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Silicon Valley prefiere comprarse a sí misma antes que invertir en el futuro

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Las grandes tecnológicas estadounidenses nadan en dinero en cash pero en buena medida están prefiriendo gastarlo recomprando sus propias acciones antes que invertir.

Cómo funciona el mecanismo. Una recompra de acciones es simple: la empresa usa su efectivo para comprar sus propias acciones en el mercado y las retira de circulación. Si una empresa tiene 1.000 millones de acciones y recompra 100 millones, quedan 900 millones.

El truco está en la aritmética. Si los beneficios son los mismos pero hay menos acciones, el beneficio por acción sube. Una empresa que ganaba 10.000 millones con 1.000 millones de acciones mostraba 10 dólares de beneficio por acción. Con 900 millones muestra 11,11 dólares. La métrica sube aunque la empresa no haya mejorado en nada.

  • Los ejecutivos cobran en opciones sobre acciones. Su compensación aumenta.
  • Los fondos ven subir el valor de sus carteras sin esperar años a que maduren inversiones reales.
  • La empresa evita el riesgo de invertir en proyectos que pueden fracasar..

Es el capitalismo sin capitalismo: retornos financieros sin creación de valor real.

Por qué es importante. La razón ulterior hacia la tendencia a una cada vez mayor recompra de acciones se puede inferir: miedo. El clima político estadounidense se ha vuelto especialmente complejo para las grandes inversiones industriales. Burocracia, regulaciones. Es más seguro devolver el dinero a los accionistas que arriesgarse a construir algo real.

Meta intentó expandir su campus en Menlo Park junto a un plan para crear viviendas asequibles y se estrelló contra años de burocracia. El proyecto lleva tiempo en pausa. Amazon abandonó su plan para abrir una segunda sede en Nueva York por las fuertes protestas políticas que desató su anuncio. Intel lleva una década intentando abrir fábricas. Y viendo cómo China las termina en un par de años.

El refugio financiero. Las recompras de acciones se han convertido en el búnker donde las tecnológicas esconden su efectivo. En 2025 superarán el billón de dólares, récord histórico.

El propio Warren Buffett, nada sospechoso de anticapitalista, ha dicho en alguna ocasión que muchas recompras son “estúpidas”. Explicaba que benefician más a ejecutivos pagados en stock options (opciones sobre acciones) que a los accionistas a largo plazo.

El contexto. Las recompras fueron ilegales en Estados Unidos hasta 1982, cuando bajo la presidencia de Ronald Reagan fueron autorizadas. Hasta entonces se consideraban una forma de manipulación del mercado.

  • Ahora son la principal forma de retribuir a accionistas.
  • Superan a los dividendos tradicionales.

Un estudio del Roosevelt Institute de 2018 mostró que las empresas del S&P 500 gastaban entonces el 94% de sus beneficios en recompras y dividendos, dejando apenas margen para inversión productiva.

Y ahora qué. En Estados Unidos, algunos senadores demócratas propusieron hace un par de años un impuesto del 4% sobre programas de recompra para desincentivarlos. Lo que llegó de la mano de Biden fue un 1% que no ha tenido un gran efecto.

Para Europa, que depende tecnológicamente de Estados Unidos, esta tendencia es preocupante. Si Silicon Valley prefiere la ingeniería financiera a la real, la vulnerabilidad frente al avance chino aumenta.

En Xataka | El acuerdo con EEUU parecía allanar el camino a NVIDIA en China. Ahora es el gigante asiático quien empieza a cerrarle la puerta

Imagen destacada | Roberto Júnior

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Vivo X300 Ultra vs Xiaomi 17 Ultra, ponemos frente a frente dos de los mejores móviles de 2026 en fotografía

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Si valoras el apartado fotográfico de un móvil por encima de lo demás, este año estamos viendo muy buenas propuestas. Por ello, ahora que ya tenemos una mayor variedad de teléfonos, vamos a aprovechar para poner frente a frente dos de los más destacables de este año: los Xiaomi 17 Ultra y Vivo X300 Ultra.

Vivo X300 Ultra (1 TB) – Kit fotográfico

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Las diferencias entre el Vivo X300 Ultra y el Xiaomi 17 Ultra

Imagen 1
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Configuraciones de cámaras

Antes de entrar en materia conviene que tengamos en cuenta cuáles son los sensores que vienen en cada uno de los móviles. Además, quizás no sea el mayor reclamo, pero también haremos mención del sensor frontal en cada caso.

