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estoy generando memes absurdos donde yo soy el protagonista y no puedo parar

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OpenAI no es una empresa de grises. Cuando presentó la primera versión de Sora, parecía que la IA de vídeo asociada a ChatGPT lo iba a cambiar todo, pero el modelo reducido que acabó llegando a los usuarios 10 meses después fue un completo fiasco.

Ahora han lanzado Sora 2 sin previo aviso y, bueno, no puedo parar. Es totalmente adictivo. Tiene un potencial memético que supera con creces el lanzamiento de nano-banana de Google, y que recuerda más al fenómeno Studio Ghibli de ChatGPT, lo que me hace pensar que, esta vez, OpenAI lo tenía todo fríamente calculado.

Hay que tener empeño para llegar a Sora 2

A falta de API para conseguir acceso al modelo en herramientas de terceros (Freepik dice estar en ello), la única manera de crear vídeos con Sora 2 es a través de Sora, una nueva red social de OpenAI que funciona como TikTok, pero con vídeos generados por la propia inteligencia artificial.

Sora solo está disponible, de momento, en Estados Unidos y Canadá, así que lo primero que tuve que hacer para acceder es instalar una VPN. Después de elegir un nombre de usuario (o importar el que ya tenía en la antigua Sora), subir una foto de perfil y ponerme una bio, por fin podía empezar a generar vídeos con sonido de nueve segundos, en formato panorámico o vertical.

No tan rápido. A la versión web de Sora le faltan varias funciones, entre ellas la más popular de todas: crear un “cameo” con tu cara y con tu voz para convertirte en el protagonista de tus propios vídeos o poder aparecer en los vídeos de otros. Para configurar esa opción hay que descargar la app de Sora, que de momento es exclusiva para iPhone, y solo está disponible en la App Store de Estados Unidos y Canadá. Así que tuve que instalar una VPN en iOS, crear una cuenta de Apple en Estados Unidos, asociar la cuenta nueva a la App Store y descargar Sora.

Una vez dentro, me encontré una interfaz muy familiar. Un feed de contenido recomendado, otro para ver las publicaciones en orden cronológico y otro para ver solo lo que sube la gente que sigues. Además de crear tus propios contenidos, contestar a comentarios, etc. Como novedad, tiene una opción para decirle a la IA en qué “mood” te encuentras: qué tipo de contenido te apetece ver.

OpenAI ha dado en el clavo con los “cameos”

Cualquiera que haya generado imágenes y vídeos con IA en los últimos años sabe que los modelos tienden a cambiarte la cara. Tampoco se les da muy bien mantener una misma cara en distintas escenas. Hasta hace poco, la solución eran los LoRAs: entrenar un modelo con tus fotos (técnicamente, afinar un modelo ya entrenado) para poder generar vídeos con tu cara.

Pero los LoRAs son una solución compleja y costosa, que ha dado lugar a nuevas técnicas para mejorar la consistencia de los modelos de imagen. Flux Kontext de la empresa alemana Black Forest Labs o Gemini 2.5 flash image nano-banana de Google son ejemplos paradigmáticos que han empujado a todo el sector a mejorar su consistencia. Y ahora llegan los cameos de Sora.

Cuando abres la aplicación de Sora por primera vez, puedes configurar directamente tu cameo con la cámara del teléfono, leyendo unos números que aparecen en la pantalla y girando la cabeza en las direcciones que indica la app. La grabación se usa para generar vídeos con tu cara y tu voz en el contexto que se te ocurra. Hay una guía enorme de OpenAI para mejorar tus cameos, pero el punto más importante es estar en una habitación bien iluminada.

Con la grabación basta para que los resultados sean convincentes, pero puedes añadir instrucciones personalizadas en un cuadro de texto: soy risueño, soy serio, soy gordo, soy flaco, etc. Lo más importante es seleccionar quién va a poder usar tu cameo para hacer vídeos: solo tú, solo la gente a la que le hayas aprobado el acceso, todos tus amigos o todos los usuarios.

