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guía para principiantes de las estrellas que han guiado civilizaciones

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Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha mirado al cielo nocturno en busca de patrones y respuestas. Las constelaciones, agrupaciones de estrellas a las que hemos puesto nombre, han sido guía de navegantes, calendario de agricultores y lienzo para nuestras mitologías. Hoy los científicos siguen aprovechando esta tradición milenaria, que se ha convertido en una herramienta fundamental para cartografiar el universo.

¿Cuántas constelaciones se pueden ver desde la Tierra?

Oficialmente, el cielo está dividido en 88 constelaciones. Su cartografía fue establecida por la Unión Astronómica Internacional a partir de 1928 para que cada punto de la esfera celeste perteneciera a una única región, sin solapamientos ni ambigüedades. Aunque no es posible verlas todas desde un único punto del planeta debido a la latitud y a la rotación terrestre, a lo largo de un año y desde diferentes lugares del mundo, todas las constelaciones se revelan ante nosotros.

El primer paso para observarlas es distinguir entre una “constelación” y un “asterismo”. Mientras que un asterismo es un patrón de estrellas popular y reconocible por su forma (como el Carro o el Triángulo de Verano), una constelación es una de las 88 regiones oficialmente delimitadas que dividen la totalidad de la esfera celeste, un concepto mucho más útil para la astronomía moderna.

Esta estandarización marcó un punto de inflexión en la historia de la astronomía. Antes de 1928, las distintas culturas y tradiciones astronómicas mantenían sus propios mapas celestes, lo que dificultaba la comunicación científica a nivel global. Con el auge de la astrofísica, se hizo necesario contar con un sistema de referencia universal para localizar con precisión objetos como estrellas variables, nebulosas o galaxias lejanas.

Definiendo unas fronteras claras, la IAU transformó las constelaciones de figuras mitológicas en un sistema de coordenadas celestes equivalente a los países del mapamundi. Esta unificación fue un pilar para la colaboración astronómica internacional del siglo XX y XXI, facilitando el mapeo del cosmos y el desarrollo de proyectos globales como la búsqueda sistemática de exoplanetas.

Las constelaciones más conocidas y dónde podemos verlas

Aprender a reconocer las constelaciones más famosas es el primer paso para convertirse en un astrónomo aficionado. Estas son las constelaciones más icónicas y cómo encontrarlas:

La Osa Mayor

Foto de las estrellas que forman la constelación de la Osa Mayor
Foto de las estrellas que forman la constelación de la Osa Mayor

La constelación de la Osa Mayor. Imagen | Łukasz Mularczyk, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Con una extensión de 1.280 grados cuadrados, la Osa Mayor es la tercera constelación más grande del cielo nocturno. En la mitología griega, representa a la ninfa Calisto, a quien la celosa diosa Hera transformó en una osa.

La forma más sencilla de identificar la Osa Mayor es buscando su famoso asterismo. Conocido como “el Carro” o “el Cazo”, es un grupo de siete estrellas brillantes que dibujan la forma de una cazuela con un mango curvo. Este asterismo es en realidad solo una parte de la constelación completa, que también incluye estrellas que forman la cabeza y las patas del oso.

Más allá de su forma, la Osa Mayor es la principal herramienta de navegación celeste en el hemisferio norte por su función como “puntero” cósmico. Las dos estrellas del borde exterior del cazo, Merak y Dubhe, forman una línea recta que, si se prolonga cinco veces, apunta directamente a la estrella Polar, la forma más fiable de encontrar el norte geográfico.

Además, si se sigue el arco que dibuja el mango del carro, se llega primero a la brillante Arturo, en la constelación de Bootes, y después a Spica, en Virgo. Por ello, aprender a identificar la Osa Mayor permite localizar al menos otras cuatro constelaciones clave. Para los observadores del hemisferio norte, es una constelación circumpolar, lo que significa que es visible durante todo el año. Su estrella más brillante no es ninguna de las mencionadas, sino Alioth, situada en el mango.