Vivo X300 Ultra

Cámara frontal de 50 MP, f/2.45.

Módulo de cámaras trasero:

  • Sensor principal de 200 MP, f/1.85, OIS.
  • Telefoto de 200 MP, f/2.67, OIS.
  • Gran angular de 50 MP, f/2.0, FOV 123,4º, OIS.

Xiaomi 17 Ultra

Cámara frontal de 50 MP, f/2.2.

Módulo de cámaras trasero:

  • Sensor principal de 50 MP, f/1.7, OIS.
  • Telefoto de 200 MP, f/2.4 – 3.0, de 3,2x a 4,3x, OIS.
  • Gran angular de 50 MP, f/2.2.

Sensor principal

Quizás lo más atractivo de este apartado sea la diferencia en megapíxeles en ambos sensores principales. El Vivo X300 Ultra cuenta con 200 MP y el Xiaomi 17 Ultra con 50 MP. ¿Uno es mejor que otro? Pues lo cierto es que no. Para que te hagas una idea, tener más megapíxeles es relevante sobre todo cuando queremos recortar una imagen, ya que lo que se busca es poder ampliarla sin que pierda demasiado detalle. Pero no es lo único en lo que nos debemos fijar, porque megapíxeles no equivale realmente a calidad de imagen.

El Xiaomi 17 Ultra tiene un sensor de una pulgada, siendo la más grande en el mercado actual de móviles. Esto significa que puede captar mucha más luz, ofrecer colores más reales y un efecto de desenfoque mucho más natural. De esta forma, el Vivo X300 Ultra prioriza la resolución y el detalle en recortes, mientras que el Xiaomi 17 Ultra apuesta por la fidelidad tonal y el rendimiento en situaciones de alto contraste gracias a que tiene un sensor más grande.

También es especialmente relevante detenerse en la apertura focal, porque es diferente en ambos casos. El móvil de Vivo ofrece una apertura f/1.85 mientras que el teléfono de Xiaomi cuenta con una apertura f/1.67. Cuanto menor sea el número, más luz entra a través del objetivo, lo que favorece las fotos en condiciones de poca iluminación.

Teleobjetivo

Imagen 2
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En el sensor teleobjetivo hay muchos puntos que desgranar. En primer lugar, ambas marcas apuestan por sensores de 200 MP, que como ya hemos comentado sirve sobre todo para no perder tanto detalle a la hora de ampliar una imagen para recortarla.

En la apertura focal de este sensor sí que encontramos diferencias y alguna que otra particularidad. La apertura del Vivo es f/2,67 mientras que la del Xiaomi es f/2.4 – 3.0. Y… ¿esto qué quiere decir? El Xiaomi 17 Ultra puede variar su apertura focal entre f/2.4 y f/3.0, lo que le permite adaptarse a distintas condiciones de luz de forma automática.

También hay que señalar algo importante y es que el Xiaomi 17 Ultra permite variar entre los 75 y los 100 mm a través de zoom, lo que permite cambiar entre un 3,2x y 4,3x. Esto antes tenía un impacto en la calidad de la imagen, pero el procesado del móvil funciona muy bien, por lo que prácticamente no es tan perceptible. Además, también tenemos un 200 mm, que se trata de un recorte del sensor, que se acerca a la calidad óptica.

Cámara ultra gran angular

En ambos casos nos encontramos con dos sensores ultra gran angular de 50 MP, por lo que ofrecen el mismo detalle. Lo que sí varía es la apertura focal: la del Vivo (f/2.0) es más abierta que la del Xiaomi (f/2.2), por lo que entrará más luz y puede desenvolverse mejor en condiciones difíciles.

Lo atractivo del Xiaomi 17 Ultra es que ofrece un campo de visión de 115º, lo que se traduce en que puede captar más información en una sola foto. No obstante, nuestra recomendación es que para hacer fotos de cerca, nos alejemos un poco y las hagamos en 100 mm y recortemos la imagen. El resultado es mucho mejor.

