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se ha convertido en la plataforma de entretenimiento más barata de España

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El último viral de Mercadona es un gel de baño que “huele a dioses”. Antes fue un corrector de arañazos para el coche hecho con laca del pelo. La semana pasada, unas patatas sabor pizza margarita que “saben a la parte quemadita”.

Cada producto es una microhistoria de descubrimiento, un pequeño tesoro de pasillo que alguien desvela en TikTok como quien encuentra oro en el río. La cadena valenciana ha trascendido su función original: ya no es solo un supermercado, es la plataforma de entretenimiento más barata de España.

Contrariamente a lo que muchos creen (“¡otro publirreportaje encubierto!”), los medios publican todas estas novedades sin que Mercadona les abone ni un euro. La realidad es más prosaica: cualquier artículo sobre una novedad en Mercadona genera un tráfico brutal. Y por eso vemos titulares como “Está arrasando por solo 4 euros: locura en Mercadona por este popular producto“. Porque a mucha gente le suscita interés, por lo tanto da clics, por lo tanto da pasta.

Es el periodismo de servicio convertido en máquina de dopamina, donde el descubrimiento de un producto de 1,50 euros genera la misma emoción que antes reservábamos para acontecimientos reales. Los editores lo saben, los lectores lo consumen, y Mercadona se beneficia sin gastar un euro en publicidad tradicional.

Lo interesante no es que Carlos Ríos analice panes o que un influencer de coches use laca Deliplus para arreglar arañazos. Es que estos contenidos funcionan como pequeñas misiones de búsqueda del tesoro para una clase media que ha normalizado la caza de gangas como forma de ocio.

Ir a Mercadona a buscar “lo que he visto en TikTok” es el nuevo hobby nacional, una versión ibérica y low-cost de la cultura del unboxing. Cada visita al súper promete la posibilidad de un hallazgo viral, de ser el primero en tu grupo de WhatsApp en compartir la última rareza.

Es la gamificación del consumo básico: has desbloqueado las patatas sabor pizza, enhorabuena.

Mercadona ha creado, seguramente sin pretenderlo, un ecosistema perfecto de influencers no remunerados. Gente corriente que documenta obsesivamente cada novedad, cada truco, cada producto “que nadie había visto hasta ahora”. Son un curioso fenómeno del capitalismo tardío, generando contenido gratuito para una gran empresa mientras creen estar haciendo un servicio público. En cierta forma tienen razón.

El nutricionista que clasifica panes, el mecánico que encuentra usos alternativos a la laca, la tiktoker que huele geles. Canales dedicados exclusivamente a Mercadona o que le reservan una sección fija. Todos trabajan gratis para Juan Roig mientras están convencidos de que están ayudando a sus seguidores.

Que esto ocurra en España en 2025, con los salarios reales planos desde hace tres décadas, no es casual. Vivimos en una época donde las experiencias reales son cada vez más caras e inaccesibles, así que hemos democratizado la emoción del descubrimiento reduciéndola a su mínima expresión. No podemos permitirnos restaurantes con estrella Michelin, pero podemos sentir la emoción de descubrir un helado de fresa “que está arrasando”.

No viajamos tanto como quisiéramos, pero podemos experimentar la novedad comprando un gel que huele a perfume caro. Es la experiencia del lujo destilada en productos de marca blanca (otro fenómeno que nos define), el síndrome de Estocolmo del consumidor que ha aprendido a encontrar alegría en las migajas.

Mercadona no solo vende productos: también vende pequeñas dosis de emoción a precio de saldo, y hemos aprendido a necesitarlas como el que necesita su dosis diaria de scroll infinito.