La Osa Menor

Foto con explicaciones de la Osa Menor
Foto con explicaciones de la Osa Menor

La constelación de la Osa Menor. Imagen | Buie, Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

La Osa Menor se localiza a partir de la Osa Mayor. Siguiendo la línea imaginaria trazada por las estrellas “puntero” (Merak y Dubhe), se llega a Polaris, la estrella más brillante de la Osa Menor, que marca el final de su cola. Su forma es similar a la de un carro, como la Osa Mayor, pero es más pequeña, y sus estrellas son considerablemente más tenues, a excepción de Polaris, que es un sistema estelar triple compuesto por una estrella supergigante y dos compañeras más pequeñas.

La Osa Menor es una constelación circumpolar visible durante todo el año en el hemisferio norte. Contiene el polo norte celeste, el punto alrededor del cual parece girar todo el cielo boreal. La mitología la asocia con Arcas, el hijo de Calisto, o con Cinosura, una de las ninfas que cuidó de Zeus en su infancia.

Incluso su estrella más brillante, Polaris, puede ser difícil de ver desde las ciudades. Su relevancia radica en su posición: está casi perfectamente alineada con el eje de rotación de la Tierra. Esto hace que parezca inmóvil en el cielo, mientras que las demás estrellas trazan círculos a su alrededor a lo largo de la noche, convirtiéndola en un faro ideal para orientarse.

Sin embargo, este privilegio es temporal. Un lento bamboleo del eje terrestre, conocido como precesión de los equinoccios, está haciendo que el polo norte celeste se desplace. Hace unos 4.700 años, durante la construcción de las pirámides de Egipto, la estrella polar era Thuban, en la constelación de Draco. Dentro de miles de años, Polaris cederá su puesto a otra estrella.

Orión

Foto con patrones añadidos de la constelación de Orión
Foto con patrones añadidos de la constelación de Orión

La constelación de Orión. Imagen | Joseph Morgan, Flickr (CC BY-SA 2.0)

Orión es una de las constelaciones más espectaculares y fáciles de reconocer. Al estar situada sobre el ecuador, es visible desde casi cualquier parte del mundo. Su rasgo más distintivo es el “Cinturón de Orión”, un asterismo que forma una línea casi perfecta de tres estrellas muy brillantes: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Este trío es conocido popularmente como “Las Tres Marías”.

Orión representa al gigante cazador de la mitología griega. Es una de las constelaciones más fotogénicas y relevantes porque alberga una de las regiones de formación estelar más activas y cercanas a nosotros: la Gran Nebulosa de Orión (M42). Esta inmensa “guardería estelar” es visible a simple vista como una mancha difusa en la espada que cuelga del cinturón de Orión.

Su estrella más brillante no es Betelgeuse, una llamativa supergigante roja, sino Rigel, una deslumbrante supergigante azul situada en el pie del cazador.

Casiopeia

Foto de la constelación Casiopea con patrones añadidos
Foto de la constelación Casiopea con patrones añadidos

La constelación de Casiopea. Imagen | scketer, DeviantArt (CC BY-SA 3.0)

Esta constelación del hemisferio norte es inconfundible gracias a su distintiva forma de “W” o “M”, que consta de cinco estrellas brillantes. Al ser circumpolar, es visible durante todo el año desde latitudes medio-altas del norte. Se encuentra en el lado opuesto de la Estrella Polar con respecto a la Osa Mayor, por lo que cuando una está baja en el horizonte, la otra está alta.

Casiopea representa a la vanidosa reina de la mitología etíope, esposa de Cefeo y madre de Andrómeda. Como castigo por presumir de ser más bella que las ninfas del mar, fue condenada a girar eternamente alrededor del polo celeste, pasando la mitad del tiempo boca abajo en su trono.

Su estrella más brillante es Schedar, una gigante naranja. La constelación se encuentra en una región muy densa de la Vía Láctea, por lo que es rica en cúmulos estelares abiertos, como M52.

Canis Major

Estrellas de la constelación Canis Major y un añadido con el patrón que forman
Estrellas de la constelación Canis Major y un añadido con el patrón que forman

La constelación de Can Mayor. Imagen | Pithecanthropus4152, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Representa a uno de los perros de caza que acompañan a Orión en su cacería celestial. Se asocia con Lélape, un perro mágico destinado a atrapar siempre a su presa. Su estrella principal, Sirio, no solo es la más brillante de la constelación, sino la estrella más brillante de todo el cielo nocturno.

