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Todos ponemos las luces de emergencia cuando llegamos a un atasco. La DGT sabe que lo estamos haciendo mal
Es más que probable que cuando te sacaste el carné no lo mencionaran, pero al llegar a un atasco es fácil que pongas las luces de emergencia a la vez que frenas. Es algo casi instintivo, un aviso para que el que va a 120 km/h detrás de ti se dé cuenta de que no frenas sin motivo. Y si no lo haces, seguro que lo has visto. Sin embargo, lo curioso es que el Reglamento General de Conducción no contempla esta acción.
Porque lo hacemos para evitar accidentes, pero con la ley en la mano, el uso de los warnings no es lo que tenemos que hacer cuando llegamos a un atasco. Y, sin embargo, hasta hay coches nuevos que los activan automáticamente si el sistema nota que frenamos de manera reiterada. Lo más curioso es que no está mal ni es una falta.
Simplemente, la ley se escribió para coches de otra época.
Aunque los coches actuales han ido eliminando cada vez más botones, relegándolos a las pantallas, el de las luces de emergencia es uno que se ha mantenido como una pieza física y táctil. Es lógico debido a que es un elemento de seguridad y es uno que tenemos bien localizado en el panel de control.
Ante frenadas en atascos, es casi un reflejo para muchos conductores el echar mano al botón de las luces de emergencia para avisar de la situación a los que vienen detrás. De hecho, algunos coches nuevos las activan automáticamente si los sensores (el acelerómetro o el sensor de presión del freno) detecta una desaceleración brusca o si entra en juego el ABS. Si la frenada es progresiva, no se activan automáticamente.
El uso de las luces de emergencia en un atasco: sí, pero no (y al revés)
Pero… ¿qué dice la ley? Como recuerdan nuestros compañeros de Motorpasión, el apartado C del artículo 109 del Reglamento General de Circulación de 2003 establece que la forma correcta de avisar a los que llevamos detrás sobre esta situación es:
“La intención de inmovilizar el vehículo o de frenar su marcha de modo considerable, aun cuando tales hechos vengan impuestos por las circunstancias del tráfico, deberá advertirse, siempre que sea posible, mediante el empleo reiterado de las luces de frenado o bien moviendo el brazo alternativamente de arriba abajo con movimientos cortos y rápidos.”
El problema es que la teoría es una cosa, pero en la práctica, si estamos frenando bruscamente es complicando andar levantando el pie del freno. Mucho menos bajando la ventanilla y avisando con señas. Es mucho más sencillo dar las luces de emergencia, y el de atrás también las verá mejor que si sacamos el brazo por la ventanilla.
¿Por qué dice esto la ley? Porque se trata de un artículo escrito en otra época. Es un anacronismo fruto de tiempos en los que el ABS no estaba tan presente y en los que, para evitar el bloqueo de las ruedas y que el coche patinara, sí debíamos levantar el pie del freno. De ese modo, automáticamente ya estábamos alertando al de detrás.
Por tanto, la ley no dice que pongamos las luces de emergencia en un atasco, pero no nos van a multar por ello porque la DGT entiende la buena intención a la hora de avisar al resto de conductores sobre una anomalía en la circulación. De hecho, que la ley no lo establezca, pero los coches sí, habla sobre la discrepancia entre la “ley estricta” y la realidad.
La propia DGT lo publicita:
De hecho, aquí entra el tecnicismo de “siempre que sea posible”, un agujero legal que nos ampara al momento de dar las luces de emergencia. Ahora bien, donde sí es obligatorio dar estas luces es cuando no podamos circular a la velocidad mínima de la vía. Es decir, si estamos en un atasco en una autovía y no llegamos a la mitad de la velocidad de la vía, tendremos que dar las luces de forma obligatoria.
El apartado 3 del artículo 49 dice así:
“Cuando un vehículo no pueda alcanzar la velocidad mínima exigida y exista peligro de alcance, se deberán utilizar durante la circulación las luces indicadoras de dirección con señal de emergencia”.
