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“Estoy emocionado por este nuevo capítulo”: Prince, hijo de Michael Jackson, anuncia su compromiso

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

Michael Joseph Jackson Jr., “Prince”, hijo de Michael Jackson, conocido como el “Rey del Pop“, anunció su compromiso con su novia desde hace ocho años, Molly Schirmang.

A través de una publicación en su cuenta de Instagram, el joven de 28 años reveló imágenes con su novia luego de formalizar el compromiso. 

“Hemos viajado por todo el mundo, nos graduamos y hemos crecido muchísimo juntos. Estoy emocionado por este nuevo capítulo en nuestras vidas mientras seguimos creciendo y creando grandes recuerdos”, escribió. 

Aseguró que junto a Molly han pasado mucho tiempo juntos y han hecho increíbles memorias. 

En la publicación de Instagram, Prince subió imágenes de la pareja en distintos sitios y una en la que se ve a ambos junto a su abuela Katherine Jackson, madre de Michael Jackson de 95 años.  

La hermana de Prince, Paris Jackson, quien se había comprometido en diciembre de 2024 con el productor Justin Long, canceló su compromiso en los días previos a que Prince revelara la noticia. 

 

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

En Xataka | SpaceX siempre ha estado 10 años por delante de la competencia. El problema es que en China esa ley ya no aplica

En Xataka | La carrera por convertirse en la “SpaceX de China”: quién es quién en su sector privado de los lanzamientos espaciales

Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

En Xataka | SpaceX siempre ha estado 10 años por delante de la competencia. El problema es que en China esa ley ya no aplica

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La sociedad no va a tolerar que solo unas pocas empresas hagan todo el aprendizaje

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Que últimamente no están las cosas muy allá en la industria tech es una realidad (según en qué lado estés, claro). La economía en torno a la exacerbada demanda de los centros de datos de IA se ha desvirtualizado tanto que ya no sorprende que una gran tecnológica se haya gastado decenas de miles de millones de dólares en otro gran acuerdo. Y como consecuencia de ello, la escasez de componentes está haciendo cada vez más complicada la compra de productos tecnológicos por parte del consumidor.

Así que sí, se podría decir que las cosas no están muy allá. Pero también hay algo de comedia en que Satya Nadella, CEO de Microsoft, salga para señalar esto mismo. Y es que la compañía precisamente contribuye en gran medida a la situación que estamos viviendo. En una entrevista para el Wall Street Journal, Nadella advierte que el modelo actual de desarrollo de la IA no es sostenible ni legítimo ante la sociedad.

De qué va esto. Nadella lleva tiempo advirtiendo de que la IA tiene que generar un impacto real para justificar los recursos que consume. Ya lo hizo el pasado mes de enero en el Foro Económico Mundial de Davos, donde alertó de que si los tokens de IA no mejoran resultados tangibles en salud, educación o productividad, se perdería “el permiso social” para seguir destinando energía y dinero a su desarrollo.

Recientemente, en un discurso similar, se ha atrevido a señalar quienes, según él, están concentrando demasiado poder.

Concentración. Para Nadella, un pequeño grupo de empresas (las que construyen los modelos más avanzados, como OpenAI, Anthropic o Google) está acumulando el valor generado por la IA mientras, al mismo tiempo, agita el miedo. Y es que la conversación durante los últimos años ha girado en temas como la pérdida masiva de empleos, los riesgos existenciales sobre su uso y sobre cómo estas empresas exigen recursos casi ilimitados para seguir creciendo.

“No puedes decir que todos los empleos de cuello blanco van a desaparecer, que esto podría ser un arma, y al mismo tiempo usar todo el poder disponible para construir centros de datos”, contaba el ejecutivo al WSJ. La sociedad no va a tolerar que unos pocos modelos y unas pocas empresas “hagan todo el aprendizaje del mundo”, continuaba. “No basta con la narrativa porque ahora tenemos que demostrar con hechos”, insistía al medio.

A quién apunta sin nombrar. Nadella no menciona empresas concretas en la entrevista, pero el contexto lo dice todo. Dario Amodei, CEO de Anthropic (y socio de Microsoft con un acuerdo multimillonario firmado el año pasado) predijo en 2025 que la IA podría eliminar la mitad de los empleos de nivel inicial antes de 2029. Sam Altman, CEO de OpenAI (otro socio histórico de Microsoft, en el que la compañía ha invertido miles de millones) también ha hecho advertencias similares sobre el empleo, aunque recientemente reconoció haberse equivocado en sus predicciones. Ambas compañías han protagonizado tensiones con el Gobierno de los Estados Unidos en torno a la seguridad de sus modelos.

Lo que Microsoft está haciendo. Nadella señala también en la entrevista que Microsoft ha lanzado una serie de modelos de bajo coste para abaratar el acceso a la IA para sus clientes empresariales, y ha presentado Copilot Cowork, un agente de IA autónomo que permite al usuario elegir entre distintos modelos (incluidos los más baratos) según la tarea.

El WSJ señala en su artículo además que la compañía está valorando si alojar en su plataforma una versión de DeepSeek, compañía que hace no mucho puso patas arriba a la industria tecnológica con su modelo R1 (también es una empresa acusada por OpenAI y Anthropic de haber copiado sus modelos).

La visión que propone. Para Nadella, el futuro de la IA pasa por un modelo más distribuido, es decir, empresas que usen sus propios datos, con acceso a una variedad de modelos a distintos precios, sin depender de un puñado de proveedores. Define las compañías del futuro como “sistemas de aprendizaje continuo” que combinan conocimiento humano e IA.

En esta visión de Nadella, el capital de una empresa no serían solo sus activos, sino también su capacidad de procesar y aprender, algo que llama “token capital”. Y advierte de que proteger la propiedad intelectual será clave para que las empresas no se conviertan en meras ejecutoras de lo que dicten los grandes modelos.

Entre líneas. La postura de Nadella tiene también una lectura estratégica. Y es que Microsoft no ha logrado desarrollar un modelo propio que compita con los más avanzados de OpenAI, Anthropic o Google. Además, según comparte el WSJ, sus usuarios de Copilot han empezado a preferir alternativas, según datos de la firma de análisis Recon Analytics. Sin un modelo de cabecera propio, le conviene que el mercado se mueva hacia la variedad y la competencia de precios, y no hacia la consolidación en torno a los modelos más potentes (que son, precisamente, los de sus socios).

Imagen de portada | Microsoft y M Rezaie

En Xataka | “La IA está matando mis libros”: Tim Ferriss lleva años vendiendo consejos de productividad que ChatGPT ahora da gratis

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