Su brillo se debe tanto a su luminosidad intrínseca como a su proximidad, ya que se encuentra a solo 8.6 años luz de la Tierra. Sirio es un sistema binario: la estrella principal, Sirio A, es una estrella blanca dos veces más masiva que el Sol acompañada por una pequeña pero densa enana blanca llamada Sirio B, o “el Cachorro”.

La forma más sencilla de encontrar al Can Mayor es utilizar el Cinturón de Orión como guía. Al prolongar la línea de las tres estrellas hacia el sureste (en el hemisferio norte), se llega directamente a una estrella que brilla con una intensidad inigualable: Sirio. Esta constelación es una de las joyas del cielo invernal del hemisferio norte.

Pegaso

Foto de la constelación de Pegaso y el patrón que forma en el cielo
Foto de la constelación de Pegaso y el patrón que forma en el cielo

La constelación de Pegaso. Imagen | A. D. Prakasa, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

La característica más prominente de Pegaso es un gran asterismo conocido como el “Cuadrado de Pegaso”, un enorme cuadrilátero formado por cuatro estrellas que representan el cuerpo del caballo alado. Es una de las constelaciones dominantes en el cielo de otoño del hemisferio norte.

Representa al caballo alado de la mitología griega, que nació de la sangre de la gorgona Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza. Curiosamente, la estrella que forma el vértice noreste del cuadrado, Alpheratz, no pertenece a Pegaso, sino que es la estrella alfa de la vecina constelación de Andrómeda.

La estrella más brillante de Pegaso es Enif, una supergigante naranja que marca el hocico del caballo en el patrón de la constelación.

Cruz del Sur

Foto de larga exposición de la constelación Cruz del Sur y sus patrones
Foto de larga exposición de la constelación Cruz del Sur y sus patrones

Constelación de la Cruz del Sur. Imagen | J. C. Casado, Flickr (CC BY-NC 2.0)

Fuera del alcance visual de Europa, pero icónica en el hemisferio sur, la Cruz del Sur es una pequeña constelación que forma una cruz latina en el cielo austral. Su estrella más brillante es Acrux, que está entre las estrellas de mayor brillo de todo el cielo nocturno.

A pesar de su modesto tamaño, es de gran importancia para la navegación en el hemisferio sur porque sus cuatro estrellas principales apuntan aproximadamente hacia el polo sur celeste. De hecho, aparece en las banderas de varios países del hemisferio sur debido a su valor cultural.

Justo al lado se encuentran las estrellas Alpha Centauri y Beta Centauri (en la constelación del Centauro), que actúan como punteros para la Cruz del Sur. En su interior se puede ver la Nebulosa del Saco de Carbón, una nube oscura que resalta sobre el fondo estrellado de la Vía Láctea.

Las 13 constelaciones zodiacales

Constelaciones del zodiaco
Constelaciones del zodiaco

Constelaciones del zodiaco. Imagen | Till Credner, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Desde una perspectiva astronómica, las constelaciones zodiacales son aquellas que se encuentran en el plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Este plano, proyectado en la esfera celeste, se conoce como la eclíptica. Es, digamos, el camino aparente que el Sol, la Luna y los planetas trazan en nuestro cielo nocturna a lo largo del año.

Esta banda celeste no solo es el escenario del movimiento aparente del Sol, sino también el origen de fenómenos sutiles como la luz zodiacal, un fenómeno que conocemos desde hace siglos y del que aún seguimos descubriendo su origen.

A diferencia de la astrología, que divide la eclíptica en 12 signos iguales de 30 grados cada uno, las constelaciones astronómicas tienen tamaños y formas irregulares. Además, el Sol no atraviesa 12, sino 13 constelaciones. La “olvidada” es Ofiuco, el portador de la serpiente. Los antiguos astrónomos babilonios la omitieron deliberadamente para que el zodiaco encajara en su calendario de 12 meses lunares, una tradición que la astrología occidental ha mantenido.