Imagen destacada | Mr. Ricochet

En Xataka | Mercadona es más rentable que nunca y también está cerrando tiendas por primera vez en años. Es una estrategia calculada

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Vecinos en Chile intentaron frenar un centro de datos de Amazon. La justicia ha dejado un mensaje claro con su decisión

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La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida desde hace tiempo, muchas veces casi sin que nos detengamos a pensar en lo que hay detrás. La usamos como si todo ocurriera en una capa invisible: modelos, algoritmos y, quizá, servidores en algún lugar remoto. Pero también podemos mirarla desde otra perspectiva. La infraestructura que sostiene ese mundo es muy real: tiene una ubicación, consume recursos, requiere permisos, mueve inversiones enormes y también puede alterar el entorno de quienes viven cerca. Ese es uno de los grandes debates que empieza a acompañar el auge de la IA: la nube también tiene vecinos.

Perdieron el caso. Un caso concreto nos lleva a Huechuraba, al norte de Santiago de Chile, donde Amazon planea construir un centro de datos. La iniciativa había recibido una Resolución de Calificación Ambiental favorable en julio de 2024, pero no todos estaban convencidos de que el proyecto hubiese sido evaluado como correspondía. Esa preocupación llegó a la vía judicial a través de una reclamación presentada por Patricio Hernández Valenzuela, vecino de la zona, y el Segundo Tribunal Ambiental resolvió el 9 de abril de 2026 rechazarla, una decisión que deja al data center en condiciones de avanzar.

Una preocupación muy concreta. Hernández cuestionaba que la evaluación ambiental del proyecto no hubiese tenido en cuenta de forma adecuada una posible línea de alta tensión que, según su planteamiento, sería necesaria para alimentar el centro de datos. La crítica no era menor: si ambas infraestructuras estaban vinculadas, debían analizarse de forma conjunta. Para los residentes, no hacerlo implicaba dejar fuera del análisis impactos relevantes sobre el entorno.

La clave del fallo. El razonamiento del tribunal pasa por separar claramente ambas piezas. La sentencia concluye que no se puede considerar que el centro de datos y la eventual línea de alta tensión formen una única iniciativa, entre otras cosas porque el proyecto de Amazon no incluye esa infraestructura como parte de su diseño. Además, el suministro eléctrico previsto no depende de una instalación propia, sino de la red gestionada por terceros, lo que refuerza la idea de que se trata de proyectos distintos.

Sin evaluación conjunta. Una vez descartada la existencia de una unidad de proyecto, el tribunal concluye que no corresponde una evaluación ambiental integrada. La sentencia lo recoge de forma explícita: “ha quedado acreditado que entre ambas iniciativas no existe una relación de interdependencia funcional que condicione su ejecución”. Ese matiz es clave, porque implica que el centro de datos puede operar utilizando la infraestructura eléctrica disponible, sin necesidad de supeditar su viabilidad a una línea de alta tensión futura que, en todo caso, tendría que evaluarse por separado si llegara a plantearse.

Más allá del debate legal. El proyecto de Amazon tiene unas dimensiones muy concretas sobre el papel. El centro de almacenamiento de datos en Huechuraba está concebido para operar durante 30 años, con una inversión estimada de 205 millones de dólares. Se levantaría en una superficie de 10,9 hectáreas, con una construcción de 21.350,07 metros cuadrados, en la caletera de Américo Vespucio 1055. Desde la compañía, recoge Reuters, han señalado que el diseño de la infraestructura pone el foco en minimizar el consumo de energía y agua, y sostiene que el plan cumplió con los requisitos ambientales.

Chile como hub. El proyecto de Huechuraba no es una iniciativa aislada dentro de la estrategia de Amazon. Amazon Web Services ha planteado una inversión de más de 4.000 millones de dólares en Chile a lo largo de 15 años para construir, operar y mantener su infraestructura en el país. La idea es convertir Santiago en su tercer gran centro en América Latina, después de São Paulo y la región central de México. A ese contexto se suman factores como la conectividad mediante cables de fibra óptica.

La inquietud de quienes viven cerca. Más allá de la inversión y la infraestructura digital que prometen, los centros de datos suelen ir acompañados de inquietudes muy concretas: consumo eléctrico elevado, uso de agua para refrigeración, generación de calor o ruido y su encaje en entornos que, en muchos casos, tienen valor ambiental o comunitario.