Los accesorios

Imagen 3
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Ambos móviles cuentan con sus respectivos kits fotográficos; no obstante, son muy diferentes. Xiaomi apuesta por un accesorio que, en líneas generales, se trata de una funda con batería y controles físicos para realizar fotografías. Hay dos con precios diferentes, siendo el más caro el que tiene más controles.

En cambio, el Vivo X300 Ultra viene junto con un kit fotográfico mucho más atractivo, ya que de esta comparativa es el único que cuenta con un teleconvertidor. En este caso, es de 400 milímetros y, pese a que funciona bien para fotografiar a largas distancias, nos ha encantado la calidad que ofrece en retratos.

Precios

El precio es un factor clave a la hora de elegir un móvil y aquí nos vamos a encontrar una gran diferencia. El Xiaomi 17 Ultra (512 GB) está a la venta ahora mismo por un precio de 1.249 euros, sin el kit fotográfico. En cambio, el Vivo X300 Ultra (1 TB) de momento se puede comprar únicamente con el kit fotográfico, por lo que el precio se dispara hasta los 2.399 euros.

Para entender la diferencia de precio entre ambos móviles, el Xiaomi se encuentra por 1.249 euros sin kit. De querer el kit fotográfico, tendríamos que pagar de forma adicional 280 euros para el Photography Kit Pro o 116 euros para el Photography Kit. El primero tiene más botones y una mayor batería para funcionar como powerbank.

En cambio, el Vivo X300 Ultra viene con el kit de fotografía incluido en el precio de 2.399 euros. Es decir, además del móvil nos encontramos con un teleconvertidor Vivo ZEISS Gen 2 Ultra con distancia focal equivalente de 400 mm, una empuñadura con batería integrada para funcionar como powerbank y un anillo adapatador para trípode.

En resumen:

Imagen 4
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En cualquier caso, hablamos de dos móviles con apartados fotográficos muy potentes. Es difícil valorar cuál es mejor y cuál no teniendo en cuenta que uno de ellos (Vivo) viene junto con un kit fotográfico. En cualquier caso, desgranando cada apartado, nos quedamos con que:

👉 Elige Vivo X300 Ultra si:

  • Buscas el sensor principal que más detalle ofrezca a la hora de ampliar o recortar una fotografía.
  • Buscas el mejor ultra gran angular: la diferencia no es excesivamente grande, pero viene bien contar con una apertura focal más amplia.
  • Buscas el mejor kit fotográfico: de entre los dos móviles, el Vivo es el único que cuenta actualmente con un teleconvertidor, ofreciendo de esta forma fotografías muy buenas a larga distancia y retratos espectaculares.

Vivo X300 Ultra (1 TB) – Kit fotográfico

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👉 Elige Xiaomi 17 Ultra si:

  • Buscas un sensor principal que ofrezca una mejor calidad de imagen, sobre todo teniendo en cuenta que es el sensor que más solemos utilizar. 
  • Buscas el mejor teleobjetivo: el sensor de este móvil cuenta con un zoom muy atractivo, además de una apertura focal que puede variar entre los f/2.4 y f/3.0.

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Ficha técnica con las principales diferencias entre el Vivo X300 Ultra y el Xiaomi 17 Ultra

vivo x300 ultra

Xiaomi 17 ultra

PANTALLA

AMOLED de 6,82 pulgadas

Resolución QHD+ (3.168 x 1.440 píxeles)

