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así se calculan los días de descanso

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El ámbito laboral esta reglado por una serie de leyes y normativas que ponen negro sobre blanco las bases de la relación laboral entre empresas y trabajadores. El Estatuto de los Trabajadores es el lugar que da respuesta a muchas de las preguntas que, en un momento u otro surgen a los trabajadores. Saber cuántos días de vacaciones te corresponden por ley es una de las más recurrentes.

El cálculo de los días de vacaciones varía de una empresa a otra dependiendo del sector, si existe un convenio colectivo que la regule, el tipo de jornada laboral e incluso la antigüedad en la empresa. Para salir de dudas, te contamos cuántos días de descanso laboral te corresponden por ley y cómo calcularlos.

Cuántas vacaciones corresponden por mes trabajado: qué dice la ley

El artículo 38 del Estatuto de los Trabajadores es el encargado de dibujar las líneas maestras para el derecho al descanso. En este artículo se establece el derecho a un periodo mínimo de 30 días naturales de vacaciones anuales retribuidas, no sustituible por compensación económica, salvo lo previsto en convenio o fin de la relación laboral.

Es decir, todos los trabajadores tienen derecho a descansar un mínimo de 30 días naturales incluidos en su salario. Esos días, bajo ningún supuesto, pueden ser compensados por una retribución adicional y solo pueden ser compensados por otros días de descanso en una fecha diferente.

Este es el mínimo legal por año natural de trabajo y cada año genera su propio derecho a vacaciones pagadas. El Estatuto de los Trabajadores establece que deben disfrutarse de forma pactada dentro del correspondiente periodo anual, salvo excepciones pactadas o justificadas.

Además de pactarse de forma conjunta entre empresa y empleados, los trabajadores tienen derecho a conocer las fechas de vacaciones que le correspondan, al menos, dos meses antes de la fecha de inicio del descanso. Así el empleado podrá planificar sus vacaciones.

Cómo se calculan los días de vacaciones

El Estatuto de los Trabajadores establece de forma clara que los trabajadores disponen de 30 días laborales al año. Pero, ¿cómo se calculan los días de vacaciones de te corresponden si solo llevas unos meses trabajando en esa empresa?

La regla práctica más utilizada para obtener la parte proporcional cuando no se ha trabajado el año completo es partir de los 30 días naturales y prorratearlos por meses trabajados. Que no cunda el pánico porque existen calculadoras para los días de vacaciones. En cualquier caso, su cálculo no es complicado.

Lo habitual en las empresas es utilizar el valor de los días naturales, por lo que basta con dividir el número de días naturales entre los doce meses del año y multiplicarlo por los meses trabajados. El resultado nos devuelve el número de días naturales de descanso laboral.

Por otro lado, si se especifican que son días laborales, el cálculo debe hacerse sustituyendo los 30 días que se indican en el Estatuto de los Trabajadores por 22 días laborales.

Diferencia entre días laborables y días naturales

La diferencia entre día laborable o día natural es importante para el cálculo y la elección de los días de vacaciones.

  • Días naturales: se tienen en cuenta todos los días del calendario, incluyendo sábados, domingos y festivos. Es decir, al calcular los días de vacaciones se tienen en cuenta todos los días del periodo elegido. Eso hace que sea más favorable para el trabajador comenzar las vacaciones un lunes y finalizarlas un viernes, ya que de ese modo no se contabilizan como vacaciones ni el fin de semana previo ni el posterior.
  • Días laborables: tal y como indica su nombre, son aquellos días en los que habitualmente trabajarías, siendo estos habitualmente de lunes a viernes, sin contar los fines de semana (sábado y domingo) ni festivos nacionales. Eso hace que sea irrelevante si el primer día de vacaciones es un lunes o un miércoles, ya que no se contarán los fines de semana o festivos que haya de por medio.
    Además, a nivel jurídico, existe una sutil diferencia entre días laborables y días hábiles. En ambos casos se excluyen los domingos y festivos, pero en algunos casos, los sábados pueden considerarse laborables, pero no son considerados días hábiles.
Calendario
Calendario

¿Son 22 o 23 días laborables?