Google no tuvo el mismo camino. El caso de Amazon no es el único que ha pasado por este tipo de debate en Chile. Google había obtenido una aprobación inicial en 2020 para construir un centro de datos de 200 millones de dólares en Cerrillos, en el suroeste de Santiago. Sin embargo, el recorrido del proyecto fue distinto. En febrero de 2024, el Segundo Tribunal Ambiental decidió revertir parcialmente ese permiso, y meses después la compañía anunció que no seguiría adelante con la iniciativa tal como había sido planteada originalmente, optando por iniciar un nuevo proceso desde cero para un proyecto en el mismo lugar, pero con un rediseño basado en refrigeración por aire.

La electricidad entra en escena. Si ampliamos el foco, el debate no se limita a un proyecto concreto, sino a la capacidad del sistema para absorber este tipo de infraestructuras. Un informe de Systep, publicado el 23 de septiembre de 2025 con datos del Coordinador Eléctrico Nacional, señalaba que, tomando 2025 como punto de partida, la demanda eléctrica de los centros de datos en Chile podría aumentar un 270% en cinco años. La misma proyección sitúa ese consumo en torno a los 1.207 MW en 2030. Estas cifras ayudan a entender por qué la cuestión energética se ha convertido en uno de los ejes centrales cuando se habla de la expansión de la nube y la IA.

Imágenes | Xataka con Nano Banana

En Xataka | En 2024, las Big Tech gastaron cantidades absurdas de dinero en la IA. En 2025, se las apañaron para gastar un 77% más

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China quiere hacerle un “TAC” a la Tierra, y para ello ha lanzado un satélite hiperespectral para ver lo que el ojo no ve

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Un cohete Kuaizhou-11 puso en órbita el pasado 16 de marzo el Xiguang-1 06, el satélite comercial hiperespectral más avanzado que China ha enviado al espacio. El satélite es capaz de analizar la composición química de la superficie terrestre con grandísima precisión, abriendo todo un abanico de posibilidades.

Lo que permite un satélite hiperespectral. Un satélite convencional captura imágenes del planeta de forma similar a como lo hace una cámara fotográfica. Un satélite hiperespectral, en cambio, es capaz de distinguir la huella espectral única de plantas, tejidos y otros objetos sobre la Tierra, lo que permite, entre otras cosas, prevenir pérdidas en cosechas, localizar yacimientos de minerales o vigilar el estado del medio ambiente.

Mientras un satélite normal puede identificar un bosque desde el espacio, uno equipado con tecnología hiperespectral puede diferenciar entre distintos tipos de árboles e incluso determinar el estado de salud de cada uno de ellos. La clave está en que estos sensores capturan decenas o cientos de bandas del espectro electromagnético de forma simultánea, algo que proporciona información espectral tan detallada que a menudo arroja resultados imposibles de obtener con satélites multiespectrales u otros tipos de sistemas de observación.

El satélite. El Xiguang-1 06 fue desarrollado por Xi’an Zhongke Xiguang Aerospace Technology Group y lanzado a bordo del cohete Kuaizhou-11 Y7 desde el centro de lanzamiento de Jiuquan, en la provincia de Gansu. Es el primer satélite comercial hiperespectral en órbita con cobertura espectral completa en la banda de 400 a 2.500 nanómetros (desde el visible hasta el infrarrojo de onda corta) y opera con 26 bandas espectrales independientes.

En términos prácticos, eso significa que puede “ver” mucho más allá del ojo humano, ya que detecta composiciones minerales, diferencia cultivos sanos de enfermos y rastrea cambios en ecosistemas que serían invisibles para cualquier otro sistema. Según Kou Yimin, ingeniero jefe de Zhongke Xiguang Aerospace, el satélite “funciona como si realizara tomografías computarizadas (TC) al planeta: no se limita a observar la morfología de la superficie, sino que puede analizar la composición de los materiales, monitorizar la salud de los cultivos y predecir peligros ecológicos ocultos”.