Tasa de refresco: 144 Hz

510 PPP

Formato: 19,8:9

Relación pantalla/frontal: 94,49%

Brillo HBM: 1.800 nits

Brillo máximo local: 4.500 nits

Panel AMOLED de 6,9 pulgadas

Resolución de 2.608 x 1.200 píxeles

Densidad de 416 píxeles por pulgada

Panel LTPO de 120 Hz

PWM de 2.160 Hz

Brillo pico de 3.500 nits

PROCESADOR

Snapdragon 8 Elite Gen 5

Snapdragon 8 Elite Gen 5

RAM

16 GB LPDDR5x Ultra Pro

16 GB

ALMACENAMIENTO

1 TB

512 GB

1 TB

CÁMARA FRONTAL

50 MP f/2.45

50 Mpx f/2.2

CÁMARAs TRASERAs

Angular 200 MP, f/1.85, OIS

Ultra gran angular 50 MP, f/2.0, FOV 123,4º, OIS

Telefoto: 200 MP, f/2.67, OIS

Vídeo 8K, 4K@120 FPS

Principal de 50 mpx f/1.67, OIS

Telefoto zoom de 200 Mpx f/2.4 – 3.0, de 3,2x a 4,3x, OIS

Gran angular de 50 Mpx f/2.2

TOF 3D

BATERÍA

6.600 mAh

Carga rápida 100W

Carga inalámbrica 40W

6.000 mAh

Carga de 90 W por cable

Carga de 50 W inalámbrica

SISTEMA OPERATIVO

Android 16 con OriginOS 16

HyperOS 3

Otros

Teleconvertidor incluido

Kit empuñadura incluido

Anillo adaptador para trípode

Lector de huellas en pantalla

Resistencia IP68, IP69

Cargador incluido

Xiaomi Shield Glass 3.0

IP68

PRECIO

2.399 euros

1.249 euros

Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | Amparo Babiloni, Alejandro Alcolea, Vivo, Xiaomi

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Dos hombres pensaron que era buena idea prestar sus casas para una granja de portátiles de Corea del Norte. Salió mal

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El teletrabajo nos ha acostumbrado a una idea muy cómoda: si alguien entrega el trabajo, asiste a reuniones y responde a los mensajes, quizá no importa demasiado desde dónde lo haga. El problema aparece cuando esa distancia se convierte en una ventaja para ocultar identidades, mover dinero y entrar en compañías que creen estar contratando a un profesional legítimo. Corea del Norte ha estado explotado precisamente esa grieta. Y el caso de dos hombres condenados por alojar portátiles en sus casas muestra hasta qué punto la trama podía apoyarse en infraestructuras domésticas.

Dos hombres condenados. Matthew Isaac Knoot, de Nashville, Tennessee, y Erick Ntekereze Prince, de Nueva York, han sido condenados en EEUU a 18 meses de prisión cada uno por su papel en esquemas fraudulentos de trabajadores IT remotos vinculados a Corea del Norte, según el Departamento de Justicia.

La casa como pieza de la trama. El mecanismo era más doméstico de lo que cabría imaginar. Las empresas enviaban portátiles corporativos a direcciones estadounidenses porque creían que allí estaban los trabajadores contratados. Una vez recibidos, los equipos eran alojados en esas viviendas y configurados con aplicaciones de escritorio remoto instaladas sin autorización. Eso permitía que los falsos trabajadores operasen desde el extranjero mientras, de cara a las compañías, la conexión parecía proceder de un domicilio dentro de EEUU.

Qué hacía cada uno. Prince, según la información oficial, facilitó que al menos tres trabajadores IT norcoreanos consiguieran empleo remoto en empresas estadounidenses entre junio de 2020 y agosto de 2024, y utilizó su compañía Taggcar Inc. para suministrar de forma fraudulenta trabajadores “certificados”, pese a saber que estaban fuera de EEUU y usaban identidades falsas o robadas. Knoot, por su parte, operó una granja de portátiles desde sus residencias de Nashville entre julio de 2022 y agosto de 2023.

Dinero, empresas y daños. El Departamento de Justicia sostiene que los dos esquemas generaron, en conjunto, más de 1,2 millones de dólares para Corea del Norte y afectaron a casi 70 empresas estadounidenses. En el caso de Prince, las compañías pagaron más de 943.069 dólares en salarios a los trabajadores IT vinculados al expediente. En el de Knoot, los pagos superaron los 250.000 dólares.

Más que fraude laboral. La justicia estadounidense presenta las sentencias como parte de una línea de actuación específica contra los facilitadores ubicados en EEUU. La propia nota subraya que son la séptima y la octava condena de “laptop farmers” obtenidas en los últimos cinco meses dentro de sus esfuerzos para interrumpir la generación ilícita de ingresos de Corea del Norte. Es un matiz importante: el foco no está solo en quienes se conectan desde el extranjero, sino también en la red local que hace viable la operación.

La expansión hacia Europa. Como hemos visto en el pasado, estos casos también están presentes fuera de Estados Unidos. The Record descubría en abril de 2025 una investigación de Google Threat Intelligence Group según la cual los operativos norcoreanos habían incrementado su actividad en Europa tras las acciones policiales estadounidenses contra granjas de portátiles y redes financieras. En el centro estaban las búsquedas de empleo vinculadas a Reino Unido, Alemania y Portugal, además del uso de facilitadores locales para sostener la coartada de una presencia laboral en el país correspondiente.