¿Se modificará en algún momento el reglamento para reflejar la situación actual en la que todos los coches lanzados estos últimos 21 años cuentan con ABS? No se sabe, pero al ser un código universal para alertar de la situación, imagino que no será una de las prioridades de la Administración.
Eso sí, seguramente hayas encontrado a alguien que las ha usado de manera exagerada, dándote un susto sin motivo al encenderlas en una situación no crítica. Y eso, precisamente, es lo que ocurría con algunos modelos de los 2000 que encendían las luces de emergencia automáticamente, incluso al frenar para salir de la autovía.
Por ejemplo, primeros modelos de Citroën C4 o Peugeot 307 que se adelantaron al resto con algo que no iba del todo fino.
Imágenes | Kathy, Prithivi Rajan
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La guerra y el calor insoportable han llevado a Europa a un gasto inédito. Y Turquía se ha convertido en el supermercado perfecto
Durante siglos, en el Mediterráneo el blanco fue mucho más que una cuestión estética: fachadas encaladas, tejados claros y calles estrechas ayudaban a reflejar la radiación solar y mantener las viviendas varios grados más frescas mucho antes de la invención del aire acondicionado. Dos mil años después, Europa vuelve a descubrir que combatir el calor se ha convertido en una prioridad.
Europa está pagando dos facturas inesperadas. Durante décadas, Europa construyó su prosperidad sobre una premisa: que el continente disfrutaría de un entorno relativamente estable, tanto en el clima como en la seguridad.
Ese escenario ha cambiado a gran velocidad. Las olas de calor son cada vez más intensas, la guerra ha regresado al continente, y ambos fenómenos están obligando a los gobiernos a gastar miles de millones en dos necesidades que antes parecían secundarias: enfriar sus ciudades y reforzar sus ejércitos.
El aire acondicionado como infraestructura crítica. Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un factor económico permanente. Escuelas, hospitales, empresas, centros de datos e industrias necesitan sistemas de climatización capaces de mantener su actividad incluso durante temperaturas extremas.
El aire acondicionado ha dejado de ser un lujo doméstico para convertirse en una infraestructura esencial, mientras países del centro y norte de Europa descubren una necesidad para la que nunca prepararon sus edificios.
Turquía llevaba años preparándose. Ocurre que, mientras Europa empezaba a descubrir el problema, Turquía ya contaba con una potente industria de climatización, una amplia capacidad de fabricación y una enorme ventaja logística frente a competidores asiáticos.
El resultado es que las exportaciones turcas de aire acondicionado, bombas de calor y otros sistemas de refrigeración están creciendo al calor (nunca mejor dicho) de un continente que necesita modernizar millones de edificios y hacerlo además bajo criterios de eficiencia energética y sostenibilidad.
La otra gran urgencia: rearme. Contaba el fin de semana el Washington Post que el clima no es el único frente que está reforzando la posición turca. El repliegue progresivo de Estados Unidos de la seguridad europea y el aumento del gasto militar han colocado a la industria armamentística turca en una posición privilegiada.
Sus drones, vehículos blindados, municiones y otros sistemas defensivos han demostrado competitividad, disponibilidad y precios atractivos justo cuando muchos países europeos buscan nuevos proveedores para acelerar su rearme.
De socio incómodo a proveedor. Durante años, Turquía fue vista dentro de la OTAN con recelo por la compra del sistema ruso S-400, las tensiones con Grecia, su política en Siria o el bloqueo temporal al ingreso de Suecia en la Alianza.
Sin embargo, el contexto ha cambiado profundamente. Europa necesita armas. Necesita controlar los flujos migratorios. Y ahora también necesita tecnología para adaptarse a un clima mucho más hostil. Esa combinación ha reducido notablemente las críticas públicas hacia Ankara y ha reforzado su peso diplomático dentro de la Alianza.
