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busca 4.000 voluntarios con estos requisitos
Hubo un tiempo en el que las tarjetas de pago ocupaban espacio en la cartera y podían quedarse olvidadas en casa. Hoy, la mayoría ya vive en nuestro móvil.
En el transporte público, esa transición aún va más lenta. Pero si usas el abono transporte de la Comunidad de Madrid, hay una novedad importante: muy pronto podrás llevarlo en el móvil. Sin tarjetas físicas. Al menos, en teoría. Porque no será para todo el mundo, ni de cualquier forma.
Una prueba piloto para 4.000 usuarios. La implantación del abono transporte digital arranca con una prueba controlada. La Comunidad de Madrid ha invitado a 4.000 personas a participar en el primer piloto oficial, una fase pensada para validar el funcionamiento de la app, analizar el comportamiento de los lectores en la red y recoger datos sobre el uso real del sistema.
No todos podrán acceder a esta opción de inmediato. La participación requiere inscripción previa, y los seleccionados recibirán instrucciones personalizadas para descargar la app, digitalizar su tarjeta física y empezar a viajar con el móvil. Esta primera fase tendrá una duración estimada de 12 semanas.
Cómo funciona la app y qué necesitas para usarla. El funcionamiento es sencillo: digitalizas tu tarjeta física a través de la nueva app MiTarjetaTransporte, y a partir de ahí puedes acercar tu dispositivo móvil al torno de acceso o validadora donde inicies tu viaje, como si de una tarjeta física se tratase.
Pero no cualquier móvil vale. Para sumarte a esta prueba necesitas un dispositivo con Android 9.0 o superior, tecnología NFC y la aplicación Google Wallet instalada. La tarjeta virtual no se gestiona desde la app original, sino que se guarda directamente en Wallet. Y si tienes un iPhone, de momento, te quedarás fuera: esta primera versión solo es compatible con Android.
Las tarjetas que se pueden digitalizar. La app Mi Tarjeta Transporte solo es compatible con la Tarjeta Transporte Público Personal (TTP Personal) y, más concretamente, con abonos de tipo mensual.
Quedan fuera de esta prueba:
- La Tarjeta Infantil
- La Tarjeta Azul
- Los abonos anuales
- Las tarjetas no personales o de otros usuarios
La digitalización está pensada para uso individual y exclusivo.
Inscribirse no es automático: así puedes participar en la prueba. Apuntarse a esta prueba piloto requiere un paso previo. No basta con tener la app o el móvil compatible: hay que rellenar un formulario oficial disponible en este enlace y esperar confirmación. En ese formulario se piden algunos datos clave, como el modelo de tu móvil, la versión de Android y el correo que usas en Google Wallet.


Una vez enviada la solicitud, recibirás un justificante. Si todo va bien y eres seleccionado, te llegará un correo desde pruebaappcrtm@madrid.org con el enlace de descarga y los pasos para comenzar. Tienes un margen de dos semanas para completar el proceso.
Digitalizas tu tarjeta, pero la física deja de funcionar. Cuando activas la tarjeta virtual, la física se desactiva. No se trata de una copia ni de una versión duplicada: el sistema traslada tu abono al móvil y deja inutilizada la tarjeta original. Es un cambio completo, aunque reversible si más adelante decides volver al formato físico.
Esta medida busca evitar fraudes y asegurar que cada abono solo pueda usarse desde un único soporte. Por eso, si estás pensando en probar la app, conviene tener claro que no hay marcha atrás inmediata: hay que solicitarlo si quieres volver a la tarjeta física.


Qué billetes y abonos puedes usar desde el móvil. Durante la prueba, la tarjeta virtual permite conservar los títulos ya cargados en la TTP física y adquirir otros nuevos desde el móvil. Están disponibles los siguientes:
- Títulos personales: Abono Transporte mensual
- Títulos no personales: 10 viajes, suplemento aeropuerto, billete turístico
Quedan fuera de esta versión los títulos anuales y los asociados a tarjetas no compatibles, como la Infantil o la Azul. El sistema tampoco permite el uso de billetes sencillos desde la app.
¿Y si algo falla? Así se reportan los problemas. Puede pasar: esta es una prueba y el Consorcio necesita saber qué falla. Para eso han habilitado un formulario dentro de la propia app, donde puedes reportar errores en la descarga, validación, recarga o funcionamiento general.
