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China está igualando a Occidente en un montón de tecnologías, pero ya le ha superado en algo más crucial: la investigación

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Hace dos años, en primavera de 2023, la editorial Springer Nature anunciaba un esperado sorpasso. China había superado a los Estados Unidos en el Nature Index, un índice creado para medir la contribución a la producción científica de países e instituciones. Ha pasado tiempo de aquello y todo indica que la ciencia china, lejos de aflojar el paso, ha aumentado su distancia respecto a su principal competidora.

Líder en solitario. La última revisión del Nature Index Research Leaders, la “clasificación” basada en el índice elaborado por la editorial responsable de la revista Nature, es una nueva prueba de la consolidación de las instituciones chinas como pieza clave en el modelo global de investigación científica.

Según los responsables del índice, China logró en 2024 un índice de 32.122, un incremento del 17% respecto al año anterior, consolidando una primera posición que logró hace dos años atrás. Desde la empresa que elabora el índice también se destaca que el país asiático cuenta con ocho instituciones entre las 10 más destacadas a nivel mundial.

Evaluando la ciencia global. Tras China y los Estados Unidos, dos países europeos ocupan la tercera y cuarta posición, respectivamente, Alemania y el Reino Unido. Los países asiáticos se consolidan también en el “Top 10” nacional, con cuatro países representados (Además de China, Japón, Corea del Sur y la India), igualando a los cuatro europeos en estas posiciones de cabeza.

La Acadamia de Ciencias China abre la lista de instituciones científicas más destacadas, seguida por la Universidad de Harvard y por la universidad de Ciencia y Tecnología de China. La primera institución española que podemos encontrar en este ranking es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el CSIC.

Nature Index. Pero, ¿qué es exactamente este índice? El Nature Index es un índice basado en las aportaciones de científicos adscritos a diversas instituciones investigadoras (sean públicas, privadas o empresas). Estas aportaciones se miden a través de artículos publicados en una muestra de diversas revistas científicas de alto impacto.

Más allá del Covid. En 2023 señalábamos que el liderato de la ciencia china debía al trabajo realizado por parte de las instituciones chinas en la lucha contra el Covid, por ejemplo en la identificación y secuenciación del virus algunas de sus variantes. Sin embargo también señalábamos que este adelantamientotambién respondía a una tendencia que ya venía dándose desde antes de la pandemia.

Pasados cinco años de la pandemia, los datos parecen confirmar el peso de esta tendencia ascendente más allá de la situación coyuntural dad por la pandemia. Un ascenso que es exclusivo de este gigante asiático sino que también es compartido por otros países del continente, como Corea del Sur y la India, que vieron aumentar en varios puntos porcentuales (4.1% y 2% respectivamente) su contribución. Este ascenso de hecho permitió que Corea del Sur superara a Canadá, situándose en séptima posición en esta clasificación global de los países con mayor aportación a la ciencia.

Decimotercer lugar. ¿Y qué hay de España? El índice de Nature coloca a España en decimotercer lugar en la clasificación global, sexta entre los países de Europa. La ciencia española se situaría entre la italiana y la neerlandesa, exactamente igual que hace dos años.

El índice en las instituciones españolas. Señalábamos al comienzo que el CSIC lideraba la aportación española a la ciencia mundial. La aportación de esta institución pública ocupa un primer lugar destacado ya que su índice (218) dobla al índice de la segunda institución en el ranking nacional, la Universidad de Barcelona (86), que se encuentra en la posición 245 en el ranking global. La tercera posición a nivel nacional la ostenta el Barcelona Institute of Science and Technology (BIST).

En Xataka | La ciencia europea se pone seria: EUROfusion y el CERN trabajarán juntos en fusión nuclear y nuevos colisionadores

Imagen | Julia Koblitz

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es una reacción muy “humana”

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

Imágenes | Alexey Demidov 

En Xataka | La ciencia siguió a 184 adolescentes 25 años para averiguar el origen de la empatía. Esperemos no pase lo mismo con la maldad

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

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México imparable, García Aspe ficha a Adal, Phill Fiocchi hace top 5 y hacemos pausa de hidratación

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<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">Estamos felices por el triunfo de México sobre Ecuador, entrevistamos a Alberto García Aspe que también hizo conferencia de prensa, Phill Fiocchi reveló ser fan de Adal y le dedicó su top 5 ¡y más!<br /></div>
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
<img src="https://latinus.us/u/fotografias/m/2026/7/1/f300x190-151955_160115_5050.jpeg" /></div>

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