Sam Altman, el CEO de OpenAI, tiene un cameo público que carga con el peso del éxito inicial de Sora. Casi todos los vídeos que se han viralizado tienen a Altman como protagonista. El primer gran meme de Sora son vídeos incómodos de Sam desesperado por que le den más servidores: Sam Altman robando tarjetas gráficas en un Target, Sam Altman pidiendo donativos, Sam Altman gritando en la sede de NVIDIA que necesita más GPUs.

El vídeo de presentación de Sora 2 incluía a los ingenieros de OpenAI volando sobre dragones o cabalgando patos gigantes. Una misma generación de Sora puede tener varios cameos, así que una de las funciones estrella podría acabar siendo mezclarte con famosos. El problema es encontrar famosos dispuestos a ceder su imagen de esa forma. En uno de mis vídeos, iJustine me cuenta lo fino que es el iPhone Air y Sam Altman le contesta que “es un tamaño respetable, funcional diría yo”. Los vídeos tardan unos minutos en generarse. Puedes hacer varios a la vez (hasta 100 al día) y luego publicarlos o dejarlos en borradores.

Más parecida a Vine que a TikTok o Instagram

Sora es ante todo un dardo envenenado contra Meta. La reina de las redes sociales no solo ha estado pescando ingenieros de OpenAI con sus sueldos astronómicos, sino que hace apenas una semana acababa de lanzar su propia red social de contenido autogenerado: “Vibes”. Con un enfoque más creativo o artístico que Sora, Vibes ha sido descrita por los comentarios menos halagüeños como un vertedero de “AI slop”, contenido basura generado con IA.

Sora no deja de ser, en buena parte, contenido basura generado con IA. Pero la sensación que tengo mientras hago scroll es la de haber vuelto a los tiempos de Vine, el precursor de TikTok que fue comprado por Twitter para luego cerrar. Un amalgama de sketches mordaces y momentos anónimos con la inocencia propia de un tiempo en el que el vídeo corto no monetizaba ni competía por tu atención contra millones y millones y millones de otros vídeos verticales.

Por ahora, la gente está en Sora para pásarselo bien. Y para poner a Sam Altman en aprietos. Algunos parecen haber apostado en corto a que Altman acabará demandado y obligado a despublicar su cameo. Una serie de vídeos muestra al CEO de OpenAI rodeado de personajes protegidos por derechos de autor: Pokémon, Bob Esponja… Y en todos los vídeos, “remixes” del original, Altman acaba diciendo algo así como: “espero que Nintendo no nos demande”.

La app tiene un par de mecanismos para facilitar la “imitación” del contenido de otros. Además de la opción de crear remixes de un vídeo, la descripción de un vídeo es por defecto el prompt que usó el usuario. Sorprende la facilidad que tiene Sora de entender la intencionalidad de un prompt, que pueden ser unas pocas indicaciones.

Tengo la sensación de que el modelo está afinado para que tanto el vídeo como la voz tengan un componente humorístico. A diferencia de Veo 3 de Google, que suele terminar los vídeos con situaciones surrealistas marca de la casa, Sora tiene cortes abruptos o todo lo contrario, lo que funcione mejor. En este vídeo en el que discuto con una cajera del Mercadona, yo no le pedí a Sora que el silencio final fuera tan incómodo y gracioso. Y en este en el que le pido a alguien usar su baño, tampoco especifiqué que hubiera una mirada de reojo al final. Simplemente lo hizo así.

Esta IA se ha visto hasta los programas de Canal Sur

La aparente laxitud de Sora con el tema del copyright también está llamando la atención de los usuarios. La app no te deja generar un vídeo de Los Simpson o Dragon Ball, pero muchos encuentran palabras que no están censuradas para acabar poniendo a personajes como Super Mario, Peter Griffin, Pikachu o Rick y Morty en situaciones surrealistas.

La cosa ha llegado a ponerse incómoda para OpenAI. Un usuario de Reddit consiguió mezclar en un mismo vídeo personajes de un montón de animes distintos, como Dragon Ball y One-Punch Man, con resultados impresionantes que seguramente hayan llamado la atención de las productoras de esas obras audiovisuales protegidas. OpenAI se libró de tener problemas con el fenómeno Studio Ghibli porque un estilo no está protegido, pero los personajes sí lo están.