También puedes escribir directamente a pruebaappcrtm@madrid.org. No hace falta que el fallo sea grave: incluso un pequeño detalle ayuda a mejorar el sistema. Si todo va bien, también puedes dejar comentarios o sugerencias.
Y si alguna validadora no funciona, recuerda: puedes consultar y mostrar el saldo de tu tarjeta desde la app. Eso sirve como prueba en caso de que te pidan justificar que llevas el abono activo.
Otras limitaciones importantes que debes tener en cuenta. Antes de lanzarte, conviene tener claras algunas limitaciones. La tarjeta virtual no lo sustituye todo. Por ejemplo, no podrás usarla para acceder a los parkings gratuitos vinculados al transporte público, ya que el sistema aún no está habilitado en esos puntos.
Además, la participación exige compromiso: si no haces un uso real durante las semanas del piloto, podrían darte de baja. No basta con descargar la app y dejarla ahí.
Y un detalle importante: el enlace para descargar la app solo estará activo durante dos semanas. Si no completas el proceso en ese plazo, tendrás que volver a empezar (si te lo permiten).
Después del piloto, la tarjeta digital seguirá activa. El uso de la tarjeta digital no termina con la prueba. Una vez finalice el piloto —previsto con una duración de unas 12 semanas—, los usuarios podrán seguir utilizando su TTP digitalizada sin necesidad de volver a la tarjeta física.
El objetivo del Consorcio es extender progresivamente esta opción al conjunto de usuarios. Pero, de momento, no hay fecha confirmada para su implantación general. Esta fase servirá para evaluar el sistema y preparar el terreno para su despliegue completo.
Imágenes | CRT Madrid
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Fable 5 ha vuelto con letra pequeña. Una que dice quién manda realmente en la IA de EEUU
Fable 5 ha vuelto tres semanas después de que el gobierno estadounidense ordenara su apagón. Regresa con varios asteriscos: solo permite un 50% del uso semanal para los planes de pago, y trae un filtro de seguridad más agresivo junto a un compromiso que ata a Anthropic a compartir con el gobierno cada modelo que venga después, incluidos los futuros.
El origen oficial es un fallo reproducible en modelos muy inferiores a Fable. Pero lo que ha quedado tras resolverlo pesa más: acceso anticipado del gobierno antes de cada lanzamiento y cómputo dedicado para que audite los modelos.
En detalle. El 12 de junio, el gobierno estadounidense actuó tras conocer un informe de investigadores de Amazon que habían logrado que Fable 5 identificase vulnerabilidades de software saltándose sus salvaguardas. Anthropic replicó el hallazgo con modelos menos potentes (Opus 4.8, GPT-5.5 y Kimi K2.7) y todos lo consiguieron igual. El 30 de junio la restricción fue levantada.
Eso sí, el nuevo clasificador avisa al usuario cuando bloquea una petición y la redirige a Opus 4.8.
Entre líneas. Anthropic admite que ese clasificador bloquea más peticiones inofensivas, sobre todo en programación y depuración de código, su uso principal. El propio margen de seguridad, dice la empresa, es “mucho mayor que en cualquier lanzamiento anterior”.
Alberto Romero, en The Algorithmic Bridge, lo lee así: si el modelo falla por exceso de cautela en su uso más común, el techo real de lo que un usuario puede exprimir queda en el nivel de Opus 4.8 o GPT-5.5, aunque el modelo de debajo sea más potente.
Por qué es importante. Anthropic cede acceso temprano a los modelos que “avancen de forma material la frontera de capacidad” en seguridad nacional, y monta equipos internos para las prioridades del gobierno.
El gobierno se reserva el derecho a reimponer la licencia “si las circunstancias cambian”, pero sin definir cuáles. Como la premisa de esta industria es que un modelo más grande desarrolla capacidades nuevas de un día para otro, casi cualquier avance encaja en esa frase.
El contexto. Anthropic lleva casi dos años colaborando de forma puntual con agencias estadounidenses como el Tesoro o la Oficina Nacional de Ciberseguridad. Lo nuevo es que ese trabajo pasa a ser un protocolo permanente, y que Fable y Mythos son los primeros en pasar por él.
