su modelo V4 adaptado a Ascend y Huawei dijo que sus procesadores se usaron en parte del entrenamiento de V4-Flash.

DeepSeek ya no es una nota al pie: hasta hace no tanto, el debate global sobre IA parecía girar casi por completo alrededor de empresas estadounidenses como OpenAI, Google, Microsoft, Meta o Anthropic. DeepSeek cambió parte de esa conversación al demostrar que China también podía producir modelos capaces de circular fuera de su mercado doméstico y obligar a la industria a mirar hacia Hangzhou. Recordemos que la compañía fue ampliamente celebrada en China como campeona nacional de la IA.

La tendencia ya se ve en buena parte del sector. Google lleva años desarrollando sus TPU, Amazon tiene Inferentia para cargas de inferencia, Microsoft cuenta con Maia y Meta trabaja en MTIA. Reuters cita además dos movimientos recientes especialmente cercanos al caso: OpenAI anunció en junio su chip Jalapeño junto a Broadcom, también orientado a inferencia, y Anthropic estaba valorando diseñar sus propios chips. El patrón es bastante claro: las grandes compañías de IA quieren depender menos de proveedores externos y controlar mejor el coste, el rendimiento y la disponibilidad del cómputo que sostiene sus servicios.

El gran obstáculo está en fabricarlo. Diseñar un chip competitivo no es lo mismo que querer tenerlo. Desarrollar un acelerador de IA suele exigir años, mucho capital y una red de socios en diseño, fundición y memoria. Para una empresa china, además, el problema no acaba en el plano técnico: los controles de exportación de EEUU limitan el acceso a las fábricas extranjeras más avanzadas y también a la memoria de alto ancho de banda, un componente clave para este tipo de chips.

Los tiempos cambian. NVIDIA llegó al auge de la IA con una ventaja construida durante décadas: en 1999 lanzó la GeForce 256, presentada por la propia compañía como la primera GPU de la industria, y en 2006 puso en marcha CUDA, la arquitectura que ayudó a llevar el procesamiento paralelo de sus chips más allá de los gráficos. Cuando los modelos empezaron a necesitar cantidades enormes de cómputo, ya tenía el hardware y el ecosistema preparados. Durante años, para buena parte de la industria, competir en IA significó pasar por sus chips. Lo que sugiere el caso DeepSeek, con todas las cautelas, es que esa dependencia empieza a tener grietas.

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EEUU enseñó que el acceso a la IA avanzada puede cortarse. China estudia lo mismo, según Reuters, y Europa mira desde fuera

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Cuando Estados Unidos activó controles de exportación que acabaron llevando a Anthropic a desactivar Fable 5 y Mythos 5 para todos sus usuarios, quedó expuesta una realidad difícil de ignorar: el acceso a la IA avanzada puede cortarse. No porque el modelo desaparezca, ni porque deje de funcionar técnicamente, sino porque una decisión de seguridad nacional puede convertir una herramienta disponible en una capacidad condicionada. Las cosas han cambiado ligeramente desde ese entonces: los controles sobre Fable se levantaron tras nuevas salvaguardas y Mythos quedó limitado a algunas organizaciones estadounidenses de confianza, pero el precedente sigue ahí.

Ahora esa pregunta vuelve por el otro lado del tablero. Reuters cuenta que las autoridades chinas han mantenido reuniones durante el último mes con grandes tecnológicas del país para estudiar posibles restricciones al acceso exterior a sus modelos de IA más avanzados, incluidos algunos que todavía no se han lanzado. En esos encuentros participaron Alibaba, ByteDance y Z.ai, según tres personas familiarizadas con las conversaciones. De momento no hay una medida aprobada, ni calendario cerrado, ni alcance definitivo. Hay algo quizá más revelador: Pekín está discutiendo hasta dónde quiere abrir sus productos más avanzados de IA.

Lo que se discutió en esas reuniones va más allá de cerrar una API o limitar el acceso a un producto concreto. De acuerdo con la agencia, los participantes hablaron de poner límites a los modelos más avanzados, tanto cerrados como de versiones más abiertas, y también de endurecer las consecuencias para lo que denominan filtraciones o robos de tecnología propietaria de IA. Una de las fuentes consultadas señaló que esas filtraciones podrían pasar a tratarse como delitos vinculados a la estricta ley china de seguridad nacional. También se plantearon nuevas restricciones sobre quién puede financiar startups nacionales de IA.

La IA avanzada entra en la lógica del control estratégico

Hay varias razones por lo que lo mencionado no se queda únicamente dentro de las fronteras chinas. Desde la irrupción de DeepSeek R1, recordemos, la IA desarrollada en China ha ganado terreno fuera del país gracias a una combinación muy atractiva para muchas empresas: costes bajos y capacidades cada vez mayores. Alibaba tiene Qwen, ByteDance cuenta con Doubao y Z.ai ha llamado la atención en Silicon Valley con GLM-5.2, un modelo que se acerca a ofertas estadounidenses líderes a una fracción del coste. Si Pekín limita ese acceso, muchas empresas y usuarios podrían encontrarse con menos opciones y, presumiblemente, facturas más altas.

Bandera China
Bandera China

El sector de la IA chino también parece interesado en desarrollar sistemas orientados a la ciberseguridad equivalentes o superiores a los estadounidenses. Zhou Hongyi, fundador de 360, una compañía de ciberseguridad con peso entre clientes gubernamentales y empresariales, ha dicho que China necesita desarrollar su propio Mythos. La empresa llegó a presentar Tulongfeng como respuesta china a ese tipo de sistema, afirmando que es capaz de detectar una gran cantidad de vulnerabilidades.

Ahí aparece la parte más delicada del debate cuando se lo mira desde Europa. Cuando el caso Anthropic puso sobre la mesa la posibilidad de que el acceso a modelos estadounidenses quedara condicionado por Washington, algunos plantearon los modelos chinos como una alternativa posible: más baratos, cada vez más capaces y, en ciertos casos, disponibles mediante API o con pesos abiertos. La nueva información de Reuters introduce un matiz importante en esa lectura. Cambiar de proveedor puede reducir costes o abrir nuevas opciones técnicas, pero no elimina la dependencia si la capacidad crítica sigue viviendo bajo una jurisdicción extranjera.

Europa, además, ya venía pensando en esta clase de riesgo antes de que Anthropic y China ocuparan el centro de la discusión. La Comisión ha defendido la necesidad de reducir dependencias en cloud, inteligencia artificial y semiconductores, y ha vinculado esa agenda con la autonomía y la resiliencia digital del continente. En esa discusión, Bruselas ha llegado a advertir del riesgo de los “kill switches”: la posibilidad de que un proveedor extranjero o un gobierno con capacidad de presión pueda interrumpir servicios tecnológicos esenciales.

Por eso Europa mira desde fuera. Estados Unidos conserva algunos de los modelos más avanzados del mundo y ya dejó claro que el acceso a ellos puede quedar condicionado por una decisión política o de seguridad nacional. China, por su parte, ha ganado terreno con modelos más baratos y cada vez más capaces, y ahora estaría estudiando restricciones propias. El Viejo Continente está en otro lugar: tiene regulación, ambición soberana y empresas prometedoras, pero no parece tener aún un equivalente en peso comercial, adopción global y capacidad estratégica a los productos que hoy fijan el listón tecnológico.

Imágenes | Xataka con Nano Banana | Arthur Wang

En Xataka | El modelo de IA Qwen de Alibaba es la nueva joya de la corona. El único problema es que no ganan dinero con él

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