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no ha comprado a NVIDIA ni una sola GPU H20 en el último trimestre

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El futuro de NVIDIA en China es cada día que pasa más sombrío. A principios de octubre de 2024 la Administración china hizo llegar a las empresas de inteligencia artificial (IA) una recomendación en la que les pedía que en la medida de lo posible utilizasen chips producidos en China. Diez meses después esta recomendación se ha transformado en una exigencia. Y es que el Gobierno chino ya está obligando a los centros de datos que pertenecen al Estado en todo el país a utilizar al menos un 50% de circuitos integrados chinos en sus servidores.

Por otro lado, NVIDIA ha conseguido la licencia de exportación que necesita para poder vender en China su GPU para IA H20, pero el Gobierno chino ha vetado este chip. Y lo ha hecho debido a que la Administración del Ciberespacio de China, que es el principal órgano regulador de internet en este país, está investigando a fondo esta GPU porque sospecha que podría incorporar una puerta trasera de difícil localización por parte de los expertos chinos. De ser así cabría la posibilidad de que EEUU espíe a China empleando este chip.

La consecuencia directa de este escenario tan desfavorable para NVIDIA es que durante el último trimestre no ha vendido una sola GPU H20 en China, como sostiene Shaun Rein, un experto en la economía china y fundador de la consultora The China Market Research Group (CMR), que está alojada en Shanghái. Esta afirmación es cierta, pero tiene un pequeño truco. Durante buena parte del último trimestre NVIDIA no tenía la licencia de exportación que necesitaba para entregar este chip a sus clientes chinos, pero ya la tiene. Y podría haber vendido miles de estas GPU durante las últimas semanas.

China tiene alternativas diseñadas para competir con los chips de NVIDIA

Pese a los esfuerzos del Gobierno de EEUU para evitarlo, los chips de vanguardia para IA han seguido llegando a China. Y lo han hecho principalmente a través de los mercados secundarios y las vías de importación paralelas que discurren en India, Malasia o Singapur, en los que la capacidad de actuación de EEUU es muy limitada. Además, los desarrolladores de grandes modelos de IA que tienen entre manos proyectos con CUDA han encontrado el lugar apropiado para hacerse con estas GPU: el mercado de segunda mano internacional.

Cambricon Technologies es una de las empresas especializadas en el diseño de GPU para IA con un mayor potencial de crecimiento

Sea como sea China ya tiene tres alternativas muy claras a NVIDIA. Aunque no es tan conocida como Huawei o Moore Threads, Cambricon Technologies es una de las empresas especializadas en el diseño de GPU para IA con un mayor potencial de crecimiento. De hecho, ha recibido la aprobación de la Bolsa de Shanghái (China) para recaudar 560 millones de dólares. Los destinará al diseño de cuatro chips para el entrenamiento y la inferencia de modelos de IA, y también al desarrollo de una alternativa a CUDA.

Por otro lado, Moore Threads ha desarrollado varias GPU para aplicaciones de IA que, sobre el papel, rivalizan con algunas de las soluciones avanzadas que han colocado en el mercado NVIDIA, AMD o Huawei. Las tarjetas MTT S4000 y MTT S3000 son sus propuestas más interesantes ahora mismo, aunque, curiosamente, en su porfolio también aparece la tarjeta MTT S80, una propuesta para juegos y creación de contenidos que, según la propia Moore Threads, tiene una capacidad de cálculo de 14,4 TFLOPS en operaciones de coma flotante de precisión simple.

El otro actor indispensable en la industria china de los chips para IA es Huawei. Su propuesta más ambiciosa ahora mismo es el chip Ascend 910D, que persigue superar el rendimiento de la GPU H100 de NVIDIA. No obstante, esta compañía china ha presentado recientemente también su chip Ascend 920, una solución que está claramente destinada a ocupar en el mercado chino los huecos que va a dejar la GPU H20 de NVIDIA. Esta propuesta entrará en producción a gran escala durante la segunda mitad de 2025 empleando la tecnología de integración de 6 nm que presumiblemente han desarrollado codo con codo Huawei y SMIC (Semiconductor Manufacturing International Corp).

Imagen | NVIDIA | Zhang Kaiyv

Más información | Shaun Rein

En Xataka | EEUU da a Huawei una gran oportunidad: la de hacerse con su nuevo chip para IA con el mercado de NVIDIA en China

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España plantó millones de eucaliptos para tener madera barata. 90 años después, hemos confirmado que son un desierto verde

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Si acostumbras a moverte por la cornisa cantábrica, seguro que ya estás familiarizada con ese árbol largo y estilizado que tanto abunda por sus montes. No obstante, el eucalipto ya cubre el 30% de la superficie forestal de zonas como el noroeste de España. La omnipresencia del eucalipto es el resultado de una política forestal que empezó en los años 40 que tenía como principal objetivo abastecer la industria papelera: era barato, crecía rápido, así que tenía todas las papeletas para ser el candidato ideal para repoblar montes improductivos.