IA e identidades falsas. Una de las capas más actuales de esta historia no está solo en los portátiles, sino en la facilidad para construir perfiles cada vez más creíbles. BISI señala que las operaciones norcoreanas combinan identidades robadas, perfiles profesionales manipulados y herramientas de IA capaces de redactar CV y cartas de presentación localizadas. En el Viejo Continente se suelen utilizar plataformas como Upwork y Freelancer, además de Telegram. La consecuencia es evidente: detectar al candidato falso puede volverse mucho más difícil antes incluso de que la empresa envíe el equipo.

Lo que empezó con portátiles alojados en casas particulares termina contando algo bastante más grande que una condena penal. Las empresas no fueron atacadas desde fuera en el sentido clásico, sino que terminaron abriendo la puerta a trabajadores que creían legítimos. Así que todo parece indicar que en estos tiempos ya no basta con proteger servidores, credenciales o repositorios, sino en revisar los procesos que damos por normales, como la contratación de personal.

Imágenes | Xataka con Grok

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Las grandes tecnológicas tenían objetivos climáticos ambiciosos. Entonces llegó la IA y empezó a devorarlos

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Hubo un momento en el que la tecnología parecía haber encontrado una forma cómoda de contar su futuro climático. Las grandes compañías hablaban de “energía limpia”, emisiones netas cero, operaciones cada vez más eficientes y compromisos fechados a 2030 o 2040. Era un relato atractivo porque convivía con nuestro uso cotidiano de internet, servicios y aplicaciones. La IA generativa, sin embargo, ha complicado esa imagen: no solo trae más servicios inteligentes, también exige más infraestructura, más electricidad y una presión climática mucho más difícil de cuadrar con las promesas que esas mismas compañías hicieron hace apenas unos años.

El movimiento más reciente llega desde Microsoft. Bloomberg ha publicado que la compañía estaría valorando retrasar o incluso abandonar uno de sus objetivos energéticos más ambiciosos, en un momento en el que la carrera por la IA exige cada vez más capacidad de cómputo. Que se lo digan a OpenAI o Anthropic. Este caso no aparece en el vacío: otras grandes tecnológicas también están afrontando desafíos cada vez más visibles para encajar sus compromisos climáticos con la expansión de sus centros de datos. La pregunta ya no es solo qué prometieron, sino qué ocurre cuando esas promesas chocan con la escala real de la IA.

Las compañías no llegaron a estos compromisos por una única vía ni prometieron exactamente lo mismo. Algunas pusieron el foco en la compra de energía renovable, otras en electricidad sin emisiones de carbono, otras en emisiones netas cero y otras en eliminar más carbono del que generan. También había motivos distintos para hacerlo: presión regulatoria, expectativas de inversores, reputación y una convicción bastante extendida de que la infraestructura digital podía crecer sin disparar su impacto climático. Lo que nos interesa aquí no es revisar todas esas promesas, sino seguir algunas de las más ambiciosas y ver cómo están resistiendo la carrera de la IA que se desarrolla frente a nuestros ojos.

Promesas climáticas frente a centros de datos en expansión

Como decimos, el cambio de fondo es que muchos de estos compromisos se formularon antes de que la IA generativa se convirtiera en una prioridad absoluta para la industria. Hasta entonces, el crecimiento de los centros de datos ya era un desafío, pero podía proyectarse con una lógica más gradual. La nueva carrera ha alterado ese ritmo: entrenar modelos, desplegarlos en productos masivos y responder consultas a gran escala exige una capacidad de cómputo que crece muy rápido. Lo que antes parecía una hoja de ruta difícil, pero manejable, ahora se enfrenta a una dinámica diferente.

Microsoft fue una de las compañías que formuló una de las metas más exigentes. En julio de 2021 anunció su compromiso 100/100/0, una forma de decir que para 2030 quería igualar el 100% de su consumo eléctrico, el 100% del tiempo, con compras de energía de cero emisiones de carbono. El matiz importa: no se trataba solo de compensar el consumo anual con renovables, sino de acercarse a una correspondencia hora a hora. Además, la compañía planteaba hacerlo en las mismas redes eléctricas de las que tomaba esa energía.