Para qué sirve en la práctica. En las provincias de Sichuan y Yunnan el satélite monitoriza el crecimiento de cultivos de alto valor como el té y las plantas medicinales tradicionales chinas; en las zonas mineras del noroeste del país, emite alertas tempranas sobre riesgos geológicos como desprendimientos de tierra. 

Pero el alcance potencial va mucho más lejos. Y es que la tecnología hiperespectral puede analizar los niveles de fitoplancton en los océanos, detectar vertidos de combustible de barcos, medir fugas de metano en instalaciones energéticas o vigilar materiales contaminantes procedentes de balsas mineras antes de que lleguen al suelo y la vegetación cercanos. También puede localizar depósitos de minerales como el oro bajo la superficie, identificando la presencia de elementos químicos en su composición como el cobre.

Uno de muchos. El Xiguang-1 06 es una pieza más del “Xiguang-1”, una constelación que contempla un total de 158 satélites: 108 de teledetección hiperespectral de propósito general, 40 especializados en monitorización de emisiones de carbono y 10 de función específica. El objetivo es completar la red en órbita antes de 2030, formando un sistema de observación de “espectro completo en 100 bandas” con más de cien satélites operativos.

Para entender su escala, el Xiguang-1 06 fue uno de los ocho satélites que viajaron a bordo del mismo cohete Kuaizhou-11 en el lanzamiento del 16 de marzo.

Lo que hay detrás. Hasta hace pocos años, la teledetección hiperespectral desde el espacio había sido terreno casi exclusivo de misiones gubernamentales. En los últimos años, sin embargo, han comenzado a emerger empresas comerciales que lanzan sus propias constelaciones de satélites hiperespectrales. China, con Zhongke Xiguang a la cabeza, es uno de los actores que más rápido ha escalado en este sector.

La empresa cuenta además con la plataforma de datos “CAS Xiguang Remote Sensing Cloud”, considerada la primera plataforma de datos hiperespectrales de China. El objetivo declarado es convertirse en la mayor constelación hiperespectral del mundo, con aplicaciones que ya cubren agricultura, gestión forestal, oceanografía, monitorización de carbono y minería.

Imagen de portada | China Daily y Richard Gatley

En Xataka | El origen de la “luna azul” es en realidad un error de traducción: cómo una “traición” acabó dando nombre al satélite

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Dua Lipa demanda por 15 mdd a Samsung tras usar su imagen sin autorización en cajas de televisiones

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EFE.- La cantante británica Dua Lipa demandó a Samsung Electronics por 15 millones de dólares por supuestamente utilizar su imagen sin autorización en cajas de televisiones que la firma comercializa desde el año pasado, según medios estadounidenses.

En la demanda presentada, según reportó el domingo la revista estadounidense Variety ante un tribunal de California, Estados Unidos, la artista acusa al fabricante surcoreano de haber utilizado su rostro en los empaques de cartón de televisores sin permiso ni compensación.

Por su parte, Samsung dijo a EFE este lunes que no puede comentar sobre litigios en curso.

Según la demanda, interpuesta el 8 de mayo, Dua Lipa pidió a Samsung que dejara de usar su imagen cuando tuvo conocimiento de su aparición en las cajas, pero la compañía rechazó la solicitud con una actitud “indiferente y desdeñosa”, informó Variety.

La demanda sostiene que Samsung obtuvo beneficios al crear la apariencia de que la cantante avalaba o promocionaba sus televisores, algo que ella no autorizó, y afirma que la artista es propietaria de los derechos de autor de la fotografía empleada, tomada en un festival estadounidense en 2024.

La demanda también cita comentarios publicados en la red social X por usuarios que sugerían que la imagen de la artista en la caja podía influir en su compra

Dua Lipa es una de las principales figuras del pop global, con unos 65.6 millones de oyentes mensuales en Spotify, además de tres premios Grammy en su carrera. La artista ha colaborado con firmas de lujo y como Yves Saint Laurent Beauty, Porsche y Chanel. 

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