La principal razón por la que las fechas astrológicas ya no coinciden con la posición real del Sol en las constelaciones es la susodicha precesión de los equinoccios, el lento bamboleo del eje de la Tierra, similar al de una peonza, que completa un ciclo cada aproximadamente 26.000 años.

Este movimiento ha provocado que, a lo largo de los más de 2.000 años transcurridos desde que se fijaron los signos del zodiaco, las constelaciones se hayan desplazado casi un mes completo respecto a las fechas astrológicas. Así que, cuando un astrólogo dice que el Sol está “en Aries”, astronómicamente se encuentra todavía en la constelación de Piscis.

Aries

Representa al carnero alado cuyo Vellocino de Oro fue buscado por Jasón y los Argonautas. Es una constelación pequeña y no muy brillante, situada entre Piscis y Tauro. Su estrella principal es Hamal. El Sol transita por Aries entre el 18 de abril y el 13 de mayo.

Tauro

Fácilmente reconocible por su forma de ‘V’, que representa la cabeza del toro, está marcada por una brillante estrella anaranjada llamada Aldebarán. Contiene dos famosos cúmulos estelares: las Pléyades y las Híades. Mitológicamente, se asocia con la forma que adoptó Zeus para seducir a la princesa Europa. El Sol transita por Tauro entre el 13 de mayo y el 21 de junio.

Géminis

Representa a los gemelos Cástor y Pólux de la mitología griega. Sus dos estrellas más brillantes llevan sus nombres. Pólux, una gigante anaranjada, es la más luminosa de la constelación. Se encuentra al noreste de Orión. El Sol transita por Géminis entre el 21 de junio y el 20 de julio.

Cáncer

Es una de las constelaciones zodiacales más tenues. Representa al cangrejo que la diosa Hera envió para atacar a Hércules durante su lucha con la Hidra. Alberga el cúmulo estelar abierto del Pesebre (M44), visible a simple vista como una mancha nebulosa. El Sol transita por Cáncer entre el 20 de julio y el 10 de agosto.

Leo

Otra de las constelaciones más reconocibles, que se asemeja a un león agazapado. Su asterismo principal es una “hoz” o un signo de interrogación invertido que forma la cabeza y la melena del león. Su estrella más brillante es Régulo, que significa “pequeño rey”. Representa al León de piel impenetrable Nemea, que fue derrotado por Hércules. El Sol transita por Leo entre el 10 de agosto y el 16 de septiembre.

Virgo

Es la constelación más grande del zodiaco y la segunda más grande del cielo. Representa a una doncella, identificada con Deméter, la diosa de la agricultura, o con Astrea, la diosa de la justicia. Su estrella más brillante es Spica, una brillante estrella blanco-azulada que simboliza una espiga de trigo. El Sol transita por Virgo entre el 16 de septiembre y el 30 de octubre.

Libra

Es la única constelación del zodiaco que no representa a un ser vivo, sino a un objeto: la balanza de la justicia. Originalmente, sus estrellas formaban las pinzas de la vecina constelación de Escorpio. Es una constelación tenue, cuya estrella más brillante es Zubeneschamali. El Sol transita por Libra entre el 30 de octubre y el 23 de noviembre.

Escorpio

Una de las pocas constelaciones que se asemeja a lo que representa. Su forma curvada de estrellas brillantes dibuja perfectamente un escorpión con su aguijón. Su corazón está marcado por la brillante supergigante roja Antares, cuyo nombre significa “el rival de Ares” (Marte) por su color rojizo. En la mitología, es el escorpión que mató a Orión el cazador. El Sol transita por Escorpio entre el 23 de noviembre y el 29 de noviembre.

Ofiuco

No forma parte del zodiaco tradicional, aunque el Sol pase por ella, como siempre han sabido los astrónomos. Representa a Asclepio, el dios de la medicina, sosteniendo una serpiente (la constelación de Serpens). Es una constelación grande pero no especialmente prominente. El Sol transita por Ofiuco entre el 29 de noviembre y el 17 de diciembre.