Décadas después, un estudio científico de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC ha puesto números a las sospechas: para la fauna, esas plantaciones son casi un desierto.

El coste ambiental del omnipresente eucalipto. Esta investigación analizó 240 zonas de bosque atlántico autóctono y bosque de eucalipto en en el Parque Natural das Fragas do Eume y encontraron una diferencia abismal en riqueza y abundancia de aves. En pocas palabras: cuanto más eucalipto hay, menos pájaros viven en esa zona y no es casualidad.

Los eucaliptos maduros no pueden sustituir a los árboles maduros como hábitat funcional y su follaje ofrece un soporte muy limitado para las aves. Las más afectadas son las que comen insectos y las que crían en huecos de árboles viejos, como el pico picapinos o el carbonero. El eucalipto no genera suficientes insectos con los que alimentarse, no tiene sotobosque y se tala antes de que forme las cavidades que esas aves necesitan para anidar. En el lado menos malo, también han dado con una solución bastante sencilla que no implica erradicar el eucalipto: basta con dejar crecer vegetación silvestre en algunas zonas, sin limpiarla.

Por qué es importante. Porque el papel de las aves del bosque es importante dentro del equilibro del ecosistema: regula plagas de insectos, ayuda en la dispersión de semillas y actúa como indicador de salud ambiental. De hecho, la Directiva Aves de la UE 2009/147 obliga a los estados miembros a a conservar las poblaciones de aves en buen estado y este estudio documenta que esa obligación se está incumpliendo en las zonas más eucaliptizadas de Galicia y la cornisa cantábrica.

La situación tiene más miga de la que parece porque ya por 2017 el comité científico del Ministerio para la Transición Ecológica recomendó incluir el eucalipto en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras en 2017, pero la propuesta fue rechazada por la economía que hay detrás: en Galicia este sector genera 2.500 millones de euros anuales en madera y pasta de papel y da empleo a más de 19.000 personas, según el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025 elaborado por XERA. Es un conflicto de intereses en toda regla.

Contexto. El eucalipto llegó a la Península Ibérica en el siglo XIX con fines ornamentales y medicinales, pero su auténtico boom llegó con los planes de repoblación del franquismo y la demanda comercial de celulosa. En Parque Natural das Fragas do Eume, el lugar donde se realizó el análisis, es uno de los últimos bosques atlánticos costeros que quedan en la Península Ibérica. Allí las plantaciones de eucalipto son actualmente el segundo tipo forestal más extenso: 1.340 hectáreas, solo por detrás del bosque autóctono. Pero la especie ya ha colonizado también sus alrededores.

En cualquier caso, el problema con los eucaliptos no es local: en Portugal el eucalipto cubre ya más de 800.000 hectáreas y es la especie forestal más extendida del país, según datos del Inventario Forestal Nacional de Portugal elaborado por el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas. Allí también está bajo lupa por su relación con grandes incendios. De hecho, a escala global la comunidad científica lleva años documentando el impacto del eucalipto en ecosistemas mediterráneos y templados fuera de su Australia natal.

En detalle. El eucalipto es un killer silencioso: libera sustancias químicas que impiden el crecimiento de otras plantas bajo su copa (alelopatía), lo que elimina los arbustos autóctonos y con ellos, los insectos que alimentan a los pájaros. Además, como se tala cada diez o quince años, nunca llega a envejecer lo suficiente como para desarrollar los huecos que necesitan para nidificar aves cavernícolas como los carpinteros. El problema no se queda en tierra: las hojas muertas de eucalipto liberan aceites y compuestos tóxicos al llegar a los cursos fluviales, lo que daña a los insectos acuáticos y los anfibios que forman la base de la cadena alimentaria de los ríos.

Sí, pero. El daño a la diversidad del eucalipto es una realidad tan innegable como su importancia socioeconómica: es un vector económico y de fijación de población en estas zonas rurales y eliminar o restringir su cultivo tendría un impacto notable en comunidades donde no abundan las alternativas. De ahí que el propio estudio no pida su erradicación, sino algo más sencillo y práctico: dejar franjas de vegetación sin talar dentro de las plantaciones para que la flora autóctona se recupere y los pájaros vuelvan. Es una solución low cost que ya ha demostrado ser efectiva en otros contextos europeos.

Por otro lado, está la limitación de que el estudio se ha realizado en un único bosque y está centrado en aves. No todas las especies responden igual. En cualquier caso, la ciencia no dice que el eucalipto sea el mal, solo que cubrir el 30% de tus montes con ella tiene un peaje biológico serio. 

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Portada | Flickr

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

En Xataka | SpaceX siempre ha estado 10 años por delante de la competencia. El problema es que en China esa ley ya no aplica

En Xataka | La carrera por convertirse en la “SpaceX de China”: quién es quién en su sector privado de los lanzamientos espaciales

Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

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Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

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