Esta IA ha visto todo el contenido que puedas imaginar. Desde los archivos del NO-DO (el generalísimo firma un acuerdo con Sam Altman para cederle el agua de los pantanos) hasta la televisión actual (Sam Altman va a First Dates a buscar la AGI), pasando por la programación de Canal Sur con Jesús Quintero y el Risitas partiéndose de risa. Hasta he conseguido que me ponga los brazacos y tatuajes de Jordi Wild. Eso sí, las caras de las personas nunca son las de los personajes reales; solo con personajes animados se puede engañar al modelo.

Si el prompt está censurado o no es suficiente, otro mecanismo para añadir complejidad a los vídeos es la opción de cargar una imagen de partida. En este vídeo, un presentador de informativos que no existe hace una nota informativa a partir de una gráfica real de intención de voto de los diferentes partidos políticos. Nada que no pudieran hacer otros modelos, pero con una accesibilidad mucho mayor a través de Sora. Y lo más importante: por ahora, gratis.

Sora 2 no es tan importante como Sora

El modelo, Sora 2, es muchísimo mejor que lo que ofrecía OpenAI hasta ahora. Es multimodal: puede generar vídeo y voz a partir de un texto, de una imagen o de tu cameo. Y entiende muy bien las físicas del mundo. Según OpenAI, mejor que ningún otro modelo. Uno de los vídeos más vistos de Sora 2 muestra a un chico haciendo un backflip sobre una tabla de paddle surf. Es muy difícil notar que está hecho con IA. Quizá si te fijas mucho en las ondas del agua.

Sora 1 nos había prometido una simulación del mundo, pero a la hora de la verdad hacía que las gimnastas hicieran torsiones físicamente imposibles o que los balones desaparecieran o se multiplicaran al botar. Sora 2 está mucho más cerca de la promesa original y, lo que es más sorprendente, está al alcance de cualquiera (al menos, con una VPN y un iPhone).

La facilidad para mezclar no solo tu imagen, sino objetos de tus fotos en las generaciones de Sora es adictiva. Permite crear contenido entretenido o evocador a partir de una idea en segundos. Y por primera vez alguien ha empaquetado todo esto en una red social que no da cringe. Sí, muchos vídeos son basura o tienen artefactos propios de una generación rápida para reducir la factura de los servidores. Pero llorado de risa con otros muchos.

La cuestión es que, para OpenAI, el producto más importante no es Sora 2, que es una proeza tecnológica pero está pendiente de escalar de una forma rentable al resto del mundo. Sino Sora, la red social. Porque si Sora logra convencer a millones de usuarios y les muestra publicidad, será una fuente de ingresos crucial para la compañía que hace ChatGPT, una que además será un petardazo directo a la línea de flotación de Meta.

Así que, sí. OpenAI quiere que estos vídeos de Sam Altman en situaciones incómodas sean contenido que consumamos durante muchas horas. Y que las personas que hasta ahora no habían creado contenido, solo lo habían consumido por falta de recursos para grabar o x motivo, se conviertan en creadores activos gracias a las bondades de Sora 2, el modelo.

¿Me imagino en un scroll infinito viendo contenido generado por IA cuando pasen unos días después del boom inicial? Si me sigo divirtiendo, entonces sí. Es gracioso, es creativo y tiene un potencial viral que me recuerda a los mejores días de Vine. También estoy explotando al máximo la parte de crear memes privados con mis amigos usando nuestros propios cameos.

¿Me preocupa que me esté divirtiendo con un contenido que, si bien es original, no habría sido posible sin los programas de televisión, los vídeos de YouTube, los tiktoks y los reels que OpenAI seguramente haya usado para entrenar Sora 2?