Anthropic ha estado persiguiendo a OpenAI desde hace años, pero en 2026 ha tomado la delantera en varios frentes, al calor de Claude Code, Claude Cowork y el descubrimiento de la calidad de las respuestas de sus modelos por parte de quienes no habían salido de ChatGPT. Aceptar esta tutela ahora, cuando por fin tiene algo que perder, es una apuesta: prefiere una frontera vigilada a una carrera que ni ellos ni su gobierno controlen del todo.
Y ahora qué. Lo que hay que vigilar es si el clasificador mejora su puntería en código sin perder mano dura, y si OpenAI o Google acaban firmando algo parecido. Si eso ocurre, el regreso de Fable dejará de parecer un incidente aislado.
Imagen destacada | Anthropic
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así es como esta empresa opera en un pequeño pueblo de Ciudad Real
Entre los viñedos y olivares de Herencia, un municipio de poco más de siete mil habitantes en Ciudad Real, se fabrican algunos de los vehículos blindados que hoy circulan por cuarteles de la OTAN, comisarías españolas y carreteras de varios países en África. La empresa encargada de este tipo de proyectos se llama TSD, y lo más interesante de todo es que no siempre fue un fabricante de vehículos. De hecho empezó vendiendo cajas fuertes.
Cómo empezó todo. Antonio Ramírez fundó la compañía en el año 2000 como un negocio familiar que nada tenía que ver con la industria militar. “Comenzamos centrando nuestros trabajos en el transporte de fondos, en la elaboración de cámaras acorazadas o cajas fuertes para cajeros automáticos de banca”, explicaba Ramírez en el reportaje de El Español.
Con el tiempo, la firma fue ampliando su actividad hacia el sector de la seguridad y la defensa hasta convertirse en fabricante de vehículos tácticos y blindados. Hoy TSD factura en torno a 130 millones de euros al año y da empleo a más de 600 personas en su entorno rural.
En detalle. El producto estrella de la firma es el Íbero, un vehículo táctico 4×4 multipropósito de diseño modular que puede convertirse en vehículo de asalto, de vigilancia fronteriza, antidisturbios, puesto de mando o incluso lanza-morteros, según ha detallado la compañía.
Existen tres versiones según peso y capacidad: la más ligera (LTV) ronda las 5 toneladas y transporta hasta 6 ocupantes, mientras que la más pesada (HTV) llega a las 15 toneladas y puede llevar hasta 12 personas. El vehículo se presentó oficialmente en 2020 tras una década de desarrollo, y ya hay unos 70 ejemplares fabricados.
Entre líneas. TSD no construye los chasis desde cero. La compañía trabaja como fabricante de “segunda fase”. Y es que parte de plataformas de marcas como Mercedes-Benz, Renault o Iveco y sobre ellas monta el blindaje, los sistemas de comunicación y las configuraciones específicas de cada misión. Es un modelo que le permite adaptar prácticamente cualquier chasis comercial a un uso militar o policial.
El sello de la OTAN. Como proveedor oficial de la Alianza Atlántica, los vehículos de TSD cuentan con certificaciones y homologaciones propias de la organización. Según cuentan, todo el proceso se rige por la normativa STANAG, el estándar internacional que fija los niveles de blindaje exigidos por la OTAN. Los vehículos destinados a la Alianza se pintan de verde oscuro, el color oficial de la OTAN, mientras que los que se envían a zonas desérticas, como Oriente Medio, llevan un tono crema.
Más allá de Europa. El Íbero ha cruzado fronteras, pues cerca de un centenar de unidades se han vendido ya, la mayoría fuera de España, con presencia en países africanos como Senegal o Costa de Marfil, donde los vehículos operan en escenarios reales y han sido probados en combate. La compañía estudia ahora dar el salto a Sudamérica, con Chile y Argentina como mercados en el punto de mira.
No solo vehículos militares. Junto a la gama táctica, TSD mantiene una línea de negocio menos visible pero igual de importante, con furgones blindados para el transporte de fondos, destinados a bancos centrales y empresas de seguridad. Incorporan sistemas de bloqueo remoto y tecnologías patentadas, como una espuma que se solidifica en segundos para proteger la carga ante un intento de asalto.
A esto se suma la fabricación de vehículos policiales, con un volumen de producción que supera las 5.000 unidades al año, de las que unas 1.500 son personalizadas por encargo. En España, cuerpos como la Guardia Civil ya utilizan sus vehículos.