Tal y como hemos señalado, el Estatuto de los trabajadores solo marca un mínimo legal de 30 días naturales de descanso laboral, pero no especifica su equivalente en días laborables.

Si la empresa utiliza la métrica de días laborables en lugar de días naturales, el cálculo del número de días de vacaciones por mes también cambiará. La conversión más habitual es a 22 días laborables, es decir, días en los que habitualmente tendrías que trabajar. Pero no es una cifra universal para todas las empresas, sino un promedio que puede cambiar de una empresa a otra.

La negociación colectiva de algunos sectores industriales o de los convenios colectivos de cada empresa pueden recoger mejoras a esas condiciones incrementando el número de días de vacaciones e incrementar esos 22 días laborables a 23 días e incluso más.

Por lo tanto, será necesario consultar con la empresa o revisar el convenio colectivo que aplica para saber si se utiliza el baremo de los días naturales o laborables para el cálculo de los días de vacaciones.

Un ejemplo práctico

Nada mejor para entender cómo funciona el cálculo de los días de vacaciones que verlo con un ejemplo práctico. Imagina que has comenzado a trabajar en una empresa el 1 de marzo y quieres tomarte unos días de vacaciones la primera semana de septiembre. ¿Cuántos días de vacaciones te corresponderían?

En ese caso, y teniendo en cuenta la fórmula que te hemos indicado antes, los días naturales de vacaciones se calcularían de la siguiente forma:

  • 30 (días naturales por ley) / 12 (meses)= 2,5 días de vacaciones por mes trabajado
  • 2,5 días naturales de vacaciones generados por mes x 6 meses de trabajo= 15 días naturales de vacaciones

Si aplicamos la métrica de días laborables, y suponiendo que el convenio (o la empresa) establece que son 22 días laborables, tendríamos:

  • 22 (días laborables) / 12 (meses) = 1,83 días laborables por mes trabajado
  • 1,83 días laborables de vacaciones generados por mes x 6 meses de trabajo = 11 días laborables de vacaciones
Vacaciones en días naturales
Vacaciones en días naturales

Vacaciones en días naturales con fines de semana incluidos

Siguiendo con el ejemplo, a la hora de pedir las vacaciones y aprovechar al máximo los días de descanso, en el primer ejemplo en el que se utilizan días naturales, se elige desde el 5 de septiembre al 19 de septiembre. Eso incluye dos fines de semana, sumando un total de 15 de días naturales.

Se obtendría el mismo resultado eligiendo el día 8 de septiembre como primer día y el día 22 como último día de vacaciones. En ambos casos se consumen dos fines de semana. Sin embargo, si tu jornada laboral es de lunes a viernes, no tendrás que trabajar el fin de semana del 20 y el 21 de septiembre, por lo que se ganan dos días de descanso adicionales que no computan como vacaciones.

Vacaciones en días laborables
Vacaciones en días laborables

Vacaciones en días naturales. Los fines de semana quedan excluidos

En cambio, para el ejemplo en días laborables, los fines de semana y festivos salen de la ecuación, por lo que lo único que cuenta son los 11 días elegidos de lunes a viernes. Como puedes ver en el ejemplo gráfico, en ambos casos se obtiene el mismo número de días de descanso laboral, lo único que cambia es la forma de contarlos teniendo en cuenta o no los días festivos y fines de semana

¿Cuántas vacaciones me corresponden a media jornada?

El Estatuto de los Trabajadores no establece diferencias entre jornada completa o jornada parcial. Es decir, ambas generan el mismo número de días de descanso. Es decir, te corresponde ese mínimo de 30 días naturales de vacaciones que establece la normativa, independientemente del tipo de jornada que tengas.

Sin embargo, en lo que sí se establece diferencia es en la retribución de esos días de vacaciones, que será proporcional a las horas o al salario habitual del contrato, no como una jornada completa.