Es posible que este mismo artículo se use para entrenar futuros modelos de OpenAI sin que intermedie ningún acuerdo, así que sí, hay un debate de fondo mucho más profundo y urgente que los memes de Sam Altman. Pero no cabe duda de que ese señor pequeño de ojos azules que ha colapsado mi feed sabe empaquetar y lanzar productos. Especialmente si logra fastidiar a homólogos como Mark Zuckerberg por el camino.

Imágenes | Sora

En Xataka | YouTube se está convirtiendo en algo mucho más importante para Google que su plataforma de vídeos: en su buscador

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El enorme problema de Tesla en Alemania tiene una cifra alarmante y un responsable claro: Elon Musk

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Tres de cada cuatro potenciales compradores de un coche eléctrico desechan la idea de comprarse un Tesla. El estudio apunta al mercado alemán, el que es el primer mercado de Europa del coche eléctrico por volumen de ventas, y explica una parte importante del descalabro de Tesla en Europa durante 2025.

Tres de cada cuatro. El 75% de los potenciales compradores de un coche eléctrico en Alemania no valoran la idea de comprar un coche de Tesla, según un estudio del Instituto Alemán de Economía en colaboración con la Universidad Técnica de Dresde. 

La cifra, que ya por sí sola es mala, tiene todavía más trasfondo. Y es que ese 75% está conformado por potenciales clientes que creen poco probable comprar un Tesla (15%) y quienes rechazan de pleno comprar un vehículo de esta marca (60%). El motivo, como podíamos imaginar, no es una cuestión de competencia o precio. 

El descalabro. El año pasado, en Alemania se vendieron 545.142 coches eléctricos. Fue, de largo, el mercado del coche eléctrico más fuerte de Europa. El crecimiento fue de un 43,2% frente al 2024, año en el que se vendieron poco más de 380.000 coches eléctricos. Su cuota de mercado alcanzó el 19,1%, por encima de la media europea, según ACEA

Para Tesla, sin embargo, no fue un gran año. En Europa se vendieron 150.504 eléctricos de la compañía de Elon Musk, un 37,9% menos que el año anterior  cuando se registraron 242.436 matriculaciones. Lo más problemático es que la compañía había conseguido una cuota de mercado del 2,3% (una buen bocado al pastel del coche eléctrico que en 2024 solo era de un 13,6% en la Unión Europea. Es decir, casi dos de cada 10 coches eléctricos que se vendían en Europa eran de Tesla. 

La caída fue todavía más acusada en Alemania. Allí, la caída fue de un 48,4%, según registraba Reuters a principios de año. Y, con todo, no ha sido su caída porcentual más fuerte en los países europeos pero el daño en volumen es más que evidente

La política. La decisión por la que los alemanes parecen rechazar de pleno a Tesla es evidente para los creadores del estudio: el posicionamiento político de Elon Musk. Según los autores, el posicionamiento político influye más en la compra de un coche que las características sociodemográficas. 

Señalan que las personas jóvenes, las que tienen un nivel de educación más alto y las que viven en zonas urbanas se inclinan más por la compra de un coche eléctrico. En términos políticos, los partidarios de los Verdes son los más abiertos a adquirir esta tecnología y los votantes de AfD (extrema derecha alemana) son los menos entusiastas. De media, aseguran, el cliente potencial de un coche eléctrico ha crecido por encima del 40% y quienes lo rechazan de pleno también han caído. 

Pero el problema para Tesla es que no es atractivo para ninguno de los dos grupos. Entre los Verdes, solo el 10,8% valora la compra de un Tesla como primera opción y el porcentaje crece entre los seguidores de AfD hasta el 15,2% pero hay que tener en cuenta que estos votantes también son menos partidarios de comprar un coche de este tipo. 

Solo pierde. El estudio concluye con una sentencia: Elon Musk ha perdido el apoyo para comprar coches en los grupos progresistas (los que más coches eléctricos compran o están dispuestos a comprar) y no ha atraído lo suficiente a los grupos conservadores para paliar esta desventaja. 

El resultado es consecuencia directa de un año 2025 que comenzó con Elon Musk haciendo un saludo nazi durante la toma de poder de Donald Trump al frente de los Estados Unidos y que continuó con un apoyo explícito del máximo responsable de la compañía a AfD y otros partidos de extrema derecha en Europa. 