Sagitario

Situada en la parte más densa de la Vía Láctea, esta constelación marca la dirección del centro de nuestra galaxia. Su asterismo más conocido es “la Tetera”. Representa a un centauro arquero identificado con el sabio Quirón. Su estrella más brillante es Kaus Australis. Contiene una gran cantidad de nebulosas y cúmulos estelares, como la Nebulosa de la Laguna (M8) y la Nebulosa Trífida (M20). El Sol transita por Sagitario entre el 17 de diciembre y el 20 de enero.

Capricornio

Representa a una cabra marina, una criatura mitológica mitad cabra, mitad pez. Es una de las constelaciones más tenues del zodiaco.63 Su estrella más brillante esDeneb Algedi*, que significa “la cola de la cabra”. El mito la asocia con el dios Pan, quien se transformó para escapar del monstruo Tifón. El Sol transita por Capricornio entre el 20 de enero y el 16 de febrero.

Acuario

Representa al aguador, a menudo identificado con Ganimedes, el copero de los dioses del Olimpo. Es una constelación grande pero con estrellas poco brillantes. Su estrella más luminosa es Sadalsuud, cuyo nombre significa “la más afortunada de las afortunadas”. El Sol transita por Acuario entre el 16 de febrero y el 11 de marzo.

Piscis

Representa a dos peces atados por sus colas con una cuerda. Es una constelación grande pero muy tenue y difícil de ver. En la mitología, los peces son Afrodita y su hijo Eros, quienes se transformaron para escapar del monstruo Tifón. Su estrella más brillante es Alpherg. El Sol transita por Piscis entre el 11 de marzo y el 18 de abril.

Las constelaciones más visibles según la estación del año

Sidney Hall S 1831 Astronomical Chart Illustration Of The Ursa Major Illustratio Xl
Sidney Hall S 1831 Astronomical Chart Illustration Of The Ursa Major Illustratio Xl

Mapa astronómico de 1831 con una ilustración de la Osa Mayor. Imagen | Rawpixel

El cielo nocturno es un escenario cambiante. A medida que la Tierra orbita alrededor del Sol, nuestra ventana apunta a diferentes regiones del cosmos, revelando un nuevo elenco de constelaciones con cada estación.

El cielo de invierno

Considerado el más espectacular del año, el cielo de invierno en el hemisferio norte está dominado por la majestuosa constelación Orión, el Cazador. Le siguen sus fieles perros de caza, Canis Mayor, con la deslumbrante estrella Sirio, y Canis Menor, con Proción. Junto con Rigel y Betelgeuse en Orión, Aldebarán en Tauro y Cástor o Pólux en Géminis, estas estrellas forman un gran asterismo conocido como el Hexágono Invernal, que llena el cielo nocturno de astros brillantes.

El cielo de primavera

Tras el dominio de Orión en invierno, el cielo de primavera se vuelve más sutil. Las constelaciones clave son Leo, con su reconocible hoz, Virgo, con la brillante Spica, y Bootes, el pastor, con la luminosa estrella Arturo de color anaranjado. Una forma fácil de encontrarlas es seguir el arco del mango del Carro de la Osa Mayor hasta llegar a Arturo y luego continuar la misma línea hasta Spica.

Cielo de verano

El verano del hemisferio norte está dominado por un gran asterismo llamado Triángulo de Verano. Sus vértices son tres de las estrellas más brillantes del cielo, cada una perteneciente a una constelación diferente: Vega (en Lira), Deneb (en Cisne) y Altair (en Águila). Esta es también la mejor época para observar el resplandor de la Vía Láctea, que cruza el Triángulo de Verano. Mirando hacia el sur, hacia las constelaciones de Sagitario y Escorpio, podemos ver la parte más densa y brillante de nuestra galaxia, puesto que es la dirección de su centro galáctico.

Cielo de otoño

El cielo de otoño en el hemisferio norte está presidido por el imponente Cuadrado de Pegaso. Junto a él se encuentran las constelaciones ligadas al mito de Perseo: Casiopeia, con su forma de W alta en el cielo, Andrómeda, y el propio Perseo. El otoño ofrece la única oportunidad de observar a simple vista, en un cielo oscuro, el objeto más lejano visible sin ayuda óptica: la Galaxia de Andrómeda (M31), que aparece como una pequeña mancha algodonosa.