Y ahora qué. El contexto en el que vivimos está ayudando a la compañía, pues Europa está incrementando su gasto en defensa y busca reforzar su autonomía estratégica frente a la dependencia de proveedores externos. En ese escenario, empresas familiares como TSD ganan peso como alternativa ágil y flexible.
Imagen de portada | TSD
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solo necesita aire, agua y electricidad
En un mundo ideal, los futuros colonos lunares se alimentarían de lo que da la tierra. No es viable llevar cargas muy pesadas hasta allí, por lo que, una vez agotados los suministros, sería perfecto poder cultivar más. El problema es que “la tierra” en la Luna es el regolito lunar y sus ingredientes son mucho menos propicios para la agricultura que la tierra de nuestro planeta. Por eso, un equipo de científicos japoneses ha estado indagando en busca de un buen fertilizante lunar que haga que ese regolito pueda albergar vida vegetal. Parece que por fin han encontrado uno y lo mejor es que, para fabricarlo, solo necesitan aire atmosférico.
Plasma verde para obtener un fertilizante lunar. Estos científicos, procedentes de la Universidad de Tohoku y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), han obtenido su fertilizante lunar con solo tres ingredientes: aire atmosférico, plasma y agua. Al entrar en contacto con el plasma (un gas ionizado con electricidad), el nitrógeno y el oxígeno presentes en el aire atmosférico reaccionan para dar lugar a pentaóxido de dinitrógeno. Después, este se disuelve en agua para transformarse en nitrato, un ion nitrogenado muy necesario para el crecimiento vegetal. Los suelos terrestres fértiles suelen ser ricos en este ion, por lo que las plantas lo absorben y fijan directamente. Si no está presente o escasea, como ocurre en el regolito lunar, debe añadirse por medio de fertilizantes como el que se ha obtenido con este proceso.
Ojo con la atmósfera. En ese mismo mundo ideal, debería valer con el aire ilimitado de la atmósfera lunar. Desgraciadamente, la luna no tiene una atmósfera propiamente dicha, por lo que se usaría el aire atmosférico que se introducirá en las estancias habitables de las bases lunares. No es un mundo ideal, pero sigue siendo una buena opción.
Un proceso muy eficiente. Es cierto que ya existe un proceso industrial para fijar nitrógeno a partir del aire atmosférico: la reacción de Haber-Bosch. El problema es que, con ella, se gasta muchísima energía. Es totalmente inviable en la Luna. En cambio, el proceso de obtención de fertilizante lunar mediante plasma es muy eficiente energéticamente. Se gastan menos de 100 vatios y no es necesario recurrir a combustibles fósiles ni nada parecido.
Plantas de arroz bien nutridas. Para comprobar si el fertilizante lunar funciona, estos científicos lo probaron sobre un simulador de regolito, sobre el que sembraron plántulas de arroz. Los resultados fueron muy buenos. Para empezar, el inhóspito pH alcalino del regolito se mejoró bastante, disminuyendo de 9,09 a 6,76. También se extrajeron más eficientemente ciertos nutrientes que normalmente no pueden absorberse directamente del regolito, como el calcio, el magnesio y el potasio. En cambio, los iones tóxicos, como el Al3+, quedaron recluidos en el polvo lunar en vez de pasar a las plantas. Con todo esto, el arroz creció mucho mejor que cuando el simulante de regolito se regó con agua pura, sin fertilizante lunar.


Otros beneficios. En este y otros estudios de estos científicos se ha visto que el fertilizante lunar no solo aporta los nutrientes necesarios para las plantas. También mejora el crecimiento vegetal, potencia su sistema inmunitario y las protege frente a algunos de los riesgos asociados a la microgravedad.
Utilidad más allá de la Luna. En realidad, nuestro propio planeta está repleto de terrenos infértiles. Por eso, estos científicos creen que este fertilizante tan eficiente puede ser también útil en la Tierra. Al fin y al cabo, las plantas son las mismas aquí que en la Luna y la necesidad de ahorrar energía también impera aquí abajo. Aunque este tipo de estudios se lleven a cabo con la vista puesta en las futuras bases lunares, no debemos dejar de lado lo que ya está bajo nuestros pies. Nuestros suelos también lo necesitan.
Imagen | Magnific | Toshiro Kaneko
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