Hay que tener en cuenta que este tipo de posicionamiento políticos en Alemania son mucho más delicados que en otros países. En Alemania el saludo nazi es delito castigado con multa en los casos leves pero que puede ser motivo de cárcel en los más graves. 


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Captura De Pantalla 2026 02 11 A Las 11 28 06 A M

Estudio sobre las preferencias a la hora de comprar un coche eléctrico en Alemania segmentado por partidos políticos. Fuente: Insitituto Alemán de Economía

La peor opción casi siempre. En la imagen superior se muestra la predisposición de los alemanes al tipo de coche eléctrico a comprar segmentado por su origen y por los partidos políticos que votan estos potenciales clientes. 

Según estos datos, Tesla es la última opción en cuatro de los seis partidos políticos estudiados, incluso por detrás de los coches chinos como primera opción. Estos últimos le superan siempre salvo entre los votantes de la CDU y del SPD (aunque en ambos casos un mayor porcentaje se plantea ve posible comprar un coche chino a un Tesla si sumamos el segundo nivel de predisposición). 

Tesla cosecha los peores resultados entre los Verdes y Linke (La Izquierda) y el rechazo absoluto es mayor entre los partidarios de este último partido político. Los coches chinos son, en todos los casos, la segunda opción elegida si se valora los que están dispuestos a comprar un coche eléctrico y los que lo valoran como posible compra. Los alemanes son los que más respaldo obtienen y la primera opción en todos los casos, con mayor apoyo entre los votantes de los Verdes y con AfD como el partido con mayores reticencias a su compra. 

Foto | Elon Musk en X e Instituto Alemán de Economía

En Xataka | Tesla está descubriendo en tiempo real que lo más difícil no era construir una marca de coches desde cero: era mantenerla

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el deporte se ha disfrazado de terapia para cobrarte más dinero

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Hubo un tiempo en que los gimnasios olían a linimento y hierro oxidado. El éxito se medía en gritos guturales y camisetas empapadas bajo el lema militar del no pain, no gain. Esa era ha muerto. Si entras hoy en un estudio de moda, olerás a incienso y verás colores pastel. La industria ha entendido que para captar a las masas debía dejar de vender agotamiento y empezar a vender “conexión”.

Según explican desde las revistas de tendencias, hemos entrado en la era de la Strong Elegance. Este nuevo concepto, lejos de ser una marca, es definido como una evolución natural de entrenar “mejor, no más”. El objetivo ya no es destruir el músculo, sino “conectar con tu cuerpo” a través de la suavidad y la técnica. 

Es el nacimiento del Cozy Fitness o entrenamiento amable. Sin embargo, detrás de esta fachada de calma zen, las proyecciones económicas son vertiginosas. Se estima que el mercado global de estudios de Pilates y Yoga alcanzará los 520.610 millones de dólares para 2035, impulsado por una población que valora la salud mental por encima de la apariencia física bruta. 

La redefinición del esfuerzo

El cambio de paradigma no es casual; responde a una demanda post-pandémica de salud mental. Según un informe de Les Mills, el 99% de los encuestados afirma sentirse “más feliz” después de entrenar, y un 42% prioriza el ejercicio específicamente para mejorar su bienestar mental. Esto ha provocado que disciplinas de bajo impacto, como el Pilates, sean la clase más reservada por segundo año consecutivo. 

Pero no nos engañemos pensando que “suave” significa “fácil”. Medios especializados advierten que disciplinas como el barre (una fusión de ballet, pilates y yoga) generan una sobrecarga metabólica y mecánica real. Al trabajar con isometría y llevar el músculo a la fatiga sin grandes pesos, se consigue fuerza y mejora postural. 

