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una app para ir a ceremonias de desconocidos
Dos hombres trajeados se cuelan en una boda. Nadie los conoce, pero ahí están: brindando con champán, riendo con los invitados y buscando ligar en la pista de baile. Es una de las primeras escenas de Boda en boda, la comedia protagonizada por Owen Wilson y Vince Vaughn en el que convertían en juego lo impensable: infiltrarse en bodas ajenas.
Lo que en el cine parecía una fantasía absurda hoy empieza a suceder de verdad. En Francia, ya no hace falta inventar excusas ni disfrazarse de primo lejano: basta con descargarse una aplicación, pagar entrada y sentarse en la boda de unos completos desconocidos. Así ha llegado Invitin.
La app que convierte el amor en ticket de entrada. Creada este mismo año por la emprendedora Katia Lekarski, exmodelo y fundadora de plataformas digitales de diseño infantil, Invitin funciona como un Airbnb de bodas. Las parejas publican su celebración, fijan el precio por persona y los interesados compran su asiento. La empresa se queda con una comisión del 15%.
Según ha explicado a The Guardian, la idea surgió cuando su hija de cinco años le preguntó por qué nunca las invitaban a bodas. “Pensé: ¿y si pudieras pagar la entrada a una boda igual que pagas una visita guiada o una cena con desconocidos?”, ha relatado.
No entra cualquiera. Como detallan en su página web, los novios pueden revisar los perfiles de los asistentes y estos deben firmar un código de conducta: llegar puntuales, vestir elegante, no beber en exceso y no publicar fotos sin autorización.
El concepto no es del todo nuevo. En India, la empresa Join My Wedding ya conecta a turistas extranjeros con parejas locales que celebran enlaces tradicionales, bajo el lema: “No has estado en India hasta que hayas asistido a una boda india”. Allí, asistir a una ceremonia puede costar unos 250 dólares por persona y se vende como experiencia cultural.
Invitin toma esa lógica, pero la adapta al contexto europeo: no se trata de ofrecer folclore a visitantes, sino de que parejas francesas financien parte de su boda convirtiéndola en evento compartido.
La primera boda con desconocidos de pago. Los pioneros fueron Jennifer, actriz de 48 años, y Paulo, exatleta de 50, quienes se casaron este mes de agosto en una casa de campo cerca de París. Con un hijo de 18 meses y tras conocerse en una app de citas, decidieron probar Invitin después de descubrirla en una feria nupcial.
Su historia, recogida por The Guardian, ha detallado que vendieron cinco entradas a 130 euros cada una, que se sumaron a sus 80 familiares y amigos. Los nuevos “invitados de pago” disfrutaron de toda la jornada: votos en el jardín, cóctel con música en vivo, cena formal (con opción vegetariana, ya que la novia no come carne) y la fiesta posterior.
¿Cuánto vale la intimidad? Según Jennifer, el dinero es casi secundario. “Ayuda a cubrir decoración o vestido, pero lo hacemos porque somos extrovertidos y pensamos que podía ser divertido compartir. Además, tenemos muchas más amigas solteras que hombres solteros, así que esto ayuda a equilibrar un poco las cosas”, ha explicado Daily Mail. Los compradores —o invitados— también lo viven como oportunidad. Laurène, de 29 años, ha confesado a The Guardian que lo veía como “una forma de vivir una boda y tradiciones diferentes” en un ambiente feliz.
Sin embargo, el modelo no está exento de polémica. En Daily Mail, algunos lectores calificaron la práctica de “cutre”, recordando que la palabra “invitado” pierde todo su sentido si implica pagar. De hecho, recuerdan un caso de una pareja neoyorquina que pedía 333 dólares por persona a amigos y familiares para casarse en la catedral de San Patricio. El desenlace fue con el 80% de los invitados rechazando asistir. Lekarski defiende, sin embargo, que se trata de un fenómeno cultural y experiencial, no solo financiero. Le Figaro recoge testimonios de parejas que lo ven como oportunidad para sustituir a invitados ausentes, ampliar la lista sin disparar costes o incluso crear nuevas amistades. Una usuaria rusa lo ha resumido así: “Asistir a bodas francesas me permitirá comprender mejor sus tradiciones y cultura”.
La transformación al espectáculo. El fenómeno no surge de la nada. En la última década, las bodas se han transformado en macro eventos. Como ha señalado mi compañero en Xataka, hay una auténtica “fiebre” por ver bodas en redes sociales, con vídeos que acumulan millones de visualizaciones en TikTok e Instagram. Los novios buscan momentos virales: entradas teatrales, fuegos artificiales, coreografías ensayadas.