Trump y la posición de Erdogan. Plus: la buena relación entre Donald Trump y Erdogan ha añadido otra capa a este cambio de escenario. El presidente estadounidense ha elogiado públicamente al líder turco y ha dejado abierta la puerta a desbloquear viejos desacuerdos, como el relacionado con los cazas F-35.
Al mismo tiempo, la próxima cumbre de la OTAN en Ankara servirá para exhibir a Turquía como uno de los actores imprescindibles en la nueva arquitectura de seguridad occidental.
La gran paradoja europea tiene un claro ganador. Así las cosas, las dos grandes crisis que hoy condicionan el futuro de Europa parecen no tener relación entre sí. Una llega desde la atmósfera en forma de olas de calor cada vez más extremas. La otra procede del deterioro del escenario geopolítico y del regreso de la guerra al continente.
Sin embargo, ambas convergen en el mismo punto: obligan a Europa a comprar aquello que más necesita. Y pocas economías parecen tan bien situadas para aprovechar ambas tendencias como la turca. Mientras el continente busca cómo protegerse del calor y de la incertidumbre militar, Turquía se está consolidando como uno de los grandes proveedores de soluciones para los dos problemas.
Imagen | Wikimedia
En Xataka | El mapa que parte en dos Europa cuando llega el calor: dónde hay aire acondicionado y dónde no
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una gasolinera gallega ya sabe las consecuencias de confundir el diésel con la gasolina
Todo parecía ir bien. Bueno. Ni bien, ni mal. Todo parecía ir normal. Hasta que alguien dio la voz de alarma. La manguera con gasolina 95 no estaba echando gasolina 95. Y lo que es peor, no estaba echando gasolina. La manguera verde estaba nutriendo a los coches de gasolina con diésel.
Esto es lo que sucedió hace unos días en la gasolinera de Repsol en Ribadeo (Lugo). Allí, los clientes han estado casi cinco horas repostando diésel en sus coches de gasolina por un error durante el llenado de los depósitos. La compañía ya asegura que se hará cargo de todas las reparaciones.
270 minutos
Ese es el tiempo que hay entre las 12:49 y las 17:19 horas. Ese es, también, el tiempo que la gasolinera de Repsol junto a Ribadeo ha estado suministrando diésel en lugar de gasolina a los coches que se paraban en dicha estación, tal y como han aceptado en un comunicado publicado a través de las redes sociales de la Asociación Comerciantes Industriales Servicios y Autónomos (ACISA).
En él se explica que la confusión viene por un error durante el llenado de los depósitos con el camión cisterna. Eso ha provocado que durante cuatro horas y media, se haya servido una mezcla de gasolina y gasoil a quienes hayan querido repostar gasolina 95.
“Pedimos disculpas sinceras a todos los afectados. Nos hacemos responsables de las averías derivadas de este incidente”, señalan en el comunicado al tiempo que animaban a todos los afectados a detener el coche lo antes posible, dar parte al seguro y ponerse en contacto mediante esta página web.
En todas las gasolineras, las bocas de la manguera del diésel son más anchas que las de la gasolina, para evitar este error. Así, salvo que te pongas en modo cabezón y te busques artimañas de lo más insospechadas para echar diésel a un coche de gasolina (como le sucedió al exfutbolista Dani Güiza), es muy complicado caer en este error.
Si sucede como en este caso gallego, llenar un depósito con diésel puede provocar una buena avería en el coche si empezamos a andar con él y no nos damos cuenta hasta que se pare por completo. Y es que el diésel provocará que caiga la potencia del coche y que empiece a echar grandes cantidades de humo. Después de funcionar a trompicones, se parará.
Esto es un verdadero problema porque hay que vaciar y limpiar el depósito pero en el taller también tienen que hacer una tarea ardua para limpiar las bujías, los inyectores y todos los componentes por los que ha pasado el gasóleo.