Pilates
Pilates

Aquí es donde la narrativa se vuelve perversa. Bajo la promesa de “liberación” y “autocuidado”, la industria ha mercantilizado la gestión del yo. Un análisis académico profundo sobre las dimensiones filosóficas de las ciencias médicas sugiere que el fitness moderno es un subproducto de la ideología neoliberal. Se nos inculca la noción del “yo emprendedor”: la salud y la estética se convierten en una responsabilidad individual de éxito o fracaso. El bienestar se vende como una mercancía, y el individuo se ve obligado a la “auto-optimización” constante. Si no estás sano y radiante, es porque no estás gestionando bien tu “empresa” corporal. 

Esta presión se manifiesta en nuevas obsesiones como el Protein Chic. Hemos pasado de comer por necesidad a consumir productos enriquecidos con proteínas (incluso palomitas o agua) como símbolo de estatus. El batido de proteínas se ha convertido en un ritual religioso, una herramienta para sentir que hemos “cumplido” con el mandato de productividad física. 

Además, el deporte se ha transformado en un filtro de clase. Competiciones de moda como Hyrox, que combinan carrera y ejercicios funcionales, se han convertido en una exhibición de lifestyle donde pagas una inscripción elevada (cerca de 70 euros) para demostrar que puedes permitirte sufrir de forma cool y gamificada. 

Los motores del cambio: soledad, identidad y moda

Para entender cómo hemos llegado a este punto, hay que mirar quién está llenando las salas. La Generación Z ha convertido el gimnasio en su nuevo bar, buscando desesperadamente una tribu en lugar de máquinas frías. Un informe de 2025 revela que el 36% de los jóvenes acude regularmente a estos centros, no solo por el físico, sino para combatir la soledad y encontrar comunidad. Su prioridad es la pertenencia, lo que explica el éxodo masivo hacia las clases grupales frente al entrenamiento solitario. 

Las grandes cadenas han leído esta necesidad emocional a la perfección y han virado su modelo de negocio: ya no venden una hora de ejercicio, venden identidad. El éxito de marcas como Brooklyn Fitboxing, que prevé facturar 50 millones de euros, se basa en gamificar esa comunidad. Del mismo modo, Club Pilates ha disparado sus ingresos un 60% en España al enfocarse en la “calidad operativa” y vender la sensación de pertenecer a un club selecto y exclusivo. 

Esta obsesión estética lo ha impregnado todo, incluso la tecnología, que ha abandonado el plástico tosco para disfrazarse de alta joyería o hacerse invisible. El “minimalismo tecnológico” es la nueva norma: pulseras como la Xiaomi Smart Band 10 se lanzan ahora con correas de cerámica para llevarse como collares de moda, mientras que dispositivos como los anillos inteligentes o los sensores de Whoop apuestan por la “monitorización silenciosa”. Es el triunfo del dato constante pero discreto: la obsesión por medir el cuerpo 24/7 sin parecer un cíborg. 

Hacia dónde vamos: De la estética a la biología

El futuro inmediato de la industria profundiza en esta sofisticación. Las tendencias para 2026 apuntan a la ‘Body Literacy’ (alfabetización corporal): según Elle, los usuarios ya no quieren recetas genéricas, sino entender su propia biología, hormonas y respuesta al estrés. Se pasa del “bio-hacking” agresivo a una comprensión personalizada y clínica. 

En España, el mercado entra en una fase de consolidación. Según los informes de consultoras como BDO, los grandes operadores dejarán de abrir centros indiscriminadamente para centrarse en aumentar el ingreso medio por cliente (upselling) y ofrecer servicios familiares integrales. El gimnasio quiere ser el centro de la vida social de toda la familia. 

Sin embargo, hay grietas en este mundo perfecto de colores pastel. Mientras el sector premium habla de conectar el alma, el segmento low cost sigue siendo una batalla de precios y eficiencia, recordándonos que el “bienestar espiritual” sigue siendo, en gran parte, un lujo económico.

Incluso la tecnología muestra signos de agotamiento. Analistas tecnológicos señalan que dispositivos como el Apple Watch parecen haber tocado techo en lo deportivo. Se han convertido en excelentes “animadores” de bienestar (Wellness), pero carecen de la profundidad técnica de un entrenador real, quedándose en la superficie de la motivación con voces sintéticas que te felicitan por cerrar anillos.