Unos consejos para ver mejor las constelaciones

Foto de la Vía Láctea y varias constelaciones sobre un árbol
Foto de la Vía Láctea y varias constelaciones sobre un árbol

La Cruz del Sur vista desde Australia. Imagen | Trevor Dobson (CC BY-NC-ND 2.0)

Dónde ubicarse y qué equipo usar para observarlas

La clave para una buena noche de observación astronómica es escapar de la contaminación lumínica. Las luces de las ciudades crean un velo anaranjado que oculta las estrellas más débiles y la Vía Láctea. Lo más fundamental buscar un lugar lo más oscuro posible, preferiblemente en zonas rurales, montañas o parques con cielo oscuro.

Una vez en el lugar, es vital permitir que los ojos se adapten a la oscuridad. Este proceso fisiológico puede tardar entre 20 y 30 minutos, durante los cuales la pupila se dilata al máximo y se activan los fotorreceptores más sensibles a la luz tenue. Mirar la pantalla brillante de un móvil o encender una linterna blanca arruina este proceso instantáneamente. Por ello, los astrónomos utilizan linternas de luz roja, que afectan mucho menos la visión nocturna.

En cuanto al equipo, la progresión es sencilla. A simple vista se pueden reconocer las principales constelaciones y asterismos. Unos prismáticos de 7×50 o 10×50 son excelentes para explorar la Vía Láctea, descubrir cúmulos estelares como las Pléyades y observar la Nebulosa de Orión con más detalle. Por último, un telescopio, aunque sea de principiantes, permite observar detalles en los planetas, como los anillos de Saturno o las lunas de Júpiter.

Aplicaciones para ver las estrellas

Los móviles han puesto un completo planetario en nuestro bolsillo. Existen apps y herramientas excelentes para ver estrellas y constelaciones. Guías interactivas como Stellarium, Sky Guide o Sky Tonight usan el GPS y la brújula del teléfono para mostrar un mapa del cielo en tiempo real.

Apuntando el móvil hacia el cielo, cualquiera de estas aplicaciones identifica estrellas, planetas, constelaciones e incluso objetos de cielo profundo. Y ofrecen información detallada sobre cada objeto, simulan el cielo desde cualquier lugar y fecha, y envían notificaciones sobre eventos astronómicos importantes como lluvias de meteoros o eclipses.

Además de estrellas y planetas, estas apps permiten rastrear en tiempo real la Estación Espacial Internacional (ISS), los trenes de Starlink y otros tipos de satélites, dándonos una nueva perspectiva sobre la gigantesca red de la que somos cada vez más dependientes.

Una vez localizados, lo mejor es apartar el teléfono, acostumbrar la vista y caer en la cuenta de que cada estrella es un sol distante, y cada constelación, una ventana a la inmensidad del cosmos. Observar el cielo es, en esencia, mirar hacia nuestro propio pasado y nuestros orígenes, un recordatorio de que el viaje no ha hecho más que empezar.

Imagen | DarkWorkX, Pixabay

En Xataka | Hace 41.000 años, nuestros antepasados sobrevivieron a una inversión de los polos. Ya sabemos cómo sobrellevaron este cambio

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Decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA, esto no es más que el principio

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Burbuja sí, burbuja no. Nadie se pone de acuerdo. De un lado están quienes ven un claro paralelismo con la burbuja de las puntocom y creen que el estallido es inminente. De otro, los más optimistas que ven en la IA una fuente de riqueza inagotable (una que aún no hemos visto, dicen que porque no la sabemos medir). Adivinad en qué bando está el CEO de SoftBank, que sólo el año pasado metió nada menos que 40.000 millones de dólares en OpenAI.

¿Qué burbuja? Cuentan en Reuters que, durante la última conferencia anual de resultados, el CEO de la empresa Masayoshi Son fue tajante con quienes ven en el boom de la IA un apocalipsis inminente: “Creo que decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA (…) Esto no es más que el principio. El potencial de la IA está por descubrirse”. Son no descartó una caída por completo, pero auguró “muchos días dorados” incluso aunque eso sucediera. 