Los convenios colectivos

Los convenios colectivos son el marco en el que empresas (o sectores empresariales enteros) fijan acuerdos en los que se mejoran las condiciones mínimas que recoge el Estatuto de los Trabajadores.

Este marco de negociación prevalece sobre la normativa de mínimos, tal y como se reconoce en el artículo 38.2 del Estatuto, las vacaciones se “fijarán de común acuerdo entre el empresario y el trabajador, de conformidad con lo establecido en su caso en los convenios colectivos sobre planificación anual de las vacaciones”.

Es decir, aunque la normativa general diga que a cada trabajador le corresponden 30 días naturales, si el convenio colectivo dice una cifra superior o se indica una determinada cantidad en días laborables, lo que prevalece es lo que se pactó en ese acuerdo por encima de los mínimos establecidos en la ley. Por ese motivo, es tan importante conocer el contenido del convenio colectivo por el que se rige tu empresa.

También hay convenios que detallan si parte de las vacaciones se remunera por adelantado en “bolsas de días” o días complementarios a modo de bonificación y la normativa en materia de desconexión digital entre la empresa y los trabajadores que se encuentran de vacaciones o fuera de su horario laboral.

Compensación de vacaciones

Tal y como ya hemos comentado, la ley es muy clara con respecto a la bonificación de las vacaciones. La regla general es que las vacaciones no son sustituibles por una compensación económica mientras la relación laboral continúa, por lo que deben disfrutarse en algún momento del año.

Esta norma se aplica incluso a aquellos días de vacaciones no disfrutadas por causas de baja médica o porque debían haberse disfrutado durante un permiso maternidad o paternidad.

En ese caso, la normativa y la jurisprudencia permiten aplazar esas vacaciones siempre que no se excedan los 18 meses posteriores al año natural en el que se generan esas vacaciones. Mientras los trabajadores se encuentran en situación de baja médica o permisos administrativo no se encuentran en situación activa, lo cual impide que los empleados disfruten de forma efectiva de sus descansos.

El único supuesto en el que una empresa debe compensar económicamente las vacaciones no disfrutadas es cuando la relación laboral termina y se calcula el finiquito, incluyendo en él el abono de las vacaciones generadas y no disfrutadas.

Del mismo modo, y tal como se indica en la Guía Laboral del Ministerio de Trabajo y Economía social, cuando las vacaciones legales mínimas no pudieran disfrutarse, porque el período de actividad en la empresa no coincidiera con el disfrute de las vacaciones, los trabajadores percibirán junto a su salario la parte proporcional correspondiente a las vacaciones.

En Xataka | Si la pregunta es por qué el trabajo parece peor tras las vacaciones, el síndrome posvacacional es la respuesta

Imagen | Nano Banana, Unsplash (Towfiqu barbhuiya)

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routers mal configurados por todo el mundo

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El router suele quedarse fuera de nuestra atención: lo instalamos, comprobamos que hay conexión y dejamos que siga funcionando durante meses o años. Sin embargo, ese pequeño equipo que conecta una casa o una oficina con Internet también puede convertirse en una pieza útil para quienes buscan ocultar sus operaciones. El problema no está en lo que vemos, sino en lo que puede ocurrir en segundo plano cuando la configuración es débil o el firmware queda desactualizado. Y ahí empieza una historia que ya no afecta solo a especialistas en seguridad.

El escondite estaba en el router. Esa posibilidad dejó de ser una advertencia abstracta el 13 de julio de 2026. CISA, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, alertó de que actores del Centro 16 del FSB, el servicio de seguridad ruso, siguen aprovechando dispositivos de red vulnerables o mal configurados en distintos países. Según el aviso, esa actividad ya ha permitido comprometer redes de varios sectores de infraestructuras críticas. La advertencia fue emitida conjuntamente con organismos de Australia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Reino Unido.