Como resume Ale Llosa, fundadora de uno de estos nuevos métodos de éxito, en Vogue: “Lo soft está de moda, pero sin fuerza no hay resiliencia”. La duda que nos queda, al cerrar la taquilla del vestuario, es si esta nueva era del fitness nos está haciendo realmente más libres y fuertes, o si simplemente nos ha construido una jaula más bonita, acolchada y cara para seguir produciendo. 

Imagen | Freepik

Xataka | Hemos aceptado que el deporte es “medicina” para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios

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los bloqueadores de anuncios siguen ahí

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Cuando en junio de 2024 Google empezó con la transición a Manifest v3, una posibilidad surgía en el horizonte: la desaparición de los bloqueadores de anuncios. La empresa con sede en Mountain View promocionaba esta arquitectura como más segura y eficiente, pero en el camino limitaba la efectividad de los adblockers. No obstante, tendría sentido: el principal negocio de Google es la publicidad.

Funciona hasta mejor bloqueando anuncios. Un estudio independiente de la Universidad Goethe de Frankfurt ha desvelado que, al contrario de lo que se pensaba al principio, la nueva arquitectura de Chrome no reduce la eficacia de las extensiones de bloqueo de anuncios y privacidad. No hay una reducción estadísticamente significativa en el bloqueo de publicidad. Resumiendo, que el rendimiento de la arquitectura MV3 de Chrome es más o menos similar al MV2. Pero es que además conlleva ventajas en la fluidez y en el bloqueo de trackers.

Por qué es importante. Para empezar, porque este hallazgo es independiente: no es una nota de prensa de Google, que tiene un evidente conflicto de intereses, sino un estudio académico revisado por Proceedings on Privacy Enhancing Technologies. Además, porque desmiente que MV3 sea una herramienta diseñada exclusivsamente para proteger el modelo de negocio publicitario de Google inutilizando los adblockers. 

Finalmente, deja la pelota en el tejado de usuarios y usuarias: la diferencia entre usar un bloqueador en Chrome o en Firefox es apenas inperceptible, así que si este es un criterio diferencial, en este sentido hay prácticamente igualdad de condiciones.

Cómo funcionaban Manifest V3 y V2. El antiguo estándar permitía a las extensiones detener el tráfico de red, examinarlo y decidir si bloquearlo o no en tiempo real. Era potente, pero podía ralentizar la navegación y una extensión perniciosa podía leer todo tu tráfico. El nuevo estándar ya no intercepta el tráfico directamente, sino que le otorga al navegador una lista de reglas y es Chrome quien ejecuta el bloqueo, lo que conlleva mejoras en el rendimiento y la privacidad (frente a terceros), pero resta flexibilidad.

Los trucos para la supervivencia. Pasar de pedir permiso a dar una lista de reglas parecía al principio un hándicap y sin embargo, los bloqueadores han salido fortalecidos en el global por tres razones:

  • La capacidad de adaptación de las extensiones de bloqueo (en realidad, del equipo de devs que hay detrás), traduciendo sus filtros complejos al formato requerido por Google sin perder efectividad.
  • Los bloqueadores son el cerebro y el navegador el brazo ejecutor: ahora es el navegador el que hace el trabajo sucio de procesamiento, lo que se traduce en una ejecución de bloqueos de anuncios más rápida y fluida.
  • Las nuevas reglas son más estrictas con los espías. El estudio descubrió que MV3 bloquea incluso mejor esos scripts que intentan recolectar datos en segundo plano. Ahora el sistema es más rígido y eso en términos de seguridad lo hace más difícil de burlar.

Pero no es perfecto. Sin embargo, el estudio señala la letra pequeña de este cambio, como el límite de reglas que MV3 impone, o la falta de dinamismo a la hora de actualizar su libro de reglas. Asimismo y aunque es fluido bloqueando anuncios, no midieron si carga las webs más rápido que MV2. Por otro lado cabe recordar que esta es una foto del hoy y que Google tiene potestad de modificar las limitaciones de la API modificando así estos resultados.

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Portada |  Growtika en Unsplash

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