Su postura encaja con la de otros líderes empresariales como Jensen Huang, que cree que estamos ante la mayor construcción de infraestructura de la historia, o Satya Nadella, que dice que sólo sería una burbuja en caso de que nadie use la IA, cosa que no está pasando. 

Intereses. Para entender esta postura tan contundente basta con saber que SoftBank es el mayor inversor de OpenAI. En total, el conglomerado japonés se ha comprometido a invertir más de 64.000 millones de dólares, y lo que es más importante: no están invirtiendo en otras empresas de IA. De momento la apuesta les está yendo relativamente bien y en el primer trimestre del año registraron unos beneficios de 25.000 millones de dólares, lo que disparó el precio de su acción, que ya subieron un 216% en 2025. Sin embargo, no es menos cierto que el futuro de la compañía está fuertemente ligado al éxito o fracaso de OpenAI y el boom de la IA en general. Si la burbuja pincha, pinchan con ella.

Fe ciega. Contaban en Bloomberg hace poco que muchos directivos de SoftBank estaban preocupados por la extraña fascinación que su CEO mostraba por Sam Altman. En un momento en el que rivales como Anthropic ya valen más, la cúpula interna está inquieta por el riesgo de “poner todos los huevos en la misma cesta” y que después Altman no cumpliera sus promesas. Es algo que ya les pasó con la quiebra de WeWork y que repite los mismos ingredientes: líder carismático y inversión agresiva. Varios de estos directivos le han planteado a Son qué pasaría si OpenAI fallara, pero el CEO siempre descarta las dudas bruscamente, por lo que han optado por callarse. 

La salida a bolsa. OpenAI está planeando su salida a bolsa, probablemente para antes de que termine el año, por lo que esta ganancia es aún sobre el papel. Si la operación tiene éxito, SoftBank puede hacerse con una cantidad importante de beneficio, pero también se expone a fuertes pérdidas si sale mal. Hace poco el analista Ed Zitron filtró datos sobre el estado financiero de OpenAI y las pérdidas son tan altas que marean. A pesar de todo, los inversores siguen creyendo en OpenAI y la empresa ya vale la friolera de 852.000 millones de dólares. 

Contraste. La percepción de los líderes como Masayoshi Son contrasta con la creciente preocupación de la población estadounidense. Se calcula que la inversión total en IA ya ha superado el billón de dólares y los ciudadanos no ven claro que sea la mina de oro que prometen las empresas tecnológicas. Según una encuesta reciente de Haystack News, el 54,9% se mostró “muy preocupado” de que se esté formando una burbuja en la industria tecnológica por culpa de la IA, mientras que sólo un 21,2% dijo no estar preocupado en absoluto. Esto se suma al creciente rechazo a la construcción de centros de datos, principalmente por la contaminación que genera en las poblaciones cercanas.

Imagen | Xataka con Magnific

En Xataka | El CEO de NVIDIA ha vuelto del futuro con un aviso: quedan siete u ocho años de inversión astronómica en la IA

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España plantó millones de eucaliptos para tener madera barata. 90 años después, hemos confirmado que son un desierto verde

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Si acostumbras a moverte por la cornisa cantábrica, seguro que ya estás familiarizada con ese árbol largo y estilizado que tanto abunda por sus montes. No obstante, el eucalipto ya cubre el 30% de la superficie forestal de zonas como el noroeste de España. La omnipresencia del eucalipto es el resultado de una política forestal que empezó en los años 40 que tenía como principal objetivo abastecer la industria papelera: era barato, crecía rápido, así que tenía todas las papeletas para ser el candidato ideal para repoblar montes improductivos.

Décadas después, un estudio científico de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC ha puesto números a las sospechas: para la fauna, esas plantaciones son casi un desierto.

El coste ambiental del omnipresente eucalipto. Esta investigación analizó 240 zonas de bosque atlántico autóctono y bosque de eucalipto en en el Parque Natural das Fragas do Eume y encontraron una diferencia abismal en riqueza y abundancia de aves. En pocas palabras: cuanto más eucalipto hay, menos pájaros viven en esa zona y no es casualidad.