Al mismo tiempo, los costes se disparan. En España un enlace puede costar lo que gana un trabajador medio en todo un año. La tendencia a engordar la factura incluye ideas excéntricas: tatuadores en el convite, cabinas de realidad virtual, photocalls temáticos. Incluso se imponen restricciones polémicas, como bodas “sin alcohol” por moda healthy, para desesperación de los invitados.
En ese contexto, Invitin es casi una consecuencia lógica: si las bodas ya se viven como espectáculo y son inasumibles para muchas parejas, ¿por qué no convertirlas en evento compartido con entradas de pago?
Del sofá de Airbnb al altar. Hoy la app apenas suma unos cientos de usuarios y unos pocos enlaces confirmados, pero su fundadora ya sueña con expandirse a EEUU y al turismo europeo. Y no sería extraño que lo lograra: al fin y al cabo, ya hemos normalizado dormir en la cama de un desconocido con Airbnb o cenar en la casa de alguien que no conocemos a través de EatWith.
La lógica es la misma: transformar lo íntimo en experiencia de pago. Primero fue la hospitalidad, luego la mesa familiar y ahora la boda. Invitin no inventa nada, simplemente empuja una frontera más: si alquilamos el salón y la cama, ¿por qué no también el “sí, quiero”?
La pregunta es si veremos pronto bodas en España con entrada de pago, en un país donde los enlaces son especialmente costosos y el banquete es casi sagrado. Porque, por ahora, Invitin es un experimento francés, pero sus incentivos —reducir presupuesto y convertir un rito íntimo en show— son universales.
Epílogo. En Boda en boda, los protagonistas se infiltraban gratis en enlaces ajenos para ligar y beber champán. Hoy, con apps como Invitin, ni siquiera hace falta colarse: basta con pagar entrada.
Lo que antes era una comedia de Hollywood ahora es un modelo de negocio real. Y la pregunta ya no es si las bodas se nos están yendo de las manos, sino si queda algún rincón de la vida que no estemos dispuestos a poner a la venta.
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El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno
En los últimos años estamos viendo cómo el clima está cambiando de manera radical, y la realidad es que sabemos bien que el sistema climático de la Tierra está acumulando calor a un ritmo sin precedentes. Y no es una estimulación que nos hacemos en nuestra cabeza, sino que es la conclusión principal de la cuarta edición del informe Indicators of Global Climate Change.
Las cifras no dejan mucho margen de maniobra, puesto que, según el panel de más de 70 investigadores de 56 instituciones de todo el mundo que han participado en el análisis, las actividades humanas han empujado el calentamiento global hasta los 1,37 °C en 2025. Y lo más preocupante de todo es que, si la tendencia actual se mantiene, la proyección matemática indica que cruzaremos la temida línea de los 1,5 °C en aproximadamente cuatro años.
Un ritmo inédito. El análisis, sustentado en una inmensa red de observación terrestre y alineado con los datos del programa Copernicus y repositorios institucionales como NASA Earthdata, muestra que el ritmo de calentamiento inducido por el hombre se mantiene en un máximo histórico de unos 0,27 °C por década.
¿Por qué? El informe señala una combinación letal, como por ejemplo unos niveles récord de gases de efecto invernadero y, paradójicamente, una caída continua en las emisiones de dióxido de azufre. Esto último es importante porque, al reducirse los aerosoles de azufre, se ha “desenmascarado” parte del efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero, que antes quedaba mitigado.
Como explica Piers Forster, autor principal del estudio y director del Priestley Centre for Climate Futures de la Universidad de Leeds, la clave para entender la magnitud de la crisis está en el desequilibrio energético de la Tierra puesto que este indicador mide a qué velocidad se acumula el calor en el sistema. En palabras del investigador:
“Sin la influencia humana, debería ser cercano a cero, pero ha estado creciendo desde la década de 1970 y ahora está en un nivel récord, duplicándose en las últimas décadas”
El contador de carbono. Quizá el dato más urgente que arroja el consorcio científico para la toma de decisiones a corto plazo es la actualización del presupuesto de carbono restante. Este concepto define la cantidad total de dióxido de carbono que la humanidad todavía puede emitir a la atmósfera antes de que sobrepasar el límite de los 1,5 °C sea inevitable.