Una identidad prestada. El objetivo no es quedarse en el router, sino utilizarlo como intermediario para otras operaciones. Cuando el tráfico pasa por un dispositivo instalado en una vivienda o una pequeña oficina, la conexión puede parecer la de cualquier usuario legítimo. Es lo que se conoce como proxy residencial: una conexión doméstica utilizada como intermediaria para ocultar desde dónde actúa realmente el atacante. Para las defensas de una organización, distinguir a primera vista entre una conexión normal y una actividad maliciosa resulta mucho más difícil.

El rastreo empieza en Internet. Para encontrar nuevos dispositivos, los atacantes recorren rangos de direcciones IP en busca de routers con agentes SNMP activos, un protocolo utilizado para consultar y administrar equipos conectados a una red. El riesgo aparece cuando ese servicio está expuesto y acepta credenciales comunes o las que venían configuradas de fábrica. En ese escenario, el equipo puede responder a alguien que no debería tener acceso. El primer paso consiste, por tanto, en localizar cuáles siguen anunciándose en Internet con una configuración débil.

De objetivo a herramienta. Encontrar un router expuesto no basta para controlarlo. Según CISA, los actores envían tráfico malicioso con direcciones IP de origen suplantadas y aprovechan el agente SNMP mal configurado para ejecutar malware en el dispositivo. Lo hacen, además, desde redes formadas por otros routers ya comprometidos, de modo que el sistema se alimenta a sí mismo. El proceso tiene tres fases: primero encuentran el equipo, después explotan su configuración y, finalmente, lo incorporan a la red desde la que seguirán buscando nuevos objetivos.

El ataque sale desde otra casa Una vez incorporado a ese entramado, el router empieza a actuar como nodo de salida, es decir, como el último punto visible antes de que el tráfico llegue al objetivo. Para quien recibe la conexión, la actividad no parece proceder de sistemas vinculados al FSB, sino de una dirección IP de apariencia legítima. Esa cobertura puede reducir las posibilidades de bloqueo automático y complica el trabajo de quienes intentan reconstruir la ruta hasta los responsables de la operación.

Una persecución que no termina: la utilidad de esta red de intermediarios se entiende mejor cuando observamos sus posibles destinos. CISA señala redes de comunicaciones, defensa, energía, servicios financieros y organismos públicos, todos ellos sectores donde una conexión aparentemente legítima puede facilitar sondeos o ataques posteriores. El fenómeno, además, no empezó con esta advertencia: Actores rusos y chinos llevan años disputándose y reutilizando routers comprometidos. Aunque gobiernos y compañías han logrado desinfectar dispositivos y desarticular botnets, sus operadores suelen reconstruirlas incorporando nuevos equipos.

Cerrar la puerta. CISA recomienda desactivar SNMP 1 y 2, versiones que no cifran las contraseñas ni incorporan protecciones actuales, y utilizar SNMP 3 únicamente cuando sea necesario. Si no empleamos este protocolo para administrar la red, la opción más segura es apagarlo por completo. El organismo también aconseja deshabilitar Cisco Smart Install, sustituir las credenciales débiles, instalar las actualizaciones de firmware y limitar otros protocolos de red innecesarios. El router puede pasar desapercibido durante años, pero eso no significa que debamos dejarlo funcionando sin mantenimiento.

Imágenes | Xataka con Nano Banana

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su antena residencial es grande y gastona. La nueva generación llega para corregirlo

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Durante años, conectarse a Internet por satélite ha implicado aceptar un intercambio bastante claro: llegar allí donde la fibra no llega, pero hacerlo con equipos más grandes, pesados y exigentes con la energía. Es algo que hemos visto tanto en viviendas aisladas como en instalaciones temporales, donde cada kilo y cada vatio cuentan más de lo que parece. Starlink ha ido afinando esa fórmula generación tras generación. Ahora, su siguiente paso no consiste en prometer una velocidad deslumbrante, sino en corregir justo esas limitaciones físicas.