Los eucaliptos maduros no pueden sustituir a los árboles maduros como hábitat funcional y su follaje ofrece un soporte muy limitado para las aves. Las más afectadas son las que comen insectos y las que crían en huecos de árboles viejos, como el pico picapinos o el carbonero. El eucalipto no genera suficientes insectos con los que alimentarse, no tiene sotobosque y se tala antes de que forme las cavidades que esas aves necesitan para anidar. En el lado menos malo, también han dado con una solución bastante sencilla que no implica erradicar el eucalipto: basta con dejar crecer vegetación silvestre en algunas zonas, sin limpiarla.

Por qué es importante. Porque el papel de las aves del bosque es importante dentro del equilibro del ecosistema: regula plagas de insectos, ayuda en la dispersión de semillas y actúa como indicador de salud ambiental. De hecho, la Directiva Aves de la UE 2009/147 obliga a los estados miembros a a conservar las poblaciones de aves en buen estado y este estudio documenta que esa obligación se está incumpliendo en las zonas más eucaliptizadas de Galicia y la cornisa cantábrica.

La situación tiene más miga de la que parece porque ya por 2017 el comité científico del Ministerio para la Transición Ecológica recomendó incluir el eucalipto en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras en 2017, pero la propuesta fue rechazada por la economía que hay detrás: en Galicia este sector genera 2.500 millones de euros anuales en madera y pasta de papel y da empleo a más de 19.000 personas, según el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025 elaborado por XERA. Es un conflicto de intereses en toda regla.

Contexto. El eucalipto llegó a la Península Ibérica en el siglo XIX con fines ornamentales y medicinales, pero su auténtico boom llegó con los planes de repoblación del franquismo y la demanda comercial de celulosa. En Parque Natural das Fragas do Eume, el lugar donde se realizó el análisis, es uno de los últimos bosques atlánticos costeros que quedan en la Península Ibérica. Allí las plantaciones de eucalipto son actualmente el segundo tipo forestal más extenso: 1.340 hectáreas, solo por detrás del bosque autóctono. Pero la especie ya ha colonizado también sus alrededores.

En cualquier caso, el problema con los eucaliptos no es local: en Portugal el eucalipto cubre ya más de 800.000 hectáreas y es la especie forestal más extendida del país, según datos del Inventario Forestal Nacional de Portugal elaborado por el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas. Allí también está bajo lupa por su relación con grandes incendios. De hecho, a escala global la comunidad científica lleva años documentando el impacto del eucalipto en ecosistemas mediterráneos y templados fuera de su Australia natal.

En detalle. El eucalipto es un killer silencioso: libera sustancias químicas que impiden el crecimiento de otras plantas bajo su copa (alelopatía), lo que elimina los arbustos autóctonos y con ellos, los insectos que alimentan a los pájaros. Además, como se tala cada diez o quince años, nunca llega a envejecer lo suficiente como para desarrollar los huecos que necesitan para nidificar aves cavernícolas como los carpinteros. El problema no se queda en tierra: las hojas muertas de eucalipto liberan aceites y compuestos tóxicos al llegar a los cursos fluviales, lo que daña a los insectos acuáticos y los anfibios que forman la base de la cadena alimentaria de los ríos.

Sí, pero. El daño a la diversidad del eucalipto es una realidad tan innegable como su importancia socioeconómica: es un vector económico y de fijación de población en estas zonas rurales y eliminar o restringir su cultivo tendría un impacto notable en comunidades donde no abundan las alternativas. De ahí que el propio estudio no pida su erradicación, sino algo más sencillo y práctico: dejar franjas de vegetación sin talar dentro de las plantaciones para que la flora autóctona se recupere y los pájaros vuelvan. Es una solución low cost que ya ha demostrado ser efectiva en otros contextos europeos.

Por otro lado, está la limitación de que el estudio se ha realizado en un único bosque y está centrado en aves. No todas las especies responden igual. En cualquier caso, la ciencia no dice que el eucalipto sea el mal, solo que cubrir el 30% de tus montes con ella tiene un peaje biológico serio. 

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

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Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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