Cuando la cantidad de combustible repostado es baja podríamos llegar a continuar la marcha, pero tiene que ser muy baja. En este caso, el diésel estará mezclado en parte con la gasolina por lo que si no se ha llenado mucho el depósito puede que la situación no haya sido muy grave. En cambio, quienes hayan llenado el depósito, sí tendrán que hacer una limpieza profunda de todos los componentes.
Foto | Wassim Chouak y Google Maps
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El sedentarismo es un factor independiente de riesgo y no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual
Hay mucha gente que pasa gran parte de su día pegada a una silla, en muchos casos por estar trabajando, en trayectos en coche o descansando en el sofá, siendo el sedentarismo una auténtica rutina en la vida de muchas personas. Hasta ahora sabíamos que era perjudicial, pero ahora la ciencia ha puesto números exactos a cómo el sedentarismo ininterrumpido influye en nuestra salud, y lo más importante es que se ha visto que no sirve con ir compensándolo.
Con un reloj. Un nuevo estudio publicado en PLOS analizó los datos de 91.292 personas del UK Bank, y a diferencia de otros estudios epidemiológicos que confían en cuestionarios rellenados por los propios participantes, aquí usaron la acelerometría. Es decir, durante años han monitorizado el movimiento físico de todas estas personas gracias a sensores de actividad en la muñeca.
Tras un seguimiento medio de 12,38 años, los investigadores no solo midieron el tiempo total de inactividad, sino cómo se distribuía a lo largo del día. Y ahí es donde entra el verdadero enemigo para nuestra salud, que son los bloques de tiempo ininterrumpido.
Hay que levantarse. El hallazgo central del estudio no penaliza tanto el simple hecho de sentarse, sino el hacerlo de forma continuada. Los investigadores concluyeron que cada hora adicional de comportamiento sedentario prolongado, entendido como periodos de 30 minutos o más sin levantarse en ningún momento, se asocia a un aumento del 10% en el riesgo de mortalidad por cáncer.
Es decir, pasar largas jornadas laborales sin movernos absolutamente nada no sale gratis a largo plazo.
La solución. Afortunadamente, los resultados también muestran que el cuerpo humano es increíblemente agradecido cuando rompemos ese estatismo. Mediante modelos estadísticos de sustitución de tiempo, el estudio calculó qué ocurre cuando cambiamos los periodos prolongados en la silla por distintas “dosis” de actividad física diaria.
Por poner un ejemplo, sustituir una hora al día de sedentarismo prolongado por actividades de baja intensidad como caminar a paso normal o realizar tareas domésticas reduce el riesgo un 12%. Pero si vamos más allá, cambiar apenas 30 minutos de sedentarismo ininterrumpido por una actividad física moderada reduce el riesgo un 8%.
Lo más importante. Se ha visto que la sustitución más eficiente requiere muy poco tiempo, ya que cambiar el tiempo sedentario por tan solo cinco minutos al día de actividad física vigorosa reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un asombroso 22%.
La regla de oro. Como es habitual al analizar la literatura médica, y como los propios autores y expertos independientes subrayan, debemos leer la letra pequeña. Al tratarse de un estudio observacional, los datos muestran una fuerte asociación estadística, pero el diseño en sí mismo no puede demostrar una causalidad estricta y absoluta, quedando expuesto a ciertos sesgos, como que los voluntarios del UK Biobank suelen tener un perfil basal más sano que la media poblacional.
Sin embargo, esta investigación no llega al vacío ya que es tremendamente consistente con la evidencia científica previa y le da robustez a lo que ya sospechábamos. En 2022, un metaanálisis y revisión paraguas ya advertía sobre la solidez de la relación entre sedentarismo y el riesgo oncológico. Y a un nivel más cercano, un estudio del Instituto de Salud Carlos III en 2024 confirmó en población española que sustituir apenas una hora a la semana de tiempo sentado por actividad física lograba reducir la mortalidad general.
Los expertos. Nabil Djouder, jefe del grupo Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en declaración a SMC apuntaba que este estudio “refuerza la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual”.
Imágenes | Vitaly Gariev
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