A partir de principios de 2026, ese remanente estimado era de apenas 130 gigatoneladas de CO₂. Si tenemos en cuenta que en el año 2024 las emisiones globales de gases de efecto invernadero alcanzaron un máximo histórico de 56,8 Gt de CO₂ equivalente, las matemáticas nos dicen que al ritmo actual, ese presupuesto se agotará por completo en unos tres años.
Océanos bajo presión. Más allá de la temperatura media del aire en superficie, los indicadores climáticos actualizados retratan un impacto transversal en todos los biomas. Algo que hemos repetido bastante es que los océanos son el gran sumidero térmico del planeta, y el informe introduce un indicador de seguimiento crítico para monitorizarlos, que son los días de olas de calor marinas.
A nivel global, el año 2025 experimentó 65 días bajo estas condiciones anómalas, lo que significa que es una cifra que se ha triplicado desde 1991, perturbando gravemente el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera, alterando los niveles de acidez y amenazando infraestructuras costeras y hábitats marinos.
El nivel del mar sigue su avance continuo, alimentado por el derretimiento del hielo terrestre y la expansión térmica de unas aguas más cálidas. Los registros consolidados muestran un récord de 23 centímetros de aumento desde 1901 y la tasa actual de subida ronda los 1,8 mm por año y, lejos de estabilizarse, se está acelerando a pasos agigantados.
Imágenes | Marcin Jozwiak
En Xataka | Tres días y por encima del percentil 95: la regla de oro de AEMET para declarar una “ola de calor” en España
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Las cifras no dejan mucho margen de maniobra, puesto que, según el panel de más de 70 investigadores de 56 instituciones de todo el mundo que han participado en el análisis, las actividades humanas han empujado el calentamiento global hasta los 1,37 °C en 2025. Y lo más preocupante de todo es que, si la tendencia actual se mantiene, la proyección matemática indica que cruzaremos la temida línea de los 1,5 °C en aproximadamente cuatro años.
Un ritmo inédito. El análisis, sustentado en una inmensa red de observación terrestre y alineado con los datos del programa Copernicus y repositorios institucionales como NASA Earthdata, muestra que el ritmo de calentamiento inducido por el hombre se mantiene en un máximo histórico de unos 0,27 °C por década.
¿Por qué? El informe señala una combinación letal, como por ejemplo unos niveles récord de gases de efecto invernadero y, paradójicamente, una caída continua en las emisiones de dióxido de azufre. Esto último es importante porque, al reducirse los aerosoles de azufre, se ha “desenmascarado” parte del efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero, que antes quedaba mitigado.
Como explica Piers Forster, autor principal del estudio y director del Priestley Centre for Climate Futures de la Universidad de Leeds, la clave para entender la magnitud de la crisis está en el desequilibrio energético de la Tierra puesto que este indicador mide a qué velocidad se acumula el calor en el sistema. En palabras del investigador:
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El contador de carbono. Quizá el dato más urgente que arroja el consorcio científico para la toma de decisiones a corto plazo es la actualización del presupuesto de carbono restante. Este concepto define la cantidad total de dióxido de carbono que la humanidad todavía puede emitir a la atmósfera antes de que sobrepasar el límite de los 1,5 °C sea inevitable.
A partir de principios de 2026, ese remanente estimado era de apenas 130 gigatoneladas de CO₂. Si tenemos en cuenta que en el año 2024 las emisiones globales de gases de efecto invernadero alcanzaron un máximo histórico de 56,8 Gt de CO₂ equivalente, las matemáticas nos dicen que al ritmo actual, ese presupuesto se agotará por completo en unos tres años.
Océanos bajo presión. Más allá de la temperatura media del aire en superficie, los indicadores climáticos actualizados retratan un impacto transversal en todos los biomas. Algo que hemos repetido bastante es que los océanos son el gran sumidero térmico del planeta, y el informe introduce un indicador de seguimiento crítico para monitorizarlos, que son los días de olas de calor marinas.
A nivel global, el año 2025 experimentó 65 días bajo estas condiciones anómalas, lo que significa que es una cifra que se ha triplicado desde 1991, perturbando gravemente el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera, alterando los niveles de acidez y amenazando infraestructuras costeras y hábitats marinos.
El nivel del mar sigue su avance continuo, alimentado por el derretimiento del hielo terrestre y la expansión térmica de unas aguas más cálidas. Los registros consolidados muestran un récord de 23 centímetros de aumento desde 1901 y la tasa actual de subida ronda los 1,8 mm por año y, lejos de estabilizarse, se está acelerando a pasos agigantados.
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