El nuevo kit residencial. Starlink V5 es la siguiente generación del equipo que SpaceX ofrece para conectar viviendas a su constelación de satélites. El paquete conserva la configuración destinada a instalaciones fijas, con una antena exterior y un router independiente incluido para distribuir la conexión dentro del hogar. El rediseño tampoco persigue elevar el pico de velocidad anunciado para la generación anterior. La renovación se concentra, sobre todo, en transformar el tamaño, el peso y la eficiencia de una parte fundamental del sistema.

Una antena más manejable. El cambio se aprecia primero en las cifras. La Starlink V5 pesa 1,1 kg, frente a los 2,9 kg del Standard 4, una reducción aproximada del 62% que la deja en el mismo peso nominal que la Starlink Mini. También pasa de unas dimensiones de 594 × 383 × 39,7 mm a 384 × 306 × 34 mm, aunque conserva un campo de visión de 110 grados. Para quien vaya a instalarla por su cuenta, transportarla, colocarla en un soporte o cambiarla de ubicación debería resultar más sencillo.

Casi la mitad de consumo. Según las especificaciones publicadas por Starlink, el V5 funciona con una media de entre 35 y 50 W, frente a los 75-100 W del Standard 4. La reducción adquiere especial importancia en instalaciones alimentadas mediante baterías, generadores o estaciones portátiles, donde cada hora de autonomía depende del gasto acumulado. También puede permitir que una fuente de respaldo mantenga la conexión durante más tiempo cuando falla la red eléctrica.

Menos velocidad, pero por poco. Starlink sitúa el pico de descarga anunciado del V5 en 375+ Mbps, frente a los 400+ Mbps del Standard 4 y los 300+ Mbps de la Mini. Existe una diferencia de 25 Mbps entre las cifras de referencia de los dos equipos residenciales, no una pérdida garantizada en todas las conexiones. Aunque el rendimiento real dependerá también del plan contratado, la hora del día, la capacidad disponible y la congestión local.

Preparada para el exterior. Pese a ser mucho más ligera, la Starlink V5 eleva la velocidad operativa de viento admitida cuando está montada desde los 96 km/h del Standard 4 hasta los 265 km/h. Mantiene además la clasificación ambiental IP67 Type 4 y puede funcionar en temperaturas de entre -30 y 50 grados centígrados. Su sistema de deshielo alcanza los 40 milímetros de nieve por hora, la misma cifra que la generación anterior.

Dos equipos para usos diferentes: aunque el V5 se aproxima a la Starlink Mini en peso, SpaceX los orienta a necesidades distintas. El nuevo terminal forma parte de un kit residencial para instalaciones permanentes y trabaja con un router separado que viene incluido. La Mini, en cambio, integra su propia conexión Wi-Fi y puede funcionar sin ese dispositivo adicional, una ventaja cuando el usuario necesita trasladar el equipo entre ubicaciones. El V5 no sustituye directamente al modelo portátil, sino que renueva la alternativa pensada para permanecer instalada en una vivienda.

Un estreno todavía limitado. La nueva antena residencial de Starlink no está disponible oficialmente en España. Su comercialización ha comenzado entre clientes residenciales de Estados Unidos y la compañía únicamente ha adelantado que llegará a otros mercados a medida que aumente la producción, sin publicar un calendario concreto. Lo que sí deja claro el V5 es la dirección elegida por SpaceX: una antena más compacta y un consumo mucho menor, aunque no sea más rápida.

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convertir los aires acondicionados chinos en un fenómeno de masas en Europa

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Bruselas lleva meses intentando frenar la avalancha de productos chinos que entran en el continente. Hace unas semanas escribíamos sobre el impuesto especial en artículos de pequeño valor en tiendas como AliExpress, Temu o Shein. La UE señala a China como responsable de un déficit comercial que no deja de crecer y ha amenazado con nuevas restricciones.

Lo que es imposible de frenar es el calor. Y es que este verano está siendo especialmente mortífero para millones de europeos. Algunos hasta han hecho colas, han recorrido varias ciudades y se han pasado el día actualizando webs con el fin de conseguir un aparato de aire acondicionado. La mayoría, por cierto, fabricados en China.