Amazon
Amazon

Ahora ese compromiso está bajo una presión evidente. El mencionado medio económico señalaba que la compañía de Redmond está estudiando retrasarlo o incluso abandonarlo, según fuentes anónimas con conocimiento del asunto, mientras busca despejar obstáculos para alimentar sus centros de datos. Microsoft no ha confirmado ese giro y su directora de sostenibilidad, Melanie Nakagawa, sostuvo que la empresa sigue comprometida con sus metas ambientales. También dejó una idea que marca el tono de la respuesta oficial: cualquier ajuste formaría parte de una revisión del enfoque, no de un cambio en la ambición a largo plazo.

Google también se marcó una meta de gran alcance. En 2021, la compañía de Mountain View fijó el objetivo de alcanzar emisiones netas cero en todas sus operaciones y cadena de valor para 2030, incluidos sus productos de hardware de consumo. Para lograrlo, planteó reducir un 50% sus emisiones absolutas frente a 2019, no solo las generadas directamente por la empresa, sino también las vinculadas a su actividad y a su cadena de suministro. Lo que no lograse reducir, según su hoja de ruta, lo compensaría retirando carbono de la atmósfera mediante soluciones naturales y tecnológicas.

La situación actual muestra lo difícil que está siendo llevar esa hoja de ruta a la práctica. En su informe ambiental de 2025, Google señala que en 2024 sus emisiones fueron de 11,5 millones de toneladas de CO2 equivalente. Eso supone un 11% más que el año anterior y un 51% por encima de su base de 2019. El matiz es importante: no aumentaron un 51% en un año, sino frente al punto de partida elegido por la compañía. El propio informe reconoce, además, que integrar más IA en sus productos puede complicar la reducción de emisiones por la mayor demanda de cómputo y de infraestructura técnica.

Amazon también presentó una promesa climática de gran ambición. En septiembre de 2019, el gigante del comercio electrónico anunció junto a Global Optimism The Climate Pledge, un compromiso para alcanzar cero emisiones netas de carbono en 2040, diez años antes del horizonte marcado por el Acuerdo de París. La compañía fundada por Jeff Bezos se convirtió en la primera firmante de esa iniciativa, que pedía medir y reportar emisiones de forma regular, aplicar estrategias de descarbonización y neutralizar las emisiones restantes con compensaciones adicionales, cuantificables, reales, permanentes y socialmente beneficiosas.

La situación de Amazon muestra que estas promesas ya tenían zonas grises incluso antes de que la IA ocupase el centro del debate. En septiembre de 2023, Data Center Dynamics publicó que la Science Based Targets initiative había retirado el compromiso de Amazon de su panel y lo había situado en la categoría de “compromiso vencido”. El motivo, según el medio, fue que ambas partes no lograron ponerse de acuerdo sobre un objetivo de emisiones suficientemente significativo. Amazon respondió que los requisitos habían cambiado y que seguiría buscando validadores externos creíbles.

En este sentido, la fotografía general va en la misma dirección. El Departamento de Energía de EEUU estima que los centros de datos consumieron alrededor del 4,4% de la electricidad del país en 2023 y que podrían situarse entre el 6,7% y el 12% en 2028. La Agencia Internacional de la Energía también proyecta un salto relevante a escala global: de unos 415 TWh en 2024 a cerca de 945 TWh en 2030. No todo ese crecimiento puede atribuirse únicamente a la IA, pero la IA sí se ha convertido en uno de los grandes aceleradores de esa demanda.

Pero lo difícil es que las dos lógicas no se mueven a la misma velocidad. La carrera de la IA funciona con urgencia empresarial: lanzar modelos, ampliar capacidad, cerrar contratos y desplegar centros de datos antes que los rivales y, como no, competir con China. La agenda climática funciona con otra cadencia: reducir emisiones reales, asegurar energía sin carbono, validar objetivos y sostenerlos durante años. Entre una y otra queda una brecha que ahora se está haciendo visible. No basta con que los compromisos existan sobre el papel; tienen que sobrevivir a una expansión tecnológica que consume cada vez más recursos.

Imágenes | Google | Amazon

En Xataka | Durante años, la energía de las olas fue el patito feo de las renovables. La IA y los centros de datos le han dado una vuelta

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