La política comercial europea no ha logrado frenar la dependencia de China. El termómetro, en cambio, lo ha conseguido en cuestión de semanas.

Qué ha pasado. Una ola de calor histórica ha golpeado a numerosos países en Europa, entre ellos Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Bélgica, Polonia o la República Checa, países donde el aire acondicionado nunca ha sido una necesidad real. Con las temperaturas disparadas y un aumento notable de las muertes por calor, la demanda de aparatos de aire acondicionado se ha disparado de golpe. El problema es que la oferta no ha podido seguir el ritmo, pues son muchas las tiendas que se han quedado sin existencias.

Cómo hemos llegado hasta aquí. Aunque aquí en España estemos más que acostumbrados a tener casas con aire acondicionado (al menos en la parte más alejada del norte), en el resto de Europa no es tan común. De hecho, según datosde la Agencia Internacional de la Energía, solo alrededor del 20% de los hogares europeos cuenta con aire acondicionado, frente a cerca del 90% en Estados Unidos.

Durante décadas, el continente ha considerado estos aparatos ruidosos, antiestéticos para las fachadas históricas y, sobre todo, innecesarios, porque los veranos extremos eran algo puntual. Esta misma lógica ha llevado a levantar edificios diseñados para retener el calor en invierno. Cuando las olas de calor han dejado de ser una excepción, Europa se ha encontrado sin infraestructura, sin cultura de instalación y sin una industria propia capaz de cubrir esa demanda. Y es que ninguna de las cinco marcas más vendidas del continente es europea, según datos de Euromonitor International recogidos por CNBC.

En detalle. Según cifras de aduanas chinas citadas por The Wall Street Journal, las exportaciones de aparatos de aire acondicionado desde China hacia Francia crecieron un 57% en mayo respecto al año anterior, mientras que hacia España lo hicieron un 41%, y eso antes de los peores días de junio. El South China Morning Post, citando estimaciones de mayo, situaba el aumento interanual en un 186% en Francia, un 69,6% en Alemania y un 139,1% en Países Bajos. The Telegraph recogía además que las exportaciones chinas de aires acondicionados a la Unión Europea han crecido un 43% en el primer semestre del año, hasta 3.800 millones de dólares, con subidas de entre el 20% y el 97% en las ventas de ventiladores según el mercado.

Midea, uno de los grandes fabricantes, aseguraba a la agencia estatal china Xinhua que enviaría 100 contenedores de su modelo PortaSplit a Europa solo en un mes, y que sus pedidos habían superado ya las 200.000 unidades este año, el doble que en 2025, según recogía CNBC.

Entre líneas. Todo esto ocurre en el peor momento posible para la narrativa comercial europea. Bruselas y Pekín mantienen conversaciones para intentar reducir un déficit comercial que alcanzó los 360.000 millones de euros el año pasado y que en el primer trimestre de este año ya sumaba 98.000 millones, el nivel más alto desde 2022, según datos de Eurostat.

El propio comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, reconocía que la tendencia “no es sostenible”. Analistas como Ding Chun, del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Fudan, contaban al SCMP que existe una desconexión creciente entre el discurso político de Bruselas, centrado en la protección industrial, y las necesidades reales de los ciudadanos, que simplemente “buscan sobrevivir al calor al mejor precio posible”.

Y ahora qué. La Unión Europea se ha marcado octubre como fecha límite para lograr avances “tangibles” en la relación comercial con China. Pero el problema del aire acondicionado no va a desaparecer con el verano, pues la propia Comisión Europea calculaba en 2024 que para 2030 podrían instalarse hasta 70 millones de nuevos aparatos en el continente, lo que cubriría en torno al 35% de los hogares. Eso implica que, además de fabricantes chinos, Europa va a necesitar una red de instaladores y una regulación adaptada a una realidad que hasta hace poco no contemplaba.

Imagen de portada | TCL

En Xataka | Llevamos décadas enfriando las casas con máquinas cada vez más caras. El método persa no consume un solo vatio desde hace 2.500 años

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